jueves, 30 de mayo de 2024
NOCHE DE JUEVES
Bueno, ocho posteos en Mayo y 40 en cinco meses no está tan mal.
Hoy empezamos con Black Panther: Panther´s Quest, el tomo que recopila el extenso serial que se publicó a fines de los ´80 a lo largo de 25 entregas de la revista Marvel Comics Presents. Cuando la leí en su momento, en fetas quincenales de (casi siempre) ocho páginas, me gustó mucho más. Hoy no llegó a parecerme una cagada, pero se nota demasiado que el guionista Don McGregor tenía una idea muy chiquita y se propuso estirarla hasta los límites más insospechados. El conflicto principal (T´Challa busca a su madre que fue raptada por un sudafricano blanco hace casi 30 años) está muy bueno, y la resolución también. Y el resto no está a la altura, ni ahí.
Lo mejor que tiene Panther´s Quest es cómo se enchastra en un contexto muy picante a fines de los ´80, y que fue abordado por varios comics de superhéroes: el Apartheid. Y como la saga es muy larga, McGregor incluso tiene espacio para mostrarnos que no todos los negros eran víctimas, y que en Sudáfrica había hijos de puta, violentos y perversos de las dos razas. El guionista además tira mucha data acerca del Apartheid, no es solo un adorno, o una mención superficial para darle sustento a los kilombos en los que se mete T´Challa. Y lo otro muy copado es (como siempre) el nivel de la prosa de McGregor, abundante, por momentos agobiante, pero de muy alto vuelo, con momentos dignos de un Robin Wood, un Héctor Oesterheld o un Alan Moore.
Los diálogos me gustaron menos. Y lo más lamentable es la sucesión absurda de peripecias por las que pasa T´Challa para ir del punto A al punto B: un laberinto del terror en el que mil veces lo cagan a piñas, le pegan tiros, lo prenden fuego, le clavan vidrios, alambres de púa, cuchillos, lo ahogan... y el tipo (que no tiene superpoderes, ni garras de vibranium, ni nada) se levanta una y mil veces, roto y ensangrentado, y sigue adelante en sus combates contra quien se le ponga adelante. Hay tres o cuatro pausas en el relato en los que el héroe puede descansar, curar sus heridas y recuperar sus fuerzas y su prodigioso estado físico. Pero es demasiado, son muchos golpes, tajos, fracturas... llega un punto (bastante temprano en la narración) en la que tantos "puntos de daño" hacen mierda el verosímil que intenta construir McGregor.
Y el atractivo que no envejece, sino que -por el contrario- se disfruta cada vez más, es el dibujo del maestro Gene Colan, acá entintado por Tom Palmer, su clásico socio en gemas como Tomb of Dracula. Incluso con un color que oscila entre lo olvidable. lo repulsivo, la dupla Colan/ Palmer garantiza una calidad impresionante en la faz gráfica. En algunas páginas hay fondos que podrían estar y no están, pero en general el comic hace gala de un gran dinamismo, con puestas que enfatizan el fluir de la acción, rostros que acentúan el dramatismo de lo que sucede, mucha variedad en los enfoques... Solo faltaría que McGregor se llamara al silencio y dejara que Colan narre algunas secuencias sin texto, pero sabemos que eso es imposible porque si hay un guionista famoso por su verborragia, es este.
Panther´s Quest no tiene mucho que ver con la versión de Black Panther que conoce y consume la mayoría de los fans actuales, y si no fuera por la importancia del Apartheid en la trama, es un comic que se podría haber creado tranquilamente a fines de los ´60, o en cualquier momento de los ´70. Pero está bueno porque -si bien está groseramente estirado- es intenso, jugado, áspero y relevante para la historia del personaje.
Cuarto tomito de DDDDD, y último de los que tenía comprados. Muy bueno. Inio Asano me terminó de cebar con esta entrega, en la que incorpora nuevos personajes muy atractivos, avanza los plots que involucran a las chicas que están desde el principio (que ahora en vez de a la secundaria van a la universidad) y hace crecer a límites zarpados la intriga y la tensión en torno a los invasores, a los que ahora vemos de cerca, y hasta escuchamos hablar. ¿Qué son esos seres que parecen niños humanos con escafandras bizarras? ¿De dónde vienen? ¿Cómo se adaptan a vivir en las ciudades terrestres cuando las fuerzas militares destruyen sus naves? Ahí hay material para contar muchísimas historias apasionantes, y ese es el camino que pareciera tomar DDDDD. En el medio hay diálogos delirantes y muy cómicos (los raptos de violencia y megalomanía de Ouran son espectaculares), más slice of life con la que Asano explora la vida de la gente en estas ciudades alteradas por la presencia de los alienígenas, referencias mangas y videojuegos, romance y hasta escenas tremendamente crudas en las que vemos a los militares hacer mierda a los invasores. Ah, y otra historieta cómica de Isobeyan para abrir y cerrar el tomo bien arriba.
De alguna manera (que espero haber expresado de manera elocuente en estas cuatro reseñas), Asano logró convencerme de que Dead Dead Demon´s Dededede Destruction tiene lo que hay que tener para convertirse en un manga fundamental, que recontra vale la pena seguir hasta el final. Tiene mucho que ver la descomunal calidad del dibujo, obviamente, pero también el desarrollo de los personajes y la forma siempre extraña que tiene este autor de borrar las fronteras entre los géneros y nunca quedar encasillado en ninguno. En pocas páginas Asano puede pasar de lo pavote a lo profundo, del humor al drama, de lo cotidiano a lo bizarro, como para que el lector no sepa nunca qué esperar, ni por dónde va a venir el próximo golpe, o el próximo volantazo en la narración.
Me pongo en campaña para conseguir más tomos (a ver si Ivrea hace lo mismo para devolverle algún tipo de periodicidad a la edición argentina) no con la certeza, pero sí con la ilusión, de estar frente a una nueva obra maestra de este monstruo llamado Inio Asano.
Nada más, por ahora. Gracias por el aguante y vuelvo a sumergirme en el océano de la Comiqueando Digital, cuyo nº9 ya está cerca.
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domingo, 26 de mayo de 2024
TARDE DE DOMINGO
El domingo pasado me hice el banana y mandé tres reseñas juntas, como si sobraran. ¿Qué pasó después? A lo largo de la semana prácticamente no tuve tiempo de leer comics. Y recién hoy, una semana después, puedo volver a redactar las reseñas de los dos libritos que logré terminar.
Me devoré el Vol.3 de DDDDD, y mis expectativas subieron mucho, porque este tomo es bastante mejor que los dos primeros. De a poco, Inio Asano empieza a introducir dos elementos con los que se lleva muy, pero muy bien: un cierto tinte más reflexivo, más existencialista, y un cierto vuelo poético. Sin dejar de lado para nada lo más interesante que tenía hasta ahora DDDDD, que era el contraste entre el slice of life de las chicas de escuela secundaria y el extraño contexto de un Japón sobrevolado por naves espaciales contra las que las fuerzas militares de la islita no pueden hacer casi nada. El plot de los invasores gana protagonismo en esta entrega y ya no es algo de lo que Asano se acuerda de vez en cuando: ahora está muy presente, de punta a punta del tomo. Ya de entrada los combates entre militares japoneses y naves alienígenas se cobran la vida de uno de los personajes secundarios con más peso en los dos primeros tomos, y para el final el autor sube la apuesta en materia de sorpresas impactantes cuando -por primera vez- nos muestra cómo son los seres que tripulan estas naves.
Entre todo esto, las escenas de las chicas tienen (de nuevo) algunos diálogos muy logrados, momentos cómicos, momentos delirantes y momentos realmente pavotes, que no aportan nada. Alrededor de las chicas anda Hiroshi el hermano de una de ellas, que me parece que va a ser el personaje secundario más interesante de la serie, por cómo lo viene desarrollando Asano. Y lo último para destacar es cómo el manga desenfatiza las escenas de acción bélica, los bombardeos y demás escaramuzas entre las fuerzas militares japonesas y las naves invasoras... mientras enfatiza todo lo contrario: la forma en que, con el correr de unos pocos años, la gente de las ciudades invadidas se acostumbraron a vivir bajo la sombra de las naves y hasta incorporaron a la cultura cotidiana elementos que reflejan la constante presencia de estos extraños artefactos por sobre sus cabezas. Ahí hay algo, probablemente una invitación a la reflexión desde la ironía, que me resulta interesante.
Y por supuesto, una vez más me encuentro con unos dibujos deslumbrantes, con los que Asano y su equipo de asistentes te regalan viñeta a viñeta un festín para los ojos. Para esta altura yo ya noto tres niveles de realismo en los dibujos: los fondos hiperrealistas basados en fotos, las chicas (y algunos varones) dibujadas en un estilo semi-funny, que al toque remiten a comedias adolescentes estilo Archie, y un tercer nivel, de personajes incidentales, que no tienen desarrollo, que son gente que simplemente pasa por ahí, y que está representada con un trazo definitivamente humorístico, cercano al estilo que utiliza Asano en las breves historietas de Isobeyan con las que abre y cierra cada tomo. En fin, bizarreadas que se suman a una serie que ya de por sí es rarísima. Ah, un dato bizarro más: este Vol.3 salió en Mayo de 2023, y al día de hoy (un año después) solo aparecieron TRES tomos más. O sea que, a este ritmo, faltan otros dos años para que Ivrea llegue al Vol.12. Un disparate.
Por fin pude leer completo Dragontamer, el arco final de Slaine, escrito por el maestro Pat Mills y dibujado por nuestro compatriota Leonardo Manco. Esto se serializó entre 2019 y 2020 en la revista 2000 AD, y para la reedición en libro (de lujosas tapas duras, donde la saga central viene complementada por dos historias cortas en blanco y negro) Manco retocó varias páginas, para que en vez de ser magníficas sean perfectas.
No hay manera de explicar lo que hace Manco a nivel visual en esta obra. Pocas veces me tocó ver a un artista pegar un salto cualitativo como el que dio Leo entre sus trabajos anteriores (pienso, por ejemplo, en la miniserie de Wacky Races en DC) y este. Yo creo que lo cautivó la temática, la ambientación, la posibilidad de crear una aventura 100% fantástica, en la que no hay límites para la cantidad de sangre, tripas y miembros amputados que vuelan por el aire. Manco sintoniza al toque la onda cabeza de "machaca, monstruos, hachazos y sangre" y le agrega un toque de elegancia, un preciosismo exquisito que hace que Slaine parezca más una obra de arte que un entretenimiento hiper-violento para varones adolescentes pasados de testosterona. Por ahí en algunas secuencias se nota un poco la escasez de fondos, pero está perfectamente compensado con el laburo descomunal en la figura humana, en las expresiones faciales, en el diseño de los dragones, de las armas y armaduras... Esto es una fiesta en la que bailan (y chapan) el descontrol típico de Simon Bisley y la sobriedad y la belleza de un Frank Frazetta. No recuerdo otras obras de Manco realizadas a color directo (en general entrega páginas en blanco y negro, para que alguien más las coloree), y tampoco recuerdo historietas de la 2000 AD en las que el color se vea mejor que en Dragontamer. Visualmente esto es una gloria, un trabajo más que consagratorio para un Leo Manco que no está ahí, expuesto todo el tiempo, pero que cuando aparece detona todo su talento y -en laburos como este- se da el lujo de pintarle la cara a colegas que quizás tienen más renombre y más fans.
