el blog de reseñas de Andrés Accorsi

sábado, 9 de diciembre de 2023

TRES AL LÍMITE

Mañana cambia el país, supongo yo que para peor. En vez de estar en el horno, vamos a estar en el spiedo: con el mismo calor, pero dando vueltas con un palo que nos entra por el orto y nos sale por la garganta. Habrá que aguantar, como aguantamos tantas veces, por lo menos los más veteranos. Vamos con las reseñas. Primero, una breve glosa para Viento Fantasma, un librito que reúne dos historias cortas de Francisco Felkar, ambas con un tinte sobrenatural y ambientadas en su Bahía Blanca natal. Muy notable la mejora en el dibujo de Felkar respecto de sus trabajos anteriores, y muy interesante el tono (medio lovecraftiano) que encontró para narrar lo extraño, lo inexplicable y además para anclarlo en la mitología propia de su ciudad. Por ahí estas historietas destacarían más en el contexto de una antología con otros autores que en un librito de menos de 30 páginas, pero eso no hace menos placentera su lectura.
Vamos con una gema: el tercer (y aparentemente último) libro de El Último Recurso, la serie escrita por Lubrio y dibujada por Kundo Krunch. 78 páginas de acción, mala leche, groserías, atrocidades y abyección moral, que se disfrutan inmensamente. No me acuerdo si con los dos primeros libros me reí tanto, pero este tiene un nivel superlativo. Lo cruel y perverso del plan de los villanos (no muy difícil de traspolar a regímenes políticos y sociales como el que vamos a estrenar mañana) me pareció de una genialidad macabra, me cuesta creer que a ningún otro guionista se le haya ocurrido antes semejante guachada. A Lubrio no sólo se le ocurrió, sino que tuvo los huevos y la destreza de llevarlo al papel, combinado con diálogos tremendos, un ritmo atrapante y muy buen desarrollo de estos personajes a los que espero ver regresar, aunque sea en el contexto de otra serie. El giro que le encuentra Lubrio al clásico plot de "nos invaden extraterrestres que tienen siniestros planes para con la Humanidad" es original y está narrado con una crudeza y un impacto estremecedores. Incluso la respuesta de "los buenos", las maniobras que planifican e improvisan para impedir el genocidio, demuestran inteligencia y osadía por parte del guionista. Después de dos libros en los que pasa de todo, ya para el tercero no se mantiene tan intacta la sensación de "cualquiera de estos personajes puede ser boleta", sino que uno sospecha que -de alguna manera- los cuatro más importantes tienen asegurado el privilegio de llegar al final de la saga. Eso -créanme- no le hace mella para nada a la sensación de vértigo, de frenesí, de "se va todo a la mierda" que transmite el guion de "El Fin de Nuestros Elaborados Planes". El dibujo de Kundo, buenísimo como siempre. Sintético, expresivo, con una puesta en página clásica, sin complicaciones innecesarias, personajes perfectamente identificables y un tratamiento del color muy personal y muy sugestivo, aunque por momentos mucho más sutil que las animaladas que suceden en la historia. Si no hay más El Último Recurso, estamos frente a una serie irrepetible, que se va por la puerta grande. Y si está la chance de que haya un cuarto libro, o una nueva colaboración entre Lubrio y Krunch (en una de esas ambientada en el mismo universo) vamos a ser muchos los fans que nos vamos a poner muy contentos. Ojo: no recomiendo "El Fin de Nuestros Elaborados Planes" a quienes no leyeron las dos aventuras anteriores. No sean pajeros, empiecen por el principio. Lo van a disfrutar a pleno.
Un poquito de algo distinto, para los que se aburren si reseño sólo historieta argentina de este año: en 1997, cuando Cocco Bill cumplía 40 años de publicación ininterrumpida, la editorial Sergio Bonelli convocó a su creador, el legendario Benito Jacovitti, a aportar una historieta 100% inédita que abriría una colección dedicada a los capos del comic humorístico italiano. Ni lerdo ni perezoso, el maestro Jacovitti se mandó las 94 páginas a todo color de Diquaedilá (podría traducirse como "Deaquídeallá"), una demencia gráfica y narrativa casi imposible de explicar. Desde lo visual, acá Jacovitti modifica un poco su estilo: se despega de la línea clara casi franco-belga y opta por un trazo un poquito más sucio. No te digo que empieza a entintar como si fuera Robert Crumb, pero deja atrás ese estilo hiper-prolijo e inmaculado que lo identificara a lo largo de tantas décadas. De todos modos, lo que más llama la atención es que son páginas hiper-sobrecargadas. Las viñetas de Diquaedilá no tienen aire: sólo entran en el cuadro los personajes y los globos de diálogo. No hay una sola toma panorámica en la que se vea mucho paisaje y los personajes chiquititos, no existe la opción de ver la acción "desde lejos". Son como mucho tres planos, que le permiten al autor enfocarse en las caras o los cuerpos, y nada más. Esto transmite la sensación de un relato muy intenso, sin titubeos, sin pausas, que a lo largo de 94 páginas corre el riesgo de agobiar un poco. Por suerte el dibujo es brillante, y uno se vuelve loco con todos esos detalles limados que mete Jacovitti en cada rincón de cada viñeta. La puesta en página por momentos es rarísima, pero nunca se presentan dificultades a la hora de seguir el orden natural de la secuencia. Y así como es extrema la decisión de llevar todos los dibujos al borde de las viñetas sin dejar espacios libres, también es extrema la onda del guion: Diquaedilá se articula en base a una sucesión de peripecias concatenadas, de modo que cuando parece que Cocco Bill resuelve un conflicto, ya se ve inmediatamente envuelto en otro. Por supuesto las "resoluciones" son en joda, a veces muy absurdas, otras muy violentas, otras con el recurso de hacerse cargo de que esto es una historieta: Cocco Bill le habla al lector, discute con el dibujante, mueve los marcos de los cuadritos... un delirio espectacular. Hay una especie de "conflicto mayor", contra Bat Gregorio "el Sonriente", una mezcla entre el Joker y Mick Jagger que resulta ser el villano principal de la saga. Pero en el medio pasan tantas cosas imposibles, hay tantas peripecias, tantos tiroteos y tantas piñas, que la verdad que para cuando reaparece el Sonriente a desencadenar el final de la historia, medio que uno ya se había olvidado de él. En todo momento Jacovitti subraya que esto es una payasada, que no hay que tomarse en serio nada lo que le sucede a Cocco y su fiel caballo Trottalemme. Si en Lucky Luke la parodia al western clásico es sutil y sofisticada, en Cocco Bill es grotesca, desmedida, totalmente pasada de rosca. Y funciona bárbaro, porque cumple con creces el objetivo, que es que nos caguemos de risa un rato. No sé por qué Benito Jacovitti no es mucho más conocido en Latinoamérica, pero a quienes quieran saber muchísimo más sobre este genio, les recomiendo la nota de Hernán Ostuni que forma parte del nº7 de Comiqueando Digital. Y esto es todo, por hoy. Bastante bien, no? Como siempre, ni bien tenga leídos un par de libros más, vuelvo para reseñarlos acá en el blog.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

TIEMPO PARA RETOMAR

Finalmente encontré el huequito para leer un par de libros más, y es hora de reseñarlos. Empiezo por Mundus, el nuevo trabajo de Mauro Mantella, una vez más editado por Rabdomantes. Se trata de la historia de un grupo de personas que intentan sobrevivir en un mundo muy extremo y alucinante al que aparentemente llega sólo gente que murió, y que en vida le cagó la existencia a alguno de sus semejantes. Estos hombres y mujeres están perdidos, a la deriva en un lugar que no terminan de entender qué carajo es (parecido a Lost, que -aclaro- nunca vi, pero me contaron de qué se trataba). Hay mucho desarrollo de personajes, muy buenos diálogos, momentos en los que cada uno de los protagonistas tiene la oportunidad de contar algo de su pasado como para que entendamos por qué corno cayeron ahí... todo muy lindo hasta que llegás a la última viñeta y te enterás de que lo que compraste no es una historia completa, sino "el volumen 1". No hay ninguna advertencia ni en la portada, ni el lomo del libro, ni en ningún lado. Te cortan la aventura, así, en seco, sin avisar, y esto sin dudas es una mierda. Hay que ser muy perverso para 1) no explicitar que lo que estás comprando no es una obra completa sino una primera parte de una serie, 2) ponerle punto final a la narración en un momento tenso, picante, que te deja con toda la leche, y 3) no comunicar por ningún medio ni red social cuándo va a estar a la venta el Vol.2. Lo bueno es que mientras leía Mundus me enganché y la pasé muy bien. Y lo mejor (lo que casi me hace perdonar tanta maldad) es que está todo dibujado como los dioses por Mauro Lirussi, un autor al que conocí cuando era adolescente y que -en los más de 20 años transcurridos- pasó de ser un animal a ser un crack absoluto. Lirussi ya era obscenamente bueno cuando era muy pibe, y a lo sumo mi "miedo" era que no agarrara el training que hace falta para aprender a poner el dibujo (¿qué digo "dibujo"? ¡recontra-dibujazo!) al servicio del relato. Bueno, acá la narrativa es impecable y vemos a Mauro bancarse todo, hasta esas páginas repletas de texto en las que Mantella les hace decir a los personajes unos choclos de texto dignos de un monólogo de Enrique Pinti. El trazo de Lirussi es complejo, generoso, frondoso... siempre dentro de esa línea realista y oscura que por ahí identificamos con Leonardo Manco, Salvador Sanz, con rostros expresivos, fondos imponentes, monstruos aterradores y un manejo sobernio de todas las técnicas vinculadas al dibujo en blanco y negro que se te puedan ocurrir. Espero lo que haga falta por otras 75 páginas dibujadas por Lirussi a este nivel... aunque temo que para cuando se publique un segundo libro de Mundus no me voy a acordar nada de la trama.
Y me queda el Vol.15 de Historieta Revólver, la antología de historietas autoconclusivas que aparece una vez por año en formato libro, muy bien impreso, con material a color y en blanco y negro de autores y autoras (básicamente) de nuestro país. Lo primero que me llamó la atención es que dos de las historietas más interesantes ya las tengo en otras antologías: la de Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz la vimos el 05/08/23 y la de Ezequiel Rosingana, el 15/03/19. Una pena. Pero me encontré con otras dos historietas que me gustaría destacar. Creo que la mejor es la de Fabián Slongo, cautivante desde el dibujo y muy sólida desde el guion. Me encantó también la del maestro brazuca Wander Antunes, casi un continuador de las malignas historias cortas que hacía Oswal con Sánchez Abulí. Ahí ya hay cuatro muy buenas. Y después, lo de siempre: buenos dibujantes a los que le faltan mejores guiones... Julio Azamor, con ese trazo vigoroso, impactante, lo quiero ver dibujar mejores historias. Juan Bobillo, un monstruo de una versatilidad asombrosa, acá también, se escribe él un guion que tiene momentos graciosos, pero que no le hace justicia al dibujo. La de Sergio Ibáñez tiene un guion de Marcelo Pulido... en el que no hay conflicto. Es gente que habla, o que se queda en silencio, pero nunca se llega a esbozar un conflicto, algo que hay que resolver. Me impactó también el dibujo de Diego Pogonza, realmente exquisito, con un gran manejo de la anatomía, las expresiones faciales y la iluminación... pero el guion se me hizo largo al pedo (y el rotulado, casi ilegible). La de Dolores Alcatena tiene una idea ingeniosa y muy buenos diálogos, pero el dibujo parece hecho así nomás, sin demasiado esfuerzo (aunque el color lo levanta bastante). Y después hay otros dibujantes que ofrecen trabajos correctos, como Santiago Miret, Fernando Papino, Migue Ramírez, Daniel Mendoza... pero ninguno descolla ni genera mayor entusiasmo. Ni siquiera Walther Taborda que también, parece poner lo justo como para que la historieta se vea bien, pero sin onda, ni pasión, ni ganas de inventar nada. Como siempre digo, me encanta leer historias autoconclusivas de distintos géneros, me copa que Historieta Revólver mezcle a autores de mucha trayectoria con chicos y chicos menos publicados, y técnicamente el libro está muy bien hecho. Falta ajustar un poco la calidad de los dibujos, y sobre todo la de los guiones, para subir la vara y que esto parezca más una selección que un rejunte. Nada más, por hoy. Me vuelvo a sumergir en la Comiqueando Digital nº8 (se viene un numerazo de la hostia) y prometo volver a postear por acá ni bien logre bajar un poco más la pila de las lecturas pendientes. Gracias y hasta pronto.

