el blog de reseñas de Andrés Accorsi

miércoles, 14 de enero de 2026

MEDIODíA DE MIÉRCOLES

Traté de redactar estas líneas anoche, pero justo me cayó la ficha de que no había dormido la siesta. Así que me fui a dormir a las 21:45 y me levanté a las 9 AM de hoy. Una demencia. Vamos con las reseñas, que para eso vinimos. Loco Rabia metió otro acierto difícil de mensurar cuando decidió publicar en nuestro país una obra de autores argentinos que circula hace más de 20 años por los mercados europeos, pero que acá era totalmente desconocida: Pampa, de los maestros Jorge Zentner y Carlos Nine. Esto es más argento que comerse un chori en el Obelisco cantando la marcha peronista y sí, parece una joda pero hasta hace muy poquito estuvo inédito en nuestro país. También es inverosímil la calidad del dibujo de Nine, y por supuesto llama la atención que un dibujante con semejante vuelo plástico se ponga al servicio de la narración como lo hacía Carlos. Esto podría ser un artbook, una galería de (fastuosas) imágenes inconexas, pero no: la solidaridad icónica se hace presente en cada página y Nine, incluso cuando experimenta y cambia de técnicas, cuida siempre la fluidez y la consistencia del relato. La pampa infinita y mayormente vacía ofrece la posibilidad de prescindir casi por completo de los fondos y obviamente Nine la aprovecha. Eso sí: cuando el guion pide fondos, se manda unas locaciones perfectamente detalladas, tanto cuando las vemos desde afuera como cuando la escena transcurre puertas adentro. Y lo que más me gustó del trabajo de Nine son las texturas: tanto en las viñetas que parecen pintadas con óleos o crayones sobre lienzos como en las que dejan ver el trazo mágico de los lápices de colores. Visualmente, Pampa nos ofrece una fiesta irrepetible, y única en el sentido de que -si no me equivoco- Nine nunca dibujó tantas páginas de una misma historieta. El gran acierto de Zentner es haber creado una trama que entusiasmara a Nine y le dieran ganas de comprometerse a largo plazo y dibujar estos tres álbumes con unas pilas gigantescas. Es una historia que combina vuelo poético con atrocidades indecibles (gente estaqueada, violaciones, masacres) y aventura de alto impacto con problemas más mundanos, como la disfunción eréctil. Zentner respeta a rajatabla los tropos de la historieta gauchesca, pero le agrega el aspecto sobrenatural: fantasmas, lobizones, profecías, maldiciones de ultratumba y poderes extrasensoriales. Con todo esto sale una historieta fuerte, dramática (más allá de alguna mínima pincelada de comedia), en la que Cirilo y Zenón, los hijos de Francisco Parra, se roban el protagonismo. Y con un toque magistral por parte de Zentner: acá el monstruo no es el hombre lobo, sino su hermano, que no se transforma en licántropo. Hay amor, hay sexo, hay violencia, hay un misticismo muy atractivo, y además está la historia de Bartolomé y su viaje espiritual. Todo esto en un contexto que se nutre de la vida real de los gauchos que poblaban nuestras planicies en el último tercio del Siglo XIX, justo cuando empezaba a asomar una democracia trucha, basada en el fraude electoral, al que los autores satirizan con deliciosa mala leche. Me cuesta decir que Pampa es "el libro del año", porque la primera parte salió en Francia en 2003. Pero la verdad que, de lo que leí hasta ahora, me cuesta encontrar material de autores argentinos que me haya gustado más que este clásico atemporal de Jorge Zentner y Carlos Nine. Ultra-recomendado.
Retomé la lectura de East of West, que había dejado tras leer y reseñar (un ya lejano 18/10/22) el Vol.5. De nuevo, me costó volver a entrar a este mundo creado por Jonathan Hickman y Nick Dragotta, y volví a sentir la incertidumbre: esto que sucede acá, en los tomos "del medio", ¿será relevante en el contexto global de la obra, tendrá un peso real a la hora de resolver los conflictos, o son Hickman y Dragotta "despilfarrando" páginas para que en vez de cinco o seis TPBs la serie dure diez? Por suerte ya tengo todos los tomos que faltan comprados, en la pila de los pendientes, y me los voy a liquidar en las próximas semanas. No más baches de varios años entre tomo y tomo, porque así no se disfruta una mierda. East of West es una serie complicadísima que avanza a un ritmo pachorro, se abre, se ramifica. Hickman cuenta con un elenco protagónico tan numeroso e incluye tantas ideas, situaciones y locaciones, que podría abastecer tranquilamente a tres o cuatro series más que se desarrollaran en paralelo, todas explorando el mismo universo. En este tomo algunos personajes mueren (y acá es para siempre, no como en X-Men) pero la complejidad de la trama no disminuye en lo más mínimo. El dibujo de Dragotta (hoy encumbrado gracias al tremendo éxito de Absolute Batman) me sigue pareciendo un poco cabeza, en contraste con el guion de Hickman que es, casi todo el tiempo, elegante y sutil. Por suerte está el colorista Frank Martin, que se desvive para que su paleta le baje un poquito el tono al kilombo, el descontrol y el frenesí que transmiten los trazos de Dragotta. Este es un tomo con mucha acción, machaca y sangre a raudales, y aún así el colorista logra que no se vea todo como un show grotesco y ultraviolento. Por supuesto, me engancho más con East of West cuando la intriga política tiene más peso que la machaca pero -dentro de todo- la serie conserva el equilibrio que la hace atractiva tanto al público más adulto como a los pibes que se emocionan con los chumbos, las batallas y las decapitaciones. Vamos a ver con qué me encuentro en los cuatro tomos finales. Y nada más, por hoy. Si necesitás más lectura, acordate que en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ te podés descargar por poquísima plata el nuevo número de la Comiqueando Digital, con 364 páginas de artículos inéditos y QRs para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. Gracias totales y hasta pronto.