Muy atrás de la maravillosa propuesta pictórica de Manco queda el guion de Mills. ¿Esto es el final de la saga de Slaine? ¿Por qué me mienten, si queda más abierto que un 24 horas? Ni siquiera vemos la derrota final del principal villano, ¿a quién quieren engañar? Y la trama en sí es de una pobreza desoladora: excusas chotas para que Slaine derrote en un combate atrás del otro a las fuerzas del villano, y no mucho más. Lo único mínimamente distinto, o potencialmente interesante, es la dicotomía entre un déspota que odia a los mutantes/ híbridos/ mestizos y tiene un hijo que es mitad ser humano/ mitad dragón. Pero eso ocupa el centro de la acción a lo largo de... tres páginas, a lo sumo. Después hay que seguir con el festival de los cuerpos atravesados o seccionados por hachas, lanzas, espadas o flechas. Y otra cosa: en el mundo de Slaine hay muchísimos elementos fantásticos, que tienen su peso en la trama de Dragontamer pero que nadie explica, como si Mills diera por sentado que todos sus lectores conocen a la perfección todo el lore acumulado por la serie en las sagas previas.
No me quiero ensañar con el maestro Mills, a quien admiro muchísimo, pero la verdad que acá lo salva el dibujo de Manco. Que es imponente, fastuoso, majestuoso. Y que alcanza y sobra para que cualquier fan de la historieta de aventura o del dibujo realista quiera tener este libro.
Nada más, por hoy. Espero poder postear durante la semana. Nos vemos el miércoles a las 22:30 en una nueva emisión de Agenda Abierta, en el canal de YouTube de Comiqueando.
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domingo, 19 de mayo de 2024
TRES LIBRITOS DE UN SAQUE
Durante el finde me liquidé tres libros de lectura rápida, que procedo a reseñar.
Conseguí de casualidad y a muy buen precio uno de los libritos de chistes de Fontanarrosa que nunca había leído: Fontanarrosa y la Política. Y no, no es casualidad que Ediciones de la Flor haya recopilado estos chistes (procedentes de medios distintos, entre ellos Satiricón, Hum® y Clarín) en 1983, cuando -al calor de la recuperación democrática- la política ocupaba un rol central en la agenda de la inmensa mayoría de los argentinos y argentinas. Como de costumbre, el material no está presentado en orden cronológico y se ven saltos groseros en el estilo del ídolo: aparecen chistes de la primera mitad de los años ´70, al lado de otros que (muy anclados en la coyuntura del momento) se nota a las claras que son del propio 1983. Entonces, no sólo no llegamos nunca al momento en que -para mi gusto- mejor dibuja el Negro (segunda mitad de los ´80 y década del ´90) sino que visualmente tenemos un libro lleno de altibajos. No es que el Fontanarrosa "temprano" sea un queso, ni mucho menos... pero se nota mucho la diferencia con los dibujos posteriores.
Los chistes combinan dos vertientes: la del humor "radial", totalmente basado en los textos, donde el dibujo podría omitirse sin que se pierda la gracia; y aquellos (sin duda los más interesantes) en donde la comicidad surge de la conjunción entre el texto y lo que se muestra en los dibujos. Hay algunos muy graciosos, otros un poco menos, pero estamos hablando del Negro Fontanarrosa, con lo cual uno da por sentado que el nivel va a ser más que satisfactorio.
Y lo más terrible: la gran mayoría de los chistes se nutren de un contexto de brutal crisis económica, con condiciones aberrantes impuestas por el FMI, con gente que trabaja por salarios miserables, empresas que se van a la quiebra, laburantes que terminan despedidos, inquilinos que terminan desalojados, jubilados que se cagan de hambre, clase media que renuncia al asado, las vacaciones, etc.... Más allá de un puñado de chistes que tienen que ver con el regreso de los partidos políticos y la retirada de los militares del poder, el libro resulta de una actualidad alarmante. Hay decenas de chistes que podrían aparecer HOY en cualquier medio argentino, porque parece que Fontanarrosa está hablando del 2024, no del ´82 o el ´83. Lo cual nos invita a reflexionar acerca de lo poco que mejoramos como país en 40 años, lo fácil que es para los garcas agarrar la manija y usarla para que, cada vez que parece que avanzamos, volvamos a retroceder.
Ahora sí, pude ponerle pausa a mi atracón de historieta franco-belga, pero esta vez no me voy tan lejos, porque tengo para comentar un comic de autores holandeses. Conocí a Léon La Terreur como "León el Terrible" en las páginas de Cairo, y me deslumbró -lógicamente el dibujo del maestro Theo Van Den Boogaard, un clon más moderno de Hergé con un trazo demasiado perfecto para ser real. Y las historias... nada, eran un poco repetitivas, pero efectivas.
Ahora me reencuentro con Léon gracias a un librito en formato pocket que conseguí por centavos en Francia, una edición de los ´80 en la que las historietas están remontadas para este tamaño de manera bastante criteriosa por Alain Korkos. Y me encuentro con que los guiones de la serie estaban a cargo de Wim T. Schippers, un tipo que hizo virtualmente DE TODO: dirigió cine y TV, condujo programas de tele y radio, hizo dibujos animados, fue doblajista, actor cómico, dramaturgo, artista visual... y sigue vivo, así que por ahí más adelante lo vemos debutar como cocinero, neurocirujano o arquero del Ajax. El librito trae varios chistes de dos viñetas (puestas una arriba de la otra), cortitos y al pie, en general con un humor surrealista y limado. Y además, historietas más extensas (las que salían en Cairo), más vertiginosas y -sobre todo- más violentas. Sin dudas es un gran hallazgo utilizar una línea tipo Hergé, tan prolija y relacionada con el orden, para contar historias tan caóticas, en las que los caprichos, los delirios de grandeza o la lisa y llana mala leche de Léon desencadenan escenas de kilombo y descontrol, a veces con consecuencias trágicas (que, como la historieta es 100% en joda, no se exploran).
Y si bien el recurso es siempre el mismo (Léon le inyecta por las malas una dosis de caos a una ciudad europea tranquila y prolija que parece quedada en la década del ´50), los autores suben la apuesta varias veces y se zarpan con cosas cada vez más violentas, o más groseras. Los diálogos están llenos de puteadas que generan más impacto en estos atildados señores sesentones, y además hay muy lindas referencias a otros comics, principalmente a Liitle Nemo in Slumberland. Obviamente el tamaño del librito no es el ideal para disfrutar al máximo del virtuosismo gráfico de Van Den Boogaard, pero si no sos MUY fan del autor, se re banca tener la obra así, en un formato barato, livianito y que ocupa poco lugar.
Para terminar, me devoré en un viaje en subte el Vol.2 de DDDDD, la serie de Inio Asano que empezamos a recorrer en la entrada anterior. Este tomito va por los mismos carriles que el anterior: el 80% de las páginas están dedicadas al slice of life centrado en estas adolescentes medio freaks, medio pavotas, que van a la secundaria, salen de compras, estudian, juegan a los videogames, etc.. De nuevo, cada tanto aparece algún diálogo gracioso, pero nada que logre retener mi interés a lo largo de tantas páginas. Y el 20% restante tiene que ver con lo que sí me llama la atención, que es la trama vinculada a esta extraña invasión alienígena, la también extraña forma en que reaccionan los gobiernos (especialmente el japonés) a la presencia de estas naves que sobrevuelan las ciudades, y la forma en que esa presencia altera la vida cotidiana de los ponjas. De a poco, Asano introduce en la trama a personajes que -supongo yo- van a explorar un poco más las consecuencias de estos sucesos que van más para el lado de la ciencia ficción y la conspiranoia, más alguna secuencia de tono bélico muy desenfatizada por el autor. Ojalá estas puntas argumentales se desarrollen a buen ritmo y cobren más protagonismo en los próximos dos tomos, porque si no, me voy a tener que bajar de la serie.
Si hay algo que me dice todo el tiempo "quedate, no te vayas, mirá lo que es esto..." es el dibujo de Asano y sus esbirros, que es realmente monumental. Desde esas caras ultra-expresivas de las nenas, hasta esas fotos pecho frío, apenas retocadas, todo se ve demasiado bien. Ah, y la secuencia en joda de Isobeyan, con la que abre y cierra el tomo (con más viñetas por página, color y un tono 100% humorístico), me pareció mil veces mejor que la del Vol.1. Veremos si más adelante eso también intersecta de alguna manera con el tronco de la narración que propone Asano... si es que tal cosa existe.
Y nada más, por hoy. Me tengo que dejar de pelotudear y avanzar con la Comiqueando Digital nº9, así que en las próxima semanas debería leer (y reseñar) menos historietas. Pero no descarto volver a postear pronto acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 17 de mayo de 2024
VIERNES TRANQUI
En el 2008, en uno de sus infrecuentes regresos al mundo de la historieta, el maestro Serge Clerc se despachó con una novela gráfica de más de 220 páginas titulada "Le Journal" (la revista), en la que cuenta desde una óptica muy personal la historia de la revista Métal Hurlant.
Le Journal es una obra rarísima. Primero porque es mezcla de documental y autobiografía: Clerc cuenta la historia de Métal Hurlant (centrada sobre todo en la figura de Jean-Pierre Dionnet, el director de la etapa original de la revista) pero a la vez cuenta su historia personal: su llegada a París desde su pueblo natal, su crecimiento, las cosas que descubrió (sexo, drogas, rockanroll, cine, comics, literatura, viajes, escabio...), su propia evolución como artista, los vínculos que entabló con editores, autores, comerciantes y fans... O sea que es la historia de Métal Hurlant, pero también la del propio autor. Y segundo por la forma de narrar que elige Clerc: No solo es raro verlo trabajar en blanco y negro. También es loquísima la forma en la que Clerc integra a las viñetas (a veces dentro de los globos de diálogo o de pensamiento, a veces simplemente en los fondos) todo tipo de piezas gráficas, que reproducen u homenajean a portadas de comics (yankis y franceses), portadas de revistas de otros tipos, de antologías con relatos pulp, de obras literarias, portadas de discos, afiches de recitales de bandas, afiches de películas, afiches publicitarios de cualquier cosa, folletos turísticos... Varias veces por página, Le Journal te bombardea con referencias visuales a otras cosas, muchas veces con una leve conexión con lo que le está sucediendo a los personajes en la trama, otras conectadas a lo que se estaba publicando en ese momento en la Métal Hurlant, y otras veces totalmente desconectadas, en una especie de representación metafórica de algo que no se termina de entender.
