sábado, 21 de agosto de 2021
16 al 22 de AGOSTO
Bueno, esta semana leí bastante, no sé si mucha cantidad, pero seguro bastante variado.
Empecé con Yugurta, una serie de aventura histórica realizada por Jean-Luc Vernal y el maestro Hermann para la revista Tintin, allá por 1967. Es una historieta clásica, con mucho sustento en la historia real de los pequeños reinos del norte de África en los tiempos del Imperio Romano y las Guerras Púnicas. Una historia de honor, lealtad y coraje, contada de manera muy tradicional, con páginas que nunca bajan de las 10 u 11 viñetas, mucho rigor en la documentación histórica, sin chistes, sin tramas románticas, sin personajes femeninos, con bastante acción pero poco énfasis en la sangre. No me aburrió principalmente porque me encontré con unas cuantas secuencias mudas, en las que estos príncipes, caudillos y dignatarios imperiales se callan un poco la boca y dejan que el dibujo conduzca el hilo de la narración.
Y el dibujo es muy bueno. Hermann está todavía muy verde, le falta muchísima sopa para ser el Hermann de Comanche, o sea que está a años luz del Hermann de los ´80 en adelante, que es el que a mí más me gusta. Pero la jerarquía se le nota más que la inexperiencia. El belga sabía que estaba haciendo sus primeros palotes, y para asegurarse de no pifiar, optaba por el camino más seguro: chorearle al maestro Jijé, al capo indiscutido de aquella época al que copiaban todos los muchachos que se volcaban a los estilos vinculados a la aventura realista. El resultado es ese: un Hermann embrionario que se disfraza de Jijé y le da a Yugurta una impronta para nada personal, pero sí muy efectiva. Tengo el segundo álbum, también pendiente de lectura, y creo que Hermann solo dibujó esos dos. Cualquier garrón que haya que comerse en materia de guiones, está ampliamente justificado por el atractivo de ver en primera fila los inicios de este monstruo sagrado del dibujo y la narrativa, que hoy sigue vigente con sus 81 enormes años.
Me voy a Italia, al año 1996, cuando se publica el 30º tomito de 96 páginas de Cybersix, con una nueva novela gráfica completa de la superheroína-androide-vampiro-transexual. Esta entrega tiene la particularidad de que en los créditos solo figuran Carlos Trillo y Carlos Meglia, con lo cual se puede suponer que esta vez la dupla produjo estas 96 páginas sin asistentes, ni en el guion ni en el dibujo. Eso hace a “Bella Senz´Anima” una historieta 100% atractiva… hasta que la leés. Ojo, no es chota. Comparada con muchas de las que vimos hasta ahora, es una buena novelita de Cybersix. Pero sigue sin acercarse al nivel que tenía la serie cuando Trillo y meglia producían solo historias cortas de 12 páginas.
Acá el principal problema es que el argumento daba para… una historia corta de 12 páginas, 16 con la mejor voluntad. Y la decisión de estirarla a 96 hace que Trillo le agregue un sinnúmero de escenas muy predecibles, que están narradas con onda y oficio, pero que podrían tranquilamente no estar. ¿Qué logra con esta estirada brutal? Que los verdaderos protagonistas de la aventura, que son el ángel Azrael y el demonio Shaitan (ambos de infinito poder), no se ajusten al clásico estereotipo y ganen en complejidad y profundidad. Y nada más que eso. El conflicto central, en el que ambos se disputan la afiliación de Cybersix a un bando o al otro, se resuelve en menos de 10 páginas, que ni siquiera son las más divertidas. O sea que, de verdad, la estirada del argumento daño seriamente al guion. Por suerte el dibujo es espectacular como pocas veces, con Meglia desencadenado, prendido fuego, dispuesto a demostrar quién es el dueño de la magia visual que tantos otros dibujantes trataban de reproducir en los episodios que el quilmeño “tercerizaba”. En algún momento, el tedio le gana a Meglia y el nivel de descontrol baja un poquito. Pero las primeras 30-35 páginas son un despliegue de talento e imaginación al filo de la maravilla. Solo por eso, “Bella Senz´Anima” entra entre los mejores libritos de esta colección, eternamente inédita en castellano.
Y termino en España, donde entre 1996 y 1997 el gigantesco Carlos Giménez se relaja un toque y produce las siete historietas contenidas en Sexo y Chapuza Vol.6: Talla Especial. Estas son comedias costumbristas, sin elementos fantásticos, sin política, sin pathos. Es simplemente Giménez en plan de joda, dedicado a narrar con su línea versátil y preciosa breves anécdotas que le cuentan sus amigos, ya sea Enrique Ventura, Miguel Fuster, o algún otro. Las anécdotas de Fuster las cuenta a través de un personaje llamado Miguel, un loser al que su mujer lo abandonó y desde entonces se dedica al escabio y al sexo con prostitutas. Y para las otras, crea a los amigos Edu, Pablo y Leo, tres jóvenes alzados dispuestos a casi todo con tal de ponerla.
Obviamente no todos los guiones son igual de buenos. Hay un par MUY buenos y un par meh. Y el título no es humo: en todas es importante el sexo y la joda. Hay diálogos muy graciosos, personajes bien delineados, situaciones al límite, y en general se hace todo muy llevadero porque las historias son cortas, como deben ser las anécdotas para que funcionen. Y –ni hace falta decirlo- está todo tan pero tan bien dibujado, que las historias podrían ser infinitamente más pedorras, y aun así estaríamos hablando de un libro que vale la pena tener. El dibujo de Giménez y su intuición para armar las escenas, elegir los encuadres y ponerle un tempo narrativo a cada uno de estos relatos son sencillamente perfectos. No hay fisuras, no hay “peros”, no hay improvisación. Hay un maestro totalmente afianzado en un oficio que domina como nadie, y que no tiene problema en dar el 100% de su talento incluso para contar historias “menores” de borrachos patéticos y borregos alzados. Genio absoluto.
Y nada más, por hoy. Sigo laburando con tutti para que pronto puedan descargar el nº3 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta el finde que viene.
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sábado, 14 de agosto de 2021
9 al 15 de AGOSTO
Sepan disculpar si la sreseñas de hoy no están muy inspiradas, pero la verdad es que tengo la cabeza 100% en otra cosa. Bah, en realidad 85% en llegar con las fechas a la salida del nº3 de Comiqueando Digital, y el 15% en otras cosas.
Allá por 2010, en los albores de este blog, me tocó comentar el primer tomo de la antología Flight, publicado en su momento por Image. Después de ese enorme éxito, Kazuo Kibuishi siguió al frente de la antología, pero se la llevó a la editorial Villard, que publicó varios tomos más. Hace poco conseguí muy barato el Vol.6, también compuesto de historias cortas de autores poco conocidos, y ahí me quiero meter hoy.
La primera historia, a cargo de Michel Gagné tiene dos problemas: es muda y es muy larga. Pero lo que cuenta está bueno y el dibujo es hermosísimo, así que no jode que ocupe muchas páginas, ni tampoco hacía falta el texto para entender y disfrutar la trama. Por ahí era más lindo contarlo con movimiento y sonido, en un dibujo animado. Pero así como está, está muy bien. La segunda historieta, a cargo de JP Ahonen, tiene un dibujo correcto, un color excelente y diálogos y situaciones muy graciosas. Es una comedia costumbrista, con pinceladas de delirio y mala leche, muy lograda. La historieta que aporta Kazuo Kibuishi está mejor dibujada que muchas de las páginas que nos ofreció en la saga de Amuleto, y con el color al mismo y espectacular nivel. El guion es una aventurita menor, no exenta de una cierta onda pulp. Después tenemos otra comedia disparatada y con un humor original y eficaz, a cargo de Graham Annable, un muchacho que curte la misma estética que Ernán Cirianni, pero un poco más prolijo.
Dead at Noon es otra historieta 100% muda, esta vez un western narrado y dibujado como los dioses por Rodolphe Guenoden, seguramente el más grosso de los autores cuya existencia descubrí gracias a este tomo. La de Phil Craven está buena, pero es muy cortita, no llega a sacarle provecho al clima que trata de crear. Después tenemos ooootra historia muda y muy jugada a los climas, a cargo de Cory Godbey. Se me hizo larga, pero el dibujo es realmente maravilloso. Andrea Offerman también aporta una historia muda muy bien dibujada, y lo mismo se aplica a Rad Sechrist, con la diferencia de que este es MUY capo en el armado de las secuencias y el manejo del timing. La de Bannister y Grimaldi es otra comedia con buen ritmo y no mucha sorpresa, bastante bien dibujada. Justin Ridge propone una comedia bizarra con elementos de terror y romance, protagonizada por animalitos, que no está mal. Me gustó mucho también la de Richard Pose, una historieta 100% apuntada al público infantil, pero con un dibujo y un guion impecables. La más flojita del tomo es la historieta de Kean Soo, que procedo a saltearme, y me voy a las dos últimas: una de superhéroes mitad en serio/ mitad en joda a cargo de Steve Hamaker, bastante digna aunque poco novedosa. Y una última historieta para chicos, donde el guion y el color están bastante por encima de los dibujos, todo obra de Mike Dutton.
Bastante buen promedio, por suerte. Si encuentro más tomos a buen precio, seguiré acumulando más Flight en la biblioteca.
