el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 15 de junio de 2024

SÁBADO A LA NOCHE

Bueno, acá estamos de nuevo con dos reseñas cortitas. Prometí más antologías de comic alternativo y/o vanguardista y acá tengo para reseñar el Vol.8 de Nosotros Somos los Muertos, el que marcó en 2003 el regreso de este proyecto creado por Pere Joan y Max, ahora en el formato de álbum europeo. Conseguí todos los números que me faltaban para completar NSLM excepto uno, pero no sé si los voy a reseñar uno por uno, para no aburrir. Básicamente, a esta entrega le encuentro un problema (menor, pero problema al fin) que es que ofrece un montón de páginas de autores norteamericanos, con historietas que o ya leí en publicaciones de EEUU o Canadá, o no leí, pero prefiero tenerlas en inglés. Fuera de eso, la selección de material de España y el resto de los países europeos está bastante bien. Descolla Miguel Brieva, con material que pertenece a su magistral serie Dinero, se luce Miguel B. Núñez con una historieta de apenas cuatro páginas demasiado buena para ser real, Paco Alcázar se dibuja todo pero la idea que desarrolla no me pareció ni tan graciosa ni tan original, me gustó muchísimo el estilo de Helge Reumann (autor alemán al que no conocía) y no me interesó para nada lo de Craig Au Yeung. Gabi Beltrán propone un ejercicio narrativo muy copado, apoyado en un dibujo simple y lindo. Darío Adanti (argento, pero radicado hace tanto tiempo en la Madre Patria, que ya lo consideramos también español) nos ofrece cuatro páginas muy raras con su personaje Cabeza de Tostadora, con ideas bizarras y unos dibujos maravillosos, y algo parecido pasa con el maestro Keko, que la rompe con los dibujos, que plantea un ritmo narrativo muy atrapante, pero que cuenta algo tan extraño, tan críptico, que no lo terminé de disfrutar. También hay varias páginas dedicadas a trabajos de ilustradores (no me siento capacitado para opinar al respecto) y esas historietas de Dave Coooper y Kaz traducidas de revistas de Fantagraphics o Drawn & Quarterly que mencionaba al principio. Cooper se come 30 de las 100 páginas que tiene la antología, lo cual me parece un toque excesivo, sobre todo porque ya conocía ese material y no me dio para leerlo de nuevo, ahora en castellano. Veremos si en los otros números encuentro algo que me diga "ah, bueno, esto se merece sí o sí una reseña en el blog", o si simplemente los leo y los guardo, como cuando consigo algún número que me falta de El Víbora o Cimoc.
Salto a EEUU, año 2018, para zambullirme en el Vol.4 de Paper Girls (vimos el Vol.3 el 05/01/23). No quiero repetir gansadas que ya dije, sobre todo del trabajo de Cliff Chiang, así que esta vez subrayo su gran talento para diseñar personajes. En este tomo se incorporan varios al elenco (algunos duran poquito), y todos tienen diseños muy cancheros, muy originales, con una onda increíble. Acá estamos en el corazón de la aventura, un pasaje de la serie en el que todo el tiempo se combinan sucesos espectaculares y revelaciones impactantes. Por algún motivo, Brian K. Vaughan se siente en la obligación de inventar explicaciones racionales para todo lo que sucede: viajes en el tiempo, desplazamientos entre distintas líneas temporales, aparición de mechas gigantes que se machacan entre ellos... todas cosas que podrían simplemente contribuir a la sensación de maravilla y de bolonki fuera de control, si no fuera porque el guionista dedica bastante espacio a explicarlas. La verdad, no sé si hacía falta. Y los diálogos en los que algunos personajes les explican a otros toda esta trama de guerra temporal quedan muy opacados frente a los otros diálogos, los que tienen que ver con charlas más naturales entre las chicas protagonistas, o con las reacciones espontáneas que generan en ellas las cosas impredecibles con las que les toca encontrarse en cada etapa de la epopeya. Lo mejor que tiene el guion de Paper Girls es ese contraste permanente entre sucesos MUY zarpados, que vienen de la mejor tradición de la literatura fantástica, y esa onda MUY natural, muy real, de personajes 100% humanos y creíbles, capaces de entablar vínculos copados (y también muy reales) en medio de este despelote cósmico. Por momentos me transmite sensaciones similares a las de El Eternauta, por esto de los personajes muy humanos, enroscados en una aventura extrema que invade sus vidas cotidianas y las da vuelta como un guante. Pero después hago memoria, y recuerdo que a las... 50, 60 páginas, Juan Salvo y sus compañeros ya actúan como un comando militar, y hablan como personajes acartonados, duros, como los de cualquier historieta de aventuras de aquella época. Acá las chicas de Vaughan y Chiang no pierden nunca la frescura, la chispa, la capacidad de sorpresa... incluso cuando se ven envueltas en situaciones muy jodidas, que sacan a la luz un costado más oscuro y más violento, que uno no asocia con pibitas de 12 años. Espero conseguir pronto y a buen precio los dos tomos que me faltan para completar Paper Girls (acepto donaciones), así me entero cómo termina esta cautivante trama y me babeo un poco más con los hermosos dibujos de Cliff Chiang. Nada más, por hoy. Muchas gracias por leer y nos reencontramos ni bien tenga más libritos para reseñar acá en el blog.

