jueves, 12 de octubre de 2023
PREVIA AL FINDE EXTRA-LARGE
Se viene mi último finde en Buenos Aires por un tiempo bastante largo y por suerte es un finde larguísimo y con muchas opciones. Pero antes, tenemos reseñas.
Algún día voy a terminar de encontrar y leer todas las obras del período oscuro de Osamu Tezuka. Cuando uno cree que ya las leyó todas, aparece una nueva. En este caso una que se llama Record of the Glass Castle, que pasó por dos antologías distintas pero quedó inconclusa. Eso no impidió que una editorial yanki lo publicara mediante un crowdfunding y que, eventualmente, cayera en mis manos.
Record of the Glass Castle es un thriller pasado de rosca, con un voltaje de sexo y violencia bastante ido al carajo. Está ambientado en 1992, que es -para cuando Tezuka escribe el manga- un futuro bastante cercano, pero aún así le habilita al autor la posibilidad de incorporar varios elementos que aún hoy, 30 años después, siguen siendo más fantasía que realidad. Como en Swallowing the Earth (ver reseña del 18/09/10) tiene mucho peso en la trama un personaje ingenuo al que varias mujeres intentan seducir. Como en Ayako (ver reseñas del 06 y 15/05/10) hay una relación incestuosa entre un hombre y una mujer con lazos sanguíneos de por medio. Como en MW (ver reseña del 28/06/10) hay un asesino inescrupuloso que burla varias veces a las fuerzas policiales.
Y como en todas las obras de Tezuka de esta época, la narrativa y la puesta en página son totalmente frenéticas. Seguramente llama la atención mucho más esto que el dibujo en sí, que es bueno, pero todavía muestra algunos resabios de cuando el Manga no Kamisama trabajaba para el público infantil, y por momentos parece un poquito apresurado.
El impacto grosso, sin dudas, está en el guion, que no da tregua. Tezuka te enrosca en una trama espesa, que es de esas en las que a partir de cierto punto te queda claro que puede pasar absolutamente cualquier cosa. Y ese rumbo toma la historia, con personajes muy bien construidos, cuyas motivaciones están perfectamente explicadas. Tras una acumulación de peripecias una más tremenda que la otra, a 20 páginas del final Tezuka mete un elemento nuevo: una rosca macabra entre el protagonista principal y un político que en realidad es un capo mafia. Pero no se llega a desarrollar, porque el manga se termina de un modo abrupto. Muy loco cómo el Manga no Kamisama le pega un volantazo tan radical a la saga, y cuando recién empieza esta "segunda etapa", la deja inconclusa.
En fin, no la quiero hacer larga al pedo. Record of the Glass Castle no es ni ahí el mejor manga de este período glorioso de Tezuka, y ni siquiera tiene un final. Es un lindo agregado para la colección de cualquier fan del Más Grande, más que nada por lo raro y por lo huevos que implica publicar en EEUU una historieta de un autor japonés, de los años ´70, que no termina y donde el protagonista es un tipo que asesina gente a lo pavote y se garcha a su sobrina.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando Loco Rabia publica la ópera prima del belga Joris Mertens, que se había editado en Europa en 2020. Se trata de una novelita de poco más de 100 páginas titulada Béatrice, cuya característica más saliente es que está toda narrada con imágenes, sin diálogos ni bloques de texto.
No es fácil contar una historia de más de 100 páginas con la imagen como única apoyatura, pero Mertens demuestra que le sobra jerarquía para acometer la epopeya. A nivel narrativo, la historia se desarrolla de manera clara y fluida, pasa de la cotidaneidad a la fantasía con total naturalidad. En esas transiciones es muy importante el color, que también es un elemento central en Béatrice. Mertens maneja unos engamados espectaculares, y cuando se va al blanco y negro también la rompe toda.
Estamos frente a una obra de una enorme belleza, que nos propone un viaje al pasado, a la nostalgia, a cuando las grandes ciudades europeas todavía conservaban una magia, un pulso, una dinámica que hoy se perdió. Béatrice nos invita a reflexionar acerca de eso, también acerca de la rutina, de un ritmo de trabajo que mecaniza y deshumaniza. Pero en un momento aparecen sueños, fantasías, anhelos, por qué no... y la trama se va en una dirección inesperada y maravillosa.
No quiero contar mucho más para no spoilear, pero sí, Béatrice es una obra fundamental, que pone a Joris Mertens en la lista de los autores a los que hay que seguir de cerca y comprarles todo. Me parece genial que una editorial argentina haya apostado por este trabajo, y que el autor belga haya aceptado que acá se publique en tapa blanda, tamaño más chico y papel más croto que el que debe haber usado Rue de Sevres para la edición francesa. En estas páginas vemos cómo la curiosidad de la joven protagonista abre las puertas hacia un mundo inesperado, cautivante y feliz. Ojalá los lectores y lectoras de nuestro país tengan ese mismo grado de curiosidad, le den una posibilidad a Béatrice y descubran esta auténtica maravilla. Gracias por la magia, es realmente emocionante encontrarse de la nada con autores tan talentosos a los que uno no tenía ni en pedo en su radar.
Nada más, por hoy. Falta poquito para clavar la pausa, pero vamos a intentar que no falten posteos de acá al 19. Gracias y hasta pronto.
lunes, 9 de octubre de 2023
SHOWCASE PRESENTS: THE UNKNOWN SOLDIER Vol.1
De a poquito y con paciencia, me bajé las casi 550 páginas de este masacote que republica las primeras 38 historietas del Unknown Soldier, todas aparecidas entre 1970 y 1975 en los nºs 151 a 188 de la revista Star-Spangled War Stories. Salvo alguna que otra excepción, son todas historias autoconclusivas y ninguna tiene más de 14 páginas.
Lo primero que hay que destacar es que las 10 primeras historietas las dibuja Joe Kubert a un nivel glorioso, en su estilo más moderno, más dinámico, pensado más para impactar que para agradar. Kubert era el editor de SSWS, es el creador del Unknown Soldier y en las primeras aventuras oficia de guionista y dibujante, con una libertad absoluta. Solo por estas páginas de Kubert (potenciadas por la posibilidad de apreciarlas en blanco y negro) se justifica tener el libro. Pero hay más.
A partir del quinto episodio, Kubert trae un guionista. Y no es Robert Kanigher (que aparece en el tomo, pero con un aporte muy menor), sino Bob Haney. Sí, el demente que escribía esas aventuras bizarras en Brave & the Bold, Teen Titans, Metamorpho y demás. Pero acá me saco el sombrero: los guiones de Haney tienen un nivel promedio más que decente, y un par ("Invasion Game" y "Totentanz") son brillantes. Haney se va a quedar al frente de la serie cuando Kubert deje de dibujarla, y aportará un episodio para que dibuje el maestro Doug Wildey (acá un poco más contenido que cuando le daban para dibujar historias del Far West) y dos para otra bestia como era Dan Spiegle. Acá me encontré a un Spiegle también muy ubicado, sin excesos, casi como si quisiera "ocultar" su estilo en favor de la claridad del relato. Hasta tiene secuencias que parecen dibujadas por Kubert o -para ser justos- por alguno de sus alumnos más aventajados, tipo Timothy Truman. Haney se queda incluso para escribir los dos primeros episodios de la larga etapa de Jack Sparling como guionista, y el primero de ellos ("Witness for a Coward") es excelente.
Yo suelo putear mucho cada vez que me aparecen historietas dibujadas por Sparling en los títulos setentosos de DC, y hoy no va a ser la excepción. El turro deja la vida en su primer episodio y para el segundo ya es cualquier cosa. Inexplicablemente, el tipo derrapa hacia un mamarracho que no le hace la menor justicia a los guiones y en total dibuja... ¡18 entregas! Casi medio libro te tenés que fumar a un dibujante que evidentemente no le ponía ni un gramo de amor al trabajo. Durante la "era Sparling" llega como editor y guionista el maestro Archie Goodwin y también escribe unas cuantas historias muy buenas (entre ellas clásicos como "Legends Don´t Die" o "Appointment in Prague"), pero el dibujo de Sparling desluce mucho el resultado final.
Cuando Goodwin deja los guiones entra en escena Frank Robbins, que va a intentar sin éxito armar arcos argumentales de más de un capítulo, y hasta nos va a presentar a una especie de contracara nazi del Unknown Soldier, también con resultados tirando a pobres. No es que todo lo que escribe Robbins sea choto, pero entre que tiene que suceder a un grosso como Goodwin y que para esa altura uno ya está hinchadísimo las bolas de padecer los dibujos de Sparling, es una etapa sumamente prescindible.
Finalmente, en el nº183 entra como editor el maestro Joe Orlando y cambia todo: las historias, si bien se mantienen en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, suman una arista más afín al género del terror y además llegan nuevos autores: un joven David Michelinie tomará los guiones y el filipino Gerry Talaoc tendrá a su cargo los dibujos. Michelinie no apesta ni la descose, y le va un poco mejor que a Robbins cuando intenta hilar varios relatos para armar una especie de arco argumental. Y Talaoc (extraña cruza entre Carlos Giménez, Alex Niño y los dibujantes españoles de línea clásica), sin ser genial, es claramente mejor que Sparling. El mejor episodio de esta dupla es, claramente, el que cierra este primer Essential. Tengo el segundo comprado, sin leer. El año que viene le voy a entrar, a ver con qué me encuentro.
En general, con el Vol.1 la pasé bien. Hay momentos en los que las misiones que le encomiendan al Unknown Soldier involucran peligros tan extremos, que decís "boludo, llamen a un superhéroe, no a un tipo común entrenado para ser re-poronga". No hace falta que sea el Spectre, o Green Lantern, con Hourman o Atom nos arreglamos. Pero claro, esto es de principios de los ´70, cuando las aventuras bélicas de DC estaban ambientadas en Tierra-1, la realidad en la que los superhéroes aparecieron unos 10-15 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Después, cuando se unifican las tierras y los héroes de los comics bélicos co-existen en tiempo y espacio con la Justice Society, la lógica de estos relatos se deshilacha hasta hacerse absurda. Por eso siempre está bueno leer los comics en su contexto.
Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos en unos días, acá en el blog.
