el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 23 de agosto de 2023

BLUE BEETLE

Bueno, por fin me hice un rato para ir al cine y ver la peli de Blue Beetle como se debe ver: en pantalla grande, con buen sonido y sin interrupciones de ningún tipo. Como siempre, fui esperando una garcha atómica. Pero me encontré con una película bastante buena. Me da la sensación de que el film de Angel Manuel Soto está pensado para que te guste más cuantas menos películas de superhéroes viste antes. Es claramente una peli para traer gente nueva al palo de los superhéroes en el cine, como lo fueron en su momento Black Panther o Shang-Chi. Y le fue bien en EEUU, con lo cual supongo que esa meta se logró, o se está logrando. Yo, que ya vi demasiadas películas de superhéroes, la disfruté bastante, excepto por ese tramo en el que Jaime se manda mil cagadas mientras trata de entender cómo corno funciona la armadura, que me pareció entre ridícula y patética. El resto me pareció que está bien, que es un muy digno origen (con unos cuantos cambios respecto del de los comics como siempre) para este tercer Blue Beetle, surgido a mediados de los 2000 de la mano del maestro Keith Giffen, un ignoto co-guionista llamado John Rogers, y el lápiz del implacable Cully Hamner. Más allá de las peleas y los efectos especiales (que están muy bien), más allá del ya clásico combo entre aventuras y chistes (que también muestra un equilibrio entre ambas cosas bastante logrado), creo que lo que más me gustó de estos 127 minutos fue el nivel muy parejo y muy alto en las actuaciones. Acá nadie desentona, nadie tira para abajo el promedio. Creo que salvo Susan Sarandon (a la que aborrezco hace décadas), no conocía a ninguno de los actores y actrices de Blue Beetle, pero todos me sorprendieron gratamente. Y lo otro que me gustó mucho y me impactó es el subtexto político: esta es una superproducción yanki que habla de forma bastante directa del imperialismo yanki y de las heridas que quedan abiertas en los países de Latinoamérica en los que sufrimos intervenciones militares (o no) por parte de Estados Unidos. El villano es el capitalismo salvaje, ese que va por todo, dispuesto a no respetar ni siquiera esa ínfima ilusión de poder formar parte del sistema, que hace que los pobres se deslomen laburando 16 horas por salarios de mierda. El guion de Gareth Dunnet-Alcocer es muy explícito en este sentido, no hace falta ser el rey de la lectura entre líneas para entender que la codicia de los hiper-millonarios es el obstáculo entre las mayorías y una vida feliz (o al menos digna), se esfuercen cuanto se esfuercen. Hay un mensaje muy claro de aguante, de un pueblo que se une bajo banderas de memoria, de resilencia y de solidaridad para resistir la embestida de los que te quieren convencer de que ellos son el progreso y el futuro (y vendértelo carísimo). No sé si a los mexicanos y descendientes de mexicanos que viven en EEUU les parecerá mucho o poco el respeto con el que la cinta los retrata a ellos y a sus costumbres, pero a mí no me pareció una caricatura demasiado grotesca. Sí me pareció raro el rol tan protagónico para la familia de Jaime, algo bastante infrecuente en los relatos superheroicos. De hecho, la participación tan activa de los Reyes en el aspecto aventurero de la trama la desequilibra un poco: ya de por sí, con los poderes del escarabajo alienígena, Jaime es prácticamente imbatible, y si encima su familia agarra los fierros y se suma al combate, cualquier amenaza queda chica. Y también me imagino que eso no va a estar tan presente en la eventual secuela, no le van a dar tanta participación a la abuela, la mamá, la hermana y demás. El desafío, ahora que Jaime ya controla los poderes de esta armadura sintiente, es que Blue Beetle no sea "el Iron Man latino". Que haya algo más para explorar y que aparezcan amenazas que estén a ese nivel de poder. Yo sospecho que en la secuela van a traer a la Tierra a la raza de esta extraña entidad llamada Khaji-Da, algo que ya vimos en la gloriosa serie animada de Young Justice. Por otro lado, me imagino que de acá en más le van a dar más bola a algo que está muy bien planteado en esta película, que es el legado de Blue Beetle. Todo el tiempo se remarca que Jaime no es el primer héroe con este nombre, y todo el tiempo sobrevuela la sombra de un personaje muy importante pero ausente, hasta que en la escena post-créditos nos sacamos la duda acerca de si está vivo o muerto. Eso también abre puntas muy copadas para explorar a futuro. Por último, esta película cuenta con el beneficio de la duda acerca de si forma parte del universo fílmico al que James Gunn le dio de baja, o si se va a integrar al canon cuya ingeniería está a cargo de este director. Acá se nombra a Gotham, Metropolis, Central City, Bruce Wayne, LexCorp, Batman, Superman y Flash... pero todo muy al pasar, sin enfatizar demasiado en la conexión entre esta mitología y el contexto en el que transcurre esta aventura (una nueva ciudad ficticia llamada Palmera City). La lógica indica que la decisión de sumar o no a este Blue Beetle al nuevo universo fílmico de DC se tomará en base a qué tan bien le vaya en la taquilla. Por ahora, mi sensación es que la historia de Jaime Reyes en la pantalla grande empezó con el pie derecho. Me reí, me sorprendí, me emocioné y casi pego un alarido cuando empezó a sonar Nada Personal, de Soda Stereo. No es de esas películas fundamentales, que te cambian la vida... pero quizás porque uno no es parte de la colectividad latina que vive en EEUU... Como dirían mis amigos (y mi sobrino) hinchas de Argentinos Jrs, aguante el Bicho.

lunes, 21 de agosto de 2023

FERIADO CON RESEÑAS

Sigo sin ver la peli de Blue Beetle (por ahí mañana), pero tengo un par de libritos para reseñar, ambos bastante recientes. En 2021, el Fondo de Cultura Económica publicó en México Junius Maltby y las Praderas del Cielo, un trabajo del maestro Ricardo Peláez Goycochea. Poco conocido en Argentina, Ricardo Peláez es uno de los más grossos historietistas surgidos en Méxicio en los últimos 30 años. La historieta consta de apenas 42 páginas, en las que Peláez reversiona un capítulo de Las Praderas del Cielo, una novela de John Steinbeck que yo, que soy un burro en materia de literatura estadounidense, desconocía. Es un relato precioso, exquisito, que me recontra llegó. Me sentí interpelado, me emocionó, me cerró por todos lados. No sé si es el relato ideal para convertirlo en historieta, porque no ofrece mucho más que diálogos y silencios, pero el lápiz de Peláez le insufla una onda increíble a los personajes y a los paisajes, con lo cual no se echa para nada de menos la falta de acción, o de trama aventurera, o romántica. ¿De qué se trata? Básicamente del amor por la cultura, y cómo el mismo se puede canalizar por fuera del sistema. O de LOS sistemas, porque Steinbeck habla tanto del sistema productivo como del sistema educativo. Arte y cultura, inteligencia y erudición, florecen en esta obra de manera silvestre, sin fronteras ni restricciones, de la mano de un personaje fascinante como es Junius Maltby. Y claro, en algún momento se encuentran con la mirada del afuera, esa que prioriza el aspecto, la prolijidad o la disciplina por sobre la creatividad y el conocimiento. Por ahí pasa el conflicto, que no está muy enfatizado, ni pasa nunca a mayores, pero está planteado con mucha inteligencia y además muy bien resuelto. El trabajo de Peláez es una maravilla. El armado de las secuencias es magnífico, el trazo es preciso, con mayor expresividad en los personajes y mayor realismo en los fondos, que son un despelote. La forma de plantear los flashbacks, el manejo de los tiempos con viñetas mudas, una variedad de grillas que van de la splash page a la Gran Watchmen y demás recursos entran en juego para llevar adelante una narración gráfica impecable, plena de belleza y emoción. Si no conocías a Ricardo Peláez Goycochea o si ya eras fan, el resultado es el mismo: vas a cerrar el libro puteando porque se terminó. Es inevitable, uno siempre quiere más páginas de este monstruo, y más cuando elige para adaptar una historia tan hermosa. La edición no es todo lo buena que a uno le gustaría (principalmente porque para un álbum de 48 páginas, seis páginas sin historieta es demasiado) pero tampoco es bochornosa. Esto está impreso en México y llegó a Argentina en pocas cantidades, pero se consigue en algunas comiquerías. Incluso lo vi en algún stand en la Crack Bang Boom. Obviamente lo recomiendo muchísimo.
Me voy a 2022, cuando Dark Horse publica Motherbridge, una novela gráfica escrita por George Mann (que venía del palo de la literatura) y dibujada por la talentosa Aleta Vidal, amiga e ídola argentina con unos cuantos años de notable trayectoria a cuestas. Esta es la clásica distopía en la que la sociedad avanzó hacia un estado totalitario (o algo así) que dejó afuera a un montón de gente y se cagó por completo en la naturaleza y el medio ambiente. Ahora, a través de la protagonista, Hayley Wells, la naturaleza va a volver con todo, a reclamar lo que es suyo y a asestarle un golpe letal al gobierno despótico y represor. La idea está bien, el desarrollo de personajes es interesante, hay un buen elenco de secundarios, la historia tiene un ritmo consistente, no está ni estirada ni comprimida, pero tiene un problema fundamental: en la cuarta página ya me di cuenta cómo iba a terminar. Mann plantea el conflicto de forma tan obvia, que no hay muchas alternativas. La historia va a ir para ese lado, sí o sí, y en todo caso, si queda margen para la sorpresa, serán sorpresas menores que tienen que ver con el ritmo al que avanza la trama, o pequeños detalles que involucran a los personajes secundarios. Eso me frustró bastante, porque me gusta más que las resoluciones no sean las obvias, y si se hace muy evidente cómo se van a resolver los conflictos, que sea más cerca de la última página, no en la cuarta o la quinta. Por suerte todo esto está dibujado por una Aleta Vidal muy inspirada, que deja la vida en el lápiz, la tinta y el color (el rotulado está a cargo de otro grosso argentino, Mauro Mantella). Aleta se adapta al toque a la forma de narrar del típico comic yanki, le pone mucha expresividad a los rostros, impacta cuando hay que impactar y conmueve cuando hay que conmover. Y no se tira a chanta en las páginas en las que los profusos diálogos de Mann amenazan con comerse las viñetas enteras. Lo más atractivo es ver a Aleta dibujar a los personajes femeninos y las plantas, en esas escenas en las que la vegetación se descontrola y cobra un protagonismo inusitado. Ahí nuestra compatriota te hace sentir de modo muy real toda esa magia, con un lucimiento espectacular en la puesta en página y en el color, que es una belleza. Sin dudas el aspecto visual de Motherbridge amerita pegarle un vistazo a la obra, si bien el guion peca de predecible. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto, no sé si con nuevas reseñas de libros o con la crítica de la peli de Blue Beetle. Gracias por el aguante.

