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lunes, 30 de junio de 2025
ESSENTIAL AVENGERS Vol.8
Cerramos un mes en el que estuve menos presente que el Estado en un gobierno de derecha, con una reseña que continúa directamente de aquella del 12/03/19.
Estamos en la etapa de Jim Shooter y nos toca repasar Avengers desde el nº164, publicado en 1977, es decir, antes de que el Gigante de Pittsburgh ascendiera a capo máximo del área editorial de Marvel. Arrancamos con una trilogía contra Count Nefaria que viene muy digna hasta el final, donde pierde impulso y termina de manera rara, anticlimática. Pero zafa por los diálogos y la interacción entre los personajes (que es algo que Shooter pilotea con decoro) y sobre todo por los dibujos del glorioso John Byrne, que acá está de invitado, pero sobre el final del tomo va a volver en calidad de titular.
Después tenemos la saga contra Thanos, esos dos anuales que ya vimos hace no mucho, el 05/02/24, cuando reseñamos el Essential de Warlock. No hace falta reiterar los elogios para el maestro Jim Starlin, que escribe y dibuja todas esas páginas en un gran nivel. Pero volvemos a la serie mensual, con Shooter, George Perez (que era el dibujante titular) y el enigmático arranque de la saga de Korvac, que se va a extender a lo largo de unos cuantos números. El conflicto grosso va a avanzar despacio, y se va a ver interrumpido no solo por fill-ins intrascendentes (una epidemia en esta época de Marvel) sino también por la irrupción de otros plots, principalmente el que involucra a Ultron y Jocasta. De nuevo, tenemos muy buenos diálogos, bastante desarrollo para los personajes que no tenían revista propia (Beast, Scarlet Witch, Yellow Jacket, Hawkeye, Wasp, en menor medida Wonder Man) y bastante énfasis en la pica creciente entre Iron Man y Captain America, una grieta que -con idas y vueltas- se va a ensanchar con los años hasta estallar en la célebre Civil War. Otros plots que irrumpen en medio del arco de Korvac involucran a Tyrak y al Collector, mientras los Avengers y los Guardians of the Galaxy corren de un lado al otro, como bola sin manija, y Perez deja la serie para concentrarse en el próximo annual. Shooter, mientras tanto, logra que lo reemplacen Bill Mantlo y Marv Wolfman en un par de números, y ya a partir del 175 (que coincide con su ascenso a Editor in Chief) lo suma a David Michelinie como guionista encargado de darle forma a sus argumentos. La saga de Korvac termina, entonces, con Shooter como argumentista Michelinie como guionista y el correcto David Wenzel a cargo de los dibujos. Es un final raro, agridulce, donde los Avengers no solo la ligan como en bolsa, sino que además no saben si ganaron o perdieron contra esta amenaza tan compleja, tan ambigua.
Y ya está, no más Shooter por un largo tiempo en esta colección. Es el turno del Annual 8, a cargo de Roger Stern y el maestro Perez, que también se despide por un largo tiempo. Una historia clásica, para nada descollante, en la que los entintadores lamentablemente masacran los lápices del dibujante. A partir del nº178 tenemos nada menos que tres fill-ins seguidos. El primero es divertido: una historia muy centrada en Beast, escrita por Steve Gerber en un tono medio jodón, con dibujos de Carmine Infantino, muy mejorados por las tintas del magistral Rudy Nebres. Y después, una pesadilla sententosa: dos numeritos malísimos, escritos por Tom DeFalco y dibujados sin onda por Jim Mooney. Una bazofia, así, de una.
Pero llega el nº181, y David Michelinie forma equipo con John Byrne para una etapa que a mí particularmente me copa. Byrne está en un momento extraordinario, y le ponen entintadores de lujo como Gene Day y Klaus Janson. El resultado es un deleite, que -para mi gusto- supera ampliamente lo mejor de Perez en Avengers, obviamente hablando de los años ´70. Los guiones están buenos, son originales, entretenidos. Obviamente la famosa secuencia en la que Henry Peter Gyrich "interviene" a los Avengers y les arma una formación de prepo, es puro humo. Nunca se forma realmente el equipo que elige a dedo este garca, porque los personajes se empiezan a ir, a resolver otros temas, y la urgencia de los villanos y las amenazas obligan a entrar en acción y ponerse la camiseta de Avengers a héroes y heroínas que habían quedado afuera, como Hawkeye y Miss Marvel. Los dos últimos números del Essential (183 y 184, Mayo y Junio de 1979), la saguita contra Crusher Creel con la incorporación oficial de Falcon al grupo, son una promesa muy atractiva de que esta serie no se va a ir al descenso, por lo menos en el futuro inmediato. Por suerte para los lectores, Michelinie va a bancar un equipo de pocos integrantes, pero va a contar en paralelo varias historias centradas en los que quedaron afuera, lo que en cierto modo empezaba a evidenciar la necesidad de dividir a los Avengers en más de un grupo (y más de un título mensual), que es algo que se va a concretar ya entrada la década del ´80.
Hay un Essential más de Avengers, con otra tanda de numeritos que tengo en revistas, y que no me jodería para nada largar, para disfrutar de esas historias en blanco y negro. Así que estoy atento. Y tengo otro Essential en la pila de pendientes para entrarle pronto.
Por último (pero no menos importante)... ¡salió el nº11 de Comiqueando Digital! Una bruta bestia de 372 páginas a la que -una vez más- le pusimos todo para brindar un contenido realmente premium, como no ofrece nadie en toda el habla hispana. 15 notas, un podcast, un video... todo por míseros $ 6.600, que (quiero creer) están al alcance de todos. Así que si se copan y se descargan la revista en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, seguro la van a disfrutar y a nosotros nos ayudan un montón. Gracias por el aguante y ahora a tratar de retomar el ritmo de lectura normal, para postear más seguido acá en el blog.
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miércoles, 29 de diciembre de 2021
NEW AVENGERS Vol.7
Se me cae la cara de vergüenza de la poquísima historieta que estoy leyendo en estos días, y de lo que me cuesta encontrar un rato para sentarme a escribir reseñas. Pero bueno, tengo toda la concentración puesta en mudarme, más algún temita de salud, más el hecho de que vivir con 36º o más tampoco ayuda. Estoy leyendo otro libro (voy por la mitad) y en una de esas lo reseño antes de fin de año, pero la verdad que no quiero prometer nada, por las dudas.
Este tomo de New Avengers tiene como principal atractivo los dibujos de un Leinil Francis Yu que en un punto te puede llegar aburrir, pero hasta ese punto resulta muy, muy vistoso, dinámico, expresivo, sin dudas un upgrade muy logrado del estilo que impuso Jim Lee a principios de los ´90. Por ahí no tiene toda la variedad de enfoques que a uno le gustaría ver, ni todos los fondos, pero el dibujo cumple sobradamente con la función de llevar adelante la historia y estéticamente está muy logrado.
Los guiones de Brian Michael Bendis son raros. En los tres primeros episodios que compila este TPB, los personajes básicamente hablan. Sopesan las consecuencias de la Civil War, de la muerte del Captain America, y desconfían los unos de los otros porque saben que hay un montón de skrulls infiltrados entre los superhéroes de ambos bandos de la grieta. Cabe aclarar que los New Avengers son los del bando rebelde, los que no cedieron a las presiones del gobierno de EEUU para registrarse y trabajar solo bajo las órdenes de los políticos. Y dentro de todo, el bla-bla-bla se me hizo bastante llevadero, pensé que me iba a aburrir muchísimo y no fue así.
Por suerte en esos episodios hay un subplot que cobra fuerza en la segunda mitad del tomo: el clásico mega-cónclave de villanos (segundones y tercerones) que deciden organizarse para lograr objetivos comunes, esta vez bajo el liderazgo de The Hood. Era obvio que el Dr. Strange solo tenía poder de sobra para darles una paliza a los 25 ó 30 malvivientes que junta The Hood, pero hasta que llega ese desenlace, la historia se me hizo entretenida, porque a mí siempre me enganchan fácil con la idea de “villanos que se deciden a colaborar y trabajar en equipo”. Por supuesto que todo se podría haber contado en la mitad de las páginas, pero bueno, ya sabemos que Bendis necesita espacio para que los personajes hablen un montón.
Me gustó la forma en la que Bendis hace hablar a los villanos, y sobre todo a Luke Cage y Jessica Jones. No terminé de entender para dónde quería llevar a Spider-Woman (supongo que tendría que leer varios comics más para darme cuenta), lamenté que el rol de Clint Barton (acá en su identidad de Ronin) fuera tan menor, me quedaron muchas dudas acerca de Echo (cuándo entra, cuándo se va, de dónde viene) y sigue sin cerrarme el tema de que Spider-Man y Wolverine estén en una formación estable de Avengers. Me doy cuenta de que comercialmente tiene sentido, pero desde el punto de vista narrativo, me parece que esos lugares en el equipo los podrían haber ocupado personajes que tengan más que ver con la esencia de los Avengers, rebeldes o no.