domingo, 11 de enero de 2026

TARDE DE DOMINGO

Ahora sí, tengo dos libros leídos y un rato para escribir reseñas. Empezamos en España, año 2021, cuando la editorial Dolmen tiene el acierto de publicar en nuestro idioma un comic que además es un documento histórico imprescindible: La Verdadera Historia de Futurópolis, de la genial Florence Cestac, traducido de manera impecable por el maestro Francisco Pérez Navarro. Florence Cestac, hoy consagrada autora de comics, trabajó 22 años en Futurópolis, la famosa editorial francesa que empezó como una comiquería especializada en historietas antiguas. El relato de todo lo que sucedió en esos años (1972-1994) es tan apasionante, que en 2007 la autora decidió convertir todas esas historias y anécdotas en una novela gráfica, un poco autobiográfica, pero con el protagonismo repartido entre todas las personas que fueron importantes en la trayectoria de la editorial. Es, además, una crónica infalible de cómo se transformó la industria del comic francés en esos años: a través del relato de Cestac vemos como se cocina y cómo explota el boom del comic para adultos, cómo editores y libreros franceses se las ingenian para que "las nuevas olas" no se lleven puesta a la ilustre tradición de la bande dessinée, cómo cambian los gustos de los lectores y los coleccionistas, cómo un sello chiquito puede convertirse en una editorial importantísima en un mercado ultra-competitivo, cómo evolucionó el circuito de eventos y festivales, y hasta vemos el Secret Origin de L´Association. O sea que, aunque no te guste el dibujo de Cestac, aunque no te copen el tono y el ritmo que elige para contar la historia, la cantidad de info que tira es tan brutal, que cualquier fan del comic francés termina hipnotizado por lo que estas páginas tienen para ofrecerle. A mí el dibujo de Cestac me encanta. En todo caso, lo que tengo para criticarle al libro es que mete demasiada data para 100 páginas. Entonces, hay muchas páginas de nueve cuadros en las que la autora nos narra... cuatro o cinco escenas distintas, casi sin desarrollo: un dibujo, un bloque de texto, uno o dos globos (con diálogos muy ingeniosos), y a otra cosa. Tantos saltos de escena en una misma página requieren mucha concentración por parte del lector y además permiten profundizar poco en cada una de ellas. Pero en los pasajes en los que Cestac descomprime un poco el ritmo, y permite que las situaciones se desplieguen a lo largo de más viñetas, y que los personajes dialoguen entre sí, sin tener que resumir todo en dos globos y un bloque de texto, la novela gráfica levanta muchísimo. La Verdadera Historia de Futurópolis recorre con humor e ironía una epopeya comiquera protagonizada por un grupo de jóvenes idealistas que tenían unas ganas locas de vivir de aquello que los apasionaba. A veces contando las monedas, a veces en la cresta de la ola, pero siempre ahí, codo a codo con los autores y los lectores que hicieron gigante al comic francés. Una cátedra de Florence Cestac, con un valor documental inmenso, un dibujo fabuloso y un mix atrapante entre momentos cómicos, momentos tensos y momentos explosivos. Si te gusta la historieta francesa, no te lo podés perder.