Y me queda poco espacio para hablar de otra antología, en este caso de un único autor: El Hombre Tótem y otros héroes extraordinarios recopila varias historietas cortas escritas, dibujadas y coloreadas por Quique Alcatena, originalmente aparecidas en la web en Tótem Comics (aunque hay una que creo haber visto en Fierro). En estas aventuras, Alcatena se queda con un pedacito de la estructura de los comics de superhéroes: la forma en que se plantea el conflicto entre buenos y malos. Y todo lo demás lo recrea a su imagen y semenjanza: los personajes, los poderes, las ambientaciones y hasta la forma que se resuelven estos conflictos, no tienen nada que ver con las fórmula tradicionales de DC, Marvel, etc..
Acá hay referencias literarias, musicales, pictóricas… claramente lo que menos le interesa a Alcatena son las peleas entre héroes y villanos. La emoción pasa por otro lado: por la imaginación sin límites, el homenaje a los maestros del género (muy emotivo el que Quique le hace a Steve Ditko) y por la magia desenfrenada del dibujo y el color, que lo muestran al prolífico maestro argentino en un nivel apabullante. No solo la imaginación de Alcatena no tiene límites, sino que tampoco los encuentra cuando tiene que llevar al papel estos desbordes, porque la mano logra plasmar a la perfección todas y cada una de sus ocurrencias, con una exhuberancia y una belleza difíciles de describir y de comprender. Seguramente los guiones no tienen la profundidad ni la gravedad de las sagas más extensas que Quique crea junto a Eduardo Mazzitelli, pero la idea también es esa: ir para otro lado, descontracturar, largar la piña en otra dirección, como cantaba Virus. En este libro, Alcatena demuestra que también con historias más simples se puede inspirar para crear universos complejos, tanto en lo visual como en el menú de símbolos, guiños y referencias para el lector más culto. Lo único que no me gusta es que las letras y los globos son enormes y tienen mucho peso gráfico en cada página. No llegan a eclipsar ni el impacto ni el placer que causan los dibujos, pero un poquito más chicos, quedarían mejor.
Y nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y será hasta el finde que viene.
sábado, 7 de agosto de 2021
2 AL 8 DE AGOSTO
Una semana bastante productiva, por lo menos en materia de lecturas para comentar en este espacio.
Por motivos insondables, nunca había leído Western Circus, un álbum de Lucky Luke de 1970, o sea, del período clásico en el que René Goscinny escribía y Morris dibujaba las aventuras del icónico cowboy franco-belga. Lo único que puedo decir en contra de Western Circus es que no es un álbum definitivo. No es parte de esa pequeña elite, de esos álbumes que si no los tenés en tu Top Tres es porque no entendiste de qué se trata Lucky Luke. Fuera de eso, estamos ante una aventura exquisita, con un argumento atrevido, pensado para disparar situaciones atípicas para esta serie, y explotarles la veta cómica hasta los límites más insospechados.
Western Circus te descoloca con su trama, mantiene la intriga hasta el final (repleto de situaciones disparatadas, pero resuelto con una lógica inapelable) y nos presenta a unos cuantos personajes secundarios de impecable factura, a los que estaría bueno retomar en algún punto, aunque sea más de 50 años después. Goscinny acierta una y otra vez en la construcción de estos excéntricos personajes, al punto de que Lucky Luke casi se convierte en una figura de segundo orden dentro de la trama. Pero sin dudas lo mejor llega al final. Esas últimas cinco páginas en las que los autores te embocan una sorpresa atrás de otra, y llevan el delirio a un nivel tan genial como consecuente con lo que venían narrando a lo largo de toda la aventura.
El dibujo de Morris (escueto, sobrio, atento a los detalles, siempre funcional sobre todo al timing que necesita el relato para ser aún más cómico) potencia desde el contraste el disparate. Ese recurso de algunos actores cómicos que te hacen reir porque dicen unas animaladas atroces con su mejor cara de piedra, Morris lo lleva al plano de la historieta, con un resultado magnífico. Un comic realmente brillante, para leer y releer de grande o de chico, da lo mismo.
Me leí otra novelita de 96 páginas de Cybersix, en este caso “Un pezzo di notte”, de 1996. El guion de Trillo cuenta con la colaboración de un muy joven Fernando Calvi, que se asomaba a la historieta como asistente del mítico autor. Y en el dibujo, quien se encarga de llevar adelante la estética creada por Carlos Meglia es Alejandro Santana, uno de los asistentes que mejor entendía al maestro quilmeño. Visualmente esto está muy logrado, y si no sabés que Meglia para esta altura era más supervisor del laburo de sus colegas que quien realmente dibujaba las historietas, acá no vas a encontrar demasiadas pistas. Como ya vimos en otras entregas de esta colección, esta vez hay un segmento de ocho páginas en las que en vez de ver la historia de Cybersix vemos un manga que estaba leyendo un alumno de Adrián Seidelman, y acá sí, el trazo es 0% Meglia y (supongo) 100% Santana. ¿Engancha bien con la trama? Y, la verdad que no, que parece más relleno que otra cosa.
El guion en general me pareció flojito, menor, bastante predecible. Está la sana intención de sumar al elenco una nueva villana importante, pero la verdad es que la liquidan 26 páginas antes del final, y de ahí en más es todo un epílogo largo, innecesario y aburrido. Sigo sin encontrar en las novelas de 96 páginas la magia que me cautivó en las primeras historias cortas de Cybersix. Pero no me doy por vencido.
Y termino en Japón, en 2012, cuando Jiro Taniguchi se decide a adaptar una segunda novela de Itsura Inami protagonizada por Taku Ryumon, el taciturno “detective” especializado en encontrar perros de caza perdidos. Otra vez la trama lo va a obligar a buscar otro tipo de cuadrúpedos (en este caso un caballo de carreras) y a eso se dedicará junto a su inseparable Joe. Así como la vez pasada se ahondaba en el vínculo entre un perro lazarillo y una chica ciega, esta vez todo pasa por la relación entre este caballo de carreras y su cuidador (me enteré que la palabra exacta es “palafrenero”). Pero además, en este tomo de El Sabueso el misterio y la investigación estarán condimentados con una aventura más jugada, más intensa, que por momentos nos llevará a la confrontación violenta y a todo o nada entre buenos y malos. Las sesudas deducciones y los dilemas morales (que están, y funcionan muy bien) le cederán el protagonismo un ratito a la acción, y eso le permitirá a Taniguchi impactarnos con unas escenas vertiginosas y alucinantes, con cuerpos humanos y animales en un despliegue formidable de violencia.
Esta también es una historia totalmente autoconclusiva, que retoma en roles muy secundarios a personajes que ya habían aparecido en la anterior, y me atrapó aún más que la primera, así que la recomiendo a pleno. No sé si poner a El Sabueso entre las obras fundamentales del glorioso Jiro Taniguchi. Me parece que no califica para el podio. Pero sin dudas es un manga de una belleza gráfica aplastante, y con una trama muy interesante, un desarrollo atípico y un final muy satisfactorio. No es poco.
Nada más, por esta semana. Veremos cuánto puedo leer la próxima. Gracias y hasta pronto.
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sábado, 31 de julio de 2021
ESSENTIAL X-MEN Vol.8
Esta semana pude leer un solo libro, pero es un masacote de casi 550 páginas, así que está muy bien.
Y sí, llegué a ese momento que yo siempre señalo como el punto ideal para bajarse de X-Men y X-Factor, por lo menos hasta que llegue Grant Morrison a New X-Men. Si sos muy fan de los X-Men clásicos (tanto los de Stan Lee y Jack Kirby como los de Chris Claremont, Len Wein, Dave Cockrum, John Byrne y familia), acá está ese punto clave (la saga de Inferno) en la que Claremont y Louise Simonson cierran un montón de puntas argumentales, atan cabos y le ponen un moñito precioso a los primeros 25 años de este concepto segundón de los ´60 ascendido a franquicia en los ´80. Lo que viene después es ostensiblemente inferior a lo que nos ofreció Claremont hasta este punto, y si bien en su momento lo seguí leyendo, no es algo que me interese tener o releer. Post-Inferno banco a Louise Simonson en New Mutants, alguna saguita de Claremont en Excalibur, y por ahí alguna aventura de la revista solista de Wolverine. Pero sin dudas con Inferno se cierra la Era de Oro de los mutantes, y cuanto más nos acercamos a 1990, más avanzamos hacia una caída muy marcada en la calidad de Uncanny X-Men y X-Factor, y al viraje bestial de New Mutants hacia la ilegible X-Force.
Ojo, este tomo tampoco está al nivel demoledor del anterior. Hasta que llegamos a Inferno, Claremont nos inflige un par de sagas que sin ser chotas, ya muestran signos de estiramiento al pedo y de un cierto desgaste por parte del veterano guionista. Sobre todo en esa trilogía contra los Brood, que no tiene pies ni cabeza. El arco contra los Reavers dentro de todo zafa, excepto por ese final absurdo en el que los X-Men se proponen devolver TODO lo que habían robado estos criminales a sus dueños originales, en un operativo al estilo Papá Noel, en la noche del 24 de Diciembre. Un argumento pueril, e insostenible. Pero como siempre, Claremont te entretiene con el buen manejo de los vínculos entre los personajes, diálogos copados y un gran nivel en los bloques de texto. También antes de Inferno tenemos un Annual con dos historias, una en la Savage Land con el High Evolutionary (también con los diálogos y los vínculos como principal atractivo) y una muy graciosa contra Mojo, totalmente en joda, que no es genial, pero casi. Y también la saga de Genosha, oscura, intensa y un toque estirada.