¿Recomiendo esto? No, la verdad es que es solo para fanáticos de Leinil Yu. El resto no es horrible, pero tampoco justifica el lugar que te va a ocupar en la biblioteca ni la guita que te va a costar. Nunca había leído New Avengers, y lo más probable es que nunca lea los tomos que me faltan, que son todos menos este.
Gracias por el aguante y hasta pronto.
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domingo, 28 de abril de 2019
AVENGERS: ENDGAME
El año pasado, cuando salí
de la función de prensa de Infinity War, dije “es la mejor película que vi en
mi vida”. Ahora veleteo, al mejor estilo Sergio Massa, y digo que la mejor
película que vi en mi vida es Endgame. Pero… ¿son dos películas distintas? Me
parece que no, que te las venden como dos cosas distintas cuando en realidad
estamos hablando de un solo relato, un monolito, un masacote de más de cinco
horas pensado para darle un cierre fastuoso al laburo de 11 años de ese nuevo
hito de la cultura popular llamado Marvel Cinematic Universe.
Con Endgame me pasó algo
muy raro: me largué a llorar en un momento de la película y no paré hasta que
terminaron de pasar los créditos. En los momentos en los que buena parte del
cine rompió en llanto, yo llevaba media hora lagrimeando. En esa escena en la
que los pibes de 14 gritaron y ovacionaron como si Messi hiciera un golazo en
la final de la Copa América, yo seguía llorando. Nunca había llorado así en el
cine, no sé que me pasó. Espero llorar así el día que se mueran mis viejos para
no sentirme un choto que se emociona más con los superhéroes que con su
familia. A mi favor debo decir que tuve que elegir entre aguantarme las ganas
de llorar o las ganas de mear. Las dos, no se puede.
En Avengers: Endgame, los
directores Anthony y Joe Russo nos regalan 181 minutos de emoción en estado
puro. Una epopeya fastuosa, repleta de ideas, de humanidad, de amor por los
personajes… y de machaca a todo o nada contra el genocida más hijo de puta de
la historia del cine. Por suerte no repiten el final choto que imaginó Jim
Starlin para Infinity Gauntlet. Los guionistas del film encontraron la forma de
que Nebula resulte crucial sin repetir el desenlace de aquel infladísimo comic
noventoso. Las comparaciones con los comics son inevitables, porque acá hay
referencias comiqueras a patadas. Hasta hay un tramo de la película que parece
la etapa oscura de la Legion of Superheroes a cargo de Keith Giffen. Está el
Hulk que más nos gusta a los comiqueros, el Capi dice las dos frases más
moja-comiqueros de la historia del cine, es un nerdgasmo atrás de otro.
Pero a nivel
cinematográfico también, esto es impresionante. La película visita decenas de
locaciones, algunas ya conocidas para los seguidores del MCU, y reúne un elenco
multiestelar, seguramente el más grosso de todos los tiempos, con unos 60
actores importantes, de los cuales por lo menos 30 suelen ser los/las
protagonistas únicos/as de las producciones en las que actúan. Acá vemos a
estrellas absolutas de Hollywood en roles muy menores, a veces en una sola
escena, a veces sin siquiera abrir la boca. Actores y actrices a los que vimos
aparecer en las 21 películas anteriores están ahí para subrayar que Endgame
afecta a TODO este universo, pasado, presente y futuro. Los últimos… 40 minutos
son una sucesión de epílogos, moñitos preciosos, cerezas que los Russo le ponen
al postre, una interminable (y sumamente emotiva) acumulación de guiños,
homenajes y hasta reflexiones casi meta-lingüísticas acerca de la epopeya que
fue llevar adelante un hiper-relato colectivo (casi masivo) a lo largo de 11
años y 22 largometrajes.
Y bueno, seguramente habrá
algunas polémicas por cómo cierra Endgame algunas de las tramas, el final que
le reserva a los personajes que no van a seguir en la nueva etapa del MCU, las
paradojas que abre… Realmente es una película muy fértil para el debate y
seguramente nadie saldrá 100% conforme con TODAS las decisiones que tomaron los
Russo y sus guionistas. Pero al final gana la emoción, la fascinación. Esto que
hace 11 años era impensable, hoy es una realidad devastadora: un fenómeno
social y cultural protagonizado por superhéroes que no muchos años atrás tenían
menos fans que la leucemia. Y además, un gran producto de entretenimiento
masivo, sin fisuras, sin tiradas a chanta, con una inversión de guita, tiempo y
talento que no existe en ninguna otra saga de la historia del cine.
¡Pero hay más! Lo poco que
se sabe de Spider-Man: Far from Home es que aborda el mismo tema de Endgame (es
decir, cómo los héroes luchan para revertir el genocidio que se mandó Thanos en
Infinity War) y explora sus consecuencias desde una óptica más terrenal, sin
mega-batallas grandilocuentes pero también apostando fuerte a la emoción. Esa
peli (dicen) es el verdadero cierre a la Fase Tres del MCU, y por supuesto la
espero sumamente alzado.
Y vuelvo al principio, al
boludo grandote que se lloró la vida con una película de superhéroes. Parafraseando
a Víctor Hugo,"es para llorar, perdónenme... Joe y Anthony Russo, en
recorrida memorable, en la película de todos los tiempos... Barriletes cósmicos...
¿De qué planeta vinieron? Gracias, Marvel por los Avengers, por Endgame, por
estas lágrimas...”.
martes, 12 de marzo de 2019
ESSENTIAL AVENGERS VOL.7
Hacía mucho que no le
entraba a un comic de los Avengers y justo se me ocurrió clavarme un Essential
con unos cuantos números bien de mediados de los ´70, esa época caótica en la
que en cualquier serie podía pasar cualquier cosa.
Esto arranca en 1975 a un
nivel sumamente decoroso, con una especie de dream team integrado por Steve
Englehart en los guiones y George Pérez en los dibujos. Pero después de cuatro
numeritos a todo ritmo con Kang, el Squadron Supreme, los héroes del los westerns
y el debut de Hellcat, viene una puñalada artera: la historia de Englehart y
Perez se interrumpe durante dos números en los que Tony Isabella y Don Heck nos
infligen una historia menos que olvidable, de esas que justifican el apodo de
“Verdul Age” para el mainstream de los ´70. Por suerte en el nº147 vuelven
Englehart y Perez a terminar con su extensa (y en un punto intrincada) epopeya.
Englehart se despide en el nº150, un choreo a mano armada en el que Perez
dibuja un puñadito de páginas y casi todo es un reprint de un episodio de los
´60, escrito por Stan Lee y dibujado por Jack Kirby.
Finalmente en el nº151 se
define la nueva formación de los Avengers (bah, de nueva tiene poquísimo) y
salen a la cancha los dos guionistas que se alternarán en la serie hasta el
nº163, que es el último de este tomo: Gerry Conway y Jim Shooter. Cabe destacar
que tanto Englehart como Conway, ni bien dejan los Avengers se hacen cargo de
la Justice League of America. Por si faltara algo en esta bizarra
sincronicidad, el pase de Englehart a Conway en Justice League también se da en
el nº150. Por supuesto a Conway se le ocurren menos ideas que a Englehart y la
serie de los Avengers empieza a volar bastante más bajo que hasta ahora. El as
de espadas de Conway es el regreso de Wonder Man, al que le da mucha chapa, y
el resto es todo bastante intrascendente. La saguita con el Dr. Doom, Attuma y
el Whizzer es probablemente el punto más bajo de esta colección en muchos años.
Para el nº158, el siempre
eficaz Jim Shooter es el nuevo guionista de Avengers y ahí el nivel de los
guiones empieza a repuntar muy de a poco. Enseguida se nota que el personaje
que más le interesa desarrollar al nuevo guionista es Hank Pym y los
desplazados un poco hacia las márgenes son Captain America y Beast. Pero tanto
en esta etapa como la segunda vez que Shooter tome las riendas de esta serie,
tendremos un Pym muy atractivo, con muchos conflictos interesantes, rodeado de
personajes que tampoco se quedan atrás, como Wasp, Vision, Scarlet Witch,
Wonder Man y en menor medida Black Panther, Iron Man y Thor.
El nº154 va en el medio de
la saga más floja de Gerry Conway, pero es relevante porque acá por primera vez
le ponen a Perez un entintador como la gente, que en vez de sepultarlo lo
potencia y mejora ostensiblemente el trabajo del dibujante. Me refiero al gran Pablo
Marcos, un prócer peruano que acá le aplica su pincel mágico a varios dibujantes y hace que se
luzcan (además de Perez) Sal Buscema y George Tuska, dos típicos dibujantes del
montón, de esos que sacaban con fritas decenas de páginas todos los meses con
escasa onda e ínfima imaginación. El combo Perez-Marcos es devastador y sin
duda firma las mejores páginas (a nivel visual) de este Essential. Medalla de
plata para John Buscema y Joe Sinnott, una dupla hiper-clásica, a cargo de los
nºs 152 y 153, los del regreso de Wonder Man.
