el blog de reseñas de Andrés Accorsi

domingo, 22 de febrero de 2026

NOCHE DE DOMINGO

Vengo de una seguidilla de días bastante agitados, con cumpleaños en el medio y todo. Pero por fin logré parar un toque la pelota y sentarme a reseñar los últimos libros que leí. Ya estoy casi en el final de East of West, y mi expectativa rumbo al desenlace bajó un toque con la lectura del Vol.9. Me da la sensación de que Jonathan Hickman y Nick Dragotta no lograron meterle más presión a esa olla que en el Vol.8 ya estaba calentita, a punto de estallar, y en este tomo la patean a la tribuna. El personaje grosso que parecía morir al final del tomo anterior resulta estar vivo, la jugada maestra de Xiaolian está buena pero se define en pocas páginas, y el guionista se centra mucho en el tema de Death, Babylon y los jinetes del Apocalipsis, que no es precisamente lo que más me llama la atención dentro de esta ambiciosa saga. Este es un tomo bastante violento, con balazos en la cabeza de varios personajes, gente muy pulenta atravesada por espadas aún más pulenta y combates muy zarpados. Y acá sí, muere definitivamente uno de los protagonistas, probablemente el que uno menos esperaba que muriera. Pero le falta algo. No sé bien qué es, no lo podría definir en pocas palabras. Lo que sé es que, a tan pocas páginas del final, esperaba más tensión, más intensidad en la escalada de los conflictos. Por ahora, quedan abiertas unas cuatro o cinco puntas argumentales, que Hickman tendrá que resolver en los episodios finales, probablemente con un pase de magia que le dé un cierre a varias de estas puntas con una misma pincelada. Veremos con qué me encuentro en el tomo final. Obviamente, más allá de que este tomo no me haya resultado tan satisfactorio como el anterior, las tramas más potentes todavía están ahí, y al elenco todavia le sobran personajes carismáticos, capaces de patear el tablero y cambiar el resultado del partido en la última jugada. Los diálogos también siguen en un gran nivel, el dibujo de Dragotta no afloja (más allá de cierto abuso de los primeros planos) y el trabajo de Frank Martin en el color ya pasó de notable a consagratorio. Así que, a pesar de todo, se puede confiar en que vamos a tener un Vol.10 a la altura de las circunstancias. Prometo entrarle pronto.
Y ya estoy ahí, a milímetros de terminar de reseñar todos los libros de historieta argentina que salieron en 2025 y me interesaron como para leerlos en físico (recordemos que acá no reseño el material que leo en digital). Sobre el final del año, Loco Rabia publicó Los Hermanos Dadá, de Federico Baert y Marcos Vergara, obra en la que -como suele suceder- se destaca muchísimo el dibujo de este talentoso autor oriundo de San Nicolás. Los hallazgos de Vergara en materia gráfica son muchísimos, desde el diseño de los personajes hasta la elección de la paleta de colores y las tipografías para los diálogos. Están buenas las onomatopeyas, los gestos en las caras, el ritmo que elige para contar las escenas de acción, los enfoques que elige para ponerle dinamismo a las secuencias donde solo vemos gente que habla... Vergara sabe hacer de todo y acá no se guarda nada. Hasta el detalle boludo de no dibujar los marcos de las viñetas impacta positivamente en la faz visual del libro. El guion es el clásico guion de Baert, con un humor basado en las guarangadas y las atrocidades, con altísimos niveles de mala leche, vínculos retorcidos entre personajes detonados y diálogos al filo de lo publicable. Esta vez, a todo eso, se le suman muchas situaciones en las que cobra peso la machaca. Los Hermanos Dadá es una historieta repleta de situaciones violentas, que muchas veces no te ves venir porque se supone que es una comedia. Pero es una comedia con persecuciones, peleas, tiroteos, explosiones, asesinatos, turbas enardecidas que causan destrozos en las calles... Lo que empieza medio en joda crece como una bola de nieve en cada uno de los episodios y termina invariablemente en la sección Policiales de los diarios. Y como es una comedia, los protagonistas salen enteros de estas situaciones caóticas y violentas de un modo medio inexplicable, y no importa. No resulta frustrante ni tramposo que Baert rompa ciertos pactos de verosimilitud para que Yapa y Barrilete zafen una y otras vez de las hecatombes que ellos mismos generan. Los diálogos, si bien son muy graciosos, vienen con el hexágono negro que advierte "EXCESO DE PUTEADAS". Baert les hace decir a los personajes bastantes más groserías que las que profiere el ser humano promedio. A mí me encanta, sin embargo, encontrarme en una obra de ficción con frases que uno (que es un grosero de mierda) dice todos los días en el mundo real, como por ejemplo -y voy a ser fino- "Chupame la chota" o "Me echo un garco y vamos". Si te molesta el uso y abuso de las mal llamadas "malas palabras", es muy probable que los diálogos de Los Hermanos Dadá te resulten inadmisibles. Baert y Vergara nos cuentan aventuras alocadas de personajes inmorales, inescrupulosos, capaces de cualquier cosa. Y de ahí salen las sorpresas que le ponen impacto a los guiones. Uno supone que entre una chica, su hermano y su padre, las cosas se van a dar de cierta manera, y como esta familia es completamente disfuncional y extrema en miles de cosas, se dan de otra y se desatan todos estos kilombos de los que ya hablé más arriba. Las tropelías de Yapa y Barrilete involucran también a un vasto elenco de personajes secundarios (todos dibujados como los dioses por Vergara), como para que no nos acostumbremos a la extraña dinámica que se crea entre los protagonistas. Solo por los dibujos, esto ya vale muchísimo la pena; y si te divierten las aventuras tipo South Park, grotescas, zarpadas, idas a la mierda en materia de mala leche y guarangadas, seguro vas a disfrutar también de los guiones. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante, no se pierdan el miércoles la nueva emisión de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, y nos reencontramos pronto acá en el blog.

1 comentario:

Marcos Vergara dijo...

¡¡¡Muchas gracias Andrés!!! Siempre le levantás el ánimo a mi ego!