el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 29 de noviembre de 2017

MIERCOLES CON CALORCITO

Mientras la hinchada le da play una y otra vez al trailer de Infinity War (o al videito de la jura de Cristina en el Senado), yo me siento a escribir las reseñas de un par de libritos que ya tengo leídos.
Allá por 2000, después de varios años de trabajar en series regulares, el maestro David Lapham se decidió a probar suerte con una novela gráfica, un relato pensado desde cero con principio, desarrollo y final. El resultado fue Murder Me Dead, definido por el autor como “un relato desgarrador de amor y asesinatos”, 232 páginas en las que Lapham urde y resuelve una trama truculenta, llena de volantazos impredecibles, con personajes absolutamente tridimensionales y un clima de tensión de una densidad tan asfixiante como hipnótica.
Murder Me Dead tiene varios puntos altísimos, pero me parece que lo más logrado es el desarrollo de los dos personajes protagónicos, Steve y Tara, y el vínculo entre ellos, que a lo largo de la novela se tuerce, se contorsiona, se tensa y pega giros bizarrísimos. O no, quizás lo más destacable sea el manejo por parte de Lapham del tempo narrativo, la forma en que manipula el relato para generar climas que nos involucren en la historia, que nos pongan nerviosos, que nos hagan sufrir casi tanto como sufre el pobre Steve. Lapham trabaja con la página dividida en cuatro tiras, al estilo Hugo Pratt, y rompe ese esquema sólo en un par de momentos muy específicos, que son flashbacks a sucesos anteriores al punto en que decide iniciar el relato. Sobre esa base, emplea todo tipo de recursos (algunos claramente heredados del cine) para imponer el ritmo que él elige y para generar intriga o impacto, según lo que requiera la trama.
El dibujo nos muestra a un Lapham muy afianzado en su estilo, con un manejo sublime del blanco y negro. Mezclá a Steve Ditko con Alex Toth, agregale un toquecito de Charles Burns y por ahí va a aparecer la estética con la que Lapham dio cátedra durante años, tanto en esta obra como en Stray Bullets, el trabajo más conocido de su etapa indie. Si te atrae una historia de amor retorcida, perturbadora, con violencia, sangre, mala leche y personajes demasiado reales para ser de papel y tinta, matá a quien haga falta para conseguir Murder Me Dead.
Me vengo a Argentina para meterme (ahora sí) con una publicación de 2017. Tango Cruzado, escrito por Max Aguirre y dibujado por Sebastián Dufour, tiene una consigna tan ganchera que ofende: historias de tangueros con machaca y elementos sobrenaturales, en las que tienen roles muy destacados nada menos que Carlos Gardel y David Bowie. Chau, no me cuentes más. Tomá mi guita y dame el libro.
Aguirre te engancha rapidísimo con sus diálogos ingeniosos y afilados, con la forma en la que los elementos tangueros (tema en el que la manya lunga) se integran a la trama de suspenso y acción para potenciarla. Y cuando creés que más o menos pescás de qué va la cosa, te agrega los elementos fantásticos, que en realidad son un recurso para hablar de otra cosa, que es la construcción de los mitos. El Gardel de Tango Cruzado está en ese camino, en el de construirse a sí mismo como mito. Por eso (nos explica Estárdas) sobrevive a balazos y a episodios que a cualquier otro hombre le costarían la vida. Estárdas (fonéticamente cercano a Stardust y visualmente idéntico al Duque Blanco) ya pasó por ese trance, ya es un ser 100% sobrenatural, que toca el bandoneón para joder, para agregarle misterio a la noche tanguera de Buenos Aires o Montevideo. El resto de los personajes, oriundos de ambas orillas, no son meros testigos del periplo del Zorzal y las excentricidades de Estárdas, sino que están muy bien trabajados y resultan sumamente carismáticos. De hecho uno de los mejores momentos del libro llega cuando el foco del relato se desplaza hacia Yonli, el morocho blusero de New Orleans.
¿Qué le falta a Tango Cruzado para ser una obra maestra? En primer lugar, más páginas. Se me hizo muy corta. Después, decidirse de un modo más claro entre ser una novela gráfica o ser una sucesión de relatos episódicos hilvanados por una trama que avanza un poquito en cada uno. Pero el principal problema lo encontré en el dibujo. Sebastián Dufour es un ilustrador alucinante, con una destreza técnica digna de Carlos Nine y una audacia para resdiseñarlo todo digna del Viejo Breccia. Y sin embargo, para mi gusto, la magia que tira Dufour no contribuye al fluir del relato que propone Aguirre. Por el contrario, lo entorpece. Obliga al lector a invertir preciosos segundos en decodificar los dibujos (ah, ya sé: esto es un caballo, esa mancha es uno de los protagonistas y ese círculito blanco es la luna”) y lo desorienta, lo saca del eje de la narración, lo obliga aunque sea un instante a distanciarse de la trama para encontrarle sentido a los dibujos. Gráficamente, esto tiene una belleza y un vuelo increíbles… lástima que a nivel narrativo esa belleza y ese vuelo funcionen más como un obstáculo que como un complemento para el guión de Aguirre.
Hasta acá llegamos, por hoy. Estamos a sólo 10 entradas de lograr el objetivo de los 100 posts en 2017… y creo que vamos a llegar. La seguimos pronto!

