el blog de reseñas de Andrés Accorsi

jueves, 29 de junio de 2023

ACÁ ESTOY DE VUELTA

Parecía que no, pero encontré un ratito para avanzar con las lecturas que tenía colgadas por falta de tiempo, así que ya tengo luz verde para robarle unos minutos a la Comiqueando Digital y escribir unas reseñas. Empezamos en Italia, año 1991, cuando se publica por primera vez L´Uomo di Mosca (el hombre de Moscú), un policial de la inmensa dupla integrada por Roberto Dal Prá y Giancarlo Alessandrini. Este es el típico thriller en el que muere una minita y es obvio que a alguien desde alguna turbia "esfera de poder" no le conviene que se investigue quién la mató. Y claro, hay un policía honesto y testarudo, dispuesto a jugársela para llegar a la verdad caiga quien caiga. Y aprietes, y traiciones y revelaciones shockeantes. No sé si en 1991 esto era novedoso, pero hoy seguro que no lo es, con lo cual cualquier lector más o menos avezado se da cuenta al toque cómo y para qué lado se va a resolver la trama que plantea Dal Prá. Lo atractivo es que el policía se llama Alexander Ivanovic Kolda y la historia está ambientada en Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Entonces, además de los elementos típicos de estos relatos, tenemos sutiles pinceladas acerca del poder de las fuerzas armadas sobre la policía y la justicia y los rápidos cambios sociales y económicos que experimentaba la ex-Unión Soviética en esos años. Por lejos que nos quede Moscú (no así la corrupción de los poderosos o las mafias judiciales que Dal Prá muestra en la historieta), los personajes se sienten cercanos, humanos y creíbles. No son meros estereotipos, sino que todos tienen sus matices. Y lo más lindo: el dibujo de Alessandrini, que acá salta al vacío para extremar su amor por la línea clara. Acá hay un predominio absoluto del blanco, prácticamente no hay masas negras, y el trazo del creador gráfico de Martin Mystére se reduce a una línea muy finita, como si fuera un alambre, de una prolijidad pasmosa y claro, muy cerca de lo que hacía en esa misma época Moebius. De hecho, hay páginas enteras que si te dicen que las dibujó Moebius, te lo creés. Como la gran mayoría de los autores italianos que incursionan en la aventura más o menos realista, Alessandrini es un narrador impecable, naturalmente dotado para organizar la información tanto dentro de la página como dentro de la viñeta, de modo que todo su despliegue de virtuosismo y la magia de su trazo están puestos al servicio del relato, que -más allá de algún diálogo demasiado farragoso- avanza con notable fluidez. En Argentina, algo de Dal Prá y Alessandrini se publicó hace muchos años en Puertitas, pero me doy cuenta de que estoy hablando de autores que son (injustamente) desconocidos por la inmensa mayoría de los comiqueros de habla hispana. Una pena.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando el músico Jonathan Coulton empieza a sospechar que las canciones que compone tienen ciertos temas en común y que, ordenadas de cierto modo, pueden "leerse" como una especie de narración. Coulton se contacta nada menos que con Matt Fraction y le dice "tratá de armar una novela gráfica con estos conceptos". Fraction consigue que Albert Monteys se sume como dibujante y así se publica Solid State, un libro con formato cuadrado, similar al del disco de vinilo (incómodo como tampón de virulana), donde las ideas de Coulton toman forma de historieta. Me costó un huevo terminarlo. Son 128 páginas con poco texto, pero se me hicieron infinitas. No por el dibujo de Monteys, obviamente, que es glorioso, al nivel de lo que vimos en ¡Universo!. El problema es el argumento, la forma en la que Fraction amalgama conceptos y fuerza la conexión entre ellos para formar un único relato y no... tres, ponele. Desde el momento en que la obra pretende ser consistente de punta a punta, y presentarnos todo esto como una única historia, se vuelve entre críptica y absurda. Lo cual no quita que tenga (sobre todo en el tramo del medio) momentos excelentes, como cuando indaga en "la trampa" de las redes sociales, y cómo se usan para manipular a la gente, orientar sus intereses y robarle información sobre sus vidas privadas. Y así como hay momentos brillantes, hay otros infumables, que sólo resultan tolerables por el dibujo de Monteys. Y otros que no se entienden, o que por lo menos yo no entendí. Hay sueños, recuerdos, realidades paralelas... por momentos se hace todo un poco confuso al pedo. Para la próxima, Fraction, jugate por tus propias ideas, que suelen ser muy buenas. Y si te llama Coulton, o cualquier otro músico, decile "no, gracias".
También en 2017, pero en Japón, el maestro Junji Ito se puso a adaptar al manga Indigno de Ser Humano, una novela de Osamu Dazai. El resultado fue una serie relativamente corta (creo que son tres tomos, nomás), que arranca con un Vol.1 fascinante. Los últimos mangas de Ito que leí me habían parecido medio falopa, pero esto es definitivamente otra cosa. hay margen para esa imaginería retorcida, fantasmagórica, exagerada y truculenta que caracteriza al maestro, pero la trama va para otro lado y me cerró mucho más que otras obras en las que Ito juega a ser más Ito que nunca. Indigno de Ser Humano es un manga existencialista, que indaga en las profundidades de la psiquis del ser humano, en los vínculos, en los anhelos, las pulsiones, las penas, las frustraciones de no tener un mango, el sufrimiento que causa el amor, los placeres del sexo con y sin amor, los vaivenes y la runfla constante que empañan las causas políticas... Todos temas muy adultos, abordados con una profundidad casi agobiante por Ito (y supongo que por Dazai). Este es un manga que te hace mal, que te tortura psicológicamente, porque querés que Yozo Oba sea mucho más feliz de lo que es, y sabés que las cosas están dadas para que pase todo lo contrario. Un trabajo de una calidad realmente apabullante por parte de Junji Ito, que no se cuelga en boludeces, sino que avanza a muy buen ritmo y jamás deja de impactar con la perfección y la originalidad de su trazo. Entre tanta porquería adocenada de pibes del secundario con poderes locos que combaten con demonios y bizarreadas varias, Indigno de Ser Humano levanta otras banderas, las de un comic realmente adulto, jugado, pesado, tremendo en el mejor de los sentidos. Si en los tomos posteriores esto no se cae a pedazos, estaremos hablando del mejor manga publicado en Argentina en 2023. Y nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a la carga con nuevas reseñas. Y si todo sale según lo planeado, para el lunes 17 tendremos disponible el nº7 de la Comiqueando Digital y mi vida volverá a algo así como la """normalidad""". Gracias por el aguante.

domingo, 18 de junio de 2023

NOCHE DE DOMINGO

Domingo raro, porque mañana es feriado, pero domingo al fin. Buen momento para redactar las reseñas de los dos últimos libros que leí, en los pocos ratos libres que encuentro. Primero me voy a Francia, año 2006, a reencontrarme con Grégory Mardon, un autor que me encanta, pero del que no leía nada desde hace más de 10 años. Lecciones de Vida me agarra en un buen momento, preparado para disfrutar de un comic que comete un pecado que en otra época me habría resultado imperdonable: no tener un conflicto fuerte, y desenfatizar lo más posible al conflicto pequeñito que sí está, pero aparece casi oculto entre los pliegues de una trama que ya de por sí es casi imperceptible. A lo largo de 80 páginas dibujadas a un nivel magistral, Mardon cuenta (en realidad, describe más de lo que cuenta) cómo es la vida de Jean-Pierre, un chico nacido en París cuya familia se traslada a un pueblo rural. La vida en el pueblo, el campo, el ritmo totalmente distinto del de la gran ciudad, los vínculos que allí establece Jean-Pierre con los otros pibes y pibas de ciudad, esa cotidianeidad que incluye escuela, iglesia, locas aventuras con vacas y gallos, interminables paseos por bosques y llanuras, lectura de historietas y trabajitos menores en las granjas vecinas, constituyen el núcleo de la obra. Todo esto mostrado con mucha onda, ritmo, criterio para no estirar al pedo las secuencias, anécdotas graciosas, etc. Pero en un momento aparece un elemento disruptivo, al que Mardon nunca pone en primer plano: Juliette, la mamá de Jean-Pierre (una rubia a la que Mardon dibuja como una verdadera bomba atómica), está harta de que su marido trabaje todo el día y no le preste atención, y se consigue un chongo, con el que vive un romance clandestino. Que en algún punto salta a la luz y detona la separación de los padres del joven protagonista. Y, posta, ese es todo el conflicto. De las 80 páginas que dura Lecciones de Vida, esta historia, la de la crisis matrimonial de Juliette y su marido, emerge en... ocho páginas. En el resto de la obra, el tema no se menciona ni tiene ninguna injerencia en las correrías de Jean-Pierre y sus amiguitos. Tal como pasa en la vida real. Si vos tenés 11 años y en tu casa se pudre todo entre tus padres, no estás las 24 horas pendiente de eso, porque como todo pibe de 11 años, tenés cosas más importantes que hacer, que en el caso de los pueblos rurales, se hacen puertas afuera. Y eso es Lecciones de Vida, no hay nada más. Ni nada menos. No sé si esto que le pasa a Jean-Pierre le pasó a Mardon en su vida real, pero lo lleva a la página con tanta calidez, con tanta honestidad, que si me dice que lo vivió, yo le creo. Y por si faltara algo el dibujo y el color son hermosos, las secuencias mudas son maravillosas, hay personajes y diálogos memorables y en ningún momento te aburrís de ver a estos chicos haciendo de las suyas, ni cuando interactúan entre ellos, ni cuando entran en escena los adultos. Si no recomiendo Lecciones de Vida con más énfasis, es porque el tema de "esconder" el conflicto lo convierte en una gema muy minoritaria, que seguro ahuyentará o aburrirá a quienes buscan en las novelas gráficas una intensidad dramática que esta obra claramente no tiene.
Y nos vamos a Estados Unidos, año 2019, para averiguar qué onda The Magic Order, una saga creada por Mark Millar y Olivier Coipel. Como suele suceder cuando hay magia involucrada, acá las cosas no son lo que parecen. Hasta ya entrado el quinto de los seis episodios, Millar nos hace creer que la historia va por ciertos carriles, pero en un momento tira un pase de manos y, mediante una revelación que nunca me vi venir pero me pareció brillante, cambia todo el juego y lleva el desenlace a un terreno que no es en absoluto el que uno se imaginaba. Así como tantas de las creaciones de Millar parecen ser versiones muy distorsionadas de los superhéroes clásicos, The Magic Order tiene sutiles referencias a la dinastía de Giovanni Zatara, su hija Zatanna y otros personajes de DC vinculados al mundo de la magia. La familia Moonstone ocupa el centro de la escena en esta historia, junto a la movida extrema de una hechicera muy poderosa, que se quiere apoderar de un tomo de hechizos tan ancestral como imposible de destruir. Una familia de magos contra una hechicera mala y sus esbirros, en una aventura violenta, con muchas muertes truculentas, diálogos filosos y una bajada a tierra potente del concepto de "hay magos buenos y magos malos" que seguro te suena si leíste mucho DC. Hasta ahí, todo muy lindo, muy dinámico y con mucho desarrollo de personajes. Y cuando Millar tira el pase de magia, la historia se potencia y el dramatismo crece a un nivel que realmente no me esperaba. No puedo especificar nada del argumento sin spoilear, y no puedo sanatear con referencias a la serie de Netflix, porque no la vi (ni siquiera sé si se estrenó). Simplemente decir que, si no te repugna la forma en la que Millar suele deconstruir estas "instituciones" del comic superheroico, The Magic Order te va a atrapar y probablemente incluso te emocione o te estremezca. El trabajo de Coipel me gustó, pero me doy cuenta de que a estas páginas les sacás el color (del glorioso Dave Stewart) y las hacés mierda. Como en sus trabajos más superheroicos, Coipel maneja muy bien la anatomía, bastante bien las expresiones faciales, elige muy bien los ángulos para ponerle onda a las secuencias de extensos diálogos, y mezquina un poco los fondos. No son tantas las páginas en las que debería haber fondos y no hay, y -en rigor de verdad- cuando aparecen los fondos están laburadísimos. Pero falta un poquito por ese lado, sobre todo si pensamos que se trata de un autor francés. El resto, todo ganancia y todo emoción. Coipel te mete en la historia, te la hace vivir en carne propia y te la hace sentir sumamente real, aunque pasen cosas hiper-fumancheras. El hecho de que acá se pueda entintar a sí mismo suma un montón, le permite conservar una plasticidad muy atractiva que tiene su trazo y que a veces se pierde bajo la pincelada del entintador. The Magic Order está realmente muy bien, un poco mejor de lo que yo esperaba, que no era poco si tenemos en cuenta el "prontuario" de Mark Millar y Olivier Coipel. Creo que ya salió una secuela, pero nunca la vi. Obviamente, cuando la vea a buen precio, le entro. Y nada más, por hoy. Vuelvo a sumergirme en la Comiqueando Digital, y ni bien tenga un rato libre, prometo leer algo más para reseñar acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