martes, 4 de julio de 2023

RECREO DE RESEÑAS

Le escapo un ratito a la esclavitud de estar todo el día dalequetedale, metido hasta el ojete en el diseño de la Comiqueando Digital, para redactar las reseñas de un par de libritos que logré leer en ratos de ocio, o en viajes en bondi. Empiezo con un libro que poca gente sabe que existe, editado en Argentina en 2002, tiempos en los que "la historia oficial" de nuestro medio dice que no se editaba historieta en este país. Este es un libro en el que el guionista Raúl Echegaray y el dibujante Ricardo Garijo (al que quizás alguno recuerde por Lomax, recopilada en libro hace no tantos años) construyen varios relatos basados en las memorias de Antonio Pedraza. Este señor era un librero y un personaje destacado de la cultura de la ciudad de Tandil, esa que nos diera varios tenistas brillantes y un presidente lamentable. El libro se llama Diario de Plaza Moreno, y aparentemente ese título también fue utilizado por Pedraza para nuclear varios cuentos y crónicas de su autoría, que tenían como punto de encuentro esta plaza de Tandil. Perdón por la extensa presentación, pero bueno, es un trabajo raro. ¿Y está bueno? El dibujo de Garijo sí, me gustó bastante. Es un dibujante recontra-clásico, con muchos recursos estilísticos. Por momentos mete esos sombreados con puntitos mínimos como hacía Solano López a principios de los ´80, a veces se juega todo a unas aguadas preciosas, otras veces extrema el claroscuro como si lo poseyera el espíritu de Alberto Breccia, y así. Sobre una base de dibujo académico clásico, el trazo de Garijo ofrece múltiples mutaciones, buena variedad de planos y enfoques y un trabajo notable en las expresiones faciales. La faz gráfica muestra un sólo punto débil, que es el rotulado, realizado con tipografías poco apropiadas, sin onda ni talento. Y por esa grieta se filtra el agua que hundirá al Titanic: los textos de Echegaray. Que no son precisamente malos, pero sí excesivamente literarios. Pareciera que el guionista se hubiera enamorado de la prosa del escritor al que le tocó adaptar a la historieta y no quisiera dejar afuera ni una palabra de las que Pedraza escribió en sus textos. Y ya sabemos que eso no garpa, que en la historieta sí o sí hay que sintetizar. Echegaray no sintetiza y eso hace que las viñetas de Garijo se vean invadidas por unos masacotes de texto que -por suerte- rara vez redundan con las imágenes, pero que le imprimen a la lectura de Diario de Plaza Moreno un ritmo que se hace duro de sobrellevar. Las historias en sí van desde anécdotas con tono costumbrista, otras con tintes sobrenaturales, algunas con algún elemento policial y una -la que más me gustó- con un perfil político, vinculado al horror de la última dictadura cívico-militar. Me imagino que si sos de Tandil, ver a tu ciudad como escenario de esas historias (las primeras ambientadas a fines del siglo XIX, la última en los años ´80), debe ser alucinante. Yo que la veo desde lejos y nunca fui a Tandil, busco otra cosa, y por momentos aparece, pero envuelta en una dinámica demasiado literaria para un comic. De todos modos, el dibujo de Ricardo Garijo (fallecido en 2009) hace que tenga sentido dedicarle un rato al libro.
En mi intento por ponerme al día con series con la que vengo remando muy de atrás, me bajé el Vol.8 de Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. La puta madre, ¡qué buena está esta serie! Cómo se disfruta el tema de que los autores puedan construir a largo plazo, sin tener que cerrar la trama cada seis números, qué bueno poder leer una aventura principal de cuatro números y después dos unitarios en los cuales revisitamos a personajes secundarios que llevaban un tiempo sin aparecer. Eso ya se ve poco en las series regulares del mercado estadounidense, y Vaughan y Staples lo hacen muy, pero muy bien. El arco principal se mete nada menos que con la temática del aborto. ¿Vale abortar, hasta cuándo se puede, dónde empieza la vida, dónde termina? Todo eso que seguramente alguna vez debatiste con amigos, pareja o familiares, en Saga se plantea de modo sumamente explícito, por supuesto en un contexto fantástico, donde existen la magia y un montón de elementos vinculados a la ciencia ficción. Lo mejor que tiene esta serie es que va a fondo, no arruga. La violencia es todo lo brutal que debe ser, los personajes que mueren no resucitan, el humor es sin barreras (hay chistes groseros de pija, concha y pedos), las escenas de sexo se presentan como algo natural, que sucede entre las personas adultas, y cuando los autores nos permiten ver lo que sueñan los personajes no es para rellenar tres o cuatro páginas, sino para ahondar en aspectos de su psiquis de una manera gráfica, que el talento de Staples convierte en un espectáculo memorable. La trama principal, la de la guerra de las galaxias entre un planeta y su luna, en este tomo no avanza un milímetro. Pero avanza lo importante, que es la construcción de estos personajes que explotan de onda, carisma y humanidad. Qué grata sorpresa ver cómo pasan los años, los autores acumulan más fama, más guita y más prestigio, y aún así ni se les ocurre tirarse a chantas y seguir con Saga en piloto automático. Acá no hay mezquindad ni especulación, hay una entrega absoluta que hace que cualquier fan de la historieta pueda entrarle a Saga y vivir emociones y sensaciones que otros comics no provocan. Llevo leídos casi 50 episodios de Saga y todos van de lo muy digno a lo apasionante, con algunos picos de genialidad. Hiper recomendable, posta. Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y ni bien pueda, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 15 de abril de 2023