El resultado es una obra que avanza a un ritmo vertiginoso, narrada de manera muy confusa. Todas estas recreaciones que hace Clerc de las portadas y demás piezas gráficas son alucinantes en términos de dibujo, pero terminan por marear al lector que trata de seguir la historia de Jean-Pierre, Serge y otros personajes destacados como Phil Manoeuvre y el mítico Yves Chaland. Seguramente el mejor tramo de la obra es el que indaga en la amistad entre Clerc y Chaland, un vínculo instantáneo y férreo, forjado en la pasión por los comics franco-belgas. Un homenaje conmovedor al genio que nos dejara en 1989 con sólo 33 años. En el aspecto más "documental" de la obra, Clerc nos muestra a Dionnet como un personaje abrumado por los kilombos, que en vez de confrontarlos escapa para adelante... donde genera nuevos kilombos. Por momentos parece ser retratado como "el héroe" de la novela, pero (aunque en el prólogo, que está a su cargo, se suba al carro de los héroes) las agachadas, los dobleces y los matices son tantos que nunca llega a ese nivel.
La verdad que no sé si Le Journal es la mejor forma de enterarse cómo se desarrolló la historia de Les Humanoides Associés y su famosa revista. Sí la valoro (y mucho) como vehículo para disfrutar a pleno del infinito talento como dibujante de Serge Clerc, de su línea elegante, sus composiciones impactantes, su manejo del claroscuro, del lenguaje corporal de los personajes, y de la mímesis para adaptar a su estilo todo tipo de materiales gráficos de distintas épocas, distintos países y distintos géneros. Una pena (y a la vez, bastante entendible) que esto exista sólo en francés.
Tarde pero seguro, empecé a leer un manga del que tengo varios tomos comprados, ahí en la pila de los pendientes: Dead Dead Demon´s Dededede Destruction (de ahora en más, DDDDD), una obra de Inio Asano que combina slice of life de chicas de escuela secundaria con elementos de ciencia ficcion y cosas que tienen que ver (o no) con el absurdo, el nonsense. Casi nada en este primer tomo tiene mucho sentido: son casi 200 páginas donde no hay mucho más que una presentación (muy lograda) de los personajes y otra (bastante ambigua) de la situación peculiar en la que viven. ¿Qué hace ahí esa gigantesca nave interestelar? ¿Por qué sus ocupantes (en caso de tenerlos) no se comunican con los terrícolas cuyo espacio aéreo invadieron? ¿Posta viene de otro planeta, o hay una conspiración político-militar con una potencia extranjera? Obviamente a Asano no le interesa revelarnos estos misterios tan temprano, ya que tiene 11 tomos más por delante.
Mucho me temo que para llegar al punto en que se aclare todo el tema de la nave (si es que tal cosa sucede alguna vez) habrá que fumarse infinitas páginas de las boludeces que hacen y dicen las protagonistas. Kadode, Ouran y sus amigas están en plena edad del pavo y Asano no lo oculta en lo más mínimo. Por ahí entre la sarta de idioteces que las vemos hacer y decir, alguna conecta con el misterio de la nave nodriza. O no, la verdad que leí un artículo muy bueno de Matías Mir al respecto, pero no me acuerdo cuánto de esto explicaba... y no lo quiero releer para que el manga me resulte más intrigante y las revelaciones me sorprendan.
Eso, claro está, si me aguanto más tomos en los que la trama no avanza. Tengo comprados tres más, y la verdad que si el argumento no encuentra una dirección que me convenza para el Vol.4, difícilmente compre los ocho restantes. Por ahora (y acá no descubro la pólvora ni el dulce de leche) el principal atractivo de DDDDD es el descomunal trabajo de Asano y sus asistentes en la faz gráfica, donde se disocian más que en otras obras del ídolo los personajes (dibujados de modo sintético, caricaturesco, como si fuera un manga humorístico) y los fondos, donde hay un trabajo inverosímil, por supuesto hecho en base a fotografías. Hay buenos climas, algunos diálogos divertidos, un misterio bastante original, pero el dibujo lo eclipsa todo, como la nave que le tapa el sol a los habitantes de la ciudad.
Tengo varias series de manga empezadas, con tomos en la pila de los pendientes, y varias obras autoconclusivas. Pero las voy a postergar un cachito para leer en las próximas semanas los tomos 2 al 4 de DDDDD y decidir si la sigo o la cuelgo. Ah, me olvidaba: excelente la traducción de Manuel Mercado.
Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.
martes, 14 de mayo de 2024
VALERIAN Vol.7
Esta reseña continúa desde donde quedó la del 29/09/16.
Hora de meternos con el último integral de Valérian, el que incluye los tres álbumes finales de la gran serie que Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres nos ofrecieron entre 1967 y 2010. Fueron 43 años de trabajo para contarnos apenas cuatro años en la vida de estos personajes y este universo... pero qué cuatro años.
Sin dudas el integral es el formato ideal para leer este tramo de la serie, porque si tomás por separado cualquiera de los tres álbumes que incluye el libro (Al Borde de la Gran Nada, El Orden de las Piedras y El Abretiempo) te vas a encontrar con pedazos de historia, narraciones incompletas que empiezan pero no terminan, o al revés. Christin y Méziéres pensaron esta última gran aventura de Valérian y Laureline como una trilogía de álbumes y eso marca definitivamente el ritmo al que se van a desarrollar los sucesos de las tres entregas que Norma editó de un saque, en un librazo.
Visualmente, esto es formidable. Acá vemos a un Méziéres totalmente afianzado, sin el menor desfasaje entre las imágenes que se le aparecen en la mente y las que terminan plasmadas en el papel. Incluso se da el lujo de dibujar y colorear varias secuencias en otro estilo, más cercano al de Enki Bilal, con ese tratamiento más pictórico del color. En estos tres álbumes Méziéres te tira una genialidad atrás de otra y -como parte del atractivo consiste en que sobre el final reaparecen decenas de personajes de los álbumes anteriores- la comparación entre este Méziéres y el de los primeros años de la serie se hace tan inevitable como favorable a la versión más madura del autor.
La trama es un in crescendo muy adictivo, que va a llevar a un punto culminante el plot más importante que venía arrastrando la serie: la búsqueda de Galaxity, además condimentada con una guerra a todo o nada contra los responsables de su desaparición. Valérian y Laureline arrancan la saga bien de abajo, y con el correr de las páginas van a ganar amigos, aliados y sobre todo confianza en su propia chapa, para afrontar la epopeya final. En el medio, como siempre, hay situaciones más distendidas, en las que aparece el talento de los autores para la comedia y el disparate. También a lo largo de los dos primeros álbumes de la trilogía tenemos apariciones y mucho desarrollo de varios personajes secundarios, entre ellos Ky-Gai y el teniente Molto Cortés, que es una versión mínimamente camuflada de quien vos te imaginás que puede estar detrás de ese nombre. Todo esto hace muy llevadero este espiral ascendente, que gana en tensión con el correr de las páginas.
Y para el final, Christin y Méziéres se van al carajo: sin profundizar demasiado en las motivaciones de cada uno, hacen reaparecer (como ya dije) a decenas de personajes (buenos, malos y neutrales) de los que ya conocíamos de los 20 álbumes anteriores, y todos toman partido por uno de los bandos: o se encolumnan atrás de las piedras, o se suman a la cruzada de Valérian por derrotarlas y rescatar al mundo perdido. Obviamente es espectacular y emotivo ver el regreso de tantas caras conocidas, pero no es algo que esté del todo justificado en términos narrativos. Para cuando este verdadero pandemonium de personajes se terminó de acomodar en los dos bandos enfrentados, al último álbum le quedan unas 15 páginas y la batalla final -si bien es épica- es muy breve. Y la victoria que se llevan los buenos es rápida y fácil, como las chicas que me gustan a mí. Me hubiese gustado ver más sufrimiento, más sacrificios, que los buenos tuvieran que soportar más pérdidas y más dolor, y mostrar más aguante y más resilencia para derrotar a una amenaza que se nos mostró como imbatible a lo largo de tantas páginas. Pero bueno, el espacio es tirano y había que meter ese epílogo brillante, esa última vuelta de tuerca que cierra, abre, impacta, emociona... Hasta cuidan el detalle de que el último personaje que aparece en el álbum sea el villano de la primera aventura, como para que el cierre sea todavía más redondo.
Las aventuras de Valérian y Laureline terminan en un punto muy alto, con un Christin afiladísimo, que nunca se olvida de bajar línea contra los vicios del sistema, y un Méziéres que para este entonces ya dibujaba muy lento, pero a un nivel impresionante. Esto es ciencia ficción de la buena, de la grossa, de la que te cambia la forma de pensar la ciencia ficción. Una de las series realmente imprescindibles que nos dio el comic franco-belga.
Y hay más comic franco-belga para las próximas entradas del blog. Quiero parar, para hablar de material de otros países, pero no puedo, estoy on fire. Gracias por el aguante y hasta pronto.
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viernes, 10 de mayo de 2024
VIERNES GÉLIDO
Primeros días de frío posta en Buenos Aires y bueno... le metemos calor a las reseñas.
En 2020 salió un séptimo tomo de Criminal, la gran serie de Ed Brubaker y Sean Phillips, esta vez en Image, y con dos historias autoconclusivas en las que se repite un mismo truco: el protagonista lee historietas y los autores interrumpen el relato troncal para mostrarnos páginas de esas historietas, que funcionan como homenaje a las revistas setentosas en blanco y negro, básicamente Savage Sword of Conan y Deadly Hands of Kung-Fu. Más allá de disfrutar de los malabares visuales que realiza Phillips para evocar de alguna manera el estilo gráfico de esas historietas, no es un truco que aporte demasiado. En la primera historia, el comic que lee Teeg Lawless tiene una resonancia bastante lograda con lo que le pasa en "la vida real", una metáfora que ya había conseguido Alan Moore en Watchmen, con la historieta del pirata náufrago. En la segunda historia, lo que Tracy lee en la historieta no tiene nada que ver con la trama en la que se ve envuelto, pero por lo menos la trama es bastante mejor que en la primera mitad.
