miércoles, 14 de enero de 2026
MEDIODíA DE MIÉRCOLES
Traté de redactar estas líneas anoche, pero justo me cayó la ficha de que no había dormido la siesta. Así que me fui a dormir a las 21:45 y me levanté a las 9 AM de hoy. Una demencia. Vamos con las reseñas, que para eso vinimos.
Loco Rabia metió otro acierto difícil de mensurar cuando decidió publicar en nuestro país una obra de autores argentinos que circula hace más de 20 años por los mercados europeos, pero que acá era totalmente desconocida: Pampa, de los maestros Jorge Zentner y Carlos Nine. Esto es más argento que comerse un chori en el Obelisco cantando la marcha peronista y sí, parece una joda pero hasta hace muy poquito estuvo inédito en nuestro país.
También es inverosímil la calidad del dibujo de Nine, y por supuesto llama la atención que un dibujante con semejante vuelo plástico se ponga al servicio de la narración como lo hacía Carlos. Esto podría ser un artbook, una galería de (fastuosas) imágenes inconexas, pero no: la solidaridad icónica se hace presente en cada página y Nine, incluso cuando experimenta y cambia de técnicas, cuida siempre la fluidez y la consistencia del relato. La pampa infinita y mayormente vacía ofrece la posibilidad de prescindir casi por completo de los fondos y obviamente Nine la aprovecha. Eso sí: cuando el guion pide fondos, se manda unas locaciones perfectamente detalladas, tanto cuando las vemos desde afuera como cuando la escena transcurre puertas adentro. Y lo que más me gustó del trabajo de Nine son las texturas: tanto en las viñetas que parecen pintadas con óleos o crayones sobre lienzos como en las que dejan ver el trazo mágico de los lápices de colores. Visualmente, Pampa nos ofrece una fiesta irrepetible, y única en el sentido de que -si no me equivoco- Nine nunca dibujó tantas páginas de una misma historieta.
El gran acierto de Zentner es haber creado una trama que entusiasmara a Nine y le dieran ganas de comprometerse a largo plazo y dibujar estos tres álbumes con unas pilas gigantescas. Es una historia que combina vuelo poético con atrocidades indecibles (gente estaqueada, violaciones, masacres) y aventura de alto impacto con problemas más mundanos, como la disfunción eréctil. Zentner respeta a rajatabla los tropos de la historieta gauchesca, pero le agrega el aspecto sobrenatural: fantasmas, lobizones, profecías, maldiciones de ultratumba y poderes extrasensoriales. Con todo esto sale una historieta fuerte, dramática (más allá de alguna mínima pincelada de comedia), en la que Cirilo y Zenón, los hijos de Francisco Parra, se roban el protagonismo. Y con un toque magistral por parte de Zentner: acá el monstruo no es el hombre lobo, sino su hermano, que no se transforma en licántropo. Hay amor, hay sexo, hay violencia, hay un misticismo muy atractivo, y además está la historia de Bartolomé y su viaje espiritual. Todo esto en un contexto que se nutre de la vida real de los gauchos que poblaban nuestras planicies en el último tercio del Siglo XIX, justo cuando empezaba a asomar una democracia trucha, basada en el fraude electoral, al que los autores satirizan con deliciosa mala leche.
Me cuesta decir que Pampa es "el libro del año", porque la primera parte salió en Francia en 2003. Pero la verdad que, de lo que leí hasta ahora, me cuesta encontrar material de autores argentinos que me haya gustado más que este clásico atemporal de Jorge Zentner y Carlos Nine. Ultra-recomendado.
Retomé la lectura de East of West, que había dejado tras leer y reseñar (un ya lejano 18/10/22) el Vol.5. De nuevo, me costó volver a entrar a este mundo creado por Jonathan Hickman y Nick Dragotta, y volví a sentir la incertidumbre: esto que sucede acá, en los tomos "del medio", ¿será relevante en el contexto global de la obra, tendrá un peso real a la hora de resolver los conflictos, o son Hickman y Dragotta "despilfarrando" páginas para que en vez de cinco o seis TPBs la serie dure diez? Por suerte ya tengo todos los tomos que faltan comprados, en la pila de los pendientes, y me los voy a liquidar en las próximas semanas. No más baches de varios años entre tomo y tomo, porque así no se disfruta una mierda.
East of West es una serie complicadísima que avanza a un ritmo pachorro, se abre, se ramifica. Hickman cuenta con un elenco protagónico tan numeroso e incluye tantas ideas, situaciones y locaciones, que podría abastecer tranquilamente a tres o cuatro series más que se desarrollaran en paralelo, todas explorando el mismo universo. En este tomo algunos personajes mueren (y acá es para siempre, no como en X-Men) pero la complejidad de la trama no disminuye en lo más mínimo.
El dibujo de Dragotta (hoy encumbrado gracias al tremendo éxito de Absolute Batman) me sigue pareciendo un poco cabeza, en contraste con el guion de Hickman que es, casi todo el tiempo, elegante y sutil. Por suerte está el colorista Frank Martin, que se desvive para que su paleta le baje un poquito el tono al kilombo, el descontrol y el frenesí que transmiten los trazos de Dragotta. Este es un tomo con mucha acción, machaca y sangre a raudales, y aún así el colorista logra que no se vea todo como un show grotesco y ultraviolento. Por supuesto, me engancho más con East of West cuando la intriga política tiene más peso que la machaca pero -dentro de todo- la serie conserva el equilibrio que la hace atractiva tanto al público más adulto como a los pibes que se emocionan con los chumbos, las batallas y las decapitaciones. Vamos a ver con qué me encuentro en los cuatro tomos finales.
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Etiquetas:
Carlos Nine,
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