viernes, 1 de diciembre de 2023

VIERNES LLUVIOSO

Y cuando estás todo mojado, te leés un comic de Aquaman y listo... El otro día, cuando nos estábamos por juntar con Gonzalo Ruiz a grabar un episodio de Distinguida Competencia (que se va a poder escuchar desde el lunes en cualquier plataforma), me puse a repasar Kingdom Lost, el TPB de Aquaman que completa la etapa de De Will Pfeiffer y John Arcudi y llega hasta Infinite Crisis. Vendría a ser la continuación directa de los libros que reseñamos por acá los días 26/12/19 y 16/01/20. ¿Está bueno? La verdad que mal no está. Pero al pobre Arcudi lo destrozan cuando le exigen enganchar la saga que él estaba tejiendo con los sucesos de lo que se conoció como el "Countdown to Infinite Crisis". Acá hay una aparición muy forzada de un OMAC, y otra no tan forzada pero con consecuencias funestas de aquel Spectre recontra-sacado que protagonizaba la miniserie Day of Judgement. Para darle bola al embate del Spectre contra Atlantis, la trama descuida el desarrollo de los planes de Ocean Master y manda al banco de suplentes al otro sub-plot atractivo, que era el de Black Manta vinculado a turbios intereses para hacerse con el contro, de Sub Diego. El último episodio tendrá una tensa y satisfactoria venganza de Aquaman contra Manta, pero lo que pasa en el medio del tomo (el cataclismo místico de Atlantis) es tan desolador, que no alcanzan las páginas para quitarte ese sabor a derrota, a tragedia, a "se fueron al carajo". La batalla contra el Spectre deja un saldo de muertos y desaparecidos entre los que están los mejores personajes secundarios de la serie: Koryak, Vulko, Tempest, Mera... para los últimos capítulos sólo queda en pie Lorena Márquez (la nueva Aquagirl) a la que por suerte Arcudi construye como un personaje bastante interesante. Después vendrá el One Year Later y nada quedará como lo deja Arcudi en el nº39. Me imagino que la serie no vendería bien, porque si no, no se explica semejante cirugía mayor sin anestesia. De los ocho episodios que compila este libro, sólo uno está dibujado por Patrick Gleason, y lógicamente es el mejor. El grueso de las páginas restantes caen en manos de Leonard Kirk, ese dibujante sin imaginación ni onda al que ya padecimos en varios TPBs de la JSA. Acá por lo menos le ponen como entintador a Andy Clarke, el británico de trazo elegante y preciocista, que no se luce tanto como cuando lo dejan encargarse también de los lápices, pero hace su aporte para que el dibujo de Kirk se vea un poco más sólido y menos frío. Y el último número lo dibuja Freddie Williams II, pero muy lejos del nivel que muestra hoy. Me imagino que en 2006 sería muy pibe y estaría dando sus primeros pasos, pero ya a partir de 2009-2010 Williams II se convirtió en un gran dibujante para comics de superhéroes. Y este efímero paso por la serie de Aquaman tampoco es horrible, simplemente está muy por debajo de lo que peló después.
Pero volvamos al material argentino editado en 2023, que si no no se termina nunca. Me gustó mucho El Castillo Rojo, la novela gráfica de Pablo De Santis y Matías San Juan. El dibujo me remitió mucho al de Lucas Varela, incluso se repite el truco típico de Varela de trabajar con una paleta limitada de colores (acá no existen ni el amarillo ni el verde). Pero las similitudes son apenas a nivel de la superficie. San Juan tiene su propia forma de elegir los encuadres y de armar las secuencias, incluso la puesta en página, cuando se despega del esquema de tres tiras de viñetas, no se parece nada a lo que solemos ver en las obras del autor de Paolo Pinocchio. Muy buen trabajo de San Juan, que logra ensamblarse muy bien con los guiones de De Santis. Si te dicen que El Castillo... es la obra de un autor integral que se encarga del guion y el dibujo, te lo creés, de una. El guion es excelente. Una pena que el texto de la contratapa explicite de modo tan contundente y ponga tan en claro cosas que De Santis revela con el correr de las páginas, siempre de un modo gradual, e incluso algo ambiguo. La premisa de la obra es tan compleja, tan original y tan loca que todo lo que se explique le quita fuerza a lo mejor que tiene El Castillo..., que es el misterio. El clima enrarecido, que hace que el lector desconfíe todo el tiempo de lo que dicen los personajes. Prácticamente no se puede hablar de la trama sin spoilear cosas importantes, revelaciones que De Santis dosifica con mano maestra para mantenernos enganchados (y desconcertados) hasta el final. Digamos que es un misterio ambientado en un contexto futurista, con elementos de ciencia ficción, apoyado en una investigación que sigue los procedimientos del policial pero de pronto suma como elemento importante la exploración del subconsciente (sueños, recuerdos, la identidad misma) no de una persona, sino de un colectivo de... personas, ponele. Sí, es muy raro. Por momentos los diálogos cobran un espesor que me remitió a Twin Peaks, a esa cosa de tratar de estudiar desde lo racional algo que a todas luces es un delirio... o un sueño. Por ahí transita El Castillo Rojo, con muchas ideas cautivantes y poco énfasis en el hecho de que -tarde o temprano- hará falta la violencia para resolver parte del conflicto, porque está claro que a De Santis no le divierte escribir comics de acción y peleas. Si te copa esa mezcla de hard boiled y futuro crepuscular onda Blade Runner, esto te va a detonar la cabeza.
Vuelvo con Gastón Flores y Sergio Tarquini, una dupla con bastante participación en la antología Avalancha, que vimos por acá hace muy poquito. Silver Sigma es un trabajo 100% inédito, y ofrece una historia completa, con personajes pensados claramente para volver eventualmente con nuevas aventuras. Lo mejor que tiene Silver Sigma es que en un momento se aburre de ser una típica aventura de ciencia ficción, con naves espaciales, pistolas de rayos y peleas contra alienígenas malos y se mete en un pantano jodido: el del dilema moral. De pronto, con la aparición en escena de Sula y su familia, la machaca y las explosiones pasan a un segundo plano y crece un conflicto más filosófico, atípico en este tipo de historietas. No me parece que esté ni maravillosamente planteado ni maravillosamente resuelto, pero la irrupción de ese elemento en un relato que claramente iba para otro lado me descolocó y me hizo recuperar el interés por ver cómo Flores llevaba adelante la trama de ahí en adelante. De todos modos, hay buenos diálogos y está la intención de no caer en las trampas obvias del género de aventureros espaciales, o sea que la lectura se hace llevadera. Por el lado del dibujo, bastantes inconsistencias. Me gusta la elección de las acuarelas como técnica para colorear esta historia (me recuerda, en sus mejores pasajes, a cosas que hacían en los ´80 Juan Giménez, Marcelo Pérez o Juan Zanotto), me gusta la puesta en página, el ritmo que elige Tarquini para la historia, y cómo se las ingenia para armar la secuencia cuando le toca lidiar con globos de diálogo gigantes, llenos de palabras. Pero no soy muy fan de cómo maneja la anatomía, le falta personalidad a su trabajo en los rostros, y hay viñetas que sufren de una alarmante falta de dedicación en los fondos. De nuevo: cosas de hinchapelotas, que probablemente alguien que se acerca a esta historieta sin demasiado bagaje previo no note y no señale como algo negativo. Silver Sigma es una historieta que, a grandes rasgos está bien, pero no le alcanza para descollar, para decir "ah, si este año tenés que comprar sólo cinco libros, este tiene que ser uno". Pero tiene el atractivo suficiente como para captar lectores que por ahí vienen del palo de Star Wars o algo así, y acá encuentran (en una de esas, por primera vez) una historieta de autores argentinos que los interpela y los atrapa. Por ese lado, me parece lógica la apuesta de Rabdomantes de editar este material a todo culo, con un papel y una impresión realmente magníficos. Nada más, por hoy. Sigo a full trabajando en el próximo número de la Comiqueando Digital y subiendo videos al canal de YouTube de Comiqueando, algunos de los cuales se nutren de experiencias vividas e imágenes grabadas en mi gira por España, Francia y Bélgica. Ni bien tenga más libros leídos... lo de siempre, serán reseñados acá en el blog.