HOY, TRES RESEÑAS

Cuando por fin encontré un rato para sentarme a escribir reseñas, son tres los libros ya leídos que se me acumularon. En el año 2000, el diario barcelonés El Periódico publicó a lo largo de 44 días en pleno verano boreal una tira doble (el formato que hoy utiliza Gaturro en La Nación) llamada Paula, para la cual se volvieron a juntar el guionista Xavier Roca y el genial dibujante Alfonso López, que ya habían trabajado juntos en series como Alex Cunillera (Ático Tercera). Todo el material que realizó la dupla a lo largo de ese verano reapareció en un lujoso libro de tapa dura en 2005 y yo tuve la suerte de conseguirlo el año pasado. Paula es una tira muy breve pero realmente brillante. Los autores hacen gala de un humor ácido, al hueso, que satiriza sin piedad a adolescentes (Paula tiene 18 años) y adultos, que anticipa los niveles zarpados de alienación que nos van a producir los celulares y los videojuegos, y que -sobre todo- juega con la precariedad laboral que aflige a los jóvenes españoles hace ya varias décadas. Trabajos espantosos donde los patrones te explotan sin piedad, te rajan sin indemnización cuando se les da la gana y tenés menos gratificaciones que juntando estiércol con la boca en un chiquero. Pero los pibes y pibas se quieren pagar el escabio, las salidas con chongos o los estudios, entonces van y laburan mil horas por chaucha y palito en pleno verano, en una Barcelona vital, dinámica, llena de opciones para divertirse (si las podés pagar, claro). También hay un gran elenco de personajes secundarios, amigas, padres, un noviecito... pero el tema central es ese: ya no somos nenes, tenemos que generar un ingreso a como dé lugar y las opciones son estas, una más horrenda y frustrante que la otra. Y todas pagan igual de mal. Algunas tiras te invitan más a reflexionar que a cagarte de risa, pero el tono de comedia está muy bien logrado y Roca tiene la pericia suficiente para no jugarse todas las fichas al remate en la viñeta final: a lo largo de cada uno de los breves relatos hay varios chistes en los diálogos, que funcionan muy bien. Y claro, lo que hace a Paula una lectura indispensable es el dibujo de Alfonso López, un autor al que banco a muerte y al que le compro cualquier cosa, porque lo considero uno de los más grandes historietistas que están vivos y trabajando en la actualidad. Ese pulso vital que exhibe la ciudad, ese tono de comedia, y muchos logros más que pueden apreciarse en estas 44 tiras llegan de la mano del trazo fluido, sintético y recontra-expresivo de López. Esas pinceladas sueltas, que cambian de grosor sobre la marcha y te hacen acordar todo el tiempo a Yves Chaland son apenas una de las características del inigualable dibujo de este genio. López tira unas perspectivas increíbles, unos personajes que actúan y se mueven con una gracia irrepetible y un tratamiento del color precioso (o dos, porque en las pocas entregas en las que el chiste consiste en una única viñeta, Alfonso ensaya una técnica mucho más pictórica, que le sale perfecto). No sé si esto será fácil de conseguir hoy en día, pero yo lo encontré acá, en Buenos Aires, juntando polvo en el depósito de una distribuidora. Lo recomiendo muchísimo a los fans de la comedia costumbrista y la sátira social. Y sigo militando para que más gente se haga fan de Alfonso López, capo total.
Che, ¿puede ser que el Vol.7 de Saga sea el mejor de la serie? No sé, pero creo que hasta ahora fue el que más me gustó. Acá me encuentro con Brian K. Vaughan y Fiona Staples afiladísimos, recontra asentados cada uno en su estilo, y además con la sana intención de narrar una historia de seis episodios que, si bien es parte de una serie larguísima, funciona muy bien como arco autoconclusivo, y hasta se lo podés dar a alguien que jamás leyó Saga. Hay algún que otro sub-plot que viene de arrastre de tomos anteriores, pero el núcleo de la trama está perfectamente presentado, desarrollado y resuelto en estas páginas. A lo largo de esta trepidante aventura llena de acción, tiros, espadazos, machaca y muertes tremendas de personajes a los que uno llegó a querer fuerte, Vaughan explora el tema de los refugiados políticos, de esa gente que tiene la mala suerte de vivir en un territorio que lleva décadas en medio de una guerra, y depende de la ayuda externa para sobrevivir. No hace falta irse "a long, long time ago, to a galaxy far away" para encontrar ejemplos, y Vaughan no oculta en ningún momento que está usando a estos bichos alienígenas para hablar de conflictos de los que sufren todos los días africanos, palestinos, haitianos, etc.. La crisis humanitaria generada por las guerras está en primer plano y Marko, Alana y su familia se ven interpelados por el dolor y las carencias de quienes la sufren en carne propia... mientras sigue el acoso por parte de los perseguidores que los quieren liquidar. Con todo esto y con unos diálogos magníficos, se arma un Vol.7 apasionante, tenso como el tiempo suplementario de la final contra Francia, con golpes al corazón del lector, desarrollo para un montón de personajes (principales y secundarios) y un trabajo descollante de Staples en el dibujo y el color. Tengo un tomo más de Saga en la pila de los pendientes, que ojalá esté a este mismo nivel, porque la verdad que con este tomo la pasé bárbaro. Esto es ciencia ficción de la buena, con mucho huevo, mucho corazón, sexo, puteadas, bajada de línea siempre para el lado correcto y unos dibujos de la hiper-concha de Dios. Un lujo.
Y vamos con otra saga, La Saga de los Distintos, cuya tercera entrega se titula "Reptil en el Reino de las Aves" y cuenta básicamente eso. En su trabajo más reciente (editado a fines de 2022), el inmenso Chanti nos cuenta qué pasó con la víbora a la que la gran tormenta que sacudió a Animalia desplazó a una tierra desconocida, habitada por todo tipo de pájaros. La víbora será confundida con un gusano amarillo extra-large y -lo más importante- utilizada con fines políticos por un gobierno que se da cuenta de los beneficios de tener engañada a la población. -Pará, ¿no es un comic para chicos?. Sí, pero Chanti apuesta fuerte y crea una historia acerca del oscurantismo, el engaño y la manipulación de la verdad por parte de los poderosos para expandir su poder. Un relato de una profundidad asombrosa, ágil, conmovedor y potente como pocos. El dibujo sintético, prolijito y amistoso de Chanti te puede descolocar y hacerte creer que vas a leer algo 100% humorístico, o pueril, o incluso pavote. Nada que ver. Reptil en el Reino de las Aves, además de ese dibujo exquisito y ese despliegue fascinante en la puesta en página y el armado de las secuencias, es una historieta para pensar, para abrirle la cabeza a los más chicos desde temprano. ¿Qué es la verdad? ¿La que nos baja quién? ¿Y a ese quién se la revela? ¿Y si en realidad es mentira? ¿Y si en realidad es todo una farsa para someter, excluir o discriminar a muchos en beneficio de unos pocos que quieren todo para ellos? Chanti se mete a fondo con eso: el choque entre especies tan distintas como la víbora y el cóndor es apenas una excusa para contar el choque entre relato y realidad, entre lo que los poderosos quieren que creamos y lo que efectivamente sucede. El resultado es un álbum breve (50 páginas de historieta) pero intenso, emotivo y atrevido en el mejor sentido posible: el de enseñarle a los chicos a cuestionar el discurso hegemónico. Nunca había leído La Saga de los Distintos, pero ahora la quiero completar. Si todos los álbumes son así, habría que ponerlos como lectura obligatoria en todas las escuelas del país. Y esto es todo por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

