Días muy felices en materia de lecturas. La verdad que me topé con dos maravillas del Noveno Arte. Veamos.
Diagnósticos recopila seis historias cortas escritas por Diego Agrimbau y dibujadas por Lucas Varela, publicadas muy de a puchitos en la Fierro, entre 2008 y 2013. Como libro, esto es una garcha atómica, porque son apenas 47 páginas de historieta metidas en un libro de 72, repletas de carátulas magníficamente dibujadas por Varela, pero que si no estuvieran, la lectura no sería en absoluto menos satisfactoria y el producto sería mucho más barato. Para 72 páginas, faltaban por lo menos dos historietas más (o sea, dos años más, al ritmo que se produjeron estas seis).
Por suerte, las seis historietas son muy buenas y algunas incluso son excelentes, verdaderas cátedras de narrativa dibujada. Cuando lo tenés a Varela así de afilado, dispuesto a dibujar todo a ese nivel, te podés tirar tranquilamente a chanta con los guiones y la horda igual te va a comprar el libro. Sin embargo Agrimbau sube la apuesta TODO el tiempo. Arranca tranqui, con Agnosia, una historieta pensada para el lucimiento del dibujante. Y al toque te tira Claustrofobia, donde Varela se debe haber vuelto LOCO para plasmar en imágenes el desafío formal que propone el guión. Sinestesia es una historieta más “tradicional” si se quiere, pero no menos intensa ni atrapante que las anteriores. Afasia es mi favorita, la más jugada, la más perfecta, donde se ve de modo más claro la fusión molecular entre guión y dibujo, donde más cuesta imaginar que hay dos autores y no uno. Akinetopsia es la que menos me atrapó, a pesar de que gráficamente Varela prueba cosas loquísimas que le salen bárbaro. Y la última, Prosopagnosia, tiene un planteo tan bizarro y te genera tanta intriga desde el guión, que ahí el dibujo se ajusta (de nuevo) a un canon más clásico, con menos margen para la experimentación. Otra historieta memorable, que se te queda impregnada en las retinas mucho después de cerrar el libro.
Por suerte Diego y Lucas siguieron trabajando juntos y aún hoy siguen generando nuevos proyectos. Las historietas que integran Diagnósticos son brillantes… y además son sólo el principio en la ilustre historia de una dupla destinada a romper con todo. No te digo que son los Lennon y McCartney de la historieta argentina actual, pero casi. Son dos bestias que tienen un talento y un manejo del lenguaje del comic que no se ve todos los días ni por casualidad, ni acá ni en ningún otro país. Un orgullo, bah.
Me voy a 2015, cuando Marvel publica el cuarto y último TPB de los que recopilan la etapa de Matt Fraction y David Ajá al frente de Hawkeye. Y sí, la dupla banca hasta el final la patriada de crear un comic que –sin salir del mainstream- no se parezca nada al resto de los comics que se publicaban en su momento. En algún momento, los conflictos se resuelven por medio de la violencia y ganan los buenos. Esas son todas las concesiones que Fraction está dispuesto a hacer.
El resto es idiosincracia pura. Episodios enteros en los que no vuela ni un sopapo, un número en el que el foco está puesto en un dibujo animado (con el gran Chris Eliopoulos como dibujante invitado), una construcción pausada de un personaje (Barney Barton) que tendrá mucho peso en el desenlace, diálogos jugosos, escenas mudas impresionantes y la sensación inconfundible de estar leyendo una historieta novedosa, rupturista, adulta más allá de que transcurra en un universo donde medio mundo tiene superpoderes.
Se nota mucho que Fraction y Ajá se divertían haciendo este comic. Se desafiaban, tiraban tacos, caños, lujos. Tardaron muchísimo en realizar apenas 22 números (muchos de ellos sin participación del dibujante español) porque se colgaban buscando la vuelta rara, el truquito narrativo que nunca le habíamos visto hacer a nadie… y el resultado es realmente formidable.
Grossos también Matt Hollingsworth, cuya magia cromática le aporta muchísimo a una faz gráfica repleta de originalidad, y el tano Francesco Francavilla, que dibuja, entinta y colorea un episodio clave, profundo, emotivo, difícil de olvidar. Si no te genera un rechazo conceptual leer comics de Marvel, donde el protagonista es un miembro de los Avengers, acá te vas a encontrar 22 episodios coronados de gloria por dos autores empecinados en cagar a flechazos a cualquier prejuicio o preconcepto que traigas.
Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas.
Mostrando entradas con la etiqueta David Ajá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Ajá. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de febrero de 2018
viernes, 10 de octubre de 2014
10/ 10: HAWKEYE Vol.2
Hacía bastante que no leía nada de Marvel, pero acá estoy, con el segundo tomo de una serie cuyo debut me dejó infinitamente cebado. Matt Fraction se plantea contarnos la vida cotidiana de Hawkeye, lo que hace en sus ratos libres, cuando no está combatiendo junto a los Avengers. Y sí, a veces no le queda otra que mostrar peleas de buenos contra malos, pero en la gran mayoría de las historias los conflictos pasan por otro lado. Una inundación, líos de polleras, antenas y cables que andan para el orto… un montón de problemas que no se solucionan tirando flechas con una puntería asombrosa.
Pero hay algo más loco. A Fraction no le alcanza con no hacer énfasis en Hawkeye como héroe. También sube la apuesta cuando decide no indagar en la personalidad de Clint Barton, no aprovechar estas no-aventuras para que el personaje se replantee quién es y por qué hace tantos años que hace lo que hace. Si caés en esta serie totalmente virgen de Hawkeye, no te va a ser fácil describir la personalidad del protagonista. Fraction nos lo muestra como un tipo normal, ni siquiera demasiado altruista, que se mete en kilombos con bastante frecuencia, e incluso a su propio pesar. Y ya está. No se debaten sus motivaciones, sus posiciones éticas, su relación con los otros Avengers… Todo eso Fraction lo da por sabido. Y paradójicamente, cuando se decide a meterse a fondo en la psiquis de un personaje, a explorar a fondo su origen, su motivación y demás, lo hace con un villano, en una historia fuerte, sumamente interesante, casi un Killing Joke, porque es probable que de acá surja ESE enemigo grosso que Hawkeye nunca tuvo en los 50 años que lleva militando en el Universo Marvel.
Entre tantas apuestas arriesgadas, este tomo incluye el ya mítico n°11, esas 20 páginas memorables narradas íntegramente por Pizza Dog (o Lucky), el perro que vive con Clint y Kate. Eso no se puede describir, hay que verlo por uno mismo, porque realmente es increíble. Es un experimento formal zarpado y de demoledora efectividad, que requiere un ingenio en la concepción y un talento en la ejecución de los que uno no asocia con la historieta mainstream “por kilo”, ni mucho menos con un guionista que escribe tres o cuatro de estas series todos los meses.
El final de ese episodio parece crucial para la serie, porque marca el alejamiento de un personaje hasta el momento central (no quiero dar detalles para no spoilear), pero lo realmente definitivo acá es el trabajo de David Ajá en la faceta visual. Esto es historieta, pero también es diseño gráfico. Es pensar a fondo en la representación, en la espacialidad, en complejas metáforas para mostrarnos la “realidad” desde la óptica de un personaje (el perro) que se comunica, se mueve y razona de modo muy distinto a nosotros y a los seres humanos que pueblan las historietas de Marvel. Ajá desparrama su jerarquía (y sus influencias, que van del mejor David Mazzucchelli al Guido Crépax más vanguardista) por casi todos los episodios reunidos en este tomo y logra que Hawkeye tenga la identidad gráfica que casi ningún otro comic americano tiene. Ves… una página, tres viñetas, y ya está, ya sabés que sólo se puede tratar del Hawkeye de Fraction y Ajá. En el episodio centrado en el villano, Ajá descansa y lo reemplaza otro capo, Francesco Francavilla, con una onda totalmente distinta en el grafismo, en los enfoques, en la puesta en página y hasta en el tratamiento del color, porque el tano se colorea a sí mismo con una paleta que no tiene nada que ver con la que usa el gran Matt Hollingsworth para colorear las páginas de Ajá.