sábado, 25 de abril de 2015

25/ 04: CONTROL DE PLAGAS

Hoy volvemos a visitar un conurbano bonaerense post-apocalíptico, pero acá no hubo una plaga de zombies tristes, sino que nuestra realidad fue invadida a través de un vórtice interdimensional por toda clase de vampiros, fantasmas, licántropos, monstruos y –por supuesto- zombies. Con reglas parecidas, la sociedad siguió funcionando, aunque siempre al borde del colapso. En ese contexto sobreviven (y facturan bastante bien) Wang y el Chino, dos duros exterminadores de monstruos y criaturas sobrenaturales que combaten a esta epidemia con huevos, ingenio y fuerza bruta, según sea el caso a resolver.
Sobre esta base, Max Aguirre y Jok crearon una serie de aventuras que combinan con mucho equilibrio la comedia, la acción y el terror. Como los guiones los escribe Aguirre (que hace años se gana la vida con el humor gráfico) los chistes muchas veces ganan la pulseada, y está bien que así sea. Me he reído muchísimo con algunos diálogos de este libro, en los que Aguirre saca a relucir su chapa de graduado summa cum laude de la Universidad de la Calle. Esa sabiduría suburbial, atorranta, le permite al guionista mirar al género del terror y sus convenciones desde una óptica muy fresca, muy impredecible y muy aguda. Y por supuesto, usa al humor para cortar climas muy espesos que se generan cuando los personajes están envueltos en kilombos mayúsculos que involucran a amenazas sobrenaturales realmente peligrosas. De hecho, a medida que pasan los episodios, Aguirre hace cada vez más hincapié en los compañeros del Chino y Wang que ya no están, que no vivieron para contarla.
O sea que, con chistes y bizarreadas, esta es una historia fuerte, con un contenido dramático insoslayable. Y con un elemento 100% cautivante como es el contrapunto entre las personalidades de Wang y el Chino, que no pueden ser más opuestas y que Aguirre explora a fondo como fuente de nuevos chistes pero también para aumentar la tensión en cada una de las misiones.
El dibujo de Jok está muy, muy bueno, totalmente jugado al claroscuro. Acá sólo hay línea, mancha y espacio. Blanco puro o negro pleno, nada más. Y con eso, Jok logra lo indecible. El único problema que le veo es que es un estilo un toquecito difícil de digerir para el que no tiene una cultura gráfica vinculada al dibujo. Se lo das a un pibe que sólo mira dibujos animados y me parece que no le va a gustar, o que le va a costar entenderlo, porque la estética de Jok requiere una cierta decodificación. Obviamente que si leíste a los maestros del claroscuro (Breccia, Muñoz, Pratt, Risso, el Miller de Sin City, el Mignola más extremo) esto te va a resultar tan familiar como atrapante, porque además Jok te engancha con la puesta en página, con la composición de la viñeta, con los detalles que mete… hasta la colocación de los globos de diálogo es impecable. No sé cómo le puede pegar esto a un neófito, pero si ya sos fan de este discípulo aventajado de Oswal, lo vas a disfrutar a pleno.
Además de las aventuras del Chino y Wang, el libro incluye 64 páginas de una especie de enciclopedia de criaturas y monstruos. Son 32 textos acerca de sendos bichos, cada uno con una ilustración de un dibujante distinto. En este segmento participan varios guionistas invitados (Rodolfo Santullo, Luciano Saracino, Federico Reggiani, Diego Cortés, Roy, Alejandro Farías, y hasta referentes del periodismo como Martín Pérez o Andrés Valenzuela, o de la literatura, como Leonardo Oyola) y 32 dibujantes, entre los que se destacan Tute, Quique Alcatena, Nicolás Brondo, Alejandra Lunik, Lauri Fernández, Carlos Aón y Horacio Lalia. Una muy linda idea para “inflar” la cantidad de páginas del libro y a la vez abrirle el juego a un montón de otros autores con algo que va mucho más allá de la remanida galería de pin-ups. Y también hay un par de pin-ups, cómo no, todos dibujados por el propio Max Aguirre, como para contraponer su visión de Wang y el Chino con la de Jok.
Control de Plagas no marca un antes y un después de nada, ni tampoco pretende hacerlo. Es un entretenimiento de muy buena calidad, pensado para hacerte pasar un buen rato, de la mano de unos guiones divertidísimos y un dibujo de notable solidez. Sin dudas vale la pena.