El final es apoteótico. Cinco números de Uncanny y cuatro de X-Factor contra los demonios del limbo, los Marauders, N´astyrh, el enigmático Mr. Sinister y la mismísima Madelyne Pryor, ahora transformada en Goblyn Queen. Son muchas páginas y la verdad es que los malos desaprovechan demasiadas oportunidades de hacer boleta a los buenos. Pero es una narración atrapante, todo el tiempo pasan cosas fuertes, y los guionistas te convencen de que lo que está en juego es realmente grosso. Al pobre hijito de Scott y Madelyne lo revolean como al guantelete del infinito en Avengers: Endgame, los buenos se pelean entre ellos y hasta hay cosas que no se entienden si no leés los episodios de New Mutants que este libro no incluye (por suerte tengo las revistitas). Pero lo realmente importante es que acá se pasan en limpio un montón de temas pendientes, acerca de Madelyne, Jean Grey, el Phoenix, los hermanos Summers… y además tenemos machaca a gran escala contra villanos de inconmensurable poder, algún que otro giro imprevisto y un final bien orquestado, donde no te sentís estafado sino satisfecho a tal punto que –repito- podés decir “chau, hasta acá llego”, sin sentir que quedan cuentas por saldar. En el primer número de este Essential (Uncanny nº 229) la diosa Roma les propone a los X-Men atravesar el portal Siege Perilous y empezar una nueva vida. Le dicen que no, y se quedan a protagonizar estos 15 episodios (y el Annual) que acabamos de comentar. Un par de meses después de Inferno le van a decir “bueno, dale” y el resultado va a ser muy negativo. Pero no vamos a entrar en esa etapa.
En cuanto a los dibujantes, hasta el momento de Inferno tenemos una alternancia entre Marc Silvestri (que me resultó bastante más limitado que cuando leí este material en los ´80) y Rick Leonardi, mejor que Silvestri, más suelto, más plástico, pero todavía lejos de su mejor nivel. En el Annual tenemos un montón de páginas dibujadas como los dioses por el siempre brillante, sutil y exquisito Arthur Adams. Y en la saga de Inferno vemos a Silvestri esforzarse un poco más en las páginas de Uncanny (de hecho, hay un número en el que el dibujo realmente me gustó, quizás porque en vez de Dan Green lo entinta Hilary Barta), y perder por goleada en la comparación con el dibujante de X-Factor, que no es otro que el maestro Walt Simonson. Con la posibilidad de dibujar poquísimos fondos, Simonson nos brinda un trabajo sublime en los cuerpos y los rostros, al nivel de trabajos monumentales onda X-Men/ Teen Titans. Las tintas de Al Milgrom complementan a la perfección el trazo dinámico del maestro, que le impone emoción a la acción y una profundidad genuina a las escenas más introspectivas. Por supuesto, la posibilidad de disfrutarlo en blanco y negro también potencia el impacto del dibujo de Simonson.
Si no tenés la menor idea de quiénes son los X-Men, o de por qué personajes como Wolverine, Storm, Colossus, Nightcrawler, Cyclops o Jean Grey se ganaron un lugar en la cultura de masas a nivel planetario, los primeros ocho Essentials de X-Men te explican todo de un modo magnífico. A lo largo 14 años, Chris Claremont y sus dibujantes pusieron la vara tan alta que ni ellos la volvieron a alcanzar. Y en el medio redefinieron el concepto de qué es y cómo funciona un grupo de superhéroes. Una gloria.
Nada más, por esta semana. Nos reencontramos el finde que viene, acá en el blog.
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sábado, 24 de julio de 2021
19 al 25 de JULIO
Esta semana pude leer un poco más, por suerte.
Se me ocurrió releer Charlie Moon, la gema de Carlos Trillo y Horacio Altuna de principios de los ´80. Nada, se escribió mucho sobre esa obra, no es mucho lo que yo pueda aportar. Me quedo con lo que más me sorprendió. Primero, no puedo creer que Charlie Moon no sea una obra mucho más conocida de lo que es, por lo menos en Argentina. Segundo, el dibujo de Altuna es sublime. De verdad, está más allá de toda exégesis. Esto es una cátedra de historieta como pocas veces se vio. Los climas, los silencios, los enfoques… visualmente esto es insuperable. Tercero, me parece loquísimo que no haya más episodios de esta serie. Cinco son muy pocos, 49 páginas es muy poco. Obvio que si Trillo y Altuna hubiesen continuado con Charlie Moon, en una de esas no tendríamos obras como Merdichesky o El Último Recreo, y sería un garrón. Pero es lo que hay, y en parte eso es lo que la hace mítica. Cuarto, la calidad de los guiones. El más flojo de los cinco (el de la cita con las dos chicas) es muy, pero muy bueno. Y los otros cuatro, son perfectos. Quinto y último, ¿me podés creer que esta obra en nuestro país solo se editó en la revista SuperHum® en 1980-81? ¿Cómo puede ser que no haya una edición argentina de Charlie Moon en libro? La verdad que no me alcanzan las palabras para recomendar esta historieta. Es una emoción atrás de otra, casi siempre para el lado de la tristeza, pero con una sensibilidad, una profundidad y un talento muy poco frecuentes.
También me leí el Koyoharu Gotouge Short Stories que (como su nombre lo indica) es un compilado de cuatro historias cortas realizadas por la autora de Kimetsu no Yaiba antes de iniciar el manga que la consagraría a nivel global. Ella misma se da cuenta de que estos trabajos son muy primerizos, precarios en muchos aspectos, y agrega textos en los que pide disculpas y ofrece excusas por algunas de estas falencias, muchas de las cuales osn muy, muy evidentes. Desde ideas que fueron pensadas para una serie de infinitos tomos y luego condensadas en 40 ó 50 páginas, hasta dibujos a los que les falta solvencia y secuencias que directamente no se entienden. El tomo tiene todas las demostraciones posibles de que Gotouge no nació sabiendo y que hizo camino al andar.
Recién en la cuarta y última historia de la antología (Haeniwa no Zigzag) se ve un nivel que nos permite imaginar que esta chica podía llegar a hacerse un nombre en la hiper-competitiva industria del manga. Ahí es donde el dibujo adquiere mayor plasticidad, el argumento es más claro, las secuencias de acción más impactantes y los personajes más creíbles. No es una gloria, pero por lo menos se ve que la historia tiene una dirección y va para donde Gotouge quiere que vaya. El resto, muy por debajo de la expectativa que me había generado descubrir el “secret origin” de la autora que rompió todo con Kimetsu no Yaiba. Una pena.
Y cierro con El Golpe de la Cucaracha una novela gráfica realmente excelente, ópera prima de la autora argentina Gato Fernández. Tengo una sola cosa para criticarle, y es lo mismo que le marqué a Gato el día que me mostró los originales, antes de darles el color: el dibujo de la protagonista no es consistente. Por momentos parece tener 8 o 9 10 años, por momentos 11 o 12, como si su cuerpo fuera cambiando de manera aleatoria, y nunca parece tener los 5 o 6 años que los textos dicen que tiene. Es un detalle bastante menor, eclipsado por lo mucho que mejora el dibujo de Gato entre las primeras páginas y las últimas.
Pero lo que realmente hace intrascendente cualquier “pero” respecto del dibujo es la historia que narra la autora en El Golpe de la Cucaracha. Una historia tremenda, descarnada, dolorsamente real, de abusos y violencia, de un hogar que se convierte en infierno y de vínculos que se tensionan hasta explotar, dejando heridas por todas partes. En ese contexto se mueven Lucía, su hermano y su mamá, y el gran hallazgo de Gato Fernández es no morigerar ni edulcorar lo trágico de los sucesos que narra, pero además combinarlos con esa ingenuidad, esa fantasía, esa magia, esa hermosa nube de pedos en la que viven l@s niñ@s a los 5 años. La autora abre una puertita a la ternura, al humor y a la ilusión de que su vida no va a ser solo sufrimiento, y lo hace con mucha agudeza, con mucho talento, sin restarle dramatismo a la trama y sin que esas secuencias más alegres, o más lúdicas parezcan un injerto fuera de lugar.
Víctima de abusos intrafamiliares en la vida real, a Gato Fernández le llevó varios años poder contar esta historia, sacar afuera y compartir con los lectores vivencias y situaciones que aún duelen. El resultado es una obra valiente, intensa, cautivante, por momentos shockeante y sumamente emotiva. Sin dudas, una de las grandes historietas que nos trajo el 2021.
Nada más por hoy. Sigo escribiendo y corrigiendo artículos para el nº3 de Comiqueando Digital, que sale a principios de Septiembre. Gracias y hasta el finde que viene.
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sábado, 17 de julio de 2021
12 al 18 de JULIO
Esta semana sostuve la marca de los tres libros, pero dos son de esos que se leen a los santos pedos.
Una grata sorpresa fue descubrir que en 1977 las librerías Fausto publicaron en Argentina tres libritos de humor gráfico del maestro francés Sempé, que yo jamás había visto. Conocía a Sempé por sus ilustraciones para la maravillosa novela infanto-juvenil (en realidad, apta para todo público) Le Petit Nicolás, escrita por un tal René Goscinny ;), y había visto páginas de humor de las que publicaba en distintas revistas de Francia. Pero nunca un libro que recopilara unos cuantos de estos chistes.
Todo se Complica se parece bastante a un libro de Quino: hay chistes resueltos en una sola imagen y otros desarrollados a lo largo de varias viñetas, los chistes están agrupados por temáticas y el uso de la palabra es muy esporádico. No hay globos de diálogo, pero sí muchísimo juego con los otros recursos gráficos típicos de la historieta. El dibujo se apoya en un trazo sencillo, despojado y muy expresivo, pero cuando quiere, Sempé deja la vida en unos fondos hiper-trabajados, pletóricos de detalles, de una sofisticación barroca. Hasta ahí, todo bastante similar a cualquier libro de Quino, o incluso de Sergio Aragonés, Caloi, Viuti o algún otro clásico del humor gráfico muy dotado para contar casi sin textos.
