el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 29 de noviembre de 2020

RIO DE ESTRELLAS

Una vez más me toca leer un trabajo de Jorge Morhain y Horacio Lalia, muy distinto al que vimos la última vez (reseña del 05/02/13). El dibujo de Lalia está en un muy buen nivel, muy ajustado, muy sobrio, con momentos de expresividad potente y un esmero en los paisajes muy encomiable. Tiene esa puesta en página rara, esa forma de poner los cuadros medio caprichosa, que me hace suponer que en cualquier momento voy a llegar a una encrucijada en la que no voy a saber en qué orden tengo que mirar/leer las viñetas. Por suerte, eso está contemplado, y la ubicación de los globos resuelve las incógnitas en la gran mayoría de los casos. Creo que hubo una sóla página en la que traté de seguir el hilo del relato y me encontré con una viñeta que no era la que me tocaba leer. Se solucionaba todo pidiéndole al maestro que utilizara una grilla más clásica, cosa que sabe hacer y muy bien. El argumento tal como lo plantea Morhain tiene su atractivo: unos humanos de otra dimensión viajan por el espacio-tiempo con la misión de capturar a las criaturas más jodidas del horror cósmico, monstruos lovecraftianos, que incluso tienen los nombres que les puso el glorioso Howard Phillips. En un momento, tienen un problema a bordo de la nave y se ven obligados a descender hasta el fondo de un río junto a un pueblito cuasi-perdido en la selva de la Mesopotamia argentina en el que van a empezar a suceder un montón de cosas raras. Lo más interesante es cómo Morhain reparte el protagonismo entre 10 ó 12 personajes. Lo menos interesante es que los lectores siempre estamos dos pasos adelante de los personajes. Nosotros sabemos que estos “visitantes” no son científicos normales, sabemos que esas luces en el río provienen de la nave, que esas criaturas monstruosas son las que causan todos los despelotes… y los personajes no entienden un carajo. O empiezan a entender todo mucho después. Lo cual no es ilógico, porque se supone que es gente con poco acceso a la cultura, a la que Morhain sitúa en un contexto socioeconómico de mucho atraso, más cercano a la superstición que a la ciencia futurista que traen estos visitantes. Pero el efecto que causa este “delay de comprensión” en el relato para mi gusto lo lastra, le resta fuerza e interés a los sucesos. Y lo otro que no tiene mucho sentido es la cantidad de peripecias sobrenaturales que se acumulan en el pueblo antes de que tomen cartas en el asunto las autoridades policiales o militares. Recién en el capítulo 11 vemos una reacción por parte de las autoridades que se hacía imperiosa desde el capítulo… cinco, por ser generosos. Es decir que se sostiene durante muchas páginas la fachada de que sucesos que podrían tener una repercusión cósmica permanezcan acotados a un espacio muy chico, en el que viven (si no entendí mal) menos de 50 personas. Con el correr de las páginas, esto se hace cada vez más inverosímil. Al estar planteada como una serie episódica y no como novela gráfica, Río de Estrellas recurre a una acumulación gradual de sucesos extraños vinculados a los visitantes y los entes que estos tienen en cautiverio, que hace que el verosímil se vaya desgastando de modo exponencial. En general, los diálogos están bien, reflejan de modo acertado los distintos orígenes de los personajes. Y me pareció correcta la forma en la que Morhain deja de lado gradualmente los elementos y situaciones emparentados con la comedia costumbrista, para enfatizar que en punto la cosa ya se puso demasiado heavy como para meter chistes de señoras que toman mate y clientes de burdel que se enamoran de las prostitutas. Entre una cosa y otra, Río de Estrellas cuenta en 144 páginas algo que podría haber pegado más fuerte contado en 80 ó 90, sin estirar innecesariamente misterios que lo eran sólo para los personajes, porque los lectores ya sabíamos todo lo que estaba pasando. Pero bueno, la verdad que no hay muchas historietas que combinen suspenso sobrenatural, horror lovecraftiano y comedia costumbrista ambientada en un pueblito de Corrientes o Misiones. En ese sentido, hay que ponderar la originalidad y los riesgos que asume Morhain. Y cuando el crujido que se escucha es el del verosímil, tiene ahí al dibujo de Lalia que le pone dramatismo y hasta realismo a las escenas más bizarras. Río de Estrellas no es una gema de la Historieta Argentina: es una lectura llevadera, perjudicada por el formato episódico y por algunas decisiones que tienen más que ver con el guion que con el argumento. Me da la sensación de que el fan de la aventura clásica lo va a disfrutar un montón, más allá de estas cositas que a mí mucho no me cerraron. Y se terminó el Noviembre temático. Para la próxima, vamos con comic europeo, yanki o japonés (todavía no lo sé). Gracias por el aguante y nos reencontramos el mes que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

3 comentarios:

Germán dijo...

El último trabajo en conjunto por los autores (Morhain y Lalia), había sido "Krantz"?.

El Critico Citrico dijo...

Justo ayer lo leí Andrés y no me gustó nada.

Primero la edición es pésima, la nitidez de los dibujos y los textos (que están tipeados por alguien que no sabe escribir muy bien porque está lleno de omisiones de palabras y signos de puntuación por todo el tomo)es malísima.

Me pasa lo mismo que a vos, a veces no sé para que viñeta disparar pero disiento con que los globos están bien puesto, tampoco y a veces tengo que leer la página entera de nuevo para entender.

El dibujo de Lalia es lo único que sobresale porque el guión es otro desastre, muy absurdo a tal punto que parece una parodia pero no lo es.

Alejense de este tomo salvo que tengan mucho tiempo libre.

Andrés Accorsi dijo...

Ah, sí, coincido con vos en que faltan unos cuantos signos de puntuación, sobre todo en los primeros capítulos.