el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Corben. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Corben. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de febrero de 2020

MIERCOLES MEXICANO

Vamos a México, ¿se copan?
Arranco en 2012, cuando se edita en el país hispanoparlante de Norteamérica la antología 12M. Se trata de un librito muy finito, con sólo 48 páginas, de las cuales apenas 36 son de historieta (claramente no cumple la Ratio Accorsi). Esas 36 páginas están distribuídas de a tres para cada un@ de l@s 12 historietistas convocados, siempre con la consigna de contar en sólo tres páginas una mini-historia vinculada a uno de los 12 meses del año. ¿Contar historias en tres páginas? Muy complicado, no? Como se imaginarán, la mayoría de l@s artistas involucrad@s en 12M fracasan en el intento. De todo modos, encontré algunas cosas para rescatar (además de descubrir a 10 autor@s a los que no conocía).
Por orden de aparición, me dejó muy frío la historieta de Carlos Bernal, me pareció falta de onda y de imaginación. La de Beatrix de Velasco también, la nada misma, sin brillo ni en el guión ni en el dibujo. Marzo me trajo la intención de contar algo un poco más jugado, y muy buenos dibujos, cortesía de Thalia De la Torre. También hay buenas intenciones (y dibujos por momentos excelentes en un contexto bastante desparejo) en la historieta de H.G. Santarriaga. Las tres paginitas de Mayo le corresponden al virtuoso, al genio, al ídolo. Sí, Tony Sandoval participó de 12M con una historieta que apenas cuenta el principio de algo que podría ser copado, con un nivel de dibujo pasmoso, de una belleza rotunda incontrastable. En Junio la antología atraviesa su peor momento de la mano de Nomi Sad, con tres páginas sumamente olvidables.
En Julio aparece la otra autora a la que conocía de antes, la gran Cintia Bolio, que cuenta una especie de chiste (no llega a ser una historia), casi como excusa para desplegar sus magníficos dibujos. Gratísima sorpresa (sólo a nivel visual) la de Patricio Betteo, un crack del dibujo, con un grafismo que me cautivó a primera vista. Me gustaría leer más material suyo, a ver si encuentro el mismo impacto en los guiones. Flojito y genérico lo de Rocío Pérez García, con un buen combo entre la técnica del claroscuro y la aplicación de grises en el photoshop. En Octubre me encontré con Rosalba Jáquez, dueña de un dibujo sutil, sugestivo, al que le falta muy poquito para estar buenísimo. La “historia” que narra no me atrapó en lo más mínimo, pero visualmente me gustó. Y cierro con dos historietas también muy decepcionantes, tanto para Diciembre (de la mano de Fraga) como para Noviembre. Esta última (a cargo de Raúl Montiel) arranca con un políptico espectacular en la primera página y ni bien arranca la segunda se desploma, ante el estupor del gil que creyó que iba a leer algo realmente grosso.
Y bueno, las antologías son así. Urgente un buen tratamiento de rehabilitación para el que fijó en tres páginas la extensión de estos 12 intentos de historieta.
Y me quedo en México para recorrerlo de la mano de Hellboy, en un TPB (lógicamente llamado Hellboy in Mexico) que reúne todas las historias del querido Anung un Rama ambientadas en ese país, en aquellos meses de 1956 de los que dice no tener casi ningún recuerdo.
Las primeras 28 páginas (hijos de mil putas) ya me las habían vendido en el TPB que reseñé el 07/04/12, pero como las leí hace mucho, me volvieron a emocionar. No voy a reiterar conceptos, así que se puede buscar esa reseña y repasarla. Sobre el final del TPB, Mike Mignola y Richard Corben vuelven a la carga con otra historieta ambientada en México, esta vez de 49 páginas, que es en alguna medida secuela de la anterior, pero también tiene su peso propio. De hecho ahí está la primera aparición de Frankenstein Underground, un personaje al que Mignola le seguiría sacando el jugo en futuras miniseries. El guión es aceptable, sin brillar demasiado, y el dibujo de Corben es fastuoso, con una expresividad increíble y un maridaje perfecto con la paleta de Dave Stewart.
Si querés ver a Hellboy dibujado por Mignola, acá están las ocho paginitas de Hellboy versus the Aztec Mummy, lo más flojo del tomo tanto a nivel argumental como gráfico. Otro guión muy pobre, casi indigente, firmado por Mignola es el de Hellboy Gets Married, por suerte dibujado con muchísima garra (y una impronta mignolesca que le sienta muy bien) por el británico Mick McMahon, que lo salva del oprobio.   
Hablando de dibujantes de impronta mignolesca, tenemos ocho paginitas dibujadas por Gabriel Bá (uno de los gemelos fantásticos) en la que reproduce un montón de yeites gráficos y narrativos del creador de Hellboy, remando contra un guión que tampoco aporta nada. Y no podía falta su hermano, Fábio Moon, que también levanta con su magia gráfica un guión flojito, pero sin clonar para nada a Mignola, sino a fuerza de originalidad, sutileza y una línea más para el lado de Craig Thompson.
Hellboy in Mexico tiene algunos momentos brillantes (sobre todo en la historieta que da título al tomo) y unos dibujantes tan pero tan buenos que el más choto es el propio Mignola. Pero a grosso modo, los argumentos son apenas un rejunte de excusas chotas para mostrar monstruos cagándose a palos. Sobra machaca, hay buenos climas, hay pequeños (y acertados) toques de humor, pero falta un poco más de profundidad. Igual si sos hardcore fan de Corben o de los gemelos brazucas o de Mignola o del propio Hellboy, seguro ya te lo compraste y lo enchastraste con hectolitros de baba…

Nada más, por hoy. Mil gracias y nos reencontramos pronto.