La diferencia es que con Sempé me reí mucho menos. Algunos chistes me causaron gracia, pero la verdad que fueron muy pocos. Por ahí alguno donde asoma la puntita de un humor más negro. Pero la mayoría me dejó bastante frío. Me encantaron los dibujos, la forma de componer las viñetas y esos fondos deslumbrantes a los que ya hice mención. Lo que no me llegó con la fuerza que esperaba es el humor de Sempé. Que en su concepción “filosófica” no es muy distinto al de Quino, pero que –claramente- no tuvo en mí el mismo efecto. Me lo guardo como curiosidad, porque lo conseguí regalado y porque Sempé es una bestia del lápiz, que sabe esconder detrás de esa línea ágil y sintética un conocimiento del dibujo que te hiela la sangre.
Me voy 25 años al pasado, a 1996, cuando en Italia se publica el Vol.28 de la colección de novelas gráficas de 96 páginas de Cybersix. Estamos en la etapa de pleno auge del personaje creado por Carlos Trillo y Carlos Meglia, quienes ya derivaban buena parte del trabajo a otros autores. El guion de esta novela, por ejemplo, está firmado por Trillo “con la collaborazione di Viviana Centol”, lo cual significa que probablemente Trillo haya tirado una idea muy básica y que el desarrollo posta del guion haya sido responsabilidad de Centol. Y el dibujo se le atribuye a Meglia “con la collaborazione di Ricardo Vispo”, que es la forma elegante de decir “Meglia supervisó cómo Vispo dibujaba a todos los personajes y los pegaba sobre las fotocopias de los fondos que diseñó Meglia para las aventuras anteriores”. La verdad que si todo está dibujado por Vispo imitando a Meglia, estamos frente a una imitación muy bien lograda, por ahí sin la magia desbocada del genio de Quilmes, pero más que ajustada a los requerimientos de la historia.
El guion es totalmente autoconclusivo, no tiene ni la menor referencia a las aventuras anteriores, y presenta a Cybersix y a la ciudad de Meridiana casi como si fuera la primera aparición de ambas. Los bloques de texto están narrados por la propia ciudad, con una prosa de gran lirismo, y sirven para que el argumento (bastante menor, con un asesino serial que se viste parecido a nuestra heroína y merodea una iglesia en busca de víctimas) ocupe las 96 páginas que tiene la novela.
Lo más loco es que acá llegan a Meridiana tres turistas, que tendrán roles menores (subtítulos: “ayudan a estirar”) en la trama, y todos provienen de otras historietas creadas por Trillo, como si Meridiana se convirtiera en el epicentro, en el nexo de un hipotético TrilloVerso: uno es Francesco “Frank” Centobucchi (que aparece siempre dibujado por Mandrafina), otra es Clara de Noche (que aparece siempre dibujado por Bernet) y el otro es Roberto “el Negro” Blanco (que aparece siempre dibujado por García Seijas). Un delirio que hace que esta historia no caiga en el pilón de la intrascendencia y que uno, que es fan a muerte de Trillo, la quiera conservar para siempre.
Y lo más actual que leí esta semana es un álbum de 2002, escrito y dibujado por el glorioso Matthieu Bonhomme: L´age de raison. Es una serie de historias cortas, todas con un mismo protagonista, que es uno de los primeros homo erectus, es decir, de los primeros hombres que caminan en dos patas, obviamente en la prehistoria. Los únicos textos que aparecen en toda la obra son sonidos guturales y gritos que profieren estios homínidos y los animales con los que comparten el territorio, con lo cual si no sabés francés, no importa. Se entiende todo igual, simplemente mirando los dibujos.
¡Y qué dibujos, ma-mita! Hace 20 años, Bonhomme ya era un capo absoluto, con un dominio descomunal del trazo, una expresividad tremenda en rostros y cuerpos, y un timing para la narrativa demoledor. Como en toda historieta sin textos, en L´age de raison vemos cómo el autor descompone la secuencia en muchas viñetas chiquitas, para regular el tempo del relato y para darle más relevancia a la acción, que es la que nos va a contar las historias. Y si bien los argumentos son bastante sencillos (por momentos me hicieron acordar a los de Gon, de Masashi Tanaka), los recursos que despliega Bonhomme para que nos compenetremos con las peripecias de este homo erectus sin nombre (ni ropa, ni armas, ni cultura, ni buena suerte) son complejos y fascinantes. Lo único que tengo para criticarle es que se lee muy rápido, como cualquier historieta de 55 páginas donde solo hay dibujos, y que sobra el color, que no está bueno y no aporta nada. Tengo otro libro de Bonhomme sin leer, así que prometo volver a visitarlo pronto.
Y nada más, por hoy. Será hasta la próxima, y como siempre, recomiendo darse una vuelta por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ para aprovechar las descargas gratuitas, o contribuir con unos manguitos y llevarse la devastadora Comiqueando Digital, que explota de artículos y contenidos audiovisuales exclusivos.
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sábado, 10 de julio de 2021
5 al 11 de JULIO
Tres libritos esta semana, no está mal…
Una de las obras menores de Carlos Trillo fue Grogro, una seie breve, dibujada por Horacio Domingues. De hecho, ni siquiera se publicó en Italia, en la época en la que Trillo colocaba toneladas de material en las antologías de la editorial Eura (veáse la mega-nota del nº2 de Comiqueando Digital).
Pará… ¿estamos seguros que no se publicó en Italia? Acá está el Vol.10 de las novelas de 96 páginas de Cybersix que viene a darnos su testimonio. Y sí, de estas 96 páginas, 45 son… la serie completa de Grogro. A Trillo se le ocurrió la forma de integrar todas esas páginas a una aventura de Cybersix (bastante menor, por cierto) y la historia de Grogro quedó incorporada al universo de la serie más popular de todas las que creó el guionista para el mercado italiano. Solo por esta vez, porque nunca más volvieron a aparecer en Meridiana ni el gorila inteligente ni la doctora Chantal Steinberg. Pero como para zafar durante un mes y armar una novela de 96 páginas donde solo hizo falta dibujar la mitad, el artilugio funcionó. La aventura original de Grogro no era gran cosa, el argumento con el que se articula esta historia con la que sucede en “el presente” en Meridiana tampoco es brillante ni mucho menos, y todo se queda en la anécdota bizarra de cómo una obra que por sí sola no había concitado el interés de los editores italianos, termina por publicarse dentro de una serie de muy buenas ventas gracias a una hábil maniobra de packaging.
En las páginas agregadas para esta novelita se nota muchísimo que el dibujante es Horacio Domingues (lo cual está bueno, porque le da más consistencia con las páginas de Grogro), y que la mano mágica de Carlos Meglia aparece solo en esos fondos que se repiten miles de veces a lo largo de esta extensa serie. El estilo de Domingues está muy emparentado con el de Meglia, así que cuando Horacio trata de parecerse mucho a Carlos (sobre todo en algunos primeros planos), lo logra sin ninguna dificultad. Visualmente es un lindo tomo, pero sin dudas no está entre los imprescindibles para el que quiera armarse una colección con lo mejor de Cybersix.
Salto a EEUU, año 2018, cuando la editorial AfterShock publica The Lollipop Kids, un comic escrito por Adam Glass (junto a su hijo de 13 años), al que nunca me hubiera acercado de no ser por el hecho de que el dibujante es Diego Yapur, esa bestia salvaje del lápiz oriunda de Catamarca. A lo largo de 100 páginas, el dibujo de Yapur me impactó un montón de veces, me cagó a cachetazos con su exhuberancia, su solidez, su fluidez, sus recursos narrativos, la forma alucinante en la que integra la referencia fotográfica a su trazo, los hallazgos en la iluminación… Creo que en el único rubro en el que esperaba algo más de lo que encontré es en el de las expresiones faciales. El colorista DC Alonso lo complementa muy bien, de modo que a nivel visual, este primer tomo de Lollipop Kids juega con varios anchos de espada en el mazo.
El guion si bien es entretenido, no es nada que no hayamos leído ya muchas veces. Lo interesante es, por un lado, como Glass juega a construir una mitología y una mística en torno al embelmático Central Park de New York, y por el otro cómo subraya el mensaje de que los chicos con dislexia (como su hijo Aidan) tienen muy desarrollado el intelecto y la sensibilidad, y merecen el mayor de los respetos. En la historieta, Glass no explica en ningún momento qué es la dislexia, ni cómo se trata, ni en qué difiere la vida de un chico disléxico de la de cualquier otro. Algo de esa información nos la ofrece en el prólogo, y el resto la buscará por la suya el lector al que le interese indagar más a fondo en el tema. Lo cual está bien, me parece, para que The Lollipop Kids no se lea como “un comic sobre la dislexia”, sino como lo que es: una aventura repleta de elementos fantásticos, acción y magia, protagonizada por adolescentes, uno de los cuales tiene dislexia. No es una mala aventura, y supongo que si tenés 14 ó 15 años y vivís en New York te debe parecer alucinante y genial. A mí me divirtió un ratito, pero siempre, de punta a punta, lo que me mantuvo fascinado fue el dibujo de Diego Yapur.
Y termino en Argentina, ya con un título publicado en 2021 (tarde o temprano iba a suceder). Zomvikingos, el nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Jok, tiene una premisa hiper-ganchera, de esas que si se le ocurriera a algún guionista de Hollywood generaría una mega-franquicia con infinitas películas de altísimo presupuesto. Sin duda, combinar zombies con vikingos es una idea de enorme fertilidad, sobre todo para aventuras extremas, con estallidos de violencia y machaca al límite.
