lunes, 26 de enero de 2026
NOCHE DE LUNES
Bueno, acá estamos de nuevo después de un finde movidito.
Prometí no espaciar mucho las reseñas de los últimos tomos de East of West, y es hora de entrarle al Vol.7. Probablemente porque tenía muy fresco el Vol.6, lo disfruté bastante más que a los anteriores. Además es un tomo en el que pasan unas cuantas cosas importantes, como si Jonathan Hickman se hubiese dado cuenta de que estaba cerca del número en el que quería terminar la serie, y decidido cambiar de velocidad para llegar con todo lo que tenía para contarnos.
El orden global de East of West se empieza a sacudir fuerte en estas páginas, mientras queda cada vez más claro que Archibald Chamberlain no es solamente un político inescrupuloso: es (por lo menos en este tramo) el villano principal de la serie, el personaje cuyas acciones más cuesta reivindicar. Básicamente, el conflicto principal (repito, por lo menos en este tramo) es hasta dónde va a llegar Chamberlain antes de que algún otro de los jugadores que siguen en el tablero le ponga los puntos.
Hickman continúa con la limpieza de personajes iniciada en el tomo anterior, porque para entrar en la recta final necesita un elenco más chico, más compacto. Y eso también está bueno, porque la mayoría de las muertes son tan impactantes como impredecibles. El gran problema de East of West es que tiene tantos personajes, tantas locaciones y tantos plots abiertos, que en un TPB de cinco episodios no llegan a aparecer todos. Los que no están en el Vol.7, por ahí reaparecen en el Vol.8, y uno dice "¿y este quién carajo era...?". Olvidate de que Hickman empiece cada TPB con un resumen de lo sucedido, o una mínima recapitulación por si alguien se engancha a mitad de camino y no conoce a los personajes. Nada. A cara de perro. Cada episodio da por sentado que leiste TODOS los anteriores, y que te los acordás a la perfección... y si no es así, mala leche, a llorar a la iglesia.
La combinación entre los dibujos de Nick Dragotta y los colores de Frank Martin sigue dando muy buenos resultados, y siempre es gratificante ver a un làpiz tan idóneo para la machaca como el de Dragotta dibujar batallas, decapitaciones, explosiones y tiroteos, y no solo escenas de cabezas que hablan.
Me entusiasma ver cómo East of West levanta su propia temperatura, y esto me deja con más ganas de entrarle pronto al Vol.8, cuya lectura (y reseña) seguro se vendrá en los próximos días.
Y como ya es habitual, cierro con una obra de autores argentinos publicada en 2025, en este caso De Elfos, Soldaditos, Sirenas y Otras Historias, un libro que reúne seis relatos de Hans Christian Andersen adaptados al comic por Matías De Vincenzo. Creo que lo mejor que tienen estas adaptaciones es que Matías se queda solo con la idea principal del cuento original, y sobre eso construye otra cosa. Desplaza las historias en el tiempo y el espacio, reemplaza el idioma original de los personajes por el castellano rioplatense y le pone a cada cuento una estética muy personal, que no tiene nada que ver con ninguna otra de las muchas adaptaciones que se han hecho de estos clásicos. De Vincenzo es como esos músicos que cuando hacen un cover le encuentran un montón de aristas nuevas, le agregan o le cambian tantas cosas al punto que el tema pasa a ser prácticamente un tema nuevo, un tema propio. Todas las adaptaciones están resueltas en 24 páginas, excepto la última (El Patito Feo) que ocupa solo 12. La extensión de las historietas le permite a De Vincenzo florearse en viñetas grandes, tirar una que otra splash page y probar todo tipo de variantes en materia de grillas a la hora de pensar la puesta en página. La seis historias avanzan a muy buen ritmo, y no se las siente ni estiradas ni apretadas.
Entre los muchos elementos de su propia cosecha con los que Matías enriquece a los cuentos clásicos destaco principalmente los diálogos, que suenan absolutamente naturales y están repletos de aciertos. Y claro, en El nuevo traje del Emperador, donde la gracia reside en ver a un gobernante despótico hacer el ridículo, el autor elige para el personaje (al que vamos a odiar desde la primera viñeta) los rasgos del más patético de los bufones que se creen reyes, el repulsivo Javier Milei. Si Andersen pensó este cuento como una sátira cruel hacia la política, De Vincenzo le sube el volumen para que sea realmente una paliza (merecidísima, por cierto) a este ser abyecto, pedante, inescrupuloso y -en definitiva, cuando el velo se corre y la gente cambia engaños por verdades- débil y vulnerable.
Coherente con mi discurso habitual, cuando vi la cantidad de técnicas que emplea De Vincenzo en cada página, encendí todas las alarmas. El autor dispone de blancos, negros y grises, pero los logra de tantas maneras distintas que esa misma búsqueda, en manos de autores menos talentosos, podría terminar en catástrofe. En cambio acá vemos a Matías manejar con mucha cancha una enorme variedad de recursos gráficos para lograr unas imágenes alucinantes, que combinan emoción, impacto y vuelo poético de manera sumamente original. La lógica recomendaba bajar dos cambios y no meter -por ejemplo- las rayitas finitas hechas con la rotring. Pero Matías las puso igual, y le quedaron bien, incluso en viñetas en las que la composición pedía a gritos un claroscuro fuerte, sin texturas ni otros efectos de iluminación. Visualmente, este libro es una maravilla, y se agradece que Black Cat lo haya publicado en un formato más grande que el que vemos habitualmente en la mayoría de los libros de historieta argentina.
Hace años que sigo con atención la carrera de Matías De Vincenzo y siempre que publica un nuevo trabajo me encuentro con sorpresas una más grata que la otra. De Elfos... no es para nada la excepción y está sin dudas entre las obras más atractivas que dio el comic nacional en 2025.
Nada más, por hoy. Nos vemos el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando, para compartir una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta. Y ni bien tenga más libros leídos, se vienen más reseñas acá en el blog.
Etiquetas:
East of West,
Jonathan Hickman,
Matías Chenzo,
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