jueves, 5 de enero de 2023

TARDE DE JUEVES

Estoy arrancando dos nuevos proyectos, y como típico ansioso/ culo inquieto, hasta que empiecen a avanzar a la velocidad que uno desearía, estoy medio que camino por las paredes. ¿Con qué me relajo? Leyendo comics. Así que ya tengo otros dos libritos para comentar. Empezamos en 2017, cuando sale en Estados Unidos el Vol.3 de Paper Girls, la famosa serie de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang. Lo primero que tengo para decir es ¡qué barbaridad el dibujo de Chiang!. El tipo encontró una síntesis, se despojó de un montón de detalles que metía en su época de "quiero ser Arthur Adams pero no me da el cuero" y ese aprender a dibujar menos potenció muchísimo su trazo, lo hizo más lindo, más expresivo y más funcional al rol narrativo del dibujo. Las páginas son equilibradas, transmiten una sensación de "está todo bajo control", hay una buena variedad de planos, la acción fluye de modo absolutamente natural, la puesta en página es clásica pero no aburrida, y por supuesto el color de Matt Wilson apuntala muchísimo la labor de Chiang. Por ahí sin ser tan flashera como la de Saga, la faz visual de Paper Girls tiene todo para seducir al lector que compra comics por los dibujos. En la lectura del tomo, me pasa lo mismo que con Saga: no sé si lo que me está contando Vaughan va para algún lado o si es relleno. Me divierto, por momentos me emociono, me interesa lo que le pasa a los personajes, me copan los diálogos, logro vibrar al ritmo de las peripecias que movilizan la trama... pero desconfío un toque. ¿Todo esto tendrá un peso real en el contexto mayor de la obra? ¿O son simplemente ideas que se le ocurren al guionista para tener a las protagonistas en constante peligro, episodio tras episodio, sin más sentido que el de llenar un par de TPBs más y estirar la saga? Ya nos pasó con Y, The Last Man, donde hay arcos argumentales enteros que no aportan nada a la trama global de la obra, por eso uno duerme con un ojo abierto. Pero lo importante es que, como decía recién, la lectura es ágil y ganchera y los personajes tienen un carisma innegable. Entonces, aunque nada de todo esto conduzca a ningún punto cercano a la resolución de los conflictos centrales, se disfruta un montón. Ya veremos, cuando llegue al final, cuánto de todo este tramo "del medio" era relleno y cuánto era un sembradío de elementos dramáticos que van a resultar importantes para darle un cierre a Paper Girls. Por ahora la onda es relajarse y gozar de las locas aventuras de Mac, KJ, Tiffany y Erin, verlas crecer, tomar decisiones jodidas, sufrir, ganar, perder y buscarle la vuelta a este extraño laberinto espacio-temporal en el que están atrapadas. Me falta leer toda la segunda mitad de la obra, así que tranqui, hay Paper Girls para rato y en los tres TPBs que se vienen me esperan otros 15 episodios dibujados como los dioses por Cliff Chiang. El único detalle es que no tengo los tres libros que me faltan y no sé cuándo los voy a comprar, pero eventualmente llegarán...
Me voy a Chile, al año 2018, cuando se publica 1959, la esperada secuela de 1899. Francisco Ortega y Nelson Dániel regresan al universo que imaginaron para aquella impactante novela gráfica (ver reseña del 19/12/12) y sí, con el correr de las páginas me di cuenta de que convenía tener fresca esa "primera parte" que yo había leído más de 10 años atrás... y de la que obviamente me acordaba muy poco. De todos modos, 1959 explica bastante el contexto en el que transcurre la aventura, e incluso termina con un glosario en el que Ortega brinda muchísima información acerca de cada uno de los personajes y conceptos que aparecen en la obra. Al igual que 1899, esta secuela juega con personas que existieron en nuestra realidad, y les da nuevos roles en este universo imaginario. Esta vez los protagonistas son el Che Guevara, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y en los roles secundarios tenemos a John F. Kennedy y a Eva Perón. Pero como esto no le alcanza, Ortega nutre a la trama con personajes y conceptos tomados de ficciones de Edgar Rice Burroughs, H.P. Lovecraft, H. Rider Haggard, e incluso de sus propias ficciones, porque tenemos varias citas a Mocha Dick (la famosa novela gráfica de Ortega y Gonzalo Martínez) y a Disfrazados, una de las tantas obras 100% literarias del autor. El relato logra inquitar con su clima de permanente conspiración, donde nunca sabés quién dice la verdad y quién miente, donde todos pueden ser traidores o impostores, y eso, sumado a lo ambicioso de los conceptios fantacientíficos que pone en juego Ortega, hace que la tensión se mantenga hasta el final. Esta vez veo muy poco probable que se venga un tercer arco argumental ambientado en el "universo metahulla", porque el final de 1959 es bastante más definitivo que el de 1899. Pero cuando tenemos enfrente a un autor con la imaginación y la erudición de Ortega, es difícil descartar cualquie hipótesis. El dibujo de Nelson Dániel, sin ser demasiado original, está muy bien. El guion le exige proezas inverosímiles, decorados, criaturas, armas, naves, razas enteras, páginas bastante cargadas de texto, y Dániel sale muy bien parado de cada uno de estos desafíos. La narrativa es clara (solo se enreda cuando arma esa doble página repleta de cuadritos en la que muere Evita), la aplicación de los grises es magnífica, la acción y las expresiones faciales están bien retratadas, los monstruos y los villanos logran meter miedo y la resemblanza con las personas reales está muy bien lograda en todos los casos salvo el de Kennedy, que podría ser tranquilamente... Mel Gibson. O Sam Neill. Recomiendo esta novela gráfica sobre todo a los que la pasaron bomba con 1899, pero también a quienes se interesen por una ucronía compleja y ambiciosa, narrada en clave de aventura extrema por dos autores chilenos de primera línea. Nada más, por hoy. Muchas gracias a los que descargaron la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a quienes todavía no lo hicieron, les pido que se copen, porque con menos de lo que vale una docena de facturas, nos ayudan un montón y se llevan 212 páginas de material 100% inédito, y excelentes contenidos audiovisuales que no son los que están al alcance de todos en el sitio web o el canal de YouTube de Comiqueando. Será hasta muy pronto (creo).