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jueves, 5 de octubre de 2023
JUEVES AL MEDIODIA
A ver si en el poquísimo tiempo que tengo llego a reseñar los dos libros que tengo leídos. ¿Dos libros, nada más, en... 258 días sin postear? Y, sí. Es lo que hay. Estoy con muy poco tiempo libre y además voy avanzando de a poco con un libro de muchísimas páginas que no se puede devorar todo de un saque bajo ningún concepto.
Arranco en 1997, casi en los albores de la carrera del increíble Joann Sfar y me zambullo en las 100 fabulosas páginas de París-Londres, una novela gráfica demasiado buena para ser real. Esto es un delirio genial, una aventura con toques cómicos en la que puede pasar (y de hecho pasa) cualquier cosa. Por momentos parece un tributo a las novelas decimonónicas de Jules Verne, por momentos parece una sátira a los clásicos relatos de espías de autores ingleses, y por momentos parece un sketch de Cha-Cha-Cha con presupuesto ilimitado. No sé cuánto de esto estaba planificado y cuánto improvisó Sfar sobre la marcha, pero el resultado es tan asombroso como satisfactorio. Me reí fuerte muchas veces, me copé con los personajes, el conflicto es delirante pero -en el contexto de la aventura rocambolesca que plantea el autor- tiene todo el sentido, los diálogos son brillantes (exquisita traducción de Ana Millán para la edición española) y una genialidad más, solo para entendidos: esta historia hace referencia a otras del mismo autor, y en un punto funciona como espina dorsal del Sfar-verso. Ya desde el vamos, uno de los protagonistas es Ossour Hyrsidoux, el personaje creado por Sfar para sus primeros dos álbumes. Después mencionan al pasar a Petrus Barbygère, protagonista de otros dos álbumes, que Sfar escribió (pero no dibujó) justo antes de este. Y en un momento, un personaje le cuenta a los otros la historia de "el Malka de los leones", la misma que Sfar va a desarrollar en un álbum de Le Chat du Rabin, pero en 2002. O sea que si sos fan del ídolo de Niza, acá vas a flashear fuerte de verdad.
El dibujo no se puede creer. Además de su característica (y sobrehumana) destreza con el plumín, acá Sfar usa pinceles más gruesos, fibrones, mete manchas onda Alberto Breccia, pasa de las texuras imposibles al claroscuro visceral incluso en la misma viñeta y rompe records en materia de expresividad y dinamismo en sus personajes, un elenco vasto y variopinto al que le saca un provecho inmenso. La puesta en página es clásica en casi todo el álbum: predomina la grilla de cuatro viñetas rectangulares del mismo tamaño, en dos filas de dos. Pero en las primeras 22 páginas (y en unas poquitas más a partir de ahí), Sfar prueba cosas distintas y le salen todas muy bien. A pesar de la plétora de detalles que mete este animalito en cada cuadro, y a pesar de que el texto no escasea para nada, la lectura se hace absolutamente dinámica y es casi imposible soltar el libro antes de llegar al final. Sin dudas, uno de los trabajos de Joann Sfar que más me pegó, que más disfruté y que más recomiendo en la voluminosa producción de este capo absoluto del Noveno Arte.
Un ya lejano 05/03/20 hablamos en este espacio del Vol.1 de Squirrel Girl. Desde entonces, el guionista Ryan North medio que "se puso de moda" y hoy debe tener muchos más fans que hace tres años y medio. Lo cierto es que recién anoche le entré al Vol.2 de esta serie que Marvel lanzó en 2015 y que llegó a acumular 58 revistitas, o 12 TPBs, como prefieras. La verdad, no creo que la compre hasta el final, pero este segundo librito me gustó mucho y por suerte tengo un par más en la pila del material ya comprado, a la espera de su turno para ser leído.
Este segundo TPB recopila apenas cuatro episodios de la serie regular, y se completa con apariciones de Squirrel Girl en historias cortas publicadas en otras revistas, todas escritas por el maestro Dan Slott. Y si bien ninguna está al nivel de las que escribe North, son anécotas divertidas, pequeñas boludeces que contribuyen a ilustrar cuál es el rol de esta joven heroína en el Universo Marvel. Y no, ninguna de esas historias cortas están tan bien dibujadas como las que salían en la serie mensual, donde el trazo de Erica Henderson realmente hace la diferencia y le otorga a estas aventuras esa dimensión única, casi emparentada con el comic indie.
En tres de los números que recopila el librito, North y Henderson se dedican a expandir el elenco de la serie, con nuevos personajes secundarios, nuevos villanos y la interacción de Doreen (nuestra joven protagonista) con más héroes y heroínas del Universo Marvel. Son aventuras que en un punto se vuelven desopilantes por la sobrecarga de elementos ridículos y extremos que incorporan, y esto está claro desde el principio. No es que te engañan prometiéndote la epopeya solemne y dramática y después te cagan, porque te dan una aventurita light y en joda. La consigna de la serie es, ante todo, cagarse de risa un rato y ver cómo esta piba se inserta de a poco en un panteón superheroico en el que -a priori- desentona grosso.
Y el primer número que ofrece el TPB (el 5 de la primera serie) es la gema: 22 páginas en las que varias personas cuentan historias sobre Squirrel Girl, todas improbables, o por lo menos inexactas. Esto le sirve a los autores para enfocar al personaje desde distintas ópticas que parecerían grotescas o distorsionadas... si no fueran versiones mínimamente alteradas de historias y dibujos que ya vimos en décadas anteriores en otros comics de Marvel. Acá vemos a Henderson acomodar su trazo para subrayar que lo que se narra es en realidad una paráfrasis de algo que ya narraron Frank Miller, Todd Mike Zeck, Jack Kirby... hasta en un momento hay un homenaje a Peanuts, como para ampliar aún más el universo de posibilidades. Esta historia es muy graciosa, le da mucha chapa a Nancy (la mejor amiga de Doreen) y además te deja claro que Henderson puede dibujar en el estilo que se le dé la gana. Prometo entrarle este mes al Vol.3, a ver con qué me encuentro.
Y hablando de encuentros, espero encontrarme a lectores y lectoras del blog (o de la Comiqueando) este finde en Paysandú, Uruguay, donde voy a estar participando una vez más de Heroica, el evento comiquero de dicha ciudad. Nada más. La semana que viene espero recuperar cierta regularidad en los posteos, y el 19 será momento de poner una pausa extensa en el blog, para dedicarme primero a un viaje de un mes por España, Francia y Bélgica, y después a la Comiqueando Digital que tiene que estar lista antes de fin de año. Gracias por tanto y perdón por tan poco.
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martes, 26 de septiembre de 2023
LA MAGIA DEL DIBUJO
A veces aparecen en los comics dibujantes tan brutales, tan categóricos, tan definitivos, que uno tira esa ya gastada frase de "esto podría no tener guion y aún así habría que comprarlo". Y algo muy loco es que estoy tentado de usar la frase para hablar de los dos comics que tengo para reseñar en el día de hoy.
El Vol.4 de Innocent tiene un argumento tan chiquito, que cualquiera capaz de estirarlo para que abarque 200 páginas es un genio, o un delincuente. Básicamente tenemos el final del plot que había quedado inconcluso en el tomo anterior (la truculenta ejecución de Robert-François Damiens) y las consecuencia de algo que sucede durante la ejecución y que potencia enormemente al personaje secundario más atractivo de la saga: Marie-Josephe Sanson. Con eso solito, Shin´ichi Sakamoto te tiene hipnotizado 200 páginas, gracias a la magia del dibujo.
La calidad gráfica que alcanza Innocent en este tomo es lisa y llanamente sobrenatural. No puede haber seres humanos en el numeroso equipo que secunda a Sakamoto. Son todos ángeles, djinns, duendes, hadas, marcianos... no sé qué corno son, pero el trabajo que ofrecen está a años luz de lo que se ve en el manga promedio. Acá vemos, ni más ni menos, a la atrocidad más abyecta convertirse en la belleza más sublime. Sólo un genio (o un equipo de genios) pueden hacer eso. La forma en que Sakamoto nos muestra el desmembramiento del pobre Damiens, seguido de la escena en la que Anne-Marthe tortura a su nieta, es algo que ningún fan de la narrativa gráfica puede olvidar jamás. Es sangriento, es truculento, es escabroso, sí, obvio. Pero es hermoso, es poético, es emotivo, te desarma todo por dentro y te deja pidiendo más.
Se ve que el material que quería meter Sakamoto en este tomito era poco, por eso al final vienen 20 páginas de texto, repletas de información. El autor y su equipo (tiene gente especializada en investigar el aspecto histórico de la época en la que transcurre el manga) nos brindan un montón de datos acerca de la vida real, perfectamente documentada, de la familia Sanson, y de cómo funcionaba a grandes rasgos esa justicia francesa que tenía a los verdugos como principales ejecutores de las sentencias que requerían la muerte de los acusados. Son más o menos los mismos datos que nos ofrece el manga a lo largo de la lectura de estos primeros cuatro tomos, pero presentados de manera más lineal, más compacta y más clara, como para que nadie diga "no entendí bien el contexto en el que está ambientada la saga".
La verdad que no quiero contar mucho más del argumento, y -como ya dije- el tomo consiste básicamente de dos secuencias muy extensas, a las que nada de lo que yo diga les puede hacer justicia. Recomiendo cada vez más Innocent y me alegra mucho que Ivrea haya confirmado la edición en Argentina de su secuela.
Y me voy a EEUU, año 2022, cuando se recopila en TPB la maravillosa Step by Bloody Step, la serie de Simon Spurrier, Matías Bergara y Matheus Lopes que antes se había publicado en simultáneo en ese país y en Francia. Acá el tema de "comprarla por el dibujo" está acentuado por un detalle bastante conspicuo: se trata de una saga de unas 160 páginas sin texto, donde todo lo que sucede está narrado con las imágenes.
¿Qué onda Spurrier? ¿Es un ñoqui que cobra por no trabajar? No, el británico imaginó a los personajes y trazó la historia, además de entregar un guion detallado, que explica cuadro a cuadro qué es lo que se va a ver. Y es una historia atrapante, con machaca, misterio, ternura, cierto vuelo poético... En general uno supone que las historias sin texto son bastante más básicas y sencillas que la que se propone contar Spurrier en Step by Bloody Step. Acá hay una trama ambiciosa, un world-building zarpado y un vínculo entre los protagonistas de la saga que no necesita palabras para ser profundo, creíble y vital.