viernes, 28 de noviembre de 2014

28/11: HELLBOY: THE TROLL WITCH AND OTHERS

Este libro lo leí allá por 2008, de prestado, porque no lo tenía y justo estaba trabajando en un artículo sobre los comics de Hellboy. Me acuerdo que cuando lo terminé dije “esto me lo voy a comprar de puro completista y sólo cuando lo vea en recontra-oferta”, porque la verdad es que me pareció el libro más flojo de todo lo que había leído con el carismático personaje de Mike Mignola. Efectivamente, lo encontré muy barato, lo compré y lo volví a leer anoche.
The Troll Witch and Others es el séptimo recopilatorio de la serie y reúne ocho historietas, siete de ellas ya publicadas con anterioridad entre 2003 y 2006, y una inédita. La inédita se titula The Vampire of Prague y es la primera historieta de Hellboy escrita por Mignola para otro dibujante, en este caso el correctísimo P. Craig Russell, que pobrecito, la rema contra un guión que no tiene pies ni cabeza. El propio Mignola se hace cargo de lo despelotado que es a la hora de escribir los guiones y cuenta que cuando le entregó a Russell el argumento para The Vampire of Prague, éste no aclaraba cuántas páginas debía durar la historia. Russell, acostumbrado a trabajar con guionistas meticulosos, le preguntó: “Mike, ¿cuántas páginas tengo para desarrollar el guión?”, a lo que Mignola respondió “¿Qué sé yo? ¡Las que vos quieras!”.
De las ocho historietas, la única extensa (48 páginas) es Makoma, en la que Mignola dibuja apenas el prólogo y el epílogo, mientras que el grueso de la narración recae en otro dibujante invitado, el legendario Richard Corben. Esta historia, ambientada en Africa, hace agua por todos lados y sólo zafa por el gran trabajo de ambos dibujantes en la faz gráfica. En algunas viñetas, Corben dibuja a Hellboy tan parecido a como lo dibuja Mignola que parece un copy-paste de una viñeta de un tomo anterior. Pero en el clima, en las composiciones, en el color, en los escenarios y en los secundarios, se aprecia a full la impronta del gigante de Kansas. El guión, mejor olvidarlo rápido.
Como en otros tomos de los que ya repasamos en el blog, todas las historias que componen este libro están ambientadas en el pasado, en la época en que Hellboy trabajaba para el B.P.R.D. La más lograda es casualmente The Troll Witch, la que da título al tomo, apenas diez páginas en las que Mignola demuestra que no hace falta revolear trompadas para contar una historia bella y profunda. A la inversa, con poquísimo texto y muchas trompadas, también funciona muy bien Dr. Carp’s Experiment, una de 13 páginas.
El resto deambula entre lo predecible y lo catastrófico, con un Mignola afiladísimo para dibujar, con ese trazo oscuro y sintético, con hermosas pausas en la narración (incluso en las escenas de machaca) y con el invaluable aporte del colorista Dave Stewart, que entiende perfectamente qué es lo que trata de hacer Mignola con su grafismo. O sea que el atractivo principal del tomo está casi totalmente en manos de los dibujantes.
Y para que la reseña no me quede tan cortita, una reflexión. ¿No es medio raro que en TODOS esos años de investigar fenómenos paranormales, el B.P.R.D. no falle nunca? Digo, en TODAS las historias, cada vez que Hellboy y sus compañeros se internan en una casa abandonada, un templo, un bosque o un vestuario de un club de la B Metropolitana, TODO lo que investigan resulta ser posta. Momias, brujas, fantasmas, criaturas inclasificables… ¿Nunca les tocó UNA aventura onda Scooby-Doo, donde el sasquatch/ monstruo/ alienígena/ fantasma era un viejo garca disfrazado? ¿No estaría bueno mechar una de esas, de vez en cuando? Lo tiro como una inquietud…
Bueno, ahora que llené el huequito en mi biblioteca con el tomo que me faltaba, prometo avanzar con los nuevos, que seguro tengo uno o dos sin leer. El año que viene, habrá más Hellboy acá en el blog.

lunes, 11 de agosto de 2014

11/08: STARR THE SLAYER

Otro personaje ignoto, otro que en el mazo de Marvel no es ni el cuatro de copas, otro al que uno apenas había oído nombrar alguna vez, y que en manos de buenos autores de pronto tiene la chance de brillar. Starr the Slayer es el típico héroe de comic de espada y brujería, creado por Roy Thomas a principios de los ´70, cuando la rompió con Conan y los capos de Marvel le dijeron “vamos por más”. De hecho, el argumento de esta miniserie de 2009 también es genérico y trillado. A ver si lo puedo sintetizar:
Un villano astuto y maligno llamado Trull aspira a convertirse en rey de Zardathia, y para eso arma una intriga palaciega que termina con el anciano monarca muerto y este avechucho inescrupuloso en el trono. En el medio, se manda un montón de otras guachadas, como masacrar a toda la familia del joven Starr. El muchachito zafa porque lo ponen a laburar de gladiador, a machacarse con otros cautivos y con criaturas monstruosas en una arena de combate. Eventualmente, Starr se escapará, juntará un ejército y volverá para dar un golpe de estado y terminar con el reinado del malvado Trull. Suena a figurita muy repetida, no?
Sin embargo, a Daniel Way se le ocurre meter dos elementos que logran ponerle mucha onda y hacer más imprevisible al argumento. Por un lado, la grosería extrema. En general, en los comics de espada y brujería se habla un inglés muy formal, muy clásico. En esta saga, en cambio, los personajes putean y dicen las guarangadas más atroces que te puedas imaginar, con un efecto muy cómico, muy original. Por otro lado, Way juega a la meta-narrativa: uno de los protagonistas de la historia es Len Carson, el escritor que se hizo famoso por escribir las novelas de Starr the Slayer, quien será transportado al universo que él mismo imaginó, y deberá interactuar con los personajes que él mismo creó. Quizás esta arista de la trama esté un toque desaprovechada por Way, pero sin dudas suma un montón, contribuye mucho al clima de “esto es una bizarreada en la que puede pasar cualquier cosa”.
Otro elemento extraño que incorpora Way es un narrado omnisciente muy particular. Este rol está a cargo de un juglar llamado Morro, que nos “canta” buena parte de la historia, en textos con rima, que Way convierte en canciones, con estrofas, estribillos… y puteadas. De Morro sabemos muy poco, pero los otros personajes (Starr, Trull, Moonja, Len Carson y en menor medida Tira), están todos muy bien desarrollados, todos tienen su secuencia grossa, su diálogo brillante, su motivación bien explorada, y todo sin restarle agilidad a una historia que tiene sólo 88 páginas y necesita avanzar medio a los pedos, para poder explicar todo un universo (en realidad dos, porque Len Carson pasa de una realidad a la otra), desarrollarse y terminar. O sea que, dentro de lo trillado del planteo argumental, hay varias puntas por donde aparecen situaciones, diálogos y elementos para nada obvios, que mantienen alto el nivel de impacto y de diversión.
Y hablando de impacto y diversión, tengo que blanquear por qué carajo me compré este libro, sin ser fan del género, ni del personaje, ni del guionista. Esto lo dibuja el maestro Richard Corben, y me queda claro que se cagó de risa con el guión y la pasó bárbaro a la hora de transmitir a imágenes lo que imaginó Daniel Way. En sintonía con el guionista, Corben no se toma muy en serio la epopeya y por momentos desliza esos dibujos más caricaturescos, más grotescos, más en joda que en otros trabajos suyos. Y por supuesto hace uso y abuso de la libertad que le da el sello MAX para mostrar cuerpos con escasísima vestimenta y para irse al carajo y más allá con la violencia. Acá hay peleas brutales, tremendos estallidos de sangre y tripas, decapitaciones, mutilaciones, gente morfada por monstruos… una pinturita. Aunque el que usa las pinturitas (digitales, claro) es el gran colorista español radicado en EEUU, José Villarrubia, que se entiende a la perfección con el gigante de Kansas.
Esto se ve muy, muy bien, y si sos fan de Corben no te lo podés perder por nada de este mundo ni de ningún otro. Si no, igual lo podés disfrutar, porque Way deja la vida para que la aventura sea sólida, dinámica y por momentos muy graciosa.

