Una vez más me toca adentrarme en esta voluminosa antología, con una novedad interesante: el coordinador invitado para esta edición es el maestro Jeff Smith. La mano de Smith se nota mucho en la selección, principalmente en la ausencia de los “números puestos” del palo Indie. No están los Hermanos Hernández, ni Charles Burns, ni Jim Woodring, ni Daniel Clowes, ni Chris Ware, ni ninguno de los que parecieran tener alquilado un espacio en esta antología anual. Veamos qué eligió el creador de Bone para este tomo, en el que llama la atención el amplio porcentaje ocupado por autoras de sexo femenino.
Dos de ellas, Alison Bechdel y Faith Erin Hicks, participan con fragmentos de novelas gráficas ya reseñadas en el blog, así que no vamos a ahondar en eso. Sophie Goldstein me sorprendió con una historia corta muy rara, dibujada en un estilo muy interesante, de algún modo similar al de los trabajos de los ´90 de James Kochalka. Coleen Doran, ya veterana, aporta un segmento de su novela gráfica Gone to Amerikay, escrita por Derek McCullouch, que me dejó con ganas de leer más, sobre todo por el dibujo, que es majestuoso. Otra grossa con mucha trayectoria encima, Jill Thompson, aporta una historia corta de los Beasts of Burden, la serie que (de vez en cuando) dibuja para Dark Horse, con guiones del gran Evan Dorkin. La historia no es genial, pero el dibujo la recontra-rompe. Leela Corman también ofrece un fragmento de una obra más extensa, pero la verdad que no me pude enganchar con el relato por lo flojo que me pareció el dibujo.
Una gratísima sorpresa fue Eleanor Davis, que aporta una excelente historia corta, muy original y muy bien dibujada. Lo mismo se aplica a otra joven revelación, Laura Park, esta con un estilo más cercano al de Seth, con unas aguadas muy lindas y un perfecto manejo de la narrativa. Kate Beaton, a esta altura una habitué de esta antología, dibuja muy, muy bien, pero lo que tiene para contar peca de simplón y de intrascendente. Jennifer Hayden juega, en apenas dos paginitas, a contar una breve anécdota autobiográfica, y a dibujar en un estilo casi clonado el de Joann Sfar. Nada del otro mundo, realmente. Gabrielle Bell, otra que juega de local en este seleccionado, sigue en busca de su estilo y esta vez, si bien opta por un dibujo más crudo, más “desangelado”, se luce con un guión cautivante y un gran manejo del tiempo narrativo. Y cierro la “rama femenina” con Vanessa Davis, exquisita dibujante de una línea afín a la de Richard Sala, cuya historieta queda sepultada por la grosera cantidad de texto que mete en cada viñeta, encima con una caligrafía para nada atractiva. Una pena.
¿Y los varones, qué onda? El cada vez más grosso Brandon Graham se luce con una historia corta que entra al podio de lo mejor del libro. Otra que me pareció maravillosa es la historia corta de Jesse Jacobs, a quien no conocía. Flashero y genial, quiero más obras suyas. Sam Alden, gran dibujante, gran colorista, gran planificador de secuencias mudas, fue otro descubrimiento sumamente placentero. Michael DeForge… mmmmno, seguí participando. No lo rotulo como choto, pero no me gustó. Un autor al que es obvio que Smith venera es Craig Thompson. Por eso acá hay un extracto de Habibi, la voluminosa novela gráfica del creador de Blankets. El dibujo es perfecto, la narrativa es brillante y el guión tiene más onda de la que yo imaginaba. Así que del “me interesa hasta por ahí nomás”, Habibi pasó a la lista de los comics que quiero ya. ¿Tiras autobiográficas de James Kochalka? Nah, no me jodan. Ya me fumé varias en tomos anteriores. Me causa gracia una de cada seis.
Jorge Aguirre y Rafael Rosado aportan un fragmento de una obra larga, también muy afín al palo de Bone. Muy lindo. Sammy Harkman narra muy bien, pero la historia no es gran cosa y el dibujo… zafa. Grant Snider aporta cuatro chistes de una página, muy ingeniosos. Le veo futuro. Muy notable también lo de Tony Puryear, que muestra el primer episodio de una obra larga, Concrete Park, que me interesa leer completa. Lo de Malachi Ward es casi un chiste largo, pero acierta en la narrativa, en el tono y en el dibujo. Me gustó. Derf Backderf es un dibujante extraño, con una impronta under muy fuerte. Pero narra bien y la historia (también un cachito de algo mayor) me resultó muy interesante. Terry Moore, recordado creador de Strangers in Paradise, también aporta un fragmento de una serie, centrada en un misterio sobrenatural, con muy buenos dibujos. El maestro Evan Dorkin la rompe con sus tiras cómicas y te deja pidiendo más. Michael Kupperman opta por una de terror bizarro, bastante en joda, que no me convenció demasiado. Jeremy Sorese (a quien no conocía) dibuja como los dioses una excelente historia autobiográfica centrada en el matrimonio igualitario. La de Joseph Lambert tiene un tema original y muchos hallazgos en la narrativa, pero me la bajó bastante el dibujo. Y cerramos con el genial Paul Pope, en vibrante blanco y negro, y usando documentación histórica por primera vez en su carrera (creo) para contar una historia real, ambientada en la luna en 1969.