Sin embargo, a la hora de plasmar esta idea en un guion, Santullo no se entrega al descontrol y el frenesí de la machaca, sino que plantea un relato donde obviamente hay peleas, sangre, decapitaciones y muertes, pero donde prima una mirada más fría, más cerebral, tanto a los vikingos como a los zombies. De alguna manera, los elementos que Santullo pone en juego para enriquecer la trama (cuestiones de honor, de amor, de creencias religiosas, etc.) le agregan profundidad a los personajes pero al mismo tiempo le restan dramatismo al conflicto. Las últimas seis páginas, además, le agregan un cierto lirismo a algo que podría haber sido absolutamente rústico y cabeza y aún así funcionado lo más bien. Y ahí creo que está el quid de la cuestión: con una idea perfecta para un comic prácticamente descerebrado, al estilo Cazador, Lobo, Conan y familia, Santullo y Jok eligieron contar una historia de Santullo y Jok: menos dramática, más reflexiva, con sutiles pinceladas de un humor muy fino, con una reconstrucción de la época más estudiada… todos ingredientes que el fan de los zombies y de los guerreros que se cagan a hachazos difícilmente vaya a valorar.
El dibujo de Jok es excelente y muy parejo a lo largo de todo el libro, el color acompaña muy bien cada uno de los climas, hay una enorme variedad de planos y enfoques para que no te aburras nunca, un gran trabajo de documentación histórica y muy buenas escenas de acción. Por ahí esto mismo se podía contar de manera más grandilocuente, más shockeante, con viñetas más grandes, con más vikingos, más zombies y más sangre, tripas y cabezas volando por el aire. Jok y Santullo eligieron ser fieles a sí mismos, incluso a costa de (ojalá me equivoque) piantar a algún comprador de los que se acercarán al libro buscando otra cosa. Y esa apuesta les permitió darnos una muy buena historieta de aventura histórica a los que somos más fans de esta gran dupla que de las atroces masacres protagonizadas por muertos vivientes.
Nada más por hoy. Gracias a tod@s y hasta el finde que viene.
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domingo, 4 de julio de 2021
BLACK WIDOW
No me acuerdo cuál fue la última película que había visto en un cine de verdad. Me acuerdo que en 2020, antes de la pandemia, había visto la de Harley Quinn y las Birds of Prey en el microcine de Warner, que es del tamaño de mi living, o más chico. En un cine posta… la verdad no me acuerdo. También me acuerdo que el año pasado vi acá en la compu dos bofes lamentables como New Mutants y Wonder Woman 1984. Esta última, sobre todo, es tan mala que ni siquiera la quisimos comentar en el podcast de Comiqueando.
Pero este viernes volví a ir a un cine de verdad: sala grande, muchos asientos, pantalla inmensa, sonido de la San Puta, oscuridad total. Como siempre, llegué a la función de prensa de Black Widow sin saber absolutamente nada acerca de la película. Bueno, sabía que la protagonista es Scarlett Johansson y que supuestamente esta era la última vez que la veríamos en la piel de Natasha Romanoff, la heroína del Universo Cinematográfico de Marvel que interpreta hace ya más de 10 años.
Me encontré con 133 minutos atractivos, más que llevaderos, y con una película que –sin ser el Antes y el Después de nada- se disfruta y se puede recomendar sin miedo a perder amigos. La directora Cate Shortland juega a hacer equilibrio entre una película de espionaje, una película de machaca superheroica y una película de vínculos familiares, sin dejar de lado la bajada de línea de la sororidad y de “las mujeres todas juntas somos imbatibles”. En algunos pasajes el equilibrio se le va un poquito a la mierda, pero en general está bastante logrado.
Lo más importante para señalar (dentro de lo que puedo contar sin spoilear la trama) es que el grueso de la historia transcurre en 2016, en paralelo con la segunda mitad de Captain America: Civil War. Hay algunos flashbacks que van más atrás (el primer tramo, que me pareció excelente, está ambientado en 1995, cuando Natasha tiene 12 años), y una sola escena en el presente (o sea, después de la muerte de Natasha en Avengers: Endgame), que es la que está entre los créditos. Es una escena muy interesante, que engancha de manera muy ingeniosa con lo que vimos en Falcon and the Winter Soldier, así que quedate a verla.
Y lo más loco es el desfasaje histórico. Black Widow es un personaje creado por Stan Lee para hablar de la Guerra Fría… pero que resulta difícil de sacar de ese contexto para traerla al Siglo XXI. Entonces esta película nos estira la Guerra Fría hasta 1995, como para contaminar ese tránsito de Natasha de la infancia a la adolescencia con una trama de espías rusos que se infiltran en EEUU, rosquean con los cubanos y demás tópicos de los que tienen mucho más sentido en las ficciones ambientadas antes de 1985. Pero si Natasha tuviera 12 años en 1985 ahora tendría casi 50 y no dan los números. Por eso el desfasaje y la puñalada trapera al verosímil ya desde el arranque de la película.
Después, el resto está bien. Mucha acción al límite, buena integración con el resto de la mitología del MCU, una excelente vuelta de tuerca para presentarnos a Yelena Belova (la segunda Black Widow de los comics), un villano con bastante tridimensionalidad… y por ahí cierto exceso en el mensaje pro-familia, que te puede llegar a romper un poquito las pelotas. Pero se sobrelleva, porque la película conserva su tensión y su espesor dramático (por momentos incluso trágico) hasta el final. Si tengo algo para criticarle es que
–ACÁ VA UN SPOILER-
me resultó poco creíble que los cuatro personajes principales llegaran enteros al final de la historia. Al estar ambientada años antes de la aventura final de Natasha, era obvio que ella sobrevivía. El resto, la verdad que me sorprendió verlos a todos vivos hasta la última secuencia, sobre todo por lo extremo de los peligros a los que se enfrentan.
La música muy bien, los efectos especiales muy bien y las actuaciones bastante bien. Me sorprendió Florence Pugh, a quien no conocía y la descose toda. Rachel Weisz brillante, con una actuación sobria y finas pinceladas de caricatura. Y muy capo David Harbour (a quien tampoco conocía) y hace una transición de personaje serio/ dramático a un bufón pomposo y grandilocuente, parecido al Thor de Endgame pero un poquito más grotesco. Scarlett está tan hermosa como siempre, muy sólida en un papel que ya tiene perfectamente incorporado. El resto del elenco aparece poco y quizás la labor más destacable sea la de O. T. Fagbenle, que compone un personaje al que estaría bueno volver a ver en alguna otra serie o película del MCU. Ah, y Ever Anderson Jovovic (la hija de Milla) también la rompe en el rol de la Natasha de 12 años.
Si sos un consumidor ocasional del MCU, y no te pusiste como meta en la vida ver TODOS los productos vinculados a este universo fímico, quizás podés NO ver Black Widow y aún así ser feliz y realizarte como persona. Para los que estamos re-adictos a este complejo y fascinante artefacto narrativo, la película es simply irresistible (diría Robert Palmer) y, a grandes rasgos, más que satisfactoria. Y es para ver en cine, porque tiene momentos en los que te lleva puesto con esa dimensión épica y grandiosa que Hollywood sabe vendernos con tanta cancha y que se luce mucho más en una pantalla gigante que en la de tu tele, computadora, tablet o celular.
Ahora sí, nada más por este finde. Será hasta el próximo. Y si te querés ir cebando con el próximo personaje de Marvel que explota en los cines, no te pierdas la nota sobre Shang-Chi que escribí para el nº2 de Comiqueando Digital, por supuesto disponible para descargar por muy poquita plata en nuestra tienda virtual https://comiqueandoshop.blogspot.com/
sábado, 3 de julio de 2021
28 de JUNIO al 4 de JULIO
Esta semana (como ya casi es costumbre) leí poca historieta. Estoy bastane cebado leyendo textos SOBRE historieta, y además le estoy entrando a algunas revistas (básicamente antologías europeas de los ´80) que no suelo reseñar en este espacio.
Arranco en Argentina, década del ´90, cuando en medio de la debacle de la editorial Columba a alguien se le ocurre que es un buen momento para hacer volver (una vez más) a Gilgamesh, el Inmortal, la gran creación de Lucho Olivera, que era un emblema de la editorial desde fines de los ´60. Así, Lucho forma equipo con el veterano maestro Alfredo Grassi (uno de los guionistas más prolíficos de la historia del comic sudamericano) para realizar cinco episodios que se publican entre 1997 y 1998 en la revista D´Artagnan.
Probablemente por lo difícil que resultaba cobrarle a Columba en aquellos años, el compromiso de Olivera es poco y va decreciendo. Por momentos se nota y se disfruta su mano maestra, su obsesión por los detalles, su plasticidad, la originalidad de sus angulaciones, la fuerza que le ponía a las expresiones faciales… y por momentos se extraña, y mucho, porque los asistentes que dibujan lo que no dbuja el maestro exhiben un nivel muy inferior. O sea que no faltan las páginas y las viñetas gloriosas, pero también hay muchas (sobre todo en el quinto y último episodio) totalmente carentes de imaginación, vuelo y onda.
Los guiones de Grassi empiezan con un salto al vacío, al plantear un reboot, un reinicio de la historia del personaje que lo habilita a dejar fuera del cánon todo lo narrado previamente por los autores anteriores. No era el primer reboot que sufría Gilgamesh, así que no es algo grave. Hay un cambio de registro respecto de lo anterior, ya que Grassi se juega menos a la ciencia-ficción y más a la mitología, con la aparición de dioses de la antigua sumeria. Pero se mantiene algo muy atractivo (sobre todo de la etapa escrita por Robin Wood) que es la posibilidad de ver a Gilgamesh en acción en distintas épocas del pasado histórico de nuestro planeta. Incluso tenemos algún que otro diálogo bien filoso (de los que Robin le haría decir a Dago) y esa otra rareza de los guiones del paraguayo, que es ir cambiando de narrador: a veces los bloques de texto los narra una entidad omnisciente, y a veces es el propio Gilgamesh el que cuenta en primera persona. En ninguno de los casos tenemos en los textos el nivel de lirismo al que nos acostumbró Robin Wood.
