miércoles, 18 de febrero de 2026
¿LÚRCOLES O MIERNES?
Me cuesta definir qué día es hoy, porque el finde extra-large me desarmó por completo los horarios, las rutinas y la vida misma. Pero dentro del frenesí, algo pude leer y es hora de reseñar esas historietas.
En los últimos meses de 2025 en Argentina aparecieron nuevas ediciones de un clásico de Alberto Breccia (El Dorado), un clásico de Carlos Trillo (El Husmeante) y un clásico de Alberto Breccia y Carlos Trillo, que es el que quiero comentar hoy. Viajero de Gris (conocida en España como "Los Ojos y la Mente") es una serie breve que Carlos y el Viejo realizaron entre 1978 y 1980, de manera muy esporádica, mientras hacían otro montón de cosas. Son apenas seis episodios, de los cuales uno solo tiene 14 páginas y los restantes, 12. Originalmente aparecida en las revistas de Ediciones Record, nunca había tenido una recopilación en nuestro país, y ahora Black Cat y Utopía se hicieron cargo de propiciar este reencuentro entre la obra y los lectores.
La idea de que Viajero de Gris sea una serie es medio un engaña-pichanga. Cada episodio cuenta una historia totalmente distinta, ambientada en distinta época y distinto lugar, y cada una se resuelve de manera perfectamente autoconclusiva. Para que haya un factor común (no un hilo conductor) a los autores se les ocurre que Cornelius Dark, un tipo que está preso supuestamente hace mucho tiempo, tenga el "superpoder" de viajar con la mente a estos escenarios temporal y geográficamente lejanos, y materializarse fuera de la cárcel para formar parte (generalmente en roles menores) de estas breves aventuras. Las historias no se parecen nada entre sí. Algunas son épicas, otras son muy chiquitas, casi íntimas. Algunas son tragedias y la última, por ejemplo, es una comedia. Creo que la que más me gustó es la que protagoniza Vincent Van Gogh, porque soy fan del pintor y porque cuando estuve en Francia (en 2023) tuve la suerte de visitar la ciudad de Arles, que es donde transcurre la historia.
No es que Alberto se esfuerce demasiado por recrear visualmente la ciudad con algún grado de realismo. Ni a palos. Acá el Viejo trabaja con mucha libertad y, si bien no es un dibujo 100% experimental, hace cosas que en las otras historietas que publicaba Record en 1980 no se veían ni en sueños. Breccia pela un claroscuro extremo (con imágenes que Frank Miller se afanaría a mano armada años después, en That Yellow Bastard) y lo hace convivir con viñetas en las que las tonalidades de gris tienen un peso enorme, con texturas imposibles, con collage, con fotos retocadas, con figuras resueltas con una línea de pincel finísima, con aguadas... Una diversidad de recursos gráficos absolutamente demoledora, todos empleados de manera magistral por el Más Grande para lograr climas opresivos, momentos emotivos, momentos en los que la acción se vuelve vertiginosa (en contraste con las secuencias en las que solo vemos presos encerrados en sus celdas) y hasta para mostrar mujeres bellas y sensuales, algo infrecuente en la obra de Alberto.
Viajero de Gris está en el medio: no es tan pochoclera como Nadie ni tan ambiciosa como Buscavidas. Es un libro que te ofrece (ni más ni menos) seis muy buenos relatos cortos, con la mirada aguda y picante de Trillo y el estallido casi pictórico de un Viejo Breccia que le ponía belleza incluso a lo grotesco y lo atroz. Muy recomendable.
Me voy a Francia, año 2022, cuando se publica en álbum La Porte de l´Univers, una obra del maestro Daniel Goossens, bestial historietista poco traducido al habla hispana. Goossens es una mezcla entre François Boucq y Blutch, un mago absoluto que puede modificar su trazo cuando quiere para meter homenajes a Moebius, a Hugo Pratt, a Philippe Druillet, a Lucky Luke, a Tintin, o para adoptar un estilo absolutamente humorístico. Por momentos me hizo acordar al Juan Sáenz Valiente de La Sudestada, por la forma en la que -sin sacarle el culo a la jeringa del realismo- logra incorporar personajes con rasgos muy caricaturescos que no desentonan para nada con los que parecen más basados en fotos, o en personas reales.
Con una narrativa muy ágil, Goossens nos cuenta la historia de Robert Cognard, un señor de unos 70-75 años que supo ser uno de los grandes actores cómicos de su generación, de la época en la que la gente se reía de otras cosas. Pero ahora el humor de Cognard resulta desubicado y a medida que su viabilidad comercial como artista disminuye, crece en él un resentimiento que lo va a consumir. Como aquel querido Patito Saubón de Carlos Nine, Cognard se va a volver un enajenado, que se subleva a su condición de "ex-famoso" y se vuelve un tipo intratable, que no para de bajar línea, de confrontar y de exigir la atención que el público ya no le brinda. Hasta ahí, esto parece una tragicomedia. Pero hay más.
Bizarros volantazos del guion llevarán a Robert a estar recluido en una base militar de Estados Unidos y más tarde a tripular un cohete que lo llevará a "la puerta del universo" (de ahí el título del álbum) donde tendrá la oportunidad de volver al éxito como actor cómico, pero sobre todo de dialogar con Dios, en la mejor secuencia del libro. Esas siete páginas de la conversación entre Cognard y Dios son (además de un delirio) una genialidad. Además del gastado debate acerca de los límites del humor, de cómo el concepto de "lo gracioso" cambia según las épocas y demás, Goossens se anima a incursionar en debates más filosóficos, más profundos, sin dejar de hacerse cargo de lo disparatado de las situaciones que nos presenta. Y probablemente ese sea el mayor mérito de La Porte de l´Univers. Goossens tiene una larga trayectoria y una cantidad zarpada de álbumes, así que ni bien vea algún otro, intentaré capturarlo.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Mil gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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