Porque es importante señalar que este tomo de Criminal no está ni por asomo al nivel de los seis primeros en lo que se refiere a los guiones. Las dos historias son menores, y la primera ni siquiera tiene demasiado atractivo más allá de la violencia con la que se maneja Teeg cuando se ve atrapado en un territorio hostil como es la cárcel. La segunda levanta un poco la puntería, primero porque las situaciones que nos presenta Brubaker son más atípicas, segundo porque hay un cierto misterio, preguntas que los autores nos obligan a hacernos a los lectores, que vemos todo el tiempo un pedacito de lo que está pasando, no el cuadro completo. Y tercero por la calidad de los diálogos, realmente magníficos. Incluso con dos historias por debajo de su promedio habitual, Brubaker está a años luz del típico guionista mainstream simplemente por ese manejo insuperable de los diálogos y de cómo generar clima con los silencios y con los bloques de texto, donde su prosa brilla hasta cuando intenta no hacerlo.
Entonces, si bien este tomo de Criminal es prescindible, y se puede dejar afuera de ese bloque superlativo compuesto por los seis primeros tomos, acá hay algunos puntos altos. Por supuesto arriba de todo está el dibujo de Phillips, acá en tres estilos distintos y con la posibilidad de -en las páginas en las que homenajea a Conan- salir de su zona de confort (que es la ambientación urbana del Siglo XX) para dibujar paisajes, armas y locaciones muy distintas a las habituales. Uno a esta altura compra sin chistar cualquier cosa que diga "Brubaker y Phillips", pero bueno... si te querés poner un poquito más exigente, filtrar algo de lo que producen estas dos bestias, acá tenés un tomo que se puede dejar pasar sin sentir que te falta algo fundamental para tu biblioteca, o tu vida.
Retomo la lectura de historieta argentina con un libro que salió hace muy poquito, para la Feria del Idem. Allá por el 18/10/18 me tocó reseñar un álbum en el que el maestro Tatúm (santafesino radicado hace muchos años en España) adaptaba varios relatos de Ambrose Bierce. Esta vez la consigna es la misma, pero a partir de cuentos de Horacio Quiroga, de esos que transcurren el norte de la Mesopotamia argentina.
Bajo una tapa horrorosa, que te pide por favor que NO compres el libro bajo ningún concepto, en Tacuara Mansión tenemos las adaptaciones de cuatro relatos del mítico escritor uruguayo, tres de los cuales no conocía. Como ya me pasó otras veces, me encuentro con que los argumentos de los cuentos de Quiroga me parecen chotísimos. El que adapta Tatúm en la primera historieta (la que da título al libro) es una anécdota muy menor, muy estirada, que se soporta solo porque los dos personajes principales tienen personalidades muy extremas y nunca sabés cómo pueden terminar. La segunda es la más interesante, porque explora a fondo la forma en la que (hace un poco más de un siglo) se extraía la madera de los bosques del Noreste argentino, y se la enviaba a las distintas ciudades a través del río Paraná. Ahí hay un retrato muy certero de esa actividad (repleta de peligros e injusticias para los laburantes), muy bien trasladado a la historieta por Tatúm. La tercera historia es otra anécdota larga, con un conflicto que en un pasaje se pone intenso, pero que se desploma como un castillo de naipes cuando Quiroga la remata de la manera más pelotuda que te puedas imaginar. Y la cuarta historia es una nueva adaptación de "A la Deriva" (vimos otra el 26/05/11), un cuento cuyo argumento es "a un hombre lo pica una víbora venenosa y se muere". En serio, no pasa nada más, ni hay ningún otro elemento dramático más que la agonía del pobre tipo.
O sea que, para que Tacuara Mansión tenga sentido, te tiene que gustar el dibujo de Tatúm. Y a mí la verdad que me gusta bastante, incluso en esta etapa de su carrera, en la que está más sereno, menos salvaje que en los ´80, cuando te detonaba las retinas con esas historias cortas, mucho más experimentales, que publicaba de vez en cuando en El Víbora o Cairo. Me parece que le juega un poco en contra tanta preponderancia de los colores ocre y verde, pero es lógico, porque las historias están ambientadas en lugares donde hay bosques, barro y un río color marrón. Pasás rápidamente las 100 páginas del libro, y parece que todo fuera del mismo color, porque realmente son poquísimas las viñetas donde tenemos rojos, azules o amarillos. Fuera de eso, el autor deja el alma en estas páginas, donde dibuja cosas realmente complejas, detalles mínimos en casas, selvas, plantas... y además se las ingenia para presentar de modo ameno largas secuencias en las que solo hay gente hablando.
Tacuara Mansión ya tuvo ediciones en varios países de Europa, con lo cual es muy loable que Ediciones de la Flor lo haya sumado a su catálogo para que se pueda disfrutar también en el país donde nació Tatúm y donde transcurren las historias que imaginó Quiroga.
Nada más, por hoy. Nos vemos el lunes a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, donde vamos a estar festejando en vivo los 30 años de la aparición de la revista. Gracias y buen finde.
martes, 7 de mayo de 2024
MARTES EN FRANCÉS
Estoy empezando a bajar los pilones de material que me traje de Francia y Bélgica, así que me toca leer mucho en francés, durante los próximos años (sí, traje una bestialidad de libros).
Empiezo con Confidences d´une Prostituée (confidencias de una prostituta), obra maestra del glorioso Takao Saito, realizada en 1972. A lo largo de diez historias autoconclusivas, el creador de Golgo 13 da cátedra de gekiga y le canta "quiero retruco" a su viejo amigo Yoshihiro Tatsumi. Los relatos que componen el libro son 100% reales, chiquitos, íntimos, sin asesinos a sueldo, ni samurais, ni grandes cataclismos. Son historias dramáticas de gente común sin chistes, sin elementos fantásticos y muchas veces sin ni siquiera acción. Historias definitivamente para adultos, ambientadas en un burdel de Osaka de los años ´30, que una prostituta sesentona ya retirada le revela a distintos personajes.
El tramo ambientado en el presente, con el que Saito empieza y termina cada historia, es lo menos atractivo de la serie. Pero las confidencias, las revelaciones que el autor nos presenta acerca de lo sucedido en el pasado, son invariablemente cautivantes. De los diez guiones, hay uno solo que me pareció claramente por debajo del resto, y los otros nueve son maravillosos. Son historias de amor, de lealtad, de sueños rotos, de dignidad, de desencuentros, de injusticias, en las que el sexo en general ocupa un rol muy secundario, más allá de que todas las protagonistas sean "damas de compañía". De hecho, en las casi 340 páginas que tiene el libro, hay una sola página (la primera del octavo relato) en la que Saito nos muestra un garche con alguna intención erotizante, como si buscara levantar la temperatura de los lectores. El resto de las escenas de sexo (hay muchas) son más bien trámites protocolares.
Casi 340 páginas, historieta de los años ´70 con bastantes cuadros por página, algunas páginas muy cargadas de diálogo, historias intimistas en las que escasea la acción... ¿no te aburrís? No, porque dibuja Takao Saito. El ídolo acá trabaja en dos registros muy distintos. Las secuencias del pasado, es decir, el núcleo de las historias, están dibujadas en el mismo estilo de Golgo 13, con un claroscuro fuerte, muy dinámico, y las tramas de grises aplicadas como lo indica la tradición del manga de esa época. Fondos muy laburados, personajes más sintéticos, festival de líneas cinéticas cada vez que alguien hace un movimiento más o menos brusco, secuencias mudas de las que los críticos de antes denominaban "cinematográficas"... en fin, lo de siempre, pero a un nivel altísimo. Y en las secuencias del presente, las que abren y cierran cada entrega, Saito se va al carajo y más allá. Acá ensaya un estilo distinto, en base a pinceladas muy sueltas y a un uso increíble de las tramas mecánicas, que por momentos parecen trazos de carbonilla. Estas páginas tienen unos climas hermosos, y unos efectos de iluminación (logrados también con las tramas) muy adelantados a su época, con cosas que muchos años después veríamos en historietas de Fer Calvi, Víctor Santos, Darwyn Cooke... una maravilla.
Así que Confidences d´une Prostituée me llevó mucho tiempo de lectura, pero me gustó muchísimo y espero que algún día se publique en castellano, o aunque más no sea en inglés, para que más gente pueda leerlo.
Si creías que Astérix se había ido a la B con la muerte de René Goscinny, ni se te ocurra leer un tomo de Iznogud posterior a la muerte del maestro. Yo tuve la mala idea de leer el Vol.15, La Infancia de Iznogud, que es el primer álbum escrito y dibujado por Jean Tabary, y la verdad que no tiene pies ni cabeza. Además de haber leído de pendejo varios episodios de los que escribió Goscinny, me sedujo la edición, una versión pocket muy barata (la pagué literalmente centavos) de 1987, en la que la historieta está toda remontada para que en vez de 45 páginas ocupe 127. Debe haber alguna que otra viñeta retocada, pero en general se lee perfecto, y lo más importante: al achicar el tamaño no achican la letra, que se ve sin ninguna dificultad. Es un remontaje muy cuidado, sin espacios blancos dentro de la página, sin deformar los dibujos... realmente un gran laburo, para que la historieta llegue a gente que por ahí no puede pagar los álbumes con tapa dura y papel ilustración, pero sí esta versión "para pobres".
El problema es que la pobreza se hace presente también en el argumento de La Infancia de Iznogud. Con la torpeza de quien lo hace por primera vez, Tabary se tropieza una y mil veces con una narración que tiene tres o cuatro ejes centrales superpuestos, y ninguno llega a buen puerto. Pasan tantas cosas, narradas de manera tan frenética, que uno siente que leyó siete álbumes, no uno remontado. Pero las ideas no ensamblan bien, los chistes recurrentes que en las historietas de Goscinny aparecían como complemento acá por momentos se comen a la trama central, con la excusa de que hay magos pasan cosas que no tienen ninguna explicación... es un kilombo narrativo que evidentemente se escapa del control del autor. Por momentos, el Gran Vizir trata de parar la bocha y pensar qué carajo está pasando (y cómo puede sacar provecho de la situación), pero enseguida se suceden más secuencias frenéticas, más gags bastante violentos (probablemente los más cómicos) y entran en escena más elementos que empiojan más la narración.
El dibujo está muy bien, no me puedo quejar para nada de la labor de Tabary al frente de la faz visual. Para cuando se produjo su debut solista en Iznogud, el autodidacta nacido en Suecia y fallecido en Francia manejaba a la perfección ese estilo suelto, dinámico, super expresivo que había inventado André Franquin en los ´50 y, sin ser un genio, era un narrador sólido que armaba muy bien las secuencias, se rompía el culo en los fondos y transmitía muchísimo con las expresiones faciales. Me guardo el librito por el dibujo y por el formato, que me pareció un hallazgo.