martes, 28 de noviembre de 2023

MARTES DARK

Ahora sí, tengo otros dos libritos listos para reseñar en este espacio que sigue firme junto al pueblo hace casi 14 años. El sello Vendetta lanzó este año la tercera edición de Dossier Macabro, una antología de relatos de terror a cargo de autores argentinos (y autoras, claro). Nunca había visto los dos libritos anteriores, pero por suerte las historias son autoconclusivas y no requieren ningún tipo de lectura previa. La primera historia nos presenta un guion bastante digno de Emilio Balcarce, junto a un dibujante (Julián Zacaríaz) que no me convenció. Tampoco tuve suerte con los dibujos de la segunda historia (a cargo de Grendel Belarrousse), que trabaja sobre un guion también bastante piola, y con un buen manejo del armado de las secuencias. Entre lo mejorcito de la antología destaco la tercera historia, "El Conjuro", muy buen guion de Federico Rodríguez, dibujado como la hiper-concha de Dios por Omar Hirsig. Gran laburo. Además de coordinar el proyecto, Leo Figueroa aporta un guion ("Cacería") que está bien, cumple con la consigna de generar tensión en el lector y rematar par el lado que uno menos se imagina, incluso cuando parte de una premisa bastante trillada. Lo acompañan los dibujos (muy correctos) de Cecilia Desiata. Me quedan por destacar el trabajo de Luisina Módica en una historieta de 11 páginas que también sube al podio de este Dossier Macabro. También el dibujo de Dante Ginevra, sugestivo y efectivo en partes iguales, en una historia cuyo guion (obra de Antonio Sachs) es apenas una idea que no se llega a desarrollar. La historieta de Guido Barsi y Alfredo Retamar entra también al grupo de contenidos más que dignos, y también al de las premisas que el fan de los comics de terror ya sabe desde el principio para dónde van a ir. Y me gustaron también los diálogos de Jorge Carrión en las dos historietas que escribe, especialmente en "Los guardianes del hermano Inaro", cuya idea es bastante ganchera y su dibujante (Manel) bastante competente. La antología cierra con una ilustración de Nahuel Greco realmente escalofriante, hermosa, de altísimo impacto. Me pregunto si no hubiese estado bueno usarla como portada, o como contratapa, y por supuesto me encantaría ver a este dibujante al frente de una historieta, en lo posible con buen guion. Dossier Macabro es un producto bien logrado, que sirve para descubrir a algunos artistas que por ahí uno no tiene en el mapa, para constatar la evolución de otros y otras, y (en el mejor de los casos) para enganchar con la historieta argentina a gente que consume cine y literatura de terror pero -por los motivos que sean- todavía no se hizo adicta a las viñetas. Falta un poco, hay tuercas para ajustar (sobre todo en la elección de los dibujantes), pero el camino es el correcto.
Vamos para atrás en el tiempo, al año 2010, cuando se empieza a serializar en la Skorpio italiana una historieta felizmente recuperada por Historieteca para nuestro mercado: Los Malditos, una saga creada por Eduardo Mazzitelli, originalmente pensada para ser dibujada por Lucho Olivera. Pero Lucho falleció antes de empezarla, y se activó el Plan B, que fue Sergio Ibáñez. Para mi gusto, el trabajo que hace Ibáñez en esta historieta es muy, muy bueno, sin nada para envidiarle al Lucho de la última época. Lo único que no me terminó de gustar son los primeros planos de las mujeres, pero aparecen muy pocas mujeres en las 72 páginas que tiene la obra, y hay varias que ni siquiera hablan. El resto de la faz gráfica me cerró por todos lados: los climas, los paisajes, los fondos, las escenas de acción, los detalles en trajes y armas. Ibáñez creó un mundo de fantasía oscura en el que se mueve con mucha solvencia, un mundo ominoso, adusto, duro, ideal para poblarlo con los personajes extremos y por momentos atroces que crea Mazzitelli. Es un trabajo parejo de punta a punta, con algunas páginas realmente consagratorias en las que Ibáñez deja la vida y más. Mazzitelli pergeña una aventura con dosis moderadas de machaca, bastante intriga palaciega y mucho espacio para la reflexión. Se supone que vamos a ver al príncipe Iwan regresar al reino que gobernara su padre Gwenneg, pelear por el trono y tomar el lugar que le corresponde en la línea sucesoria. Pero a medida que avanza la historia, Mazzitelli nos revela detalles oscuros del reinado de Gwenneg, caracterizado por los excesos, la ambición desmedida y un talento escabroso para faltar a su palabra. Todo esto en "historias dentro de la historia" que sirven para darles carnadura a los personajes que deciden secundar a Iwan en su gesta, por motivos que al principio nos son esquivos y que el guion dejará en claro a su debido momento. El mandato familiar, el honor, la amistad, la justicia, el poder... todos temas que aborda el mítico guionista en Los Malditos y que enriquecen a la trama y la despegan de las clásicas convenciones del género de la epopeya fantástica con ambientación medieval, espadas y hechicería. El resultado es sumamente satisfactorio y además nos gratifica a los fans de Mazzitelli que queremos ver recopilados más trabajos suyos, no sólo los realizados en dupla con Quique Alcatena. De hecho este año salió en Argentina otra obra de Mazzitelli e Ibáñez (Duncan) pero no la tengo. La voy a leer en digital para la votación de los Premios Cinder y si está al nivel de Los Malditos, no voy a dudar en comprarla, porque acá pude disfrutar de un equipo realmente afianzado y de una aventura que tiene -además de buenas ideas- muy buen ritmo, altas dosis de emoción y momentos que nos invitan a pensar y a ponernos en el lugar del otro. No es poco. Y nada más, por ahora. Ni bien logre avanzar un poco más con la pila de lecturas pendientes, nos vamos a reencontrar con nuevas reseñas, acá en el blog. Mañana a las 22:30 hago un vivo en el canal de YouTube de Comiqueando. Si algun@ se quiere sumar, nos vemos ahí.

sábado, 25 de noviembre de 2023

OTRA TANDA DE TRES

Bueno, hoy también tengo varios libritos leídos y un rato para redactar reseñas. Aprovechemos mientras se pueda. Empiezo con Gravedancer, una extensa novela gráfica a todo color escrita por Juli Lorente (a quien no conocía) y dibujada por Rodolfo Ezequiel (de quien ya vimos otros trabajos, firmados como Ezequiel Rosingana), con una breve secuencia a cargo de Quique Alcatena. El guion me resultó interesante, me gustó la forma en que Lorente salpica con toques de humor una historia que podía hundirse fácilmente en los pantanos de la solemnidad. Incluso en el momento en que el western picantito (con buenos diálogos y mala leche al estilo Sánchez Abulí) decanta hacia un lugar común más transitado que Plaza Constitución (la guerra entre ángeles y demonios que se va a librar en la Tierra), Gravedancer conserva casi intacto su atractivo, probablemente debido al buen manejo de los personajes, su evolución lógica y hasta en punto creíble, a pesar de lo fantástico de los elementos que pone en juego Lorente. Sin ser una maravilla, la combinación entre western grim ´n gritty, misticismo, acción y ese toque de comedia, funciona como para que en ningún momento se te ocurra colgar la lectura y dedicarte a otra cosa. Para ser la primera vez que leo un trabajo de este guionista, el resultado es bastante notable y bastante esperanzador. En la faz gráfica, en cambio, veo varios problemas. La portada, ya desde el vamos, no es ganchera. No refleja la intensidad del relato que nos espera "puertas adentro". El color, si bien me gustan las paletas que elige Ezequiel, se ve empastado en casi todo el libro, supongo que por una disociación entre cómo se veían las páginas en el monitor del dibujante y cómo se ve eso mismo impreso en papel. La narrativa y la puesta en página están bien, se nota la destreza de Ezequiel para armar secuencias consistentes incluso cuando el texto es muchísimo. Y lo que me tiró un poco para atrás al dibujo en general es un cierto estatismo: a los personajes les falta un poco de plasticidad, tanto en el lenguaje corporal como en el gestual. No puedo decir que Ezequiel dibuje mal, para nada, pero lo sentí un poco duro a la hora de mover a los personajes. Las cuatro paginitas de Alcatena, una demencia exquisita. Gravedancer es un entretenimiento sólido, con cosas para mejorar en el aspecto visual, pero más que digno. Estoy atento a los próximos trabajos de Juli Lorente, a ver con qué me sorprende. Y si esta edición se agota y Viajero del Alba reimprime el libro, queda abierta la posibilidad de trabajar mejor el tema del color para que se luzca mucho más que en esta primera edición.
Leí también el tomo que recopila los cuatro episodios de Hyperion, una miniserie a cargo de Guillermo Villarreal y Guido Barsi. En el texto de presentación, Villarreal da a entender que Barsi se sumó al proyecto cuando ya estaba iniciado, así que no sé exactamente si participó o no en la creación de la trama y los personajes, o si simplemente se sumó para aportar textos y diálogos con la historieta ya desarrollada. Lo cierto es que el guion me pareció malísimo. Confuso, retorcido, con unos flashbacks tan extensos y elaborados que ameritaban ser una novela gráfica en sí mismos. Incluso hay errores en los textos, los personajes por momentos se tratan de tú y a veces de vos... Me costó muchísimo engancharme con una historia que -a la larga- cuenta muy poco en 88 páginas. Por suerte está el dibujo de Villarreal, mejor todavía que en sus trabajos anteriores, en un nivel realmente muy alto, que le permitiría insertarse profesionalmente en casi cualquier mercado. Le queda por mejorar sólo el tema de los enfoques, donde veo una tendencia a la repetición. Si incorpora más variantes, puede crecer aún más. Pero el dibujo en sí, el lápiz, la tinta, la aplicación de los grises, el trabajo en fondos y armaduras, la gestualidad de los personajes... todo eso está muy bien resuelto y puesto al servicio de la aventura. Una aventura que -repito- para mi gusto hace agua por varios costados y que avanza a un ritmo con el que no pude sintonizar. Pero sospecho que esto no está pensado para que me guste a mí, sino a un lector más joven, más del palo del shonen o de los videojuegos tipo Diablo o God of War. En todo caso me sirvió para ver de cerca la evolución de Guillermo Villarreal, un dibujante que está ahí, a un buen guion de pelar una obra realmente importante.
Me doy cuenta de que llevo varios días leyendo sólo historietas en las que autores argentinos juegan a "cumplir con las reglas" de los clásicos géneros vinculados a la aventura, y se me hace un toque aburrido, por lo cual decidí mechar otra lectura, de algo distinto. Y le entré al Vol.2 de Fables Amères (nunca vi el Vol.1), una recopilación de historias cortas, autoconclusivas y sin personajes recurrentes, del maestro francés Christophe Chabouté. Son once historias de distinta extensión (entre seis y 14 páginas), varias de ellas mudas, todas en el maravilloso blanco y negro con el que asociamos a este autor. Esto está todo dibujado por el Chabouté del Siglo XXI, es decir, un monstruo ya consolidado en su estilo, con un manejo del claroscuro descomunal, al nivel de José Muñoz, Jacques Tardi o e mejor Alfonso Font. Así que a nivel visual, el deleite está más que garantizado. En cuanto a los guiones, cualquier recopilación de once historietas va a ofrecer ciertos altibajos... y la verdad que acá hay pocos. La mayoría de las historias son brillantes, y en todo caso lo que se puede criticar es que a veces Chabouté se toma demasiadas páginas para llegar al remate, a esa estocada final que le pega un giro (a veces brutal) a lo que el lector venía asimilando como "la trama". Algunos de los recursos que pone en juego Chabouté son los mismos que le vimos a los españoles Tha y TP Bigart en Absurdus Delirium (busquen las reseñas, que ya hablamos de esto en el blog), pero los hermanos liquidaban el "chiste" en una sóla página mientras que el francés se toma unas cuantas para lograr el mismo efecto. Las Fables Amères son breves secuencias que hablan de lo intrascendente, lo incoherente, lo alienante o lo rutinaria que puede ser la vida normal en las grandes ciudades y en la sociedad actual. Más que a rebelarse o a patear todo a la mierda, Chabouté nos invita a reflexionar, pero de un modo sutil, amable, pleno de imaginación. Hay una bajada de línea socio-política, claro, pero no pasa todo por ahí. El autor sabe combinar esta invitación a la reflexión con una sana cuota de intriga, de sorpresa, de juego con lo que el lector no está espeando encontrarse sobre el final de cada relato. El resultado es sencillamente magnífico y además sirve como demostración cabal de que Chabouté no es sólo un gran autor de novelas gráficas de chotocientas mil páginas. En espacios cortos (que podrían ser incluso más cortos) también puede pelar gemas y sacudir al lector con emociones, sensaciones y reflexiones que nos hacen mejores personas. Creo que este material no está publicado fuera de Francia, pero como varias de las historias son mudas, no es taaaan imprescindible manejar el idioma de Mbappé para disfrutar del librito. Y siempre está la posibilidad de que algún editor del habla hispana se despierte y traduzca las historias que tienen textos en francés. Hasta acá llegamos. Vuelvo a sumergirme en el océano del nº8 de la Comiqueando Digital, que casi seguro estará disponible durante Enero. Gracias por el aguante.