jueves, 3 de noviembre de 2022

TRES DE UN SAQUE

Como no podía ser de otra manera, me abalancé sobre el Vol.2 de Crónicas de la Era Glacial para enterarme cómo termina esta epopeya creada por el maestro Jiro Taniguchi y serializada a ritmo muy lento entre 1987 y 1991. Bueno, la sorpresa es que no termina. Hay una especie de final, pero deja muchísimas puntas abiertas. El propio Taniguchi nos cuenta en un postfacio que su idea original era que este manga fuera muchísimo más largo, y que por cuestiones editoriales lo tuvo que terminar ahí, con este mundo increíble a medio explorar. Es notable lo mucho que cambia el tono de Crónicas de la Era Glacial de un tomo a otro. El primero es mucho más claustrofóbico, opresivo, amargo. El segundo es un tomo todo al aire libre, que transmite una sensación de maravilla y de libertad, de posibilidades infinitas. Por supuesto hay peligros extremos para Takeru y sus amigos, pero las reglas son otras. Por momentos me hizo acordar mucho a esas historietas de Moebius en las que Atan y Stel recorren el mundo de Edena: hay un bosque que está vivo, un montón de bichos que componen una fauna y una flora desaforadas y fantásticas, hay una bajada de línea ecológica muy clara, y en un momento cobra fuerza otro elemento muy presente en la obra del Genio Infinito: la metafísica. De alguna manera muy limada (pero que no desentona con el tono de la obra) Takeru logra conectar su mente y su espíritu con el de un dios gigante que vive desde tiempos ancestrales y dialogar con el corazón del bosque viviente, penetrar en su sistema nervioso, ser testigo de sus memorias. Todas cosas imposibles siquiera de imaginar a lo largo de la lectura del Vol.1, que era mucho más tradicional y más prosaico. Acá de pronto hay una especie de lirismo místico que cambia el registro, la forma de presentar la aventura. Para cuando llegué a la mitad del Vol.2, empecé a sospechar que, por la propia ambición de lo que estaba narrando Taniguchi (nada menos que el nacimiento de una humanidad 2.0 manipulada por una inteligencia artificial de infinito poder, que se pone a sí misma en el rol de Dios), las páginas que faltaban para llegar al final no iban a ser suficientes para darle un cierre consistente a la saga. Y lamentablemente, mi pálpito fue acertado. Crónicas de la Era Glacial termina con el conflicto central sin resolverse, con los personajes casi en medio de una misión a todo o nada, y no hay ni dos viñetas de epílogo, de "bajemos un cambio, que el peligro grosso ya aflojó". Pero bueno, son unas 600 páginas de aventura trepidante, en las que Taniguchi dibuja (como los dioses) muchas cosas que nunca había dibujado antes y que no volvería a dibujar después. Inconclusa y todo, es una saga entretenida, cautivante, impactante y con un montón de ideas desparramadas por ahí, que el ídolo no llegó a cerrar, pero que hacen que el manga valga mucho la pena.
Y un día retomé Saga. Había leído el Vol.5 allá por el 09/04/19 y la verdad que me acordaba muy poco. O en realidad me acordaba bastante del contexto global de la serie, pero no me acordaba en qué punto había quedado el relato cuando se me terminó el Vol.5. Así que estuve algunas páginas a la deriva hasta que le volví a encontrar el pulso a esta extraña serie de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. Al toque me acordé cómo funciona Vaughan en las series largas: todo es una gigantesca acumulación de peripecias que después muy probablemente no tengan ningún peso en la resolución de las tramas principales. Esa es -muy evidentemente- la lógica de Saga. Por eso es imposible de leer de a un episodio por mes, o cada vez que los autores tienen listo un numerito de 20-24 páginas. Incluso en tandas de seis numeritos (que son los que recopila cada TPB) es casi imposible no entrar en la trampa y sentir con intensidad dramática todas estas escenas, toda esta entrada, salida, muertes y reapariciones de personajes que seguramente en el contexto global de la historia van a ser menos que una nota al pie. ¿Por qué pasa eso? Porque Vaughan y Staples son buenos narradores, por eso pisamos el palito y sentimos que estamos leyendo algo relevante, cuando en realidad es todo 90% relleno, boludeces para estirar. Claro, cuando las boludeces para estirar incluyen diálogos notables, muy buen desarrollo de personajes y momentos shockeantes que te dejan helado, tiene sentido y hasta está bueno comerse el amague de que pasan cosas importantes. Cuando los personajes que se incorporan al ya muy vasto elenco tienen onda, y son distintos, y miran la trama desde una óptica distinta, también está bueno verlos entrar y cambiarle la "composición química" al menjunje. Y si encima está todo bien dibujado y bien coloreado, y hasta el rotulado es precioso... ¿qué apuro tenés, no? Dejá todo así, estiren todo lo que quieran y si la serie termina en el nº240 y son 40 TPBs, me chupa un huevo y la cáscara del otro. De última, Saga es la historia de Hazel, y mientras viva Hazel, se puede seguir. Hasta ahora, en seis TPBs, creo que no cumplió ni cinco años, así que es cuestión de relajarse y disfrutar de los bizarros sacudones que Vaughan y Staples le pegan a esta serie. El único peligro real es que se aburran, o se mueran, y la dejen inconclusa en cualquier lado. Mientras eso no suceda, tenemos la diversión garantizada, porque en todos los episodios pasan cosas y la sensación (mentirosa) de que los personajes crecen y la trama avanza, está, se vive y se disfruta. Tengo uno o dos tomos más de Saga sin leer, así que no falta tanto para que nos reencontremos con Hazel, Alana, Marko y familia.
Me vengo a Argentina, año 2022, para leer La Madriguera, nuevo trabajo de Femimutancia (o Julia Inés Mamone), autora con la que ya nos habíamos encontrado allá por el 01/02/19. De nuevo me deleité con un excelente trabajo en materia de dibujo, color y rotulado. Y además me encontré con unas secuencias mudas realmente hermosas y unos diálogos cuidadísimos, que me sonaron sumamente reales. La trama me resultó un tanto extraña. Las primeras 35 páginas son fascinantes. Femimutancia plantea una situación realista, la vida conflictuada de una chica normal, y la empieza a retorcer con elementos fantásticos alucinantes: ese ángel perverso que irrumpe desde la primera página, el gato que habla, la caída a una especie de limbo/ vacío metafórico (o no) onda Alice in Wonderland, el "chiste" de los poderes imaginarios con los que la protagonista "mata" gente... No se entiende del todo lo que pasa, pero te engancha a full, porque es todo muy raro y está muy bien amalgamado con el slice of life. Pero a partir de ahí, de cuando Rebecca se despierta en el hospital, la trama retrocede tres casilleros y se vuelve a quedar en el slice of life clásico. Bien escrito, con personajes interesantes, con el condimento extra de la pandemia de COVID-19, pero anclado en conflictos reales, en vínculos familiares, afectivos y sexuales no muy distintos a los que nos conectan a los lectores con nuestro entorno cotidiano. Me da la sensación de que Femimutancia utiliza esta obra para hablar acerca de su relación con su madre, pero por ahí me equivoco y es todo ficción, y nada de lo que le pasa a Rebecca con su mamá está basado en las vivencias reales de la autora. En cualquier caso, la historieta es un vehículo tan válido como cualquier otro para exorcizar ese tipo de fantasmas. El tema es que la relación entre Rebecca y su mamá lastra un poco el desarrollo de la trama, que finalmente llega a un desenlace muy lindo, muy satisfactorio, pero que -para mi gusto- desaprovecha un poco ese tinte bizarro e hipnótico que le daban los elementos fantásticos en el primer tramo. La Madriguera se trata, básicamente, de crecer. De no escaparse de los problemas, afrontarlos, buscarles la vuelta, reflexionar... Rayo, la novia de Rebecca, lo dice con toda claridad, por si alguien no lo entendió. Y por ese lado la historia funciona y hasta conmueve. Si sos fan de Femimutancia ni hace falta que te la recomiende. Y si no, probablemente esta sea la puerta de entrada ideal al universo de esta autora siempre dispuesta a arriesgar un poco más. Nada más, por hoy. Nos encontramos el sábado y el domingo en la San Luis Comic Con y el miércoles 9 a las 16 hs en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza. Y la semana que viene, seguro estaré de vuelta con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 1 de mayo de 2020