Para contar una historia de 160 páginas sin palabras, necesitás que tu dibujante sea un maestro ninja del arte secuencial. Alguien que maneje perfectamente el armado de la página, el flujo de las secuencias, la elección de las angulaciones, la composición de las viñetas, las expresiones de los personajes... Y bueno, Spurrier ya se había sacado la lotería en Coda, cuando formó equipo con Matías Bergara, y acá una vez más el crack uruguayo demuestra por qué es uno de los historietistas más completos y talentosos que tiene el arte que más nos gusta. Potenciado como si fueran una sola persona por la paleta mágica y majestuosa de Matheus Lopes, Bergara se lanza a darle vida a este mundo fantástico y carnadura a estos dos personajes (la nena y el guerrero) a los que descubriremos a través de aventuras y ordalías clásicas, pero no obvias ni predecibles.
Al no tener texto, se supone que uno va a prestarle muchísima atención a cada viñeta de Step by Bloody Step... y cómo no hacerlo cuando la faz gráfica alcanza estas cotas de belleza, este despliegue de magia, imaginación y talento. Me encontré con imágenes que me remitieron a Moebius, a Philippe Druillet, personajes secundarios que me hicieron flashear Alfonso Font, secuencias que me hicieron sentir que estaba viendo una película de animación... La conjunción entre Bergara y Lopes me transportó por completo a este mundo, me hizo sentir en carne propia esos climas, vibrar con esas batallas, emocionarme con esas miradas, esos gestos... Realmente era el pedo ponerle palabras a este relato: en las imágenes está todo, y se disfruta enormemente, como cada vez que guion, dibujo y color se ensamblan de un modo tan increíble. Si no leíste Step by Bloody Step te estás perdiendo una gema del Noveno Arte, de verdad.
Bueno, nada más. Perdón por postear tan espaciado, pero estoy con muy poco tiempo libre. De acá a fin de año voy a poder postear realmente muy poco, así que también pido disculpas por adelantado, por lo que (no) va a suceder en los próximos meses. Nos vemos mañana a las 22:30 en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando, y en persona los días viernes, sábado y domingo en el FIC de Santiago de Chile. Y ni bien pueda, reaparezco con nuevas reseñas acá en el blog.
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viernes, 22 de septiembre de 2023
MAÑANA OTOÑAL
Empezó la primavera, pero se ve que todavía no le llegó la notificación para presentarse a laburar, por lo menos acá en Buenos Aires. Todo bien, la esperamos un par de días más.
Vamos con las reseñas, que a eso vinimos. El 30/04 de este año me tocó hablar del Vol.6 de The Amazing Adventures of the Escapist, esa antología en formato prestige que publicaba Dark Horse allá por 2004-2005. Y bueno, ahora voy un toque para atrás, para reseñar el Vol.5. Un tomito de 80 páginas que por ahí no deslumbra tanto con el listado de autores que participan, pero me dejó bastante satisfecho.
La primera historia tiene un guion sugestivo, en el que Kevin McCarthy lleva a otro nivel el concepto de "escapar hacia la libertad". Es una estructura muy clásica, casi predecible, pero está claro que el foco no está puesto en la aventura en sí, sino en el mensaje. Y el dibujo de Shawn Martinbrough la rompe en mil pedazos. Después llega el maestro Paul Grist, con una historia breve, mucho menos sustanciosa, apoyada casi exclusivamente en el encanto mágico de su dibujo y su puesta en página.
Howard Chaykin dice "presente" una vez más, ahora como guionista de una historia bastante bien dibujada por David Hahn, un tipo que generalmente me produce bostezos. El guion es una especie de sátira a los comics de DC de la Silver Age, y por ese lado funciona bien. Jeffrey Brown nos propone la versión "comic indie" del personaje creado (en la ficción que inventó Michael Chabon) por Cavalier y Klay, en una anécdota menor que se hace larga al pedo. Y para terminar, una muy linda historieta, con resonancias intencionales a aquel famoso primer team-up entre Green Lantern y Green Arrow, en la que The Escapist demuestra que también está para ayudar a un viejo afroamericano que está en las últimas. Esto está escrito por Jason Hall y dibujado por Eric Wight, que es una especie de Steve Yeowell bueno.
Y una vez más, me encuentro con unos textos brillantes, en los que especialistas en la historia del comic (entre ellos nada menos que el mítico Roy Thomas) aportan artículos en los que nos retroinjertan en la continuidad (o sea, en la historia del medio) a The Escapist, sus autores y las editoriales que publicaron sus historietas a lo largo de las décadas. Esto está tan bien hecho que si no sabés la historia de The Escapist, de la novela The Amazing Adventures of Cavalier and Klay y demás, te podés comer tranquilamente el verso de que estamos hablando de un superhéroe posta aparecido en la Golden Age y continuado por distintos autores hasta los años ´70. Creo que me falta un sólo librito para completar todas las entregas de esta antología, así que sigo atento, a ver si aparece, porque hasta ahora, todas las entregas tienen unas cuantas cositas recomendables, ya sea en los guiones, los dibujos o los artículos. Y además soy muy fan de la novela de Michael Chabon, así que cualquier cosa que conecte con ese universo, me ceba.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando se recopilan en libro las 270 tiras de León Rey, originalmente publicadas con periodicidad diaria por J.J. Rovella en sus redes sociales. Lo más impactante de esta obra es eso: Rovella hizo cada una de estas tiras en un día. Son tiras que en algunos casos tienen hasta cinco o seis viñetas, con un nivel de dibujo que ya no se ve en las tiras de los diarios. Fondos muy laburados, grises aplicados con gran criterio, mucha variedad de enfoques (no son todas cabecitas que hablan), gran atención a detalles de iluminación, texturas... La verdad que lo que dibuja acá Rovella es demasiado para una historieta realizada con periodicidad diaria y pensada para publicarse de manera gratuita en la web. El argumento de la tira le da a Rovella la oportunidad de dibujar no sólo seres humanos, sino también un amplísimo abanico de animales, algunos antropomorfos y otros no, y todos están perfectamente retratados. Visualmente estamos ante una historieta fascinante, sin ningún tipo de fisuras ni titubeos.
El guion de León Rey es un toque más extraño. La historieta mezcla dos cosas: por un lado, la clásica tira diaria más o menos costumbrista, que busca cerrar cada entrega con un remate si no humorístico, por lo menos ingenioso. A veces es un chiste más tradicional, a veces un juego de palabras, pero va por ahí. Y por el otro lado, muchas de las tiras se concentran en el aspecto más aventurero de la obra y están armadas sobre un cierto andamiaje dramático, con finales jodidos en forma de cliffhangers y una tensión que Rovella hace crecer entrega a entrega. Esa tensión entre las dos formas de plantear la tira hace que la lectura sea rara, que uno diga "pará, ¿qué carajo está pasando acá?, ¿qué me quiere contar este tipo?"... hasta que ya para la segunda mitad del libro, la trama aventurera gana la pulseada y León Rey empieza a avanzar en una única dirección.
Y ahí nos encontramos con un relato también extraño, que ofrece explicaciones bizarras al estilo Twilight Zone para todo lo que vimos a lo largo de la tira, incluso cosas que parecían puestas ahí para generar un efecto humorístico, como el hecho de que León vea a los humanos con cabezas de animales. Nada es lo que parece ser, y a medida que caen los velos, Rovella blanquea quiénes son los malos, quiénes los buenos, cuáles son los planes de cada uno y cómo funciona este cruce entre realidades, cuya complejidad no tiene nada que ver con las tramas típicas de las tiras costumbristas onda El Loco Chávez o El Negro Blanco. Es increíble cómo en un formato tan restrictivo como el de la tira, Rovella logra contar una historia tan ambiciosa, en la que pasan tantas cosas zarpadas en espacios tan reducidos.
Si sos fan de Rovella, si todavía no lo descubriste, o si te interesa ver a un dibujante completísimo explorar los límites de lo que se puede hacer en el formato (y la periodicidad) de la tira diaria, entrale a lo bestia a León Rey. Una animalada, posta.
Nada más, por hoy. Nos leemos pronto por acá, o nos vemos en el canal de YouTube de Comiqueando, o nos escuchamos en el Podcast de Comiqueando o en Distinguida Competencia. O nos encontramos en vivo, en Santiago de Chile, en apenas siete días.
martes, 19 de septiembre de 2023
NOCHE DE MARTES
Bueno, salen con fritas dos reseñas más, de libros bastante breves.
Sigo a la caza de la colección de álbumes editados en Francia en los años ´70 por la editorial Dargaud, con reediciones de material originalmente aparecido en la mítica revista Pilote. Y así llegué a un tomito que no sabía que existía: Les aventures d´Al Crane, una serie de historias cortas en las que el maestro Gerard Lauzier oficia sólo como guionista y le deja los dibujos a Alexis, un dibujante cuyo trazo resulta muy idóneo para lo que se propone hacer Lauzier en esta serie: deconstruir, parodiar y ridiculizar al género western.
Alexis resulta un gran socio en esta tarea, porque es un dibujante muy correcto de estilo realista, probablemente influenciado por Jijé (como Jean Giraud), con un muy buen manejo de la documentación para recrear armas, carruajes, locaciones, caballos, indios y demás elementos clásicos del western. No le sobra mucho, y cuanto más trata de acercarse a la estética de Giraud, más se nota la abismal diferencia entre un dibujante y otro. Lauzier lo bombardea al pobre Alexis con algunas viñetas recontra sobrecargadas de texto, donde el dibujante no se luce en lo más mínimo, pero para compensar, las aventuras de Al Crane (que en francés suena igual que "alacrán") suelen tener secuencias mudas en las que sí lo vemos a Alexis más cómodo, más a gusto, con más herramientas para demostrar que es un dibujante por lo menos muy solvente.
Los relatos de Lauzier nos muestran al típico cowboy recio como un estereotipo violento, machista, racista y sin el menor altruismo. La primera historia es básicamente un chiste largo, muy jugado a un remate con el que los autores sorprenden al lector que cree estar leyendo un western más. Y después, Lauzier empieza a darle una forma más consistente a la serie, con personajes secundarios y situaciones que se van a desarrollar a lo largo de los distintos episodios autoconclusivos, a veces como motores de la trama central y a veces como decorado, como cosas que nos muestran de fondo mientras Al Crane resuelve otras cuestiones. Las historias que no se van de mambo con la violencia (encarada para el lado de un humor negro macabro y por momentos escalofriante) juegan con el tema del sexo, sin irse tan a la mierda, porque Pilote era una revista apuntada a un lector adolescente.