En general, salvando esas
abominaciones de Don Heck y el numerito de Super-Villain Team-Up dibujado por
el propio Jim Shooter, tenemos un tomo dibujado en un nivel más que aceptable,
porque Perez se la banca hasta cuando lo entinta Vince Colletta, John Buscema
re-garpa y a los otros suplentes (Sal Buscema y Tuska) los levanta muchísimo
Pablo Marcos. Incluso el último episodio que le dan a Don Heck (el 157, donde
Conway ensaya un regreso del Black Knight) también es casi presentable gracias
a la titánica tarea del entintador peruano.
Y no tengo más Essentials
de Avengers, pero si algún día veo a buen precio los Vol.8 y 9, me los compro y
hago guita las revistas, para tener en glorioso blanco y negro la saga de
Korvac, la etapa de John Byrne y un montón de historias más que leí hace mil
años, cuando me fui armando la serie numerito a numerito.
Nada más por hoy. Volvemos
a encontrarnos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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martes, 24 de abril de 2018
AVENGERS: INFINITY WAR
Corta la bocha: esta es la mejor película que vi en mi vida. Es cierto, tantos años de ver películas de superhéroes (y casi ninguna otra de todos los otros géneros) me atrofiaron un poco el paladar y hoy me cuesta disfrutar de películas que se alejen mucho de estos parámetros. Pero lo que hicieron los hermanos Anthony y Joe Russo superò por completo mis expectativas… y ni hablar de còmo potenciò mi cebamiento a futuro para con las próximas entregas de este inmenso mega-relato llamado Universo Cinemàtico de Marvel, o MCU, para abreviar.
Quiero criticarle algo, y se me ocurren apenas tres detalles muy pelotudos: 1) ¿Black Widow rubia? No, ni en pedo. 2) ¿El Capi con barba y a cara descubierta? Mmmmno, tampoco me cerrò. 3) Si miràs atentamente el afiche vas a ver que hay dos personajes importantes que faltan. Y en la peli no se olvidan de nombrarlos, pero no aparecen. O por lo menos en la función de prensa (donde hubo una sòla escena post-crèditos) no los vimos. Para compensar, aparecen varios personajes a los que por lo menos yo (que no miro trailers ni sigo la previa de las películas) no esperaba ver.
Todo lo demás es grandioso. Hay chistes, pero en una dosis absolutamente razonable. El clima de la peli va in crescendo, se vuelve cada vez màs èpico. El guiòn no desaprovecha ninguno de los aciertos de las películas anteriores: No sòlo retoma algunas cositas colgadas de Civil War (la anterior entrega dirigida por los Russo), sino que se nutre también de un montòn de elementos que funcionaron bien en las pelis del Dr. Strange, Spider-Man, los Guardians… y obviamente tras la hecatombe que hizo Black Panther en la taquilla, le dan mucha bola a la muchachada wakandiana. Creo que lo màs interesante que tiene Infinity War es la profundidad que los guionistas logran darle a Thanos. Màs allà de la aventura a escala cósmica con todos los héroes, màs allà de las mejores escenas de machaca superheroica de la historia del Sèptimo Arte, màs allà del festival de efectos especiales màs alucinante que vi en mi vida, acà hay un guiòn que te conmueve, que te moviliza. Y en buena medida lo logra a través del villano, que no es simplemente un matòn, un megalómano o un déspota con tendencias genocidas. Muy notable la actuación de Josh Brolin, que incluso debajo de todas esas pròtesis logra trasmitir esa impronta compleja, por momentos trágica, que hace que se destaque tanto el rol del villano.
Infinity War dura 149 minutos, una barbaridad. Pero estuve buena parte de la proyección rogando para mis adentros para que no se terminara nunca. Si duraba seis horas màs, yo no me quejaba en lo màs mínimo. Por supuesto, este es el partido de ida, falta la mitad de la historia. Por eso los hermanos Russo pueden apostar a que los buenos pierdan y que en todo caso “den vuelta la serie” en la revancha. Y a esa posibilidad, a la de mostrar a los héroes muertos o derrotados, también le sacan un jugo exquisito.
Ya està. Ya se terminò la especulación, se terminò la de llorar por los chistes, o por alguna traición medio grosera al espíritu de algún comic que nos gusta demasiado, se acabò todo. El MCU tardò 10 años en llegar a esto, y esto es un pico altísimo, no sè si imposible de superar, pero sì imposible de imaginar hace 10 años y merecedor de mi lealtad màs incondicional y mi confianza màs ciega para todo lo que venga de ahora en màs. Los héroes de verdad se ven en las difíciles. Esta era una parada complicadísima y sin duda los Russo y su equipo (incluyendo al DT, Kevin Faige) pusieron lo que había que poner, y bastante màs. La fumanchereada de conver tir a 18 largometrajes en un universo cohesionado y en un relato que avanzara película a película hacia un climax grandilocuente en el que màs de 40 personajes se machacaran contra un único villano, terminò por ser una Obra Maestra, un hito, una gloria.
Quiero criticarle algo, y se me ocurren apenas tres detalles muy pelotudos: 1) ¿Black Widow rubia? No, ni en pedo. 2) ¿El Capi con barba y a cara descubierta? Mmmmno, tampoco me cerrò. 3) Si miràs atentamente el afiche vas a ver que hay dos personajes importantes que faltan. Y en la peli no se olvidan de nombrarlos, pero no aparecen. O por lo menos en la función de prensa (donde hubo una sòla escena post-crèditos) no los vimos. Para compensar, aparecen varios personajes a los que por lo menos yo (que no miro trailers ni sigo la previa de las películas) no esperaba ver.
Todo lo demás es grandioso. Hay chistes, pero en una dosis absolutamente razonable. El clima de la peli va in crescendo, se vuelve cada vez màs èpico. El guiòn no desaprovecha ninguno de los aciertos de las películas anteriores: No sòlo retoma algunas cositas colgadas de Civil War (la anterior entrega dirigida por los Russo), sino que se nutre también de un montòn de elementos que funcionaron bien en las pelis del Dr. Strange, Spider-Man, los Guardians… y obviamente tras la hecatombe que hizo Black Panther en la taquilla, le dan mucha bola a la muchachada wakandiana. Creo que lo màs interesante que tiene Infinity War es la profundidad que los guionistas logran darle a Thanos. Màs allà de la aventura a escala cósmica con todos los héroes, màs allà de las mejores escenas de machaca superheroica de la historia del Sèptimo Arte, màs allà del festival de efectos especiales màs alucinante que vi en mi vida, acà hay un guiòn que te conmueve, que te moviliza. Y en buena medida lo logra a través del villano, que no es simplemente un matòn, un megalómano o un déspota con tendencias genocidas. Muy notable la actuación de Josh Brolin, que incluso debajo de todas esas pròtesis logra trasmitir esa impronta compleja, por momentos trágica, que hace que se destaque tanto el rol del villano.
Infinity War dura 149 minutos, una barbaridad. Pero estuve buena parte de la proyección rogando para mis adentros para que no se terminara nunca. Si duraba seis horas màs, yo no me quejaba en lo màs mínimo. Por supuesto, este es el partido de ida, falta la mitad de la historia. Por eso los hermanos Russo pueden apostar a que los buenos pierdan y que en todo caso “den vuelta la serie” en la revancha. Y a esa posibilidad, a la de mostrar a los héroes muertos o derrotados, también le sacan un jugo exquisito.
Ya està. Ya se terminò la especulación, se terminò la de llorar por los chistes, o por alguna traición medio grosera al espíritu de algún comic que nos gusta demasiado, se acabò todo. El MCU tardò 10 años en llegar a esto, y esto es un pico altísimo, no sè si imposible de superar, pero sì imposible de imaginar hace 10 años y merecedor de mi lealtad màs incondicional y mi confianza màs ciega para todo lo que venga de ahora en màs. Los héroes de verdad se ven en las difíciles. Esta era una parada complicadísima y sin duda los Russo y su equipo (incluyendo al DT, Kevin Faige) pusieron lo que había que poner, y bastante màs. La fumanchereada de conver tir a 18 largometrajes en un universo cohesionado y en un relato que avanzara película a película hacia un climax grandilocuente en el que màs de 40 personajes se machacaran contra un único villano, terminò por ser una Obra Maestra, un hito, una gloria.
miércoles, 22 de abril de 2015
22/ 04: AVENGERS 2: AGE OF ULTRON
Joss Whedon lo hizo de nuevo. Durante 141 minutos que se me hicieron brevísimos, me sumergí en el universo Marvel y viví una aventura increíble, en la que pasan UN MONTON de cosas, una más alucinante que la otra.