jueves, 15 de junio de 2023

FLASH

Detesto a Ezra Miller, me parece un subnormal infumable. Recuerdo estar viendo la película de la Justice League y pensar todo el tiempo "maten a ese imbécil, y al imbécil responsable del casting que decidió que ese imbécil podía ser Barry Allen". No es que sea muy fan de Barry Allen, tampoco. Es un personaje que nunca me entusiasmó demasiado. Y bueno, la combinación entre una cosa y otra no tenía muchas chances de salir bien. Esta vez estuve 155 minutos pensando "maten a ese imbécil", y durante buena parte del metraje lo pensé por partida doble. Ojo: la película no es un bofe. Visualmente es alucinante, los chistes son muchísimos pero muy divertidos, las escenas de acción están bien, la música también, el imbécil por lo menos se esfuerza para actuar de modo convincente (te convence de que los dos personajes que interpreta son dos completos imbéciles) y obviamente está el fan service, el homenaje a otras versiones fílmicas de los superhéroes de DC que no son las que nos acostumbramos a ver en los últimos años. Y también están los que sí trataron de imponerse como "canónicos" en los últimos años, con distintos niveles de éxito. Además del imbécil, actúan muy bien una bellísima Maribel Verdú y un Michael Keaton que no pierde la chispa. Cuando se dejan de ir al carajo con los chistes y la trama exige un cierto tono dramático, cobran relevancia las actuaciones de Sasha Calle y Michael Shannon. Además de tener que soportar al imbécil en pantalla casi todo el tiempo, la peli tiene un problema, que es el argumento. No el guion que -repito- se me hizo entretenido gracias al humor y la acción. El argumento. Si te resumo la trama en dos frases, seguro decís "ni en pedo voy a ver la película". Porque también hay un engaña-pichanga: pareciera que el film de Andy Muschietti se quiere subir a la moda de las películas de multiversos, pero no. Hay una escena con multiversos, pero básicamente Flash es la enésima película de paradojas generadas por viajeros temporales. Y encima con muchos momentos tomados literalmente de Flashpoint, esa mediocre saga de 2011 creada por Geoff Johns que terminó por disparar el infausto New 52. ¿Te acordás de esa gloriosa escena de Avengers: Endgame en la que Ancient One y Hulk discuten acerca de las consecuencias de los viajes en el tiempo? Bueno, por llevarle la contra a esa escena, los guionistas de Flash arman un mamarracho argumental de muy dura digestión. Ya que haya superhéroes con el poder suficiente para viajar en el tiempo por sus propios medios, frenar donde se les canta, alterar hechos del pasado... nah, así cualquiera. Y si me querés vender un héroe que haga eso, armame uno que haga SOLO eso, tipo un Rip Hunter. Porque si además de correr a hiper-velocidad podés alterar el pasado, ya es afano. Y si encima sos un imbécil y metés mano donde no debés, y tardás 20 minutos en darte cuenta de que no estás en tu realidad sino en una realidad divergente, ya queda la puerta abierta para cualquier pelotudez que los guionistas quieran meterle a la historia. Caprichos como que Iris le tira onda a Barry y quiera salir con él, incluso después de haberse quedado encerrada en ese aguantadero impresentable que el héroe tiene por casa. E incluso redundancias, como ponerse a reflexionar acerca de cómo las pérdidas y las tragedias te pueden convertir en un héroe con dos Batman, a falta de uno. Fuera de la acción y del impacto visual, imprescindibles en cualquier película de superhéroes, el único atractivo que le encontré a Flash son los chistes, el tono de comedia alocada que Muschietti sostiene a lo largo de casi todo el film. Lástima que para ser efectiva, la comedia requiere de por lo menos un buen comediante y acá lo único que tenemos es al pelotudo de Ezra Miller. Aun así, con ese bufón lamentable al frente de la inmensa mayoría de las escenas, me reí bastante, con lo cual sospecho que los chistes deben ser muy buenos. Para emocionarnos en los tramos más épicos o más dramáticos, la verdad que este imbécil está tan poco dotado que lo único que logra es desvirtuar al personaje de Barry Allen y al rol destacado que tuvo durante muchas décadas en la cosmogonía de DC. Si sos de esa minoría a la que Barry le chupa un huevo, eso no te va a afectar. Pero igual vas a odiar a Ezra Miller y a desearle la muerte en cada puto fotograma. Bah, creo yo... Contame, si la ves, a ver si coincidimos...