Predeciblemente, y a pesar de las excelentes críticas que recibió y los premios que ganó, esta serie se terminó prematuramente, luego de sólo 22 episodios. Era bastante lógico, porque era un enfoque muy atípico, difícil de bancar en el largo plazo, y con una impronta autoral tan fuerte que si Fraction o Ajá decidían bajarse para dedicarse a otra cosa, lo más razonable era ponerle fin a la serie. Así que me falta la segunda mitad, que espero sea tan grossa como esta, con esta calidad tan apabullante en los diálogos y en el dibujo y con esta originalidad a la hora de plantear historias más cercanas a lo cotidiano, al barrio, a la vida “puertas adentro” de un paladín de la justicia.
Pero hay algo más loco. A Fraction no le alcanza con no hacer énfasis en Hawkeye como héroe. También sube la apuesta cuando decide no indagar en la personalidad de Clint Barton, no aprovechar estas no-aventuras para que el personaje se replantee quién es y por qué hace tantos años que hace lo que hace. Si caés en esta serie totalmente virgen de Hawkeye, no te va a ser fácil describir la personalidad del protagonista. Fraction nos lo muestra como un tipo normal, ni siquiera demasiado altruista, que se mete en kilombos con bastante frecuencia, e incluso a su propio pesar. Y ya está. No se debaten sus motivaciones, sus posiciones éticas, su relación con los otros Avengers… Todo eso Fraction lo da por sabido. Y paradójicamente, cuando se decide a meterse a fondo en la psiquis de un personaje, a explorar a fondo su origen, su motivación y demás, lo hace con un villano, en una historia fuerte, sumamente interesante, casi un Killing Joke, porque es probable que de acá surja ESE enemigo grosso que Hawkeye nunca tuvo en los 50 años que lleva militando en el Universo Marvel.
Entre tantas apuestas arriesgadas, este tomo incluye el ya mítico n°11, esas 20 páginas memorables narradas íntegramente por Pizza Dog (o Lucky), el perro que vive con Clint y Kate. Eso no se puede describir, hay que verlo por uno mismo, porque realmente es increíble. Es un experimento formal zarpado y de demoledora efectividad, que requiere un ingenio en la concepción y un talento en la ejecución de los que uno no asocia con la historieta mainstream “por kilo”, ni mucho menos con un guionista que escribe tres o cuatro de estas series todos los meses.
El final de ese episodio parece crucial para la serie, porque marca el alejamiento de un personaje hasta el momento central (no quiero dar detalles para no spoilear), pero lo realmente definitivo acá es el trabajo de David Ajá en la faceta visual. Esto es historieta, pero también es diseño gráfico. Es pensar a fondo en la representación, en la espacialidad, en complejas metáforas para mostrarnos la “realidad” desde la óptica de un personaje (el perro) que se comunica, se mueve y razona de modo muy distinto a nosotros y a los seres humanos que pueblan las historietas de Marvel. Ajá desparrama su jerarquía (y sus influencias, que van del mejor David Mazzucchelli al Guido Crépax más vanguardista) por casi todos los episodios reunidos en este tomo y logra que Hawkeye tenga la identidad gráfica que casi ningún otro comic americano tiene. Ves… una página, tres viñetas, y ya está, ya sabés que sólo se puede tratar del Hawkeye de Fraction y Ajá. En el episodio centrado en el villano, Ajá descansa y lo reemplaza otro capo, Francesco Francavilla, con una onda totalmente distinta en el grafismo, en los enfoques, en la puesta en página y hasta en el tratamiento del color, porque el tano se colorea a sí mismo con una paleta que no tiene nada que ver con la que usa el gran Matt Hollingsworth para colorear las páginas de Ajá.
Predeciblemente, y a pesar de las excelentes críticas que recibió y los premios que ganó, esta serie se terminó prematuramente, luego de sólo 22 episodios. Era bastante lógico, porque era un enfoque muy atípico, difícil de bancar en el largo plazo, y con una impronta autoral tan fuerte que si Fraction o Ajá decidían bajarse para dedicarse a otra cosa, lo más razonable era ponerle fin a la serie. Así que me falta la segunda mitad, que espero sea tan grossa como esta, con esta calidad tan apabullante en los diálogos y en el dibujo y con esta originalidad a la hora de plantear historias más cercanas a lo cotidiano, al barrio, a la vida “puertas adentro” de un paladín de la justicia.