viernes, 24 de noviembre de 2023

THE MARVELS

Película nº33 de ese mega-producto conocido como el Marvel Cinematic Universe, en este caso dirigida por Nia DaCosta y con la consigna de reunir a las tres heroínas vinculadas al nombre "Marvel". Por supuesto que esto es, desde el vamos, un guiño a los comiqueros, porque en su versión fílmica (o de Disney +) Monica Rambeau nunca fue llamada "Capitana Marvel". Los que la seguimos desde los ´80 sabemos que sí, que ese fue el primer nombre superheroico de la actual Photon. La película se hace corta. Dura 105 minutos que se pasan bastante rápido. Tiene mucho ritmo, un buen equilibrio entre acción, chistes y un par de momentos más dramáticos y -lo más importante- las tres protagonistas tienen mucho desarrollo. Ninguna de las tres llega al final como estaba al principio. La gran Kelly Sue DeConnick estuvo ahí, supervisando un poco el guion, para que la Carol Danvers de Brie Larson se parezca lo más posible a la que escribía ella en los comics, y eso está muy logrado. De alguna manera, la propia Larson pega un salto cualitativo y se la ve menos acartonada, más dúctil, y además más linda que en las películas anteriores. En algún momento tendrán que hacerse cargo de que esta versión de Carol ya debe andar por los 55 años, pero bueno... un personaje que viaja a la velocidad de la luz y manipula esos niveles de energía probablemente no sufra los efectos del envejecimiento que sufrimos los humanos. Dos cosas medio chotas: 1) la aparición de Nick Fury y el desarrollo del plot de los Skrulls está demasiado desconectado de lo que vimos en Secret Invasion. Ameritaba algún comentario, algo que integrara mejor a ambas piezas del rompecabezas. 2) tal como me pasó mientras miraba la infausta serie de Ms. Marvel, cada vez que aparecen en escena los padres de Kamala sentí un deseo irrefrenable de meter la chota en una picadora de carne. Acá están un poquito mejor integrados a la aventura, pero de nuevo en roles lamentables y totalmente prescindibles en el contexto de la trama. Algo que no está mal, pero que es medio una canchereada, es esa escena en la que se manifiesta el puente Bifrost, aparece Valkyrie y se lleva a un montón de skrulls a Asgard... pero nadie nombra ni a Bifrost, ni a Valkyrie, ni a Asgard. Onda "dale, boludo, te tenés que dar cuenta solo... ¿o no viste todas las películas anteriores donde aparecen?". No te digo que nos expliquen desde cero qué es Asgard y por qué Valkyria quedó al frente del reino otrora gobernado por Odin, pero por ahí daba para que la escena le resultara menos desconcertante a quien no viene siguiendo todas las películas previas del MCU. El resto, pulgar para arriba. Las guionistas pudieron armar una historia consistente, con buenos diálogos, le dieron un cierre más que digno al tema de los Kree y los Skrulls, y convirtieron a dos personajes medio tercerones (Monica y Kamala) en jugadoras listas para tomar roles preponderantes en futuras producciones de la factoría Marvel/ Disney. El conflicto central y la villana que lo lleva adelante no son ni una gilada atómica ni un delirio, sino que están bien planteados y justificados, al punto que (como todo buen villano) hay un instante en el que Dar-Benn (gran interpretación de Zawe Ashton) te convence de que lo que ella se propone hacer es lo correcto. Los efectos especiales están muy bien, hay imaginación y despliegue en trajes, armas, naves y paisajes, la música está buena... y en la escena post-créditos pasa algo que hacía muchos años que esperábamos con ansias y que realmente cambia el mapa del MCU a futuro. No la quiero inflar demasiado ni convencer a nadie de que estamos ante un largometraje brillante, glorioso o fundamental, pero si venís enganchado con la mitología del MCU, y te interesa su desarrollo y su armado a futuro, no tengo dudas de que The Marvels te va a atrapar. Y como es una peli divertida, dinámica y bastante poco ajustada a las fórmulas tradicionales de este tipo de productos, se me hizo muy disfrutable. Lo suficiente como para recomendarla, no al nivel de gemas como las pelis de los Guardians of the Galaxy, pero sí por encima de la peli solista de Captain Marvel o de la casi irredimible serie de Ms. Marvel. Ahora me falta ver la segunda temporada de Loki y ya estoy al día con todo. Qué cagada que el día tenga sólo 24 horas...

jueves, 23 de noviembre de 2023

MAS MATERIAL ARGENTINO

Sigo con la misión imposible de ponerme al día antes de fin de año con todo el material que se publicó durante 2023 en Argentina, que por suerte es un montón. Desde la ciudad de Rosario llega el nº1 de Avalancha, una antología que reúne distintas historietas todas escritas por Gastón Flores, algunas de las cuales ya se habían publicado en la revista Términus (otra antología gestada en Rosario). La verdad, no me emocionó el contenido de este primer número. La portada me parece directamente fea, y ninguno de los guiones de las distintas historias autoconclusivas me partió la cabeza ni me sorprendió demasiado. Hay varios que están bien, que cumplen, pero ninguno de esos que te hacen levantar las cejas y decir "no puedo creer lo que estoy leyendo". El desempeño de los dibujantes en general es muy bueno, la única historia que no me gusta cómo está dibujada es "El Dios Serpiente", a cargo de un Gonzalo Martínez que no es el prócer chileno. Despues hay otro trabajo mejor logrado por el propio Martínez, aportes muy dignos de Pablo De Bonis y Sergio Tarquini, seis páginas de Juan Manuel Frigeri a un muy buen nivel, y apenas cinco del mejor dibujante que alguna vez trabajó con Flores: el monstruo entrerriano Lisandro Estherren, hoy consagrado en EEUU. Desde lo visual, más allá de la portada, Avalancha es un producto bastante convincente. Pero es una antología creada y curada por un guionista, entonces lo que define son los guiones y -repito- ninguno me movió el amperímetro. Hay buenas intenciones, buenas ideas, pero sospecho que Flores es de los guionistas a los que el formato de historia corta (las más largas tienen ocho páginas) no les resulta demasiado cómodo. Veremos con qué nos encontramos cuando se publique el nº2 (supongo que en Enero, porque el nº1 salió en Julio y dice "publicación semestral").
Otra editorial con sede en Rosario y bastante actividad en esta última década es Rabdomantes, que ahora nos ofrece Ceferino Namuncurá y el Valle Perdido, una novela gráfica de 68 páginas escritas por Roberto Barreiro (amigo de hace mil años y colaborador de Comiqueando) y dibujadas por Javier Oliver, a quien ya me había cruzado en alguna antología. Vamos a decirlo rápido y sin medias tintas: no me gusta el dibujo de Oliver, me parece del montón, poco imaginativo, poco original, no le encuentro mayor atractivo. La narrativa está muy bien, el color me pareció muy correcto, pero el dibujo en sí, el trazo, la forma de plasmar la acción, las expresiones faciales, los fondos, la composición de la viñeta y hasta la ubicación de algunos globos de diálogo me parece que no están a la altura, ni del guion de Barreiro ni de la calidad de la edición. Una pena, porque el guion me pareció ingenioso y entretenido. Barreiro imagina una ucronía en la que la nación mapuche se independizó de Argentina y de Chile y superó su origen de tribu aborigen de la Patagonia para convertirse en una potencia continental con vastos recursos naturales. La historia se sitúa a principios del Siglo XX y reserva roles importantes a figuras del mundo real como Julio Argentino Roca o el Coronel Enrique Mosconi (y el propio Ceferino, obviamente), y un rol menor a Hipólito Yrigoyen. No sé si por sugerencia de Barreiro o por decisión de Oliver, varios de los mapuches tienen rasgos que al toque remiten a los de Patoruzú, Upa y la Chacha, un guiño que realmente no sé cuántos lectores llegarán a captar, porque no creo que esto esté pensado para los fans de los clásicos personajes de Dante Quinterno. La trama incluye acción, espionaje, sutiles pinceladas de comedia y una puntita romántica atractiva que no se llega a desarrollar, todo en un clima de aventura e intriga, con un buen equilibrio entre tensión dramática y clima de entretenimiento y diversión. Por momentos me pareció estar leyendo un guion de Maurice Tillieux para Gil Jourdan, aunque claro, Tillieux no debe haber tenido ni la menor idea de qué era un mapuche. No quiero spoilear lo que sucede, pero sí señalar que está todo bien planteado y bien resuelto, con textos ágiles y personajes con los que uno se quiere reencontrar. Ceferino Namuncurá y el Valle Perdido nos lleva a una realidad paralela (un What If...) muy interesante, para vivir una aventura que te engancha a fuerza de sorpresas, roscas y acción. Con la faz gráfica a cargo de un dibujante mejor calificado, podría ser uno de los grandes títulos del 2023. Así como está, divierte y cumple, pero renguea un poco porque, por lo menos para mi gusto, no hay un correlato de calidad entre la labor de Oliver y la de Barreiro. Esto es todo por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 21 de noviembre de 2023