Age of Ultron hace todo lo que tenía que hacer: explora algunas consecuencias de los osados sacudones de Captain America 2, refuerza grosso a los Avengers para ponerlos al nivel de los desafíos que se vienen, abre puntas para varias películas más (atención los fans de Black Panther, que van a estar un rato largo al borde del nerdgasmo), y lo más importante: hace avanzar mucho a los personajes. Stark toma decisiones muy heavies que seguramente van a repercutir en futuras películas. Banner y Natasha se acercan de un modo peligroso, que también puede traer consecuencias importantes. Y Hawkeye deja de ser una maquinita que dispara flechas controlada por el Capi América para convertirse en un personajón, con mucha chapa. El Capi quizás sea el personaje que menos se desarrolla en esta entrega; y Thor, que era el único que no tenía secuencias icónicas, definitivas, en la primera Avengers, acá asume dos roles importantes: por un lado, será el encargado de deducir cómo enganchan todos estos objetos hiper-poderosos que venimos viendo película a película, y por el otro, esta vez es el elegido para el comedy relief, para disputarle a Tony y a Hulk el monopolio de los chistes.
Piñas y colores, gags y explosiones, todo suma para recorrer varios lugares del mundo de la mano de esta barra kilombera que tiene un montón de tensiones internas y que encuentra en Ultron a un enemigo potente, interesante, que encarna (aún sin tener carne) el principal dilema moral de la peli, que es hasta dónde están dispuestos a llegar los héroes para proteger a la gente común. Obviamente hay otras amenazas menores, pero la grossa es esta creación de Stark que se pasa de rosca y decide que la mejor forma de evitar que la humanidad se aniquile a sí misma es aniquilándola él mismo.
Es increíble la cantidad de personajes que aparecen. Por supuesto, uno está muy pendiente de Scarlet Witch, Quicksilver y Vision, pero además hay espacio para personajes secundarios y hasta terciarios de muchas de las pelis anteriores. Ya sabemos que a los mellizos Maximoff les van a retocar un poco el ADN para no emparentarlos ni por asomo con nada que huela a mutantes, pero el giro más asombroso, el que te tira la mandíbula al piso varias veces, es el que se le ocurre a los guionistas para convertir a la Vision en un personaje de crucial importancia en el Universo Marvel. No te lo puedo contar porque te cago la sorpresa más grossa de la película, pero te adelanto que es una genialidad.
Lo más aburrido que tenía la primera Avengers, que era toda esa parte protocolar en la que Nick Fury debatía con sus superiores cómo y a quién debían responder los héroes, esta vez no está. No hay partes embolantes, va todo para adelante, como una locomotora propulsada por Speed y merca. Esta vez incluso se corrige la idiotez de que el Capi tirara los escudos a la marchanta. Lo que no sólo no se corrige sino que empeora es la cantidad de veces que Iron Man y especialmente el Capi aparecen sin casco durante las misiones. Un poco mucho, de verdad. Acá en Buenos Aires ves a viejas sesentonas pedaleando a tres por hora por una bicisenda semi-desierta y se ponen el casquito. El Capi se caga a palos a mano limpia contra Ultron (o sea… ¡Ultron!) durante 10 ó 15 minutos (en esa escena fastuosa en Seul) y no se pone el casquito. Un bochorno.
Avengers 2 no sólo es más intensa, más ambiciosa y más zarpada que la primera: también es más profunda, se mete más a fondo en los personajes y en lo que los hace trabajar como equipo. Los vínculos son tan importantes como las peleas y por eso las pérdidas que sufren los buenos (porque ganarle a Ultron no sale gratis) seguramente van a funcionar como disparadores de grandes momentos en las entregas posteriores. Y sí, vas a ver un festival de efectos especiales como nunca imaginaste, machaca, destrucción, grandilocuencia, batallas a todo o nada y persecuciones imposibles. Por debajo de todo eso, si mirás bien, pasa una historia de tipos y minas casi normales, que juegan a ser héroes pero a veces se ven obligados a replantearse si en realidad no son monstruos. Una historia regada de diálogos maravillosos, de escenas intimistas, de momentos impactantes y con la capacidad de convencerte rápidamente de que estás viendo “the real thing”. Enseguida te olvidás de que en los comics tal cosa funciona distinto, o tal otra jamás sucedería, o tal otra sucedió pero de un modo muy distinto al que te lo muestra Whedon.
Ya fue, maestro. Cambiá lo que quieras. Cagate en todo lo que no te cierre y tomá sólo lo que más te cope. Esto así, funciona bárbaro. Para cebar a la gente que no te toca un comic ni por accidente y para hacernos babear a los fans de los Avengers de Roy Thomas, Roger Stern, Kurt Busiek y demás próceres de la viñeta. Quiero más. Y falta mucho para que me lo den. Menos mal que siempre tenemos los comics para hacer más soportable la espera…
Age of Ultron hace todo lo que tenía que hacer: explora algunas consecuencias de los osados sacudones de Captain America 2, refuerza grosso a los Avengers para ponerlos al nivel de los desafíos que se vienen, abre puntas para varias películas más (atención los fans de Black Panther, que van a estar un rato largo al borde del nerdgasmo), y lo más importante: hace avanzar mucho a los personajes. Stark toma decisiones muy heavies que seguramente van a repercutir en futuras películas. Banner y Natasha se acercan de un modo peligroso, que también puede traer consecuencias importantes. Y Hawkeye deja de ser una maquinita que dispara flechas controlada por el Capi América para convertirse en un personajón, con mucha chapa. El Capi quizás sea el personaje que menos se desarrolla en esta entrega; y Thor, que era el único que no tenía secuencias icónicas, definitivas, en la primera Avengers, acá asume dos roles importantes: por un lado, será el encargado de deducir cómo enganchan todos estos objetos hiper-poderosos que venimos viendo película a película, y por el otro, esta vez es el elegido para el comedy relief, para disputarle a Tony y a Hulk el monopolio de los chistes.
Piñas y colores, gags y explosiones, todo suma para recorrer varios lugares del mundo de la mano de esta barra kilombera que tiene un montón de tensiones internas y que encuentra en Ultron a un enemigo potente, interesante, que encarna (aún sin tener carne) el principal dilema moral de la peli, que es hasta dónde están dispuestos a llegar los héroes para proteger a la gente común. Obviamente hay otras amenazas menores, pero la grossa es esta creación de Stark que se pasa de rosca y decide que la mejor forma de evitar que la humanidad se aniquile a sí misma es aniquilándola él mismo.
Es increíble la cantidad de personajes que aparecen. Por supuesto, uno está muy pendiente de Scarlet Witch, Quicksilver y Vision, pero además hay espacio para personajes secundarios y hasta terciarios de muchas de las pelis anteriores. Ya sabemos que a los mellizos Maximoff les van a retocar un poco el ADN para no emparentarlos ni por asomo con nada que huela a mutantes, pero el giro más asombroso, el que te tira la mandíbula al piso varias veces, es el que se le ocurre a los guionistas para convertir a la Vision en un personaje de crucial importancia en el Universo Marvel. No te lo puedo contar porque te cago la sorpresa más grossa de la película, pero te adelanto que es una genialidad.
Lo más aburrido que tenía la primera Avengers, que era toda esa parte protocolar en la que Nick Fury debatía con sus superiores cómo y a quién debían responder los héroes, esta vez no está. No hay partes embolantes, va todo para adelante, como una locomotora propulsada por Speed y merca. Esta vez incluso se corrige la idiotez de que el Capi tirara los escudos a la marchanta. Lo que no sólo no se corrige sino que empeora es la cantidad de veces que Iron Man y especialmente el Capi aparecen sin casco durante las misiones. Un poco mucho, de verdad. Acá en Buenos Aires ves a viejas sesentonas pedaleando a tres por hora por una bicisenda semi-desierta y se ponen el casquito. El Capi se caga a palos a mano limpia contra Ultron (o sea… ¡Ultron!) durante 10 ó 15 minutos (en esa escena fastuosa en Seul) y no se pone el casquito. Un bochorno.
Avengers 2 no sólo es más intensa, más ambiciosa y más zarpada que la primera: también es más profunda, se mete más a fondo en los personajes y en lo que los hace trabajar como equipo. Los vínculos son tan importantes como las peleas y por eso las pérdidas que sufren los buenos (porque ganarle a Ultron no sale gratis) seguramente van a funcionar como disparadores de grandes momentos en las entregas posteriores. Y sí, vas a ver un festival de efectos especiales como nunca imaginaste, machaca, destrucción, grandilocuencia, batallas a todo o nada y persecuciones imposibles. Por debajo de todo eso, si mirás bien, pasa una historia de tipos y minas casi normales, que juegan a ser héroes pero a veces se ven obligados a replantearse si en realidad no son monstruos. Una historia regada de diálogos maravillosos, de escenas intimistas, de momentos impactantes y con la capacidad de convencerte rápidamente de que estás viendo “the real thing”. Enseguida te olvidás de que en los comics tal cosa funciona distinto, o tal otra jamás sucedería, o tal otra sucedió pero de un modo muy distinto al que te lo muestra Whedon.