En síntesis, una selección rara, para “romper los boletos”, con varias revelaciones impactantes y con fragmentos de muchas novelas gráficas atractivas, como para que quede claro que por ahí es donde pasa hoy la movida del buen comic de autor.
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martes, 8 de julio de 2014
miércoles, 24 de febrero de 2010
24/ 02: SHAZAM!: THE MONSTER SOCIETY OF EVIL

Uno habitualmente se queja de cómo el comic yanki no se renueva, cómo todo gira siempre alrededor de los mismos íconos gastados a los que les vienen sacando la leche hace 70 años y el 99% de las veces, el planteo es más que válido. O sea, todo bien: es una industria, hay que facturar y no se puede matar a la gallina de los huevos de oro… pero ¡70 años! 70 años es una infinidad para un personaje, por exitoso o copado que sea. Sobre todo cuando son personajes que fueron creados por tipos que no tenían ni la más mínima idea de que esos conceptos pudieran perdurar por más de 70 años. Yo creo que jamás pensaron que iban a durar… ni 20 años, pero eso ya entra en el terreno de la ciencia-ficción, o del What If…?
Lo cierto es que, muy de vez en cuando, se da ese 1% restante: una nueva versión, una nueva visión, una nueva vuelta de tuerca que, sin traicionarlo, agarra a uno de esos íconos herrumbrosos, le pega un lindo lifting, lo adapta a los nuevos tiempos y lo relanza para que lo disfrute un nuevo público. Lo que hizo Jeff Smith (el consagradísimo autor de Bone) con el mítico Captain Marvel es exactamente eso. Este es un comic de superhéroes que atrapa al mismo público al que atrapaba el Capi en los ´40 (chicos y adolescentes), con una narrativa clásica y cristalina, y un guión bastante más complejo, como para estar al nivel de lo que exigen los fans de hoy. ¿Cómo le vendés a estos fans un tigre que habla? Tranqui, Smith lo logra. ¿Y una nenita de ocho años con superpoderes, no quedará medio idiota? Tranqui, Smith te la pilotea.
El capo de Ohio se da el lujo de combinar toda la mitología fantástica de Shazam! con una sutil denuncia social, y una clara bajada de línea acerca de la peligrosa paranoia (inflada por unos pocos para lucrar) generada por los atentados del 11 de Septiembre. Nada de esto es obvio, ni desvía demasiado nuestra atención de las piñas y de las emociones que llevan adelante la trama, pero todo suma. Incluso lo que no está: No sé si Smith se da cuenta de lo piola que estuvo al resistir la tentación de meter a Black Adam. Cualquier otro autor un poco más choto, lo habría metido de una. Pero Smith se dio cuenta de que con Mr. Mind y sus monstruosos esbirros y esta novedosa y brillante versión de Sivana, había amenazas suficientes como para que los chicos Marvel se arremangaran y repartieran sopapos durante 200 páginas.
Por si te estás preguntando dónde encaja esto en la continuidad (o algo así) de DC, nada, esto no tiene nada que ver con las versiones del Capi que hayas leído antes. Ni siquiera estoy seguro de que transcurra en el Universo DC. Esto es comic de autor con personajes de la editorial, o si preferís, una especie de All-Star Shazam!, totalmente autoconclusivo y coherente sólo consigo mismo.
Del dibujo de Smith no hay mucho para decir, a esta altura del partido. Por ahí destacar la solvencia con la que nos mete en un ambientación urbana contemporánea, después de años y años de dibujar un valle perdido, con cavernas, acantilados, castillos y pueblitos de estética medieval. Visualmente, este trabajo se parece poco a Bone, pero si leíste Bone (o sea, si existís) vas a notar una cierta cadencia en la narrativa que te va a resultar extrañamente familiar. El color de Steve Hamaker también está muy bien.
Este es el equivalente comiquero del Huracán de Angel Cappa: entretenido, efectivo y bello. Y si te dejás cebar por la ternura de Billy, la nobleza del Capi y la onda de los demás personajes, te vas a sorprender emocionándote como cuando leías comics de pendejito y todo te parecía hiper-flashero. Un tiki-tiki de personajes entrañables, diálogos precisos, situaciones novedosas, secuencias logradísimas y un final más que satisfactorio. Así da gusto que nos regurgiten a un personaje del año del pedo para reversionarlo por enésima vez.
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