TRES DE UN SAQUE

Bueno, retomamos. Pasó muchísimo tiempo sin nuevas entradas en el blog, pero la idea es volver a postear de manera bastante frecuente de acá a fin de año. No está fácil, porque estoy a full trabajando en el nº8 de la Comiqueando Digital, pero también en Enero se viene la votación de los Premios Cinder y eso me obliga a ponerme al día con las lecturas de material editado en Argentina durante 2023. De hecho, en la entrada de hoy, los tres libros que tengo para reseñar fueron publicados en Argentina durante 2023. Me traje una bestialidad de material de Europa, pero eso va a tener que esperar, porque el grueso de las reseñas hasta fin de año van a ir por este lado. Los Animales Prehistóricos es prácticamente una secuela de La Caja Negra, el libro de historias cortas de Javier Olivares que vimos acá el 15/08/19. Hay unas 10 ó 12 páginas que son las mismas (y se lucen mucho más en La Caja Negra, cuya calidad de edición supera ampliamente a la del libro publicado por Loco Rabia) pero Los Animales... ofrece por lo menos 40 ó 50 páginas de material que no está recopilado en otros libros, ni siquiera en España. Lo que menos me emocionó son las historias cortitas (a veces de una sola página) de Ono y Hop. El dibujo es descomunal, hay textos bellísimos, los climas son fascinantes, pero a veces con todo eso no alcanza para que el resultado final sea contundente. Por ahí por exceso de pretensiones o por escasez de espacio para desarrollar las ideas, pero esas historietas -sin ser chotas- no me terminaron de cerrar. Después hay material realmente magnífico como la historieta que le da título a la antología, Maine 1961, o incluso la última, donde reaparece Hop. Las dos historietas escritas por Santiago García (Amanecer Nuclear y especialmente 3 Páginas Sobre el Guernica) son verdaderas gemas, al igual que la adaptación que hace Olivares de Finlandia, un excelente relato del argentino (e hincha de Racing) Hernán Casciari. También hay una historia corta muy, muy buena escrita por el prestigioso crítico (y a veces guionista) Pepe Gálvez. Lástima la edición, que no está a la altura del material. Hay páginas en las que le falta muchísima fuerza a los negros, que se ven apagados, casi grises, lejos de ese claroscuro visceral que Olivares maneja con tanta solvencia. Tengo a mano La Caja Negra y el catálogo de la Semana Negra de Gijón donde se publicó por primera vez 3 Páginas Sobre el Guernica, y la comparación es demasiado elocuente, no deja margen para el debate. Algo salió mal en el paso entre los archivos que trabajó la editorial y el libro tal como lo entregó la imprenta, es lo único que se me ocurre para explicar por qué se ven tan lavados los negros. De todos modos, el dibujo de Olivares se disfruta muchísimo y hay historietas donde tanto el color como la puesta en página están ahí para que el trazo mágico del madrileño se luzca aún más. Y hay grandes historias cortas, algunas en dupla con quien sin dudas es el socio ideal para Olivares (García, obviamente). Así que Los Animales Prehistóricos es un libro que recomiendo sin tapujos a los fans del comic experimental, de fuerte impronta autoral, o a quienes quieran descubrir a un autor fundamental del comic español de los últimos 35 años que -injustamente- no tiene otras obras publicadas en nuestro país.
El segundo libro de hoy es secuela directa del que vimos el 14/03/22. De hecho, en Argentina se llama "Me Prometiste Oscuridad II". Nada, un bajón. Pensé que me iba a gustar tanto o más que el primer tomo, pero esta vez no me pude enganchar con lo que me trató de contar Damián Connelly. Me aburrí mucho, me saturó rápido el jueguito de los saltos temporales a antes, durante y después del supuesto apocalipsis, los personajes no me generaron empatía, las pinceladas de humor no me causaron gracia... La única explicación que le encuentro es que hay un cambio de registro: el primer Me Prometiste Oscuridad era un comic de misterio sobrenatural con pibes y pibas que tienen superpoderes. El segundo es básicamente machaca sobrenatural entre pibes y pibas que tienen superpoderes. Y la estética de Connelly y el ritmo que elige para narrar se ajustan (para mi gusto) mucho más al misterio que a la machaca. Para ver peleas entre personajes con poderes locos, prefiero una onda Mike Allred, colores, otra dinámica en la puesta en página, otra claridad en la narrativa... Me Prometiste Oscuridad II no se puede tildar de "secuela innecesaria" porque el primer libro dejaba varias puntas abiertas para explorar y había presentado un universo complejo y atractivo. Pero este regreso de Sebastián, Yuko y el resto de los hijos del cometa no me transmitió las mismas sensaciones, se me hizo tedioso, confuso, enroscado al pedo. Por ahí es todo producto de ese ruido que me hace un estilo ultra-dark y ultra-fotográfico que utiliza Connelly para el dibujo, no lo sé. Lo cierto es que así como la primera saga me resultó interesante y promisoria, la segunda requirió un esfuerzo enorme para llegar al final. La edición argentina a cargo de Deriva, impecable, un verdadero lujo.
Con menos pretensiones y más fidelidad al concepto de "misterio sobrenatural", Favor con Favor se Paga me entretuvo y hasta me emocionó de punta a punta del librito (también, bellamente editado en este caso por Multiversal). La dupla de Lubrio y Nicolás Viñolo funcionaba bárbaro en la versión digital de Fierro y acá se termina de consolidar con una muy buena historia, emotiva, profunda, cercana, a la que no le faltan dosis muy logradas de violencia, mala leche y momentos pesadillescos en los que los autores coquetean con el género del terror. Creo que lo único que no me fascinó es el color, muy jugado al truco de engamar la página entera en tonos azules, rojos, naranjas o verdes (según la secuencia). En la secuencia final, donde se ve un coloreado más tradicional si se quiere, se nota que Viñolo la tiene muy clara en ese rubro, y uno se empieza a imaginar cuánto mejor se vería toda la novela si estuviera toda coloreada como esa última página, que es hermosa. Pero el dibujo es excelente (al nivel de lo que había mostrado el dibujante mendocino en la gloriosa Vorágine), hay un gran trabajo en los personajes, sus expresiones, su vestimenta, su entorno. El relato fluye con naturalidad, conserva la claridad y ese gancho casi adictivo incluso cuando el guion de Lubrio se hace más enroscado, más introspectivo, menos aventurero. En el guion también, se nota un gran trabajo en el desarrollo de los dos personajes centrales (Branda y Zefira), muy buenos diálogos, muy buen manejo del tempo narrativo como para mantener el suspenso y la intriga hasta el final. Favor con Favor se Paga es un comic muy notable, incluso con méritos más que suficientes para enganchar a lectores que habitualmente no consumen historieta, o a los que les cuesta entrarle a la historieta argentina actual. Tiene la duración justa, un equipo creativo en un nivel altísimo, mucha fuerza y mucho corazón. Quiero más trabajos de esta dupla autoral, en lo posible hoy mismo. Y nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, los comentamos por acá. Gracias y hasta pronto.

miércoles, 18 de octubre de 2023

GRAN HOTEL ABISMO

Tengo un sólo libro leído, pero no quiero dejar la reseña para cuando vuelva de mi viaje, porque falta mucho y no me voy a acordar un carajo. Prefiero dejar hoy un texto más breve que los habituales y chau, me voy estando al día entre lo que tengo leído y lo que tengo reseñado en este espacio. Gran Hotel Abismo es un libro de 2016, al que le tenía ganas hace mucho, pero recién ahora pude leer. El guion le pertenece a Marcos Prior, un autor que antiguamente firmaba como "Kosinski" y trabajaba en dupla con Artur Laperla. Y el dibujo y el color son obra del siempre impactante David Rubín, gallego de Galicia consagrado a nivel global. No tenía mucha idea de con qué me iba a encontrar, porque durante años esquivé a propósito las críticas y reseñas, precisamente para que el comic me sorprendiera cuando finalmente lo tuviera en mis manos. Lo primero que me sorprendió es lo bien que funciona esta historia en el formato apaisado. Yo no soy fan de ese formato, prefiero mil veces el vertical, entre otras cosas porque las bibliotecas no están pensadas para guardar libros apaisados. Pero me cuesta imaginarme Gran Hotel Abismo en formato vertical. Así como está planeado, tenemos un relato que fluye de modo muy natural, y que deja mucho espacio para el lucimiento de la pirotecnia gráfica de Rubín que es -por sí sola- motivo más que suficiente para gastarse los mangos que te pidan por el libro. En seguida volveremos sobre la faz visual de la obra, pero me parece que lo más importante es establecer de qué se trata. Gran Hotel Abismo es un comic que nos invita a pensar en lo que pasa cuando la gente se harta de un sistema que la exprime y la excluye. ¿Te acordás de lo que pasó en Chile hace cuatro años? Bueno, en la obra de Prior y Rubín pasa algo parecido, pero tres años antes. El famoso "se viene el estallido", contado en forma de ficción apenitas futurística. Por momentos te puede parecer que los niveles de violencia son excesivos, pero después estudiás un poco lo que fue la represión policial frente al levantamiento popular que se vivió en Santiago de Chile en 2019, y te queda claro que los autores de este comic se quedaron cortos. Es que cuando el experimento se pasa de rosca, cuando se aprieta demasiado (o durante demasiado tiempo) el cogote de la gente de a pie, la violencia resulta inevitable. Esa es la línea que baja Prior a lo largo de estas páginas: déjense de joder, porque esto termina mal. Y en el caso de Gran Hotel Abismo el final es -de alguna manera- esperanzador, pero para llegar hasta ahí, Marcos y David nos llevan a través de una hecatombe en la que la vida, la libertad, la democracia y varios de los derechos humanos más básicos son pulverizados. Prior arriesga fuerte al desarrollar poco y nada a lo que vendría a ser el protagonista de la obra. En realidad, más que un protagonista es un catalizador. No sé si para despegarlo un poco del protagonista de V for Vendetta (otro comic que explora una temática similar) o simplemente para que esto se lea menos como una aventura épica y más como lo que es: la crónica anunciada de una revolución. Y en un comic con claro mensaje revolucionario, el dibujo no se puede quedar atrás. Rubín sala al vacío mil veces con la puesta en página, con las paletas que elige para colorear sus dibujos, con la iluminación, con las angulaciones. Esto es una locura, hipnótica e incandescente, y a la vez es una narración clara, no clásica, pero fácil de comprender. Así como en El Héroe abundaban las referencias y los homenajes a la obra de Jack Kirby, esta vez Rubín recupera el juego de las pantallitas de TV del Dark Knight de Frank Miller, mientras cita a Lynn Varley como su principal influencia a la hora de plantear la impronta cromática de Gran Hotel Abismo. La era de la posverdad, de la abundancia mal repartida, del estado de bienestar que se retiró en silencio, del imperio de un capitalismo salvaje y un mercado inhumano que se imponen frente a la sociedad solo de la mano de la represión, acá se hace añicos ante nuestros ojos en un despliegue de creatividad y talento por parte de dos grandes autores españoles. A pocos días de un nuevo proceso electoral en Argentina, es imposible no conectar los puntitos y pensar cuánto más nos pueden sacar sin que explotemos. Pasó en 2001 y fue heavy. Hoy está todo dado para que sea mucho peor. Por eso es importante que no lleguen al poder los que prometen el exterminio de los pocos vestigios que quedan de esa sociedad solidaria, de esos vínculos comunitarios, fraternos, igualitarios. La ley de la selva beneficia a muy pocos. Y cuando los que se quedan sin nada son muchos, sutilezas como "el equilibrio de poder" o "el respeto por las instituciones" dejan de importar y se va todo a la mierda. Gran Hotel Abismo nos invita a reflexionar sobre estos temas desde un país donde se da por sobreentendido que lo que imaginan Prior y Rubín no va a pasar nunca. Leído en Latinoamérica, el comic cobra otra dimensión, otro espesor dramático. Porque acá esto ya lo vivimos, y nadie nos garantiza que no lo vamos a volver a vivir. Recomiendo mucho esta obra, por su belleza estética, por su intensidad narrativa, por los riesgos que asume, pero sobre todo por los debates que abre. Ahora sí, vamos a la pausa y nos reencontramos a fines de Noviembre, acá en el blog.