Esta etapa de Gilgamesh quedó trunca por los despelotes internos de Columba, y artísticamente no es ni fascinante ni deplorable. Está ahí, en un punto medio.Es aceptable para cualquier consumidor de historieta industrial de aventuras y muy importante para el fan incondicional de Gilgamesh, porque acá están sus últimas apariciones, y no a cargo de Juan Carlos Nadie, sino del propio Lucho Olivera y de un guionista más que competente como era Alfredo Grassi.
Salto a Japón, año 2011, cuando el glorioso Jiro Taniguchi se decide a adaptar al manga una novela de Itsura Inami titulada “St Mary´s Ribbon”. Básicamente es la historia de un tipo solitario que la juega de detective hard boiled y se dedica a recuperar perros perdidos o robados, generalmente perros de caza. A lo largo de casi 230 páginas veremos a Ryumon aceptar a regañadientes y resolver sin despeinarse un par de casos, principalmente el del robo de un perro lazarillo, adiestrado para acompañar a una chica ciega.
Además de la sublime calidad del dibujo de Taniguchi, me llamaron la atención tres cosas: 1) cómo la historia se resuelve no sólo sin violencia, sino casi sin darle protagonismo al conflicto, 2) la bola que le da Inami –y por ende Taniguchi- a la faceta didáctica de la historia, a brindarnos muchísima información, muy detallada y (sospecho) fruto de una investigación exhaustiva acerca de cómo se adiestran los perros para convertirlos en lazarillosy cómo se establecen los vínculos entre ellos y las personas ciegas a las que asistirán y complementarán. Y 3) algo que a esta altura ya no debería sorprenderme, que es la sobriedad, la parsimonia, el desparpajo con el que Taniguchi se anima a contarnos momentos de la historia en los que virtualmente no pasa nada. Tiempos muertos, conversaciones y silencios que cualquier autor occidental omitiría a través de la elipsis, Taniguchi la dibuja con su paciencia santa y su precisión apabullante, para contribuir a la sensación de que esto que estamos viendo lleva tiempo, es un proceso complejo, que por momentos parece no avanzar. Y que la vida del detective (especialmente en una zona cuasi-rural como la que eligió Inami para ambientar esta historia) no es precisamente una vorágine de acción y aventuras, sino que va a un ritmo mucho más pachorro.
Hay un segundo tomo de El Sabueso, en el que Taniguchi adapta otra novela de Inami (creo que protagonizada una vez más por Ryumon), y lo tengo ahí, en el estante de las lecturas pendientes, así que pronto lo veremos por acá.
Esto es todo por hoy, pero prometo para mañana la reseña de la película de Black Widow que llega el jueves a los cines. Gracias y hasta mañana.
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sábado, 26 de junio de 2021
21 al 27 de JUNIO
Tras la decepción de la semana pasada, me puse a buscar entre mis libritos de Cybersix pendientes de lectura a ver si tenía traspapelado ese episodio en el que los villanos le roban a su bebé. No lo tengo, pero encontré uno que es secuela directa de ese, y que se publicó justo antes que el que vimos la semana pasada. Se llama “Vita per Vita”, el el Vol.25 de la colección italiana, y es infinitamente mejor que lo que me tocó padecer en la entrada anterior.
El dibujo es excelente de punta a punta. En los créditos, además de Carlos Meglia, figura Alejandro Santana quien se integra al mundo imaginado gráficamente por el prócer quilmeño de una manera sencillamente perfecta, sin fisuras. No hay una sóla viñeta en la que puedas decir “acá Meglia no hizo nada y le dejó todo el laburo a Santana”. Dentro de lo choto que es poner a un dibujante (especialmente a uno con talento) a copiar el estilo de un colega, esto es todo ganancia, y visualmente “Vita per Vita” está a un nivel muy cercano al de los mejores episodios de Cybersix.
Y el guion es muy sólido. No está estirado, no tiene injertos bizarros calzados con forceps, no saca personajes nuevos de la galera para rellenar páginas, no abusa de las secuencias oníricas… Esto es bien canónico, bien del “núcleo duro” de la saga de la criatura artificial que se le sublevó a su diabólico creador. El conflicto central es potente y perturbador: acá vemos qué límites está dispuesta a cruzar Cybersix con tal de recuperar a su hijo, en una aventura violenta y descarnada como pocas. Trillo nos presenta a la heroína como una mujer al límite, enfrentada a un Von Reichter más sorete que nunca, en una lucha en la que por momentos el fin justifica los medios y la frontera entre buenos y malos se hace difusa. También hay un rol muy importante (y mucho desarrollo) para Joseph, el hijo clónico de Von Reichter, buenos diálogos, ese clima ominoso que asociamos con las noches de Meridiana y –por si faltara algo- un final más amargo que la hinchada de Independiente. En cualquier momento voy por más Cybersix.
Vamos a Brasil, año 2015, cuando Marcello Quintanilha publica Talco de Vidrio, la novela gráfica con la que pega el salto del palo indie brazuca a las editoriales prestigiosas de España y Francia, que desde entonces le publican hasta la lista de los mandados.
Talco de Vidrio es un claro ejemplo de novela gráfica existencialista, en la que nos metemos a fondo en la vida de Rosángela, una odontóloga de cuarenta y pocos, que vive una vida tranquila, organizada, sin sobresaltos… hasta que ciertos fantasmas, ciertas inseguridades se transforman en demonios que la llevan al borde del abismo. Quintanilha cuenta una historia de gente común, sin elementos fantásticos, ni aventuras, en la que los conflictos van por dentro. Y ni siquiera los enfatiza demasiado, no es tan explícita la causa de esta “evolución” en el personaje protagónico, es algo más sutil, más sugerido que subrayado. Las pistas están, ya que cada diálogo, cada bloque de texto, pasa por ahí, por bucear en la psiquis de esta mujer, por acompañarla en su crisis y en el replanteo de sus prioridades, sus actitudes y sus vínculos. Esto hace que Talco de Vidrio no sea una novela gráfica para cualquier tipo de lector. Más de uno preferirá un relato más aventurero, y es entendible. Esto va por otro lado, claramente.
En el dibujo y en la narrativa, Quintanilha me enloqueció. Por momentos me hizo acordar a Stray Toasters y Big Numbers, las obras más experimentales de Bill Sienkiewicz, no en la estética, sino en la forma de armar las secuencias. Quintanilha le pone una onda increíble a una historia 100% urbana y real, y trastoca ese grafismo hiper-pendiente del realismo fotográfico para lograr efectos notables, tanto en las personas como en los objetos y los paisajes. Estamos frente a un tipo con un manejo devastador de una gran cantidad de técnicas, que engaña al lector incauto con su impronta “Juan Carlos Flicker” y enseguida lo lleva a otro terreno, en el que da cátedra. Esto es el mundo real, pero visto a través de un prisma que le permite al autor sorprender una y mil veces al lector y –lo más importante- imponer una estética propia por sobre el mero retrato de la realidad. Enorme trabajo de un autor de una madurez inverosímil, coronado por un final impactante e impredecible.
Para cerrar, sigo intentando liquidar el pilón de los libros de historieta argentina editados en 2020, y hoy le dedico una breve glosa a Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, protagonistas de la novelita gráfica titulada “Venganza Vegetal”. Esta creación de Federico Reggiani y Ángel Mosquito retoma la consigna de Los Visitantes del Agujero del Comedor: mezclar de la manera más divertida posible los tópicos de la cklásica aventura de ciencia-ficción con lo más prosaico y lo más grasa de la comedia barrial argenta. El resultado es muy, muy efectivo, y logró arrancarme más de una carcajada.
Ni hace falta subrayar la química entre los autores, que se conocen hace décadas y en todo momento ejecutan como si fueran una sola persona, no una dupla. El estilo de dibujo engancha perfecto con el tipo de historia que se quiere contar, hay muy buenas secuencias de acción, muchos chistes, un trabajo alucinante de Mosquito a la hora de poner los grises… y en todo caso lo que tengo para criticar es la omisión de las zanjas entre las viñetas, que no deberían faltar nunca. La otra decisión medio extrema en materia de puesta en página (bancar una grilla de cuatro viñetas iguales a lo largo de casi toda la novela) no me hizo ruido para nada. Espero con muchas ganas las próximas aventuras de Roque & Gervasio.
Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y no se olviden de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/.
sábado, 19 de junio de 2021
14 al 20 de JUNIO
Otra semana de escasa lectura, porque estoy muy cebado leyendo otra cosa (vinculada a la historieta) y no le dediqué muchas horas a los comics que pueblan mi estante de material pendiente de lectura.