Etiquetas:
David Ajá,
Hawkeye,
Marvel,
Matt Fraction
domingo, 8 de junio de 2014
08/ 06: HAWKEYE Vol.1
Al igual que me pasó ayer con Ardalén, encaré esta lectura con altísimas expectactivas, porque es material que se editó en 2012 y durante 2013 no paró de cosechar excelentes críticas y premios importantísimos. Por otro lado, hace muy poquito me crucé con el primer tomo de Matt Fraction al frente de Fantastic Four, y me convenció hasta por ahí nomás. Con lo cual uno no puede evitar preguntarse si Fraction es realmente un monstruo de inmenso talento (como vimos en Casanova) o un guionista un tanto limitado, al que ciertas camisetas “de club grande” le pesan demasiado.
En Hawkeye, a Fraction lo ponen a dirigir un club chico, un equipo que ascendió a Primera de casualidad, porque a alguien se le ocurrió ponerlo en la película más taquillera de la década. Y por lo menos en este primer TPB, parece tener tanta libertad, tanta luz verde para hacer lo que se le cante, como en su serie creator-owned. Lo más atractivo de Hawkeye es claramente el enfoque, todo lo que Fraction hace (y lo que no hace) para que esto no se lea como el típico comic de superhéroes, sino como algo único, muy original y con una impronta autoral que rara vez se ve en el mainstream. Las historias en sí están muy bien. Las tres primeras, que son autoconclusivas, son obras maestras, verdaderas gemas repletas de trucos narrativos brillantes, diálogos y bloques de texto afiladísimos, secuencias mudas impresionantes, buenas ideas... papa extremadamente fina. Y la historia en dos partes se torna un poquito más predecible, se inscribe un poquito más en la tónica habitual del comic yanki de acción y aventuras, pero también tiene momentos muy notables y diálogos realmente ingeniosos.
El libro termina con un one-shot de Young Avengers, en el que Fraction dedica 22 páginas a darle mucha onda y mucha profundidad a Kate Bishop, la chica que tomó el manto de Hawkeye cuando todos creían que Clint Barton estaba muerto. Kate es, hasta ahora, el único personaje secundario con peso en esta serie, así que es una gran idea incluir esta historia, para que los que nunca leyeron Young Avengers se familiaricen con ella y entiendan de dónde sacó chapa para ser la nueva Hawkeye. Además, esta es la única verdadera no-aventura, la única historia sin malos, sin peleas, donde todo se basa en las relaciones y en los mini-conflictos entre Kate, los otros héroes adolescentes y el propio Clint.
Es muy loco que para dibujar una historia de tono casi intimista hayan elegido a un maestro de los comics de machaca como es Alan Davis, pero bueno, una vez más el prócer demuestra que la rompe en todas partes, de local, de visitante, con héroes clásicos, con héroes nuevos, e incluso en una historia muy hablada, donde la acción casi no tiene peso. Un gran trabajo de un Davis que sigue mejorando con los años. La historia de dos partes está a cargo de Javier Pulido, a quien ya vimos en varios trabajos anteriores, y está muy bien. Tiene mucho ritmo, un gran poder de síntesis y una narrativa ajustadísima.
Y la paponga, lo más impactante, lo más interesante a nivel gráfico, está en los tres primeros unitarios, a cargo del maestro David Ajá. Cuando nos lo cruzamos (junto a Fraction, también) en aquel TPB de Iron Fist que leí el 17/03/10, Ajá ya era buenísimo. Ahora es mucho mejor. El español me devastó con su estilo austero, adusto, cercano al David Mazzucchelli de los ´80. También con su anti-virtuosismo, con su manejo del claroscuro y sobre todo con los riesgos que asume a la hora de planificar las secuencias. Acá es donde Ajá realmente la rompe: se nota que estudió a los maestros argentinos y europeos, entre ellos a Guido Crépax (a priori difícil de mezclar con un género como el de los superhéroes), y por supuesto a grandes narradores gráficos yankis como Jim Steranko, Howard Chaykin y Matt Wagner. Por si faltara algo, Matt Hollingsworth complementa a la perfección los dibujos de Ajá, con una paleta en la que predominan los violetas y que le sirve para subrayar que Hawkeye es un comic enrolado en una corriente distinta, que le escapa a la estridencia en lugar de abrazarla.