martes, 17 de octubre de 2023

MARTES DE AVENTURAS

Como de costumbre, tengo muy poco tiempo para escribir reseñas, pero no me quiero ir a ver el partido de Argentina con mis amigos sin postear en el blog. Arranco en Italia, año 1979, cuando se publican dos aventuras de Ken Parker luego reunidas por Panini en el Vol.13 de su colección dedicada al carismático personaje de Giancarlo Berardi e Ivo Milazzo. El libro trae dos aventuras de 96 páginas, y unos cuantos textos bastante interesantes. Lo mejor, lejos, es la primera historieta: Lily e il Cacciatore (Lily y el cazador). Si bien está un poquito estirada (esa secuencia onírica de 17 páginas se podría omitir, o resumir bastante), es una historia emotiva, impredecible, muy al límite, sobre la amistad entre un hombre (Ken Parker) y una perrita. En el medio, indios mal llevados, un invierno de una crueldad inusitada, peligros y condiciones extremas en las que el protagonista sobrevive casi de milagro, en buena medida gracias al heroísmo y la lealtad de Lily, la perrita con más ovarios de la Norteamérica de fines del Siglo XIX. La historia está tan bien escrita que, con mínimos retoques, podría reescribirse para que el protagonista no sea Ken Parker sino Juan Carlos Nadie, y que tenga total sentido como novela gráfica autoconclusiva, por fuera de esta magnifica serie que nos dio el comic italiano. La segunda historia, Pellerossa (Piel roja), en cambio, es mucho más trillada: esta vez "los buenos" deben sobrevivir a una serie de ataques de los aborígenes (podridos de que los blancos incumplan los pactos que firmaron con ellos), hasta que al final Ken consigue dialogar con el capo de la indiada y apaciguar los ánimos. Lo bueno es que la solución aparece por el lado del acuerdo, por coincidir en esas cosas que nos hacen humanos a todos más allá del color de nuestra piel. Pero es una historia larga al pedo, y acá Berardi aporta sólo el argumento, mientras que el guion corre por cuenta de Maurizio Mantero. Incluso de las 96 páginas, Milazzo dibuja sólo las últimas 26: las otras sirven para demostrarnos que Carlo Ambrosini no está ni cerca del nivel del dibujante titular de la serie. En esas 26 páginas de Pellerossa y en las 96 de Lily e il Cacciatore, tenemos a un Ivo Milazzo tocado con la varita mágica. Ya hablé maravillas de este monstruo las veces que me tocó reseñar otros libros de Ken Parker, y no me quiero repetir. Pero realmente Milazzo es una bestia, un narrador quintaesencial, con cosas de Oswal, de Enrique Breccia, de Jorge Zaffino (al que dudo que conociera en 1979, cuando dibujó estas historias), algún que otro "momento Moebius", cosas de Hugo Pratt y Dino Battaglia... Un infierno de felicidad gráfica, un trazo potente, vital, expresivo, casi mágico, que te hipnotiza de principio a fin. Nunca es tarde para descubrir a Ken Parker y subirse a este tren de aventuras con un toque reflexivo, algo de humor y algo de bajada de línea política. Un auténtico clásico.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando las editoriales Loco Rabia e Historieteca publican la obra que resultara ganadora del Primer Premio Latinoamericano de Historieta: Náufrago Morris, la novela gráfica escrita por Pablo Franco y dibujada por Lautaro Fiszman. La historia está narrada en primera persona por Isaac Morris, con textos muy breves, en un estilo sintético y adusto a la vez. Me imagino lo que hubiera hecho Robin Wood con esta historia: en vez de 96 páginas serían 96 episodios de 14 páginas, repletos de textos poéticos, con descripciones apasionantes... Pero no, acá Franco opta por meter poco texto y dejar que el peso narrativo recaiga sobre el dibujo de su compañero. Y la verdad que eligieron una historia tan potente, tan inverosímil (pese a ser 100% verídica) que sobran los motivos para estremecer al lector, incluso cuando los textos son escuetos y lo que sabemos del protagonista es poquísimo. Es muy difícil agarrar este libro y soltarlo antes de llegar a la última página: por la agilidad que le imprimen Franco y Fiszman al relato y por lo atrapante de lo que nos cuentan. De nuevo, hace no mucho hablamos acá de Lautaro Fiszman (ver entrada del 13/09/23) y no quiero repetir los mismos elogios que se llevó con Nuda Vida. Acá hay mucha más narrativa secuencial que en ese trabajo, mucho menos texto, muchas más oportunidades para que el dibujo de Lautaro nos cuente la historia. Aflora, entonces, la capacidad del autor para ponerse el relato al hombro, y el enorme talento requerido para que su estilo (más pictórico que gráfico) no sea un obstáculo a la hora de narrar. Y acá está todo: la belleza descarnada, bestial, casi salvaje del pincel de Fiszman, y la solidez de un gran narrador gráfico. A lo alucinante del dibujo, a lo cautivante de los climas, a lo impactante del manejo del color (que se pierde un poco al estar impreso en un papel opaco, poco idóneo para un trabajo como este), Fiszman lo pone al servicio de la historia. Todas esas "bellas artes" de su trazo empujan hacia adelante la trama y trabajan horas extras para enganchar y conmover al lector con cada una de las peripecias de Morris y sus compañeros. Visualmente, Náufrago Morris marca la consagración definitiva de un Fiszman que hoy ostenta un nivel descomunal. Una pena que la impresión del libro conspire contra el lucimiento de su paleta vibrante y extrema. De todos modos, lo importante, que es la conjunción de palabras e imágenes para contar una historia, está y está muy bien. Si te animás a una aventura distinta, tremenda, real y por momentos desgarradora, Náufrago Morris te garantiza una lectura excelente, con el plus de estar dibujada/ ilustrada por un monstruo como es Lautaro Fiszman. Y nada más. El jueves temprano arranco rumbo a Europa, y si bien no descarto volver a postear mañana, tampoco lo quiero prometer, porque tengo chotocientas cosas pendientes, a resolver sí o sí antes del viaje. Ojalá haya posteo, y si no, nos reencontramos en Noviembre, a la vuelta, acá en el blog.