Me devoré una novela gráfica de 96 páginas de Cybersix, de fines de 1995, la época de pleno auge de la creación de Carlos Trillo y Carlos Meglia. Y me pareció flojísima. El planteo no es malo: aparecen en Meridiana tres robots creados por los nazis en los años ´40, que se alimentan de Odio, Miedo y Dolor (por eo el librito se titula “Odio, Paura, Dolore”). Estas criaturas provocan un in crescendo de muertes, que va a desembocar en el choque con Cybersix, en medio de una especie de gran convención anual de sadomasoquistas, donde habrá grandes dosis de odio, miedo y dolor. Pero el desarrollo es poco interesante, a tal punto que nada de lo que sucede logra empañar al principal sub-plot que tiene en este momento la serie: Cybersix tuvo un bebé, que fue raptado por los villanos, y esto la desestabiliza emocionalmente como nunca antes. Ese conflicto eclipsa por completo al de los robots y es el que le da a la historieta buena parte de su interés dramático. Por otro lado, Trillo se da cuenta de que el argumento que se le ocurrió no soporta un relato de 96 páginas, entonces TRES VECES a lo largo de la novela, interrumpe la narración para llevarnos –con cualquier excusa- al terreno de la “ficción dentro de la ficción”. Allí encaja con forceps tres historias cortas (también vinculadas al terror), que no tienen nada que ver con la saga de Cybersix, dibujadas en un estilo totalmente distinto al de Meglia por Ricardo Vispo, uno de los integrantes de la Legión de Asistentes de Meglia. ¿Cuándo y para qué proyecto habrán realizado Trillo y Vispo esas páginas que acá aparecen a modo de relleno? Ni idea, pero se nota mucho que no se pensaron originalmente para integrarse a la trama de este librito de Cybersix.
Las 70 páginas que sí están dibujadas en el estilo habitual de la serie tienen muy poco de la magia de Meglia. No me atrevo a afirmar que TODO haya sido dibujado por asistentes que imitaban la línea del prócer quilmeño, pero no lo descarto. La mano maestra de Meglia se nota en los fondos (que son los mismos en todas las aventuras de Cybersix) y no mucho más. La verdad, me lo voy a guardar sólo por el amor incondicional a Trillo y Meglia y porque al estar en italiano es difícil que alguien me la quiera comprar, o me la acepte como regalo. Tengo sin leer varias novelitas más de Cybersix en italiano, así que en los próximos meses las vamos a recorrer en este espacio.
Me fue mucho mejor con el Vol.3 de The Goon, la serie de Eric Powell, hoy casi “de moda” gracias a la edición en castellano que pulula por las comiquerías a un precio bastante amistoso. Esta vez no hay autores invitados, está todo escrito y dibujado por el ídolo. Incluso en el episodio en el que aparece Hellboy a compartir una aventura con The Goon, Mike Mignola apenas aporta un par de páginas y algunos diálogos, como para no eclipsar en absoluto a un Powell que está en un nivel increíble.
Además, en este tomo, no sólo hay historias que impactan por la violencia y la guarrada. También hay historias emotivas, que te llegan al alma y demuestran que Powell es mucho más que un especialista en “chabones grandotes y monstruos que se cagan a trompadas”. La historia de la dama vampiro, y la del zombie que resucita pero quiere volver a morir, son dos joyas que le suman a la serie una capa de profundidad y hasta de lirismo. Y después, la de Hellboy y la del Hombre Lagarto, son aventuras clásicas de machaca, descontrol y delirio, con guiños irónicos, groserías y todas esas cosas que ya vimos y disfrutamos en los TPBs anteriores de The Goon.
Por supuesto, el dibujo sigue tan potente y tan glorioso como siempre, repleto de esa magia heredada de los grandes cracks de la E.C. Comics y de Will Eisner, y siempre puesto al servicio de una narrativa cristalina, cautivante y efectiva como pocas. No sé cómo seguirá la evolución de la serie, porque no me quedan más TPBs sin leer. Pero lo que leí hasta ahora es realmente grosso. No es la mera suma de elementos fantásticos y bizarros + violencia al palo + chistes groseros. Hay más. Hay un espíritu, un corazón… no sé cómo definirlo, pero hay algo que está ahí, que le suma una onda alucinante y una identidad reconocible al instante a esta creación de Eric Powell cuyo aporte al mainstream yanki de este siglo sería absurdo soslayar.
Y nada más, por hoy. Nos reencontramos el finde que viene, con nuevas reseñas acá en el blog. Y si quieren leer más (y mejores) textos sobre comics, siempre tienen la posibilidad de descargarse el apoteótico nº2 de Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Gracias y hasta pronto.
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sábado, 12 de junio de 2021
7 al 13 de JUNIO
Otra semana de pocas lecturas, porque por suerte estuve avanzando mucho con otro proyecto del cual en poco tiempo voy a poder contar mucho más.
Empiezo con un libro que quería leer desde hace años, cuando mi amigo Lucas Ferrero me cebó hablándome maravillas y mostrándome algunas páginas. Dance! Kremlin Palace compila una serie de historias cortas realizadas por Shintaro Kago en 2003, donde da rienda suelta a una descarnada sátira política que gira en torno a la Unión Soviética y los distintos líderes que tuvo ese conglomerado de naciones durante el tiempo que duró el régimen socialista, y más allá. Kago encuentra en el régimen político de la URSS y en la cultura rusa en general un montón de elementos para exacerbar, para llevar a un extremo grotesco, disparatado y sumamente cómico. Fiel a su costumbre, se va al pasto muchas veces, con escenas de mutilaciones, violaciones, torturas y gente que vomita caca, pero todo en un contexto festivo, de joda fuera de control. Cada frase, cada gesto, cada medida política de uno de los líderes rusos (de Stalin a Putin) es tomada por Kago como disparador de una o varias secuencias en las que (como ya hizo en Compendio de la Verdadera Historia Universal) empieza el relato con un tono documental y de a poco se empieza a imponer el delirio y el zarpe cada vez más pasados de rosca. Hasta el frío que suele hacer en esa región le sirve al autor para generar ideas loquísimas, de gran impacto cómico.
Kago mezcla la historia real de la URSS con alienígenas, androides, zombies, máquinas hechas con cuerpos de mujeres mutiladas, una especie de Disneylandia socialista, un partido de beisbol… Todo vale para delirar y sorprendernos con el impacto de los chistes, o de las atrocidades que nos cuenta el autor. Particularmente agudo es el episodio en el que los rusos logran que Japón se vuelva socialista. Acá queda muy claro que lo de Kago no es simplemente una burla al régimen soviético, sino que se aferra del mismo (y de la mirada que sobre el mismo se difundió en Japón, y en casi todo Occidente) paralanzar dardos envenenados también contra el sistema capitalista.
El dibujo no es brillante, ni busca impactar por el lado del virtusismo, sino que apunta a otro efecto, que es el de mostrar una versión deforme, mutante y asombrosa de Rusia, sus líderes, sus paisajes y su iconografía. Y combinar todo eso con los elementos fantásticos, bizarros y extremos que surgen de la inagotable imaginación de ese genio fuera de control llamado Shintaro Kago. Libro muy recomendable, para explotar de risa y gritar muchas veces “¡no podéeesss!”.
Me vengo a Argentina, año 2020, cuando se edita El Cantar del Farsante, una novela gráfica de Juan Bertazzi y Hernán González. La consigna es muy atractiva: convertir al mítico Antonio Mamerto Gil Nuñez, más conocido como “el Gauchito Gil”, en un tipo que murió y resucitó con la misión de escupirle el asado a otras criaturas sobrenaturales y espíritus malignos vinculados a las leyendas de nuestra Litoral. Una especie de Hellblazer criollo, en la selva mesopotámica del último tercio del Siglo XIX.
El guion de Bertazzi combina el “secret origin” del protagonista con un caso muy turbio, en el que el horror no viene sólo de las criaturas a las que enfrenta Nuñez, sino también de la descripción descarnada que hace Bertazzi de la precaria e injusta situación laboral a la que estaban sometidos en ese entonces los peones de las grandes estancias del Interior de nuestro país. Al principio me costó un poco entender por qué y en qué momentos el guion decide interrumpir el relato del tiempo “presente” para contarnos el pasado de Nuñez, pero con el correr de los capítulos me empezó a cerrar mucho más. Fuera de los notorios errores y omisiones en materia de signos de puntuación que exhiben los diálogos, el resto me resultó muy convincente y atractivo.
El dibujo de González sigue mutando, y acá lo vemos en su trabajo más limpio, menos plástico, más funcional al relato y menos al lucimiento de sus innegables condiciones con el pincel y la tinta. De todos modos fluctúa mucho entre viñetas muy realistas, muy cargadas de detalles fotográficos, y otras más sintéticas. También entre secuencias muy jugadas a un claroscuro potente y otras en las que entran en juego varias técnicas de entintado distintas. A grandes rasgos, González sortea con éxito la prueba de trabajar en un estilo un poco más convencional, en el que se nota menos su impronta personal tan marcada en otras obras. Hay algún que otro tropiezo en la narrativa, fruto de ángulos elegidos con criterios medio raros, que hacen que el relato no fluya con la naturalidad que sería ideal, y eso que señalaba de las distintas técnicas de entintado, que distraen un poco al ojo, en esos saltos mortales de la línea clara a la mancha profunda o el festival de las tramas y los esfumados, o del recontra-realismo lleno de detallitos y el grafismo más crudo, más pelado, en los que se impone la síntesis. Estos vaivenes le impiden al dibujo de González crear climas y sostenerlos, pero también le amplían mucho el repertorio de efectos a la hora de impactar al lector, sobre todo en las escenas más escabrosas.
El balance general de El Cantar del Farsante es positivo, porque la historia es atrapante, bastante original, el personaje central está muy bien tratado y la época histórica muy bien aprovechada. Si vienen nuevas aventuras de Antonio Mamerto Gil Nuñez a cargo de eta dupla y en esta misma onda, se puede armar una serie realmente potente.