VIERNES FERIADISIMO

Hoy tampoco pisé la calle en todo el día. Ya no me acuerdo cómo eran los bondis por adentro, ni para qué servía esa tarjeta que dice “SUBE”. Pero aprovecho para escribir y para avanzar con las lecturas.
Después de aquella panzada de Gil Jourdan (o Gil Pupila, como le pusieron en España) que me di aquel 28/10/14, no había vuelto a conseguir material de esta excelente serie de Maurice Tillieux, y tampoco otras obras del malogrado maestro belga. Pero eventualmente cayó en mis manos un tomito que no estaba incluído en el integral. De hecho, es el que viene justo después del álbum con el que cerraba aquel imponente masacote.
Este Vol.6, llamado en España “Festival sobre 4 ruedas” me atrapó desde el vamos con un guión muy potente, un verdadero mecanismo de relojería. Sin estridencias, con menos chistes que en tomos anteriores, a lo largo de estas 44 páginas pasan lo que en cualquier otra historieta pasaría en 60 ó 64. Lo más notable, o lo que a mí más me cerró es el plan de los villanos, realmente ingenioso, con todo milimétricamente pensado para llevarlo a cabo sin sobresaltos. Será un detalle pequeñísimo el que le servirá a Gil (que de gil tiene sólo el nombre) para desentrañar el misterio y armar un contra-plan (otra vez, casi digno de Los Simuladores) para capturar a los delincuentes y evitar el robo del banco. Tillieux se da el lujo de hacerte sospechar de personajes que no tienen nada que ver con el crimen, y casi logra convencerme de la inocencia de personajes que me despertaban desconfianza, y a la larga estaban sucios hasta la pera.
Una aventura pausada, tranquila, muy hablada, muy razonada, pero con su cuota de acción y peligros que se sienten reales. Sobra el personaje de Libélula (que apenas calza un par de momentos humorísticos bastante poco logrados) y se siente mucho la ausencia de personajes femeninos. Pero Gil Jourdan brilla como pocas veces y en cada interacción con otro personaje, el autor le pega una pincelada más a una personalidad sumamente interesante.
El dibujo, como siempre, muy tributario de la línea de André Franquin, pero más pulcro, más ordenado, muy idóneo para el tipo de historias que contaba Tillieux en esta serie. Un lujo, sobre todo si pensamos que son historietas de 1963. Ojalá hoy hubiese historietas de detectives para el público infanto-juvenil escritas y dibujadas a este nivel.
Retomo la lectura de Paper Girls, cuyo Vol.1 vimos el 25/03/19. Venía con una expectativa alta, porque el primer tomo me había gustado mucho, pero este me pareció incluso mejor. Es más, todavía no llegué ni a la mitad de la serie, pero ya me animo a postularla como la mejor obra en la ilustre carrera de Brian K. Vaughan. Tendría que decaer bastante en los próximos tomos (no los tengo, pero acepto donaciones) para que quede relegada en el pilón de “series que arrancan bien y después derrapan”.
Vaughan me sorprendió una vez más con la calidad de los diálogos, con el ritmo, la acción, la introspección, el manejo hiper-ajustado de las escenas, que nunca se estiran más de la cuenta. Todo muy bien ensamblado, muy consistente, con peligros muy reales, reacciones muy verosímiles por parte de todas las protagonistas… Un excelente guión, de punta a punta. Y así como en las historietas en las que los protagonistas son todos varones se extraña la presencia femenina, acá también, en algún punto decís “che, ¿no hay varones? ¿Qué es esto? ¿Y the Last Man pero sin Y?”. Me imagino que más adelante, cuando ya estemos más encariñados con las chicas, Vaughan va a meter algunos pibes en la mezcla, aunque sea en roles de villanos. Bah, digo yo. Por ahí me equivoco.
Cliff Chiang también se supera a sí mismo en este tomo, y ya está en un nivel mucho mejor que el de Wonder Woman. Más suelto, más plástico, más sintético… Por momentos parece Gonzalo Martínez entintado por Rick Leonardi. Increíble cómo semejante bestia del dibujo te mete adentro de la historia, cómo te convence de que todo lo que está pasando es real, la atención que le pone a cada detalle, a cada gesto. El color de Matt Wilson también es un deleite.
Altísima recomendación para esta serie, que tiene sumamente merecidos todos los premios que ganó. Si flasheás con esas aventuras tipo El Eternauta, que te traen a la esquina de tu casa viajes en el tiempo, tecnologías locas y batallas con monstruos y pterodáctilos, Paper Girls te va a fascinar. Y si creías que ya habías visto lo mejor que podían ofrecer tanto Brian Vaughan como Cliff Chiang, preparate para llevarte una gratísima sorpresa.