miércoles, 16 de agosto de 2023

HOY, TRES RESEÑAS

Hacía bastante que no clavaba tres reseñas en una misma entrada, pero esta vez hay dos que me quedaron un toque más cortas que las habituales. Allá por el 01/10/18 me tocó reseñar el Vol.1 de La Danza del Tiempo, obra del maestro ucraniano Igor Baranko para el mercado francés, publicada en nuestro idioma por Planeta-DeAgostini. Tarde pero seguro conseguí los dos álbumes restantes, y la verdad que el Vol.2 es bien del medio. No resuelve la trama (porque eso lo va a hacer Baranko -supongo- en el vol.3), no explica demasiado lo que ya contó en el Vol.1 (por eso no recomiendo la pelotudez que hice yo de dejar pasar cinco años entre un tomo y otro), y en todo caso lo que hay es una depuración del elenco, en la segunda mitad del tomo. Como ya conté en la reseña del Vol.1 esto es una especie de Romeo y Julieta atravesado por Back to the Future, con protagonistas que vienen de distintas tribus de los pueblos originarios de Norteamérica. En esta segunda parte, la historia de amor se tensiona, la tragedia insinuada en los sueños proféticos de Luna-entre-las-nubes se lleva. a unos cuantos personajes y la incursión de los pieles rojas al territorio de los aztecas termina bastante para el orto. Vamos a ver en el Vol.3 (que prometo leer pronto) a ver cómo resuelve Baranko todo lo que le queda pendiente. Mientras tanto, tenemos majestuosas batallas con ejércitos precolombinos, un trabajo glorioso en trajes y armas, una narrativa clara y a la vez novedosa, y la influencia de los grandes dibujantes italianos: Hugo Pratt, Milo Manara y Sergio Toppi están todo el tiempo presentes en las páginas de Baranko, en sus composiciones y hasta en el trazo, que por momentos también coquetea con cositas de Jean Giraud. Visualmente, La Danza del Tiempo es una orgía de emociones, una obra con la que Baranko se puede sumar sin ningún pudor al Olimpo de los hiper-consagrados. Pronto nos vamos a enterar si el argumento se la banca hasta la última secuencia, o si nos comemos un derrape final que le impida ascender también al Olimpo de las obras maestras del comic europeo de este siglo.
Le puse mucha onda a Phonogram: Rue Britannia, porque venía muy bien recomendada. Pero me fue mal y lo mejor que tengo para decir es que por suerte conseguí muy barato el TPB. En esta obra de Kieron Gillen y Jamie McKelvie me encontré con un dibujo a media máquina, genérico, básico, sin sorpresas, ni magia, ni imaginación. Es un comic realizado en blanco, negro y grises, pero me parece que no levanta ni siquiera con un colorista top onda Dave Stewart o José Villarrubia. Una pena, y a la vez muy copado constatar que en trabajos posteriores de McKelvie queda atrás esta escacez de onda que lastra tanto a Phonogram. El guion de Gillen tiene una idea brillante (los "phonomantes", tipos y minas capaces de obtener magia de la música) sepultada entre un montón de elementos que no me cerraron. Por ahí esa misma idea, puesta más en el centro de la trama, menos rodeada de todas esas referencias al brit-pop (que no me molestan, pero acá no aportan nada más que confusión), o con un protagonista más copado, y sobre todo en menos páginas, podría haber funcionado bien. No es el caso. Acá el guionista realmente se excede en la presentación del contexto, la ciudad, los músicos, los discos, anécdotas intrascendentes del pasado de David Kohl... y para cuando la historia más o menos arranca, uno ya quiere que se termine cuanto antes. Me imagino que para un erudito, o un crítico especializado en rock británico de los ´90, esto puede ser una sorpresa alucinante, porque de pronto todas esas bandas hoy semi-olvidadas (con las excepciones de Blur, Pulp y alguna otra) resultan importantes para una especie de aventura sobrenatural que -mejor escrita- podría haber aparecido en Vertigo. Para el comiquero muy curtido, las sorpresas del guion no son tales, y en todo caso se rescata un concepto atractivo (ya lo mencioné) y la calidad de los diálogos, muy adultos, realistas y en perfecta sintonía con la caracterización de los personajes. No mucho más, lamentablemente.
Y cierro con un comic de autores argentinos aparecido en 2022 que había leído en digital, pero no en físico: el Vol.1 de Distancia, escrito por Jonatan Catalano y dibujado por Daniel Roa. Bajo una hermosa portada de Salvador Sanz, me encuentro con un dibujante al que no conocía, bastante decoroso, con muchas influencias del manga pochoclero y del mainstream "bonito" del comic yanki noventoso. Un muchacho que maneja muy bien la narrativa, la expresividad de los personajes, los fondos... pero lo mejor que tiene la faz visual de Distancia, para mi gusto es la aplicación de los grises, que no está a cargo de Roa, sino de Catalano. Paradojas de la vida. Entre lo que no me gustó del trabajo de Roa destaco las caras de los personajes secundarios (sobre todo Sara y Giselle), cuyos rasgos cambian bastante de una viñeta a otra. Sentí como si estuviera viendo una película y cada vez que enfocan a un personaje apareciera la cara de una actriz distinta. Los aciertos de Catalano no se limitan a la aplicación de los grises, sino que la rompe MAL en el rubro diálogos (realmente excelentes). La construcción de los personajes también está muy lograda, pero claro, hay una trampa: Catalno se toma 100 páginas para presentarnos a Franco (un goma total, estoy al borde de odiarlo), 175 páginas para presentarnos a Laura (personajón, mucho más rico y complejo) y recién en las 22 páginas finales de este potente Vol.1 se empieza a desarrollar realmente el conflicto central de la obra. Es lógico y hasta imprescindible que si le dedicás 275 paginas a presentar a los protagonistas, estos tengan relieve, profundidad y altas chances de cautivar al lector con sus conflictos y su personalidad. Este Vol.1 de Distancia tiene un muy buen ritmo, se siente honesto, fresco, y capta a la perfección la ambientación porteña, sin hacer excesivo hincapié en que todo sucede en Buenos Aires. Me mató esa viñeta en la que aparecen las máscaras de Dr. Paradox, Caballero Rojo y Manta, y por supuesto el diálogo que establece Catalano entre la tragedia que azota a su Buenos Aires y la que vivimos unos años atrás con la famosa pandemia de COVID-19. La gran cagada que tiene este vol.1 de Distancia es que en 300 páginas apenas tenemos un esbozo de para dónde puede ir la trama, y no sabemos ni cuántos tomos van a necesitar Catalano y Roa para desarrollarla, ni cuándo estará disponible el Vol.2. Encarar un proyecto con este nivel de ambición, en Argentina y sin el respaldo de una editorial importante (Distancia está editada por sus propios autores) es una movida en la cornisa entre la patriada y el delirio, que puede salir muy bien o muy mal. Por ahora, las ventas fueron muy buenas y forzaron más de una reedición, pero claro, para el Vol.2 los autores van a tener que largar desde el vamos una tirada mucho más grande... y estar listos para volver a reeditar el Vol.1, sin el cual la saga no se va a entender. No es fácil, ojalá les salga bien. Y pronto, antes de que los lectores que se engancharon con el Vol.1 pierdan el entusiasmo. Al final no vi la peli de Blue Beetle, pero queda para la semana que viene. En un rato salgo para Rosario, para asistir una vez más a la Crack Bang Boom, y a la vuelta seguro vendré con más libritos leídos que se convertirán en nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

martes, 15 de agosto de 2023

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES: MUTANT MAYHEM

Bueno, me fui muy contento del cine. Estas no son las Teenage Mutant Ninja Turtles que a mí más me gustan: ese universo me cautiva cuando se sumerge a full en la violencia y nos regala historias de sangre, tripas y mala leche. Acá, en cambio, tenemos una historia de humor, alegría y buena onda. Y sin embargo, no sólo no salí a las puteadas, sino que incluso me atrapó, me cerró, no me hinchó las bolas la bajada de línea de aceptación, comprensión y amor para con el distinto. Creo que las claves son dos. Primero, el protagonismo de la aventura, que está muy bien contada. Son 99 minutos que se te pasan volando, porque los directores Jeff Rowe y Kyle Spears logran un ritmo espectacular, apoyados en ese combo Machaca + Chistes que tan buenos resultados suele darle a las películas de Marvel. Con esos dos elementos bien balanceados, buenos villanos, buenos personajes secundarios y una excelente caracterización para los cuatro protagonistas, la cinta se sostiene tranquila, sin mayores sobresaltos. El origen de las TMNT respeta el de los comics de los ´80, y sí, es todo menos dark, menos letal y menos sangriento que en aquellas primeras historietas de Peter Laird y Kevin Eastman. Incluso dos de los villanos más heavies son villanos... 15 minutos y después se dan vuelta. Pero la escena post-créditos da a entender que en la secuela tendremos al villano jodido por antonomasia, el que sin dudas va a traer un baño de sangre a este universo de bichos asquerosos pero queribles. La otra clave es, claramente, la realización visual, que es alucinante. Acá hubo GENIOS que se sentaron a pensar qué estética darle a la película, para que sea animada pero por momentos las calles de New York parezcan reales, para que los personajes parezcan muñecos y dibujos al mismo tiempo, y que esos dibujos tengan trazos que nos remitan a las distintas épocas de las TMNT en los comics. Quedó esa boludez de los dibujos animados de los ´80 de darle a cada tortuga un color que la identifica, y se suman rasgos "de identidad" para diferenciarlos que seguramente se mantendrán en futuras películas, series animadas, muñecos, comics, lo que venga. Pero no jode para nada. Se ve todo muy novedoso, muy fresco, muy lindo, sin nada que envidiarle a las mega-maravillas que vimos en las últimas pelis animadas de Spider-Man. Las voces (originales, no dobladas) son excelentes, la música está buenísima y cada detalle está pensado para que los pibes se ceben hasta el infinito y más allá y los grandes también la disfruten. Con decirte que yo, que ya estoy para levantarme de la butaca e irme a la mierda cada vez que una producción de Hollywood me flagela con la enésima persecución de autos, me divertí incluso en esos momentos en que malos y buenos se persiguen en vehículos por las calles de la Gran Manzana. Esto está apuntado a un espectador un poquito más pendejo que el del MCU, pero tira referencias a cosas que los grandes entienden y los chiquitos no, como la peli de Ferris Bueller, estrellas de la música como Beyonce, Adele o Missy Elliott; o como que Jackie Chan le preste su voz al maestro Splinter. Incluso hay referencias a las pelis de Marvel, a Batman, a Godzilla... faltó la del origen de Daredevil, nada más. En síntesis, no es la película perfecta de las Teenage Mutant Ninja Turtles, porque la idea es que la vayan a ver los menores de 14 y eso significa niveles de sangre y violencia mucho más bajos que los que nos gustan a los fans de la etapa clásica de los comics. Pero aún así, es una gran película, un paso adelante BRUTAL respecto de todas las otras versiones audiovisuales de este universo, y una excelente excusa para compartir un rato con hijos, sobrinos, ahijados o mascotas bípedas, a pura acción, aventura y humor. Tengo varios comics leídos, así que en cualquier momento vuelvo con esas reseñas... o con la de la peli de Blue Beetle que también se estrena esta semana, quién te dice...