Nada más, por hoy. El lunes 13 se cumplen 30 años de la aparición del nº1 de Comiqueando, así que lo más probable es que hagamos una transmisión en vivo en el canal de YouTube para festejarlo. Nos vemos por ahí, y probablemente antes del lunes haya nuevas reseñas, acá en el blog.
viernes, 3 de mayo de 2024
VIERNES CON SOL
Tengo dos libritos leídos para este primer posteo de Mayo, así que vamos ya con las reseñas.
Empiezo con el segundo tomo de Por los Caminos Oscuros, de David B., cuyo Vol.1 vimos hace muy poquito. Esta vez está más clara la trama, en parte porque el autor le otorga todo el protagonismo a Lauriano, y establece al resto del elenco como personajes claramente secundarios. La historia de amor pasa a un segundo plano y entra a jugar un conflicto fuerte en el personaje central: las secuelas psicológicas que le quedaron tras haber peleado en la Primera Guerra Mundial. Mientras que sus camaradas de armas olvidan la contienda bélica mediante noches de escabio y peleas a puñetazos que duran horas y horas, Lauriano se siente acosado por el fantasma de uno de sus compañeros que murió en combate y no recibió sepultura. Entonces, por momentos, Por los Caminos Oscuros es una historia de terror psicológico, de un tipo con la mente carcomida por la culpa y la desesperación.
La trama política que tiene que ver con ese intento por crear un país independiente en la ciudad de Fiume va a terminar -lógicamente- en tragedia, pero hasta que eso sucede, David B. nos va a ofrecer más escenas disparatadas, que parecen tomadas de un film de los Hermanos Marx o de un sketch de Cha-Cha-Cha. Eso es, sin duda, lo que más me gustó de esta serie: la distorsión de la runfla política para darle matices cómicos. Y también ese clima enrarecido que hay en Fiume, con distintas facciones que complotan unas contra otras, que se espían, que se infiltran las unas a las otras, pero narrado con ironía y pinceladas de absurdo, al mejor estilo de The Man Who Was Thursday, la magnífica novela de G.K. Chesterton.
El dibujo de David B. está al mismo altísimo nivel del Vol.1, una vez más complementado con la paleta de colores intencionalmente opaca y sin estridencias del maestro Hubert. Hay que entender el claroscuro que propone el dibujante para colorearlo con tanta jerarquía, y en eso Hubert la descose. David B. juega con grillas muy distintas entre sí, sin casarse con ninguna, y tiene páginas en las que la planificación lo es todo. Hay muchos más recursos gráficos increíbles (no sólo el manejo magistral del claroscuro), de los cuales a mí el que más me gusta es esa perspectiva deforme, que se aprecia sobre todo en las primeras páginas, donde David B. tiene que dibujar varias mesas, decenas de sillas y centenares de baldosas... y las dibuja a mano alzada, cagándose por completo en la representación académica de la profundidad en el espacio.
Por ahí Por los Caminos Oscuros funcionaría mejor como un sólo álbum largo de 80 páginas que como dos de 60, porque -en el contexto general de la obra- hay varias secuencias que están al pedo y podrían descartarse en pos de un relato más compacto y más contundente. Pero como está todo dibujado como los dioses, y con un clima sumamente atrapante, y con diálogos a veces profundos y a veces cómicos, la banco y la recomiendo así como está, sobre todo a los fans de David B.. ¿Hace falta haber leído antes La Lectura de las Ruinas? Definitivamente no.
Allá por el 13/04/12, cuando vivíamos virtualmente en otro mundo, me tocó reseñar el Vol.1 de S.H.I.E.L.D., esa ambiciosa obra de Jonathan Hickman y Dustin Weaver que tardaron años y años en terminar. Finalmente en 2018 se recopiló el segundo y último tramo en TPB, y recién ahora lo pude conseguir y leer.
Nada, esta segunda parte me pareció muy inferior a la primera, mucho más limitada a la machaca, mucho más consciente de su propia grandilocuencia. Las ideas locas y revolucionarias que planteaba Hickman en la primera mitad, acá tienen un peso ínfimo en la trama. El aprovechamiento que hacía el autor de la historia del Universo Marvel para darle sustento a su relato acá también es mínimo. Hay un solo elemento nuevo que se suma, y que resulta atractivo, que es el de Spear y el Último Califato. El resto es deshacerse de toda la complejidad del Vol.1 para quedarse con un combate a todo o nada que se libra en varias épocas al mismo tiempo, porque la línea temporal está en crisis y se unifican pasado, presente, futuro y sarasa. No es un comic 100% pochoclero porque tenés que entender quiénes son Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Isaac Newton, Nikola Tesla... pero básicamente la trama se reduce a un combate de buenos contra malos en los que se tiran con de todo y se manejan unos niveles de poder tan zarpados, que no se entiende bien qué carajo hacen ahí esos humanos normales (entre ellos Howard Stark y mi favorito, Nathaniel Richards). Todo eso de jugado, de distinto, de imposible que tenía el Vol.1, el Vol.2 ya no lo tiene. No es una cagada, pero queda muy lejos de las expectativas que los mismos autores habían generado en la primera parte, que me sigue pareciendo una gloria.
El dibujo de Dustin Weaver arranca muy arriba y se tira cuesta abajo en un tobogán hacia el abismo. Cuida muchísimo (y se luce muchísimo) toda la parte arquitectónica, las ciudades, los edificios, y sobre todo las máquinas. Y los primeros planos también están bastante bien, casi hasta el final del tomo. Pero después, cuando tiene que dibujar a los personajes en movimiento, los cuerpos se ven estáticos, toscos, sin esa sofisticación que uno asocia con el trazo de este monstruo. El trabajo de los coloristas (con Sonia Oback al frente) es espectacular y levanta mucho el resultado final. En los epílogos entran a jugar cuatro dibujantes invitados y el mejor, por amplio margen, es Gabriel Hernández Walta, cuyas ocho páginas son una cátedra de narrativa, dibujo y color.
Era complicado bancar allá arriba el nivel del primer tomo, y bueno... no pudo ser. Andá a saber cuántos kilombos, crisis, idas y vueltas, manoseos editoriales y reescrituras tuvieron que soportar estas historias entre que Hickman esbozó las ideas y que finalmente las vimos publicadas. Fueron muchos años, en el medio pasaron mil cosas, y por ahí algunas de ellas afectaron el producto final. Que, repito, no es horrible ni mucho menos, pero quedó lejos de aquel alucinante primer tramo que tanto me había entusiasmado.
Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto en este espacio... o en algún otro.
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lunes, 29 de abril de 2024
RESEÑAS CUESTA ARRIBA
Tardé horrores en volver a postear, y apenas tengo leídos dos libritos. Ya mi ritmo de lectura/ reseñas se está por caer debajo de la línea de pobreza.
Hace siglos, un lejano 23/09/16, hablamos acá del Vol.1 de Injection, una interesantísima serie de Image que lanzaran Warren Ellis y Declan Shalvey, que por lo que tengo entendido quedó inconclusa. Hay un tercer TPB que (al igual que este) recopila cinco episodios, pero la saga no termina. La verdad que mucho no calienta, por lo menos a la hora de leer este Vol.2, porque es prácticamente autoconclusivo. A lo largo de cinco episodios, Ellis y Shalvey plantean, desarrollan y rematan una historia central, y hay un subplot que también se cierra sobre el final de este tomo (para abrir toooodo otro universo de posibilidades que -supongo- se explorarán en el Vol.3). La historia central, si bien está un poquito estirada, se disfruta plenamente sin tener demasiada idea de lo que pasó en el Vol.1 y cero idea de lo que puede llegar a pasar en el Vol.3.
Parte de lo que hace tan "unitario" a este tomo es que de los cinco personajes principales que nos presentaran en el Vol.1, hay uno solo que acapara totalmente el protagonismo. Se trata de Vivek Headland, esa especie de Sherlock Holmes frío, brillante, culto, tranquilo, implacable a la hora de pensar, deducir y unir cabos sueltos. Ellis nos propone meternos de lleno en la piel de este personaje, incluso en su vida sexual, para entender por qué razona como razona y actúa como actúa. No es un personaje querible, no es un garca execrable, es una especie de Sr. Spock emocionalmente discapacitado, pero dueño de un intelecto, una sofisticación y un buen gusto imposibles de igualar. El caso que debe resolver Headland es interesante, es original y está bastante bien conectado con lo que parece ser la "trama mayor" de Injection. Hay acción, hay momentos muy violentos, otros en los que sube el voltaje erótico, otros que parecen pasos de comedia en los que Ellis hace gala de su manejo del humor (inglés) y entre todo el bolonki emerge un gran personaje secundario como es Red, el inquebrantable ladero de Headland.
El resultado son 100 páginas en las que la trama avanza a un ritmo mayoritariamente pausado (muy acorde con un relato de investigación detectivesca), sin perder nunca el interés del lector. Y para eso también es fundamental el trabajo de Declan Shalvey en los dibujos y la gran labor de la colorista Jordie Bellaire. Shalvey esconde cualquier rasgo de virtuosismo que haya mostrado en obras anteriores para sacar a relucir su estilo adusto, sin estridencias, que se destaca por su notable ojo para la elección de los planos. En el último episodio los fondos escasean como los artículos beneficiosos para la mayoría de los argentinos en las leyes que manda al Congreso el presidemente Milei, pero en la página en la que se arremanga y mete un fondo grosso realmente humilla y doblega.
Cuesta recomendar una historieta que es parte de una serie inconclusa, pero este tomo puntual de Injection se la re banca por fuera del contexto de la serie, y brilla con luz propia, sobre todo si te gustan esos personajes atípicos, ambiguos, con muchos matices, y esos diálogos plenos de fina mala leche que Warren Ellis maneja tan bien.
En Francia conseguí un manga de Shintaro Kago que está publicado en castellano y en inglés, pero que nunca había visto: Ciudades e Infraestructuras, una extrañísima recopilación de historias cortas producidas por el ídolo en 2021. A lo largo del tomo predominan las historias de cuatro páginas, en las que Kago generalmente desarrolla una idea visual, muy limada, muy asquerosa, o las dos cosas. A veces va hacia un remate clásico, en busca de un efecto humorístico, pero la mayoría son cosas que se le ocurren en base a imágenes que quiere plasmar en el papel. Algunas, con escasas cuatro páginas y todo, son geniales, ya sea por el impacto visual, o por lo zarpado, lo extremo, lo absolutamente ido al carajo de los conceptos que rebolea el autor. Hay una historieta más larga, de 12 páginas, una especie de misterio que también va a desembocar en una imagen final de alto impacto, pero en el medio tiene un clima que se va enroscando para ponerte nervioso, algo que en las historias más cortas Kago no tiene espacio para orquestar.