viernes, 13 de octubre de 2023

NOCHE DE VIERNES

Hoy aproveché un par de viajes largos (a lo de uno de los dealers que me provee comics) para avanzar con las lecturas, así que tengo un par de libritos más para reseñar. Del Mismo Barro es un recopilatorio de algunas de las historietas que escribió Osvaldo Lamborghini a principios de los ´70, antes de convertirse (de manera efímera, porque murió joven) en un referente de la literatura argentina. Como consecuencia casi lógica de la gran fama de Lamborghini entre los fans de la literatura, la edición de esta antología corrió por cuenta de un sello que suele editar literatura, no historieta, y por ahí pasa lo peor que tengo para decir del libro. Esto está muy mal editado. Salvo el excelente prólogo de Federico Reggiani, el resto es una sucesión de malas decisiones. El tamaño, el espacio en blanco alrededor de las planchas de historieta, los escaneados, la tipografía de Columba que nadie se calentó en reemplazar, ese texto frutihortícola de Fabián González y Agustina Pérez que no dice nada, imágenes a las que no les tocaron ni siquiera los niveles en el Photoshop... Son todos errores que sólo puede cometer alguien que no tiene la menor idea de cómo se trabajan los materiales cuando se rescatan historietas de hace 50 años. Que la portada sea una foto y no un dibujo... vaya y pase. Pero todo lo demás es cualquiera, posta. Vamos a las historietas en sí: la primera es la mejor, por los dibujazos de Gustavo Trigo (el historietista que más trabajó en dupla con Lamborghini) y porque los diálogos están repletos de expresiones y palabras 100% argentas, aunque la historia transcurre claramente en Estados Unidos. Evidentemente, Lamborghini tenía un manejo impecable del habla informal rioplatense de principios de los ´70 y eso se disfruta a pleno. La segunda historieta (la que da título al libro) no está mal: dibuja Rubén Sosa a un nivel aceptable, y si bien la historia termina medio en cualquier parte, el desarrollo de la situación y de los personajes la hace muy llevadera. Estas dos historietas salieron originalmente en la revista Top. Nos quedan cinco que salieron en la D´Artagnan, y acá agarrate fuerte. Las tramas son todas parecidas: ambientación urbana, personaje o grupito de personajes vinculados al crimen urbano, traiciones, tiros, piñas, y algún giro interesante muy de vez en cuando. Los bloques de texto están bien (a veces sobran) y los problemas son varios. Primero, la cantidad de texto. Segundo, el rotulado de Columba, funesto hoy y siempre. Tercero, la cantidad de viñetas por página. Casi nunca vemos menos de 12 cuadros, y hay muchas páginas de 14, 15 y 16. Y cuarto, la pésima suerte de Lamborghini en la ruleta de los dibujantes. Acá lo vemos dibujado por Ascanio (muy mediocre), por Enio (también sin onda, y con el peor guion del libro), por un tal Cristóbal (flojito) y por Aníbal Rodríguez Uzal (otro del montón). Las mejores páginas de este tramo son las cuatro primeras de la historieta que dibuja Martha Barnes. Ahí vemos un despliegue de onda, de creatividad, un intento por darle al clásico "policial urbano" un estilo más atractivo, más personal. Pero en un punto Martha se da cuenta de que para hacer eso necesita contar la historia en más de 20 páginas, entonces para liquidarla en 10 páginas entra a meter 16 cuadritos por página en las seis que le quedan y ahí se esfuma cualquier intento por dibujar por fuera del molde de estas revistas, donde (por lo menos en los unitarios que salían en D´Artagnan entre 1971 y 1973) la calidad estética del dibujo realmente no importaba un carajo. Nada, esto es para fans termo de Osvaldo Lamborghini, no para fans de las historietas. Nosotros lo podemos consumir como curiosidad, o bizarreada, pero no es mucho lo que nos aporta, más allá de esas páginas de Martha Barnes o las 16 primeras, en las que da catedra el Negro Trigo. El resto, no es menos olvidable que la gran masa de la historieta industrial "por kilo" que llenaba los kioscos de nuestro país hace 50 años. Y encima la edición tiene más problemas que Medio Oriente.
Le metí una pausa de cinco años a la relectura en TPB del glorioso Suicide Squad de John Ostrander (el Vol.4 fue reseñado el 24/08/18), pero acá estoy de vuelta con un Vol.5 brillante, que recopila los nºs 31 al 39 de aquella inolvidable serie de DC. En la bisagra entre los años ´80 y ´90, el Squad era una aplanadora. Y en este tramo puntual, Ostrander y sus colaboradores se dedican a cosechar a lo bestia un montón de puntas argumentales que venían sembrando desde los primeros episodios. De hecho, este tomo cierra tan bien, que si nunca más leés un comic del Squad, no pasa nada. Claro, hay tanto esfuerzo por desarrollar a algunos personajes, que sería un desperdicio dejarlos ahí y no tocarlos más. Pero está claro que la etapa clásica del título termina acá, en el nº39, y lo que viene después es otra cosa. Estas son historietas que leí muchas veces, llenas de situaciones y diálogos que me acordaba de memoria, y aún así las disfruté enormemente. Sin meterme una por una en las historias, esto es mainstream yanki del mejor nivel imaginable. Ostrander te mechaba sagas largas con unitarios contundentes, y números en los que sólo había desarrollo de personajes (como el 31, centrado en Richard Craemer, el mejor cura católico de la historia del comic). Y en este rubro era sumamente plural y horizontal: sí, obvio, el personaje al que más bola le da es Amanda Waller. Pero también trabaja muchísimo a segundones, tercerones y hasta a personajes que aparecen muy de vez en cuando, allá al fondo, y no aspiran siquiera a un rol protagónico. Por todos lados (hasta en plena machaca) asomaban puntitas argumentales que luego cobraban preponderancia y se exploraban hasta las últimas consecuencias, excepto que alguna decisión argumental "de arriba" forzara a Ostrander a deshacerse de algún personaje al que DC necesitaba para otra cosa. El resultado es una serie de una intensidad devastadora, que se animó a mostrar al Universo DC desde una óptica distinta, más jodida, más política, más cínica, más sucia, pero sin ser solemne ni mucho menos aburrida. En cuanto a los dibujos, este tomo tiene altibajos, pero me quedo con dos momentos: el nº31, donde lo dejan al zarpadísimo John K. Snyder entintar sus propios lápices, y los dos números finales, donde se termina de ensamblar el combo entre los lápices de Luke McDonnell y las tintas de Geoff Isherwood, con resultados sumamente potentes. Lástima que a mitad del nº38, McDonnell decide que no quiere dibujar más las zanjas entre las viñetas, algo que a mí me parece antinatural y medio choto. Pero por suerte el tipo sabe narrar y la desaparición de las zanjas no redunda en puestas confusas donde no se entiende qué pasa en una viñeta y qué en la de al lado. Me queda clarísimo que de acá hasta el final vienen tres tomos (27 números, creo) donde no vamos a volver a los niveles de magia que tiran John Ostrander y su tropa en estos episodios, pero igual los quiero, aunque sea para que no me quede parte de la colección en libros y parte en esas revistitas pindongas con papel choto y decenas de páginas de publicidad. Uh, me fui a la mierda con la extensión de las reseñas. Hasta acá llegamos. Gracias y nos reencontramos ni bien tenga más material leído, que ojalá sea pronto.

jueves, 12 de octubre de 2023

PREVIA AL FINDE EXTRA-LARGE

Se viene mi último finde en Buenos Aires por un tiempo bastante largo y por suerte es un finde larguísimo y con muchas opciones. Pero antes, tenemos reseñas. Algún día voy a terminar de encontrar y leer todas las obras del período oscuro de Osamu Tezuka. Cuando uno cree que ya las leyó todas, aparece una nueva. En este caso una que se llama Record of the Glass Castle, que pasó por dos antologías distintas pero quedó inconclusa. Eso no impidió que una editorial yanki lo publicara mediante un crowdfunding y que, eventualmente, cayera en mis manos. Record of the Glass Castle es un thriller pasado de rosca, con un voltaje de sexo y violencia bastante ido al carajo. Está ambientado en 1992, que es -para cuando Tezuka escribe el manga- un futuro bastante cercano, pero aún así le habilita al autor la posibilidad de incorporar varios elementos que aún hoy, 30 años después, siguen siendo más fantasía que realidad. Como en Swallowing the Earth (ver reseña del 18/09/10) tiene mucho peso en la trama un personaje ingenuo al que varias mujeres intentan seducir. Como en Ayako (ver reseñas del 06 y 15/05/10) hay una relación incestuosa entre un hombre y una mujer con lazos sanguíneos de por medio. Como en MW (ver reseña del 28/06/10) hay un asesino inescrupuloso que burla varias veces a las fuerzas policiales. Y como en todas las obras de Tezuka de esta época, la narrativa y la puesta en página son totalmente frenéticas. Seguramente llama la atención mucho más esto que el dibujo en sí, que es bueno, pero todavía muestra algunos resabios de cuando el Manga no Kamisama trabajaba para el público infantil, y por momentos parece un poquito apresurado. El impacto grosso, sin dudas, está en el guion, que no da tregua. Tezuka te enrosca en una trama espesa, que es de esas en las que a partir de cierto punto te queda claro que puede pasar absolutamente cualquier cosa. Y ese rumbo toma la historia, con personajes muy bien construidos, cuyas motivaciones están perfectamente explicadas. Tras una acumulación de peripecias una más tremenda que la otra, a 20 páginas del final Tezuka mete un elemento nuevo: una rosca macabra entre el protagonista principal y un político que en realidad es un capo mafia. Pero no se llega a desarrollar, porque el manga se termina de un modo abrupto. Muy loco cómo el Manga no Kamisama le pega un volantazo tan radical a la saga, y cuando recién empieza esta "segunda etapa", la deja inconclusa. En fin, no la quiero hacer larga al pedo. Record of the Glass Castle no es ni ahí el mejor manga de este período glorioso de Tezuka, y ni siquiera tiene un final. Es un lindo agregado para la colección de cualquier fan del Más Grande, más que nada por lo raro y por lo huevos que implica publicar en EEUU una historieta de un autor japonés, de los años ´70, que no termina y donde el protagonista es un tipo que asesina gente a lo pavote y se garcha a su sobrina.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando Loco Rabia publica la ópera prima del belga Joris Mertens, que se había editado en Europa en 2020. Se trata de una novelita de poco más de 100 páginas titulada Béatrice, cuya característica más saliente es que está toda narrada con imágenes, sin diálogos ni bloques de texto. No es fácil contar una historia de más de 100 páginas con la imagen como única apoyatura, pero Mertens demuestra que le sobra jerarquía para acometer la epopeya. A nivel narrativo, la historia se desarrolla de manera clara y fluida, pasa de la cotidaneidad a la fantasía con total naturalidad. En esas transiciones es muy importante el color, que también es un elemento central en Béatrice. Mertens maneja unos engamados espectaculares, y cuando se va al blanco y negro también la rompe toda. Estamos frente a una obra de una enorme belleza, que nos propone un viaje al pasado, a la nostalgia, a cuando las grandes ciudades europeas todavía conservaban una magia, un pulso, una dinámica que hoy se perdió. Béatrice nos invita a reflexionar acerca de eso, también acerca de la rutina, de un ritmo de trabajo que mecaniza y deshumaniza. Pero en un momento aparecen sueños, fantasías, anhelos, por qué no... y la trama se va en una dirección inesperada y maravillosa. No quiero contar mucho más para no spoilear, pero sí, Béatrice es una obra fundamental, que pone a Joris Mertens en la lista de los autores a los que hay que seguir de cerca y comprarles todo. Me parece genial que una editorial argentina haya apostado por este trabajo, y que el autor belga haya aceptado que acá se publique en tapa blanda, tamaño más chico y papel más croto que el que debe haber usado Rue de Sevres para la edición francesa. En estas páginas vemos cómo la curiosidad de la joven protagonista abre las puertas hacia un mundo inesperado, cautivante y feliz. Ojalá los lectores y lectoras de nuestro país tengan ese mismo grado de curiosidad, le den una posibilidad a Béatrice y descubran esta auténtica maravilla. Gracias por la magia, es realmente emocionante encontrarse de la nada con autores tan talentosos a los que uno no tenía ni en pedo en su radar. Nada más, por hoy. Falta poquito para clavar la pausa, pero vamos a intentar que no falten posteos de acá al 19. Gracias y hasta pronto.