viernes, 11 de agosto de 2023

VIERNES DE CLÁSICOS SEMI-OCULTOS

Hoy también hay reseñas, vengo leyendo a un ritmo un poco más aceptable que el de los últimos... meses, creo. Empezamos en Japón, año 1970, el momento en que Osamu Tezuka está on fire y publica varios mangas oscurísimos y geniales en un montón de antologías, todos al mismo tiempo y todos de gran calidad. Bomba! es un manga que el ídolo publica en una antología básicamente centrada en el shonen, y se supone que tiene que ser una aventura para adolescentes. Sin embargo, las primeras páginas van para el lado del manga romántico: un triángulo amoroso entre una joven y bella profesora del secundario, un profe mala leche y violento y un nene de la primaria que sueña con casarse con la Señorita Mizushima, obviamente cuando sea más grande. Esto evoluciona rápidamente hacia una historia densa y retorcida acerca de la obsesión de Tetsu con la profesora, una fijación irracional que se pone todavía más perturbadora cuando Tezuka introduce un elemento sobrenatural: un caballo fantasma que causa accidentes en los que mueren aquellas personas a las que Tetsu se quiere sacar de encima. El caballo (Bomba) funciona como una especie de Death Note: Tetsu le dice "quiero que muera Tal Persona", y efectivamente Tal Persona muere, en un accidente truculento donde alguien dice haber visto al caballo fantasma. El pibito es consciente del enorme poder que maneja y lo usa sin piedad, en un descenso a las fosas de la abyección que lo llevan a eliminar a sangre fría incluso a sus padres (que muy bien no lo trataban, pobre). De todos modos, no es que Tetsu sea "el villano" y Tezuka plantee el clásico conflicto entre él y un "héroe". Acá no hay buenos, por lo menos hasta que faltan unas 35 páginas para que el manga se termine. A partir de ahí, un personaje intentará rescatar a Testu de este espiral sin fin de muerte y obsesión, en otro volantazo que nunca me vi venir. No quiero spoilear nada del final, simplemente decir que en 144 páginas, Bomba! te lleva a experimentar muchos estados de ánimo distintos, visita tópicos de distintos géneros y guarda siempre un as bajo la manga para que la tensión y la sorpresa nunca escaseen. El trabajo del Manga no Kamisama en la faz gráfica es demoledor. Me imagino las caras de los pibes que compraban la revista Bessatsu Shonen Magazine cuando se encontraron con esto. Acá hay experimentación y expresionismo al palo, en la planificación de las secuencias, en la elección de los ángulos y en la composición de las viñetas. Tezuka juega al claroscuro como nadie y tira magia con el trazo, con la mancha y con la aplicación de los grises. En algún momento se pasa de rosca y dota a algún personaje secundario de expresiones faciales demasiado caricaturescas, mucho más acordes a un manga humorístico que al drama turbio que presenta en Bomba!, pero bueno, recordemos que todavía trabajaba para una revista de shonen. Si te bancás la oscuridad, el enrosque y la total falta de escrúpulos del protagonista, Bomba! te va a enganchar con la arrolladora fuerza del dibujo y con una trama retorcida, donde no todo tiene explicación, pero que te va a poner nervioso y te va a sorprender varias veces.
Salto a Bélgica, para leer un álbum de Comanche titulado "El Prisionero". ¿Qué es esto? Son historias escritas y dibujadas por el maestro Hermann que, debido a su extensión, no entraban en los álbumes comunes. Es lo que los franceses llaman un "hors serie" (fuera de serie). En este caso, con unas ilustraciones magníficas y cinco historietas breves. Las dos primeras se publicaron en 1972, en la revista Tintin Selection, y están claramente pensadas para aparecer en un formato mucho más pequeño que el que eligió Planeta Comic para este álbum. Al agrandar las páginas, tenemos pocos cuadros enormes y el trazo de Hermann se ve más grueso, casi grotesco. A esto sumémosle que (como ya vimos hace un par de años en los álbumes de Yugurta) en 1972 Hermann no dibujaba ni en pedo tan bien como unos años más tarde. De todos modos, la primera historieta (la que da título al álbum) es buenísima. La segunda (Recuerda, Kentucky...) ya no tanto. Después tenemos una historia corta de 1979, publicada en la Tintin Special. Son apenas ocho páginas, pero no están agrandadas, y además acá el trazo de Hermann ya brilla casi como en su mejor momento. El guion también es hermoso, y cuenta una anécdota del pasado de Red Dust y Ten Gallons que no se había revelado hasta ese entonces. Y finalmente, dos historietas de una página cada una, muy locas porque son básicamente chistes con los personajes del Ranch 666. Estas están dibujadas en 1982, cuando Hermann ya la rompía toda. Lamentablemente el álbum no brinda ninguna data acerca de las historietas, las fechas y las revistas donde aparecieron originalmente. Yo las encontré en un artículo de un colega español en Zona Negativa. Una verdadera cagada que se arme un álbum así, de rejunte de material disperso, y no te digan de dónde lo sacaron. Pero si sos fan de Comanche, o de Hermann, muy probablemente desconocieras la existencia de estas historietas, y en ese caso El Prisionero es un gran complemento para tu colección de álbumes del ídolo belga. Si nunca leíste historietas de Comanche y no tenés idea de quién es Red Dust, no recomiendo empezar por acá. Y si no te gusta el western, obviamente tampoco. Este libro es para el fan termo de Comanche o para el fan termo de Hermann. Nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, se vienen nuevas reseñas acá en el blog. Ah, y el domingo no votes a ningún fascista, por favor.

miércoles, 9 de agosto de 2023

TARDE DE RESEÑAS

Arranco sin preámbulos con el Vol.2 de A Walk Through Hell, la segunda mitad de esta obra de terror psicológico realizada por el irlandés Garth Ennis y el croata Goran Sudzuka para la editorial yanki AfterShock. Ante todo, quiero dejar sentado lo grosso que es el dibujo de Sudzuka, lo bien que adapta su trazo a estos climas más densos y más ominosos que le impone el guion, el cuidado por los detalles, el trabajo impecable en las expresiones faciales... Se supone que la gente compra este comic por Garth Ennis, pero el trabajo de Sudzuka es realmente monumental, consagratorio. Cuando el clima de la historia lo pide es sutil, y cuando Ennis se va al carajo con lo que narra, el croata lo acompaña y hasta le sube la apuesta. Sudzuka demuestra en estas páginas que con esa línea elegante tipo Ernesto García Seijas también se puede retratar el horror y la sordidez. Y Ennis, especialista en buscar el horror y la sordidez por el lado del gore y la violencia más brutal, acá encuentra la forma de causarnos escalofríos de un modo más sutil, incluso más perverso. Por supuesto hay gore y escenas macabras y shockeantes. Pero están dosificadas de tal manera que impactan de un modo más cruel, más maligno que si esto fuera un festival de sangre y decapitaciones. Al guionista le interesa explorar el laberinto de la perversión humana, de la manera más perturbadora posible, y acá logra ese cometido sin necesidad de irse a la mierda con la violencia. Esta vez el camino elegido es el enrosque, la tortura psíquica a la que somete a Shaw, la agente del FBI con problemas de alcoholismo que rápidamente queda en el centro de la "acción"... entre comillas, porque es bastante escasa. Esta no es una historieta de tiros ni de machaca, sino de exploración de las áreas más oscuras y abyectas del alma humana. Ennis y Sudzuka salen muy bien parados de un experimento difícil, donde el terror es más psicológico que físico, donde el pasado de los personajes juega un rol importantísimo, y donde nada se resuelve como el lector espera. A Walk Through Hell es un comic 100% adulto, por momentos muy perturbador, que no cualquier editorial se anima a publicar. Entre la vida y la muerte, entre la lealtad y la traición, entre la integridad y la corrupción, entre el horror físico y el enrosque mental, los autores nos proponen una historieta espesa, jodida, un viaje por los rincones más oscuros de la psiquis no sólo del villano, sino incluso de los supuestos héroes que lo enfrentan. No quiero contar nada del argumento para no spoilear, porque leer el Vol.2 de A Walk Through Hell sabiendo cómo se explica todo lo que en el Vol.1 era misterio y ambigüedad puede ser un garrón. Alcanza con contarte que tanto el villano como un personaje secundario del Vol.1, en este segundo tomo cobran una dimensión tremenda, y que hay que acercarse a esta obra preparados para sufrir en carne propia una tensión que por momentos resulta asfixiante. Nada más, porque no le quiero cagar a nadie la experiencia de internarse en esta cátedra de maldad del maestro Ennis.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando Comic.ar publica un trabajo de dos autores a los que yo nunca había oído nombrar: el guionista Javier Del Romero y el dibujante Juan Manuel Terradas. De la labor conjunta entre ellos surge Niño Guapo, una novela gráfica de casi 80 páginas ambientada en Buenos Aires, en 1930, sobre el final de la presidencia de Hipólito Yrigoyen que quedará trunca a causa del primer golpe militar de nuestra historia. El contexto político no es para nada imprescindible para entender lo que sucede en Niño Guapo, pero sobre el final del libro un texto profundiza en este momento histórico, por lo que supongo que para los autores fue determinante a la hora de plantear la trama. Básicamente, Niño Guapo cuenta una historia de amor prohibido entre un jockey que corre carreras en el hipódromo de Palermo y el joven hijo de un potentado miembro de la alta sociedad porteña, propietario (entre otras cosas) de los caballos que monta el jockey. Entre los perfumados palacetes de la oligarquía y las hediondas caballerizas del hipódromo, Del Romero urde una cautivante trama de romance clandestino entre Faustino y Lisandro, en la que brillan los diálogos (perfectamente en sintonía con cómo se hablaba en Buenos Aires en aquella época) y que funciona como un retrato muy logrado de lo que era la clase alta argentina en los tiempos de Yrigoyen. Una muy grata sorpresa, porque -repito- jamás había leído nada de este guionista y, si este es su primer trabajo, estamos hablando de una opera prima realmente consagratoria. El dibujo de Terradas me gustó bastante menos, no lo veo al nivel que exigía el guion de Del Romero. Sin dudas hay un trabajo muy logrado en el color, pero no alcanza para ocultar ciertas falencias en la anatomía, en la gestualidad de los personajes y hasta en algunas perspectivas. No está mal, no es un desastre ni mucho menos, pero me parece que el guion ameritaba la entrada en escena de un nombre con más trayectoria, o por lo menos más solidez en el dibujo de la figura humana. Esto mismo dibujado por -por irme a un extremo- Gabriel Ippóliti, sería una obra maestra. Así como está, rescato el tratamiento del color que ofrece Terradas, con momentos de gran belleza y una sutileza digna de Miguelanxo Prado, pero me parece que no le hace justicia a un guion muy notable. Muy loco cómo, en un contexto de crisis editorial, Comic.ar vuelve a apostar por autores nuevos y obras nuevas, en vez de ir por lo seguro. No sé cómo le habrá ido en ventas a Niño Guapo, pero a mí me sirvió para poner a Javier Del Romero en el mapa de los guionistas a los que me interesa seguir en futuros trabajos, que ojalá se publiquen pronto. No mucho más, por hoy. Voy lento con las lecturas, es cierto, pero es lo que hay. Nos reencontramos ni bien tenga un par de libritos más para reseñar, acá en el blog.