De este álbum (que, descubro después, es sólo el primero de varios) creo que las dos historietas que más me gustaron son la primera, porque nunca me vi venir el desenlace, y la quinta, que es donde el humor negro pega un salto cuántico y supera ampliamente mis expectativas. Leí muchas historietas de Lauzier, lo sigo con vehemencia desde que tengo 14 años, pero nunca me imaginé que el ídolo iba a pelar esos giros argumentales tan atroces, y menos en una historia corta, planteada básicamente en joda. Si sos fan de Lauzier y no conocías a Al Crane, ojalá esta reseña te haya servido para completa el mapa de las obras de este monstruo sagrado del comic francés, del que no encontré nunca una historieta que me decepcionara.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando se recopila en un lindo librito a todo color Mirame, una historieta que Diego Agrimbau y Tomás Aira habían serializado de modo muuuuy lento, a lo largo de muchos años en una plataforma de comic digital. El libro tiene un sólo problema: el texto de la contratapa te plantea una premisa que está genial... pero no tiene mucho que ver con lo que sucede en la historieta.
Fuera de eso (y sin meterme en la trama, porque cualquier detalle puede funcionar como spoiler), me encontré con una historia extraña, con varios giros impredecibles, que te atrapa desde la primera viñeta y te enrosca a gusto y piaccere. Agrimbau, gran conocedor del oficio del dramaturgo, juega con algunas nociones básicas de la puesta teatral, incluso por momentos sin que el lector lo note. Pero -como en las obras de teatro de escaso presupuesto- toda la historia transcurre en una única locación y todo está apoyado en los diálogos y la interacción entre cuatro (¿o cinco?) personajes en cuya construcción está el principal mérito del guionista. La tridimensionalidad de su elenco, la dinámica entre ellos y esos giros impredecibles que ya mencioné alcanzan para que Mirame te tenga hipnotizado a lo largo de sus 58 páginas, sin recurrir a nada ni remotamente parecido a una estructura de aventura, o de romance, o de sexo, o de rosca política. Acá prácticamente no hay acción, no hay cheap thrills. La cosa va por otro lado y va muy bien.
El trabajo de Tomás Aira me pareció realmente brillante. No sólo el dibujo, sino también el color, que es excelente. Me encantó cómo elige las tonalidades para los distintos momentos, y lo mucho que le suma esa paleta a un dibujo muy logrado. Aira trabaja en una estética realista, con mucha atención por detalles como la ropa, los peinados, y sobre todo el lenguaje corporal y las expresiones faciales de su elenco. Por ahí repite un poco algunos planos (esos que se centran en las cabezas de los personajes) y hay páginas en las que vendrían bien un par de viñetas más en las que aparezcan los fondos. Pero la narrativa es ágil, es clara, es ganchera y todo esto sin salir de grillas clásicas, sin experimentar para nada por el lado de la puesta en página.
Realidad y ficción, contención y psicopateadas, seducción e indiferencia, un toquecito de misterio, una pizca de violencia y unas cuantas sorpresas grossas te esperan en Mirame, una historieta tan atípica como difícil de olvidar. Perdón que no ahonde más en la trama, pero -repito- no quiero revelar ninguno de los secretos que Diego y Tomás guardan bajo la manga.
Suficiente, por hoy. Sigo adelante con las lecturas y queda la invitación para encontrarnos el miércoles 27 a las 22:30 en una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta (en el canal de YouTube de Comiqueando), o sino en unos días, acá en el blog.
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domingo, 17 de septiembre de 2023
DOMINGO MONSTRUO
Después de un Vol.3 de Monster que me había dejado muy conforme y muy optimista de cara al futuro (ver reseña del 18/07/23), me zambullí muy cebado en el Vol.4. ¿Para qué? Son 400 y pico de páginas en las que pasa tan pero tan poco, que al toque tuve que agarrar el Vol.5, como para poder sentir que la historia había avanzado algo, aunque sea.
Pero ya que tengo espacio, empiezo por otro lugar: las portadas. Son horribles. Ese color marrón/ terracota es lo menos atractivo del mundo. El juego de las fotos enmarcadas, que arman una especie de galería de personajes, o de imágenes con alguna relevancia en el argumento, se hace insostenible después de las... dos o tres primeras veces. Y los textos de la contratapa, con los que deberías cebar al lector ocasional que levanta un tomo de una mesa de la librería para ver qué onda... ¡están en inglés!. Posta, pareciera que las tapas están diseñadas a propósito para que los libros no se vendan. Encima, si tirás a la mierda estas sobrecubiertas pecho frío, abajo te encontrás con una portada toda negra, con menos onda incluso que la galería de cuadritos con fondo marrón.
Como decía al principio, el Vol.4 es una falta de respeto por parte de Naoki Urasawa. A lo largo de unas secuencias groseramente estirada, el autor desarrolla un poco más al personaje del detective Richard Brown, para después matarlo sin piedad. Ahí cobra relevancia el Doctor Reichwein, al que también Urasawa desarrolla muchísimo y trata de hacerlo encajar lo más posible en la trama, al cruzarlo con Roberto (cuyo rol en este tomo es menor) y sobre todo con la pista que (una vez más) conduce a Johan como posible asesino de Richard. Lógicamente, Reichwein terminará por interesarse por el entorno del excéntrico millonario Schuwald, donde Johan está muy metido. Pero ¿esa punta no la íbamos a explorar a través del personaje de Nina? Sí, bueno, se superpone un poco todo. Nina aparece poco en el Vol.4, y Tenma (el supuesto protagonista) aún menos.
El tomo termina con decenas de páginas centradas en Schuwald y su relación con Johan, con el pibe que resulta ser su hijo, con la mujer con la que lo concibió, con la biblioteca a la que le va a donar los libros... Lo único mínimamente relevante en todo ese tramo es la aparición de ese misterioso libro de cuentos para chicos (escrito en checo) que le produce a Johan una reacción por lo menos inesperada. ¿Se resuelve en este tomo el misterio del libro? No. ¿Y en el Vol.5? Tampoco.
El Vol.5 tiene un poco más de sentido, pero también es choreo. Tras larguísimas secuencias en las que casi todos los personajes confluyen en la biblioteca de Bayern a la que Schuwald va a donar sus libros, llegamos a un momento clave, donde la historia debería haber terminado: tanto Tenma como Nina, ambos armados, quedan frente a frente con Johan y los dos tienen la oportunidad de cagarlo bien a tiros. Ninguno lo hace. Listo, me están cagando. Es obvio que Urasawa no quiere terminar la historia, quiere seguir estirándola hasta el infinito, porque faltan siglos para que se vuelva a dar una situación tan clara como la que vemos en este quinto tomo.
Después, el detalle de que el libro infantil esté escrito en checo lleva a Tenma a la ciudad de Praga, en busca de la verdadera madre de Johan: otro calvario, con secuencias larguísimas en las que Urasawa introduce nuevos personajes secundarios (Grimmer, el detective Suk) y nuevos villanos (Petrov) y de nuevo se arma una trama compleja y atractiva, en la que ni Tenma ni Johan parecen tener el menor peso. Es como si a Urasawa se le ocurrieran plots para una nueva novela gráfica y los metiera a presión adentro de Monster, con la excusa de explorar las consecuencias de las consecuencias de las consecuencias de una punta argumental que quedó abierta de pedo en los tomos anteriores y que andá a saber si tiene alguna relevancia en la resolución de la trama central.
Esta narrativa laberíntica, que convierte a la premisa original en una especie de jardín de los senderos que se bifurcan, este truco ya muy repetido de dedicarle cientos de páginas al desarrollo de personajes que luego morirán o desaparecerán sin aportar mucho más que pistas mínimas (y a veces confusas) acerca de Johan, su pasado, sus motivaciones, etc., me secó los huevos. No quiero leer más tomos en los que Urasawa nos vende espejitos de colores, amagues y gambetas. El dibujo es glorioso, cada personaje está perfectamente construido, los diálogos (ya lo dije la vez pasada) son buenísimos, pero el guion de Monster es una trampa. El subtexto interesante del primer tomo en el que Urasawa hablaba de la medicina como negocio y no como servicio quedó muy abandonado, la acción es escasa, Rungen (que pintaba para antagonista grosso) ya está condenado a un rol tan periférico que no constituye una amenaza real para Tenma... Tengo cada vez más cosas que criticarle a los guiones, realmente.
No sé si voy a comprar los cuatro tomos que faltan para llegar al final de la obra, pero sí sé que, si los compro, no los voy a conservar, porque nunca voy a releer Monster. ¿Me intriga saber cómo va a terminar? La verdad que cada vez menos, porque me doy cuenta de que para llegar a la resolución me voy a tener que comer casi 1700 páginas más de peripecias menores, secuencias de escasa relevancia estiradas más allá de cualquier límite y humo en cantidades industriales. Y sí, hay momentos en los que ser fan de Urasawa requiere comerse garrones importantes...
Buena semana y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
miércoles, 13 de septiembre de 2023
OTRA NOCHE DE MIÉRCOLES
Y acá estoy, con este blog ya clásico, y con un par de libritos leídos que me gustaría reseñar.
El 26 de Mayo de 2022 me metí con un libro que recopila la segunda mitad de la primera serie de Mister Miracle, con la que Jack Kirby nos presentara al personaje allá por 1971. Ahora leí el libro que trae la primera mitad (nºs 1-10) y que -esta vez sí- se titula "Mister Miracle".
Este es uno de esos comics en los que resulta casi una pelotudez analizar por separado el guion y el dibujo, pero igual voy a encarar por ese lado. A nivel visual, esto es un desconche, una bola de demolición que te lleva puesto y te pulveriza. Alguien en DC había visto cómo quedaban los comics de Kirby cuando Marvel los republicaba en blanco y negro (en los gloriosos Essentials) y se decidió trabajar esta reedición en escala de grises, que están muy bien puestos y hacen que el dibujo de Kirby vibre tanto como si estuvieran ahí los colores. Los primeros cuatro números sufren las funestas tintas del irredimible Vince Colletta, pero para para el nº5 llega Mike Royer a entintar al Rey y las páginas directamente entran en erupción. El dibujo es tan bueno que incluso en los números entintados por Colletta hay imágenes absolutamente memorables, de esas que te devastan las retinas para siempre.