martes, 5 de agosto de 2014

05/08: JIM, JAM & EL OTRO Vol.3

Uh, bueno… ¿Qué agregar a lo que ya escribí sobre el Vol.2 de esta serie, allá por el 19/09/12? Que el prólogo de Max Aguirre me causó mucha gracia, quizás. El resto, sería simplemente reiterar los conceptos ya vertidos…
Esa es la cagada de tener un blog “viejo”. 55 meses de blog a cuestas significa que uno ya dijo todo lo que tenía para decir sobre un montón de cosas. Y cuando llegan nuevos tomos de las colecciones que uno sigue, a veces no es mucho lo que se puede agregar a las reseñas de los tomos anteriores. Se me dirá “¿y para qué dedicarle otra reseña a Jim, Jam y el Otro, si ya dijiste todo lo que tenías que decir sobre la historieta?”. Responderé que este blog es una bitácora, un espacio en el que dejo constancia por escrito de todo lo que leí de 2010 hasta hoy, y bueno, lo que leí esta mañana es esto, no hay más.
Recomiendo mucho Jim, Jam y el Otro. Es una serie llena de ingenio, desbordante de recursos tanto gráficos como temáticos. No todas las tiras son geniales, obviamente, pero hay muchas en las que Max Aguirre hace mucho, pero mucho más que sacar con fritas la entrega del día. Hay buenas ideas, buenas reflexiones, chistes muy efectivos, inscriptos en vetas muy diversas del humor, con muy buenos trucos narrativos. Y por si faltara algo, todo está dibujado con enorme solvencia, con un trazo muy amigable, que invita e incluye a lectores y lectoras de paladares muy diversos. El color también suma muchísimo y creo que es lo que más mejoró desde que empezó la tira hasta ahora.
Este libro publica material aparecido en el diario La Nación en 2010, así que queda material de sobra para que sigan saliendo nuevos recopilatorios. Los espero ansioso.