martes, 13 de junio de 2023

MARTES GÉLIDO

Hoy no sé por qué, pero me estoy cagando de frío. Debe hacer frío afuera. Lo comprobaré empíricamente en un rato, cuando salga... Pero primero, unas reseñas, que hace mucho que no posteo por acá. Hacía mucho, pero mucho tiempo que no leía un tomo de Omaha the Cat Dancer, una serie de culto de la segunda mitad de los ´80, que se extinguió sin hacer mucho ruido a mediados de los ´90. Después de mil años desenganchado de la serie, conseguí este Vol.4 de la colección de tomos recopilatorios (que si no me equivoco, son seis) y descubrí los nºs 11 al 14 del comic book que editaba Kitchen Sink, pero en formato más grande, mejor papel, sin publicidades, una gloria. Omaha the Cat Dancer es una creación del músico e historietista Reed Waller, quien sumó como co-guionista y autora de los diálogos a Kate Worley, fallecida hace ya casi 20 años. Básicamente es una telenovela con escenas de alto voltaje erótico, en la que los protagonistas son humanos con cabezas y colas de animales. El hecho de que algunos personajes parezcan gatos, otros perros, otros aves, otros vacas, chanchos o lo que sea, es totalmente cosmético. En todo momento queda claro que Waller y Worley están contando historias muy humanas, muy reales, de las que seguramente les pasaron a ellos, a sus amigos o familiares, y -en una de esas- a los lectores. Pero todo exagerado un toque, porque -como en toda telenovela- hay que pegar esos golpes de impacto en los que un personaje queda en silla de ruedas, otro se involucra en una batalla legal para cobrar una herencia multimillonaria, hay traiciones, aprietes, celos, peleas entre enamorados, etc. ¿Por qué está bueno este comic? Primero por lo obvio: el dibujo de Waller es exquisito y los diálogos de Worley son brillantes, reales, vívidos, cero acartonados, al hueso. Y después porque nadie hacía telenovelas en el ámbito del comic en esa época. Lo más parecido era... no sé, el segmento de Jaime Hernandez en Love & Rockets, pero no tenía el dramatismo ni el impacto de las tramas de Omaha. Y además, en esa época se usaba muy poco tener personajes con amplia variedad de orientaciones sexuales (que Omaha tiene) y hasta era raro ver a animalitos en escenas bastante hot, con garches en distintas posiciones, chupadas de lo que se te ocurra, etc... Por ahí para el lector de hoy esto huele a naftalina, o se hace denso de leer, porque casi todas las páginas tienen nueve viñetas y en todas los personajes hablan MUCHO, pero para lo viejos chotos, que en la segunda mitad de los ´80 todavía éramos adolescentes y teníamos el gusto en proceso de formación, esta historieta fue realmente importante. Eso sí, como toda telenovela, el tomo termina en cliffhanger, y me deja con muchas ganas de saber cómo corno continúa la historia. Me faltan los dos últimos tomos para tenerla completa y no creo que sean fáciles de conseguir, sólo por las décadas que pasaron entre que compré el Vol.3 y que apareció mágicamente este Vol.4. Quién sabe, algún día...
Ahora que terminé de leer las historietas de autores argentinos publicadas en 2022 (ovación de pie), me tiré de cabeza en una obra de autor argentino que el año pasado salió en España y Francia y este mes salió en nuestro país. Me refiero a La Última Comedia de Paolo Pinocchio, un tremendo librazo escrito y dibujado por Lucas Varela. La edición de La Cúpula es zarpada, con papel de un gramaje muy alto... y bueno, las infaltables carátulas y páginas todas negras, sin textos ni dibujos, que engordan innecesariamente al libro y lo encarecen. Tiene que haber una forma más eficiente de marcarle al lector dónde termina un capítulo y dónde empieza el siguiente. La novela en sí es, creo yo, lo más raro que escribió Varela en su vida. La Última Comedia es ante todo una saga épica, repleta de elementos sobrenaturales y metafísicos, algunos muy bizarros y otros levemente humorísticos. Tiene un tono solemne, distante, que Varela logra mediante la utilización de un lenguaje complejo, florido, que suena intencionalmente antiguo. Por momentos pensaba que es una historia que le hubiese gustado escribir a Neil Gaiman, o a Mike Carey en la época en que estaba a cargo de la serie regular de Lucifer. Esto tiene más que ver con ese Vertigo sofisticado y audaz que con aquel Paolo que debutó hace como 15 años en las páginas de Fierro y que era, a grandes rasgos, un chiste. La extensa aventura transita por climas ominosos, tiene un interludio bastante cómico (el inicio de la cuarta parte es lo más parecido a una secuencia en joda que vas a ver en el libro) y cuando arranca la quinta parte, ya te descoloca por completo. Ahí es donde Lucas te deja en claro que acá puede pasar cualquier cosa, y que la saga no es lo que vos suponías que era. La Última Comedia tiene momentos protocolares, momentos de exploración de un universo rarísimo, momentos de acción al recontra-palo, historias dentro de la historia (otra vez tengo que nombrar a Gaiman, capo en esa disciplina), tintes absurdos que desorientan al que cree haber sintonizado la onda épica y grandilocuente que predomina durante varios pasajes... esto es Varela Unleashed, un delirio demasiado genial como para ponerle una etiqueta y enrolarlo en un género puntual. Como en El Humano, acá Varela opta por una paleta limitada, en la que algunos colores (como el verde, por ejemplo) no existen. Un artificio más de un dibujo fascinante, complejo, generoso en detalles increíbles, que no para un minuto de tirar virtuosismo, pero que está 100% puesto al servicio de la narración. Si a esta historia le sacás los textos, también te queda un relato maravillosamente adictivo, que te estimula de todas las maneras posibles para que llegues hasta el final. Obvio que con los textos se disfruta más, pero el dibujo es tan claro, tiene tanta fuerza icónica, tanto dinamismo, que si te dejás llevar, te arrastra como un remolino a las profundidades de la narración. Obra totalmente consagratoria para Luca Varela, que se sigue cantando "quiero retruco" a sí mismo, y cada vez que puede, se hace un tiempo entre los trabajos "de encargo" con guionistas para irse bien al carajo y regalarnos gemas como esta inolvidable Última Comedia de Paolo Pinocchio. Si no pasa nada raro, mañana voy a ver la peli de Flash, así que prometo para muy pronto la reseña (ya veremos si con o sin spoilers) acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 7 de junio de 2023

MAGNÍFICO MIÉRCOLES

Ya no tengo idea de si hace frío o calor, estoy tan atrapado en el fragor del laburo, que apenas salgo cada tanto a comprar alguna boludez para comer. Pero por lo menos me gratifico a mí mismo cuando, en alguna pausa, me leo un comic que me copa. En tiempo record me bajé el TPB con los 12 números de la saga de Vision de Tom King y Gabriel Hernandez Walta. Esto lo había leído hace unos años en formato "adicto al paco", de a 20 páginas por mes, en esos sitios piratones donde amigos muy queridos a los que no les conozco la cara escanean todas las novedades de EEUU el día que salen. Me acuerdo que Vision me había gustado mucho y me lo había anotado en la lista de "Cosas que quiero tener y leer en físico". Y leída en físico, y sin los baches de un mes entre episodio y episodio me gustó más. Esta es de esas series pensadas para deconstruir a un personaje con mucha trayectoria a cuestas, descubrirle una nueva vertiente y, si se puede, revalidarle la chapa de grosso entre el fandom. Tom King hace todo eso con mi sintezoide favorito y lo hace con una mala leche magistral. No llega a los niveles de cursilería de Roy Thomas, pero hasta lo hace llorar (a Vision, no a Thomas). King leyó a fondo la historia del personaje, entiende sus vínculos con el resto del Universo Marvel y juega fuerte a enfatizar una obsesión de Vision: ser una persona normal. Y el mensaje me copó, porque para el final de la serie queda claro que hay gente que no encaja en la normalidad, o por lo menos en ESA normalidad de "casita en los suburbios, trabajo formal en relación de dependencia, esposa, dos hijos y un perro". A mí, que toda la vida me chuparon un huevo el matrimonio, los hijos, la casita y el trabajo en relación de dependencia, me conmovió. A Vision, pobre, el choque entre sus expectativas y la realidad, lo hicieron mierda. Es muy difícil plantear una historia en la que el motor central son las emociones y los protagonistas son máquinas. King lo logra y además logra que vos te emociones con lo que le pasa a estos freaks de plástico, metal y cables. El ritmo es lento, es cierto: acá pasa en 240 páginas lo que en los ´80 pasaba en tres libritos prestige de 48, o en una miniserie de cuatro revistas de 24. Pero está muy bien. La acción está muy bien dosificada, la violencia está desenfatizada (para que cuando explota pegue más fuerte) y lo más lindo: cada diálogo y cada bloque de texto están pensados para que vos sientas que Vision no es un superhéroe más, otro soldadito del ejercito de las capas y las máscaras. Difícil volver a pensar en Vision en los mismos términos en los que uno pensaba antes de pasar por esta serie. El trabajo de Hernandez Walta en el dibujo es realmente muy notable: se entiende por qué al toque lo fue a buscar Jeff Lemire para encarar otros proyectos en dupla con él. Walta es un dibujante que maneja mucho mejor los climas y la estética naturalista, del costumbrismo, del día a día, del drama/ comedia de entrecasa que la epopeya superheroica. De hecho, en las poquitas escenas en las que aparecen decenas de otros superhéroes, a algunos los dibuja así nomás, o definitivamente para el orto. Pero lo importante, el alma de esta serie, la capta a la perfección. Y los colores de Jordie Bellaire también lo ayudan muchísimo. El número que va a manos de un suplente (Michael Walsh) no se ve tan lindo, pero conserva la onda de "esto va para otro lado". Me da la sensación que incluso para un neófito que no consumió 60 años de comics de Avengers esto puede ser una lectura apasionante. No lo sé con certeza, porque yo soy de los enfermos que leyeron todo el material en el que se basó King para escribir a su Vision. Y si sos fan de Marvel, o de los Avengers, o del ex marido de Scarlet Witch, tirate de cabeza, que esto te va a recontra-emocionar.
Me voy a Uruguay, año 2022, para celebrar la reaparición de la revista Vagón, una publicación que fue muy importante para presentar a toda una camada de autores que surgieron en el país hermano a principios de los ´90. Expansión, este especial con el que Vagón festejó sus 31 años, reúne a todos los colaboradores originales, algunos de los cuales se fueron de la historieta a la plástica, la escultura, la arquitectura o el diseño. Pero acá regresan, aunque sea un toque. La consigna de este especial tiene que ver con la historieta experimental, poética o abstracta. No todo el material que se presenta está alineado a esa onda, pero por ahí va la cosa. Roberto Poy (director desde siempre de la Vagón) publica una extensa historieta experimental, Renzo Vayra (monstruo sacrosanto nacido en estas páginas) también agarra para ese lado y entre los invitados está el incombustible Max Cachimba, otro abanderado de la abstracción y de los relatos que no se sabe si desafían a la lógica o si directamente prescinden de ella. Como suele suceder cuando exploramos la historieta no-narrativa, o experimental, acá nos encontramos con hermosas imágenes que a menudo no cumplen ninguna función por fuera de la reacción estética que puedan generar en el lector. Si te llegan y te gustan está todo bien, y si no, son páginas tiradas a la basura, porque no hay una intención de atraparte con una historia, o algo similar. Es como mirar ilustraciones, pero en vez de una, muchas. La excepción a esto es un historietista GENIAL al que descubrí en este número de Vagón, Peter Van Laaer. Busco datos sobre el quía en la web, y no hay. Pero acá aparecen 14 páginas que llevan su firma y que me detonaron la cabeza. Esta bestia mete los negros como José Muñoz, pero narra con un vértigo, con una furia, que parece Jack Kirby en crack. Casi toda la historieta es muda, y encima termina en "continuará", pero visualmente es una joya. No sé de dónde sacar más data (o más historietas) de este nuevo ídolo. Acá sí hay relato, acción al palo, humor in your face y también experimentación, porque los personajes (y la historia en la que los vemos metidos) son rarísimos. Un placer ver de nuevo reunida a la generación uruguaya de principios de los ´90, copado que algunos de ellos sigan activos, más copado aún que se les hayan sumado pibes jóvenes y muy loco que desde un mercado tan chiquito como el uruguayo surja una propuesta tan distinta a todo, tan jugada a hacer lo que nadie hace, que es buscarle el lado más poético que narrativo al tema de combinar imágenes y palabras. Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital y nos reencontramos eventualmente con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 5 de junio de 2023