Y los guiones... bueno, claramente no están al nivel de los dibujos. Ni de lo que hacía Kirby en Marvel junto a Stan Lee. Al principio parece que la serie va a adoptar a largo plazo la fórmula "Scott es encerrado en una trampa de la que es imposible escapar, finalmente escapa y en las últimas viñetas nos explica cómo hizo, dónde tenía escondido el laser miniatura que le permitió romper tal pared, o los propulsores que le permitieron pegar tal salto, o algo así". Te fumás dos números con esa fórmula y lo lógico es no comprar nunca más la revista. Pero por suerte Kirby busca rápido otras vueltas, y si bien hay situaciones que se repiten, a medida que entran en juego los otros personajes del Fourth World (Big Barda, las Female Furies, Granny Goodness, Kanto, Himon, etc.) la cosa empieza a levantar una especie vuelo un poco más épico.
A mí, que me gusta el puterío, lo que más me llamó la atención es la aparición de Funky Flashman y su lacayo Houseroy, una sátira con pésima leche en la que Kirby humilla sin piedad a Stan Lee y al pobre Roy Thomas, que la liga de rebote. Claro que la habilidad de Kirby para escribir buenos diálogos era tan limitada, que a duras penas logra algo a priori tan sencillo como reproducir la forma tan particular en la que escribía Lee sus columnas editoriales. En rigor de verdad, el peso de Funky Flashman en esta etapa de la serie es ínfimo, pero bueno, es impactante porque se notan mucho las malas intenciones del Rey para con quien fuera su co-equiper (y jefe) en Marvel. Después, el resto es muy convencional. Villanos muy similares entre sí, poco desarrollo para Oberon, un poquito más para Barda, el origen del protagonista revelado en cuotas... Un clásico comic de aventuras, peligros y machaca de los que a principios de los ´70 empezaban a quedar un poquito antiguos, pero sin dudas muy eficaz como entretenimiento, y con sustancia suficiente como para que mil años después Mister Miracle, Barda y Oberon todavía tengan unos cuantos fans. Y el dibujo, un infierno.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se publica Nuda Vida, un libro de una factura impresionante, con una calidad de papel e impresión infrecuente en nuestro país. Adentro nos encontramos con trabajo descomunal de Lautaro Fiszman, que nos narra con imágenes momentos destacados de la funesta Guerra de la Triple Alianza, sus causas y consecuencias. Son relatos 100% documentales, que incluso se nutren de textos de la época, por supuesto sin chistes ni elementos fantásticos. Acá no hay aventura, no hay desarrollo de personajes, no hay diálogos ingeniosos, sólo un reflejo descarnado de lo que fue la guerra más bochornosa de todas las que tuvieron lugar en Sudamérica.
Lamentablemente, si el tema te interesa, seguro ya sabías todo lo que cuenta Fiszman en los textos. Porque -como ya señalé- los textos tienen cero ficción, son los datos duros de lo que pasó, por qué pasó, cuándo pasó, etc.. En mi caso puntual, eran datos que ya tenía y en ese sentido la lectura de Nuda Vida me dejó gusto a poco. Descubrí a algún que otro personaje menor que desconocía (Ignacio Fotheringham, por ejemplo) pero no mucho más. Bueno, sí. El horror y la vergüenza que genera recordar que Argentina tuvo un rol destacado en ese genocidio atroz, al que nunca se repudió lo suficiente.
Por suerte tenemos todas esas páginas dibujadas por un Lautaro Fiszman en estado de gracia, en un estilo pictórico que subvierte las bases del realismo para explotar en un tsunami expresionista, tan atroz y furibundo como las batallas que narra. Con las pinceladas ahí, a la vista, Fiszman propone un tratamiento del dibujo y del color totalmente personal y de altísimo impacto visual. Cuando dibuja a personajes históricos, te das cuenta al toque quiénes son, porque las resemblanzas están muy cuidadas, al igual que los detalles de armas, uniformes, vehículos y edificios de la época (1864-1874, más o menos). La impronta pictórica no reduce en ningún momento la capacidad narrativa del dibujo, aunque a veces es tanta la magia que tira Lautaro en la viñeta, que te colgás muchos minutos para descubrir cada detalle, y eso puede hacer que te desconectes del relato, sobre todo si no te apasiona el tema que toca.
Si nunca te adentraste en la temática de la Guerra de la Triple Alianza, yo te diría que arranques por acá y después pases a Guaraní, la novela de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti que vimos el 27/05/19. En las páginas de Nuda Vida vas a ver el contexto más desarrollado, más explicado, y en Guaraní vas a encontrar una historia más cercana, más humana, más parecida a la vida real que a los libros de historia. Y en ambos casos se te van a derretir las retinas con unos dibujos más allá de toda exégesis.
Nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, los comentamos en este espacio. Gracias y hasta pronto.
domingo, 10 de septiembre de 2023
POR FIN DE REGRESO
Después del viaje a Córdoba (y de descansar mil horas, porque venía estropeado) encontré un rato para redactar un par de reseñas de dos libritos que leí en los últimos días.
De a poquito, me sigo armando la colección de álbumes publicados por DC con los clásicos británicos de la 2000 A.D.. Esta vez le entré al Vol.1 de RoboHunter, con casi 130 páginas de material originalmente serializado en el mítico semanario en los años 1978 y 1979. Sabía de la existencia de Sam Slade y de su chapa en la cosmogonía de la 2000 A.D., pero la verdad que nunca había leído una saga completa del personaje. Y en una de esas, esta primera saga agarra al personaje y a su universo un poco crudos, pero lo cierto es que mucho no me convenció.
El guion de John Wagner es ágil, con diálogos graciosos, altas dosis de violencia, y peripecias imposibles que se acumulan una arriba de otra de un modo bastante caótico, pero sin dejar nunca de moverse hacia adelante. Es como un videojuego de acción, en el que sí o sí tenés que avanzar, sortear obstáculos, derrotar a bichos y cosas que se te vienen al humo y que no te dan margen para reflexionar demasiado acerca de lo que está sucediendo. Leído de a seis páginas por semana, probablemente el ritmo se sienta distinto. Pero así, en formato libro, se impone una vorágine narrativa que te impulsa para adelante y no da tregua. El problema es que no hay mucho más que la acción, las peripecias y los combates violentos entre Slade y sus oponentes (en este caso un planeta poblado solo por robots). Y ya cuando mató a 15, 20, 50 robots, uno más pulenta que el otro... es como que la narración pierde un poco el interés.
Quedan para rescatar los diálogos ingeniosos, ideas limadas que le aportan al guion un filo humorístico bastante negro, y un trabajo visual más que atractivo de un Ian Gibson que, aún muy lejos del nivel que va a mostrar años más tarde en Halo Jones, se la banca muy dignamente. Gibson sorprende con la fluidez del relato, arriesga fuerte en la puesta en página y decide con gran criterio dónde eliminar los fondos y dónde dejar la vida en unas viñetas imposibles, hiper-mega-superpobladas de elementos, todos dibujados a la perfección. Hay un muy buen equilibrio entre negros, blancos y grises y diseños de personajes muy variados (algunos van para el lado del humor o la caricatura). Gibson también aplica un muy buen trabajo de texturas para sugerir la iluminación, sobre todo cuando dibuja el rostro de Sam Slade (que es una especie de Humphrey Bogart/ Sylvester Stallone) y la rompe toda cuando ilustra esos paisajes hiper-tecnológicos del planeta de los robots.
No mucho más, la verdad. No creo que nunca me compre un segundo libro de RoboHunter, pero este me entretuvo un rato, y el dibujo es decididamente un motivo más que suficiente para pegarle una repasada de vez en cuando.
Me vengo a Argentina, año 2023, para hablar un poco de Inundación, la novela gráfica escrita por Guido Barsi y dibujada por Santiago Miret, galardonada con el Premio Estímulo a la Escritura (edición 2022) en la categoría Narrativa Gráfica. Se trata de una historia policial, en la que un comisario investiga la desaparición de una chica, pero con la particularidad de estar ambientada en el pueblo bonaerense de Epecuén, poco antes de la trágica inundación que lo dejaría completamente sumergido durante décadas.
Y ahí está el as de espadas que tiene para jugar Barsi. Si ya leíste 786.644 historias de chicas desaparecidas y canas que las buscan, o si -como a mí- el protagonista (Ricardo Zago, clon de papel y tinta de un Roy Scheider joven) te resulta medio insulso o con poco desarrollo a lo largo de la historia, siempre está el impacto que produce enterarse qué pasó con Epecuén, cómo se llegó a que un pueblo entero de la provincia de Buenos Aires desapareciera bajo las aguas durante unos 25 años. Obviamente el comisario Zago no es Superman ni Thor y no puede hacer mucho para impedir la inundación. Pero la tensión que genera la inminencia del desastre enriquece muchísimo el devenir de la investigación policial que busca dar con Marcela Tanzi, la chica perdida. Como en casi todos los policiales modernos, el rol del villano va a estar encarnado por alguien de mucho poder económico, en este caso un personaje bastante más complejo y mejor trabajado que el protagonista de la novela.
Gracias al gran aprovechamiento que hace Barsi del inusual contexto en el que se desarrolla la trama, el guion tiene momentos realmente fuertes, inquietantes, que te ponen muy nervioso. Y el final no es para nada el que yo me imaginaba durante la lectura. Los diálogos son correctos, suenan naturales al oído argento, la sub-trama política también está bien llevada, hay buenos personajes secundarios... con lo cual podemos hablar de un guion muy satisfactorio, probablemente el mejor en la carrera de Guido.
El dibujo de Miret me desconcertó un poco. En las escenas en las que recurre a la referencia fotográfica para retratar de manera realista escenarios y vehículos de la época en la que transcurre la mayoría de la novela (1985) opta por una línea sintética, finita, prolija. Casi todos los fondos están dibujados así, con un trazo casi de arquitecto, entintados con lo que parece ser una rotring finita. Pero las viñetas que se centran en la figura humana, o en los rostros humanos, muestran a un Miret jugado a un claroscuro extremo, en la línea de Jock (el británico) o el Shawn Martinbrough de sus primeros trabajos. Acá tenemos mancha negra a full, en busca de contrastes que no siempre quedan bien logrados. El resultado es un dibujo potente, expresivo, para nada frío, pero no exento de algunos problemas, entre ellos los primeros planos, en los que a veces un mismo personaje aparece en la misma página con distintos rasgos faciales, fruto del dudoso criterio con el cual el dibujo de Santiago gana o pierde detallismo.