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para leer la recopilación de Repuestos, una obra de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, originalmente serializada en la antología Distopía, de la editorial Pictus. No muy conocido en nuestro país pero con un carrerón en EEUU, Couceiro es un dibujante muy sólido, muy completo. Gran narrador gráfico, generoso a la hora de dibujar fondos, y con un manejo impecable de unos cuantos yeites heredados de su maestro, el gran Marcelo Frusín. El color de Leo Sandler lo complementa muy bien, y el conjunto de la faz visual de Repuestos resulta altamente satisfactorio, casi te diría de primer nivel. Para la trama, Santullo elige meterse en un terreno espinoso, incómodo como tampón de virulana, que es el de los costos de la revolución. Repuestos es una extensa reflexión acerca de quién paga esos costos. Quién derrama su sangre para que la utopía de un mundo mejor deje de ser utopía y empiece a ser realidad. Y aún más: quién decide quiénes se tienen que sacrificar. Antes de la mitad de la obra, el planteo ético se hace tan espeso que cualquier distinción entre "buenos" y "malos" resulta absurda. De manera descarnada, casi maligna, Santullo nos explica que acá no hay héroes, y que la célula guerrillera que confronta al régimen opresor no tiene ningún prurito a la hora de adoptar tácticas y tomar decisiones tan crueles como las que toman los villanos. De ahí en más, es todo desolación, todo oscuridad, porque solo vemos cómo un grupo de hijos de puta trata de causarle daños a otro grupo de hijos de puta. Unos porque cobran un sueldo para defender el statu quo, otros porque sienten que el sueño de un mundo mejor los habilita a ser atroces e inescrupulosos. El clima de violencia y de paranoia crece hasta hacerse asfixiante, pero Santullo encuentra rendijas por donde filtrar diálogos y situaciones que le permiten darle relieve a Nicola, Mira, el Pinzas, Pol, e incluso al Interlocutor. De alguna manera, el guionista logra que empaticemos con estos asesinos, que nos pongamos en su lugar y entendamos perfectamente cuáles son sus motivaciones. Y acá entra en juego la subjetividad del lector. Habrá quien, pese a todo, banque a los rebeldes, habrá quien diga "no, se fueron al carajo"... Pareciera que el guionista nos va a dar esa libertad, que no va a ser él quien juzgue a sus personajes... hasta que llega la secuencia final y ahí nos enteramos de qué lado de la grieta quedó Santullo. Repuestos es un comic realmente áspero, difícil de digerir, precisamente por su mensaje y su tono de extremo pesimismo. Es como que en vez de un canelón te sirvan un caño de escape envuelto en papel de lija, con un poquito de salsa encima. Cito un pasaje: "Cuando empezaron a suplirnos por máquinas en todos lados, dijeron que era por "nuestro bien". Cuando conseguir un trabajo se volvió una quimera, nos seguían repitiendo que estábamos "cada vez mejor". Cuando para beneficio de unos pocos se perjudicaba a todos, se nos dijo que eso era "progreso". Cuando vender nuestros órganos se transformó en la única manera de mantener a nuestras familias, se nos dijo que era un "trabajo honesto"..." y podría seguir, pero se vuelve todo tan cercano y tan doloroso, que hace daño. En un mundo así descripto (que lamentablemente ya es más crónica cotidiana que ciencia ficción), donde además los medios de comunicación están totalmente controlados por el régimen opresor, soñar con una revolución que le ponga fin al calvario de las mayorías es tan loable como inevitable. En ese contexto, resulta especialmente desgarrador y hasta perverso que el guion ahonde en los excesos, en el aspecto más cruel y más inhumano de la lucha revolucionaria. Así es como un comic bien escrito y bien dibujado, te deja una sensación de mierda, de asco, de derrota, de desesperanza. Que una aventura futurista con machaca y explosiones logre causarte daños en el alma no es poco, no son muchas las que lo consiguen. Pero cómo duele, la concha de su madre... Gracias por el aguante, gracias por descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 9 de enero de 2026