LINDO LUNES

Me está costando encontrar ratos para leer comics, porque estoy muy metido en la realización del nuevo número de la Comiqueando Digital. Pero bueno, algo, cada tanto, puedo postear. Por primera vez me pasó algo muy loco, que es que no pude terminar un librito de 64. Claro, no es cualquier librito. Es Monolinguisti e altri esercizi di stile, la edición italiana de Monolinguistes & Psychanalyse, la recopilación de los primeros trabajos de Lewis Trondheim, de cuando era un autor underground de fines de los ´80. El librito reúne historietas realizadas entre 1988 y 1992, una época en la que el dibujo de Trondheim era crudísimo, muy, muy limitado. Y encima esto le jugaba a favor, porque eran historietas totalmente basadas en el diálogo (o monólogo), en la que toda la gracia residía en los juegos de palabras, en cómo estas se deforman para cambiar de sentido. Al final del libro, hay 44 tiras de "Il dormiglione", en las que TODAS las viñetas de TODAS las tiras muestran un único dibujo, que se repite siempre. Y obviamente, lo gracioso son los textos, que sí cambian en cada viñeta. Y bueno, descubrí que mi nivel de italiano no alcanza para disfrutar de todos esos juegos de palabras. Me frustró mucho entender la mitad de los chistes, y encima el rotulado de esta edición me resultó confuso, difícil de decodificar. Entonces pegué varios saltos, reboté contra varios relatos en los que no me logré enganchar y terminé en ese sector final dedicado a las tiras, que disfruté bastante. La edición de Rasputín Libri tuvo tres traductores, que deben haber dejado la vida para cambiar los chistes verbales del francés por otros que funcionen en italiano, pero lamentablemente yo no pude sintonizarles la onda. A nivel narrativo, me gustó lo que proponía este Trondheim iniciático, así que cuando pueda conseguir Monolinguistes & Psychanalyse en francés, le voy a dar otra oportunidad.
Después de muchos años (seguro más de 25) volví a leer Cosecha Verde, el clásico de Carlos Trillo y Cacho Mandrafina. Y por primera vez le encontré un problema: la primera mitad es aburridísima. Lo que los autores cuentan en las primeras 60 páginas se podría contar tranquilamente en 24. Y encima la presentación de los personajes y los conflictos está lastrada por una cantidad grosera de estereotipos, de lugares comunes (¿acá también villanos nazis, en serio?), de obviedades muy remanidas tipo "los políticos y los militares son malos", "los marginales y las prostitutas son buenas"... Todo muy gastado, muy cansador. Tal vez no en 1989, cuando se empezó a serializar la obra, pero hoy, sin dudas. Esto se hace tolerable, primero por la calidad descomunal del dibujo de Mandrafina, y segundo porque Trillo pone en juego un recurso novedoso y eficaz: personajes que están lejos del centro de la acción interrumpen la misma para contar algo de lo que está pasando desde su propia óptica, o para agregar información acerca del pasado de algún personaje protagónico que puede (o no) ser relevante para la trama. Esas interrupciones, si bien no todas aportan algo, por lo menos le cambian el ritmo al relato para que no se haga tan denso. Y la segunda mitad, ya con el Iguana en la cancha, levanta muchísimo. Todo se desarrolla de manera más ágil y menos evidente. Realmente no sabés cómo pueden terminar Malinche y Donaldo porque la situación se vuelve muy extrema, muy áspera. Hasta yo, que ya sabía cómo termina la obra, hubo un tramo en que me puse nervioso, porque la tensión crece hasta hacerse insostenible. En esas 60 páginas finales, Trillo realmente me hipnotizó y me hizo sentir en carne propia el rigor del suspenso más atroz. Y el dibujo de Cacho no baja nunca, y se luce como nunca lo había hecho hasta ese entonces, con momentos sublimes, sobre todo en los flashbacks, donde altera su trazo habitual para jugar con una estética más similar a la del grabado. Esto es Mandrafina en la cima absoluta. La edición argentina (clon de la última que salió en Francia) incluye también El Iguana, que es bastante posterior a Cosecha Verde pero que nunca se había publicado en nuestro país. Acá tenemos lo contrario a Cosecha Verde: una historia con una premisa a priori poco interesante (una periodista yanki viaja a La Colonia a recabar información sobre un peligroso asesino ya muerto), que resulta en una historieta entretenida gracias a los aciertos de Trillo en el desarrollo. El Iguana es más corta (80 páginas) y desde el principio incorpora con más naturalidad el humor grotesco (y a veces muy subido de tono) a una historia más "de denuncia", donde la verdad, la memoria y la justicia tienen roles centrales. Pareciera que en esta secuela nada se toma tan en serio como en Cosecha Verde, y seguramente esto le juega a favor. Lo más extraño es que Cosecha... está toda escrita en neutro, y en El Iguana vemos al protagonista utilizar todos los términos imaginables del castellano rioplatense en su vertiente más informal. Pajero, pelotudo, gil de goma... Incluso el Iguana trata a veces de tú y a veces de vos a los otros personajes. Raro que a Trillo se le haya escapado semejante inconsistencia, con lo cual sospecho que fue algo intencional. El Iguana parece querer advertirnos acerca de las funestas consecuencias que genera la revisión del pasado, cuando este es reciente y terrorífico como el que narran los habitantes de La Colonia cuando recuerdan la vida del Iguana. De hecho, el personaje de Susan Ling, que es quien más se involucra en la investigación, claramente cambia para peor. El resto de la gente, la que padeció más de cerca y en tiempo real el sombrío gobierno del Gran Títere y su despiadado torturador, parece -en cambio- haber cambiado para mejor, y encontrado una vida en la que el miedo tiene menos peso en sus decisiones. Más o menos por ahí va la cosa, y por suerte la "moraleja" está decorada con un montón de situaciones bizarras, algunas casi cómicas, y otras realmente desgarradoras. Si sos fan de Trillo y Mandrafina pero nunca leíste El Iguana porque no conseguías la edición española, estas 80 páginas justifican lo que pagues por el libro que trae también Cosecha Verde... que sigue siendo un clásico, 35 años después de su primera aparición. Gracias y por el aguante y ni bien pueda reaparezco con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 2 de junio de 2023

SPIDER-MAN: ACROSS THE SPIDER-VERSE

A más de cuatro años del estreno de Into the Spider-Verse, llega una nueva peli animada con Miles Morales como protagonista... aunque esta vez está bastante repartido el tiempo en pantalla con Spider-Woman (la Gwen Stacy de otro universo). Una vez más los directores Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson elevan a la enésima potencia lo que uno podría esperar de una película animada, incluso habiendo visto la anterior. La onda es triturarte el cráneo y detonarte las retinas con 136 minutos de aventura al palo, matizadas con unas cuantas escenas intimistas, emotivas, en las que los personajes se replantean cosas y se vinculan entre sí de manera muy real y muy humana. ¿No son muchas las escenas tranqui, en las que se habla de lo duro que es crecer, y lo importante que es la familia, la contención y el amor que nos brinda, y todo ese mensaje por momentos sensiblero?. Puede ser. Pero está muy bien compensado con unos momentos hipnóticos en los que la acción no da respiro, y con situaciones bien extremas, que realmente no sabés cómo se pueden llegar a resolver. Si en la primera peli murió Peter Parker (y el Prowler), en esta puede morir cualquiera. Y claro, como la temática tiene que ver con esta especie de moda de explorar multiversos, también puede reaparecer cualquiera, porque son iteraciones de otra realidad paralela, no son los que murieron. En general, el guion se me hizo muy entretenido. Tiene buenos chistes, tiene diálogos brillantes, guiños sutiles a las pelis del MCU, mucho ritmo, y por supuesto el gancho irresistible de ver a TODAS las versiones de Spider-Man y sus mitos que puedas imaginar, excepto alguna sobre la cual Sony no consiguió los derechos. Nunca te imaginás quién va a ser el villano grosso de la peli, los buenos cobran una chapa infinita tanto cuando entran en acción como cuando para un toque a vincularse entre sí y con su entorno en plan más real. Y te tengo que revelar algo que no sé si cuentan en los trailers y en las notas de promoción de otros medios: la película no termina. O en realidad, termina en un cliffhanger, no se resuelve el 100% de la trama. Hay que ver sí o sí una tercera película, que continuará justo donde se acaba esta, y que ojalá se estrene mañana mismo. Cuando me tocó reseñar la primera peli, dije que me parecía lo más similar que había visto en mi vida a un comic que cobró vida. Bueno, después de ver la secuela, lo reafirmo más que nunca. Encima un comic en el que la mayoría de las secuencias parecen dibujadas por un genio del lápiz como Kyle Baker. Toda la faz visual es demasiado buena para ser real. Terminás todo babeado, hecho un asco. La referencia a los comics es constante: hay bloques de texto con voz en off, aparecen esos recuadritos en los que los editores te dicen qué revistas tenés que leer para entender de qué están hablando los personajes, aparecen portadas de comic books, y hasta en un momento te dicen "estos sucesos se desarrollan en el Nº Tal de Amazing Spider-Man". Los personajes más importantes, además, vienen de los comics... y están todos. No hace falta ser un erudito en materia del Spider-Verse, pero posta, si te divierte reconocer personajes o estéticas del personaje, que ya viste en comics, dibujos animados, películas o videojuegos, acá te vas a volver loco. La verdad que, pudiendo hacer películas animadas como esta, no tiene sentido gastar millones en actores que se la creen y efectos especiales carísimos para hacer blockbusters de superhéroes que revienten los cines. Si todas las versiones fílmicas de los personajes de los comics fueran así, yo sería infinitamente más feliz. La animación (en este nivel, no la berretada) te permite conservar intacta la fuerza gráfica de los superhéroes, los trajes colorinches, el trazo de los distintos dibujantes... y además se potencia todo con el sonido y el movimiento, que lógicamente son cosas que al comic no le podemos pedir. Y no tenés el problema de que los actores jóvenes se hagan adultos, o que las actrices envejezcan, o que alguno se vaya al carajo pidiendo cachets imposibles. Lo único choto son los tiempos: más de cuatro años para 136 minutos es mucho tiempo, aunque la calidad sea sublime. Y bueno, acá está todo: los comics de los ´60 para acá, las series y películas truchas de los ´70 y ´80, los dibujos animados que pasaron con más pena que gloria por los ´90 y los 2000, y todas las bizarreadas vinculadas a Spider-Man que te puedas imaginar. Sí, obvio, el meme también. Acá hay diversión y emoción para toda la familia, conceptos loquísimos, más de un villano interesante y un desborde de onda y de imaginación pocas veces visto. El cine de animación alcanzó su pico máximo, y de la mano de un personajón como es Miles Morales. No hay forma de que sentarse a ver Across the Spider-Verse no eleve grosso tus niveles de alegría y de manija superheroica. Estoy en plena lectura de un libro de muchas páginas. Ni bien lo termine, lo comentamos por acá. Gracias y hasta entonces.