Fuera de estas irregularidades en el dibujo, Inundación es una historieta muy interesante, que se mete con no uno sino dos momentos muy jodidos de la historia argentina del último tercio del Siglo XX, y que logra condimentar un clásico thriller policial con elementos reales tan tremendos y tan dolorosos que nos gustaría pensar que son inventos de Guido Barsi. Esto está publicado (a todo culo, cabe aclarar) por la editorial santafesina Grünendör, pero seguro habrá comiquerías en el resto del país donde se pueda conseguir un ejemplar.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante de siempre y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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martes, 5 de septiembre de 2023
SEIS AÑOS TARDE
Hoy tengo para reseñar dos libros que comparten la misma fecha de publicación original: el año 2017.
A fines de Junio había arrancado con Indigno de Ser Humano, un manga de Junji Ito en el que el ídolo adapta una novela de Osamu Dazai, y el Vol.1 (ver reseña del 29/06/23) me había parecido una maravilla. El segundo me pareció todavía mejor: esta vez la trama deja un poco de lado la política para meterse mucho más en el mundo del arte, ya que el protagonista, Yozo Oba, incursionará tanto en las artes plásticas como en la historieta... mientras continúa su descenso a los abismos de la desolación.
Junji Ito encuentra a fuerza de ingenio y talento un montón de oportunidades para recordarnos que, aunque encare una obra seria, dramática, de corte existencialista, mantiene intacta su habilidad para conjurar imágenes pesadillescas, dibujadas a un nivel devastador. Indigno de Ser Humano es un viaje al fondo de la psiquis de un tipo arruinado por la vida, por su propia venalidad. Un espiral (como los de Uzumaki) hacia el infierno del alcoholismo, que suma elementos de sexo, traiciones entre amigos, fantasmas del pasado, familias destruidas, sueños pisoteados y la salud de Yozo, que ya para el final del tomo es lastimosa.
Repito: todo esto contado en serio, en un tono muy dramático, muy realista, con alguna mínima pincelada de comedia y una onda cruda, descarnada, ideal para contar una historia en la que la esperanza, el amor, la integridad y la felicidad tienen cada vez menos cabida a medida que pasan las páginas. Es un verdadero placer acompañar a estos personajes en su viaje hacia el horror, ver cómo se retuercen sus vínculos, como se corrompen sus sueños, cómo la frustración se los come crudos y cómo el escabio incumple la promesa de apagar por un rato ese fuego infernal que los consume. Este es un manga adulto en serio, jodido como enema de chimichurri, que te deja en un estado entre reflexivo y triste, pero que sin dudas te altera, te cambia, te pone en un lugar donde seguro nunca estuviste antes... a menos que tu vida haya sido tan conflictiva y zigzagueante como la de Yozo Oba, en cuyo caso te hago llegar mi compasión y mi solidaridad.
¿Recomiendo este manga? Lo recontra-recomiendo. De hecho ya se convirtió en mi obra favorita en toda la bibliografía de Junji Ito. Posta, es un orgullo que en Argentina se publiquen historietas de esta calidad. Y encima la edición de Ivrea es excelente, con una traducción brillante de Damián Gaggero. Entrale con todo, no te vas a arrepentir.
Salto a Croacia, donde los maestros Darko Macan e Igor Kordey producen para el mercado francés el primer álbum de Marshal Bass, una serie ambientada en el Oeste de los EEUU en el año 1875, poco después de la abolición de la esclavitud. La trama del álbum gira un poco sobre eso: ¿qué hacen los negros ahora que no son más esclavos? El protagonista, River Bass, va a aceptar una oferta para ponerse la camiseta de la ley y el orden, y su primera misión va a consistir en desarticular una peligrosa banda de criminales, integrada por ex-esclavos. Un negro se va a jugar la vida para que otros negros no aterroricen a todo el estado de Arizona, en una aventura repleta de acción, giros inesperados y diálogos espectaculares.
Se nota mucho que Macan y Kordey pensaron esta serie a largo plazo, para hacerla durar un montón de álbumes (en Francia sale mañana el Vol.10): el protagonista está muy bien trabajado, y entre los secundarios se destaca su esposa, que si bien tiene un rol menor, se lleva varios de los mejores diálogos del tomo. Macan además maneja muy bien el formato: tiene 56 páginas para trabajar y la historia que presenta calza perfecto en esa extensión, sin estirar y sin comprimir. Toda la narración fluye a un ritmo alucinante, que te cautiva, te engancha y te impide soltar el libro hasta el momento en el que llegás a la última viñeta.
Buena parte del mérito le corresponde también a un Kordey en estado de gracia, un dibujante sublime, que está en su mejor momento. Kordey logra ponerle al clásico dibujo de aventura realista ese filo al borde del grotesco que caracterizaba, por ejemplo, a Richard Corben. Sus personajes son hiper-expresivos y sus escenas de violencia realmente estremecedoras. Cuando dibuja multitudes, cuando dibuja paisajes, cuando dibuja combates, prácticamente no hay una sola página de Marshal Bass en la que el dibujo del croata no te quite el aliento, no te haga que te agarres la cabeza y digas "no puedo creer lo que estoy viendo". Kordey te bombardea con cátedras de virtuosisimo en cada rostro, en cada detalle, en esas texturas que parecen de Andreas, en esas angulaciones que -de nuevo- nos remiten a Corben. No tengo dudas de que incluso si no te interesa el guion, o incluso si no te gusta el western, Marshal Bass te puede atrapar simplemente con la fuerza del trazo de un Kordey demoledor, muy por encima de la media de lo que se ve habitualmente en este tipo de BD de aventura más o menos clásica. Y bueno, ahora a tratar de conseguir los otros álbumes de esta serie, de la que ya me hice hardcore fan.
Nada más, por hoy. Nos vemos en Córdoba, en Docta Comics, entre el jueves 7 y el sábado 9, y si no, seguro nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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domingo, 3 de septiembre de 2023
DOS LIBROS FINITOS
Sigo con poco tiempo para leer comics, pero me logré terminar dos libros de esos tranquilos, de pocas paginas, que procedo a reseñar.
Allá por 2020 leí y reseñé los dos primeros TPBs de Scarlet Witch, aquella breve serie escrita por James Robinson, y se hizo difícil conseguir el tercero y último. Finalmente apareció y debo decir que este Vol.3 es el pico más alto en esta trilogía de recopilatorios. Lo único que tengo para criticarle es que me resultó un toque caprichoso el dogma tan estricto de que cada episodio tenga un dibujante distinto, sobre todo porque eso hace que visualmente el librito sea muy desparejo. El primer episodio lo dibuja Leila Del Duca, que es apenas competente; el segundo se lo dan a Annapaola Martello, que es una dibujante bien del montón; el tercero está a cargo de Jonathan Marks-Barravecchia, un dibujante más raro, más emparentado con el Jae Lee de Inhumans y Sentry: para el cuarto tenemos a Shawn Crystal, clásico fill-inero de Marvel, que sorprende con una muy atractiva puesta en página y arma un combo muy potente con el color de Chris Brunner, pero tiene más problemas que Medio Oriente cuando tiene que dibujar primeros planos de las protagonistas; y finalmente el cierre está a cargo de Vanesa Del Rey, también con un trabajo modesto, sin brillo ni sorpresas, que se vuelve mínimamente interesante gracias a la magia cromática de la inmensa Jordie Bellaire. Esto mismo en blanco y negro, sería virtualmente infumable.
Pero lo grosso está en el guion de Robinson, un autor ya muy curtido, que acá se anima a todo. Probablemente el sacudón más interesante (del que dudo que otros guionistas se hagan cargo) es la revelación de que Wanda es la continuadora de un legado de Scarlet Witches que viene de mucho antes, y que su verdadera madre fue la Scarlet Witch anterior. Todo el tema del origen de Wanda (y Pietro) se resuelve de manera muy interesante, con muchas sorpresas fuertes y vueltas de tuerca alucinantes que no borran como por arte de magia lo establecido por los autores que trabajaron anteriormente con los personajes. Otro punto altísimo es la caracterización de Agatha Harkness, que acá cobra una profundidad inusitada y hasta logra que uno por momentos simpatice con ella. Sí, esa vieja con cara de ojete se convierte en un personaje muy atractivo gracias a la pluma mágica de Robinson. También está la construcción de un villano pensado para ser (en el largo plazo) el archi-enemigo de Wanda, pero la confrontación no se llega a ver, por lo menos en los 15 números que duró esta serie. Lo que sí llega a un final consistente es el plot, desarrollado por Robinson a lo largo de toda esta etapa, en el que Wanda tiene que resolver esa especie de "crisis en el corazón de la brujería", una epopeya mística que por momentos parece un sentido homenaje a la Promethea de Alan Moore y J.H. Williams III, pero con dibujantes medio crotos.
En esta serie, que claramente daba para durar mucho más, James Robinson nos presenta a una Wanda muy humana, vulnerable, pero decidida a todo para recuperar su imposible poder, con sacudones limados y un respeto increíble por la riquísima historia de una de las grandes creaciones de Stan Lee y Jack Kirby. Creo que salió un broli más power que recopila los 15 números juntos, y que debe ser más fácil de encontrar que los tres libritos individuales. Si sos fan de Scarlet Witch (de toda la vida, o a partir de la chapa de Wanda en el MCU), te lo recontra-recomiendo. Y si te sumaste a la barra brava de James Robinson a partir de a su paso por Starman, obviamente también.
Me vengo a Argentina, año 2023, para disfrutar horrores del sexto librito de la magnífica serie Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, que publica con encomiable regularidad la editorial Libros del Cosmonauta. Esta vez, Federico Reggiani y Ángel Mosquito nos presentan "Elvis fue Vicepresidente, Parte I", 80 páginas que -contra todos los pronósticos- logran superar a los que hasta ahora eran los mejores libritos de la colección. Hoy y hasta nuevo aviso, esta es mi aventura favorita de mi serie argentina favorita.