sábado, 5 de agosto de 2023

ERA UN SÁBADO A LA NOCHE

Acá estamos otra vez con algunas reseñas de material que leí estos últimos días. Allá por el 01/06/17 le dediqué un parrafito a Un Fortín en Dancalia, un episodio de Los Escorpiones del Desierto que acababa de leer. Ahora esa misma historieta aparece con el título "Palas dancalí" en el Vol.2 de Los Escorpiones del Desierto publicado por el Fondo de Cultura Económica. Y con cambios muy conspicuos: primero, esta edición en vez de armar la mayoría de las páginas con 12 viñetas, las arma con seis. O sea que la misma historieta ocupa el doble de páginas y cada viñeta se ve mucho más grande. Eso está buenísimo, porque se ve mucho mejor el trabajo de Hugo Pratt, y hasta se nota más la diferencia de trazo en los personajes (dibujados por el Tano) y en los tanques, aviones y jeeps (dibujados por sus asistentes). El otro cambio muy notorio es que acá la traducción está hecha en México, no en España, y lamentablemente en la edición argentina no se les ocurrió reemplazar los modismos mexicanos que aparecen en los diálogos, ni con castellano neutro, ni con modismos de nuestro país. Leer al Teniente Koinsky y el resto de los personajes hablando como si fueran mexicanos es una experiencia bastante frustrante. También, al agrandar mucho las viñetas, cobra mucho peso visual la tipografía que se usó para los diálogos, que no es para nada de mi agrado. Fuera de eso, "Palas dancalí" es una historieta excelente, fruto de un Pratt inspiradísimo. Me detonó el cerebro la aparición de Tenton, el militar que ya había aparecido en Ana de la Jungla (ver reseña del 22/02/23) y en un episodio de Corto Maltés. Creo que no hay otros personajes que atraviesen tres obras distintas de Pratt y esto le da a Tenton una enorme chapa dentro del universo del glorioso autor veneciano. El tomo incluye también una segunda aventura más breve (40 páginas) titulada "El salón del martini seco", que es básicamente un epílogo largo a "Palas dancalí", en el que Pratt nos cuenta cómo sigue la historia de Koinsky y De la Motte, dos de los pocos personajes que llegan vivos al final del primer tramo. Esto tiene un único atractivo que es la entrada en escena de un personaje secundario muy copado, el Mayor Fanfulla (nada que ver con la obra de Pratt que reseñamos el 07/06/15). No mucho más, realmente. Es un argumento breve muy estirado, con muchas secuencias que no hacen avanzar la trama en lo más mínimo, a veces con algo de acción, a veces con larguísimos diálogos que no tienen mayor relevancia para la narración, pero que Pratt utiliza para delinear un como mejor a los personajes. Lo grosso de todo esto es que se editó en Argentina y en libro "Palas dancalí", uno de los momentos realmente potentes de Los Escorpiones del Desierto. El resto, todo sanata. Tengo también el Vol.3 (con las últimas aventuras de Los Escorpiones que llegó a escribir y dibujar Pratt) y prometo leerlo lo antes posible.
Me voy a la hermana República Oriental del Uruguay, donde el año pasado los autores agrupados en la AUCH (Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta) iniciaron su segundo arco de cuatro antologías: el primero fue el de las estaciones del año (creo que vimos los cuatro libros, acá en el blog) y ahora vamos con los elementos de la naturaleza, una tetralogía que se inicia con Fuego. Una vez más, convocaron a alguien "de afuera" para que eligiera los trabajos que se incluyen en el álbum, y esta vez la tarea recayó en la autora argentina Paula Andrade. Veamos qué historietas de autores charrúas decidió Paula que tenían que estar en Fuego. La primera historieta, a cargo de Gabriel Cardozo, está bastante bien, excepto por una viñeta de la página 4 que es un calco literal de otra que ya vi en otra historieta que ahora no logro precisar (el problema de leer muchas). La segunda (una de El Viejo, a cargo de Alceo Thrasyvoulou y Richard Ortiz) es brillante, probablemente lo mejor de la antología. Ocho páginas concisas, punzantes, donde no sobra ni falta nada. La tercera, a cargo de Alejandro Rodríguez Juele, no está mal, pero no tiene mucho que ver con el tema del fuego, conecta apenas con la consigna de la antología. Lo mismo pasa con la de Fernando Ramos. Es una muy buena historieta documental, con datos valiosos acerca de cómo el reinado de Pablo Escobar Gaviría sobre el narcotráfico colombiano transformó para siempre a ese país, pero no tiene un choto que ver con la temática del resto del libro. El dibujo, muy pendiente del realismo fotográfico, no me emocionó mucho, pero me doy cuenta que la elección de ese estilo refuerza el carácter documental de la historia que cuenta Ramos. En sus páginas, Fiorella Santana hace gala de su trazo elegante y sugestivo, pero la narrativa se me hizo un poquito confusa y el argumento no me llegó a atrapar. A nivel dibujo, el impacto más fuerte me lo causó Martín Pouso, con su historieta "Lo Chiamano Fuoco", que tiene todo que ver con la consigna del libro. Acá vemos a un autor que maneja las masas negras de una manera increíble, muy original, sin descuidar el equilibrio de la página, a la que le mete también blanco y unos grises alucinantes. Lástima que le falta un poco de claridad en el relato, en el armado de las secuencias. El resto, muy grosso. Otro dibujante técnicamente zarpado pero al que le cuesta la parte de narrar con imágenes es Maan House, quien aparece con una historia escrita por Silvio Galizzi, bien oscura, fuerte, una fantasía dark bien pensada, pero que no se termina de disfrutar por esta falta de fluidez en el relato, que parece estar compuesto por fotos, más que por cuadritos de historieta. Y cierro con una nueva colaboración entre Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz (ya vimos varias acá en el blog), quienes se proponen recontar en son de joda el mito de Prometeo, el hombre que le robó el fuego a los dioses del Olimpo. El dibujo de Hansz es siempre muy efectivo y varios chistes (no todos) me causaron gracia, así que está bien. La edición es muy linda, la portada de Richard Ortiz es excelente, y en general es una antología disfrutable, un buen punto de entrada para el que no sabe un carajo de historieta uruguaya y quiere empezar a explorar qué es lo que se está produciendo hoy en la otra orilla del Río de la Plata. Nada más, por hoy. Gracias por estar y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas.