Ya fue, maestro. Cambiá lo que quieras. Cagate en todo lo que no te cierre y tomá sólo lo que más te cope. Esto así, funciona bárbaro. Para cebar a la gente que no te toca un comic ni por accidente y para hacernos babear a los fans de los Avengers de Roy Thomas, Roger Stern, Kurt Busiek y demás próceres de la viñeta. Quiero más. Y falta mucho para que me lo den. Menos mal que siempre tenemos los comics para hacer más soportable la espera…
lunes, 3 de junio de 2013
03/ 06: AVENGERS Vol.3
El tercer y último recopilatorio de la (para mi gusto, breve) etapa de Geoff Johns al frente de los Avengers arranca igual que el anterior: con un unitario centrado en poquitos personajes. En el Vol.2 eran Falcon y Gyrich, esta vez son Wasp y Hank Pym, que están en Las Vegas, en plan vacaciones/ luna de miel. En algún punto tendrán que pelear con un villano, pero básicamente el episodio se trata de la relación entre estas dos personas que vivieron situaciones bravísimas, juntos y separados, y que a pesar de todo mantienen un fuerte vínculo afectivo. El dibujo está a cargo de un Steven Sadowski flojito, no desastroso, pero bastante por debajo de lo que había mostrado en la JSA.
Y ahora sí, nos vamos a una saguita de cuatro episodios, a explorar una de las puntas que abrió Johns en el tomo anterior: la extraña transformación de She-Hulk, que en un momento sale corriendo cuando el resto de los Avengers están demasiado hasta las bolas como para frenarla. Ahora hay que irla a buscar a un pueblito en las montañas, y ahí van el Capi, Iron Man y Scarlet Witch. Pronto se van a encontrar con que She-Hulk está mentalmente inestable, salvaje y con más fuerza y más aguante que nunca. Y por si faltara algo, también andan por ahí dos ex-Avengers: Hawkeye y el doctor Bruce Banner, el primo de la monumental heroína verdosa, nada menos que Hulk.
De nuevo, como en Red Zone, tenemos varios capítulos en los que los Avengers no tienen a quién pegarle. She-Hulk rompe cosas, revolea piñas a tontas y locas, y el resto aguanta: no la quieren cagar a trompadas, sino rescatarla y ayudarla a restablecer el equilibrio perdido. Y como la machaca está claramente de relleno, se nota más que lo que le interesa a Johns es meterse un poquito más en la psiquis de She-Hulk, en su relación con el primo Bruce, con su pasado, con la Jennifer Walters a la que prefiere olvidar, barrer abajo de la alfombra, para ser sólo la gigantesca heroína, siempre de fiesta, siempre decidida a ir al frente, la que no sabe de dudas ni de miedos. Sobre el final, Jack of Hearts se sumará a la misión para dar una mano y Hawkeye aceptará volver a jugar de titular en el equipo. No está mal, se podría haber contado lo mismo con un episodio menos, pero zafa.
Y nos queda un epílogo, centrado en Ant-Man y Jack of Hearts, pero en el que aparecen todos los Avengers (incluso Vision y Black Panther, que se lucen en la portada del libro pero adentro tienen UN globito de diálogo cada uno). Jack of Hearts está medio en la cornisa, porque sus poderes son el origen de la inestabilidad de She-Hulk, y obviamente los Avengers prefieren quedarse con la prima de Banner, que tiene más onda que este chabón medio raro, que tiene que estar 14 horas por día encerrado. Y bueno, se desatará una pequeña crisis que afecta a Ant-Man y Jack se jugará (demasiado) por resolverla. No te quiero contar el final, pero si leíste mucho comic de superhéroes, ya te lo imaginás.
Este epílogo también lo dibuja Sadowski, un poquito mejor (no mucho) que el de Las Vegas. El arco principal, el de los cuatro números de She-Hulk descontrolada, lo dibuja Scott Kolins, un dibujante fetiche de Geoff Johns, con el que compartió muchísimos proyectos (la mini de The Thing, sin salir de Marvel). Kolins pela acá su estilo tipo “línea clara”, sin masas negras, en el que el colorista (en este caso Chris Sotomayor) está condenado a hacer horas extras para darle fuerza, volumen, profundidad y efectos de iluminación a algo que, si fuera sólo lápiz y tinta, sería un laberinto indescifrable de rayitas, todas del mismo grosor. Sin ser un fenómeno, Kolins cumple decorosamente. A veces se va un poquito a la mierda en la anatomía, que se hace exagerada al borde del grotesco, pero prefiero eso a las fotos retocadas por los dibujantes sin imaginación. El laburo de los fondos es tanto y tan generoso, que uno sospecha que ahí sí, Kolins trabaja con referencias fotográficas, aunque integradas a su grafismo con una naturalidad y una armonía sumamente infrecuentes en el comic de superhéroes. No soy fan de Kolins, pero va tan alevosamente en contra de los dibujantes mega-realistas pecho frío, y de los que te sobrecargan todo con rayitas y texturitas, que lo banco.
Y bueno, después del epílogo de la Era Johns, viene “la década perdida”, que arranca con esos numeritos impresentables de Chuck Austen y siguen con la larguísima etapa de Brian Michael Bendis, un guionista que me encanta, pero que jamás me cerró en Avengers. Es hora de pegar un salto de los grossos, para retomar cuando Marvel empiece a recopilar en softcover la etapa de Jonathan Hickman, que me inspira más confianza.
Y ahora sí, nos vamos a una saguita de cuatro episodios, a explorar una de las puntas que abrió Johns en el tomo anterior: la extraña transformación de She-Hulk, que en un momento sale corriendo cuando el resto de los Avengers están demasiado hasta las bolas como para frenarla. Ahora hay que irla a buscar a un pueblito en las montañas, y ahí van el Capi, Iron Man y Scarlet Witch. Pronto se van a encontrar con que She-Hulk está mentalmente inestable, salvaje y con más fuerza y más aguante que nunca. Y por si faltara algo, también andan por ahí dos ex-Avengers: Hawkeye y el doctor Bruce Banner, el primo de la monumental heroína verdosa, nada menos que Hulk.
De nuevo, como en Red Zone, tenemos varios capítulos en los que los Avengers no tienen a quién pegarle. She-Hulk rompe cosas, revolea piñas a tontas y locas, y el resto aguanta: no la quieren cagar a trompadas, sino rescatarla y ayudarla a restablecer el equilibrio perdido. Y como la machaca está claramente de relleno, se nota más que lo que le interesa a Johns es meterse un poquito más en la psiquis de She-Hulk, en su relación con el primo Bruce, con su pasado, con la Jennifer Walters a la que prefiere olvidar, barrer abajo de la alfombra, para ser sólo la gigantesca heroína, siempre de fiesta, siempre decidida a ir al frente, la que no sabe de dudas ni de miedos. Sobre el final, Jack of Hearts se sumará a la misión para dar una mano y Hawkeye aceptará volver a jugar de titular en el equipo. No está mal, se podría haber contado lo mismo con un episodio menos, pero zafa.
Y nos queda un epílogo, centrado en Ant-Man y Jack of Hearts, pero en el que aparecen todos los Avengers (incluso Vision y Black Panther, que se lucen en la portada del libro pero adentro tienen UN globito de diálogo cada uno). Jack of Hearts está medio en la cornisa, porque sus poderes son el origen de la inestabilidad de She-Hulk, y obviamente los Avengers prefieren quedarse con la prima de Banner, que tiene más onda que este chabón medio raro, que tiene que estar 14 horas por día encerrado. Y bueno, se desatará una pequeña crisis que afecta a Ant-Man y Jack se jugará (demasiado) por resolverla. No te quiero contar el final, pero si leíste mucho comic de superhéroes, ya te lo imaginás.
Este epílogo también lo dibuja Sadowski, un poquito mejor (no mucho) que el de Las Vegas. El arco principal, el de los cuatro números de She-Hulk descontrolada, lo dibuja Scott Kolins, un dibujante fetiche de Geoff Johns, con el que compartió muchísimos proyectos (la mini de The Thing, sin salir de Marvel). Kolins pela acá su estilo tipo “línea clara”, sin masas negras, en el que el colorista (en este caso Chris Sotomayor) está condenado a hacer horas extras para darle fuerza, volumen, profundidad y efectos de iluminación a algo que, si fuera sólo lápiz y tinta, sería un laberinto indescifrable de rayitas, todas del mismo grosor. Sin ser un fenómeno, Kolins cumple decorosamente. A veces se va un poquito a la mierda en la anatomía, que se hace exagerada al borde del grotesco, pero prefiero eso a las fotos retocadas por los dibujantes sin imaginación. El laburo de los fondos es tanto y tan generoso, que uno sospecha que ahí sí, Kolins trabaja con referencias fotográficas, aunque integradas a su grafismo con una naturalidad y una armonía sumamente infrecuentes en el comic de superhéroes. No soy fan de Kolins, pero va tan alevosamente en contra de los dibujantes mega-realistas pecho frío, y de los que te sobrecargan todo con rayitas y texturitas, que lo banco.
