el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 24 de agosto de 2019

SABADO PRIMAVERAL

El clima en Buenos Aires sigue cambiando abruptamente, como el discurso de los pseudo-periodistas que durante casi cuatro años vivieron de la pauta de un gobierno que –felizmente- se empieza a despedir.
Lo que no cambia es que sigo leyendo muy buen material, en este caso en perfecto desorden. El Vol.2 de FF de Jonathan Hickman va entre el Vol.1 de esa serie (lo vimos en 12/01/17) y el Vol.5 de Fantastic Four (reseñado mucho antes, el 08/02/14). Pero bueno, si te gusta Hickman ya estás acostumbrado a que las cosas nunca son sencillas. Estamos en 2012, en el medio de una saga sumamente compleja, en la época en la que supuestamente Johnny Storm estaba muerto y la revista del cuarteto pasa a llamarse FF, siglas también de la Future Foundation.
El TPB incluye seis episodios, de los cuales dos consisten básicamente en traer de regreso a Black Bolt, a quien había boleteado el maestro Dan Abnett poco tiempo antes, en el épico desenlace de War of the Kings. Hickman tiene planes zarpados para los Inhumans, los Kree y demás actores del plano cósmico de Marvel, y para eso Black Bolt tiene que estar. Pero además, el hincha de River nos suma al High Evolutionary, Ronan the Accuser, la Supreme Intelligence (con flashbacks a algo que sucedió ¡30.000 años en el pasado!), Annihilus, el Dr. Doom, Diablo, el Thinker, el Wizard, el maestro Nathaniel Richards (ya está, si tenés leído un poquito de Marvel ya sabés que cuando entra en escena Nathaniel Richards todo se complica y se retuerce a niveles descomunales), varios Reed Richards de realidades paralelas y al final, un ejército de unos 40 superhéroes que combina a Avengers, X-Men y rejuntados variopintos. Con todo esto, Hickman arma un guiso potente, espeso, condimentado con diálogos excelentes y una atención asombrosa por la caracterización de cada miembro de este cuasi-infinito elenco. Pero no te lo podés comer en este TPB. Todo esto es la previa a algo mucho más complejo y grandilocuente, que ya vimos y disfrutamos en el Vol.5 de Fantastic Four.
En cuanto a los dibujantes, muy bueno lo de Greg Tocchini (el que mejor se entiende con el colorista Paul Mounts), muy sólido aunque por ahí demasiado dark lo de Steve Epting (no lo veo mucho para una serie como esta, de ciencia-ficción “brainy”), y muy correcto como siempre lo de Barry Kitson, al que en el último episodio le meten mano como cuatro o cinco entintadores. Un disparate.
¿Hay más FF de Hickman? Sí, pero es esa segunda serie que va a avanzar (durante un tiempo) en paralelo a Fantastic Four. ¿Me ceba? Sí, pero para comprarla sólo cuando la encuentre en oferta, no para pagarla fortunas. Aguante Hickman, a esta altura un prócer casi infalible.
Salto a Uruguay, donde este año se publicó el recopila-
torio de Garra en Viñetas, una historieta cómica que se publica semanal-
mente en el periódico deportivo Garra, con guiones de Rodolfo Santullo y dibujos de Guillermo Hansz (el mismo equipo de El Club de los Ilustres). La historieta repasa en tono de joda las noticias deportivas de cada semana, con énfasis en las actuaciones de la selección uruguaya y los equipos grandes del futbol local con sede en Montevideo (Nacional, Peñarol y algún otro).
Lo mejor: el dibujo de Hansz es un heredero directo de la mejor tradición franco-belga y en su trazo vive la magia de Morris y André Franquin. Maravilloso, de punta a punta. Y las semanas en las que Hansz va al banco de suplentes, entra Max Aguirre, que también la descose.
Lo interesante: Santullo logra que veamos todas estas noticias de la semana a través del prisma de tres personajes carismáticos, con un buen grado de delirio y frescura, más una dosis justa de mala leche para leer con ojo crítico las oscuras maniobras dirigenciales y empresariales que suelen manchar a la pelota.
Lo medio choto: La gran mayoría de las historietas pierden por lo menos una parte de su gracia leídas en otra coyuntura. Para el lector que no es uruguayo, que no se emociona ni con bolsos ni con manyas y que accede a este material más de un año después de que Santullo y sus dibujantes lo produjeran, no todos los chistes resultan graciosos, ni todas las situaciones resultan atractivas, ni todas las polémicas resultan candentes.
Lo inaceptable: el color. No sé quién decidió colorear los dibujos de Hansz de esa manera bestial, pero merece morir en un penal de máxima seguridad, rodeado de asesinos y violadores que conviertan a su vida en un infierno. Esto en blanco y negro sería mil veces mejor, y con un buen color sería infinitamente mejor. Coloreado así, requiere un estómago de acero para ser tragado.
Recomiendo mucho Garra en Viñetas a los fans del futbol uruguayo (el “fúbol”, como le dicen en el paisito), o a los junkies de Rodolfo Santullo (me incluyo en esta categoría) que quieren acopiar toda la obra de este guionista prolífico y versátil, al que vemos obtener buenos resultados en los géneros más diversos y en las canchas más difíciles. Vamo´arriba la Celeste.