martes, 27 de mayo de 2014

27/ 05: CREEPY PRESENTS RICHARD CORBEN

Cada tanto uno se da gustos caros. Este es un lujoso hardcover de u$ 30 (para nada disparatado, si pensamos que trae 350 páginas, en excelente papel) que recopila TODAS las historietas realizadas por el maestro Richard Corben para las revistas Creepy e Eerie, durante la década del ´70. Yo ya tenía el hardcover anterior, el que editó Heavy Metal en el 2000 (creo), que hoy tiene fama de Santo Grial inconseguible. Pero este le gana por varios cuerpos. Primero, no es una selección, sino que está TODO, las 40 historietas de Corben y todas las portadas que realizó para esas dos clásicas antologías de terror de la Warren. Segundo, acá hay un cuidado por la calidad de las reproducciones muy superior, con historietas escaneadas de los originales de Corben, historietas que en su momento salieron en blanco y negro coloreadas para esta edición, e historietas mal impresas en su momento a las que el maestro José Villarrubia les retocó el color para que se vean espléndidas. Esto es muy importante, porque (creo que no hace falta subrayarlo) Corben estaba MUY adelantado a su época en materia de color, y las técnicas de impresión de aquel entonces no lograban hacerle justicia al material que entregaba el maestro, por lo menos en las editoriales de EEUU. Y tercero, en el libro de Heavy Metal alguien se zarpó tapando pezones y oscureciendo algunas viñetas para camuflar los desnudos frontales, que acá están perfectamente respetados. Ojo, no son historietas porno, ni casi nunca giran en torno al garche o a la posibilidad del garche. Pero en los ´70 era toda una apuesta publicar historietas de aventuras y terror con tetas al aire, y me parece que no daba para ocultarlas.
Los guiones rompen bastante la fórmula de las antologías setentosas “de misterio” que editaba DC y que vimos varias veces acá en el blog. En las revistas de Warren, además de tetas, había decapitaciones, canibalismo, licántropos, vampiros, zombies, momias, posesiones satánicas y un clima más sacado, menos finoli, en el que la violencia tenía un rol mucho más importante. Además (y en una de esas, de keruza), algunos guionistas bajaban línea acerca del fanatismo religioso, la ambición desmedida de las mega-corporaciones, la inminencia de un desastre ecológico y el deterioro del tejido social en las grandes urbes, de pronto asoladas por asesinos seriales y otros monstruos “de la vida real”. También hay versiones de cuentos clásicos de Edgar Allan Poe (adaptados por Rich Margopoulos) y relatos sumamente pasatistas, con machaca y gore, pero en un clima más bien festivo. En total en el libro hay trabajos de 16 guionistas, entre los que destaco a Bruce Jones, Doug Moench, Greg Potter, Jan Strnad, Nicola Cuti y Gerry Boudreau, autor de Anti-Christmas, una de las dos mejores historias del tomo (la otra es In Deep, de Bruce Jones).
El dibujo de Corben varía mucho de historia a historia. Se trata de 40 historietas realizadas entre 1970 y 1982, un período largo, en el que el estilo del ídolo cambió mucho, muchas veces. En el mix tenemos trabajos más líricos, trabajos más grotescos, historietas en las que Corben juega más a los climas, o más al impacto crudo, cosas que parecen dibujadas a los pedos, a mano alzada, y otras que tienen un laburo que te hiela la sangre. Acá vemos a Corben experimentar con aguadas, con tramas mecánicas, con masas de gris pleno, con el aerógrafo, historietas en las que se ve el lápiz s¡n entintar, con una increíble variedad de texturas, y por supuesto muchas genialidades en materia de color, que es donde el Gigante se sentía más cómodo y donde realmente demostraba ser un distinto. Como en toda antología, en Creepy no faltaba el guionista al que le daban pocas páginas y compensaba metiendo unos masacotes de texto infinitos. Corben tiene que pilotear desde la narrativa varias historias a las que le sobra BOCHA de texto, y casi siempre sale bien parado. Lo más flojo es lo que padecen todas las obras del maestro de esta etapa: las caras de los personajes, que rara vez se parecen de una viñeta a otra. Sin embargo, Corben se mataba en los rasgos faciales, y quizás por eso los personajes solían quedarle un toque cabezones. En fin, detalles que hacían único a este monstruo, siempre difícil de encasillar.
Si sos fan de Corben, seguro escuchaste hablar maravillas de sus coqueteos con el terror setentoso en las revistas de Warren. El día que te decidas a tener todo ese material en un sólo broli, perfecto por donde se lo mire, entrale sin dudas a esta maravilla editada como los dioses (o las criaturas lovecraftianas) por Dark Horse.