miércoles, 2 de agosto de 2023

SHOWCASE PRESENTS GHOSTS Vol.1

Me devoré otro bruto masacote de más de 500 páginas, que recopila los primeros 18 números de Ghosts, una revista de terror y misterio que DC empezó a publicar allá por 1971 y que -no preguntes cómo- duró once años y 112 ediciones. A diferencia de las antologías de misterio que coordinaba Joe Orlando, en esta (coordinada por Murray Boltinoff) no tenemos un personaje fijo que sirva de anfitrión, ni remates que van para el lado del humor negro, ni guiones mínimamente atractivos. Hay muchos guiones cuyos autores se desconocen y cuando se sabe quién es el autor, casi siempre aparece el nombre de Leo Dorfman, quien trabajara asiduamente en los títulos de Superman durante la etapa de Mort Weisinger. Las historias son poco originales y repiten bastante la fórmula del avechucho que se quiere quedar con algo que no es suyo, para sufrir un castigo de ultratumba a manos de sus víctimas; o el escéptico que no cree en lo sobrenatural y de pronto sucede algo que claramente va para ese lado, o cosas así. Lo mejor que se puede decir de los guiones es que hay una constante bajada contra el imperialismo: cada vez que un yanki o un europeo trata de pasarse de vivo para cagar o rebajar a un aborigen de cualquier tribu (de Centroamérica, Estados Unidos, África o Australia), termina muy mal. Incluso hay guiones muy críticos de la intervención colonial en la India, y hasta uno ambientado en plena guerra de Vietnam, que se estaba combatiendo en el momento en que se publicaban estas historietas. Y por supuesto, unas cuantas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial en las que los nazis son muy malos y les suele ir como el culo por pasarse de ambiciosos o de crueles. En uno de estos relatos de la Segunda Guerra Mundial (publicado en el nº9 de Ghosts) aparece algo que hasta ahora no habíamos visto en estas antologías "de género": un soldado negro en las filas del ejército yanki. Por primera vez tenemos a un negro que no es parte de una tribu cuasi-salvaje de África, Oceanía o Centroamérica. Es un personaje sin nombre, que aparece en tres viñetas y no abre la boca. Pero por lo menos no es un aborigen, ni un hechicero vudú, ni un esclavo que rema en un galeón. Algo es algo. Y ahora sí, vamos a lo interesante: los dibujantes. O por lo menos a los que participan con más frecuencia de esta antología. John Calnan es una especie de Jim Aparo de segunda marca, al que yo solía leer en las revistas de Batman de la segunda mitad de los ´70. Acá todavía le faltaba bastante, estaba lejos del nivel de Aparo (que dibuja una historieta hermosa en el nº1 y después... chau, suerte). Tony De Zuñiga dibuja poco, pero en general muy bien. Sam Glanzman, como siempre, le pone onda al dibujo sobre todo en los relatos con ambientación bélica, pero siempre le faltan cinco pa´l peso, sobre todo en los primeros planos de las caras. Jerry Grandenetti, otrora asistente de Will Eisner en The Spirit, acá dibuja raro: por un lado, opta por un estilo más caricaturesco, menos realista que el resto de los dibujantes. Y por el otro, parece entintar con un fibrón recontra-grueso, lo cual genera unos claroscuros atractivos, pero le complica un poco el equilibrio de la página. Tiene momentos más cercanos a un Jack Davis de la E.C., y otros donde se pasa de grotesco y parece un principiante entintando a los pedos, para sacarse el trabajo de encima. Jack Sparling, un dibujante que en general no me gusta, acá mete dos historias poco destacables y una (Caravan of Doom) en la que me sorprendió lo bien dibujada que está. Buddy Gernale es un dibujante al que nunca había oído nombrar y acá aporta unas cuantas páginas. Nada para destacar, realmente. Néstor Redondo y E.R. Cruz están en poquitos números, pero cuando aparecen, la rompen toda. Qué monstruos, ma-mita... Alfredo Alcalá también, colabora de manera espaciada, pero siempre con trabajos de gran nivel, con un trabajo notable de texturas. Ernie Chan (o Chua) es un dibujante que para mediados de los ´70 va a ser una bestia fuera de control. Acá se nota que todavía estaba un poco verde, porque no se lo ve ni cerca del nivel que ostentará unos años más tarde. Por el contrario, Gerry Talaoc va a transitar la segunda mitad de los ´70 con muchísima producción para DC, casi toda chata, aburrida, con un estilo para nada atractivo. Sin embargo, en esta antología lo vemos en muchos números y con historietas muy bien dibujadas, con un trazo elegante, angulaciones asombrosas, expresiones faciales muy logradas y un gran manejo del claroscuro. Andá a saber por qué en un momento se empezó a tirar a chanta. También hay trabajos bastante competentes, pero muy aislados, de George Tuska, Bob Brown y otro filipino elegante, Rico Rival, que por momentos parece una cruza enloquecida entre Redondo y Alex Niño. Los primeros cinco números de Ghosts eran revistas gorditas, de 52 páginas, donde además del material nuevo (y los avisos) solían verse algunas reediciones de historietas de misterio de los años ´50, también con guiones bastante intrascendentes, pero dibujadas por autores clásicos de aquella época, entre los que se destacan Curt Swan (un Swan más dark, muy interesante) y el siempre grossísimo Rubén Moreira. Nada más para destacar. Tengo un numerito suelto de Ghosts, muy posterior a esta primera tanda, porque trae una historieta dibujada por el maestro Leopoldo Durañona. Pero no me da para coleccionarla toda, ni aunque salieran más tomos como este, con chotocientas mil páginas en magnífico blanco y negro. Sigo adelante con las lecturas, así ni bien tengo liquidados un par de libritos, les dedico unas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

lunes, 31 de julio de 2023

AL FILO DEL FIN DE MES

Se termina otro Julio intenso, y llego justo a tiempo a postear una vez más, las reseñas de los últimos libritos que tuve oportunidad de leer. Empiezo en Inglaterra, año 1979, cuando en el semanario 2000 A.D. se empieza a serializar ABC Warriors, una creación del maestro Pat Mills por la que (en esta primera etapa) pasarán dibujantes de la talla de Kevin O´Neill, Dave Gibbons, Brendan McCarthy, Mike McMahon, Carlos Ezquerra y Brett Ewins. Algunos van a aportar muy poquitas páginas y a otros los vamos a ver dibujar a los pedos, o en los albores de sus carreras, siempre lejos de su mejor nivel. Por lo menos en la faz gráfica, los resultados que exhibe este libro no están ni cerca de las expectativas que generan los nombres involucrados. Dentro de la decepción, McMahon es el que sale mejor parado. Y por ahí Gibbons, en segundo lugar. Pero todos tienen trabajos mucho mejores sin salir de la 2000 A.D.. Los guiones de Mills son entretenidos, muy violentos, con algunos diálogos graciosos, pero lo que falla -a mi criterio- es la estructura de la serie. Primero, el tema de los episodios de seis páginas con un continuará muy marcado, verdaderos cliffhangers, cuyo impacto se pierde con los constantes cambios de dibujante. Por ahí leídos de a seis páginas por semana no se nota tanto, pero en la recopilación se notan el caos y la redundancia. Y después la forma en que presenta la saga: en vez de arrancar con el equipo ya formado, Mills se manda para adelante con apenas tres personajes (Hammerstein, Happy Shrapnel y Joe Pineapples) y en cada una de estas primeras aventuras veremos cómo reclutan a uno de los miembros que faltan (hasta llegar a siete, por eso el tomo se llama The Meknificent Seven). En todos los casos se repite una misma fórmula: el personaje nuevo primero confronta con el grupo, luego es derrotado (casi siempre por Hammerstein) y finalmente se suma a los ABC Warriors tras jurarle lealtad al líder. Con el equipo ya completo, se viene un arco argumental bastante extenso ambientado en Marte (pensé que me iba a gustar más) y el álbum termina con tres episodios en los que los ABC Warriors prácticamente no aparecen: 18 páginas de presentación de quien será su próximo oponente... en un libro que no tengo y no sé si existe. Acá hay muy bienvenido cambio en el ritmo del relato, con mucha atención para presentar a George como un personaje atractivo y complejo, no como un mero obstáculo al que Hammerstein y los suyos van a eliminar en seis páginas de combate al palo. Así que me quedé con ganas de ver cómo se resuelve el plot de George. Una pena, porque cuando la cosa se pone un poquito mejor, se termina. Igual estuvo bueno que, en su línea de tomos recopilatorios de material de la 2000 A.D., DC publicara el inicio de esta legendaria serie de Pat Mills. Sigo a la caza de más tomos de esa breve pero muy lograda colección.
Me voy a Japón, año 2015, cuando Usamaru Furuya (a esta altura, un fetiche de este blog) publica Quiero ser Asesinado por mi Alumna, un manga cuyo primer tomo se editó hace no mucho acá en Argentina. De nuevo, el dibujo no me convenció. No es choto, pero no está al nivel de lo que vimos en otros trabajos de Furuya. De todos modos no es óbice para disfrutar de lo más interesante que tiene este manga, que es el argumento. ¿Querés problemas mentales? Acá tenés un tipo de 34 años que se calienta con la fantasía de ser estrangulado por una chica de 16, y no cualquier chica, sino una que sufrió violencia intrafamiliar en la infancia y desarrolló una segunda personalidad, más áspera y jodida, que emerge cuando la personalidad "principal" entra en crisis. Por si faltara algo, esta chica es muy amiga de otra colegiala que sufre un trastorno de comportamiento que le impide interactuar en grupos, percibir los sentimientos o emociones ajenas o expresar los propios. Además, tiene una inteligencia infinitamente superior a la del resto de los alumnos de la secundaria a la que asiste. No pasa mucho más en este primer tomo, fuera de la presentación de los protagonistas y del plan de Haruto para encontrar la muerte a manos de Maho, en parte porque Furuya decide plantear el conflicto desde el punto de vista de cuatro personajes distintos. Sobre el último tercio del tomo, la trama empieza a avanzar y sin dudas el suspenso y el enrosque logran un in crescendo notable, que logró ponerme nervioso. Furuya ya demostró que tiene una mirada única, sumamente perturbadora, acerca del mundo de los chicos y chicas que cursan la secundaria en Japón, con lo cual está todo dado para que el espesor de esta trama se vuelva asfixiante. Me llamó mucho la atención el hecho de que la edición argentina esté traducida al neutro (en este caso por Guadalupe Domínguez). Parte de lo que me hace disfrutar tanto los mangas de Ivrea que compro, leo y reseño en este espacio, es la traducción con modismos argentinos. Y acá los eché mucho de menos. Si fuera un manga de samurais, me chuparía un huevo leerlo en neutro. Pero esto, que busca todo el tiempo la complicidad de un lector al que le resulta familiar el entorno de los adolescentes y los profes del secundario, se disfrutaría más si los personajes hablaran como nosotros. Ojo: por ahí estoy hablando pelotudeces y la editorial Merci compró los derechos para distribuir esta edición en cuatro o cinco países más de Latinoamérica donde se habla un castellano muy distinto al nuestro. La verdad que no lo sé. Pero si es una edición sólo para Argentina, la decisión de traducir los diálogos al neutro me parece bastante desacertada. De todos modos, quedé enganchado con la historia, a la espera de la continuación. Y nada más por hoy. Recomiendo una vez más pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y bajarse la Comiqueando Digital nº7 por menos de lo que vale una docena de facturas. Posta, vale la pena. Gracias y nos reencontramos el mes que viene, acá en el blog.