Y nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

domingo, 1 de febrero de 2015

01/ 02: EL CLUB DE LOS ILUSTRES Vol.2

Uh, me compliqué la vida gratis… Terminé de leer este tomito y todo, absolutamente todo lo que se me ocurría para comentar en la reseña, ya lo había comentado el 23/03/14, cuando me tocó reseñar el Vol.1. Obviamente recomiendo repasar ese texto, pero ¿y este? ¿Con qué carajo lo lleno?
Del dibujo no puedo decir ni media palabra, porque Guillermo Hansz no se mueve un milímetro de los lineamientos estilísticos trazados en la primera aventura de El Club… Y el guión de Rodolfo Santullo tiene una estructura bastante similar al del vol.1, con la diferencia de que acá, en vez de formar al equipo, hay que reunirlo. Lo cierto es que entre que se vuelven a juntar los protagonistas, se revela quiénes son los villanos y se explicita de modo más o menos claro cuál es la amenaza que deberán combatir los Ilustres, ya estamos en la página 40, y son 72.
El resto, muy parecido al Vol.1, con un equilibrio muy logrado entre acción, intriga palaciega y comedia, y con un aprovechamiento muy inteligente de las posibilidades que ofrece la época en la que está ambientada la trama, que es el año 1914. Los diálogos de Santullo ostentan su característico filo, las personalidades de los Ilustres contribuyen a ese esgrima verbal tan certero, y además hay un notable trabajo de caracterización para Lorenzo LaTorre, el villano de esta historia.
No mucho más para agregar. Simplemente la satisfacción de saber que la primera historia de esta especie de League of Extraordinary Gentlemen uruguaya despertó el interés de un número de lectores suficiente como para que Santullo y Hansz pudieran continuar con la serie y obsequiarnos otras 72 páginas de muy buen entretenimiento.

domingo, 23 de marzo de 2014

23/ 03: EL CLUB DE LOS ILUSTRES

Retomo mis habituales paseos por la historieta latinoamericana actual y arranco por Uruguay, para encontrarme con una extraña creación del prolífico guionista Rodolfo Santullo, esta vez junto al dibujante Guillermo Hansz (quien lo acompañara en el unitario que vimos en la Antología Zombi).
El Club de los Ilustres respeta casi religiosamente la consigna de The League of Extraordinary Gentlemen. Es una aventura clásica, ambientada a fines del Siglo XIX, con protagonistas a los que el lector (uruguayo) ya conoce a la perfección, y con un elemento novedoso: los héroes y villanos no son personajes de ficción, sino hombres y mujeres que existieron en la realidad, no tomados de la literatura uruguaya, sino de la historia del país hermano. Una vez más, un guionista charrúa nos invita a leer historietas con los libros de historia a mano, sobre todo a los que –como yo- desconocemos bastante la materia. De la decena de personajes con los que juega Santullo, yo sólo conocía a uno de los héroes y al villano más grosso, al que se revela casi sobre el final de la obra.
Por suerte, el dato de que estos personajes existieron en la realidad (y más o menos en la misma época) es casi anecdótico. No hace falta conocer la vida y la obra de José Pedro Varela para engancharse con la historia, ni para entender por qué cada uno de estos tipos hace lo que hace. Por encima del guiño al conoisseur, está la aventura, que funciona muy bien y te atrapa desde el principio, aunque no tengas la más puta idea de quién es Delmira Agustini. Santullo te la presenta suscintamente como una mina audaz, corajuda y con muchos recursos, y ya está. Con eso alcanza y sobra para entender todo lo que va a hacer Delmira en la historieta.
La aventura en sí es bastante más light que las de los Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O´Neill, en parte porque Santullo la desarrolla (con introducción, nudo y desenlace) en menos de 75 páginas, y porque hay un clima más distendido, más festivo. Lo que está en juego no es moco de pavo (los héroes tendrán que desactivar una conjura que planea derrocar al presidente Cuestas mediante un golpe de estado), pero el tono de la obra deja margen para varios diálogos claramente en joda y unas cuantas situaciones más cómicas, de esas que metían Hergé o Franquin a modo de respiro, de recreo, en el medio de las trepidantes aventuras de Tintín o Spirou.
La referencia a Spirou sirve también para hablar del dibujo de Guillermo Hansz, claramente influenciado por el del maestro André Franquin. Como esto está pensado para blanco y negro, la mancha, la pincelada y hasta la laguna de tinta tienen mucho más peso gráfico que en cualquier álbum de Spirou. Sin embargo, los personajes se ven y se mueven de un modo muy similar a los de Franquin: Manos grandes, orejas enormes, cabezas un toque desproporcionadas para que se luzcan más las expresiones faciales, piernas flaquitas, pies largos y un lenguaje corporal siempre cercano a la pantomima, siempre propenso a la exageración con fines humorísticos. En este estilo, Hansz logra una performance muy notable, con un gran criterio para la narrativa, mucha versatilidad en la planificación y el armado de las páginas (en Spirou jamás vimos el truco de acentuar el impacto de ciertas imágenes mediante la eliminación de los marcos de las viñetas, entre otros recursos que despliega Hansz). Además está muy bien recreado el período histórico y sobre todo hay mucho énfasis por parte del dibujante en respetar y subrayar el clima de “es una aventura a todo o nada, pero no por eso hay que tomársela demasiado en serio” que claramente transmite el guión de Santullo.
Si no le entrás con altísimas pretensiones, el combo que te ofrece El Club de los Ilustres funciona muy bien. No es un comic fundamental como The League of Extraordinary Gentlemen, pero es un entretenimiento dignísimo, con un muy buen ritmo, diálogos muy ingeniosos y una atención muy especial puesta en la diversión. La idea de Santullo y Hansz es que -aunque no seas un erudito, incluso aunque seas una bestia cuadrada que no sabe ni siquiera quién es Horacio Quiroga- la pases bien, te sientas involucrado en este relato steampunkero de buenos y malos. Por suerte, esta meta se cumple con creces, tanto que me dieron ganas de googlear los nombres de los personajes que no conocía, a ver quién carajo eran y de dónde sacaron la chapa para ser considerados “ilustres” por los autores de este comic...