Si querés probar con una mirada distinta a los justicieros enmascarados, en la que la vida, las relaciones, las peleas y hasta la propia ciudad de Nueva York están vistas y contadas de un modo totalmente atípico, no dudes en apuntarle tus flechas a Hawkeye. Y si sos fan de Fraction o de Ajá, preparate para disfrutarlos en un nivel altísimo, merecedor de las fabulosas críticas que suele recibir esta serie.
En Hawkeye, a Fraction lo ponen a dirigir un club chico, un equipo que ascendió a Primera de casualidad, porque a alguien se le ocurrió ponerlo en la película más taquillera de la década. Y por lo menos en este primer TPB, parece tener tanta libertad, tanta luz verde para hacer lo que se le cante, como en su serie creator-owned. Lo más atractivo de Hawkeye es claramente el enfoque, todo lo que Fraction hace (y lo que no hace) para que esto no se lea como el típico comic de superhéroes, sino como algo único, muy original y con una impronta autoral que rara vez se ve en el mainstream. Las historias en sí están muy bien. Las tres primeras, que son autoconclusivas, son obras maestras, verdaderas gemas repletas de trucos narrativos brillantes, diálogos y bloques de texto afiladísimos, secuencias mudas impresionantes, buenas ideas... papa extremadamente fina. Y la historia en dos partes se torna un poquito más predecible, se inscribe un poquito más en la tónica habitual del comic yanki de acción y aventuras, pero también tiene momentos muy notables y diálogos realmente ingeniosos.
El libro termina con un one-shot de Young Avengers, en el que Fraction dedica 22 páginas a darle mucha onda y mucha profundidad a Kate Bishop, la chica que tomó el manto de Hawkeye cuando todos creían que Clint Barton estaba muerto. Kate es, hasta ahora, el único personaje secundario con peso en esta serie, así que es una gran idea incluir esta historia, para que los que nunca leyeron Young Avengers se familiaricen con ella y entiendan de dónde sacó chapa para ser la nueva Hawkeye. Además, esta es la única verdadera no-aventura, la única historia sin malos, sin peleas, donde todo se basa en las relaciones y en los mini-conflictos entre Kate, los otros héroes adolescentes y el propio Clint.
Es muy loco que para dibujar una historia de tono casi intimista hayan elegido a un maestro de los comics de machaca como es Alan Davis, pero bueno, una vez más el prócer demuestra que la rompe en todas partes, de local, de visitante, con héroes clásicos, con héroes nuevos, e incluso en una historia muy hablada, donde la acción casi no tiene peso. Un gran trabajo de un Davis que sigue mejorando con los años. La historia de dos partes está a cargo de Javier Pulido, a quien ya vimos en varios trabajos anteriores, y está muy bien. Tiene mucho ritmo, un gran poder de síntesis y una narrativa ajustadísima.
Y la paponga, lo más impactante, lo más interesante a nivel gráfico, está en los tres primeros unitarios, a cargo del maestro David Ajá. Cuando nos lo cruzamos (junto a Fraction, también) en aquel TPB de Iron Fist que leí el 17/03/10, Ajá ya era buenísimo. Ahora es mucho mejor. El español me devastó con su estilo austero, adusto, cercano al David Mazzucchelli de los ´80. También con su anti-virtuosismo, con su manejo del claroscuro y sobre todo con los riesgos que asume a la hora de planificar las secuencias. Acá es donde Ajá realmente la rompe: se nota que estudió a los maestros argentinos y europeos, entre ellos a Guido Crépax (a priori difícil de mezclar con un género como el de los superhéroes), y por supuesto a grandes narradores gráficos yankis como Jim Steranko, Howard Chaykin y Matt Wagner. Por si faltara algo, Matt Hollingsworth complementa a la perfección los dibujos de Ajá, con una paleta en la que predominan los violetas y que le sirve para subrayar que Hawkeye es un comic enrolado en una corriente distinta, que le escapa a la estridencia en lugar de abrazarla.
Si querés probar con una mirada distinta a los justicieros enmascarados, en la que la vida, las relaciones, las peleas y hasta la propia ciudad de Nueva York están vistas y contadas de un modo totalmente atípico, no dudes en apuntarle tus flechas a Hawkeye. Y si sos fan de Fraction o de Ajá, preparate para disfrutarlos en un nivel altísimo, merecedor de las fabulosas críticas que suele recibir esta serie.