miércoles, 26 de julio de 2023

TARDE DE MIÉRCOLES

Hoy a las 22:30 hs, en el canal de YouTube de Comiqueando, tenemos una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, el programa que conduzco yo, pero en el que pueden participar tod@s l@s que quieran hacerlo. No se lo pierdan, que va a estar buenísimo. Vamos con las reseñas, que de eso se trata este espacio: Arrancamos en 1998, con la edición brasilera de Caatinga, un álbum autoconclusivo escrito y dibujado por el maestro Hermann. ¿Por qué carajo lo leí en portugués? Podría chamuyar y argumentar que se debe a que la historia transcurre en Brasil, pero la verdad es que busqué este libro mucho tiempo, y lo quería tener en castellano o en francés. Finalmente me ofrecieron la edición brazuca y dije "bueno, dale", como prueba de lo fácil que soy. Hermann nos lleva de nuevo al Sertao, a la peligrosa tierra de los cangaceiros, que ya visitamos (por ejemplo) el 13/03/13 de la mano de Danilo Beyruth, o en aquel clásico de Hugo Pratt conocido en castellano como "La Macumba del Gringo", o en "Pier el Corso", del maestro Gianni Dalfiume. Claramente la época (principios del Siglo XX) y el lugar (nordeste de Brasil) son propicios para la aventura, y Hermann no se la quería perder. El resultado es un álbum de 48 páginas, que tiene un único problema: el final es un poco abrupto, como si al maestro se le hubiesen acabado las páginas de golpe, antes de llegar a darle el toque final que redondeara un poquito más la epopeya de Diamantino y Manuel. Toda la gran movida que viene armando Clovis Mendes a lo largo de muchas páginas se desactiva en muy pocas viñetas, en las que lo más importante (el exterminio de los cangaceiros por parte de las milicias estatales) sucede fuera de cámara. No se puede discutir que es un final original: cualquier otro autor nos hubiera mostrado esa masacre con Diamantino y Manuel involucrados de lleno en la acción, dispuestos a dar su vida, y probablemente el álbum hubiese terminado así, con los protagonistas muertos tras el cruento combate. Pero no. Caatinga nos ofrece otro final, distinto, menos predecible y también mucho menos impactante que este que flasheaba yo a medida que pasaba las páginas. En el medio, hay mucha acción y sobre todo mucha violencia. Lo que empieza con una boludez (un pibe pobre le afana una cabra a un hacendado rico) va in crescendo hasta convertirse en un huracán de muerte y sangre que impulsa a Diamantino y Manuel hacia terrenos inciertos, donde van a encontrar más muerte y más sangre. Y además, una causa y un destino, de la mano de estos bandoleros duros, curtidos por un terreno y un clima extremos y despiadados. Los muchachos se van a convertir en hombres, en soldados y hasta en héroes en una cantidad bastante breve de páginas, en las que Hermann maneja con maestría el ritmo del relato. Esto mismo, narrado por Robin Wood en una serie para Columba, tomaría no menos de 15 episodios de 14 páginas. Y por supuesto, como suele suceder cuando hablo de obras de Hermann, lo que más me emocionó es el dibujo del maestro belga. Su puesta en página clásica, su narración cristalina, su anatomía impecable, su trabajo demoledor en materia de documentación histórica y -por sobre todo lo anterior- la magia de sus pinceles a la hora de colorear la historieta. La paleta de Hermann hace que Caatinga pase de ser una buena historieta a ser una maravilla del Noveno Arte. Muy recomendada para los fans del ídolo, o de las buenas aventuras para adultos, en general.
Vamos con una historia gloriosa, pero con final triste. Muy poca gente en el habla hispana conoce (y menos aún escribe sobre) Cul de Sac, una tira humorística creada por el estadounidense Richard Thompson a principios de 2004, para The Washington Post. Al principio eran tiras dobles, como la mayoría de las dominicales, coloreadas con acuarelas. Después, en 2007, Cul de Sac se convirtió en una tira diaria que aparecía en blanco y negro de lunes a sábados y a color (también en formato de tira doble) los domingo, ya no en un solo diario, sino en muchos. Hasta que en 2012, Thompson anunció que dejaba la tira por problemas de salud que terminarían con su muerte en 2016, con sólo 58 años. El año pasado conseguí el libro de 2008 que reúne la etapa original de Cul de Sac, y un montón de tiras de cuando pasa a aparecer en un muy buen número de diarios. Y por si faltara algo, un prólogo de Bill Watterson. Obviamente mi primera reacción cuando empecé a leer las tiras fue "la puta madre, ¿cómo tardé tantos años en descubrir que existía esto? ¿Cómo nunca leí artículos de gente que lo recomendara? ¿Cómo nunca se tradujo al castellano?"... en fin, llo habitual en estos casos. ¿Y por qué esta reacción? Porque Cul de Sac es una tira BRILLANTE. Thompson pone como protagonista a una nena de cuatro años que va al jardín de infantes, y alrededor de ella construye un elenco en el que están sus padres, su hermano, sus compañeritos de sala, su maestra, sus vecinos... de a poco te das cuenta de que todo Cul de Sac (que así se llama el barrio cerrado donde viven Alice y el resto) le brinda al autor material para las tiras. Thompson mezcla con maestría el humor delirante que surge de escuchar hablar a los nenes de cuatro años, con un humor más elegante, más sofisticado, y con sutiles pinceladas de sátira social. No es una tira tan existencialista ni tan mala leche como Pearls Before Swine, ni tan tierna como Mutts, pero tiene cosas de ambas. Estamos frente a un autor muy versátil, que claramente conoce el mundo de los nenes de esa edad, y sabe potenciarlo con el contexto de la familia yanki de clase media, el consumismo berreta, los shoppings horribles de la periferia de las grandes ciudades, el tránsito fuera de control y aquel elemento que Charles Schulz nunca exploró y con el que Quino y Watterson hicieron maravillas: el contraste entre el mundo de los chicos y el mundo de los grandes. No quiero vender humo: si bien ganó un montón de premios (entre ellos un Harvey y un Reuben), Cul de Sac no está al nivel de Mafalda ni de Calvin & Hobbes, pero para lo que son las tiras de prensa en el Siglo XXI, es sin dudas un hito. Thompson tampoco dibuja tan bien como Quino o Watterson, pero su trazo (mezcla de Schulz, Watterson, Patrick McDonnell y Ben Katchor) recontra funciona para lo que nos quiere contar. Y te conquista al toque, sobre todo si empezás por las historietas pintadas con acuarelas, que son hermosas. Obviamente ni bien encuentre más recopilatorios de Cul de Sac, me tiro de cabeza. Y nada más, por hoy. Muchas gracias a quienes pasaron por comiqueandoshop.blogspot.com a descargar la Comiqueando Digital nº7, y a quienes todavía no lo hicieron, los esperamos con un número bestial de 360 páginas y unos contenidos audiovisuales exclusivos de un nivel mortífero. Nos vemos esta noche en Agenda Abierta, el domingo 30 en la MiraCon de Miramar, y volvemos a compartir nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.

sábado, 22 de julio de 2023

RESEÑAS DE SÁBADO POR LA NOCHE

Por fin tengo un ratito para escribir las reseñas de un par de libros que leí durante la semana. Incidenti (incidentes) es la primera obra larga de Lorenzo Mattotti en solitario, es decir, como autor integral. Son 64 páginas que el genio de Milán produjo en 1981, cuando su estilo todavía no estaba consolidado. Y en blanco y negro, lo cual es bastante loco. El dibujo es increíble. Por momentos se ve un esbozo de lo que va a ser el Mattotti definitivo, pero aparecen cosas raras. Un feísmo extraño, típico del under europeo de los ´70, una narrativa bastante similar a la de Didier Comés, momentos en los que la línea quiere parecerse a la de José Muñoz (hay un par de homenajes a Alack Sinner en el álbum, como para despejar dudas acerca de qué autores influenciaron a Mattotti en esta etapa) y de ratos aparecen esas texturas demencialmente sobrecargadas que asociamos con el primer Enki Bilal y la etapa más barroca de Moebius. Todo el tiempo se nota que el autor sabe lo que está haciendo, y cómo esas decisiones estéticas tienen que ver con cosas que nos quiere transmitir desde el dibujo. Incluso cuando quiere transmitir tantas cosas, que se mezclan mucho las técnicas y se produce cierta confusión, o indecisión en el aspecto visual de la obra. Pero si nos abstraemos de los tropiezos narrativos en los que puede incurrir un autor primerizo, hay que reconocer que Incidenti mantiene un nivel visual realmente notable, de punta a punta, y en un in crescendo que hace que el álbum llegue al final con el dibujo realmente prendido fuego. El guion es claramente un primer intento de un autor que no tenía mucha experiencia en el rubro: para ser un thriller tradicional tiene momentos demasiado crípticos, y para ser una historieta de vanguardia, o transgresora, está demasiado atada a una estructura de aventura convencional. Pero no es un guion choto. Tiene buenos diálogos, buenas secuencias mudas, la trama genera una cierta tensión, hay un espacio para meter toques de comedia, de romance, de slice of life... hay una intención de retratar (aunque quizás no en primer plano) esa Italia violenta y convulsionada de la bisagra entre los ´70 y lo ´80, hay un par de personajes (Lucio, Igor y Cicilia) que se desarrollan bastante a lo largo del álbum... No se puede decir que esté mal, aunque estemos lejos de lo ideal. Recomiendo la lectura de Incidenti a los fans de Mattotti, sobre todo para ver desde dónde arranca el ídolo la década de los ´80, que va a ser la de su consagración. ¿Por qué esto no está editado en castellano? La verdad que no encuentro respuestas. Pero es así: nunca salió ni en álbum, ni serializado "en fetas" en ninguna antología de historieta para adultos. Por suerte conseguí una muy buena edición italiana de los ´90 que abre con un prólogo alucinante del ya mencionado José MunDios.
Vamos a Estados Unidos, año 2018, cuando se forma un equipo increíble: el irlandés Garth Ennis y el croata Goran Sudzuka producen para la editorial AfterShock diez episodios de una serie llamada A Walk Through Hell, luego recopilada en dos TPBs. Este Vol.1 nos sumerge en las profundidades de un thriller psicológico espeso y sórdido, con algún tinte probablemente sobrenatural, y termina con un cliffhanger maligno, jodido como enema de chimichurri, así que prometo entrarle MUY pronto al Vol.2. El dibujo de Sudzuka es magnífico. Ese entintado un poquito más filoso, menos redondito, le queda muy bien, y el manejo de las masas negras es asombroso. Por momentos parece que vino Eduardo Risso a ponerle los negros a las páginas, porque se arman unos claroscuros impresionantes, y muy a tono con la impronta hiper-dark del guion. La verdad que no hacía falta colorear esta historieta, pero aún así el trabajo de Ive Svorcina (otro talento croata) está muy bien, no opaca al trazo de Sudzuka, ni intenta competir con él. Por momentos pareciera que Sudzuka buscara alejarse un poco de la senda de Eduardo Barreto y Ernesto García Seijas (los principales referentes siempre presentes en su grafismo) y lo logra de manera muy satisfactoria. Se lo ve más suelto que en otros trabajos y muy solvente a la hora de mantener la atención del lector a lo largo de prolongadas secuencias en las que solo vemos a gente hablando. Diez puntos, lo de Sudzuka, más allá de ese vicio de autor que trabaja hace mucho para las editoriales de EEUU que consiste en dibujar muy pocas tomas panorámicas, o con los personajes de cuerpo entero, y abusar del enfoque más de cerca, más pendiente de las cabezas de los personajes que del resto de la escena. El guion de Ennis me sorprendió muy gratamente. Primero porque nunca lo había visto escribir una historia de misterio sobrenatural ambientada en el presente (en este caso, en Los Angeles)... y sobre todo porque, si efectivamente A Walk Through Hell llegara a ser un thriller sobrenatural, no está presentado como Ennis presentaba las peripecias de John Constantine, sino como un relato de procedimiento policial. Más allá de sufrir con lo que les pasa a los agentes Shaw y McGregor en ese galpón gigantesco que parece estar habitado por algún tipo de entidad pesadillesca, el comic dedica muchas páginas a contar la previa: la vida de Shaw y McGregor en el cuartel del FBI donde trabajan, y su accidentada investigación para encontrar y meter preso a un sorete que dirige una red de pedófilos que secuestran, violan y matan pendejitos a lo largo de toda la Costa Oeste de EEUU. Por ahora, lo más importante, e incluso lo más shockeante, está ahí: en el procedimiento policial de los protagonistas. ¿Qué es lo que realmente pasa en ese galpón? Todavía es un misterio, que supongo que Ennis develará en la segunda mitad de la obra. Pero ya estoy muy enganchado, ya siento que conozco a fondo a los protagonistas, sobre todo a Shaw, un personaje con mucha más profundidad de la que le daba Ennis a las mujeres que escribía en los ´90. Incluso el villano me parece fascinante, un personaje totalmente tridimensional, humano, lo que lo hace mucho más aterrador. Nunca había oído hablar de esta obra, me enteré que existía cuando vi los dos TPBs en el stand de AfterShock en la última convención a la que asistí en EEUU. Pero por ahora, está realmente MUY bien, me parece un trabajo excelente de dos autores a los que admiro mucho, hace muchos años. Nada más, por hoy. Ya tengo otras lecturas avanzadas, así que en cualquier momento se vienen nuevas reseñas, acá en el blog. Y el miércoles a las 22:30, nuevo episodio de Agenda Abierta, en vivo para toda el habla hispana en el canal de YouTube de Comiqueando. Nos vemos ahí.

