miércoles, 4 de noviembre de 2026
MIÉRCOLES AL MEDIODÍA
La semana pasada comió pija Bolsonaro, anoche comió pija Donald Trump y de a poco, pareciera que la humanidad tiene una esperanza. Incluso en Buenos Aires hay un sol espléndido, como corresponde a estas fechas. Pero vamos con las lecturas, que por suerte tengo un ratito para reseñar lo último que leí.
Sospechaba que el Vol.3 de Ether era el último y sí, no hay forma de que la saga de Boone Dias se extienda más allá de este tercer arco argumental. Esta es la confrontación final con el villano principal de la serie y termina muy bien, con un giro imprevisto, entre épico, dramático y poético. Un testimonio inapelable de la creatividad de Matt Kindt y del compromiso que le puso a este trabajo. Sí, Ether es "una de fantasía y aventuras", pero va mucho más allá. Tiene otro riesgo, otra profundidad, que la eleva por encima del clásico comic de peripecias y machaca.
Probablemente este sea el tomo con más presencia de la machaca, porque todos los conflictos que rodeaban a Boone en la Tierra se resolvieron en el Vol.2, y ahora todo transcurre en este mundo de magia y fantasía, donde todo es mucho más extremo. Entonces, hasta llegar a ese punto crucial de la confrontación con Ubel, la trama tiene una dosis de peripecias y choques violentos con criaturas hostiles más alta que en los tomos anteriores. Esto sin descuidar esa faceta tan interesante del protagonista, que consiste en buscarle explicaciones racionales, basadas en la observación científica, a las cosas limadísimas que pasan en este mundo de hadas, monstruos, dioses y mares de sangre. El contrapunto entre Boone y los nativos de Ether (Violet, Glum y el resto) le agrega una pizca de humor al relato, incluso en esta etapa de la serie, ya claramente crepuscular, porque Boone siente que ya perdió todo lo que tenía para perder y está más jugado que nunca, dispuesto a arriesgar hasta lo imposible.
Todo este "sense of wonder" que impulsa al guion de Kindt se ve potenciado hasta el infinito y más allá por el dibujo de David Rubín, que está definitivamente fuera de escala. No entiendo cómo no le dieron 130 premios Eisner y 273 Harveys por este trabajo. En estas páginas, Rubín combina ideas alucinantes para la puesta en página, un trazo versátil, por momentos más sintético y por momentos exuberante, pletórico de detalles preciosos, y técnicas de color absolutamente innovadoras y asombrosas, sobre todo para quienes no siguen la obra del grosso de Galicia. En este tercer arco las portadas son dobles (wrap-around) y cada una es un cuadro que merece enmarcarse y colgarse en cualquier museo.
Como Dan Slott y Mike Allred en su Silver Surfer, acá Kindt y Rubín nos demuestran todo lo bello, emotivo, salvaje, vibrante, atrevido y profundo que puede ser un comic de aventuras de buenos contra malos cuando los autores se lo toman en serio y le ponen el alma y el talento que hay que ponerle. Ether, además de muy divertido, es un comic pensado para trascender.
Me vengo a Argentina, año 2026, cuando se publica el segundo tomo de la antología Así Mataban, esta vez centrada en crónicas del genocidio que tuvieron como epicentro la región de Cuyo. Una vez más, Héctor Bellagamba narra de manera sobria, sin excesos y sin tratar de sobresalir por sobre lo que cuenta, varias historias basadas en una documentación exhaustiva, tan desgarradoras como reales. Historias de militantes políticos, de religiosos, de chicas que ayudaban a alfabetizar a los niños en las villas, o de un talentoso pianista, que termina asesinado por la represión simplemente por ser gay. Antes de abrir el libro, uno ya sabe que le espera una colección de finales trágicos, una seguidilla de patadas a la garganta, pero Bellagamba no se regodea en los golpes bajos. Nos presenta la información necesaria para entender el contexto de manera concreta, sin ponerse didáctico, y sin fingir neutralidad: Así Mataban es una obra comprometida con los valores de Verdad, Memoria y Justicia, que no tiene reparos en señalar las atrocidades cometidas por los hijos de puta (militares, civiles y religiosos) que gobernaron a nuestro país en la segunda mitad de los ´70 y más allá. Por eso, además de ambientar las historias en los años oscuros de la dictadura, el autor aporta información acerca de las matufias judiciales que hacen que algunos de los responsables de estos crímenes de lesa humanidad todavía estén libres, o en condiciones de burlar las condenas que se les impusieron una vez derogadas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
El relato más extenso (muy bien dibujado por Sergio Ibáñez) explica a la perfección el clivaje entre el Perón de los últimos meses y los Montoneros. Y después hay historias más breves, una dibujada por Gerardo Canelo, una por Ezequiel Rosingana (que le pone a algunas expresiones faciales la magia que asociamos con Kevin Maguire), una por Fabián Mezquita, una por Enri Santana, una por Edu Molina (con un juego increíble entre espacios blancos, masas de negro pleno y tonalidades de gris), y la antología cierra con la nueva incorporación, Marcelo Valentini, quien reemplaza al fallecido Marcelo Basile. Como vimos en otro trabajo suyo (reseñado el 20/01/26), se trata de un autor que se apoya más que el resto en el realismo fotográfico, al punto que cuesta deducir qué viñetas son dibujos y cuáles son fotos retocadas digitalmente. Por suerte, estas decisiones estilísticas tan extremas no complican para nada el fluir del relato que le toca ilustrar.
Por la temática que aborda, por la investigación de la que se nutre, y por la calidad de los guiones y los dibujos, Así Mataban es una antología distinta, mucho más relevante, potente y hasta urgente que aquellas que simplemente nos proponen un rato de esparcimiento. Acá hay una historia cruda, dolorosa, reciente y que -de a ratos- pareciera que puede volver a repetirse. Bancar proyectos como el de Héctor Bellagamba es apostar a que esto no nos pase Nunca Más.
Gracias por el aguante y hasta pronto.
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