VIERNES DE DIBUJANTAZOS

El lunes me hice el banana por publicar nuevas reseñas dos días seguidos, y acá estamos: recién ahora logré terminar dos libros más y encontrar un rato para sentarme a escribir... Entre 2019 y 2023, el maestro Taiyo Matsumoto produjo a un ritmo muy pachorro la serie Tokyo Days, que en 2025 se editó en Argentina, de la mano de Ivrea, cuyos huevos aplaudo de pie. Este no solo es un manga para adultos, sino que además es un manga sin acción, sin garches, casi sin conflictos. Un manga introspectivo, melancólico, en el que el personaje principal es completamente inexpresivo, y que encima está dibujado en un estilo que parece mucho más europeo que japonés. Lo único que tiene Tokyo Days (por lo menos en el Vol.1) que le puede resultar mínimamente atractivo al consumidor promedio de los típicos mangas de Ivrea es que se trata de una historia ambientada en el mundo del manga. Los personajes son mangakas, o editores que supervisan a los mangakas en la realización de sus trabajos para una editorial. Y todo el tiempo se habla de manga, de los pormenores de la profesión, y de cómo la pasión por el manga a veces te incendia el alma y a veces se va para no volver. El protagonista es Shiozawa, un señor circunspecto, amargo, con menos onda que un renglón, que ya anda por los 50 años y trabaja como editor de manga. La historia empieza justo cuando decide renunciar a su trabajo, sin demasiada explicación. Matsumoto nos va a contar (también a un ritmo muy pachorro) el proceso interno de Shiozawa, que hasta la mitad del tomo parece no querer saber más nada con el mundo de las historietas, y en un momento algo le hace ¡clic! y decide volver. Pero no a la editorial donde trabajaba. Ahora su plan es coordinar una antología y publicarla él mismo, de manera independiente. Entonces vuelve a entrar en contacto con mangakas con los que trabajó a lo largo de su carrera, en su mayoría autores y autoras ya mayores, que o bien "sacan con fritas" mangas a los que no le ponen el alma, o bien dejaron el medio para dedicarse a otra cosa. Shiozawa viaja para encontrarse con ellos y charlar, los convence de sumarse al proyecto, y mientras tanto aconseja a una editora más joven, que se hizo cargo de los mangakas a los que él dejó cuando renunció a su cargo en la editorial. De alguna manera (fría, desapasionada) el amor de Shiozawa por el manga prevalece y lo impulsa a generar esta nueva movida. Y no hay nada más para contar acerca del argumento. Matsumoto llena 220 páginas con esto, y con anécdotas menores protagonizadas por los mangakas que trabajaban con Shiozawa en el momento en el que renuncia. Lo más parecido a una escena de acción es cuando un auto esquiva a un gato que cruza la calle, para no pisarlo. El resto son charlas (muy bien traducidas por Adrián Schwarzfischer) o escenas mudas. Por supuesto, todo dibujado como los dioses por un Matsumoto inspiradísimo, que deforma la perspectiva de los edificios como si fuera Ben Katchor, elige los planos como si fuera Jacques Loustal y mete crosshatchings como si fuera Etienne Davodeau. Más allá de lo bello que es el trabajo de Matsumoto en blanco, negro y grises (más un par de páginas a color para enchastrarse la ropa interior), es sumamente placentero leer a un mangaka tan original, que se parece tan poco a todos los demás, y que incluso deja que su trazo mute de obra a obra, porque esto se parece muy poco a -por ejemplo- Ping-Pong o Tekkon Kinkreet. Incluso con ese tono pecho frío y ese ritmo parsimonioso, Tokyo Days me atrapó como para querer entrarle cuanto antes al Vol.2.
Como ya es costumbre, cierro con un comic argentino editado en 2025, en este caso El Khidr, una obra escrita por Abdul Wakil Cicco y dibujada por el maestro Quique Alcatena, que tuvo un 2025 zarpado, con una cantidad brutal de publicaciones entre reediciones de sus clásicos y material inédito. Sin dudas lo más destacable de El Khidr son los dibujos de Alcatena, que deja la vida en cada página. Casi todas las secuencias le exigen documentación histórica para recrear con rigor la Estambul de fines de los años ´40, y Quique se la banca como un duque, como si fuera un autor francés. Y cuando el guion le permite dar rienda suelta a la fantasía... bueno, ahí ya sabemos que Quique es simplemente imbatible. El guion es raro, porque tarda unas 50 páginas en presentar a los personajes y las situaciones, y recién ahí empieza la acción propiamente dicha, y se establece de alguna manera más o menos evidente cuál es el conflicto y quiénes son los antagonistas con los que deberá confrontar Halima, la librera, que es la "heroína" de la historia. En las 20 páginas finales, Cicco cambia el ritmo y empiezan a pasar más cosas, algunas de las cuales no entendí, probablemente porque tienen que ver con elementos de la tradición religiosa, o mística del Islam, que yo desconozco y que el guionista no explicita en las viñetas. En algún momento, una trama que viene para el lado de la conspiración, con tesoros de los sultanes ocultos y cierta tensión política, deriva en secuencias más extrañas, con magia, fantasmas y otros elementos sobrenaturales que irrumpen -de nuevo- sin demasiada explicación. Mi sensación es que todo sería más claro y más directo con menos personajes en escena. No me quiero extender mucho más, porque es un trabajo reciente, que está bueno que cada lector descubra por sí mismo, lo lea y saque sus propias conclusiones. Supongo que para quienes estén familiarizados con la cultura islámica, El Khidr deber tener un atractivo que a mí me pasó por encima. Y obviamente, si sos militante de Alcatena y tenés un sector de tu biblioteca consagrado a las obras del prócer, no dejes escapar este librito, porque acá hay 70 páginas dibujadas a un nivel sublime. Nada más, por hoy. Tengo leído un tercer broli, pero no me queda tiempo para reseñarlo. Ni bien acumule alguna lectura más, nos reencontramos en este espacio para comentarlas. Gracias y hasta pronto.