Y sobre el final, lo más bizarro: 15 páginas de Yonkoma, o 4-Koma, esas tiras verticales de cuatro viñetas que son las que habitualmente utilizan los dibujantes de humor gráfico en Japón. Cada página ofrece dos tiras, con viñetas muy chiquitas en las que el dibujo se reduce a su mínima expresión... y en las que Kago mete las ideas más groseras del tomo. La mayoría de las tiras cómicas tienen que ver con conchas, pijas, mutilación de pijas, trepanación de cerebros, violencia, sexo y personajes que (por el estilo mega-sencillo que adopta Kago) parecen todos menores de edad. Si en las historias de cuatro páginas el mangaka se juega mucho al impacto visual, acá al no tener casi espacio para dibujar en cada cuadrito, va directo al hueso, a impactar sin piedad con ideas tremendas, de las que te hacen suponer que estás frente a la obra de un desquiciado total.
De la demencia a la escatología, de los pijazos en la oreja a los cadáveres que salen del inodoro, Kago se anima incluso a salpicar el horror y el asco con algún tinte más lírico, con ironías un poco más finas y con puntitas para reflexionar acerca de algunos de los trastornos obsesivos que padecen las sociedades "modernas" de Occidente. El dibujo es mínimo en las 4-Koma, tranqui en la mayoría de las páginas de las historietas cortas y descomunal cuando te tira esas ilustraciones que ocupan dos páginas y que se podrían ampliar, enmarcar y exhibir como posters para apreciar todos los detalles imposibles e indescriptibles. Sí, ya sé, yo no colgaría en mi pared un poster donde ves cómo unos tipos matan mujeres, les separan la piel de los cuerpos y las rellenan con algo que no sabés si son fideos o gusanos. Pero bueno, la vanguardia es así. Y los fans de Shintaro Kago ya estamos acostumbrados a este tipo de animaladas.
Nada más, por hoy. Ojalá esta semana tenga más tiempo para leer y reseñar comics. Nos vemos el viernes en la Biblioteca Nacional, donde voy a estar como moderador en la presentación del libro de historias cortas del grossísimo Carlos Dearmas.
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lunes, 22 de abril de 2024
LUNES CON SUEÑO
Hoy no dormí siesta y estoy llegando a la hora de cenar prácticamente dormido, en un estado muy similar al de un zombie. Pero igual me animo a clavar un par de reseñas, así no quedan para mañana...
Hace más de 11 años, el 14/01/13, me tocó leer una novela gráfica de David B. que me encantó, y ahora abro el Vol.1 de Por los Caminos Oscuros y me entero (por un texto) que acá el ídolo retoma a algunos personajes de aquella obra. La verdad que, si no me avisaban, no me daba cuenta. Apenas si me sonaba familiar el tema de que David B. ambientara una historieta en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, una vez leído el álbum, me convencí de que me quisieron vender humo. Puede ser que Por los Caminos Oscuros y La Lectura algunos sean parte de un mismo universo y que algunos de los personajes sean los mismos. Pero no es relevante en términos de la narración, no sólo porque acá no se hace mención a las aventuras vividas anteriormente por los personajes, sino sobre todo porque el clima y la onda del relato son otros.
Básicamente, en Por los Caminos Oscuros el autor de deshace de los elementos fantásticos de La Lectura..., que eran maravillosos y daban para mil historias más. Ahora el planteo no es exactamente "realista", pero se circunscribe a situaciones extremas, rayanas en el absurdo, que podrían haber sucedido en Italia del mundo real en los años 1919 y 1920. Esto ya no parece un comic europeo con ideas prestadas de la Doom Patrol de Grant Morrison, sino que -como aquel álbum de Joann Sfar que vimos el 05/10/23- tiene situaciones que parecen conectar con un sketch de Cha-Cha-Cha. Hay mucha acción, hay una historia romántica, hay tiros y peleas a granel, pero la trama principal pasa por la política y David B. se la toma MUY en joda. Cada vez que un tiroteo, una persecución o un violento combate entre borrachines o delincuentes amaga con teñir a la obra de un cierto filo dramático, volvemos al desopilante gobierno de la república de Fiume y a su líder, el idiosincrático Gabriele D´Annunzio, y se hace inevitable sonreir, o cagarse de risa de los diálogos y las secuencias limadas que comparte con su gabinete de asesores.
Por ese sendero transita este primer álbum, interesante, entretenido, pero raro, porque nunca te podés tomar muy en serio lo que pasa. David B. muestra atrocidades, pero no sabés si te tienen que estremecer, o si están ahí para acentuar la sensación de delirio y kilombo generalizados. La narrativa es increíble (sobre todo en las últimas páginas, donde el propio armado de las secuencias subraya que la trama se fue totalmente del control de los personajes) y el dibujo es glorioso, con momentos en los que el francés se hace medio cubista, en un registro entre Pablo Picasso y Javier Olivares que combina perfecto con su apabullante manejo del claroscuro y del color. Veremos con qué me encuentro en el Vol.2. Por ahora, me cuesta poner a Por los Caminos Oscuros al altísimo nivel de La Lectura de las Ruinas.
Vamos con otra serie de Image escrita por Rick Remender que tenia colgada hace mil años. Le entré al Vol.3 de Low (el Vol.2 lo comentamos un lejano 19/12/19), que trae los nºs 11 al 15 de esta saga dibujada como los dioses por Greg Tocchini... y me transmitió con tanta fuerza la sensación de que estamos a milímetros del final, que me tuve que fijar en qué número termina. Y no, termina en el nº26, que es doble. O sea que me falta leer una cantidad de páginas bastante importante antes de que esta historia de ciencia ficción extrema y subacuática llegue a su fin.
No sé con qué me sorprenderá Remender en los episodios que tengo por delante, pero estos me impactaron bastante, porque el guionista no da respiro. Low te tira un misil atrás de otro, te tiene como loco, atrapado en las redes de la aventura sin tregua de Stel Caine y sus hijas. Este es un tomo de palo y palo, a pura acción, pero también con mucho desarrollo de personajes, especialmente Tajo y Della. La idea de narrar dos historias en paralelo (Stel por un lado, las hijas por el otro) multiplica los cliffhangers medio al pedo, pero te garantiza que no te aburras nunca, porque cada 20 páginas cambian totalmente la ambientación, la situación, los protagonistas, los secundarios y los villanos. Y como dije al principio, la historia avanza tanto, que tuve chequear cuántos episodios quedan para no convencerme de que ya estamos a un pasito del final. Buena parte de lo que hasta ahora era la premisa de la serie se desbarata al final de este tomo, así que lo que viene a futuro puede ser absolutamente impredecible, para bien y para mal. Pero le tengo fe, que de eso se trata Low.
Cuando reseñé el Vol.2 hablé mucho y muy bien del trabajo de Greg Tocchini, y acá está incluso más afianzado, en ese estilo a medio camino entre Neal Adams y Matías Bergara. La calidad no baja nunca, las emociones que transmite el dibujo (y el color del bestial Dave McCaig) tampoco, y página a página te encontrás con cosas que nunca pensaste que ibas a ver dibujadas en un comic. Criaturas, ciudades, vehículos, armas, todo un mundo (o dos) creados por un dibujante inspiradísimo y sumamente generoso a la hora de ponerle detalles alucinantes a cada una de las viñetas. El último episodio del tomo abre con una viñeta imposiblemente compleja y difícil de dibujar... y después los fondos escasean bastante. Pero Tocchini compensa con juegos muy impactantes en la puesta en página que garpan un montón. Espero no comerme otro bache de más de cuatro años para conseguir y leer el Vol.4, porque quedé muy manija con esta serie.
Y nada más, por hoy. Nos encontramos el miércoles a las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando para compartir una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta con tod@s l@s que quieran participar. Y obviamente trataré de volver a postear pronto, acá en el blog.
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viernes, 19 de abril de 2024
OTRO BACHE PROLONGADO
Muchos días sin leer y más días sin postear... Un suplicio. Pero bueno, estoy poniendo en marcha otras cosas, ocupándome un poco de otros temas...
Hoy tengo para contarles que le entré al Vol.7 de Monster, el infinito laberinto del terror de Naoki Urasawa. El manga más enroscado y estirado que leí en mi vida, siempre repleto de giros impredecibles (algunos demasiado bizarros) y de nuevos personajes a los que Urasawa les da muchísimo protagonismo (un ratito) para luego revelarnos que su rol en la trama es (o va a ser) mínimo. Aparece un abogado dispuesto a defender a Tenma en un juicio, y agarrate: mil páginas en las que el autor desarrolla a este tipo, nos cuenta todo acerca de él, su pasado, su familia, lo que siente, lo que lo decide a ir al frente, lo hace interactuar con personajes que ya estaban de antes, le mete su propio elenco de secundarios... un delirio. Por suerte en este tomo puntual, Urasawa no se va tanto por las ramas. La mayoría de las escenas se centran o bien en Tenma o bien en Eva Heinemann, obviamente rodeados de un montón de personajes acerca de los cuales el autor quiere que sepamos TODO.
En Monster, cada puntita que asoma, por escasa que sea su conexión con el conflicto principal, se convierte en una trama en sí misma. En un momento, alguien averigua que "Johan" de chico leyó un cuentito infantil... ¿para qué? Páginas y páginas de tooooda otra investigación acerca de ese librito de cuentos, quién lo escribió, por qué, dónde está ese tipo, cómo conecta con lo que pasó después, qué sabe, qué no sabe... Tarde o temprano, toda esa punta argumental por ahí echa luz sobre un detalle mínimo del pasado del principal villano de la serie, y podría considerarse una piecita más que Urasawa nos brinda para armar el rompecabezas. Pero las revelaciones son poquísimas (y poco relevantes), no es proporcional al desarrollo que le da el autor a cada elemento que introduce en la ecuación. Entonces, aunque esté todo narrado de manera magistral (y dibujado como los dioses), sentís que estamos dando vueltas al pedo, que el manga se conforma con generar suspenso, que se juega todo al clima opresivo, pero que no busca resolver nada. Monster es un equipo que tiene la pelota 80 de los 90 minutos, pero no patea al arco contrario.
Lo único bueno que tiene esta forma de abordar el relato es que se lo siente muy realista. Es lo contrario de esas películas yankis en las que todo está jugado a la acción, y hay chotocientas persecuciones, y el protagonista zafa todo el tiempo de peripecias imposibles, y nadie para la bocha un minuto para pensar qué está pasando y por qué. Lo único en lo que Monster se parece a ese tipo de relatos es en que, por lo menos en mi caso, ya estoy convencido de que Tenma va a llegar vivo al final de la obra, pase lo que pase, y más allá de lo jodido que se pueda volver el choque final con Johan. El resto me resulta, si no divertido, por lo menos original, porque no conozco otras obras de este tipo que estén contadas con esta extensión, este ritmo y este nivel de complejidad.