Y bueno, después del epílogo de la Era Johns, viene “la década perdida”, que arranca con esos numeritos impresentables de Chuck Austen y siguen con la larguísima etapa de Brian Michael Bendis, un guionista que me encanta, pero que jamás me cerró en Avengers. Es hora de pegar un salto de los grossos, para retomar cuando Marvel empiece a recopilar en softcover la etapa de Jonathan Hickman, que me inspira más confianza.
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miércoles, 22 de mayo de 2013
22/ 05: AVENGERS Vol.2
Hace 10 años, cuando se editó este TPB, Marvel ya tenía la extraña costumbre de renumerar sus colecciones de libros cada vez que las series cambiaban de autor. O sea que este es el Vol.2 de los Avengers de Geoff Johns y ofrece siete episodios escritos por mi doppleganger, que tuvo la difícil tarea de hacerse cargo de esta serie cuando se bajó el maestro Kurt Busiek. El Vol.1 lo leí hace mil años y no me acuerdo casi nada. Lo importante es que no creo que ni por casualidad me haya gustado tanto como me gustó esta saga.
Pero no nos apresuremos: antes de que se inicie el arco que da nombre al tomo (Red Zone), tenemos un unitario muy tenso, muy jugoso, centrado en Falcon (que levanta mucha chapa) y Henry Peter Gyrich, el eterno rosquero, siempre en la fina cornisa entre la lealtad y la traición hacia los Avengers. Está dibujado por un temprano Ivan Reis, al que le faltaba soltarse más en las expresiones faciales, pero ya deslumbraba con su impactante manejo de la anatomía, su sentido dramático en la composición y los infinitos trucos para dibujar pocos fondos sin que esto haga demasiado ruido.
Ahora sí, vamos a la saga central, que está bastante estirada, pero se la banca muchísimo. Johns aprovecha a la perfección el clima de paranoia post-11 de Septiembre y mantiene muy bien oculto el secreto del villano encubierto, al que yo no me vi venir hasta que ya fue muy obvio. Por supuesto, no lo voy a nombrar para no cagarle la sorpresa al que todavía no leyó este material, que estuvo largos años descatalogado y ahora se vuelve a editar. Red Zone es un arco raro, porque el peligro es muy grosso, muy palpable y realmente letal. Los Avengers tienen que parar a una nube tóxica que mata a quienes la respiran y a la vez averiguar quién y por qué creó semejante aberración, y quién la dejó escapar de donde estaba guardada. El tema es que, mientras se resuelve este misterio... no hay contra quién pelear! Así es como en tres de los seis episodios de Red Zone... no vuela una sóla trompada! Ni un rayo de Iron Man, ni nada. Los héroes usan sus poderes, pero para tratar de contener a la nube y alejarla de la gente, que busca refugio desesperadamente.
Y en los episodios en los que sí hay machaca, el Capi, Falcon y Iron Man cobrarán de lo lindo y Black Panther demostrará su infinita grossitud al ganarle al villano a puño limpio, con la jerarquía de los grandes y una manito de los pájaros amigos de Falcon. Por el lado de la ayuda a los damnificados por la nube, Scarlet Witch se lucirá con su ya imposible nivel de poder y Warbird con su habilidad táctica, que le valdrá los elogios del por entonces presidente de los EEUU, el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush, que acá no hace de villano, pero sí de boludo que llega tarde a todo. Y de mentiroso, porque promete eliminar los armamentos químicos, cosa que nunca hizo. Bah, por ahí en el Universo Marvel sí lo hizo... El resto de los personajes (Vision, Ant-Man y Jack of Hearts) están completamente pintados al óleo, y Wasp, que ocupa el primer plano en la majestuosa portada de J.G. Jones, adentro no aparece ni en una sóla viñeta.
Salvo ese unitario de Ivan Reis, todo el resto está dibujado por el francés Olivier Coipel, que venía de romperla en la Legión. Acá da varios pasos para atrás: su estilo –personal y muy atractivo- se ve poco, como si Coipel quisiera ocultar su identidad gráfica, para parecerse mucho a Jim Lee y Travis Charest, dos dibujantes muy inferiores al francés. Tampoco logra algo que le salía muy bien en Legion, que era darle rasgos faciales distintos a TODOS los personajes. Acá, excepto la Visión, todos los varones tienen la misma cara y los diferenciás por las máscaras o el color de la piel. Las heroínas también, parecen todas hermanas gemelas. Lo demás está muy bien: no hay tropiezos en la narrativa, las páginas de muchas viñetas están muy bien armadas, hay buenas coreografías para las escenas de acción, los fondos están copiados de las fotos (no son fotos retocadas) y cuando no están, se nota poco. Igual esto alcanzó para que Coipel se hiciera ídolo indiscutido en Marvel y no laburara nunca más para ninguna otra editorial.
Me queda sin leer el final de la etapa de Geoff Johns en Avengers, un tercer tomo (que me saluda desde la repisa) en la que mi clon promete explorar la extraña transformación que sufre She-Hulk en este tomo. Veremos cómo remata su paso por esta serie, que para mí es muy importante porque, de ahí en más, todo lo que leí de los Avengers me pareció chotísimo. Ahora estoy tentado de retomar con Jonathan Hickman, pero hasta hace unos meses, para mí Avengers terminaba con el último número de Johns. Que por ahí es una gloria y por ahí me decepciona. No sé, porque nunca lo leí...
Pero no nos apresuremos: antes de que se inicie el arco que da nombre al tomo (Red Zone), tenemos un unitario muy tenso, muy jugoso, centrado en Falcon (que levanta mucha chapa) y Henry Peter Gyrich, el eterno rosquero, siempre en la fina cornisa entre la lealtad y la traición hacia los Avengers. Está dibujado por un temprano Ivan Reis, al que le faltaba soltarse más en las expresiones faciales, pero ya deslumbraba con su impactante manejo de la anatomía, su sentido dramático en la composición y los infinitos trucos para dibujar pocos fondos sin que esto haga demasiado ruido.
Ahora sí, vamos a la saga central, que está bastante estirada, pero se la banca muchísimo. Johns aprovecha a la perfección el clima de paranoia post-11 de Septiembre y mantiene muy bien oculto el secreto del villano encubierto, al que yo no me vi venir hasta que ya fue muy obvio. Por supuesto, no lo voy a nombrar para no cagarle la sorpresa al que todavía no leyó este material, que estuvo largos años descatalogado y ahora se vuelve a editar. Red Zone es un arco raro, porque el peligro es muy grosso, muy palpable y realmente letal. Los Avengers tienen que parar a una nube tóxica que mata a quienes la respiran y a la vez averiguar quién y por qué creó semejante aberración, y quién la dejó escapar de donde estaba guardada. El tema es que, mientras se resuelve este misterio... no hay contra quién pelear! Así es como en tres de los seis episodios de Red Zone... no vuela una sóla trompada! Ni un rayo de Iron Man, ni nada. Los héroes usan sus poderes, pero para tratar de contener a la nube y alejarla de la gente, que busca refugio desesperadamente.
Y en los episodios en los que sí hay machaca, el Capi, Falcon y Iron Man cobrarán de lo lindo y Black Panther demostrará su infinita grossitud al ganarle al villano a puño limpio, con la jerarquía de los grandes y una manito de los pájaros amigos de Falcon. Por el lado de la ayuda a los damnificados por la nube, Scarlet Witch se lucirá con su ya imposible nivel de poder y Warbird con su habilidad táctica, que le valdrá los elogios del por entonces presidente de los EEUU, el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush, que acá no hace de villano, pero sí de boludo que llega tarde a todo. Y de mentiroso, porque promete eliminar los armamentos químicos, cosa que nunca hizo. Bah, por ahí en el Universo Marvel sí lo hizo... El resto de los personajes (Vision, Ant-Man y Jack of Hearts) están completamente pintados al óleo, y Wasp, que ocupa el primer plano en la majestuosa portada de J.G. Jones, adentro no aparece ni en una sóla viñeta.
Salvo ese unitario de Ivan Reis, todo el resto está dibujado por el francés Olivier Coipel, que venía de romperla en la Legión. Acá da varios pasos para atrás: su estilo –personal y muy atractivo- se ve poco, como si Coipel quisiera ocultar su identidad gráfica, para parecerse mucho a Jim Lee y Travis Charest, dos dibujantes muy inferiores al francés. Tampoco logra algo que le salía muy bien en Legion, que era darle rasgos faciales distintos a TODOS los personajes. Acá, excepto la Visión, todos los varones tienen la misma cara y los diferenciás por las máscaras o el color de la piel. Las heroínas también, parecen todas hermanas gemelas. Lo demás está muy bien: no hay tropiezos en la narrativa, las páginas de muchas viñetas están muy bien armadas, hay buenas coreografías para las escenas de acción, los fondos están copiados de las fotos (no son fotos retocadas) y cuando no están, se nota poco. Igual esto alcanzó para que Coipel se hiciera ídolo indiscutido en Marvel y no laburara nunca más para ninguna otra editorial.