lunes, 5 de enero de 2026

A TODO RITMO

Desde que terminé con la Comiqueando Digital nº12 (que pueden descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/) recuperé el tiempo libre, y como en Enero no tengo tantos compromisos sociales, lo estoy usando para leer bastante historieta y bajar los grotescos pilones de material pendiente de lectura que se acumulan en mi habitación. Hoy empiezo en EEUU, año 2018, cuando se recopila un arco de Captain America muy atípico, titulado Promised Land. Son cuatro numeritos, nomás, escritos por Mark Waid y dibujados por Leonardo Romeo, y califico a la historia de "atípica" porque no aparece el Captain America. De hecho no aparece ningún superhéroe. La historia está ambientada en un futuro en el que no parecen existir los justicieros enmascarados. Aún así es un comic de superhéroes, básicamente porque hay un supervillano muy conocido en un rol muy destacado. El protagonista es un historiador llamado Jack Rogers, que es descendiente del glorioso Steve Rogers. Y si bien está orgulloso del legado de su ¿tatarabuelo?, no se siente para nada afín a la vida de peligros y aventuras. Pero, incluso en este futuro armónico y utópico, su hijo padece una enfermedad que resulta imposible de curar, vinculada al suero del super-soldado, que ahora se le inocula a toda la población como si fuera una vacuna. Jack está dispuesto a todo para salvar a su hijo y así es como mete la nariz donde no debía: esto lo lleva, por un lado, a liberar a un peligrosísimo villano que va a intentar (una vez más) someter a la humanidad, y por el otro a descubrir que detrás de este mundo feliz hay una mano negra (azul, en este caso), que también tiene su plan secreto para convertir a los humanos en armas al servicio de sus intereses imperialistas. Sumémosle a esto un puñado de flashbacks a distintos momentos del pasado en los que Steve era el Captain America (que podrían tranquilamente no estar) y enseguida se nos fueron las 81 páginas que dura Promised Land. Eso es sin dudas lo mejor que tiene el arco: todo avanza rápido, sin colgarse en boludeces. Como en toda saga de ciencia ficción, hay conceptos futuristas impactantes y sutiles guiños a nuestro presente. Como en todo comic de Waid, hay buenos diálogos y un toque de originalidad que le da otro sabor a los personajes clásicos. Y como en todo comic de Marvel, son sagradas la continuidad y la machaca, que no puede faltar nunca. Pero lo más importante es lo nuevo: los personajes, la ambientación y las situaciones que Waid inventa en Promised Land y que no habíamos visto nunca (y no sé si los guionistas posteriores alguna vez revisitaron). También es raro el dibujo de Romero, que se sube a la estética de Chris Samnee (dibujante del arco anterior a este, que no tengo y me interesa conseguir) pero le suma un trazo más geométrico, como si la combinara con la de Daniel Torres. Además de esas páginas muy atractivas de Romero, en los flashbacks al pasado hay invitados de la jerarquía de Howard Chaykin, Alan Davis, J.G. Jones y Adam Hughes, así que estamos hablando de un tomito visualmente maravilloso. Se le puede perdonar que incluya más de 20 páginas de relleno, entre portadas y bocetos, porque todo ese material extra también se ve espectacular, aunque no nos aporte mucho a los que compramos libros para leer.
Un par de años después, se publicó en EEUU la que hasta ahora es la última novela gráfica de Decur, y en 2025 finalmente tuvo edición argentina. Al principio, Cuando Levantas la Mirada me pareció medio ladri, por todas esas páginas dobles con un solo dibujo y un puñadito de palabras, páginas sin dibujos ni textos... ¿Qué carajo es eso?!? Pero una vez que me sumergí en la lectura, el ritmo que propone Decur me llevó de la tapa hasta la contratapa sin ninguna queja, ningún WTF?!?, ningún sobresalto. Este libro es armonía pura, es un mimo al alma que te deja mucho más feliz de lo que eras antes de abrirlo. Y además baja línea contra la dependencia de las pantallitas de los celulares, algo que yo -que soy uno de los pocos freaks sobre la faz de la Tierra que no usa celulares- valoro inmensamente. A través de la historia de Lorenzo, Decur nos cuenta que cuando se apaga el telefonito, se enciende la imaginación. Aparecen la curiosidad, la creatividad, la empatía, incluso compañeros más reales y cercanos que aquellos que cada tanto nos ponen un "me gusta" en las redes sociales. La historia es muy sencilla y obviamente se me ocurren mil formas de contarla en menos de 180 páginas. Pero no está mal: tiene mucho desarrollo del personaje principal, y un giro argumental (20 páginas antes del final) que le da mucho más sentido, más profundidad y más belleza a la obra. Decur dibuja en un estilo mucho más elaborado que en sus obras anteriores, mucho más cercano a las artes plásticas, con la expresividad intacta, un talento indescriptible para crear climas y un buen gusto increíble para las paletas de colores. Por si esto fuera poco, en varios pasajes de la obra incorpora ilustraciones que combinan técnicas de dibujo tradicional con papelitos de colores recortados. Cuando Levantas la Mirada es una novela gráfica realmente preciosa, un gran trabajo del autor rosarino, que puede emocionar a chicos y grandes, y que sin dudas merece un lugar en la biblioteca de cualquier fan de la historieta argentina. Y hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