miércoles, 29 de mayo de 2013

29/ 05: ZITARROSA

Jamás en mi vida escuché ni un sólo tema de Alfredo Zitarrosa. No sé ni qué voz tiene. Pero bueno, sé que es un referente fundamental de la música uruguaya, con lo cual me parecía atractivo leer una biografía suya. Claro que, ni bien abro el libro, los autores se apresuran a aclararme que esto NO es una biografía, sino una colección de anécdotas, complementadas con toques de ficción. Automáticamente, mi interés retrocede dos casilleros. Por suerte, los autores no son otros que Rodolfo Santullo y Max Aguirre y ahí sí –como diría otro cantautor de izquierda al que tengo un poquito más escuchado- nos sobran los motivos para encarar bien predispuestos la lectura de estas historias.
Una vez adentro, me encuentro con que no todas las anécdotas son igual de interesantes. De las ocho, tres me parecieron buenísimas y el resto, apenas interesantes o decididamente prescindibles. De todos modos me sirvieron para: 1) conocer fragmentos de las letras de varios temas de Zitarrosa! Son muy grossas! No sé qué onda la música, pero este señor escribía muy bien. 2) dimensionar la faceta de militancia y resistencia de Zitarrosa, su compromiso político, lo mal que la pasó cuando a raíz de un golpe de estado debió dejar su querido Uruguay, y lo mucho que hizo por sus compatriotas que pasaban por el mismo predicamento que él en los distintos países donde le tocó vivir en los años oscuros. 3) disfrutar con los excelentes diálogos a los que me tiene acostumbrado Santullo. El personaje es casi una caricatura, el tipo circunspecto que fuma y escabia más de la cuenta, super-profesional a la hora de subirse al escenario y con fuertes códigos de afecto con los amigos y solidaridad con los compañeros. Las historias giran más o menos en torno a eso y al ya gastado tema de “lo mal que lo pasamos los progres cada vez que gobiernan los fachos”. Y sin embargo, los diálogos realistas, punzantes, a veces muy cómicos de Santullo, ayudan muchísimo a remarla, a ponerle chispa a las historias. 4) maravillarme con el trabajo de Max Aguirre, que no es parejo en todo el libro, pero cuando estalla amenaza con convertirse en el mejor trabajo en la vasta carrera de este virtuoso dibujante argentino.
Me quedo con lo de Aguirre: en las primeras historias arranca con muchos cuadros por página, y gradualmente baja la cantidad hasta llegar a un punto de equilibrio en el que puede meter viñetas más grandes y lucirse más. El trazo es engañoso: parece línea clara, al estilo Dupuy y Berberian, pero con unas texturas en el color y algunos rayones que parecen hechos con fibrones casi secos, que le agregan una especie de desprolijidad que queda muy bien. El episodio coprotagonizado por el Menchi Sábat abre con una viñeta espectacular y después derrapa mal. Es, claramente, el menos inspirado, en el que Max menos se jugó. El anterior, en cambio, ese en el que Max puede meter varias páginas de una sóla viñeta y muchas de dos y tres, es una cátedra absoluta, con un clima estremecedor y unas imágenes majestuosas, de esas que se te impregnan en las retinas para siempre. Y la segunda historia (cuyo planteo no me enganchó demasiado) tiene unos juegos alucinantes en la puesta en página que tenés que ser muy grosso para que se te ocurran y definitivamente un capo para que te salgan bien. Son tres páginas, nomás, pero Aguirre hace magia y convierte un diálogo pachorro (un monólogo, en realidad) en una secuencia memorable, atractiva por donde se la mire (y hay que darse cuenta por dónde mirarla).
¿Recomiendo este libro? En realidad es medio al pedo, porque fue un hitazo y se agotó muy rápido a ambos lados del río. Pero bueno, eventualmente se reeditará. En ese caso, los fans de Max Aguirre deberán abalanzarse sobre él, sin dudarlo un segundo, como si en vez de un libro fuera Scarlett Johansson en ropa interior y con un cartelito de “oferta” colgando de la chabomba. Si sos uruguayo, seguro te va a conmover. Y si sos fan de Alfredo Zitarrosa, obviamente te va a resultar una historieta 100% fundamental. A los fans del Santullo de siempre, del que se florea con clase y categoría en varios géneros cercanos a la aventura o el policial, no sé si Zitarrosa los enganchará demasiado. Me queda claro que Rodolfo se compenetró con el personaje (y con la época; no olvidemos que nació en México porque sus padres también tuvieron que exiliarse) pero varias de las anécdotas que le hace vivir al cantautor no tienen ni la fuerza ni el encanto que solemos ver en sus otras historietas.
Me quedo con una frase que una vez dijo Zitarrosa (allá por el ´83, en una entrevista que salió en Hum®) y que nunca me pude olvidar: “Que en Argentina se hable de rock nacional es como que los yankis hablen de national milong”. Polémico, el maestro...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