Me queda sin leer el final de la etapa de Geoff Johns en Avengers, un tercer tomo (que me saluda desde la repisa) en la que mi clon promete explorar la extraña transformación que sufre She-Hulk en este tomo. Veremos cómo remata su paso por esta serie, que para mí es muy importante porque, de ahí en más, todo lo que leí de los Avengers me pareció chotísimo. Ahora estoy tentado de retomar con Jonathan Hickman, pero hasta hace unos meses, para mí Avengers terminaba con el último número de Johns. Que por ahí es una gloria y por ahí me decepciona. No sé, porque nunca lo leí...
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lunes, 23 de abril de 2012
23/ 04: AVENGERS, LA PELICULA
¿Te acordás qué hice yo el último lunes de Abril de 2011? Fui al pre-estreno de la peli de Thor. ¿Y hoy? Lo mismo, pero de los Avengers.
Como siempre, caí al cine sin tener demasiada idea de quiénes actuaban, quién dirgía, quién escribió el guión, sin ver los trailers... No hay forma de que estas películas me emocionen como para seguir la previa, el día a día, esa cuenta regresiva cuasi-eterna hacia el día del “sensacional estreno”. La experiencia dice que si llego con bajas expectativas me voy más contento del cine y esta vez se aplica la regla general.
Me reconfortó enterarme (no hoy, sino hace un mes, ponele) que el director era Joss Whedon. Nunca fui fan de Buffy, ni vi siquiera sus otras series, pero sé que los fans lo consideran un director muy afín al comic, y sus tomos de Astonishing X-Men me parecieron entre muy buenos y excelentes. Whedon metió muchísima mano en el guión (se nota todo el tiempo) y eso hace que los 142 minutos que hay que fumarse adentro del cine sean una inversión menos riesgosa que la de los productores que le metieron 220 palos verdes a este tanque. Experto en diálogos brillantes y momentos intimistas, Whedon se puso al frente de una película que redefine el concepto de “blockbuster”. Al lado de Avengers, cualquier otra peli de Hollywood supuestamente grandilocuente, repleta de machaca y efectos especiales, parece una de esas pelis argentinas de chicos que toman cerveza y hablan de minas sentados en el cordón de la vereda.
No quiero contar el argumento y no sé cómo hacerlo. Por ahí ya sabés que todo gira en torno a Loki, quien viene a Midgard a chorearse el cubo ese que tenía HYDRA en la peli del Capitán América. ¿Para qué lo quiere? Para abrir un portal interestelar y habilitarle una hermosa invasión a la Tierra a una raza de guerreros alienígenas (unos Predator del Nacional B) con cuyo líder Loki tiene una linda runfla. SHIELD (que hasta ahora viene usufructuando el cubo en su propio beneficio) lo quiere recuperar y con la excusa de que fue birlado por un tipo un toquecito poderoso, Nick Fury y los suyos se ponen las pilas para reunir a todos los muchachos pulentosos que aparecieron en las pelis anteriores. Por supuesto, al principio todos desconfían de todos, vuelan unas cuantas trompadas entre los buenos, y después se impone el concepto de equipo, que lleva a los Avengers a la victoria.
¿Qué no hay en la peli? Historia de amor, por suerte, ni media. Otros héroes, o pistas de que estén por aparecer otros héroes, tampoco. Son los del afiche: Iron Man, Thor, el Capi, Hulk, Black Widow, Hawkeye y Nick Fury (que casi no entra en combate). Sí tenemos una última secuencia en la que el líder de la invasión alienígena resulta ser un vasallo de un villano mucho más heavy, que –sospecho- hará de las suyas en una eventual secuela. No lo quiero nombrar: que alcance con decir que al lado de este pibe, Videla gana el Nobel de la Paz.
¿Y qué sobra? Primero, machaca. Nunca viste tanta acción en una peli de superhéroes. Ni tanta destrucción, tantas cosas que se rompen o explotan. Se podría haber contado lo mismo rompiendo menos cosas y revoleando menos trompadas (aunque algunas son memorables). Sobran los buenos diálogos (hay chistes para reirse a carcajadas). Y sobran los actores. Gwyneth Paltrow, exquisita los tres o cuatro minutos que aparece. Mark Ruffalo (a quien nunca había visto), me pareció un capo y su Bruce Banner me recontra-convenció. Tom Hiddleston (Loki) está mejor que en la peli de Thor. Samuel L. Jackson, glorioso. Y Robert Downey Jr. se sigue superando a sí mismo. El día que no quiera hacer más películas de Iron Man, hay que tirar la armadura a la basura, porque sin él abajo, se desploma.
Tarea pendiente para la secuela: que tenga un poquito más de peso Thor (el único que no protagoniza una secuencia definitiva, icónica, de esas que le dan infinita chapa a los personajes) y reforzar el plantel de héroes, porque van a luchar contra un hijo de puta que a Hawkeye y a la Widow se los morfa en 15 segundos, como si fueran bizcochitos Don Satur. Y asegurarse de que Whedon se quede. No lo suelten por nada del mundo. Este tipo entiende a los personajes, sabe adaptarlos a un universo más “real” y ya demostró que con tiempo y presupuesto puede detonar la pantalla grande en una hecatombe de acción, machaca y efectos que va a ser difícil de olvidar para los fans de los superhéroes.
Ah! Y nadie dice “Avengers Assemble!”.
Como siempre, caí al cine sin tener demasiada idea de quiénes actuaban, quién dirgía, quién escribió el guión, sin ver los trailers... No hay forma de que estas películas me emocionen como para seguir la previa, el día a día, esa cuenta regresiva cuasi-eterna hacia el día del “sensacional estreno”. La experiencia dice que si llego con bajas expectativas me voy más contento del cine y esta vez se aplica la regla general.
Me reconfortó enterarme (no hoy, sino hace un mes, ponele) que el director era Joss Whedon. Nunca fui fan de Buffy, ni vi siquiera sus otras series, pero sé que los fans lo consideran un director muy afín al comic, y sus tomos de Astonishing X-Men me parecieron entre muy buenos y excelentes. Whedon metió muchísima mano en el guión (se nota todo el tiempo) y eso hace que los 142 minutos que hay que fumarse adentro del cine sean una inversión menos riesgosa que la de los productores que le metieron 220 palos verdes a este tanque. Experto en diálogos brillantes y momentos intimistas, Whedon se puso al frente de una película que redefine el concepto de “blockbuster”. Al lado de Avengers, cualquier otra peli de Hollywood supuestamente grandilocuente, repleta de machaca y efectos especiales, parece una de esas pelis argentinas de chicos que toman cerveza y hablan de minas sentados en el cordón de la vereda.
No quiero contar el argumento y no sé cómo hacerlo. Por ahí ya sabés que todo gira en torno a Loki, quien viene a Midgard a chorearse el cubo ese que tenía HYDRA en la peli del Capitán América. ¿Para qué lo quiere? Para abrir un portal interestelar y habilitarle una hermosa invasión a la Tierra a una raza de guerreros alienígenas (unos Predator del Nacional B) con cuyo líder Loki tiene una linda runfla. SHIELD (que hasta ahora viene usufructuando el cubo en su propio beneficio) lo quiere recuperar y con la excusa de que fue birlado por un tipo un toquecito poderoso, Nick Fury y los suyos se ponen las pilas para reunir a todos los muchachos pulentosos que aparecieron en las pelis anteriores. Por supuesto, al principio todos desconfían de todos, vuelan unas cuantas trompadas entre los buenos, y después se impone el concepto de equipo, que lleva a los Avengers a la victoria.
¿Qué no hay en la peli? Historia de amor, por suerte, ni media. Otros héroes, o pistas de que estén por aparecer otros héroes, tampoco. Son los del afiche: Iron Man, Thor, el Capi, Hulk, Black Widow, Hawkeye y Nick Fury (que casi no entra en combate). Sí tenemos una última secuencia en la que el líder de la invasión alienígena resulta ser un vasallo de un villano mucho más heavy, que –sospecho- hará de las suyas en una eventual secuela. No lo quiero nombrar: que alcance con decir que al lado de este pibe, Videla gana el Nobel de la Paz.
¿Y qué sobra? Primero, machaca. Nunca viste tanta acción en una peli de superhéroes. Ni tanta destrucción, tantas cosas que se rompen o explotan. Se podría haber contado lo mismo rompiendo menos cosas y revoleando menos trompadas (aunque algunas son memorables). Sobran los buenos diálogos (hay chistes para reirse a carcajadas). Y sobran los actores. Gwyneth Paltrow, exquisita los tres o cuatro minutos que aparece. Mark Ruffalo (a quien nunca había visto), me pareció un capo y su Bruce Banner me recontra-convenció. Tom Hiddleston (Loki) está mejor que en la peli de Thor. Samuel L. Jackson, glorioso. Y Robert Downey Jr. se sigue superando a sí mismo. El día que no quiera hacer más películas de Iron Man, hay que tirar la armadura a la basura, porque sin él abajo, se desploma.