lunes, 9 de octubre de 2023

SHOWCASE PRESENTS: THE UNKNOWN SOLDIER Vol.1

De a poquito y con paciencia, me bajé las casi 550 páginas de este masacote que republica las primeras 38 historietas del Unknown Soldier, todas aparecidas entre 1970 y 1975 en los nºs 151 a 188 de la revista Star-Spangled War Stories. Salvo alguna que otra excepción, son todas historias autoconclusivas y ninguna tiene más de 14 páginas. Lo primero que hay que destacar es que las 10 primeras historietas las dibuja Joe Kubert a un nivel glorioso, en su estilo más moderno, más dinámico, pensado más para impactar que para agradar. Kubert era el editor de SSWS, es el creador del Unknown Soldier y en las primeras aventuras oficia de guionista y dibujante, con una libertad absoluta. Solo por estas páginas de Kubert (potenciadas por la posibilidad de apreciarlas en blanco y negro) se justifica tener el libro. Pero hay más. A partir del quinto episodio, Kubert trae un guionista. Y no es Robert Kanigher (que aparece en el tomo, pero con un aporte muy menor), sino Bob Haney. Sí, el demente que escribía esas aventuras bizarras en Brave & the Bold, Teen Titans, Metamorpho y demás. Pero acá me saco el sombrero: los guiones de Haney tienen un nivel promedio más que decente, y un par ("Invasion Game" y "Totentanz") son brillantes. Haney se va a quedar al frente de la serie cuando Kubert deje de dibujarla, y aportará un episodio para que dibuje el maestro Doug Wildey (acá un poco más contenido que cuando le daban para dibujar historias del Far West) y dos para otra bestia como era Dan Spiegle. Acá me encontré a un Spiegle también muy ubicado, sin excesos, casi como si quisiera "ocultar" su estilo en favor de la claridad del relato. Hasta tiene secuencias que parecen dibujadas por Kubert o -para ser justos- por alguno de sus alumnos más aventajados, tipo Timothy Truman. Haney se queda incluso para escribir los dos primeros episodios de la larga etapa de Jack Sparling como guionista, y el primero de ellos ("Witness for a Coward") es excelente. Yo suelo putear mucho cada vez que me aparecen historietas dibujadas por Sparling en los títulos setentosos de DC, y hoy no va a ser la excepción. El turro deja la vida en su primer episodio y para el segundo ya es cualquier cosa. Inexplicablemente, el tipo derrapa hacia un mamarracho que no le hace la menor justicia a los guiones y en total dibuja... ¡18 entregas! Casi medio libro te tenés que fumar a un dibujante que evidentemente no le ponía ni un gramo de amor al trabajo. Durante la "era Sparling" llega como editor y guionista el maestro Archie Goodwin y también escribe unas cuantas historias muy buenas (entre ellas clásicos como "Legends Don´t Die" o "Appointment in Prague"), pero el dibujo de Sparling desluce mucho el resultado final. Cuando Goodwin deja los guiones entra en escena Frank Robbins, que va a intentar sin éxito armar arcos argumentales de más de un capítulo, y hasta nos va a presentar a una especie de contracara nazi del Unknown Soldier, también con resultados tirando a pobres. No es que todo lo que escribe Robbins sea choto, pero entre que tiene que suceder a un grosso como Goodwin y que para esa altura uno ya está hinchadísimo las bolas de padecer los dibujos de Sparling, es una etapa sumamente prescindible. Finalmente, en el nº183 entra como editor el maestro Joe Orlando y cambia todo: las historias, si bien se mantienen en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, suman una arista más afín al género del terror y además llegan nuevos autores: un joven David Michelinie tomará los guiones y el filipino Gerry Talaoc tendrá a su cargo los dibujos. Michelinie no apesta ni la descose, y le va un poco mejor que a Robbins cuando intenta hilar varios relatos para armar una especie de arco argumental. Y Talaoc (extraña cruza entre Carlos Giménez, Alex Niño y los dibujantes españoles de línea clásica), sin ser genial, es claramente mejor que Sparling. El mejor episodio de esta dupla es, claramente, el que cierra este primer Essential. Tengo el segundo comprado, sin leer. El año que viene le voy a entrar, a ver con qué me encuentro. En general, con el Vol.1 la pasé bien. Hay momentos en los que las misiones que le encomiendan al Unknown Soldier involucran peligros tan extremos, que decís "boludo, llamen a un superhéroe, no a un tipo común entrenado para ser re-poronga". No hace falta que sea el Spectre, o Green Lantern, con Hourman o Atom nos arreglamos. Pero claro, esto es de principios de los ´70, cuando las aventuras bélicas de DC estaban ambientadas en Tierra-1, la realidad en la que los superhéroes aparecieron unos 10-15 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Después, cuando se unifican las tierras y los héroes de los comics bélicos co-existen en tiempo y espacio con la Justice Society, la lógica de estos relatos se deshilacha hasta hacerse absurda. Por eso siempre está bueno leer los comics en su contexto. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos en unos días, acá en el blog.

jueves, 5 de octubre de 2023

JUEVES AL MEDIODIA

A ver si en el poquísimo tiempo que tengo llego a reseñar los dos libros que tengo leídos. ¿Dos libros, nada más, en... 258 días sin postear? Y, sí. Es lo que hay. Estoy con muy poco tiempo libre y además voy avanzando de a poco con un libro de muchísimas páginas que no se puede devorar todo de un saque bajo ningún concepto. Arranco en 1997, casi en los albores de la carrera del increíble Joann Sfar y me zambullo en las 100 fabulosas páginas de París-Londres, una novela gráfica demasiado buena para ser real. Esto es un delirio genial, una aventura con toques cómicos en la que puede pasar (y de hecho pasa) cualquier cosa. Por momentos parece un tributo a las novelas decimonónicas de Jules Verne, por momentos parece una sátira a los clásicos relatos de espías de autores ingleses, y por momentos parece un sketch de Cha-Cha-Cha con presupuesto ilimitado. No sé cuánto de esto estaba planificado y cuánto improvisó Sfar sobre la marcha, pero el resultado es tan asombroso como satisfactorio. Me reí fuerte muchas veces, me copé con los personajes, el conflicto es delirante pero -en el contexto de la aventura rocambolesca que plantea el autor- tiene todo el sentido, los diálogos son brillantes (exquisita traducción de Ana Millán para la edición española) y una genialidad más, solo para entendidos: esta historia hace referencia a otras del mismo autor, y en un punto funciona como espina dorsal del Sfar-verso. Ya desde el vamos, uno de los protagonistas es Ossour Hyrsidoux, el personaje creado por Sfar para sus primeros dos álbumes. Después mencionan al pasar a Petrus Barbygère, protagonista de otros dos álbumes, que Sfar escribió (pero no dibujó) justo antes de este. Y en un momento, un personaje le cuenta a los otros la historia de "el Malka de los leones", la misma que Sfar va a desarrollar en un álbum de Le Chat du Rabin, pero en 2002. O sea que si sos fan del ídolo de Niza, acá vas a flashear fuerte de verdad. El dibujo no se puede creer. Además de su característica (y sobrehumana) destreza con el plumín, acá Sfar usa pinceles más gruesos, fibrones, mete manchas onda Alberto Breccia, pasa de las texuras imposibles al claroscuro visceral incluso en la misma viñeta y rompe records en materia de expresividad y dinamismo en sus personajes, un elenco vasto y variopinto al que le saca un provecho inmenso. La puesta en página es clásica en casi todo el álbum: predomina la grilla de cuatro viñetas rectangulares del mismo tamaño, en dos filas de dos. Pero en las primeras 22 páginas (y en unas poquitas más a partir de ahí), Sfar prueba cosas distintas y le salen todas muy bien. A pesar de la plétora de detalles que mete este animalito en cada cuadro, y a pesar de que el texto no escasea para nada, la lectura se hace absolutamente dinámica y es casi imposible soltar el libro antes de llegar al final. Sin dudas, uno de los trabajos de Joann Sfar que más me pegó, que más disfruté y que más recomiendo en la voluminosa producción de este capo absoluto del Noveno Arte.
Un ya lejano 05/03/20 hablamos en este espacio del Vol.1 de Squirrel Girl. Desde entonces, el guionista Ryan North medio que "se puso de moda" y hoy debe tener muchos más fans que hace tres años y medio. Lo cierto es que recién anoche le entré al Vol.2 de esta serie que Marvel lanzó en 2015 y que llegó a acumular 58 revistitas, o 12 TPBs, como prefieras. La verdad, no creo que la compre hasta el final, pero este segundo librito me gustó mucho y por suerte tengo un par más en la pila del material ya comprado, a la espera de su turno para ser leído. Este segundo TPB recopila apenas cuatro episodios de la serie regular, y se completa con apariciones de Squirrel Girl en historias cortas publicadas en otras revistas, todas escritas por el maestro Dan Slott. Y si bien ninguna está al nivel de las que escribe North, son anécotas divertidas, pequeñas boludeces que contribuyen a ilustrar cuál es el rol de esta joven heroína en el Universo Marvel. Y no, ninguna de esas historias cortas están tan bien dibujadas como las que salían en la serie mensual, donde el trazo de Erica Henderson realmente hace la diferencia y le otorga a estas aventuras esa dimensión única, casi emparentada con el comic indie. En tres de los números que recopila el librito, North y Henderson se dedican a expandir el elenco de la serie, con nuevos personajes secundarios, nuevos villanos y la interacción de Doreen (nuestra joven protagonista) con más héroes y heroínas del Universo Marvel. Son aventuras que en un punto se vuelven desopilantes por la sobrecarga de elementos ridículos y extremos que incorporan, y esto está claro desde el principio. No es que te engañan prometiéndote la epopeya solemne y dramática y después te cagan, porque te dan una aventurita light y en joda. La consigna de la serie es, ante todo, cagarse de risa un rato y ver cómo esta piba se inserta de a poco en un panteón superheroico en el que -a priori- desentona grosso. Y el primer número que ofrece el TPB (el 5 de la primera serie) es la gema: 22 páginas en las que varias personas cuentan historias sobre Squirrel Girl, todas improbables, o por lo menos inexactas. Esto le sirve a los autores para enfocar al personaje desde distintas ópticas que parecerían grotescas o distorsionadas... si no fueran versiones mínimamente alteradas de historias y dibujos que ya vimos en décadas anteriores en otros comics de Marvel. Acá vemos a Henderson acomodar su trazo para subrayar que lo que se narra es en realidad una paráfrasis de algo que ya narraron Frank Miller, Todd Mike Zeck, Jack Kirby... hasta en un momento hay un homenaje a Peanuts, como para ampliar aún más el universo de posibilidades. Esta historia es muy graciosa, le da mucha chapa a Nancy (la mejor amiga de Doreen) y además te deja claro que Henderson puede dibujar en el estilo que se le dé la gana. Prometo entrarle este mes al Vol.3, a ver con qué me encuentro. Y hablando de encuentros, espero encontrarme a lectores y lectoras del blog (o de la Comiqueando) este finde en Paysandú, Uruguay, donde voy a estar participando una vez más de Heroica, el evento comiquero de dicha ciudad. Nada más. La semana que viene espero recuperar cierta regularidad en los posteos, y el 19 será momento de poner una pausa extensa en el blog, para dedicarme primero a un viaje de un mes por España, Francia y Bélgica, y después a la Comiqueando Digital que tiene que estar lista antes de fin de año. Gracias por tanto y perdón por tan poco.