domingo, 21 de octubre de 2012

21/ 10: RIP IN TIME

Estamos en 1986 y el maestro Richard Corben, que a pesar de su tamaño (tanto en sentido figurativo como literal) nunca se agrandó demasiado, empezaba a olfatear que su momento de furor en los mercados europeos (que ya llevaba casi 10 años) se estaba por acabar. Astuto y precavido, el gigante de Kansas se propuso probar suerte con una historieta más “de batalla”, más fácil, de llegada potencialmente mayor: una aventura al palo, con viajes en el tiempo, máquinas futuristas, dinosaurios y –lo más importante- protagonistas más creíbles, más humanos, más cercanos al lector. Así es como, entre secuela y secuela de Den (una más innecesaria que la otra) el maestro formó equipo con el guionista Bruce Jones, con quien ya había colaborado en historias cortas en varias antologías.
Por supuesto que si sabés de antemano que tu guión lo va a dibujar Corben, existe la tentación de tirarse a chanta. Felizmente, Bruce Jones prefirió arremangarse y cumplir con las consignas. La trama es lineal, simple, va para adelante como una locomotora y –lo más importante- los personajes están muy bien trabajados, evolucionan mucho con el correr de las páginas y no se parecen en nada a los de las otras obras de Corben. Guarda, tampoco es el guión de Watchmen. La forma en que los cuatro protagonistas se topan con “la máquina del tiempo” es un poquito caprichosa y la decisión de hacer mierda en la anteúltima página a uno de los personajes mejor elaborados en las 100 anteriores tiene demasiado que ver con el hecho de que se terminaba el espacio. Si la novela seguía hasta la página 120, estoy seguro de que el final de la Coronel era otro.
Subrayo, ya que estoy, el tema de que Rip in Time se lee como una novela. Originalmente fueron cinco comic-books y recién en 1990 se editó el recopilatorio. Pero lo leés en ese formato y realmente cuesta un huevo identificar las escenas en las que terminaba cada una de las cuatro primeras entregas. Jones pensó esta historia para ser disfrutada así, de un saque, y no me quiero imaginar lo que debe haber sufrido el pobre gil al que, cada veintipico de páginas, se le terminaba la dosis y tenía que esperar (vaya uno a saber cuánto) para saber cómo seguía la historia.
Dentro de ese lineamiento de “una obra menos hermética, de llegada más amplia” lamentablemente estaba la cláusula de “Cero desnudos”, lo cual por un lado fuerza a Jones a plantear los garches de modo “sugerido” y a Corben a abstenerse de dibujar gente en bolas, que es algo que hace mejor que nadie. Me da un poquito de bronca porque estas restricciones no se aplican a la violencia. Acá vemos gente atravesada por balazos, flechazos o morfada por un tiranosaurio como si fuera un alfajor Cachafaz. Pero eso sí, ni medio pezón.
Incluso sin dibujar tetas ni pijas, Corben da cátedra. Se banca páginas con muchísimas viñetas, algunas de ellas repletas de diálogo, se banca un elenco de siete personajes centrales, todos con sus rasgos muy diferenciados, y con todo eso arma unas secuencias de increíble power visual, a su vez hilvanadas por una narrativa con muchos desafíos y con muchísimos hallazgos. Todo esto en blanco y negro! Corben, el tipo que revolucionó la forma en que se coloreaban las historietas en los ´70, vuelve al blanco y negro de sus orígenes underground, ahora apuntalado por un laburo prodigioso en el manejo de las tramas mecánicas, a las que le saca tanto volumen y les da tanto protagonismo como al color en Den o Mutant World.
A nivel visual, lo único infumable es que –como en todas las publicaciones de Fantagor- los textos están escritos con una tipografía mecánica chata, aburrida, ya anticuada para 1986. Una columbeada que jode y mucho, porque –como decíamos- hay páginas con ingentes cantidades de texto y cuando ves esas letras sin onda, en globos gigantescos, y encima tapando los dibujazos de Corben, te dan ganas de cazar el chumbo y descargárselo en la cabeza a alguien. El resto, todo impecable.
En el contexto del comic yanki de 1986, es muy probable que Rip in Time pase un poco desapercibida. Y al tener tan pocas pretensiones, no es demasiado ilógico que eso suceda. Sin embargo, no es una obra que convenga ignorar, ni soslayar, ni mucho menos barrer abajo de la alfombra. Sobre todo si sos fan de de las buenas aventuras en las que pasa de todo y te enganchan de principio a fin a fuerza de ritmo, acción, algo de comedia, algo de romance, conflictos fuertes, ideas impactantes y personajes bien construídos. O si sos fan de Richard Corben, en cuyo caso seguro ya la tenés entre tu lista de imprescindibles.