19/ 09: JIM, JAM & EL OTRO Vol.2

Segundo recopilato-
rio para la tira con la que Max Aguirre (uno de los auto-
res más versátiles y completos que tiene la historieta argentina) nos deleita hace casi cinco años en la con-
tratapa de La Nación.
La verdad es que, leída en libro, la tira mejora mucho. La posibilidad de leer de un saque lo que Max publica en el house organ de la oligarquía a lo largo de unos... 250 días es realmente enriquecedora, porque se aprecia mucho más el armado, la estructura, el hecho de que el autor no está viendo cada día con qué zafa ese día, sino que tiene un plan. Un plan que a veces es una pequeña historia a desarrollar en varias tiras y a veces es simplemente la intención de terminar de redondear, o de agregarle una capa más de complejidad, a alguno de los tres personajes protagónicos.
A grandes rasgos, Jim, Jam & el Otro es una tira seinfeldeana: humor costumbrista muy afilado, basado en un gran sentido de la observación y un ingenio inagotable para el juego de palabras, y mucho énfasis en la vida, las fantasías, los cuelgues, los romances y las miserias de tres tipos de treintaipico tan distintos entre sí que no se explica cómo carajo son amigos. A esa “fórmula” (por llamarla de alguna manera), Aguirre le agrega dos bizarreadas extremas, muy personales y totalmente irrepetibles.
Una le sale bárbaro y es la que consiste e intercalar las tiras ambientadas en el presente con tiras en las que los protagonistas no tienen treintaipico sino 10, y tiras en las que tienen 80. Esto abre muchísimo el juego y multiplica exponencialmente las posibilidades cómicas de la serie. La otra no me gusta para nada, me parece un artificio muy forzado, muy incómodo, muy traído de los pelos. Me refiero al hecho de que nunca sepamos quién es Jim, quién es Jam y cómo carajo se llama el Otro. Los personajes, a los que –con dos recopliatorios ya leídos- conocemos en profundidad, no tienen nombre y eso a mí no me cierra para nada. Funcionaba bien en una tira surrealista como Juan y el Preguntón (Bróccoli nunca explicó quién era Juan y quién el Preguntón), pero acá hace demasiado ruido. Ni siquiera los personajes secundarios que se suman en este tomo (el gato, las novias del narigón y el pelado, el sobrino del de los pelos parados) tienen nombre. Supongo que a Max eso le debe parecer muy gracioso. A mí, ni un poquito.
Por suerte, fuera de ese detalle, a la tira le sobran argumentos para hacernos reir, sonreir y pensar. Y como si eso fuera poco, está el valor agregado de un dibujo sólido, sin fisuras, donde se ve el talento de Aguirre para dibujar de todo: calles, subtes, cines, plazas, detalles en la vestimenta, en los muebles, cabecitas que hablan, cuerpos que se mueven, mini-tiras que pasan por abajo de la tira principal, y todo con mucha onda, con mucha imaginación y con un estilo muy reader-friendly, casi “delicado”, muy accesible para el que no sabe nada de historieta y cree que las tiras de los diarios no son historietas, sino “chistes”.
Cuando manejás perfectamente el timing de la comedia, el único impedimento que te podés encontrar para bancar una tira cómica 365 días al año es que no se te ocurran situaciones graciosas. Pero al agregar cada tanto personajes nuevos y al permitirse explorar en paralelo la niñez y la vejez de su “protagonista tripartito” (como define el autor a los personajes centrales de la tira), Max Aguirre cultivó un campo virtualmente inagotable de situaciones ricas y novedosas para jugar, divertirse y hacer que nosotros también nos divirtamos. Ojalá que Pictus -la nueva editorial que acogió a este trío tras aquel ya lejano paso por Sudamericana- le apueste fuerte a los recopilatorios y pronto podamos leer material de los años más recientes.