domingo, 4 de enero de 2026

LECTURAS DE DOMINGO

Acá estamos, con un par de libros más para reseñar. En 2025 se recopiló en Argentina una serie menor de Carlos Trillo, llamada Historia de la Vida de Arcabuz, que había aparecido en las antologías italianas en 1995, y en una revista de Columba, en esa misma época y a todo color. Los dibujos están a cargo de un correcto Fabián Slongo, un dibujante versátil, de gran precisión a la hora de dibujar edificios (no me sorprendería que fuera arquitecto), y cuyos personajes se inscriben en la estética de Alberto Dose, o del Eduardo Risso pre-Frank Miller, el de Caín y Fulú. A eso, Slongo le agrega una buena dosis de detalles, logrados con una rotring bien finita, al estilo de los mejores trabajos de Milo Manara. Ojo, no estoy diciendo que esto esté al nivel de un comic de Manara, Risso, o Dose, simplemente quiero trazar la "genealogía" del estilo en el que trabaja Slongo en estas páginas. La narrativa está muy bien, con buenas secuencias mudas y recursos idóneos para que no nos aburramos en las páginas en las que solo hay gente que habla (y a veces habla mucho). Y considero a Arcabuz una "serie menor" no por el desempeño de Slongo, sino por su corta duración (70 páginas) y por la escasa ambición de los guiones de Trillo. Esto está pensado como un mero divertimento, como producción comercial para llenar páginas de las revistas italianas sin mayores pretensiones. No está mal, no es una berretada, pero todos sabemos que Trillo podía escribir cosas mucho mejores. Acá se dedica a replicar la onda de los relatos picarescos tan típicos de la literatura española de los Siglos XVI y XVII, a través de un personaje cuyas motivaciones son vivir de arriba, comer y tomar contacto carnal con una piba que le hace zumbar la entrepierna (y ya que estamos, con un par más). Las historias de Arcabuz tienen un componente sexual (por momentos sexópata) bastante marcado, que no sé si habrá pasado los controles de Columba, o si alguien en la extinta editorial se habrá encargado de censurar las escenas más picantes. En general, las obras que hace 30 años buscaban hacer reir o sonreir al lector apelando a la temática sexual, hoy huelen a naftalina, a rancio. Historia de la Vida de Arcabuz no es para nada la excepción, y por suerte tiene otros atractivos además de ver cómo el protagonista hace lo imposible por voltearse a la joven Gregoria. A grandes rasgos, tenemos una comedia entretenida, que saca buen provecho de su ambientación histórica (todo transcurre en Perú, en la época en que era colonia española) y que no pierde la oportunidad de bajar línea contra los aristócratas garcas, los curas chantas y demás figuras de autoridad de aquel entonces. Pero no te vas a encontrar con nada realmente impactante, que haga imprescindible sumar este libro a tu biblioteca. Si sos fan termo y/o completista de la obra de Trillo, obviamente no lo dejes pasar. Y si no, la verdad que no creo que te aporte más que media horita/ 40 minutos de diversión pasatista.
Me voy a Estados Unidos, año 2021, cuando Image recopila en tapa blanda la serie The Fade Out, magnífica colaboración entre los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Esto es una bomba, de verdad. 400 páginas sin desperdicio, sin relleno, con una trama compleja, que se nutre de su entorno y su época (Hollywood, año 1948) de una manera brillante y que está poblada de personajes tridimensionales (algunos tomados de la vida real) a los que vemos desarrollarse y ganar relieve a medida que avanza la serie. En ese "entretiempo" entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Brubaker encuentra la forma de que ambos sucesos jueguen a su favor: tenemos a un protagonista todavía traumado por lo que vio (e hizo) cuando le tocó ir a pelear a Alemania, y ya está activo el FBI de J. Edgar Hoover, buscando comunistas para ponerlos en la lista negra y que no trabajen nunca más. Y estamos en Hollywood, así que tenemos también actores, actrices, directores, guionistas y otra vertiente de los aristócratas garcas: los dueños de los estudios cinematográficos, con el poder y la impunidad para abusar -en todos los sentidos imaginables- de sus empleados. Entre borracheras, jazz, cigarrillos y orgías, aparece un crimen y cuando esto sucede, la búsqueda de la verdad se convierte en un peligro. De eso se trata The Fade Out: de buscar la verdad en un submundo que vive de vender ilusiones, fantasías... mentiras. Brubaker demuestra un conocimiento profundo de lo que era la industria del cine en aquella época y no deja sin explotar ninguna de las posibilidades dramáticas que esta le ofrece. Así urde una historia amarga, violenta, teñida de sexo, sangre, ambición y persecución ideológica, y a la vez llena de data, como si fuera un documental sobre el Hollywood de fines de los ´40. Por supuesto, esto se ve y se siente real gracias al enorme trabajo de Sean Phillips a la hora de reproducir hasta los más mínimos detalles de aquella época. Secundado por una inspiradísima Elizabeth Breitweiser en el color, Phillips ensaya varios cambios de estilo: por momentos adopta un realismo casi fotográfico (como vemos en la portada del libro), por momentos se va hacia un registro más pictórico, más "Bill Sienkiewicz de los ´80", y casi toda la obra está dibujada en su estilo más reconocible, el que aparece en sus otros trabajos en colaboración con Brubaker. Esa sensación de amargura, de dramatismo, de acumulación de golpes e injusticias, aparece con fuerza en los dibujos del británico, superpuesta al rigor documental y al brillo y el glamour que asociamos a las estrellas de Hollywood de los años ´40. Además, Phillips encuentra rasgos distintivos y únicos para los... 15 o 16 personajes con peso en la trama, un logro no menor, que ayuda a que el lector se enganche con el relato. Ya está, no quiero sanatear más. Quiero que tod@s l@s que leyeron esta reseña corran a leer (o releer) The Fade Out, porque realmente es un comic para adultos de una calidad infrecuente. Y hablando de calidad infrecuente, para aquellos que quieren leer más, saber más y entender mejor el mundo de los comics, tenemos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ un nuevo número de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poquita plata y disfrutar desde cualquier dispositivo con la sola condición de entender castellano. Un laburo monumental, del que estamos sumamente orgullosos. Ahora sí, nada más. Gracias y hasta pronto.