lunes, 18 de junio de 2012

18/ 06: JEREMY BROOD

“Es sólo un momento” dice el tema de Vicentico. Y esa frase resume mi crítica sobre Jeremy Brood, una historieta realizada por Jan Strnad (el de Sword of the Atom, ¿te acordás?) y el maestro Richard Corben para la revista Epic, allá por 1982-83.
La historia aporta poco, casi nada, pero tiene un momento magistral, una secuencia de esas que se te graban para siempre en la mente y en la que volvés a pensar cada vez que armás tu antología personal de momentos alucinantes del Noveno Arte. Me refiero a la secuencia de cuatro páginas en las que Brood observa cómo los seguidores de Holobar están a punto de sacrificar a Brynne en un altar. Ahí está todo: el clima, la tensión, el montaje, la puesta en escena, el erotismo, la bizarreada. No sé si Strnad le entregó a Corben un guión detallado, con indicaciones minuciosas para cada viñeta o si el gigante de Kansas trabajó simplemente sobre un plot. Lo cierto es que en esas cuatro páginas los autores conjugan sus respectivos talentos y crean una escena impecable, a prueba de balas, majestuosa aún hoy, 30 años después.
El resto es más de lo mismo. El héroe taciturno que cae a un planeta oscurantista y atrasado a salvar a los pobres nativos. Jeremy Brood es el clásico milico yanki, recio, recto y altruista. Lo vemos mostrar algo de humanidad sólo en la primera secuencia, cuando los nervios le juegan una mala pasada y se retira de un entrevero sexual con su co-piloto/ amante (que está buenísima) sin haber logrado la tan ansiada erección (sí, este es un futuro alternativo en el que no existe el viagra). Durante el resto de la novela, Brood asume el rol del líder, del mesías, del Guacho Pistola como si toda su vida se hubiese preparado para eso. No la va a tener excesivamente fácil, ni le va a salir todo gratis, pero su actitud es la del tipo que sabe que la tiene clara. Sobre el final, Strnad pega un volantazo para bajar a Brood del pedestal y está bueno, pero llega un toquecito tarde: cinco viñetas antes del final del libro.
El truco de Jeremy Brood es que arranca como una historia de ciencia-ficción y rápidamente decanta hacia una historia de fantasía épica, no tan distinta de Den (aunque acá el protagonista no muestra la chota). ¿A qué se debe la panquequeada? Yo sospecho que fue Corben el que lo convenció a Strnad de amagar con una cosa y después hacer otra, simplemente porque en 1982 Corben era Gardel en Europa y en Europa no había revistas de fantasía épica y sí de ciencia-ficción. Arrancar la serie con dos cosmonautas en una nave era un magnífico engaña-pichanga para conseguir editor en el Viejo Continente. Por otro lado, el truco del tipo de otra cultura que cae entre “los primitivos”, los salva de un peligro grosso y decide quedarse y formar pareja con una minita local, Strnad lo acababa de hacer en Sword of the Atom, así que seguramente le re-cerró lo de trasladar la saga a un contexto que ya se sabía muy de memoria.
Lo cierto es que leída hoy, Jeremy Brood se salva sólo por la secuencia del altar de sacrificios y por el dibujo de Corben, que está espectacular. Una vez que superás el bajón de esas tipografías amargas y uniformes (presentes en todas las obras de Corben editadas por él mismo en el sello Fantagor), te esperan 64 páginas con un despliegue visual alucinante. La doble página del combate contra los bichos voladores, la escena en la que Brood encuentra al cadáver de su amiga, lo que le pasa al personaje por la mente cuando se tiene que empomar a la virgen para evitar que la maten… todo está obscenamente bien dibujado por este genio de la anatomía, el color y la iluminación. Como siempre, hay momentos en los que Corben camina por la angosta cornisa que da al grotesco, con caras o cuerpos muy exagerados. Eso explica (en parte) su preferencia por los relatos fantásticos, llenos de criaturas extrañas que no tienen por qué verse ni moverse como las que vemos normalmente en el mundo real. Ahí se puede ir al carajo sin que nadie le pase factura, porque son razas que sólo existen en su (infinita) imaginación.
Me imagino que debe ser jodido conseguir hoy en día esta novela gráfica (yo la encontré de pedo en una comiquería acá, en Lima) pero la historia salió serializada en las revistas Epic y 1984. Y seguro hay un recopilatorio español de los ´80. El tema es si vale la pena o no rastrearla, y la respuesta es “según qué tan fanático de Corben seas”. Si no estás totalmente adicto a los dibujos del ídolo, seguí de largo y concentrá tus esfuerzos en conseguir material con guiones más interesantes. El de Jeremy Brood no es exactamente una abominación, pero no alcanza ni a palos para poner a esta historieta entre las obras más importantes de Corben, o del comic para adultos de principios de los ´80, o de la revista Epic. Si querés un comic de Strnad y Corben que te devaste el bocho aún hoy, no te puedo recomendar uno, sino dos: Mutant World y New Tales of the Arabian Nights. Al lado de esas dos, Jeremy Brood pasa muy desapercibida.

sábado, 7 de abril de 2012

07/ 04: HELLBOY Vol.11

Otro tomo de Hellboy dedicado a recopilar historias cortas ambientadas en el pasado, cuando nuestro demonio favorito militaba en las filas del B.P.R.D., y otra vez con un elenco de dibujantes invitados que te hiela la sangre.
El que más participa es el maestro Richard Corben, con cuatro historietas. La primera en la que le da vida a un guión de Mike Mignola es la maravillosa Hellboy in Mexico: un guionazo de Mignola, dibujado como la hiper-concha de Dios por Corben, para lograr una historia realmente distinta, lejos de la media, con una intensidad y una onda que la despegan muchísimo de la típica historia del pasado de Hellboy. Como sucede muy de vez en cuando, estas 28 páginas valen lo que pagues por todo el tomo.
Hay más Corben en la inquietante Sullivan´s Reward, una historieta un poquito más “normal”, incluso con más puntos en común con lo que hacía Corben en los ´70, cuando la rompía dibujando breves unitarios de terror en los magazines de la editorial Warren. El guión no es la gloria, pero está muy bien. The House of Sebek tiene apenas seis paginitas, o sea que no hay lugar para mucho más que un poquito de machaca y un remate casi humorístico. Corben igual le pone todo al dibujo.
El gigante de Kansas dibuja también las 24 páginas de la historieta que le da nombre al libro, The Bride of Hell. Y acá sí, el guión es bastante remanido, bastante similar a varias aventuras de Hellboy que ya nos sabemos de memoria: leyendas europeas que tienen que ver con las Cruzadas, un monstruo que mata gente, un templo... La historia tiene mucho ritmo pero le falta sorpresa. Lo más grosso es que en esta historia Corben encuentra –aunque sea de a ratos- la forma de dibujar a Hellboy sin que parezca copiado de los comics de Mignola. Impresionante cómo el ídolo hace suyo al personaje prestado aunque claro, en un mundo perfecto, la infartante minita que está a punto de ser sacrificada en el altar tendría que estar en pelotas. Mientras las minas estén vestidas, nunca vamos a disfrutar de un comic 100% Corben.
Otro invitado de lujo es el gran Scott Hampton, a cargo del dibujo de la historia más extensa, una historia de vampiros que arranca muy jugada a los climas, pero termina demasiado jugada a la machaca, como si Mignola no supiera cómo aprovechar la sutileza y la maligna depravación de lo que plantea en las primeras páginas. Hampton cumple con las imágenes crepusculares, ofrece una puesta en página totalmente distinta a la que le gusta a Corben y a Mignola, peca –como tantos- de dibujar un Hellboy demasiado parecido al de su creador (casi parece un copy-paste) y si bien labura mucho con referencias fotográficas, encuentra la forma de integrarlas muy bien a la página, para que no parezca la Gran Juan Carlos Flicker.
El otro invitado grosso es Kevin Nowlan, dibujante del mega-carajo aunque con poca producción, que acá se fuma 24 páginas de uno de los guiones más flojos de la historia de Hellboy. Igual lo dibuja muy bien y le pone bastante de su propio estilo al protagonista. Además se copó y pidió colorearla y rotularla él mismo.
Y me queda una cortita, de 8 páginas, escrita y dibujada por el propio Mike Mignola. The Whittier Legacy tampoco tiene un guión demasiado inspirado ni demasiado original (tampoco se podía esperar un milagro en tan poquitas páginas) y su único atractivo es ver a Mignola dibujar de nuevo a Hellboy (cosa que hace varios años que hace poco) y dar nuevos testimonios de su imparable evolución gráfica, cada vez más orientada a la síntesis.
Y bueno, ya está. Suficientes historias cortas del pasado. El próximo tomo sí o sí tiene que retomar la epopeya actual, la que dibuja Duncan Fegredo y me tiene agarrado de las pelotas hace años. Es absolutamente imprescindible.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