lunes, 29 de mayo de 2023

LUNES DE CIENCIA FICCION

Tengo un par de libritos listos para reseñar y los dos van más o menos para el lado de la ciencia ficción. Veamos. Empezamos en EEUU, año 2003, cuando la efímera pero gloriosa editorial iBooks lanza The Best of Ray Bradbury, un recopilatorio de historias cortas que adaptan cuentos del legendario escritor, a cargo de un All-Star Squadron de autores de comics. No todas las adaptaciones me gustaron, algunas porque los cuentos originales me parecieron chotos y otras porque el traspaso de un medio a otro les jugó en contra. Pero hay gemas. Repasemos el tomo juntos. La primera historia cuenta con unos dibujos gloriosos de Richard Corben y el argumento es hiper-ganchero. Por ahí si en vez de extenderse 12 páginas se condensaba en ocho, el impacto era mayor, pero así como está, sin dudas funciona. La adaptación a cargo de Mike Mignola tiene el acierto de condensar el relato en 10 páginas... aunque dos de esas páginas tienen mucho texto. En general, está bien equilibrada, el dibujo del ídolo se luce bastante y la idea del cuento original (que es más metafórico que aventurero) está bien llevada al papel. La tercera adaptación, por el contrario, naufraga en su propia ambición literaria. Se ve que a Kent Williams y John Van Fleet les costó desprenderse del texto de Bradbury y les quedó algo poco historietístico, similar a un cuento ilustrado, donde por momentos se luce bastante el trazo de estos genios del comic pictórico y por momentos es todo medio un "WTF?", porque el relato secuencial funciona poco y a los tumbos. La de P. Craig Russell es otra adaptación que habría funcionado mejor en menos páginas. No me quejo, porque el dibujo es sublime, pero está estirada un poco al pedo. Probablemente la mejor adaptación del libro sea la de "Night Meeting", 12 páginas memorables a cargo de un Daniel Torres que le pone alma y vida a cada trazo, a cada pincelada de color, y logra mejorar un cuento que ya de por sí era excelente. "Picasso Summer", versionada por Van Fleet, también sufre el lastre de un exceso de texto, pero la trama es muy atrapante y el dibujo es fastuoso, así que se banca sin problemas. La siguiente, a cargo de Mark Chiarello, es una historia sin acción, basada en diálogos y climas, y no está mal, pero se me hizo un poco densa. La adaptación más larga del tomo tiene 14 páginas, en las que el maestro Dave Gibbons mete 16 viñetas chiquitas por página. Así crea un efecto similar al de agarrar un cuento y cambiarle los signos de puntuación. La trama en sí no es tan genial ni tan impredecible, pero la forma en la que la desarrolla Gibbons la hace increíblemente ganchera. En la siguiente adaptación Craig Russell se encarga sólo de la puesta en página y deja el dibujo en manos de un Michael Lark todavía poco experimentado (es un comic de 1995), pero al que ya se le notaba el talento para los climas, sobre todo los opresivos. Muy buen trabajo. Y ya sobre el final, primero tenemos una extrañísima y brillante colaboración entre Harvey Kurtzman y Matt Wagner, una historia 100% en joda, de gran atractivo visual. Después viene Jon J. Muth a emocionarnos con su versión de "The April Witch" (una historia básicamente romántica) y finalmente tenemos una adaptación que ni me calenté en leer: "The Foghorn", a cargo de un señor llamado Wayne Barlowe que se mandó unas ilustraciones preciosas, pero nunca se esforzó por integrarlas entre sí, en generar la famosa "solidaridad icónica" entre los dibujos, con lo cual todo parece un cuento ilustrado, con masacotes de texto que pisan parte de las hermosas imágenes. No es lo que a mí me interesa leer, sorry. Pero bueno, busqué muchos años este libro, y ahora que lo tengo y que lo leí, le levanto el pulgar a la selección de historietistas, a la labor de casi todos ellos y me pregunto cómo carajo esto no se editó nunca en Argentina, donde Ray Bradbury tiene hordas de fans. A todos ellos, les recomiendo este hermoso tomo de 160 páginas en las que los relatos del maestro cobran vida e imágenes de la mano de algunos de los mejores historietistas de todos los tiempos.
Y me voy a España, año 2017, cuando Astiberri publica Cosmonauta, una novela gráfica del maestro Pep Brocal, un autor del que soy fan desde principios de los ´90. Este libro hace trampa: o sea, si lo tuyo es reseñar libros, Cosmonauta está pensado para cagarte como de arriba de un puente. Primero porque el trabajo de Brocal, tanto en el guion como en la faz visual, te deja sin palabras. Y segundo porque incluye un texto de Manel Fontdevila y uno de Álex De la Iglesia en los que estos próceres tiran un montón de puntas para el análisis de la obra que están buenísimas, y que uno no quiere repetir como un imbécil en la reseña. Para ser muy breve, esto es ciencia ficción de la buena. De la que toma los elementos fantásticos vinculados a la tecnología futurista para hablar de nosotros, de nuestro presente, de la alienación, de la memoria, de la estupidez humana, de la manipulación. Con certera mala leche, con un dibujo sintético e hiper-expresivo, con una paleta de colores intencionalmente acotada, Brocal nos lleva en una aventura hacia nuestro interior. En un punto, cada lector en algún momento se transforma en Héctor Mosca, el cosmonauta del título. Porque el autor nos convence de que somos eso: pelotudos a los que nos lanzan a la nada misma, solos, inseguros, dependientes, mutilados, homogeneizados como productos industriales, a surcar el infinito en busca de respuestas trascendentales que nunca vamos a encontrar. Brocal aprovecha la inusual extensión de la obra para experimentar con la narrativa y nos deleita con las más variadas puestas en página que te puedas imaginar. Los flashbacks son geniales, las expresiones faciales están perfectas, y lo más loco: cuando Héctor flashea que se encuentra con Dios, este habla ¡en argentino!. Pibe, boludo, macanudo, quilombo, estoy a full... todas las giladas de nuestro querido castellano rioplatense (en su versión informal, claro) dichas por el típico señor de túnica blanca, barba y pelo largo al que le salen luces locas de la cabeza. Una maravilla. Tendría que escribir toda la reseña con informalismos españoles, o toda en catalán, como para devolverle la gentileza al grosso de Brocal. Pero no os preocupéis, que eso no va a suceder. No la quiero hacer larga al pedo. Recomiendo MUCHÍSIMO este libro, me cago a latigazos a mí mismo por no haberla incluido entre las nominadas a Mejor Historieta de 2017 cuando hicimos ese jueguito con los lectores de Comiqueando para elegir a las mejores obras de la década pasada, y después veleteo, y me felicito por haberla recomendado antes de que saliera, cuando la anunció Astiberri, en un Comic Clip en el sitio web donde escribo casi todos los días. Muy satisfecho con las lecturas, creo que por este mes no tengo nada más para ofrecer en este espacio. Me vuelvo al monumental laburo que exige la Comiqueando Digital, y ni bien pueda, habrá nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