sábado, 15 de octubre de 2011

15/ 10: ALINA Y AROLDO Vol.1


El mes pasado le dimos muchísima bola a la historieta argentina y aún así quedan varios lanzamientos del último invierno por reseñar. Uno de ellos es este recopilatorio de Alina y Aroldo, la historieta de Max Aguirre que sale todas las semanas en Billiken.
A diferencia de lo que vimos en Fuerza Mosca, la gente de Pictus decidió mantener esta historieta en su formato cuadrado, tal como se publica en la Billiken, que –andá a saber por qué- genera historietas en cajas cuadradas. Pictus ya tenía un comic en este mismo formato (el de Fede y Tomate, que reseñamos el 23/3 de este año) y Alina y Aroldo calzó justo ahí, sin agregarle ni sacarle nada.
Lo que más llama la atención es la cantidad de dibujo que hay en cada página. Muchísimas de las 44 páginas que reúne este libro tienen cuatro tiras de viñetas y cada tira tiene a su vez unas cuantas viñetas, o sea que vienen bien cargadas. Hay páginas más tranqui, donde hay menos texto y cuadros más grandes, pero en la mayoría del librito se ve un esfuerzo muy notorio de Max Aguirre por meter mucha información, mucho texto, hacer avanzar mucho el relato que iba hilvanando semana a semana. Por suerte, el autor opta por un dibujo clarito, sencillo, con pocos fondos, con un trazo menos vigoroso que el que muestra en Jim, Jam & el Otro. El dibujo está claramente pensado para acompañar a la historia, no para eclipsarla, y eso es bastante infrecuente en la historieta infantil, donde muchas veces no hay textos, o hay, pero son mínimos y con poco peso en el desarrollo de las tramas. Incluso buena parte del humor de la serie es un humor verbal, no físico, lo cual también es raro en la historieta infantil.
Acá hay algo así como una saga inicial, que abarca las primeras 30 páginas. Ahí conocemos a los personajes, se genera el contrapunto entre los protagonistas y hay un primer conflicto a resolver, para lo cual Alina y Aroldo se embarcan en un viaje que dura varias páginas y en el que se suman más personajes al elenco. Resuelto ese arco argumental, Max opta por las historias autoconclusivas, breves situaciones ya menos aventureras y más humorísticas, que se resuelven en pocas viñetas y no se continúan en la página siguiente. Por supuesto, si sos fan de las sagas más ambiciosas, más elaboradas, te va a gustar más el principio que el final del librito. No sé si esta etapa “sitcom” es apenas un paréntesis entre una aventura más larga y la siguiente, o si la serie se convierte definitivamente en lo que se ve en las últimas páginas de este tomito.
Lo que está claro es que Max Aguirre da cátedra de versatilidad y logra muy buenos resultados en un registro que no se parece en nada al que le conocíamos los seguidores de su tira en La Nación o sus historietas en Fierro. Con humor, fantasía, algo de romance y mucha magia, este referente ineludible de la historieta argentina actual le propone a una nueva generación de lectores agarrar para otro lado, jugar a otra cosa, imaginar otros mundos llenos de duendes, dragones, escobas que vuelan y gatos que hablan. Y lo hace con el mismo talento que nos regala a los grandes en sus otros trabajos. Una vez más, estamos ante un comic que podés comprar para regalarle a un niño y quedar como un duque, pero que además podés leer vos (aunque sea de keruza) para divertirte un lindo rato.