30/ 11: CAGE


Finalmente y tras buscarla muchos años, pude conseguir esta gema semi-oculta de la Tercera Era de Oro de Marvel, la de Bill Jemas y Joe Quesada, la que apostaba fuerte al comic de autor y proponía –desde el sello MAX- versiones más jugadas y más adultas de los íconos heroicos de la editorial. Así aparece esta saga de Cage en 2002, y Luke Cage ya nunca será el mismo. Ese Cage que vimos en Alias y hoy vemos en algún título de Avengers no se parece en nada al de los ´70 y ´80, sino más bien a este, al que Brian Azzarello y Richard Corben redefinieron a principios de este milenio.
El argumento no es nada del otro mundo: Luke Cage cae en medio de una guerra entre tres bandas de delincuentes que se disputan el control sobre un sector muy pobre de un barrio que parece ser el Bronx. Se mete medio a presión, rosquea con unos, rosquea con otros y al final deja que se maten entre ellos. Nada demasiado original ni demasiado heroico. La gracia está en cómo Azzarello desarrolla esta trama a través de las 110 páginas que tiene para trabajar. Hay varios puntos sobresalientes en el guión (que levanta un vuelo con el que el argumento no puede ni soñar), pero yo destaco dos:
El primero tiene que ver con el propio Luke Cage, con su evolución como personaje, con la forma en que Azzarello define su personalidad y Corben redefine su apariencia. Acá despunta un Cage heavy de verdad, un tipo con el que no querés tener ningún problema, porque –menos sacar un chumbo y bajarte de un corchazo- es capaz de hacerte cualquier cosa. Hábil para rosquear con los malvivientes, implacable para sacar información, ganador con las minas, maduro como para no dejarse ganar por la bronca que le genera el mundo injusto en el que se mueve, este Cage es un jugador realmente temible, un recio, un duro que opera al margen de la ley y no tiene miedo de enchastrarse hasta el alma para que gane la justicia. O por lo menos SU justicia.
Lo otro muy notable es cómo Azzarello arma el contexto, cómo nos mete en este submundo hostil y cuasi-salvaje, cómo maneja los códigos y hasta la forma de hablar de este lumpenaje al límite del cual él (graduado de Bellas Artes de la ciudad de Chicago) no forma parte ni remotamente. Sin embargo, como en 100 Bullets, sus gangstas se sienten reales, genuinos, no son estrellas del hip-hop con mansiones carísimas haciéndose los pibes chorros en un videoclip. Los “ballers” de la barrita de Clifto son pibes chorros de verdad y lo mejor de todo es que Azzarello no los caricaturiza ni los estigmatiza. De hecho, se toma el laburo de dejarte pensando en lo chota que es la vida de esos pobres pibes, eternamente condenados a un status quo de violencia, criminalidad, ignorancia y ninguneo por parte de las autoridades, simplemente por ser negros y pobres. Es gente, claro, pero molesta, porque huele mal y se porta peor. Y el resto, en vez de preguntarse por qué huelen mal y se portan peor, opta por la fácil: hacerlos mierda y barrerlos abajo de la alfombra, para que no jodan más.
Lo que sí es un poco caricaturesco es el dibujo del maestro Richard Corben. Pero es siempre así, no sólo en Cage. Acá el ídolo va de una punta a la otra, de una estética realista y careta tipo Steve Dillon, a viñetas más mugrientas y retorcidas tipo Robert Crumb. Y todo eso sin perder coherencia, sin que parezca que hay más de un dibujante, sin que el ojo se distraiga de la historia que nos quieren contar. Los hallazgos de Corben en materia de dibujo y narrativa son unos cuantos (el tiroteo del cuarto episodio y la trifulca del quinto son impresionantes), pero el esfuerzo principal del maestro está puesto en los climas. Y ahí entra en juego un ancho de espadas, que es el color de José Villarrubia, el poeta del photoshop. No sé si fue Corben o el propio Villarrubia, pero alguien tuvo la brillante idea de darle al color más protagonismo que en el comic promedio. Además de poner los colores (magníficos, de punta a punta), Villarrubia agrega unas texturas perfectas, que ensucian el dibujo de Corben y a la vez lo levantan. Entre dibujo, color y texturas, Corben y Villarrubia logran climas sencillamente asfixiantes, que se te impregnan y te acompañan incluso cuando terminás el libro. Un deleite.
Y bueno, cuando te den un poquito de desconfianza Barack Obama, Beyonce, Lenny Kravitz y todos esos negros ricos y glamorosos, acá te va a estar esperando Cage para mostrarte otra visión, más jodida pero más honesta, de la realidad de los afroamericanos en las grandes urbes yankis. Power, man.