Etiquetas:
David Ajá,
Hawkeye,
Marvel,
Matt Fraction
miércoles, 17 de marzo de 2010
17/ 03: IMMORTAL IRON FIST Vol.2

Hasta que lo agarraron Ed Brubaker y Matt Fraction en 2006, Iron Fist era un personaje decididamente menor, con una hinchada chiquita pero fiel y las suficientes limitaciones como para que eso fuera así, forever. Pero los muchachos le encontraron una vuelta muy piola, que fue convertir a Danny Rand en un legacy hero, como The Phantom, o decenas de héroes de DC. Así, Danny dejó de ser Iron Fist y pasó a ser el Iron Fist de la época actual, lo cual habilitó una catarata de revelaciones shockeantes acerca de los antecesores de Danny y de los sacudones que le pegó cada uno de ellos al status quo de la legendaria ciudad mística de K’un Lun. Con esto, el maestro Brubaker y el pulpo Fraction llenaron un muy lindo primer arco, donde además conocimos a David Ajá, un dibujante español de trazo oscuro, adusto, militante de la anti- grandilocuencia y con gran manejo de los climas.
El segundo arco arranca con otra revelación escalofriante: K’un Lun es una de las siete ciudades capitales del Cielo. Una vez cada 88 años, las siete ciudades se intersectan en el plano místico para formar una única ciudad. Entre distintos festejos, se celebra un Torneo de Artes Marciales donde los campeones de las siete ciudades se enfrentan entre sí. “La puta madre –dije yo- En el tomo anterior me convirtieron a Iron Fist en un comic de DC y ahora me lo quieren convertir en Dragon Ball!”. Encima los luchadores tiran golpes especiales… con nombres, como los de los Caballeros del Zodíaco! Por suerte, el torneo no es lo fundamental, sino que sirve apenas para presentarnos a las Armas Inmortales, los campeones de las siete ciudades, a los que Brubaker y Fraction tendrán la gentileza de dejar sueltos por el Universo Marvel al final de este tomo (y de su etapa en la serie, que también termina acá), como para que otros autores los puedan volver a usar.
Los plots centrales son básicamente dos: un plan de HYDRA para hacer mierda a las siete ciudades de un saque, y una runfla política que termina en revolución y que va a cambiar para siempre la relación entre los distintos Iron Fist y la ciudad de K’un Lun. En el medio encaja un Annual (con majestuosos dibujos de Howard Chaykin y Dan Brereton) en el que Danny se escapa de los festejos para viajar a Francia, donde conseguirá más data sobre los Iron Fist anteriores y sobre las otras Armas Inmortales, e intercalado con la saga central, tenemos un extenso flashback a la juventud (y entrenamiento) de Wendell Rand, el padre de Danny.
Las dos líneas argumentales son lo suficientemente ambiciosas como para que los autores metan no menos de seis personajes nuevos, no menos de tres villanos a los que Danny ya había enfrentado antes, y de colados en la fiesta, el elenco completo de la clásica Power Man & Iron Fist: Luke Cage, Misty Knight y Coleen Wing. Y como si esto fuera poco, todo se resuelve coherentemente, sin soluciones mágicas ni finales precipitados. Sumémosle algunos diálogos muy ingeniosos, y vamos a tener algo que no es una obra maestra, pero sí está muy por encima de la bóñiga por kilo con la que se suelen llenar hoy en día las series mensuales de Marvel y DC.
El capricho pelotudo de pre-publicar esta saga en formato de revista mensual es el responsable de que una porción considerable del tomo no cuente con los dibujos de Ajá, sistemáticamente reemplazado por una amplia rotación de suplentes (algunos muy buenos, como Javier Pulido). Artes marciales, intrigas palaciegas, batallas multitudinarias a todo o nada, personajes carismáticos, malos infinitamente turros y legados teñidos de misterio se combinan en estas 236 páginas para darle un cierre memorable al paso de Brubaker por la vida de Iron Fist. Fraction se quedará un par de episodios más y luego la serie decaerá en manos de otros autores hasta desaparecer a mediados de 2009. Pero este tomo y el anterior quedan, y quedan allá arriba, entre las sagas que vale la pena releer varias veces.
Etiquetas:
David Ajá,
Ed Brubaker,
Iron Fist,
Marvel,
Matt Fraction
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