Tarea pendiente para la secuela: que tenga un poquito más de peso Thor (el único que no protagoniza una secuencia definitiva, icónica, de esas que le dan infinita chapa a los personajes) y reforzar el plantel de héroes, porque van a luchar contra un hijo de puta que a Hawkeye y a la Widow se los morfa en 15 segundos, como si fueran bizcochitos Don Satur. Y asegurarse de que Whedon se quede. No lo suelten por nada del mundo. Este tipo entiende a los personajes, sabe adaptarlos a un universo más “real” y ya demostró que con tiempo y presupuesto puede detonar la pantalla grande en una hecatombe de acción, machaca y efectos que va a ser difícil de olvidar para los fans de los superhéroes.
Ah! Y nadie dice “Avengers Assemble!”.
viernes, 20 de enero de 2012
20/ 01: AVENGERS FOREVER
Y te quedan esos consuelos pelotudos... Avengers Forever, que es pochoclo puro, con el logo grandote de la principal franquicia de Marvel, con la mega-banca de Disney y una peli a punto de estrenarse en todo el mundo... tampoco se edita ni se conoce demasiado en Argentina! O sea, tenemos una industria editorial totalmente subdesarrollada, pero parejo, para todos lados. Si es un clásico no se edita, si ganó muchos premios afuera tampoco, si es de autores europeos tampoco, si es de DC tampoco, si es de Marvel pero de hace 12-13 años tampoco. Así estamos.
Urgente una aclaración: esto es pochoclo, pero de gran calidad. Le sobra un numerito, ponele, y el resto es todo muy atractivo, muy disfrutable y está muy bien pensado y mejor ejecutado. No lo pongo al nivel de la saga de Dark Phoenix, ni mamado, pero es mil veces mejor que JLA/ Avengers, por poner otro ejemplo de saga grandilocuente escrita por Kurt Busiek. La única mentira que no le creo a Avengers Forever es que es una historia grossa en sí misma, más allá de que conozcas o no la historia de los Avengers, Kang, Immortus y los 153.672 kilombos temporales, dimensionales y hasta de continuidad con los que se meten (magistralmente, por cierto) Busiek y Roger Stern, quien se suma ya iniciada la serie para darle una mano. Las vueltas que encuentran para explicar todo son brillantes, la erudición geek que demuestran es pasmosa y encima todo está integrado a una historia que te atrapa, que te tiene tenso hasta el final. Pero no jodamos: si este es tu primer comic de Avengers, dudo que logres pasar del segundo episodio, porque enseguida te va a caer la ficha de que están todos cagándose de risa de un chiste que no conocés y que nadie te explica. Es cierto, cada tanto hay una página que dice a qué comics hace referencia Busiek en cada viñeta. Pero no te vas a poner a buscarlos uno por uno (son cientos) mientras leés Avengers Forever... ni aunque estés tan hecho mierda como para tenerlos todos en tu casa.
¿Qué hacés, entonces? Confías. Suponés que Busiek y Stern (responsables de dos de las mejores etapas en la ilustre historia de los Avengers) no te van a estafar, no se van a limpiar el culo con Stan Lee, Roy Thomas, Steve Englehart, John Byrne y los demás autores grossos que los precedieron. Los van a leer, los van a reinterpretar y de las historias viejas van a sacar ideas nuevas. Incluso van a explicar bien cosas que en su momento no se explicaron, o se explicaron mal. ¿Importa que en 1999 Busiek explique una contradicción que tres geeks descubrieron en un comic de 1974? No sé si importa, pero seguro suma. Eso es lo mejor que tiene Avengers Forever: cuenta una historia copada, que va para adelante, que no resigna desarrollo de personajes ni mucho menos machaca (hasta la Supreme Intelligence entra en acción!), siembra plots a futuro y al mismo tiempo pasa en limpio un montón de cosas turbias, borrosas, fruto de tantos años en los que tanta gente mete mano en creaciones que no son suyas, sino de una empresa. Cada tanto alguien tiene que hacerlo y el maestro Busiek demostró que no se necesitan reboots, ni realidades paralelas, ni pactos con Mephisto.
Si esto se hubiese publicado en DC, se llamaría Crisis on Infinite Timelines. De hecho, el glorioso Carlos Pacheco rinde tributo muchas veces a lo largo de los 12 episodios a las proezas que hiciera George Perez en Crisis on Infinite Earths. Acá es donde Pacheco se termina de consagrar como uno de los tres o cuatro mejores dibujantes de superhéroes que hay hoy en el mercado. Cuerpos en acción, expresiones faciales, fondos, combates entre centenares de personajes, momentos tranquis, todo cobra vida de la mano de Pacheco y todo se hace espectacular sin llegar a ser estridente y sin obstaculizar la lectura, sin opacar la complejidad de la trama. Un laburo realmente impresionante del prócer gaditano.
Hacía mucho que no reseñaba un comic de Marvel, pero me puse las pilas y –aprovechando las vacaciones- me bajé en menos de un día esta voluminosa e impactante epopeya vengadoril. La había leído cuando salió en comic-books, pero realmente no recordaba que estuviera tan buena.
Urgente una aclaración: esto es pochoclo, pero de gran calidad. Le sobra un numerito, ponele, y el resto es todo muy atractivo, muy disfrutable y está muy bien pensado y mejor ejecutado. No lo pongo al nivel de la saga de Dark Phoenix, ni mamado, pero es mil veces mejor que JLA/ Avengers, por poner otro ejemplo de saga grandilocuente escrita por Kurt Busiek. La única mentira que no le creo a Avengers Forever es que es una historia grossa en sí misma, más allá de que conozcas o no la historia de los Avengers, Kang, Immortus y los 153.672 kilombos temporales, dimensionales y hasta de continuidad con los que se meten (magistralmente, por cierto) Busiek y Roger Stern, quien se suma ya iniciada la serie para darle una mano. Las vueltas que encuentran para explicar todo son brillantes, la erudición geek que demuestran es pasmosa y encima todo está integrado a una historia que te atrapa, que te tiene tenso hasta el final. Pero no jodamos: si este es tu primer comic de Avengers, dudo que logres pasar del segundo episodio, porque enseguida te va a caer la ficha de que están todos cagándose de risa de un chiste que no conocés y que nadie te explica. Es cierto, cada tanto hay una página que dice a qué comics hace referencia Busiek en cada viñeta. Pero no te vas a poner a buscarlos uno por uno (son cientos) mientras leés Avengers Forever... ni aunque estés tan hecho mierda como para tenerlos todos en tu casa.
¿Qué hacés, entonces? Confías. Suponés que Busiek y Stern (responsables de dos de las mejores etapas en la ilustre historia de los Avengers) no te van a estafar, no se van a limpiar el culo con Stan Lee, Roy Thomas, Steve Englehart, John Byrne y los demás autores grossos que los precedieron. Los van a leer, los van a reinterpretar y de las historias viejas van a sacar ideas nuevas. Incluso van a explicar bien cosas que en su momento no se explicaron, o se explicaron mal. ¿Importa que en 1999 Busiek explique una contradicción que tres geeks descubrieron en un comic de 1974? No sé si importa, pero seguro suma. Eso es lo mejor que tiene Avengers Forever: cuenta una historia copada, que va para adelante, que no resigna desarrollo de personajes ni mucho menos machaca (hasta la Supreme Intelligence entra en acción!), siembra plots a futuro y al mismo tiempo pasa en limpio un montón de cosas turbias, borrosas, fruto de tantos años en los que tanta gente mete mano en creaciones que no son suyas, sino de una empresa. Cada tanto alguien tiene que hacerlo y el maestro Busiek demostró que no se necesitan reboots, ni realidades paralelas, ni pactos con Mephisto.
Si esto se hubiese publicado en DC, se llamaría Crisis on Infinite Timelines. De hecho, el glorioso Carlos Pacheco rinde tributo muchas veces a lo largo de los 12 episodios a las proezas que hiciera George Perez en Crisis on Infinite Earths. Acá es donde Pacheco se termina de consagrar como uno de los tres o cuatro mejores dibujantes de superhéroes que hay hoy en el mercado. Cuerpos en acción, expresiones faciales, fondos, combates entre centenares de personajes, momentos tranquis, todo cobra vida de la mano de Pacheco y todo se hace espectacular sin llegar a ser estridente y sin obstaculizar la lectura, sin opacar la complejidad de la trama. Un laburo realmente impresionante del prócer gaditano.
Hacía mucho que no reseñaba un comic de Marvel, pero me puse las pilas y –aprovechando las vacaciones- me bajé en menos de un día esta voluminosa e impactante epopeya vengadoril. La había leído cuando salió en comic-books, pero realmente no recordaba que estuviera tan buena.
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