viernes, 1 de octubre de 2010

01/ 10: HELLBOY Vol.10


Vuelvo a visitar a este entrañable amigo y no, no podíamos pretender tres tomos seguidos de la majestuosa epopeya con la que Mike Mignola y Duncan Fegredo están redefiniendo al personaje y, de paso, produciendo los mejores trabajos de sus respectivas carreras. Nos toca un interludio, un tomo de historias más cortas, con material no de relleno, pero tampoco de primera necesidad.
La aventura más larga, The Crooked Man, le da título al libro y a una miniserie de 2008 que ganó el Eisner en esa categoría en 2009. La verdad es que acá Mignola se reivindica de la berretada que escribió la primera vez que consiguió que Richard Corben dibujara un guión de Hellboy. Esa saguita en Africa era bastante patética (a pesar de estar dibujada como los mega-dioses), pero esta (la primera en la que Hellboy se mete con los relatos folklóricos de EEUU) tiene un guión a prueba de balas, inquietante, coherente, con los puntos álgidos bien distribuídos a lo largo de sus 72 páginas, con excelentes caracterizaciones (personajón el cura ciego!) y un villano que mete miedo de verdad.
El dibujo de Corben es espectacular. El gigante de Kansas entiende como pocos los climas ominosos, la decadencia, la podredumbre física y moral, y hasta maneja esos códigos de “violencia pasada de rosca, pero medio en joda” que tan claros tiene Mignola. Hay dos peros: Corben dibuja a Hellboy demasiado parecido a como lo dibuja Mignola, o sea que en algunas viñetas parece como si el mostro estuviera dibujado por su creador y superpuesto en un comic de Corben. Obviamente estoy exagerando, pero de verdad, parece más de Mignola que de Corben. La otra cagada (menor, claro) es que no hay sexo. Y poner a Corben a dibujar un comic sin sexo… es casi desaprovecharlo, es como ir a una heladería cheta y pedir helado de vainilla, o tener DirecTV y mirar Canal 9. The Crooked Man con un par de garches bien explícitos se elevaría a obra maestra, perturbaría y excitaría mucho más. Pero el laburo de Corben –repito- es maravilloso y Dave Stewart, mago del color, lo apuntala con su habitual (y pasmosa) eficacia.
Entre los complementos tenemos una de la dupla definitiva (Mignola y Fegredo, claro), que está obscenamente bien dibujada, pero el guión es una falta de respeto. También una de 24 páginas, co-escrita por Mignola y Joshua Dysart y dibujada por Jason Shawn Alexander. El guión, si no fuera por el final choto y anticlimático, se la re-bancaría, y el dibujo es realmente muy, muy notable. Alexander viene de una escuela radicalmente distinta a la de Mignola, y no esfuerza en lo más mínimo para clonar al Hellboy o al Abe Sapien a los que nos acostumbró el ídolo. El pibe viene, hace la suya, reinterpreta todo lo que se le canta y se luce sin repetir y sin soplar (y sin mandar fotos al voleo, sin retoques ni manoseos) en un estilo mucho más vertiguesco y más realista que el del resto de los artistas involucrados.
También en 2008, justo cuando se estrenaba la segunda peli de Hellboy, Mignola lanzó un one-shot escrito y dibujado por él mismo, después de bastante tiempo sin dibujar comics. El resultado son 24 páginas dibujadas medio de taquito, en las que Mignola mezquina un poco los fondos, va un poco a lo seguro (machaca y talking heads) para sacárselas de encima en un tiempo razonable. Pero igual está buena, porque el guión da perfectamente para hacer eso: una seguidilla de secuencias bien de clima, tranquis, intimistas, minimalistas, que en un punto dan lugar a cinco o seis páginas de machaca elegante, potente, pero sin mayor estridencia. No es LA historia de Hellboy, ni rivaliza con casi nada de lo que realizó Mignola en solitario, pero tampoco está nada mal.
Y bueno, ahora a esperar el Vol.11, que seguro continuará con la mega-saga que empezó en el Vol.8 y que elevó a Hellboy al status de Serie Fundamental del Siglo XXI. Recorrió un largo camino, el pibe del infierno. Y la verdad que, salvo alguna que otra vez donde se va un poco al carajo, acompañarlo resulta una experiencia religiosa, de las buenas.

viernes, 30 de julio de 2010

30/ 07: THE PUNISHER: FROM FIRST TO LAST


No soy fan de Punisher. Nunca lo fui y no creo que nunca lo vaya a ser. No sé por qué, pero es un personaje que casi no me genera ningún interés. De todos modos, y gracias a las recomendaciones de amigos y colegas, cada tanto algún especial fuera de las series regulares me llama la atención y entro como un caballo. Este libro reúne tres one-shots escritos por Garth Ennis, dos de los cuales me habían cebado cuando escuché de qué se trataban, quénes eran los dibujantes y qué opinaban de ellos algunos críticos cuyos gustos suelen coincidir con los míos. Así fue como me decidí a comprarlo, y la verdad es que no me arrepiento para nada.
Me saco de encima rapidito el que menos me gustó: The Cell. Nada, es la fácil. Punisher se hace meter preso para boletear a cinco mafiosos hijos de mil putas que viven como reyes en un penal, protegidos por la propia policía. Castle pergeña un plan para hacerlos mierda, y va para adelante, sin mayores contratiempos. El final es 100% gore y truculencia, porque los mata con una crueldad inusitada, acorde con los crímenes de los mafiosos, que encima tuvieron que ver con la muerte de la esposa y los hijos de Castle en aquella famosa masacre en el Central Park. Es un comic duro, áspero, frío y sin sobresaltos más allá de ese final salpicado de vísceras. El dibujante es Lewis Larosa, un muerto de frío sin onda, que chorea fotos a cuatro manos y no tiene nada para aportar.
Pero el tomo abre con una joya: The Tyger es una de las mejores historias de Punisher jamás escritas, si no la mejor. Nos ubica en dos tiempos paralelos: la infancia de Frank y su primera noche como Punisher, pero también tiene un maravilloso (y escalofriante) flashback al paso de Castle por Vietnam. The Tyger alude al famoso poema de William Blake y –aunque parezca una joda- la poesía es un elemento central en esta historia de venganzas, miedos, hipocresías y dilemas morales, de esos que desembocan en decisiones jodidas, de las que no hay marcha atrás. Los dibujos son del maestro John Severin, que obviamente no dibuja como en los ´50 y ´60, pero pone su onda retro al servicio del relato con una cancha descomunal. Hay viñetas de enorme belleza plástica, un trabajo de plumín asombroso y una perfecta reconstrucción de las tres épocas en las que transcurre la historia. El truco de las páginas negras donde sólo “vemos” diálogos es un salto al vacío por parte de Ennis, pero le sale demasiado bien. Posta, esta historia vale el precio que pagues por todo el tomo.
Y para cerrar, The End, dibujado por el gigantesco Richard Corben. Sí, Corben y Ennis juntos. Too much. Esta arranca como una historia rara, un post-holocausto trasnochado, con un Punisher viejo y baqueteado, que con el mundo devastado por la guerra nuclear, igual sigue fanatizado con su misión de boletear criminales. El lector se identifica no con Castle, sino con su ocasional aliado, Paris Peters. Pero para la mitad de la historia, Ennis pega un volantazo totalmente inesperado y todo tiene tanto sentido que lo aplaudís de pie. Sí, flaco, así actuaría Punisher en un futuro post-holocausto. No hay otra. Y el giro del final también, un lujo, una última gota de mala leche para redondear con chapa y hasta con vuelo poético una historia magistral. Lo de Corben es impecable. El tipo algo manya de futuros apocalípticos y acá por ahí no se luce como en sus mejores trabajos, pero no se guarda nada. Espera pacientemente el momento justo para lucirse, se luce, y durante el resto de la historia acompaña al guión con sobriedad, pero con su estilo inconfundible. Otro lujo y van…
Probablemente los fieles seguidores del Puni se hayan perdido From First to Last, porque no sigue la numeración de ninguna de las colecciones habituales. Y los que no son fans del calavera, probablemente lo hayan pasado por alto para darle bola a otro material. Pero a ambos les recomiendo armarse hasta los dientes, salir a buscar este libro y matar a quien haga falta para conseguirlo. Ennis ya mostró muchas veces que puede hacer obras de arte a partir del grim ´n gritty pasado de rosca y acá lo vuelve hacer, incluso sin recurrir a los chistes que tantas veces lo hemos visto reiterar. Grosso, mal.