Salto a Francia, año 2022, cuando Dupuis publica el Vol.56 de Las Aventuras de Spirou y Fantasio, donde debuta una nueva dupla de guionistas, integrada por Benjamin Abitan (escritor y conductor de radio) y Sophie Guerrive, autora de la notable Tulipe et Le Club des amis. ¿Qué hacen los nuevos guionistas ni bien llegan a la emblemática y longeva serie? Matar a Spirou. Sí, en este álbum vemos morir al querido botones pelirrojo. Y todavía no lo resucitaron (en parte porque sigue apareciendo en las series "no canónicas", que iban en paralelo a la principal).
El álbum ofrece 56 páginas de historieta, que tienen todo un costado "meta". Acá nos cuentan que la editorial Dupuis está festejando sus primeros 100 años, y que obviamente Spirou y Fantasio no pueden faltar en esa celebración, lo que plantea un universo en el que los personajes están en el mismo nivel de realidad que quienes publican sus libros. Esto no es nuevo, lo había inventado André Franquin en la época de Gaston Lagaffe. Y hablando de Franquin, "La Mort de Spirou" retoma el plot de la ciudad submarina de Korallion, a la que nuestros héroes ya visitaron en Spirou et les Hommes-Bulles, uno de los míticos álbumes de la época de Franquin. La aventura, que al principio parece sencilla, en un momento se complica, al punto que no sólo muere el personaje principal, sino que ni siquiera se termina de resolver el tema de Zorglub y su vínculo con lo que está sucediendo en Korallion. En Febrero salió el Vol.57, a cargo de los mismos autores, pero la verdad que no sé si es o no una secuela de este álbum, que indague un poco en las consecuencias de todo lo que pasa acá. Sospecho que sí, pero no lo leí, ni conozco a nadie que lo haya leído. Ya el hecho de que los autores no hayan recibido un puntapié en el orto, tras la reacción de un público entre estupefacto e indignado por la muerte de Spirou, me hace suponer que la editorial les aprobó un plan a largo plazo, en el que todo -de alguna manera- va a tener sentido y se va a acomodar satisfactoriamente.
El dibujante de "La Mort de Spirou" es el maestro Olivier Schwartz, a quien ya vimos a cargo de alguno de los álbumes "no canónicos" del personaje que reseñamos acá en el blog. Schwartz debe ser el tipo que mejor conjuga la tradición, o la estética vintage, con el gusto de los lectores contemporáneos. Con su línea prolijita, amistosa, por momentos muy tributaria de la de Yves Chaland (pero más tranquila), Schwartz te lleva sin el menor esfuerzo a través de páginas con muchas viñetas, algunas muy chiquitas, algunas muy cargadas de texto. Y cuando rompe la grilla clásica para meter cuadros más grandes la descose toda. Incluso en las viñetas chiquitas la descose toda. Pero en las más grandes, su dibujo se luce más, te golpea más fuerte las retinas con ese preciosismo perfectamente apuntalado por la paleta de colores que utiliza un inspiradísimo Alex Doucet.
Obviamente, si nunca leíste Spirou, no empieces por acá. Esto no está pensado para captar nuevos lectores. No es "La Muerte de Superman" (hablando de íconos del Noveno Arte nacidos en 1938), sino que Abitan y Guerrive lo presentan como un inesperado punto aparte (quizás final) en medio de un camino largo que abarca años y años de lore y tradición que conviene conocer previamente.
Nada más, por hoy. Espero volver a postear pronto. Gracias por el aguante y buen finde.
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domingo, 14 de abril de 2024
RESEÑAS CON TORMENTA
No es un combo tan choto como parece, sobre todo si tenés a mano algo rico para comer...
Arranco con el Vol.3 de Black Science, otra serie de Image que tenía colgada hace mil años (vimos el Vol.2 el 23/01/18). Aquella vez yo decía que el Vol.2 se entendía poco si no tenías muy fresco el Vol.1, y esta vez me pasó lo mismo, pero al cubo. Empecé a leer y no entendía un choto, no me acordaba quiénes eran los personajes, por dónde pasaban los conflictos, cómo habían llegado al punto en el que están, etc.. Y el guacho de Rick Remender no hace el menor esfuerzo por explicártelo. Si no leíste lo anterior, curtite.
Por suerte, cuando ya iban unas 25-30 páginas, se me acomodaron los melones en el carro y logré sintonizar la onda de Black Science, y recordar lo básico de esta trama demencial narrada a un ritmo que te pasa por encima. Este es un comic furibundo, trepidante, que no da respiro. Pero no tiene a la machaca ni a las escenas de acción ni a las peripecias imposibles como principal sustento. En esa vorágine narrativa, Remender se las ingenia para meter MUCHAS escenas en las que los personajes interactúan, en las por un lado que desarrolla vínculos muy interesantes, muy retorcidos, y por el otro se luce con unos diálogos muy fuertes, a veces muy afilados, otras veces muy groseros, pero con una gran sensación de realismo, que contrasta a la perfección con el nivel de fantasía casi delirante que propone el argumento.
Esto es mucho más jugado que cualquier cosa que haya hecho Remender para Marvel, una especie de versión extrema (y para adultos) de los Fantastic Four, con conceptos de ciencia ficción más atrevidos, menos superpoderes y más mala leche a la hora de construir a los personajes y relacionarlos entre sí. En este tercer TPB parece llegar a su fin una saga, pero seguramente habrá más adelante algún tipo de exploración de las consecuencias de todo lo que pasa en este tramo final del arco inicial. En total son 9 TPBs, que (creo) narran tres sagas largas. Así que tengo para rato.
El dibujo de Matteo Scalera es un motivo más que tentador para bancar esta serie hasta el final. El italiano pone toda la carne al asador en estas páginas, esta vez apuntalado por el colorista Moreno Dinisio. El trazo de Scalera transmite una vitalidad increíble, como si de pronto se fusionaran Sean Murphy y Carlos Meglia y apareciera lo mejor de cada uno en cada viñeta. Dinisio sabe cuándo apostar a la espectacularidad del color y cuando relegar la propuesta cromática para que el dibujo de Scalera gane protagonismo, y encuentra lindas variantes para aplicar el color en los flashbacks. Visualmente, esto es un kilombo hermoso, y acá también, Black Science te pasa por encima sin piedad. Esto es aventura para adultos a un nivel muy notable, sin concesiones y con un equipo creativo donde se nota una simbiosis absoluta, como si fuera todo obra de una única persona que está muy mal de la cabeza y es muy genial. Ojalá consiga pronto los tomos siguientes, para que no se me haga otro bache de más de cinco años en la lectura.
Hace poquito conseguí en papel una obra que había leído a principios de año en digital y que me había parecido excelente: Retrato de un Trompetista, de Matías De Vincenzo, uno de los grandes comics de autores argentinos publicados en 2023. Ya vimos en el blog varios trabajos de este autor (de cuando firmaba "Matías Chenzo", o simplemente "Chenzo"), tanto con guionistas como en solitario.
Esta vez tenemos una historieta sin acción, que salta para adelante y para atrás en la vida Rubén, un pibe (y un adulto cincuentón) que ama al jazz y se convierte no sin esfuerzo en un trompetista más que aceptable. Pero además le copa el tema de los OVNIs y además arrastra desde chico "problemitas" con su cuerpo y una amistad medio rara con Valeria. Matías presenta las secuencias en desorden, le mete un elemento fantástico a la escena que sería demasiado heavy dibujar de manera realista... y cuando armás el rompecabezas, y te das cuenta lo que realmente pasó y en qué orden sucedieron las cosas que el libro muestra desordenadas... Retrato de un Trompetista se convierte en una obra perturbadora, tremendamente impactante y al límite de la genialidad. No quiero spoilear nada del argumento: la historieta dura apenas 62 páginas, con poco texto, así que cualquier dato que tire puede ser demasiado revelador y cagarle las sorpresas a quienes se animen a leer la obra. Pero tiene que ver con el jazz, los alienígenas y una historia de amor prohibidísima.
Acá vemos a De Vincenzo cambiar su estilo gráfico respecto de sus obras anteriores, e incluso de Efecto Malena, el comic digital que realizó para Deriva hasta hace muy poco (y que pronto va a tener su edición en papel). Esta vez la línea negra pierde protagonismo frente a la mancha. Entra en juego un pincel muy suelto, muy libre, tanto para darle vida a las masas negras como para aplicar distintas tonalidades de gris logradas con aguadas. El resultado no está mal, y supongo que le permitió a Matías completar la obra en menos tiempo que las anteriores, pero a mí me gustaba más el otro estilo, menos etéreo y con más atención por los detalles. Lo bueno que tiene este estilo es que sirve para acentuar el clima de misterio y de mezcla rara entre realidad y delirio, que son elementos importantes en la trama.
Si te bancás una historia poco convencional, con un giro final jodido como enema de chimichurri, incómodo como tampón de virulana, te recomiendo mucho Retrato de un Trompetista. Y espero con ansias nuevos trabajos de Matías De Vincenzo en esta faceta de autor integral que se canta "quiero retruco" a sí mismo y en vez de quedarse en el molde arriesga cada vez más.
Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog. Quienes quieran leer más, se pueden descargar cualquier número de la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y ser infinitamente felices por poquísimo dinero.
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jueves, 11 de abril de 2024
JUEVES DE FINALES
Hoy, reseñas cortas para dos libros que funcionan como último tomo de sendas series.
Primero, me toca hablar del Vol.3 de El Minúsculo Mosquetero, de Joann Sfar, probablemente el mejor de los tres álbumes que integran la serie. No es un verdadero final, porque termina con la promesa de retomar la saga en un Vol.4 que -como tantos proyectos de Sfar- jamás se materializó. Pero es una historieta muy entretenida, con un gran mix entre aventura, comedia y momentos de introspección. Este es el tomo de el Mosquetero menos delirante, más ajustado a una narración aventurera más o menos lógica, y si bien tiene varios garches, es donde se sienten menos forzados y mejor incorporados al desarrollo dramático de la trama.
Me llamó mucho la atención que el coprotagonista esta vez es un intrépido espadachín italiano, apodado "el Escorpión"... al que Sfar dibuja con la misma cara y la misma ropa que Armando Catalano, el personaje de Stephen Desberg y Enrico Marini. Un crossover bizarrísimo. Y para las últimas páginas, Sfar se pone meta, cuando el mosquetero conoce a Louis Le Trondabbe (que es una obvia referencia a Lewis Trondheim) y se ponen a hablar del festival de Angoulême, en la previa a esa cuarta historia que nunca veremos. Andá a saber qué tenía para decir acerca de esa movida y decidió guardarse.