jueves, 25 de mayo de 2023

FERIADÍSIMO

No tengo la menor idea de por qué me desperté a las 7:45 de la mañana, pero bueno... acá estamos... Veremos cómo me trata este horario ímprobo a la hora de escribir reseñas. Arranco con el Vol.2 de Innocent (el Vol.1 lo vimos el 19/01/23), el manga ambientado en Francia a fines del Siglo XVIII y firmado por Shin´ichi Sakamoto. Tenía miedo de que, una vez superado el impacto que me provocó el dibujo en el primer tomo, el segundo me interesara menos. Por suerte no fue así: la temática es tan atrapante, la época histórica está tan bien reflejada, el "countdown" hacia la revolución de 1789 está tan bien sugerido, que al final con este tomo me enganché más que con el primero. Creo que lo único que no me cierra es que los personajes son un poco extremos, casi al filo de la caricatura. Charles-Henri es demasiado sensible, su madre es demasiado desalmada, la hermanita también va para el lado del estereotipo... Tal vez eso sea lo único que desentona un poco con la sutileza, la elegancia e incluso la cuota justa de ambigüedad con la que se maneja Sakamoto para contar la historia de los verdugos más temidos de París. Este tomo se mete mucho con el tema de las desigualdades sociales, explora de modo descarnado la miseria, la vulnerabilidad extrema a la que está sometida la inmensa mayoría de la población francesa, en obsceno contraste con el lujo y los privilegios de los que gozan las minorías acomodadas. No hay muchos mangas que se internen en ese pantano, por eso me resulta tan valioso. La trama, centrada en el camino que recorre Charles-Henri para convertirse en el legítimo sucesor de su padre, avanza lento y deja mucho aire para la introspección, y para explicar a fondo un contexto político y social que el lector muy probablemente desconoce. Así es como Innocent se aleja definitivamente del concepto de "aventura" y se parece más a una novela histórica, lo cual también me llama positivamente la atención. Y por supuesto, lo más alucinante es el dibujo. Las cosas que hacen Sakamoto y su legión de asistentes en Innocent no las vas a ver en ningún otro manga. Esto es una cátedra de cómo mostrar la crueldad, la violencia, el horror y la sordidez de la manera más bella imaginable. En cada página hay algo que te hace decir "no, pará, esto es mucho". O una expresión facial, o un efecto de iluminación, o la reproducción de un edificio histórico, o una escena de acción, o una escena de sexo, o primeros planos de órganos de un cuerpo diseccionado. Todo es desmesuradamente hermoso, gracias a un virtuosismo gráfico pocas veces visto en un manga comercial. Ante semejante festín visual, lo que menos me importa es que la historia avance lento. Ni bien consiga el Vol.3, habrá más Innocent acá en el blog.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando se publica en libro Nathaniel Fox y la Tumba de Humayun, de Rodolfo Santullo y Manu Loza. Ese empaste marrón horroroso que se ve en la portada, en la que lo único legible son las letras, por suerte adentro está coloreado como los dioses por El Santa. Hay muchas páginas engamadas en marrones, pero todas se ven mil veces mejor que esa portada piantavotos. El dibujo de Loza es muy bueno todo el tiempo, y alcanza un nivel realmente sublime cuando le toca dibujar primeros planos. Ahí cambia su impronta sintética y dinámica por una donde hay más atención por los detalles, que le queda perfecto. Me encontré con varias páginas que se verían mejor equilibradas si más viñetas tuvieran fondos, pero es un criterio muy personal. Cuando Manu pone fondos, están invariablemente bien trabajados, no los pone así nomás para sacárselos de encima. El guion de Santullo tiene todas las peripecias clásicas de este género "a lo Indiana Jones": diálogos picantes, peligros extremos, escapes imposibles... y dos problemas. Uno es sobre todo un problema mío: yo esperaba un poquito más de ambición, tal vez un subtexto más profundo que "los nazis son muy malos". En el único momento en que se ve un intento por superar esta bajada de línea tan obvia es cuando el guionista nos dice "pero ojo, los ingleses no son los buenos, para ellos el territorio que hoy conocemos como India era una colonia más". El otro problema del guion también tiene que ver con lo malos que son los nazis. Veamos: Herr Kallman, el jefe nazi, contrata a Sabrina, una sicaria, para que mate a un líder indio. La asesina a sueldo cumple con su parte y Kallman, en vez de pagarle y sacársela de encima, la traiciona... y la toma prisionera. ¿Para qué? No tiene sentido. Lo lógico era pagarle y que se fuera de la ciudad, o volarle los sesos de un escopetazo y que se fuera del mundo de los vivos. ¿Cómo vas a dejar viva a una mina que es una asesina profesional y que ni bien pueda va a tratar de vengarse de vos porque la cagaste? ¿Qué sentido tiene eso? La única explicación racional es que Santullo está haciendo un truco de manual: desactivar a un personaje en el primer acto, mantenerlo al margen de la acción en el segundo, y hacerlo reaparecer reloaded en el tercero. Efectivamente, en algún momento Sabrina se libera y va a ser quien altere el equilibrio de poder en favor de Nathaniel y sus aliados. Si la asesina no entrara en acción para cagar a los nazis, el plan de Kallman se cumpliría a la perfección, y el final sería funesto para los protagonistas. Narrativamente, que Sabrina no muera es fundamental para que la historia llegue al final que Santullo quiere darle. Desde la lógica, no tiene sentido que los nazis sean tan malos como para no querer pagarle y no tan malos como para hacerla boleta y que no joda más. Fuera de eso, Nathaniel Fox y la Tumba de Humayun es un comic muy entretenido, con un ritmo ágil, personajes queribles y locaciones asombrosas, a cargo de una dupla que entiende muy bien los códigos del relato aventurero. Si Manu y Rodolfo encaran nuevas entregas de esta serie, acá cuentan con un lector fiel que los va a bancar. Nada más, por hoy. Disfruten el finde largo y lean muchos comics. Gracias y hasta pronto.

lunes, 22 de mayo de 2023

LUNES FRESCO

Me costó leer comics estos días, porque estoy bastante a full con otras cosas, principalmente vinculadas a la Comiqueando Digital que se viene en Julio. Pero ya tengo un par de libritos más para reseñar. Empezamos en EEUU, año 2016, cuando se publica Dreaming Eagles, una saga de seis episodios en las que el maestro Garth Ennis retoma la temática que más le gusta y en la que mejor se desempeña: se trata de un comic bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, que narra las hazañas de los primeros soldados afroamericanos que lograron completar el durísimo entrenamiento para pilotear aviones de guerra. Ennis nos mete en el día a día de estos cinco muchachos, tan yankis como cualquier otro, pero que -por ser negros- tienen miles de dificultades para desenvolverse y ser reconocidos en unas fuerzas armadas todavía segregadas, donde los blancos los miraban con cara de culo, hicieran lo que hicieran. Y lo mejor es que el planteo del guionista no se puede simplificar en términos de "los negros son los buenos, los blancos son los malos". Sí, el protagonista central, Reggie Atkinson, es negro y es un héroe en todo el sentido de la palabra. Pero también Ennis nos permite intuir el éxito y la efectividad de los pilotos negros en las misiones tiene que ver con la posibilidad de cumplir el sueño de muchos de ellos: matar blancos (en este caso, alemanes). La narración avanza entre escenas bélicas electrizantes y momentos más tranquilos, siempre con el tema del racismo latente, hasta el final de la Guerra. Y ofrece como plus una extensa escena ambientada 20 años después, a mediados de los ´60, cuando Reggie ya es un señor mayor y su hijo Lee empieza a militar en el movimiento de derechos civiles para los afroamericanos, inspirado por el Dr. Martin Luther King. O sea que es un comic variadito, no son sólo combates entre aviones. Y tiene unos diálogos realmente magníficos, que no redundan con lo que muestra el dibujo, ni sobre-explican las situaciones que viven los personajes. Quizás lo más flojo sea el dibujo, a cargo de Simon Coleby. Se trata de un dibujante británico con una vasta trayectoria a ambos lados del Atlántico, pero la verdad que no me movió un pelo. Sus aviones son perfectos, evidentemente maneja muy bien la documentación histórica, pero a la hora de dibujar la figura humana me parece que hace agua. Sus rostros no transmiten ni a palos las emociones que propone Ennis desde el guion y algunos de sus negros parecen blancos pintados de marrón. Encima, pobre pibe, cada episodio abre con una portada fastuosa de Francesco Francavilla, que te revolea las expectativas a la estratósfera. Comparadas con esas imágenes, las de las páginas interiores quedan medio pobretonas. La fuerza de la temática, me parece, es más que suficiente para darle una oportunidad a Dreaming Eagles. Más si te gusta la temática bélica y más si sos fan del Garth Ennis grosso, que es el que aparece cuando el irlandés se pone el casco, caza el fusil y se embarra hasta la cintura en historias de guerra, sin chistes ni gente con superpoderes, pero con mucha verdad.
De las 176.643 obras que se publicaron en Argentina durante 2022 con la firma de Quique Alcatena, me quedó última en la pila Las Aventuras de Mambrú. El libro compila 13 relatos escritos y dibujados por Quique, cuya extensión fluctúa entre las 8 y las 15 páginas, todas ambientadas en mundos de la más absoluta fantasía. Este material fue realizado originalmente para el suplemento de historietas de Télam, y más tarde modificado por el propio Alcatena, que le cambió el formato a las tiras para convertirlas en páginas. El detalle de que esto originalmente se publicó en forma de tiras no es menor, porque acá no nos vamos a encontrar con el despliegue que habitualmente nos ofrece Quique en la puesta en página. Claro, esto no se pensó en términos de página. Sin embargo, el tema de ampliar algunas viñetas, dibujar fondos por detrás de las mismas y reacomodarlas en formato vertical está muy bien logrado, casi nunca hace ruido ni te descoloca como para alterar el flujo de los relatos. Se extraña un poco esa espectacularidad que suele ofrecer Quique cuando tiene que "establecer" una escena, y te tira esos palacios majestuosos, o esas criaturas inconmensurables, pero el dibujo y el color están muy bien, son muy funcionales a lo que el autor quiere contar en estas breves historias. Y bueno, después están los guiones, que -como suele suceder en estas obras en las que Alcatena trabaja como autor integral pensando en un público no exclusivamente compuesto por adultos- me resultaron algo desparejos. Algunos (como el de la Farolera o el de Pierrot) me parecieron medio pavotes, ese en el que Mambrú interactúa con el dibujante repite los chistes que vimos mil veces en los cortos de Chuck Jones con Bugs Bunny o Duffy Duck, y otros, en cambio, me sorprendieron con giros poéticos, o con moralejas muy atractivas, muy bien calzadas en el esquema de la historieta de aventuras. Creo que lo que más me gustó fue verlo a Quique saldar una vieja deuda: a lo largo de su ilustre trayectoria, lo habíamos visto llevar al papel la mitología de las más variadas civilizaciones, algunas incluso inventadas por él mismo. Pero nunca había ambientado una historieta en la ciudad que lo vio nacer. Por eso enloquecí con "¡Botelleroo!", la exploración alcateniana de los mitos porteños. El guapo, el farolito, el tango, la calesita, los corsos... toda una vida esperé que Quique (con o sin Mazzitelli) interpretara en su peculiar estilo el lado fantástico de Buenos Aires, y bueno, por fin llegó. Al guion no lo pongo entre los mejores del libro, pero tampoco está mal. Probablemente, en el contexto global de la inmensa obra de Alcatena, Las Aventuras de Mambrú no arrime a la cumbre, pero me parece genial que se publique, simplemente porque el suplemento de historietas de Télam no existe más hace ya unos cuantos años, y toda esa producción (no sólo la de Quique) está entre perdida y olvidada. Ojalá cunda el ejemplo de Primavera Revólver y se recuperen en buenas ediciones en papel las otras historietas que ofrecía Télam, que ahí había merca de muy buena calidad de unos cuantos autores de primer nivel. Nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a postear nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 17 de mayo de 2023