domingo, 25 de abril de 2010

25/ 04: HAUNT OF HORROR


La adaptación al comic de clásicos de la literatura es una práctica más vieja y más conocida que Mirtha Legrand. Además, a medida que más clásicos se van incorporando al dominio público, el crecimiento de esa tendencia es virtualmente irreversible. Pero claro, las adaptaciones literarias se puede hacer bien, más o menos, o mal. Hay quien termina por armar un embole soberano, lleno de bloques de texto que explican absolutamente todo y dejan a la imagen como mera ilustración de algún aspecto ya cubierto por el texto. Hay quien busca un equilibrio como para que el relato se sostenga tanto desde el texto como desde lo visual. Hay quien respeta más al texto original y quien se toma más atribuciones y libertades, y por supuesto, hay quien se apodera de la idea básica de la obra original y la usa como disparador de algo totalmente distinto y con poco contacto con el material a adaptar.
En Haunt of Horror, el glorioso Richard Corben se lanza al ya superpoblado campo de las adaptaciones de Edgar Allan Poe y Howard P. Lovecraft (por el que ya pasó en los ´70 y principios de los ´80 cuando trabajaba para la editorial Warren) y lo hace echando mano a una multiplicidad de recursos tan vasta como efectiva. Para huirle a la fácil, además de adaptar algunos cuentos muy conocidos (el infaltable El Corazón Delator), Corben se juega a adaptar algunos poemas de Poe realmente hermosos, y les busca una vuelta totalmente novedosa. El texto está ahí y es el mismo que escribió Poe, pero la imagen va para otro lado y el contraste entre una cosa y otra es tan perfecto que uno empieza a creer que eso era lo que Poe tenía en mente en el momento de escribirlos, aunque aparezcan negros hip-hoperos, geeks humillados por los matoncitos del secundario y pajeros que se compran muñecas inflables. Todo eso en secuencias alucinantes, donde la narrativa del gigante de Kansas supera desafíos realmente bravos.
En el tramo dedicado a Lovecraft, también hay algunos cuentos casi obvios (Dagon), otros menos conocidos, y además Corben toma fragmentos, pequeños pasajes en verso extraídos de Fungi from Yuggoth y los llena de vida al crearles una ambientación, unos personajes y hasta giros argumentales que poco tienen que ver con lo que Lovecraft cuenta (o sugiere), pero que resultan 100% idóneos para que esos fragmentos limados se conviertan en buenas historietas de terror.
Seguramente lo que convirtió en clásicos indiscutidos a Poe y Lovecraft es cómo lograron combinar esa imaginación pesadillesca y truculenta con un lirismo exacerbado, un vuelo poético que de algún modo dotaba de belleza a relatos y poemas de los que brotaban imágenes escabrosas, teñidas de sangre, locura y hedores pestilentes. Los méritos de Corben son similares: las historias son jodidas, bizarras y shockeantes, pero el dibujo es de una belleza alucinante y pasmosa. Los climas que logra Corben con su blanco y negro (y sus grisados) le hacen absoluta justicia a los textos de los próceres. Su trabajo en ambientación, anatomía, expresiones faciales, volúmenes, texturas y composición de páginas y viñetas es soberbio y nos muestra a un maestro que alcanzó una plenitud, una madurez y una variedad de recursos mil veces más atractivas que aquellas con las que se hizo famoso en los ´70. A los que fuimos fans de Corben en la adolescencia tal vez nos cueste aceptarlo, pero la verdad es que este Corben ya sesentón le pinta la cara MAL al que nos hacía delirar con sus salvajadas underground y sus epopeyas fumancheras en el mundo de Den. Este Corben tiene lo mejor de aquel, pero ahora muestra también una solidez digna de un Will Eisner o un Enrique Breccia.
Si te gustan Poe o Lovecraft, seguro ya conocés muchos de estos cuentos y poemas y también es probable que ya los hayas visto plasmados en imágenes por algún otro historietista. Pero Corben te va a invitar a redescubrirlos, a reinterpretarlos a la luz (y sombra) de un estilo irresistible y original, y va a ser una invitación que no vas a poder rechazar. Como el Necronomicon, este libro tiene todo para pulverizarte el cerebro y dejarte medio idiota, preguntándote si lo que acabás de vivir es real o sólo un delirio pasado de rosca. Pero es real, y es obra de esa fiera indomable del Noveno Arte llamada Richard Corben.