Y nada más, por hoy. Será hasta el finde que viene y no se olviden de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargar la Comiqueando Digital. Sale muy barata y garantiza muchas horas de buena lectura, además de que es una forma de contribuir con quienes generamos tantos contenidos gratuitos sostenidamente hace tantos años.
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domingo, 6 de junio de 2021
31 de MAYO al 6 de JUNIO (parte 2)
Bueno, ahora sí, más reseñas de material que leí durante estos últimos días.
Me gustó mucho Viaje con Bill, una extensa novela gráfica del maestro alemán Matthias Schultheiss que data de 2010. Esto es algo muy distinto a todas las obras en la muy diversa carrera del autor, que esta vez nos propone una road movie atravesada por un realismo mágico con ciertos tintes new age. Sostenida en dos personajes muy carismáticos y uno que es una especie de cero a la izquierda, Viaje con Bill no se preocupa demasiado por explicar todo lo que sucede, y por momentos hasta te hace sospechar si algunas de las cosas que suceden están ahí porque son importantes para la trama, o simplemente porque Schultheiss tenía ganas de dibujarlas. Pero siempre ganan la tensión dramática y la profundidad emocional que el autor le imbuye a la historia y a los protagonistas (por lo menos a Bill y a Tweety), con lo cual ni siquiera las escenas más limadas, o aparentemente más inconexas, alcanzan para desengancharnos del relato. Como toda road movie, Viaje con Bill propone un ritmo lento, con trayectos en los que no pasa demasiado y en los que la contemplación predomina por sobre la acción. Y de nuevo, eso tampoco le resta atractivo a la historia ni nos invita a desengancharnos ni a pasar más rápido las páginas del libro.
Esto se debe en buena medida al maravilloso trabajo que realiza Schultheiss en el dibujo, en las composiciones, en la puesta en página, en los climas que logra con su inagotable paleta de colores. Acá tenemos un retrato de la Norteamérica actual, de sus rutas, sus pueblos, su gente, sus paisajes, realmente sublime. Te dan ganas de agarrar un auto y salir a hacer el mismo recorrido que hacen los personajes en el libro, para ver con tus propios ojos ese pedazo (extenso y variado) del mundo real que Schultheiss muestra a través de su particular estilo. La verdad, no se me ocurre nada para criticarle. Por ahí ese tramo medio new age, con el chamán y el barquito, pero está todo tan bien dibujado y a nivel narrativo etsá tan bien contado, que no tiene sentido cuestionar nada. Si no te provocan rechazo las historias en las que algunos elementos fantásticos se cuelan por la ventana de una trama realista, 100% verosímil y 100% humana, no tengo dudas de que Viaje con Bill tiene altas chances de conquistarte, como me conquistó a mí. Y si sos fan de Schultheiss y amás sus dibujos al punto de comprarle cualquier cosa sin importar la calidad de los guiones, obviamente esto no te lo podés perder por nada del mundo.
Ya muy cerca de terminar la pila de libros editados en Argentina durante 2020, me sumergí en Las Nuevas Aventuras de Dugong y Manatí, la novela gráfica realizada en solitario por Quique Alcatena, en la que retoma a los personajes que ya conocíamos de aquel librito reseñado el 01/07/14. Guarda, este no es el Alcatena que trabaja para Italia, sino el Alcatena que escribe, dibuja y colorea una aventura apta para todo público, en la que se otorga a sí mismo total libertad para jugar a un juego en el que está muy canchero. La novela gráfica está poblada de personajes tomados de otras mitologías (la de Popeye, la de Corto Maltés, la de Tintín, la de Moby Dick, la del Yellow Submarine de los Beatles, etc.) y de otros inventados por Quique, en la línea de los superhéroes de la Silver Age de DC, y que no desentonarían para nada en el universo de Dr. Paradox.
Como las aventuras de Paradox, esta de Dugong y Manatí no exploran demasiado en la personalidad ni las motivaciones de los protagonistas, sino que se centran en una trama de suspenso y acción, que derivará en una gran pelea final en la que (lógicamente) ganarán los buenos. El poco desarrollo de personajes que hay, se lo llevan los secundarios, mientras que el dúo protagónico funciona más como un deus ex machina que como personajes con los que el lector se pueda identificar. De hecho, ni siquiera está muy justificado que sean dos. La historia se puede contar exactamente igual sólo con Dugong o sólo con Manatí, porque parte del chiste (que a mí particularmente no me parece gracioso) es que ambos sean casi imposibles de distinguir uno del otro.
Básicamente esto es Alcatena apostando a lo seguro, a lo que conoce a la perfección y le sale de taquito. Y funciona, te entretiene, te arranca varias sonrisas, por momentos te atrapa en la intriga que urden los villanos, y además está todo muy bien dibujado. Extraño un poco esa galería infinita de palacios, criaturas y ejércitos tomados de las más diversas culturas o nacidos de la inagotable imaginación de este prócer del plumín, pero también entiendo que esta historieta en particular va para otro lado y se nutre de otra iconografía... que Quique también maneja con una maestría infinita. O sea que no hay mucho riesgo, pero hay garantía de diversión, de personajes atractivos, de una trama ganchera y, si venís muy acostumbrado al Alcatena que dibuja en blanco y negro esas historias más solemnes o más reflexivas, acá vas a encontrar algo muy distinto, que te puede servir como recreo, o para descubrir otra faceta de este autor fundamental del Noveno Arte.
Y ahora sí, no hay más. Será hasta la semana que viene, y no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.
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sábado, 5 de junio de 2021
31 de MAYO al 6 de JUNIO
Esta semana pude leer un poco más, porque ya se terminó la tarea colosal que fue armar el nº2 de Comiqueando Digital. Posta, creo que es lo más grosso que hicimos en nuestras miserables vidas. Una revista de 285 páginas, con material 100% inédito, con contenios audiovisuales exclusivos (entre ellos un podcast de TRES horas en el que participan Horacio Altuna, Enrique Breccia, Cacho Mandrafina, Eduardo Risso, Juan Bobillo, Lucas Varela, Pablo Túnica y Alejandro Dolina), y con un nivel del que estamos realmente muy orgullosos. Hay una mega-nota de 90 páginas dedicada a recorrer la vida y la obra de Carlos Trillo, una sobre Valérian, una sobre todas las historietas que escribió Frank Miller ambientadas en el universo del Dark Knight, la biografía de Hirohiko Araki, una exploración del universo de las historietas de Star Wars, notas completísimas sobre personajes grossos como Popeye, Shang-Chi y el Dr. Mortis, una sobre historietas que abordaron el tema del anarquismo, una sobre la historieta alemana durante los años en los que el Muro de Berlín partió al país en dos… De verdad, quedó un numerazo demoledor, que deja muy chiquito al nº1 y sube mucho la vara con miras al nº3. Recomiendo muchísimo que tod@s quienes quieran saber mucho más sobre historietas de todo el mundo se descarguen la revista en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Vale $ 380, una guita con la que hoy no te comprás ni media docena de sánguches de miga, y tiene material como para leer durante los tres meses que faltan para que salga la próxima. El lunes, en el sitio web, vamos a recorrer el índice de manera más detallada, como para que los indecisos se terminen de decidir y corran a descargarla.
Como siempre, en la tienda virtual también sumamos material de descarga gratuita, que se pueden llevar sin poner un sope. Pero si pueden aportar unos pesitos, mucho mejor. Ah, y esta semana arrancamos con una nueva idea, un nuevo canal a través del cual vamos a brindar contenidos 100% gratuitos: entrevistas en vivo en el Instagram de Comiqueando, con grandes autores del habla hispana. El primer episodio es el jueves 10 a las 18 hs (de Argentina), y voy a estar conversando con el maestro mexicano Humberto Ramos.
Ahora sí, vamos con las lecturas. Me divertí mucho con Deathwest, una historieta de Luis Santamarina, que antes firmaba como “Ziul Mitomante”. Es una especie de versión deforme de La Divina Comedia de Dante Alighieri, sin trama romántica y con elementos que tienen que ver con el western, con el terror y hasta con la escatología. Y sobre todo con mucho humor. Es una trama supuestamente dramática, con pasajes épicos, pero que todo el tiempo te tira guiños, onda “tranqui, que es todo una joda y lo importante es cagarnos de risa un rato”. Sin dudas esa es la principal virtud del guion: no tomarse nunca en serio a sí mismo. Porque si lo pensamos friamente, lo que le sucede a Kowalski es bastante jodido, y hasta descorazonador. Pero la forma en que Santamarina lo cuenta, hace que uno se deje llevar por la acción, el delirio y los chistes, y la pase muy bien a lo largo de las 53 páginas que dura la historieta.
En materia de dibujo, me queda clarísimo que Santamarina no es un virtuoso, pero la rema muy decorosamente. Para darme cuenta de que esa cosa cuadrúpeda era un coyote, me lo tuvo que aclarar en los textos. Pero está todo bien envuelto en un trazo original, no exento de un cierto atractivo bizarro, y muy enriquecido por la aplicación de las tramas mecánicas, que son sin dudas la estrella dentro de la faz gráfica de Deathwest. Predomina una narrativa muy clásica, muy accesible, y cuando aparece algún recurso un poco más sofisticado, está bien resuelto. El balance del librito es muy positivo, porque la edición está bien cuidada y la historieta banca con solidez la propuesta (humilde, poco pretensiosa) de contarnos una aventura extraña y grandilocuente, con situaciones y criaturas que no vimos en obras anteriores, siempre con el foco puesto en la diversión y con momentos de alto impacto, en lo que respecta tanto a la acción como a la comedia.
Y hay más, pero lo dejamos para mañana. Sí, mañana domingo me voy a vacunar y a la vuelta sale otro posteo con la segunda parte. Prometido.
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