MARAVILLOSO MIÉRCOLES

El otoño nos sigue regalando días increíbles a los porteños y las porteñas, y uno los aprovecha para... leer comics, obviamente. Vamos con un par de reseñas, así, de una. Cuando vi este libro de Oddville! en una batea en EEUU, pensé "Jay Stephens está loco, ¿cómo va a editar un comic para público infantil en blanco y negro?". Después me di cuenta de que el equivocado era yo. Este material se produjo originalmente entre 1995 y 1996 para los semanarios alternativos de EEUU, en el clásico formato de historieta cuadrada en blanco y negro que asociamos (por ejemplo) con Life in Hell, la mítica tira semanal de Matt Groening. O sea que, si bien Stephens juega con la estética del comic infantil, Oddville! es una serie apuntada al público adulto. La gracia de Oddville es la bizarreada, la forma en que Stephens atraviesa un montón de géneros sin circunscribirse a las convenciones de ninguno de ellos. Por momentos hay aventuras con una superheroína, por momentos aparecen elementos de terror (muertos que resucitan como zombies, un simio gigante), elementos de ciencia ficción (un robot gigante), por momentos la serie se centra en la vida cotidiana de una familia contada en plan de comedia (como en tantas otras tiras de los diarios yankis) y a veces el foco se desplaza a las mascotas de la familia y se vuelve una tira de "animalitos cómicos" al estilo de Mutts, Garfield, Marmaduke y tantas otras. La mejor de todo es que Stephens no se toma nada de esto en serio, y encima, ni bien puede, dispara dardos venenosos hacia temas picantes de la sociedad, como la codicia, el fanatismo por las armas de fuego y la brutalidad policial. El resultado es un comic muy ágil, totalmente impredecible, repleto de volantazos que no te ves venir, donde un elemento inclasificable (una bebita de origen alienígena que tiene el poder de volar) desencadena toda una serie de sucesos, uno más desopilante que el otro, ambientados en la ciudad que da nombre a la tira. Esto (y su continuación, Land of Nod) más tarde se va a convertir en un dibujo animado apuntado al público infantil, pero acá todavía Stephens puede mostrar una arista más cruda, o más cínica. No en el dibujo, que es perfectamente amigable y atractivo para los más chicos, pero sí en los guiones. En el trazo del canadiense se ve una mezcla hermosa entre Beto Hernández, Seth, Joe Matt, Hunt Emerson, y hasta Jason, que no sé si en 1995 era conocido en Canadá, pero ese mono gigante al toque me remitió a la estética del astro noruego. El pincel suelto, atrevido, de Stephens le permite darle al dibujo una gama muy amplia de matices, y el uso de las tramas mecánicas lo complementa a la perfección. Esto es anterior a Atomic City Tales (ver reseña del 15/09/22) y se le parece poco en la superficie, pero por debajo subyace el mismo talento y la misma imaginación desbordada. Creo que ya tengo todas las historietas de Jay Stephens, que no son muchas porque hace años que se dedica exclusivamente a la animación, pero sigo atento, a ver si aparece algo más, para entrarle como el agua al Titanic.
Entre 2004 y 2010 se produjeron en Europa los cuatro álbumes de Borgia, la serie de Alejandro Jodorowsky y Milo Manara, luego convertida en un tomo integral que salió en 2013 en el mercado francés y en 2021 acá en Argentina, en una impecable edición del sello Merci. Borgia es un comic histórico, en el que Jodorowsky se abstiene de introducir elementos fantásticos para ceñirse a los hechos tal como sucedieron en la Italia del Renacimiento. De hecho, este es el Lado B del Renacimiento: una mirada salvaje y descarnada a la corrupción, la desigualdad, la pestilencia, la depravación y la abyección moral que reinaba por sobre aquellos inmensos artistas que prácticamente refundaron la cultura "occidental y cristiana". Es un relato de ambición y lujuria llevados al límite, donde los protagonistas (Rodrigo Borgia y sus hijos) se presentan como los abanderados del incesto, la sodomía, la codicia, los asesinatos políticos, la compra y venta de influencias y favores eclesiásticos y la ruptura de pactos entre nobles de distintos países por los motivos más prosaicos que se te ocurran. Acá vale todo: orgias de todos contra todos, violaciones, mutilaciones, torturas, decapitaciones, vas a ver gente que le mea el rostro a otra gente, gente moribunda arrojada a las fauces de perros famélicos... y además vas a sentir el olor nauseabundo de una época en la que no existían ni la ducha, ni el inodoro, ni el bidet. El guionista chileno y el dibujante italiano contraponen todo el tiempo el lujo, la pompa y el boato de los papas y los nobles con el hedor de las caballerizas, e incluso de las calles pobladas de gente que se bañaba muy de vez en cuando. Jodorowsky se relame al mostrar en detalle las miserias del poder político y eclesiástico y explica el trasfondo de todas las hazañas militares, a veces motivadas por la ambición y otras veces por la lujuria. El Papa Alejandro VI aparece como un personaje venal, desesperado por el poder, capaz de todo con tal de amasar más riquezas, más influencia y más impunidad para sus pecados carnales. Ni el mismísimo Leonardo Da Vinci se salva en este revisionismo histórico furibundo en el que prácticamente todas las figuras del Renacimiento están salpicadas de sangre, mierda y semen. Con estos guiones fuertes, al hueso, sin fumanchereadas ni delirios místicos, Manara realiza el que, para mi gusto, es el mejor trabajo de su extensa carrera. Las malas lenguas dicen que buena parte de las tareas las delegó en su hija, porque su salud no le permitía cumplir con las entregas, pero yo acá veo todo el tiempo la mano del maestro. Y me pongo de pie, y lo ovaciono, porque (enfermo o no) Manara acá puso el alma y la vida. Esas escenas multitudinarias, esas batallas, las expresiones faciales, los decorados de los palacios, los paisajes, los barcos, los trajes, los peinados... y por supuesto esa sensualidad infernal en los cuerpos, tanto desnudos como vestidos, hacen que uno no pueda más que rendirse ante el despliegue descomunal realizado por el creado de Giuseppe Bergman. Lo único que le critico es que entre la primera página y la última pasan apenas once años y -sobre el final de la obra- el Papa Alejandro VI parece estar 30 años ó 35 años más viejo que al inicio, mientras que el resto de los personajes no parece envejecer demasiado. En todos los demás aspectos, el dibujo y el color de Borgia son un hito absoluto, en la bibliografía de Manara, y en la historieta histórica en general. Por si no nos quedó claro durante la lectura de la obra, al final del libro aparece un texto de Jodorowsky en el que el chileno traza los paralelismos entre las atrocidades, inequidades y salvajadas de esa bisagra entre los siglos XV y XVI y los albores del Siglo XXI. Me parece que no hacía falta explicitarlo tanto, pero sin dudas Borgia es una obra que habla de nuestro presente, y lo hace de una manera realmente cautivante y estremecedora. Un libro sumamente recomendable para los fans de Jodo, de Manara, del comic histórico, del Renacimiento, o de la buena historieta para adultos. Hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 15 de mayo de 2023

LA SUDESTADA

¿Otra vez al cine? Y sí... se estrena una película basada en la que para mi gusto es la mejor historieta argentina del Siglo XXI (ver reseña del 26/08/15), no voy a ser tan pajero de no ir a verla. ¿Y está buena? Comparada con la historieta, obviamente no. No es una garcha atómica, pero la verdad es que los directores Daniel Casabe y Edgardo Dieleke se toman tantas libertades que por momentos no entendés para qué le dejaron el mismo título. Lo más importante de la novela gráfica de Juan Sáenz Valiente, que es el vínculo que se establece entre Jorge y Elvira, está bastante bien trasladado a la pantalla. Juan Carrasco tiene entre 30 y 40 kilos más que Jorge y menos cara de sorete, pero actúa muy bien. Katja Alemann es un casting acertadísimo para Elvira, pero no le da la calidad actoral para reproducir con justicia las sensaciones y emociones que su personaje transmite en la historieta. Pero los problemas serios de la película no son ni el sobrepeso de Carrasco ni la actuación de Alemann: los problemas son básicamente todas las secuencias GLORIOSAS que están en la novela gráfica y no en la película, personajes enteros (uno de ellos muy importante, como la madre de Elvira) que desaparecieron en el traslado de un medio a otro, momentos clave para definir a Jorge y a sus amigos... Alguien barrió todo eso abajo de la alfombra con total impunidad y logró una historia más chiquita, menos compleja, con personajes menos atractivos, y sobre todo con menos excusas para que la película dure 87 minutos. La historia de Jorge y Elvira se podía contar tranquilamente en 45 minutos y todo lo demás es relleno, es estirar esta trama hasta el infinito con secuencias largas, densas, aburridas, de esas que hacen que el público estigmatice al cine argentino y le escape como si fuera cancerígeno. Es justo decir que la obra de Sáenz Valiente es generosa en secuencias mudas y en secuencias oníricas, pero en la novela gráfica las primeras son fundamentales para hacer avanzar la trama. En la película, mucho menos. Y además los directores nos hacen sentir demasiadas veces el rigor de "acá el que decide cuánto dura cada cosa soy yo". Entonces, al no poder llenar metraje con todas esas escenas en las que Jorge investiga otros casos, al reducir a la nada el subplot del amigo que sospecha que su mujer lo caga, al quedarse con tan poquito de lo que ofrece el comic, no hay más remedio que estirar esas escenas mudas y oníricas, y sumarle nuevas, que Sáenz Valiente no puso en su obra, en las que la trama tampoco avanza. Una a favor de la película: es mucho más creíble que un tipo como Jorge pierda un cuadernito de anotaciones que una billetera con sus documentos. Ahí uno de los guionistas de la peli se atrevió a discutir con la obra original y dijo "esto así no va, hay que buscarle otra vuelta", y encontró una vuelta mejor. Después, muchos de los cambios y omisiones son al pedo, fruto del capricho, o quizás de cuestiones presupuestarias. Una pena, porque -de regreso del cine- releo La Sudestada y no encuentro elementos que resulte imposible filmar en una película de bajo presupuesto como la que vi hace un rato. Por ahí no se puede filmar en el delta cuando se inunda tanto como en el comic, por ahí no le podés tirar a una actriz de 65 años un cacho de árbol como el que dibuja Sáenz Valiente en el comic, pero todo el resto es ambientación urbana en el presente, se puede hacer con dos mangos. La música está muy bien, los bailarines son grossos (aunque ocupan la pantalla demasiados minutos), las escenas oníricas (que son las más difíciles de filmar, porque ahí la iluminación y la escenografía son sumamente atípicas, y hasta hacen falta algunos efectos especiales) están muy bien logradas y en general, todo el aspecto visual está bastante cuidado. Tengo la sensación de que quienes se sienten a ver la peli sin tener la menor idea de que existe la novela gráfica, la van a disfrutar. O por lo menos no la van a putear. O por ahí sí, pero por lo lento del ritmo narrativo, no por la brutal cantidad de "traiciones" a la obra de Juan Sáenz Valiente. A mí, como hardcore fan de La Sudestada me pareció una versión muy rara, con demasiados cambios innecesarios, y si la película tiene grandes valores estéticos se me escaparon, porque estaba pendiente de todos los elementos que brillan en la historieta y faltan en el film. Estoy leyendo un libro larguísimo, pero ni bien lo termine se viene reseña acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