jueves, 1 de enero de 2026

DECIMOSÉPTIMA TEMPORADA

Sí, así como lo oyen/ leen. Acaba de empezar el 17º año en el que existe este blog. Veremos hasta dónde llegamos, pero creo que con el material que tengo comprado y sin leer, me alcanza como para que no falten reseñas a lo largo de todo el 2026... lo cual no significa que vaya a dejar de comprar libros nuevos... Gracias a tod@s por estar ahí un año más, y vamos con las primeras reseñas del año. Romeo Muerto es un libro que yo jamás me hubiera comprado, porque me ahuyenta el tamaño gigante (más grande que un Treasury de DC, por ejemplo), las tapas duras y el papel innecesariamente grueso y cheto. Pero un amigo que conoce mi devoción por Santiago Sequeiros tuvo el acierto de regalármelo. Adentro me encontré con más de 70 páginas de una historieta imposible de explicar. La puesta en página no es demasiado experimental. El dibujo, si leíste bastante José Muñoz, el Sin City de Frank Miller y algo del Ted McKeever más zarpado, te va a resultar extremo, pero no impenetrable. Vas a enloquecer con el tratamiento de la mancha negra, con el uso del pincel seco, con esos sutiles toques de esfumados (en medio de un contexto visual totalmente marcado por el claroscuro) que no sabés si están hechos con stencil... y en algún momento vas a dejar de tratar de entender cómo Sequeiros hace lo que hace, porque vas a estar totalmente absorbido por este mundo crepuscular y esperpéntico, monstruoso e hiper-sexualizado. Y con el guion pasa algo parecido: lo empezás a disfrutar cuando dejás de intentar entenderlo. Romeo Muerto es una ensalada de cosas, un vertedero al que Sequeiros arroja ideas y personajes que había creado en los´90, como la ciudad de Mala Pena, Ambigú, Nostromo Quebranto y otras que seguro no identifiqué porque hace mil que no releo las obras noventosas de este monstruo. De esa mezcla, y de la contaminación propia de las atmósferas oscuras que le gustan al autor, sale una cosa espesa, provocativa, críptica y muy, muy bella. Me hizo acordar (salvando las distancias) a las mejores letras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: hay algo en esa poesía que nos interpela y nos intoxica incluso sin entender totalmente su significado, y hay algo que nos dice "es mejor así, si te lo explico pierde buena parte de la gracia". La poesía tiene esa ventaja: no necesita ser entendida para ser apreciada. Y en Romeo Muerto tenemos, por un lado, maravillosos dibujos, de altísimo impacto visual, y por el otro, textos que alcanzan un vuelo poético magistral. La onda es disfrutar de ambas cosas, y no esperar que se ensamblen, que los textos nos aclaren lo que resulta ambiguo en el dibujo, o al revés. No es lo normal, ya lo sé. Pero este libro te blanquea desde el formato, desde la ilustración de la portada, que lo que vas a leer no es un comic normal. La estética de Sequeiros no es normal, la forma de plantear un relato con tintes policiales no es normal, la forma de introducir los elementos sexuales (que tienen bastante peso en la "trama") tampoco. Si hay un comic que no es para cualquier tipo de lector, es Romeo Muerto. Ni siquiera es un buen punto de entrada para el universo de Sequeiros, porque se disfruta más si conocés las obras más antiguas del autor. Esto es bizarro, retorcido, medio alienígena y -si sintonizás la onda de Sequeiros- totalmente cautivante. Sin dudas lo más raro que leí de este magnífico autor español que, por pura casualidad, nació en Buenos Aires.