A un ritmo electrizante, la dupla nos mete en una comedia de enredos clásica, en la que los protagonistas oscilan entre el rol del vivo que viene a hacer fortunas a costa de los incautos, el rol de la víctima a la que la garcan como de arriba de un puente, y el rol del loser que tiene que dejar hasta su último gramo de suerte, coraje o lo que sea para arañar un empate. Esto es muy gracioso, muy ganchero e incluso adictivo. No quería llegar a la última página para no irme de este universo alucinante en el que conviven seres y conceptos limadísimos con situaciones y actitudes demasiado reales.
Esta vez el guion se mete a fondo con la política, y la forma en que se gestiona, se financia, se promueve y se rosquea la obra pública. Si bien Roque & Gervasio ya nos había paseado varias veces por los laberintos de la burocracia (por supuesto en clave satírica) esta vez la saga explora vericuetos similares, pero a un nivel más alto, el del protocolo político en las más altas esferas de un planeta de enorme inestabilidad social. Obviamente esto está lleno de guiños elípticos a la realidad de un país socialmente inestable en el que se suele chorear a cuatro manos con la obra pública, al que ni hace falta nombrar. Pero además la trama abunda en situaciones desopilantes que tienen que ver con una cultura basada en lo que sería la quintaesencia del mítico Elvis: sexo, droga y rockanroll. El atildado Roque y el lábil Gervasio reaccionan a este contexto de maneras muy diferentes, y de ahí salen contrapuntos divertidísimos, que le agregan picante al entramado político-financiero de la misión que deben cumplir los pioneros del espacio.
Y además (y con esto termino) en este librito queda más claro que nunca que para Roque y Gervasio todos estos encuentros con alienígenas bizarros, burócratas del cosmos y chantas varios no son apenas una fuente de peripecias que se olvidan cuando la trama llega a su fin. Acá todo eso constituye también el pasado de los personajes, porque muchos de estos conceptos reaparecen en aventuras posteriores y dan la sensación de un universo en constante expansión, cada vez más rico, más complejo y más fértil para las andanzas de nuestros conquistadores planetarios. Si todavía no entraste en la adicción de Roque & Gervasio, no lo dudes más. La vas a pasar bomba, de acá a la luna artificial de ASDF 44 Trotilo.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos en un par de días, y si estás en Córdoba (o cerca) nos vemos jueves, viernes y sábado en la nueva edición del Docta Comics.
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jueves, 31 de agosto de 2023
NOCHE DE JUEVES
Vamos rapidito con un par de reseñas, que tengo poco tiempo...
En 1969, una editorial de Brasil publicaba en ese país un comic-book de los X-Men, en blanco y negro, con las historias originales de Stan Lee y Jack Kirby. Pero como estas tenían 20 páginas y la revista 32, tenían que llenar la publicación con algo y se les ocurrió encargarle historias cortas de estos mismos personajes a autores locales, sin pedirle permiso a Marvel. La revista duró apenas 14 números, 10 de los cuales incluyeron estas historietas apócrifas, escritas por el experimentado guionista Gedeone Malagola (de larguísima trayectoria en el comic de Brasil) y dibujadas por Walter Gomes.
Esto es, básicamente, una truchada, en el sentido más amplio del término. Los guiones son cualquier cosa: las personalidades de cada uno de los X-Men no están bien respetadas, Malagola tiene 8 ó 9 páginas pero cuenta historias que daban para cuatro o para 20, y el personaje más importante de esa primera etapa (el Profesor Xavier) aparece sólo en una de las 10 historietas de producción propia. En general son anécdotas muy menores, muy por abajo del material de Stan Lee, que tampoco era brillante.
El dibujo de Gomes es muy desparejo, muy tosco. Cuando se limita a la mímesis, le va más o menos bien: reproduce la puesta en página y el trazo del Rey Kirby de un modo casi aceptable. Pero sobre el final empieza a probar otras cosas y opta por una puesta en página que se vuelve torpe y confusa, y por un trazo mucho más cercano al de Werner Roth, el dibujante que sucedió a Kirby y tuvo a su cargo la etapa menos atractiva de esta serie. Si esto se ve así en blanco y negro, no me quiero ni imaginar qué hubiese pasado si se publicaba a color, con el color que tenían las revistas brasileras en 1969.
El tomo recopilatorio (donde tampoco aparece ninguna leyenda que nos aclare que estos personajes son de Marvel) incluye también tres historias cortas de Nick Fury que -al igual que las de los X-Men- fueron encargadas a autores locales por la editorial que publicaba en Brasil la revista del espía más capo de SHIELD. La diferencia es que nunca se supo quiénes fueron los autores de estos verdaderos papelones, mal escritos y pésimamente dibujados, con un festival de viñetas choreadas de comics de Barbarella, Rip Kirby, Modesty Blaise y siguen las firmas.
Esto es algo que quería tener y me interesa conservar simplemente por el grado de bizarreada, de material imposible, que sólo aceptás que existe cuando lo tenés en la mano. En 1969 ya era obvio que X-Men era un título muy menor dentro de la cosmogonía de Marvel y que en cualquier momento lo cancelaban. Aún así, una editorial de Brasil (no precisamente de las más chicas) apostó por esta serie, quizás porque las más conocidas ya estaban compradas por otra editorial, y de yapa nos obsequió estos clásicos de la impostura y el choreo a mano armada. La edición de 2022 a cargo de Editora Criativo, un lujo, con muy buenos textos y gran calidad de reproducción para un material por lo menos polémico.
Me voy a Francia, año 2014, cuando Noël Simsolo y Frederic Bézian inician la serie Doctor Radar, con un álbum de 64 páginas titulado "Asesino de Sabios". Por ahí hay gente que no lo conoce, pero Bézian es uno de los mejores historietistas del planeta, un monstruo, un tipo de un talento descomunal. Cualquier cosa que lleve su firma se convierte en el acto en algo que merece ser comprado, leído y atesorado. Bézian es una mezcla perfecta entre Lorenzo Mattotti, Nicolas De Crécy, Alberto Breccia, Lionel Feininger y Carlos Nine (y Lucas Nine, incluso). Un dibujante virtuoso, plástico, expresivo, con una solidez narrativa impactante, un manejo de la masa negra que te hipnotiza, y que acá encima utiliza una paleta de colores limitada, potenciada por un juego de engamados pensado para resaltar los climas que quiere transmitir en cada página. No alcanzan las palabras para describir lo maravilloso que es el trabajo de Bézian en Doctor Radar, esto hay que verlo para creerlo. Y releerlo varias veces, para colgarse mal en cada viñeta, porque en cada una hay muchísimo para descubrir y para deleitarnos.
El guion de Simsolo es interesante. Muy clásico, al punto que los diálogos recurren a esa prosa florida y protocolar típica de los álbumes de Tintin. Y con la suficiente cantidad de giros argumentales como para mantener el interés del lector hasta el final. El misterio principal, que tiene que ver con la verdadera identidad del Doctor Radar, se resuelve de manera magistral (e impredecible) cuatro páginas antes del final, pero lo que sigue no es un epílogo, sino más peripecias y más acción. La trama está ambientada en París en 1920, y la reconstrucción de la época es magnífica. Simsolo no deja sin visitar un sólo punto emblemático de lo que sería la famosa Belle Epoque parisina y nos pinta un fresco muy atractivo de aquella sociedad, sus vicios, miserias, búsquedas y hallazgos. Pobre tipo, haga lo que haga siempre va a estar opacado por la magia arrolladora del trazo de Bézian, pero la verdad es que de no conocer a Nöel Simsolo, pasé a considerarlo un guionista a tener muy en cuenta.
El final deja una punta abierta, y efectivamente los autores la retomaron en otros dos álbumes de Doctor Radar, publicados en Francia, pero inéditos en España (de lo cual deduzco que a este no le debe haber ido bien en la Madre Patria). Espero conseguir las secuelas este año, cuando me toque visitar por primera vez el país de Astérix.
Y esto es todo por hoy, y por este mes, que ya termina. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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lunes, 28 de agosto de 2023
NOCHE HORROROSA
Hace un frío atroz y el cielo está más oscuro que el corazón de Mephisto. Una noche inmunda, que sólo se puede soportar leyendo comics. O reseñas de comics, en una de esas...
Empiezo con el tercer y último tomo de La Danza del Tiempo, de Igor Baranko, una obra de la primera década del milenio que le valió al autor ucraniano un éxito enorme a nivel global. La verdad que la labor de Barank en la faz gráfica lo justifica ampliamente, porque acá se lo ve en un nivel espléndido, como ya dijimos en las reseñas de los tomos anteriores. Acá hay un poquito de Moebius, un poquito de Druillet, mucho Milo Manara, mucho Sergio Toppi, algo del primer Bilal, algo de Durañona, algo de Hugo Pratt... hasta algo de Andrea Pazienza, si me apuran. La narrativa es dinámica, variada, sorprendente, el color es hermoso, las secuencias están armadas con gran criterio... hasta esa página con nueve cuadros chiquitos repletos de texto llama la atención por la calidad del dibujo y la variedad de los enfoques.
El guion está muy bien, aunque me parece que en un punto se le fue de las manos al autor y, cuando se dio cuenta, ya estaba muy cerca de las últimas páginas y tuvo que pegar un volantazo para resolver la trama central de un modo que -me parece- no era el que había planificado en un principio. Nunca vemos el reencuentro entre Luna-entre-las-Nubes y Cuatro-Vientos, éste nunca cruza el Océano Atlántico para llegar a las tierras de los blancos y el ritual para cerrar la brecha del Tiempo nunca se llega a concretar. Son demasiadas las diferencias entre las cosas que los personajes enuncian como parte de sus objetivos y lo que realmente sucede, con lo cual uno sospecha que el final real era otro, y Baranko no llegó a mostrarlo, porque se colgó con otras historias dentro de la historia, o le dio bola a otros aspectos de la trama que le comieron mucho espacio. En este tomo, por ejemplo, entre que Luna-entre-las-Nubes llega al país de los iroqueses tras la pista de su ex-marido y que decide seguir viaje tras conocer su paradero, pasan 30 páginas. Que están bárbaras, pero en el contexto de un álbum de 48, donde además quedaban por resolver puntas argumentales de dos álbumes previos, es mucho.
El resto está muy bien. Baranko juega fuerte con el misticismo propio de las culturas originarias de América del Norte, pero no cae en la tentación de hacer "la Gran Jodorowsky" y aprovechar los elementos sobrenaturales para no explicar nada y dejar medio en bolas al lector. Acá hay un elemento sobrenatural importante, pero tiene peso sólo sobre el final y no es un deus ex machina para resolver cabos sueltos, sino que es un desafío más en el derrotero de Cuatro-Vientos.