sábado, 13 de mayo de 2023

TARDE ALUCINANTE

Inmejorable clima este sábado en Buenos Aires, justo el día que se cumplen 29 años de la aparición del nº1 de Comiqueando. Pero vamos a las reseñas, que para eso estamos. En 1988 apareció una de esas historietas que hasta que no las tenés en la mano no podés creer que existen: el maestro Go Nagai se mandó una novela gráfica 100% inédita de Mazinger, a todo color y en un formato medio cuadrado, para la editorial estadounidense First, que en aquel entonces era una de las tres o cuatro que peleaban por el tercer puesto en el mercado eternamente dominado por Marvel y DC. ¿Qué hizo el célebre mangaka cuando la editorial con sede en Chicago le dio total libertad? Una garcha. El argumento de la novela gráfica es bochornoso: en el Siglo XXIII, Mazinger es un mega-robot que pelea en una guerra que enfrenta a los países del Norte con los de Sur. Un estallido nuclear lo transporta a otra dimensión, donde la gente es del tamaño de Mazinger (o sea, gigantes) y Kabuto (el milico que pilotea al robot) tiene el tamaño de un action figure tipo los Super Powers de los ´80. Kabuto pega onda con una princesa del tamaño de Mazinger que anda en tetas por ahí, y pone su espada y su coraje al servicio de esta chica para combatir a sus enemigos. ¿Qué pasa en la primera batalla? De nuevo, explotan miles de misiles y el estallido transporta a Mazinger de nuevo a su dimensión, donde alguien le dice -¿dónde estabas, pelotudo? Te estamos buscando hace un año... -¿cómo un año? Para mí pasó sólo un día... Fin. ¿Qué tiene que ver esto con el Mazinger que todos conocemos? Poco. Es un robot gigante, tiene una espada hiper-pulenta y lo tripula un flaco apellidado Kabuto. El resto, no tiene la menor conexión con la saga creada por Go Nagai en 1972. ¿El guion tiene algún hallazgo que permita remar lo mediocre del argumento? No, casi nada. No hay buenos diálogos, no hay desarrollo de personajes... todo chatísimo, 100% basado en la machaca, excepto la escena en la que Kabuto le tira los galgos a la princesa. Bueno, zafará el dibujo, me imagino.... De a ratos. Cuando Nagai (y su equipo) dibuja ejércitos, naves, armas, robots y explosiones, las páginas explotan de onda y polenta. El color (a cargo de Kazuhiro Amachi) está buenísimo, la narrativa es ganchera... Ahí la verdad que se luce. Y cuando dibuja la figura humana y especialmente los rostros, decís "ah, pero no aprendió nada... esto es igual de choto que los mangas que dibujaba a principios de los ´70". Posta, me cuesta entender que haya tenido tanto éxito un autor que dibuja tan mal el cuerpo humano y las caras de las personas. ¿Por qué está bueno tener este libro? No sé, por ahí por lo inusual, lo extraño que es todo. Una novela gráfica a color de Mazinger hecha para EEUU por el creador del manga original, seguro es algo que llama la atención. Después la leés y se te pasa, pero durante años quise tener esto, leerlo y constatar que existe semejante fumariola. Pero si alguien me ofrece un buen billete, no soy tan talibán ni de Mazinger ni de Nagai como para no largarla...
Me voy a 2005, cuando se edita en Italia la novela gráfica Ragazzini, que es la misma que en Francia salió un año antes como Les Enfants, obra del maestro Jean-Philippe Stassen. ¿Qué carajo hago leyendo comic franco-belga en italiano? Es la edición que pude conseguir. Juro que este año cuando vaya a Francia y Bélgica, el 50% de lo que me voy a traer van a ser obras que ya tengo en ediciones españolas, italianas o yankis, que van a ser reemplazadas por las originales. Pero mi amor por Stassen es más fuerte que la barrera idiomática, por eso cuando vi esto no me pude aguantar. Dicho esto, es hora de aclarar que es la obra de Stassen que menos me gustó de las que leí hasta ahora. Sin ser chota ni mucho menos, Les Enfants tiene dos problemas: El primero es que no están muy enfatizados lo conflictos. La historia avanza, la tensión que rodea a los personajes crece, hay desarrollo en los protagonistas y secundarios, pero nunca se le otorga un verdadero peso dramático a ninguno de los conflictos que Stassen plantea en estas 80 páginas. Que no son pocos, porque la obra se centra en la vulnerabilidad de unos chicos que viven en una ciudad africana muy próxima a una zona de guerra, donde ya casi no quedan adultos porque todos fueron al frente a combatir al enemigo. Los pibitos comen mal, tienen problemas mentales, deambulan por la ciudad semi-vacía en busca de cerveza o cigarrillos que se puedan afanar, se codean con adultos con fama de pedófilos que los miran con cariño, están expuestos a discursos racistas (de un lado y del otro) y, por supuesto, a la violencia, que va a estallar fuerte (y del modo menos racional concebible) cerca del final. O sea que Les Enfants es una de jóvenes a la deriva, con nenes de 9 a 13 años como protagonistas. El segundo problema es que todo esto es demasiado triste, demasiado bajonero, demasiado desolador. Alguna travesura de los pibes, algún chiste gracioso seguro se cuela por ahí, pero básicamente esto es un drama. La incertidumbre, el miedo a la invasión inminente del enemigo, la precariedad, la sordidez, se llevan puesta a la inocencia de los chicos, cuyas elecciones son cada vez más difíciles de justificar. Lo que al principio reviste una cierta "ternura freak" al final ya es muy turbio y te deja un sabor horrible en la boca. Por suerte el dibujo de Stassen es glorioso. Detallado cuando está bueno que se aprecien los detalles, sintético cuando pega más fuerte la síntesis, y con un coloreado magnífico. El belga sabe narrar de manera interesante largas secuencias en las que sólo vemos gente que dialoga, y le pone todo a las expresiones faciales y corporales de los personajes, que son todos pibitos africanos pero a los que podemos diferenciar sin el menor esfuerzo. Les Enfants te revienta el alma a garrotazos, pero el dibujo es tan hermoso que ayuda a aguantar los golpes. Sigo prefiriendo Deogratias o Thérese como punto de entrada a la obra de Stassen, pero si te copa una historieta más testimonial, más densa y menos apegada a las fórmulas del relato más convencional o más aventurero, puede ser que Les Enfants te cierre más.
Cierro esta edición extra-large con un libro editado en Argentina en 2022 que compila tres historietas de Brian Janchez protagonizadas por Bulma Jimenes. La primera y más extensa es La Frustración, a la cual ya le dediqué una reseña completa allá por el 14/11/20. Después, el mundo de Bulma se amplió con otras dos historias, El Taller y La Otra, que siguen la misma tónica en lo que se refiere al planteo estético de Janchez, con lo cual no hace falta volver a hablar del aspecto visual de estas obras. En los guiones de estas otras dos historietas, Janchez propone algo similar a lo que vimos en La Frustración: seguir las desventuras de un personaje que prácticamente no genera la menor empatía en el lector, salvo por el hecho de que concentra sus esfuerzos en triunfar (o por lo menos sobrevivir) como autora de historietas. Detrás de la frialdad y la mala onda de la conflictiva Bulma, uno percibe una pasión genuina por la historieta, y ahí es donde más o menos la sentimos cercana, o querible. Pero es una chica inestable, jodida, por momentos inescrupulosa, y a la que encima la suerte no ayuda ni un poquito. Tanto en El Taller como en La Otra vemos a Bulma rodearse de un muy buen elenco de personajes secundarios, y los vínculos que se establecen entre ellos son en varios pasajes más importantes que las tramas en sí. Este aspecto, sumado a la exploración del extraño mundo que crea Brian para esta serie, es lo que a mí más me llegó, lo que mantuvo mi interés hasta el final del libro. Me gustaron también las referencias a los X-Men y los personajes de Street Fighter, o que aparezca la revista "Salto Joven" (en vez de Young Jump) en la editorial "Suecia" (en vez de Shueisha) y esos guiños limados a otros mangas famosos como Sailor Moon o Dr. Slump. En todo momento queda claro que Bulma Jimenes es una obra de madurez para Janchez, a la que le puso mucha planificación, mucho corazón y donde, al incorporar acertadamente elementos de ciencia ficción post-holocausto, le agrega a su universo una capa de profundidad que va más allá de su notable manejo de la comedia costumbrista y el drama basado en relaciones humanas. No te digo que es la cima más elevada de la historieta argentina reciente, pero sin dudas está muy, muy bien y merece una oportunidad. Y nada más, por hoy. Gracias por llegar hasta acá y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.