Y ya que estamos en Buenos Aires, nos vamos a recorrer un poco el conurbano de la mano del maestro Rafael Curci. Misterios Conurbánicos no es exactamente una antología de historietas, sino un libro que aborda precisamente esa temática, y que incluye varias historietas muy cortitas. Curci se propone indagar en aspectos extraños, paranormales e inexplicables del Conurba, una especie de versión muy local del mítico Big Book of the Unexplained. Buena parte del atractivo del libro está en los textos, artículos en los que Curci expone muchísima información, fruto de varios años de investigar estos fenómenos, y además están las historietas. En ellas, Curci trabaja con distintos dibujantes (si alguna vez leíste Mikilo sabés que no le cuesta nada formar equipo con grandes maestros del lápiz) y mezcla distintos planos de realidad. En las historietas (que lo tienen como protagonista), todas las bizarreadas son reales, aparecen celebridades como Pedro Saborido y Jorge Luis Borges, y conviven con personajes de ficción como (los obvios) Mikilo y Adolfo y Yilé, la creación de Matías Muzzillo que vimos por acá el 04/12/22. Todas estas criaturas, leyendas urbanas, bichos y fantasmas, son tan reales como el propio Rafael. Como son muy breves, a veces los argumentos de las historietas no trascienden la mera anécdota, o el chiste largo. Pero por suerte todas cuentan con dibujos más que eficaces. La primera nos trae de vuelta al malogrado Marcelo Basile, que la rompe dibujando a Mikilo y Adolfo. Gracias a la segunda conocí a un dibujante al que no tenía en el radar, Javier Mattano, muy hábil en el estilo realista. Las cuatro páginas de Muzzillo no se ven tan inspiradas como los mejores momentos de Yilé, pero tampoco están mal. Como en cualquier antología en la que lo inviten a participar, Carlos Dearmas hace que todos sus colegas parezcan principiantes, o chantas sin ganas de laburar. Sin dudas, sus cuatro páginas son las mejor dibujadas de todo el libro. Dos habituales colaboradores de Curci como son Sergio Ibáñez y Tomás Coggiola hacen muy bien su trabajo y entregan páginas más que competentes. Incluso la historieta que menos me gustó (dibujada por Elmo Rocko en un estilo tributario del recordado Walther Taborda) se la banca. Y dejo para el final a los dos bichos raros, a los que más se alejan de la estética tradicional del comic de aventuras: Edu Molina, se zarpa con un trabajo brillante con las tramas mecánicas (que combina a la perfección con su habitual y bestial dominio del claroscuro), mientras que Diego Rey también combina tramas con otras técnicas de entintado para darnos las mejores cinco páginas que dibujó en su vida (o por lo menos que yo haya leído). En total, las historietas ocupan menos de la mitad de Misterios Conurbánicos, por eso entiendo que no a todo fan del comic le interese comprar el libro, leerlo y guardarlo. El gran gancho es la temática, la investigación que realizó Curci acerca de toda esa mitología que habita las márgenes de la cultura conurbánica, y si te interesa ese tema, no tengo dudas de que vas a disfrutar un montón el libro, más allá de la calidad de las historietas, que -en promedio- es muy convincente. Nada más, por hoy. Ah, sí. El otro día me olvidé de mencionar que ya está disponible el devastador nº12 de Comiqueando Digital, con 364 páginas de artículos inéditos y los QR para acceder a un video especial y un podcast especial. Ahí hay alto material para leer durante unas cuantas semanas, con notas completísimas y para todos los gustos. Se puede descargar por muy poquita plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a nosotros nos ayuda un montón para seguir creciendo. Gracias a tod@s l@s que ya la descargaron y l@s que no, media pila. Que tengan un excelente 2026, con muchas y muy buenas lecturas.