martes, 18 de julio de 2023

A TRATAR DE RECUPERAR EL RITMO

Bueno, ya terminé con el nº7 de Comiqueando Digital. Quedó una bruta bestia de 360 páginas, que ya se puede descargar por muy poca plata en www.comiqueandoshop.blogspot.com. No me alcanzan las palabras para recomendarla, de verdad. Así que ahora es tiempo de volver a esas cosas que tuve que dejar un poco de lado en estas últimas semanas, como por ejemplo el blog. Algo logré leer en estos días, así que vamos con un par de reseñas. Walt Disney´s Comics and Stories by Carl Barks Vol.31 es un tomito de 56 páginas que recupera cinco historias cortas de 1956, todas protagonizadas por Donald Duck y sus sobrinos, y -lo más importante- escritas y dibujadas por Carl Barks. Lo primero que me llamó la atención es la perfección narrativa de Barks. Cada página destila la esencia del lenguaje al que llamamos comic de una manera engañosa, que hace creer que contar historias en este medio es una boludez, o algo que se puede hacer de manera intuitiva. No había en 1956 y no hay hoy muchos autores que puedan ofrecer esa fluidez del relato entre las viñetas, ni dentro de las mismas. La elección de los planos, las expresiones faciales de los personajes, la plasticidad que adquieren cuando se mueven, la organización de la información dentro de la viñeta y hasta la colocación de los globos (sean de diálogo o de pensamiento) son impecables. Una página de Barks es como una orquesta sinfónica repleta de músicos virtuosos, donde todo suena armónico, perfectamente ensamblado, pero las canciones que interpretan son simples, gancheras, cortitas, cero pretenciosas, como si fueran estribillos pop, o jingles publicitarios. Los argumentos no son precisamente los más inspirados. No estamos ni cerca de aquellas gloriosas aventuras de Barks en las que Scrooge McDuck y sus sobrinos recorren el mundo en busca de tesoros imposibles. Estas son historias más cortas, más simples, en las que se repite una fórmula: Donald la va de canchero y queda como un pelotudo. Ya sea que inventa un negocio genial para llenarse de guita, o que le quiere dar una lección a Huey, Dewey y Louie, el resultado es siempre el mismo: por su propia ineptitud, por su ambición desmedida o por mala suerte lisa y llana, Donald termina humillado frente a sus sobrinos y frente a los lectores. ¿Es gracioso? Me imagino que para un pibe de 7 u 8 años de 1956, sí. A mí al principio me causó gracia, después ya no, porque se me hizo repetitivo el esquema. Pero la magia de Barks hace que incluso un argumento medio pelo resulte llevadero. El consejo (o la táctica) de acá en más es comprar sólo las historietas de Barks en las que el protagonista es Uncle Scrooge.
Retomé la lectura de Monster, la obra maestra del suspenso creada por Naoki Urasawa, cuyo Vol.2 vimos por acá el 7 de Marzo de este año. Una obra rarísima por cómo el autor estira hasta el infinito el conflicto central, y cómo se las ingenia para dilatar más y más su resolución. Lo que más me llamó la atención es que de pronto en Monster importa el corte entre capítulos, heredado de la publicación serializada, que generalmente cuando uno lee manga en tomos de 200 o 400 páginas, medio que te chupa un huevo, o hasta te molesta. Este animal mete los cortes de capítulo en lugares realmente malignos, donde el suspenso cobra dimensiones apoteóticas, o no: remata en cada final de capítulo una sub-historia con la que arma la historia mayor, al estilo Skorpio. Y acá hay sub-historias que duran un único capítulo (con principio, desarrollo y fin) y mini-arcos que duran dos o tres. Los primeros tres capítulos, por ejemplo, le sirven a Urasawa para desarrollar un arco (en una de esas intrascendente a la hora de la resolución) en el que reintroduce a Rudi, el psicólogo. Después hay un arco de varios episodios centrado en Nina, junto a un cana corrupto y Roberto, un personaje nuevo que va a cobrar relieve más adelante... en un arco protagonizado por Eva en el que Tenma va a tener un rol menor. Y para contarte en qué anda Johan mientras todo esto sucede, Urasawa te clava un arco de CUATRO capítulos, en los que presenta y desarrolla a Richard el detective, a Schuwald el viejo millonario, y a Lotte y Karl, dos estudiantes universitarios. Son páginas y páginas en las que no aparecen ni Tenma (que supuestamente es el protagonista) ni Johan, aunque la sombra de ambos está presente todo el tiempo. Lo increíble es que cada uno de estos personajes, por pequeño que sea su aporte a la trama central, está perfectamente presentado y desarrollado. Todos son tridimensionales, todos actúan como seres humanos, no como engranajes en un mecanismo narrativo. Incluso desde lo gráfico, cada uno tiene su identidad bien marcada, de modo que se arma un elenco de enorme diversidad, donde uno reconoce al toque a los distintos personajes. Así da gusto que te la estiren hasta el infinito, e incluso comerse amagues de que tal personaje murió, para después descubrir que en realidad no murió un carajo, sino que quedó herido, y demás yeites clásicos del melodrama. Entre la trama principal, las sub-tramas, los personajes que entran y salen de escena, los diálogos muy bien escritos (gran traducción de Agustín Gómez Sanz), las revelaciones impactantes brillantemente dosificadas, los escenarios que recorre la saga y las (no tantas) secuencias de acción, Monster me atrapó a lo largo de otras 400 páginas, en las que probablemente el conflicto principal no haya avanzado ni un milímetro. Pero un poco lo que propone Urasawa es eso: relajarse y disfrutar del viaje, sin estar tan pendientes de cuándo llegamos o a dónde vamos. Tengo más libros de este genio irrepetible del manga en el pilón de los pendientes. Y nada más, por hoy. Haceme caso, descargate la Comiqueando Digital, que la vas a disfrutar enormemente. Nos reencontramos pronto por acá y el domingo 30 en Miramar, donde voy a asistir a la tercera edición de MiraCon junto a ídolos de siempre como Enrique Breccia, Cacho Mandrafina, Quique Alcatena, Jok, Kundo Krunch y varios monstruos más. Gracias y hasta entonces.