Es probable que por el tono de la saga, ésta requiriera un final más épico, más definitivo, en lugar de deshilacharse hacia un desenlace donde a Baranko le quedan varias cosas por definir. Pero el viaje se disfruta a pleno, no faltan la acción, la intriga palaciega, la rosca, la contradicción a veces irónica entre las creencias de estos pueblos y lo que realmente le sucedió a América en el Siglo XVI, y hay muchos personajes de los que uno se enamora y quiere volver a ver en infinitas secuelas. Así que La Danza del Tiempo es, por lo menos para mi gusto, una trilogía de álbumes sumamente recomendable.
Vamos a Estados Unidos, año 2014, la época en la que Astro City era un título mensual en la línea Vertigo, siempre a cargo de Kurt Busiek y Brent Anderson, pero con la posibilidad de sumar a algún otro dibujante para garantizar la periodicidad mensual. Así es como en este tomo, Private Lives (vendría a ser el Vol.11 en la colección de TPBs), tenemos un unitario dibujado por Graham Nolan, siempre lejos de mi lista de favoritos, pero en un nivel bastante aceptable. Anderson, en los otros cinco episodios, está sólido como siempre, sin cancherear, sin que le sobre demasiado, pero muy en sintonía con los guiones de Busiek (que a veces se van un poquito a la mierda en cantidad de texto) y con el trabajo de los coloristas.
En cuanto a las historias, acá tenemos cuatro episodios unitarios y uno de dos partes, que además es el mejor. Como lo sugiere el título del TPB, son historias chiquitas, que atañen a las vidas privadas de los personajes. No busques la hiper-epopeya en la que está en juego el universo entero, porque acá no la vas a encontrar. En el primer unitario, Busiek nos cuenta cómo es la vida de la secretaria de una especie de "hechicera suprema", que no es Stephen Strange pero es obvio que funciona como analogía del Tordo en esta realidad. Después tenemos la historia de un villano de la B que adoptó distintas identidades a lo largo de las décadas porque nunca pudo dejar la adrenalina que le genera cometer delitos. La tercera es una especia de ejercicio formal en la que los autores eligen contar una historia en desorden, con secuencias intercaladas de modo casi aleatorio, sin respetar la diégesis. Es un experimento complicado porque además hay dos tramas: una más romántica y una más... metafísica, porque trata de la aparición en Astro City de una entidad más cercana a un dios que a los humanos.
El libro cierra con un gran unitario protagonizado por Starbright, un superhéroe joven, bastante en la línea del primer Firestorm, que transiciona de varón a mujer. Y la historia en dos partes juega con un tema que aparece en miles de comics de superhéroes, pero nunca se había encarado desde esta óptica: los robots asesinos. ¿Cuántas veces viste a un superhéroe desactivar o destruir robots asesinos? ¿Y alguna vez te preguntaste qué pasa con ellos una vez terminada la batalla? ¿Alguien pasa a levantarlos, alguien trata de reconstruirlos, alguien estudia esa tecnología para aplicarla a otras cosas? Busiek propone una respuesta que te va a asombrar, y a la vez te va a cerrar por todos lados.
Como suele suceder en las historias de Astro City, por encima de la aventura se luce el desarrollo de personajes, que en general son hombres y mujeres bastante más normales que el superhéroe o supervillano promedio. En ese contraste entre un universo poblado de super-seres y personajes muy humanos y muy reales, Busiek encuentra hace casi 30 años la materia prima con la que construye estas historias, casi siempre conmovedoras y a veces muy impactantes. La idea básica siempre es mostrar el lado más terrenal de los universos superheroicos, la vida en las calles (o puertas adentro) de la gente como nosotros que vive en un mundo en el que existen desde siempre versiones mínimamente camufladas de los icónicos justicieros de DC y Marvel. Y es una idea tan bien llevada a cabo, que hoy Astro City es, más que una serie recomendable, una serie indispensable. Tengo otro tomo sin leer en el pilón de los pendientes, así que pronto volveremos a visitar a esta gran creación de Busiek, Anderson y Alex Ross.
Nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y si el miércoles a las 22:30 están al pedo, vengan al canal de YouTube de Comiqueando, que vamos a estar charlando de comics, cine, literatura, política, deportes, amor, sexo, religión, morfi, viajes... sin restricciones de ningún tipo, en vivo y gratis para toda el habla hispana en una nueva emisión de Agenda Abierta. Nos vemos por ahí.
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viernes, 25 de agosto de 2023
VIERNES EN BLANCO Y NEGRO
Bueno, voy lento con la lectura, es una garcha, pero es real.
Hoy tengo para reseñar en primer lugar el Vol.3 de Innocent, el manga de Shin´ichi Sakamoto centrado en la familia de verdugos que tenía a su cargo las ejecuciones públicas de delincuentes en los años previos a la Revolución Francesa. En este tomo en particular pasan dos cosas que no me coparon en lo más mínimo: 1) no aparece el mejor personaje del Vol.2, que era la hermanita menor de Charles-Henri; y 2) si el ritmo narrativo hasta acá era lento, ahora es definitivamente parsimonioso. Parece a propósito, como si el autor no quisiera llegar nunca al siguiente punto importante de la historia. Desde el principio del tomo tenemos como conflicto central la inminente ejecución de Robert-François Damiens, un personaje que fue presentado de manera magistral en el tomo anterior, y que acá saca una chapa infinita. Pero son 200 páginas de amagues, porque la muerte de Damiens no llega a incluirse en el Vol.3 de lo lento que Sakamoto narra "la previa".
Como mencionaba en la reseña del tomo anterior, lo más interesante de Innocent es cómo se aleja del concepto de la aventura para ahondar en la psiquis de los personajes y en el contexto histórico de esa Francia de la segunda mitad del Siglo XVIII, rica en injusticias y desigualdades. Este tomo recorre a fondo la primera de esas vertientes, la indagación en la personalidad y las motivaciones de Charles-Henri, Nicolas, Anne-Marthe y el ya mencionado Damiens. Y cuando digo "a fondo" es a fondo, posta. Uno siente que conoce muy bien a estos personajes, sufre y goza con ellos y sabe cómo va a reaccionar cada uno frente a los distintos sucesos (muy pocos, cabe aclarar) que presenta el desarrollo de la trama.
Y obviamente, aunque todo eso no te interese en lo más mínimo, Innocent es un manga que se puede comprar simplemente para babearse con los dibujos, que tienen una calidad realmente majestuosa. Los personajes masculinos están un poco muy afeminados (los de clase alta, el resto no), pero todo lo demás es glorioso. Los detalles en la ropa, en los muebles, en los carruajes, los paisajes, los palacios, las ciudades, esas escenas más oníricas... Sakamoto y su equipo le ponen belleza hasta a las torturas. Llega un punto en que ya deja de importar que la trama avance a la velocidad de un caracol tullido, ciego y con 52º de calor, porque si te colgás con los dibujos, encontrás magia tanto en las páginas splash como en las viñetas más chiquititas y eso -posta- justifica todo. Innocent es un manga lírico pensado para contar el horror. Algo que parece una contradicción o un oxímoron, se convierte en un atractivo irresistible, incluso en un tomo en el que la historia avanza poquísimo. Tengo un par más, ahí esperando su turno, así que ya volveremos a esta París que de a poquito empieza a mostrar esa inestabilidad que va a explotar con fuerza en 1789.
Me vengo a Argentina, porque encontré otro título de 2022 que me faltaba leer y reseñar: Guanaco Blanco, un libro con unas 140 páginas de historieta escritas y dibujadas por Omar Hirsig, el autor oriundo de Tierra del Fuego de quien ya vimos otro trabajo allá por el 03/10/16.
El planteo de la saga no es super original: un pibe se intenta suicidar, pero es salvado por una entidad mística ancestral que lo empodera para que se convierta en un justiciero, destinado a vengar los crímenes cometidos contra la tierra en la que vive. Hasta ahí, nada que no hayamos leído varias veces. El detalle que cambia todo es que la historia de Guanaco Blanco transcurre en Río Grande, Tierra del Fuego, en el extremo sur de Sudamérica, donde los pueblos originarios fueron masacrados sin piedad para que llegara una "modernidad" que resultó rentable para muy pocos. Entonces, esta enigmática figura pondrá sus poderes al servicio de una cruzada que es básicamente una venganza letal y despiadada contra quienes encarnan la corrupción y la injusticia en esa región remota de nuestro país.
La historia está muy bien contada, hay muy buenos personajes secundarios, buenos villanos, buenos diálogos y los flashbacks en los que Hirsig explica qué corno está pasando y por qué están puestos en momentos muy acertados. La historia genera intriga y tensión, entre otras cosas porque el autor encuentra la forma de que incluso este espectro justiciero, claramente más ágil y más fuerte que cualquier ser humano, pueda ser vulnerable y esté cerca de morir en combate. Eso, más el buen ritmo al que avanza la trama, garantiza un buen rato de diversión y emociones fuertes, a menos que te espante un toque la violencia, que está muy presente en todo el relato.
El dibujo de Hirsig está mucho mejor que en sus trabajos anteriores. Sigue muy jugado al claroscuro, pero lo maneja a la perfección, con trazos que recuerdan a Jok, a Eduardo Risso, a Lauri Fernandez y -en los tramos más hermosos del comic- a José Muñoz. La narrativa es diáfana, muy fluida, los textos se complementan con las imágenes de modo orgánico, los personajes son perfectamente reconocibles, los planos son variados... Claramente ya no estamos frente a un principiante, sino a un autor ya consolidado, con un gran manejo de la técnica tanto gráfica como narrativa.
Si no te aburre la temática de "el justiciero que vuelve del Más Allá para vengarse de los garcas" y no te molesta el alto grado de violencia, no tengo dudas de que Guanaco Blanco te va a cautivar. Es una historieta bien escrita, muy bien dibujada, con sutiles toques de comedia, de terror y de denuncia socio-política. Por si faltara algo, la edición del libro está muy prolija, muy cuidada, al nivel de cualquier lanzamiento de las editoriales de Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Bien por Omar Hirsig y a esperar con ansias su próxima obra.
Nada más, por hoy. Espero tener un rato durante el finde para avanzar con nuevas lecturas, así las comentamos pronto acá en el blog.
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