Donde no se guardó nada Sfar es en el dibujo de este álbum, absolutamente maravilloso. Como en el anterior, hay cambios en el trazo, en la paleta de colores... hasta adopta el estilo de Paul Gauguin cuando las peripecias del mosquetero lo llevan a esas islas que parecen del Pacífico Sur. Un trabajo deslumbrante de un Sfar que no se casa con ninguna grilla para la puesta en página ni con ninguna estética para plasmar gráficamente las locuras que se le ocurren para que viva su personaje. Por ahí si nunca leés El Minúsculo Mosquetero tu vida no cambie demasiado, pero si le das una oportunidad, no creo que te defraude, sobre todo si ya sos fan del genio de Niza.
Me leí muy rápido el Vol.2 de Quiero ser Asesinado por mi Alumna, el manga de Usamaru Furuya cuya primera parte reseñé el 31/07/23. El dibujo me gustó un poco más que en el Vol.1, de hecho para la segunda mitad de este tomo (la más salvaje), el autor echa mano a unos cuantos recursos gráficos muy grossos, que no habíamos visto en el resto de la obra, con excelente resultado. El guion, en cambio, me desilusionó bastante. Esto está groseramente estirado, a límites exasperantes. Son 240 páginas para contar algo que se podía contar en 30, 36 a lo sumo. Toda la segunda mitad de la obra podría ser un gran capítulo final como para terminar bien arriba un primer (y único) tomo. Cuando leía el Vol.1, me pareció que pasaban pocas cosas, porque Furuya se tomaba su tiempo para presentar a los personajes y al conflicto central. Con todo eso ya presentado, en el Vol.2 no pasa mucho más.
Crece la tensión, crece el suspenso y poco antes de la mitad del tomo ya estamos en ese climax, que se alarga tanto que en vez de dramático se vuelve tragicómico. Hay un par de revelaciones impactantes (también, en secuencias infinitamente estiradas) y un final que no está a la altura de la expectativa que generó el autor a lo largo de los dos tomos. Sin ser una basura, Quiero ser Asesinado por mi Alumna quedó muy lejos de otras obras de Furuya en las que el enrosque, los problemas mentales, las depravaciones sexuales y demás horrores cotidianos tienen bastante protagonismo.
Ah, de nuevo me hizo mucho ruido la traducción al castellano neutro, ese engendro mutante que no se habla en ningún país. No sé si Merci compró los derechos para que esta edición circule por fuera de Argentina, pero la verdad que -acostumbrado como estoy a leer el manga en argento vía Ivrea o en gallego vía las editoriales españolas- el neutro me resultó casi infumable. Y destaco mucho lo bien que se ve la obra en ese tamaño un poco más grande, similar al que usa Ivrea para las ediciones de Monster, 20th Century Boys y algunas obras de Inio Asano y Junji Ito.
Nada más, por hoy. Me gustaría leer más, pero no encuentro el tiempo... y a medida que se acerque la fecha de salida de la Comiqueando Digital nº9, más difícil se me va a hacer.
martes, 9 de abril de 2024
RESEÑAS DE REGRESO
Ayer volví de mi viaje por dos ciudades de Chile y hoy tengo un rato para reseñar los comics que leí en los últimos días.
Una de las cosas más copadas que descubrí en el viaje a Europa del año pasado es que los editores franceses, fundamentalistas de la tapa blanda y los libros tamaño lápida, también eligen algunas obras que tuvieron mucho éxito y las republican en un tamaño más chico, tipo libro de bolsillo, en tapa blanda. Son más livianos, son más baratos... en una palabra, son irresistibles. Compré varios, y al primero que le entré fue a La Page Blanche, con guion de Boulet (uno de los dibujantes de La Mazmorra) y dibujos de Pénélope Bagieu, una de las autoras de más repercusión en los últimos años. Esto es de 2013, cuando Pénélope todavía trabajaba con guionistas. Después se volcó a ser autora integral.
La Page Blanche (la página en blanco) es de esas obras que te atrapan en la primera secuencia y no te sueltan hasta el final. No, el final no está al nivel del desarrollo de la trama, ni de la complejidad del personaje principal. No es una cagada, no te dan ganas de tirar el libro a la basura, pero sentí que le faltaba algo más, 10 ó 12 páginas más, en una de esas, para que todo cierre de manera más prolija. No importa. Nada cambia lo feliz que fui leyendo estas 190 páginas, ni lo mucho que me entusiasmaron todas esas sorpresas que Boulet revela siempre en los momentos justos. El planteo se parece al de XIII: empieza con una chica completamente amnésica, sentada en el banco de una plaza en París. No tiene idea de quién es, ni cómo llegó ahí, ni dónde vive, ni a quién recurrir. Y tiene que empezar a rastrear para atrás esa vida que evidentemente vivió, pero de la que solo tiene vestigios, no recuerdos. De alguna manera, Eloïse se las va a rebuscar para recuperar su identidad, su casa, su trabajo, alguna que otra amiga... pero en algún punto va a descubrir que hay cosas que no va a poder recuperar y con eso tiene que ver el impacto emocional que se llevó sus memorias.
Boulet pilotea esta consigna ganchera y emotiva como pocas con una habilidad que le permite pendular entre la comedia costumbrista y el drama, y además lucirse con unos diálogos magníficos. Y Bagieu la rompe toda con ese dibujo que me remitió todo el tiempo a las buenas tiras de prensa de Estados Unidos, ese trazo sintético, expresivo, amistoso, donde se nota a kilómetros el devastador poder de observación de una autora especialista en la gestualidad de los personajes, y en detalles que tienen que ver con la ropa, los peinados, la decoración, etc.. Hoy Pénélope Bagieu dibuja bastante mejor que en La Page Blanche, pero esto está buenísimo, tanto a nivel del dibujo, como del color y de la puesta en página. Como curiosidad, comparto el dato de que esta historieta fue adaptada al cine en un largometraje (también francés) y que está traducida al inglés y al alemán, pero no al castellano. Un disparate.
Después de muchísimo tiempo (el Vol.3 fue reseñado el 28/12/17) retomo la lectura de Lazarus, la serie escrita por Greg Rucka y dibujada por Michael Lark, con un Vol.4 que, a diferencia del anterior, me aburrió bastante. El arco denominado "Poison" levanta un poquito al final, pero me pareció muy lento, muy estirado, poco sustancioso. Rucka asume un riesgo importante, que consiste en narrar en paralelo dos situaciones distintas, en registros muy distintos, como si fueran dos obras de distintos géneros metidas en un mismo comic. Por un lado, toda la trama de poder, ambición, roscas, traiciones y ajedrez entre gente muy hija de puta, al estilo Dallas o Dynasty. Esto está bastante bien, es lo más entretenido de este tramo de la serie pese a que es imposible identificarse (y mucho menos solidarizarse) con personajes de tan baja calaña y tan exacerbada amoralidad. Por otro lado, este tomo narra en detalle una batalla militar que tiene lugar en la ciudad de Duluth, en la que la protagonista de Lazarus, Forever Carlyle, confronta con todo un ejército enemigo, acompañada de apenas cuatro soldados que le son leales. Hay un buen desarrollo de estos cuatro personajes, en un punto resultan queribles, pero la batalla se alarga tanto, y tiene giros tan inverosímiles, que en un punto esta incursión de Rucka por la historieta bélica perdió mi interés.
El tomo incluye también un episodio unitario que -supongo yo- conectará más adelante con la trama central, y -como ya dije- guarda los mejores momentos para las últimas páginas, como para que uno no le pierda la fe a la serie. Creo que lo que menos me cerró de este tomo (el primero de Lazarus que no me deja hiper-manija, deseoso de tener YA en mis manos la continuación) es el tono, demasiado solemne, para mi gusto. No esperaba el show de los chistes, porque sé que es un comic realista, duro, adulto. Pero tanta seriedad cansa un toque. Lo más parecido al humor que hay en 140 páginas es algún que otro retruque sarcástico de los personajes más soretes y más cínicos, que Rucka mete para recordarte (por enésima vez) que estos personajes son los más soretes y los más cínicos. En algún momento (no tengo dudas) Forever se va a dar vuelta y va a hacer mierrrrda a sus propios familiares, a los que Rucka nos muestra como garcas cada vez más inescrupulosos.
En la faz gráfica lo tenemos a Michael Lark, muy comprometido en la narrativa (no tanto en el dibujo en sí, que se apoya demasiado en las fotos retocadas) y muy bien complementado por los colores de Santiago Arcas. Lo mejor que tiene Lazarus es ver a Lark dejar la vida para que no te aburras cuando vienen esas secuencias de reuniones en las que un montón de gente se sienta alrededor de una mesa para conversar o negociar, con menos acción que en un geriátrico a las dos de la mañana. Con varios indicios de que Lazarus no se está yendo a la B, con la fe intacta en el próximo tomo (que andá a saber cuándo consigo y cuándo leo), prometo no bajar los brazos y -eventualmente- retomar una serie que hasta ahora venía muy arriba, más allá de que un amplio porcentaje del Vol.4 me resultó medio soporífero.
Y cierro con una breve mención para un libro que se obsequió a los asistentes a la edición 2021 de Montevideo Comics (ni me acordaba que se había hecho el evento, en ese año marcado por la segunda parte de la pandemia del COVID-19) y que, como es costumbre en esta mítica reunión de aficionados al comic, rescata trabajos de un autor clásico uruguayo poco conocido por el lector actual. Esta vez, el libro titulado La Leyenda de Pedro Malasartes reimprime trabajos de Pedro Cano realizados entre 1978 y 2008 para distintos medios de la vecina república.
La verdad que no me gustó. No me gustó el estilo gráfico de Cano (que varía bastante de una historieta a la otra), encontré problemas en la calidad de la reproducción de varias páginas, los guiones me parecieron bastante ingenuos... Creo que lo más rescatable es la primera historieta, Puro Biógrafo, no por el dibujo, ni por el personaje (el gaucho Ventarrón) sino por la libertad con la que Cano se va al carajo y mete personajes y situaciones totalmente descolgadas, en algo que -en sus mejores momentos- parece una sátira a las películas de Hollywood al estilo de lo que hacían Enrique Ventura y Miguel Ángel Nieto a principios de los ´70, por supuesto con una calidad gráfica bastante inferior. De ahí en adelante el libro entra en una curva descendente, con momentos realmente chotos. Obviamente, no sumo a Pedro Cano al Olimpo de los grandes autores de la historieta uruguaya del Siglo XX.
Nada más, por hoy. Espero volver pronto con nuevas reseñas. Gracias a l@s amig@s chilen@s por el afecto y el aguante de tantos años y será hasta la próxima.
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