lunes, 10 de julio de 2023

NOCHE DE RESEÑAS

Otra breve pausa en el laburo interminable de la Comiqueando Digital, que aprovecho para redactar las reseñas de las últimas historietas que leí. Empiezo en Suecia, nada menos, con la antología From the Shadow of the Northern Lights, un poderoso tomo de 200 páginas en el que los muchachos de la revista Galago (muy identificada con la historieta experimental, rupturista o simplemente alternativa) se toman el trabajo de traducir al inglés 26 historietas de autores y autoras de Suecia, para que las podamos disfrutar los que no leemos ese extraño idioma. El libro es de 2008, y quizás en los últimos 15 años el panorama haya cambiado un poco, pero acá lo que se ve es material muy, pero muy pegado al comic alternativo que se hacía en ese tiempo en Norteamérica. Este mismo libro podría haber salido en Drawn & Quarterly, o en Fantagraphics, con las mismas historietas, simplemente cambiando los nombres de los creadores suecos por nombres en inglés (y alguno en francés). No veo una "identidad sueca", una impronta que de alguna manera englobe a los autores... y tampoco me parece mal que no la haya. El tema es que muchos y muchas terminan en la bolsa de "el Peter Bagge de la B", "el Johnny Ryan de la B", "el Adrian Tomine de la B", o "la Jessica Abel de la B", porque obviamente al vivir y publicar en Suecia nunca van a trascender como lo hacen los autores norteamericanos. Es como que venga un yanki a visitar Argentina y en vez de mate le den Manaos. Dentro de esa limitación, me encontré con un puñado de historietas impublicables, otras brillantes, y unas cuantas que están bien dibujadas pero me contaron cosas que no entendí o no me interesaron, como suele suceder en las antologías de comic alternativo. Lo más destacado: el humor mala leche de Sara Granér, la historieta de Simon Gärdenfors, el dibujo de Benjamin Stengard (una especie de Thomas Ott putrefacto), la magia visual de Knut Larson, la historieta de Tom Karlsson (que me hizo acordar a los unitarios de Pez en la Fierro clásica), el dibujo y la narrativa de Loka Kanarp, la historieta de Lars Sjunnesson, el dibujo de Marcus Ivarsson, la historieta de Ruben Dahlstrand (bizarra y adictiva cruza entre Charles Burns y Craig Thompson), el dibujo de Joakim Pirinen... y lo más logrado lo encontré -con justicia- en la historieta más larga del tomo, las 24 páginas de Fabian Göranson, un capo que no tiene nada que envidiarle a ningún autor del palo alternativo de ningún punto del planeta. Göranson es el Zlatan Ibrahimović del comic, un sueco que puede ser figura en cualquier equipo importante de Europa o de Norteamérica. No sé si me enloquece la idea de salir a buscar el Vol.2 de From the Shadow of the Northern Lights, pero con este tomo la pasé bastante bien y descubrí a unos cuantos monstruos que no tenía en el radar. Tampoco sé cuántos de ellos siguen activos 15 años después, porque la historieta alternativa es muy ingrata y suele expulsar talentos hacia la animación, la ilustración, el diseño o el expendio de frutas y verduras en puestos callejeros. Pero lo grosso es que el libro funciona muy bien como muestrario de unos cuantos trabajos realmente interesantes.
Me vengo a Argentina, Enero de 2023, cuando Pictus reedita a todo color el librito de Merlín que vimos acá en el blog el 11/01/16 y le agrega las 72 páginas de la segunda aventura de esta serie para redondear un hermoso libro de 144 páginas. En la reseña del Vol.1, un pelotudo escribía: " A los efectos de captar lectores jóvenes, quizás convenía colorear esta saga, pero eso le habría restado impacto al dibujo de Jok". Pindonga. El color no sólo no resta nada, sino que suma muchísimo. Gran acierto haberlo incluído esta vez. Y el dibujo de Jok, que en el primer tramo es excelente... en el segundo mejora aún más, a medida que el titán de la tinta encuentra un trazo un poquito más sintético, menos sobrecargado. Muy notable, lo de Jok, que jamás se tira a chanta, jamás pone su virtuosismo por sobre la función narrativa del dibujo, y cuando lo dejan volar e imaginar, te enloquece con sus diseños de monstruos y sus secuencias oníricas. La saga de Merlín y Héctor además, es un gran vehículo para que Jok y Rodolfo Santullo (el guionista de la obra) recuperen la ambientación medieval/ fantástica de Ladrones y Mazmorras en la que los vimos desenvolverse con total comodidad, aunque esta vez la aventura es un poco más solemne, menos ida al carajo en materia de comedia de enredos, retruques verbales graciosos, etc.. Este es un Santullo un poco más serio, que combina tramas bastante dramáticas, incluso por momentos sórdidas, con elementos del misticismo medieval británico que aportan el toque de fantasía. El combo funciona muy bien y, como en 2016 cuando leí el primer tomito, me dejó pidiendo más Merlín. Hay algo en este tipo de aventuras clásicas, sólidas, sin saltos al vacío, que resulta irresistible, aunque uno ya sepa que los buenos no van a morir en ninguna de las peripecias u ordalías que les plantee el guion. En el caso de Santullo, además, está el mérito de lograr que uno se encariñe rápidamente tanto con el porquerizo con destino de brujo como con el ladrón con destino de héroe. Este es un material realizado para una revista de Inglaterra apta para todo público (un toque menos salvaje que la 2000 A.D., ponele), que estaba en parte inédito en castellano. Por eso es tiene también el valor de los grandes rescates editoriales. La única cagada es que se lee muy rápido... y ese es un tema para poner sobre el tapete y (eventualmente) discutirlo con autores y editores: compro un libro de casi 150 páginas, me gasto ocho lucas, me lo liquido en 20/25 minutos... ¿qué onda? ¿No es muy poco? Sí, puedo releerlo 100 veces, flashear horas y horas con los dibujos de Jok, pero la experiencia fuerte, que es la lectura inicial, se me pasó volando. No sé si la fórmula consiste en triplicar la cantidad de texto en cada página y exigirle a los guionistas que metan unos masacotes tipo Columba de los ´70... pero me parece que algo habría que inventar para que semejante inversión rinda un poquito más en cuanto tiempo de lectura. La dejo picando y me vuelvo a sumergir en la Comiqueando Digital. Creo que va a estar terminada el lunes 17. Estén atent@s, que se viene un número monumental, con 360 páginas. Gracias y hasta pronto.

martes, 4 de julio de 2023

RECREO DE RESEÑAS

Le escapo un ratito a la esclavitud de estar todo el día dalequetedale, metido hasta el ojete en el diseño de la Comiqueando Digital, para redactar las reseñas de un par de libritos que logré leer en ratos de ocio, o en viajes en bondi. Empiezo con un libro que poca gente sabe que existe, editado en Argentina en 2002, tiempos en los que "la historia oficial" de nuestro medio dice que no se editaba historieta en este país. Este es un libro en el que el guionista Raúl Echegaray y el dibujante Ricardo Garijo (al que quizás alguno recuerde por Lomax, recopilada en libro hace no tantos años) construyen varios relatos basados en las memorias de Antonio Pedraza. Este señor era un librero y un personaje destacado de la cultura de la ciudad de Tandil, esa que nos diera varios tenistas brillantes y un presidente lamentable. El libro se llama Diario de Plaza Moreno, y aparentemente ese título también fue utilizado por Pedraza para nuclear varios cuentos y crónicas de su autoría, que tenían como punto de encuentro esta plaza de Tandil. Perdón por la extensa presentación, pero bueno, es un trabajo raro. ¿Y está bueno? El dibujo de Garijo sí, me gustó bastante. Es un dibujante recontra-clásico, con muchos recursos estilísticos. Por momentos mete esos sombreados con puntitos mínimos como hacía Solano López a principios de los ´80, a veces se juega todo a unas aguadas preciosas, otras veces extrema el claroscuro como si lo poseyera el espíritu de Alberto Breccia, y así. Sobre una base de dibujo académico clásico, el trazo de Garijo ofrece múltiples mutaciones, buena variedad de planos y enfoques y un trabajo notable en las expresiones faciales. La faz gráfica muestra un sólo punto débil, que es el rotulado, realizado con tipografías poco apropiadas, sin onda ni talento. Y por esa grieta se filtra el agua que hundirá al Titanic: los textos de Echegaray. Que no son precisamente malos, pero sí excesivamente literarios. Pareciera que el guionista se hubiera enamorado de la prosa del escritor al que le tocó adaptar a la historieta y no quisiera dejar afuera ni una palabra de las que Pedraza escribió en sus textos. Y ya sabemos que eso no garpa, que en la historieta sí o sí hay que sintetizar. Echegaray no sintetiza y eso hace que las viñetas de Garijo se vean invadidas por unos masacotes de texto que -por suerte- rara vez redundan con las imágenes, pero que le imprimen a la lectura de Diario de Plaza Moreno un ritmo que se hace duro de sobrellevar. Las historias en sí van desde anécdotas con tono costumbrista, otras con tintes sobrenaturales, algunas con algún elemento policial y una -la que más me gustó- con un perfil político, vinculado al horror de la última dictadura cívico-militar. Me imagino que si sos de Tandil, ver a tu ciudad como escenario de esas historias (las primeras ambientadas a fines del siglo XIX, la última en los años ´80), debe ser alucinante. Yo que la veo desde lejos y nunca fui a Tandil, busco otra cosa, y por momentos aparece, pero envuelta en una dinámica demasiado literaria para un comic. De todos modos, el dibujo de Ricardo Garijo (fallecido en 2009) hace que tenga sentido dedicarle un rato al libro.
En mi intento por ponerme al día con series con la que vengo remando muy de atrás, me bajé el Vol.8 de Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. La puta madre, ¡qué buena está esta serie! Cómo se disfruta el tema de que los autores puedan construir a largo plazo, sin tener que cerrar la trama cada seis números, qué bueno poder leer una aventura principal de cuatro números y después dos unitarios en los cuales revisitamos a personajes secundarios que llevaban un tiempo sin aparecer. Eso ya se ve poco en las series regulares del mercado estadounidense, y Vaughan y Staples lo hacen muy, pero muy bien. El arco principal se mete nada menos que con la temática del aborto. ¿Vale abortar, hasta cuándo se puede, dónde empieza la vida, dónde termina? Todo eso que seguramente alguna vez debatiste con amigos, pareja o familiares, en Saga se plantea de modo sumamente explícito, por supuesto en un contexto fantástico, donde existen la magia y un montón de elementos vinculados a la ciencia ficción. Lo mejor que tiene esta serie es que va a fondo, no arruga. La violencia es todo lo brutal que debe ser, los personajes que mueren no resucitan, el humor es sin barreras (hay chistes groseros de pija, concha y pedos), las escenas de sexo se presentan como algo natural, que sucede entre las personas adultas, y cuando los autores nos permiten ver lo que sueñan los personajes no es para rellenar tres o cuatro páginas, sino para ahondar en aspectos de su psiquis de una manera gráfica, que el talento de Staples convierte en un espectáculo memorable. La trama principal, la de la guerra de las galaxias entre un planeta y su luna, en este tomo no avanza un milímetro. Pero avanza lo importante, que es la construcción de estos personajes que explotan de onda, carisma y humanidad. Qué grata sorpresa ver cómo pasan los años, los autores acumulan más fama, más guita y más prestigio, y aún así ni se les ocurre tirarse a chantas y seguir con Saga en piloto automático. Acá no hay mezquindad ni especulación, hay una entrega absoluta que hace que cualquier fan de la historieta pueda entrarle a Saga y vivir emociones y sensaciones que otros comics no provocan. Llevo leídos casi 50 episodios de Saga y todos van de lo muy digno a lo apasionante, con algunos picos de genialidad. Hiper recomendable, posta. Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y ni bien pueda, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.