Nada más, por hoy. Como siempre, ni bien tenga algunas cositas más leídas nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog. ¡Será hasta entonces!

martes, 9 de abril de 2019

MARTES TEMPRANISIMO

Por fin encontré un rato para sentarme a escribir las reseñas de los últimos libros que leí.
Arranqué con la puesta al día con material argentino anterior a 2018 y así llegué a Gilgamesh el Inmortal: Hora Cero, una saga que va entre el libro de Gilgamesh que reseñé el 22/11/18 y el que vimos un lejano 27/09/12. O sea que los leí en perfecto desorden: empecé por lo que sería el final, después leí el principio y ahora lo del medio. Pero bueno, es lo que hay…
Como vimos sobre el final del Vol.1, en un punto Lucho Olivera se concentra sólo en dibujar y los guiones pasan a manos de Sergio Mulko, también mucho más conocido por su labor como dibujante. Esto está todo escrito por Mulko, y sigue con bastante fidelidad los lineamientos del Gilgamesh de Lucho, en una transición bastante visible hacia esos guiones mucho más raros que veríamos en Arenas Rojas (el tramo final). Como ya vimos, acá hay varias historias sin conflictos, o con mínimos conflictos, en los que Gilgamesh básicamente habla, contempla y piensa. Pero el cuarto episodio (“Veganos”) introduce a una raza alienígena maligna, que garantiza violencia, destrucción y genocidios hasta el final mismo del tomo. Pasan otras cosas más lo-fi mezcladas con esta batalla casi personal del inmortal contra los korios, hay episodios en los que no pasa nada, otros en los que Gilgamesh busca al responsable de su inmortalidad… Pero si te gusta que los héroes luchen, acá eso está un poquito más enfatizado que en otras sagas del otrora rey de Uruk.
El dibujo de Olivera también está en tránsito, de esos incios un tanto precarios hacia el virtuosismo que le veríamos desplegar en la segunda mitad de los ´70 (estas historietas son de 1973-74). Las naves espaciales que vemos en este libro, por ejemplo, no tienen nada que envidiarle al mejor Lucho. Los primeros planos de los rostros masculinos, sí, bastante. Muy condicionado por el hecho de no poder meter nunca menos de ocho cuadros por página (y a menudo tener que meter 12 ó 14), Lucho va probando distintos rebusques narrativos y en el que más cómodo se lo ve es en la viñeta widescreen finita, que es algo que se hacía poco en la historieta argentina de los ´70. Y después está el tema del brazo de Gilgamesh, que aparece y desaparece. A veces le falta el brazo derecho, a veces el izquierdo y a veces tiene los dos. Muy loco que nadie controlara eso.
Si sos fan de Gilgamesh, seguro compraste esto cuando salió (2008). Y si no, no empieces por acá, sino por el libro titulado “El Origen”.
Sigo visitando planetas y razas alienígenas extraños en un intento por ponerme (un poquito más) al día con Saga, la epopeya de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, que tenía abandonada desde el 01/02/16 (un delirio). Para esta altura de la historia, Vaughan ya sumó a tantos personajes que los tiene que dividir en tres grupos y desarrollar tres narraciones en paralelo, un dolor de cabeza garantizado para los que leían la serie en formato de comic-book de 20 páginas de errática periodicidad. Y para que cada grupito viva una peripecia interesante, también tienen que aparecer muchos villanos, muchos conflictos, algunos de los cuales se resuelven muy rápido, antes de que lleguen a desarrollarse plenamente. Lo bueno es que la gran mayoría se resuelve de modos impredecibles.
En el medio hay buenas ideas (algunas muy locas, como las propiedades curativas del esperma de dragón), excelentes diálogos (con un nivel de guarangada muy bienvenido) y en este tomo en particular, bastante acción. O sea que si bien este Vol.5 es inabordable para el que no haya leído los cuatro anteriores, resulta muy ganchero para el que viene siguiendo desde el principio la saga de Hazel, sus padres y estos mundos en guerra.
El dibujo de Fiona Staples conserva el muy alto nivel que vimos en los tomos anteriores y me volvió a sorprender con los diseños que pela para los nuevos personajes que se van sumando al elenco sobre todo ese quinteto de villanos de clara inspiración marveliana. Los paisajes, naves y bichos que aparecen también están buenísimos, todos muy potenciados por el brillante trabajo que realiza la canadiense en el coloreado digital de estas páginas.
Recomendar Saga, a esta altura del partido, ya es medio una obviedad. Pero la idea es simplemente dejar constancia de que, mal y tarde, sigo adelante con la lectura de esta serie.

Nada más, por hoy. Ni bien tenga un par de libros leídos, se vienen nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 25 de marzo de 2019

DOS DE 2016

Hoy me toca reseñar dos libros aparecidos el mismo año, el ya bastante lejano 2016.
Arranco con el Vol.3 de Varua Rapa Nui (los Vol.1 y 2 tuvieron sus reseñas los días 09/04/13 y 27/03/14, respectivamente), esta vez con una novedad llamativa: la galardonada serie que escribe Bernardita Labourdette cambia de dibujante y en lugar de Ismael Hernández tenemos al frente de la faz gráfica a Fernando Pinto, el dibujante de Fumetsu (serie de la cual también reseñé dos tomos acá en el blog). La verdad es que no son muchas las innovaciones que propone Pinto, quien sigue los lineamientos de Hernández en materia de puesta en página y tratamiento del color, aunque sin alcanzar los niveles de belleza plástica, de destreza en el dibujo de la figura humana y expresividad en los rostros que lograba su antecesor. Me quedo mil veces con Hernández y pongo el trabajo de Pinto en Fumetsu bastante por encima de su labor en Varua Rapa Nui.
En cuanto al guión, me pasó lo mismo que cuando leí el Vol.2: sentí que le costaba arrancar. Para cuando los conflictos cobran verdadero espesor, ya se me habían ido 32 páginas de un comic de 50. Y hasta llegar a ese punto, la cocción se me hizo lenta, el franeleo previo se me hizo largo. Después la historia se pone picante, y los conflictos que en las entregas anteriores tenían que ver con eventos más mitológicos que históricos, ahora sí se convierten en testimonios truculentos de hechos reales (y aberrantes) que exigen verdad, memoria y justicia. El cambio de registro, la forma en que Labourdette decide aferrarse a la aventura pero cambiar el foco para irse de la leyenda a la historia, es lo que más me gustó de este tercer tomo, acertadamente titulado “El Ocaso”. También se ve el esfuerzo de la guionista por darle onda y personalidad a tres personajes destacados, pero a mí me enganchó más lo otro, la trama de violencia, crueldad, desazón y lucha contra viento y marea que protagonizan estos entrañables nativos de la Isla de Pascua.
Y no mucho más. Tengo entendido que la serie termina en el cuarto tomo, cuya aparición viene bastante demorada. Ojalá luego de esta experiencia podamos disfrutar a Bernardita Labourdette enfocada en otro tipo de relatos, como para terminar de afianzarse como una de las muy buenas plumas que tiene hoy el comic chileno.
Tarde como siempre, empecé a leer Paper Girls, la serie de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang que se termina ahora, a mitad de año. Me la habían vendido como La Mismísima Gloria, y la verdad es que me encantó. Son cinco episodios (uno de 40 páginas) en los que pasan un montón de cosas: Vaughan nos presenta a cuatro personajes muy bien elaborados, con matices, con aristas atractivas para explorar, y además nos bombardea con un verdadero aluvión de sucesos inexplicables, de tremendo impacto en estos suburbios de Cleveland, Ohio de 1988 en los que normalmente pasaba poco y nada.
Como en El Eternauta, de pronto las vidas de cuatro chicas comunes y corrientes se ven alteradas por elementos extremos que tienen que ver con la ciencia-ficción. Viajes en el tiempo, quizás incluso en el espacio, tecnología de avanzada junto a animales que no se veían desde la Prehistoria… Acá pasan cosas rarísimas y seguro está en juego mucho más de lo que Vaughan nos mostró hasta ahora. La acumulación de misterios y situaciones bravísimas, combinada con unos diálogos extraordinarios, hacen que uno no pueda dejar de pasar las páginas hasta que se termina el libro. Lo cual sucede (obviamente) en un momento de absoluta tensión, como para que el suspenso te estrangule… o salgas corriendo a buscar el Vol.2.
Cliff Chiang, brillante, fascinante, mucho mejor que en Wonder Woman, donde ya la descosía. Para la cuarta página, cuando mete ese poster de Depeche Mode en la habitación de Erin, ya me tenía rendido a sus pies. La paleta de Matt Wilson lo complementa a la perfección, con un despliegue de engamados logradísimo, muy al servicio de los climas de la historia. Y cuando hay que matarse en los detalles, ni el dibujante ni el colorista mezquinan nada.
Acabo de descubrir una serie realmente sólida, tanto en guión como en dibujo, que sólo puede ahuyentar lectores si se estira más de la cuenta. Pero con el final confirmado para el nº30, estimo que eso no sucederá, que con lo que sembró en estos cinco episodios, Vaughan puede cosechar tranquilamente durante otros 25 sin que decaiga el interés. Me da la sensación de que cuando llegue al final de Paper Girls voy a extrañar a estas chicas tanto como extraño a Mitchell Hundred y a Yorick Brown…

Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 19 de noviembre de 2015

19/11: MYSTIQUE Vol.1

Nunca fui muy fan de Mystique, y menos después de ver las últimas películas de los X-Men en las que le dan demasiado protagonismo y termina por opacar a personajes mil veces más interesantes como el Profe, Magneto, Beast o Quicksilver. Pero me sedujo el equipo creativo, y dije “bue, veamos qué onda”.
La idea es muy loca: el Profe Xavier tiene una especie de “Suicide Squad” que ni los X-Men conocen. Son agentes secretos (y mutantes) que cumplen misiones jodidas, comprometidas, vinculadas a entreveros políticos, en las que no se puede ver la mano del Profe ni siquiera cuando les va bien. Y a Xavier no se le ocurre mejor idea que reclutar como agente a Mystique, justo cuando la están por hacer boleta las fuerzas armadas de EEUU por sus numerosos crímenes de lesa humanidad. Entre palmar o laburar para el dolape, la mercenaria no duda demasiado y firma el pase (una vez más) al bando de los buenos.
La gran cagada que tiene este planteo es lo lento que se desarrolla. Para cuando Mystique empieza a involucrarse en su primera misión, faltan 7 páginas para que se termine el tercer episodio. O sea que está todo muy estirado. La idea es dedicarle todo un TPB de 144 páginas a una historia que se podría haber contado perfectamente en una graphic novel o un prestige de los ´80, es decir, unas 64 páginas. Pero claro, el guionista (al que todavía no nombré) es el maestro Brian K. Vaughan, especialista en estirar ideas para que abarquen un TPB entero, y además experto en armar secuencias en las que sólo hay diálogos. Lo positivo (ni hace falta decirlo) es que esos diálogos son casi siempre brillantes, punzantes, a veces cómicos, a veces durísimos, y sobre todo puestos en función de la construcción y el desarrollo de los personajes. La onda y la carnadura que lo pone a Forge, por ejemplo, es increíble. En 15 páginas lo hace mucho más creíble que John Francis Moore y Howard Mackie en más de 50 números de X-Factor.
Una vez que Vaughan la corta con los prólogos, las explicaciones y el sembradío de plots a futuro (siembra para 24 episodios, más o menos, pero al final escribirá sólo 13), arranca la misión en sí, y es todo medio blandengue hasta el final del quinto capítulo, en el que Mystique se ve enroscada en un dilema moral muy heavy, que se resuelve de modo bastante satisfactorio. Y ahí está la gracia, porque la lucha contra los “villanos” (el ejército de Cuba, nada menos) en ningún momento resulta atractiva, ni siquiera realmente riesgosa para la despiadada cambiaformas. La variante de Mystique jugando de heroína, al punto de arriesgar su vida para salvar la de los inocentes, hace ruido, pero poco. Es otro punto a favor.
Al frente de la faz gráfica está un artista seguramente conocido por todos los lectores de este blog: Jorge Lucas. Acá, el uruguayo radicado en Argentina reafirma sus cualidades camaleónicas. Así como en sus primeros trabajos se disfrazaba de Frank Miller, en Cazador coqueteaba con la línea de Simon Bisley y en sus primeros trabajos para Marvel jugaba a parecerse a Jack Kirby, acá Lucas arranca muy pegado al estilo Top Cow, al de los clones de Marc Silvestri. Después, de a poco, se va soltando y para la mitad del tomo (más o menos) ya lo vemos en un estilo un poco más personal, aunque siempre muy medido, muy controlado. Ni hace falta decir que Lucas tiene una capacidad de narrar con el dibujo muy notable, a años luz de los pecho frío de Top Cow. O sea que incluso disfrazado de ese tipo de pseudo-historietistas, brinda páginas muy armónicas, en las que la narrativa fluye sin mayor dificultad… y la rema hasta donde puede con esas páginas repletas de texto donde sólo puede dibujar a gente que habla.
En el balance final, la verdad que esta saga de Mystique no me emocionó como para salir a buscar otras. La recomiendo a los fans del personaje (obvio), a los talibanes de los comics de mutantes, a los completistas que quieran tener todo lo que escribió Vaughan, y a los que bancan a Lucas de local y de visitante, porque acá su trabajo es muy sólido, sin fisuras ni tiradas a chanta de ningún tipo. Ah, y esas portadas cuasi-porno de Joseph Michael Linsner me dieron vergüenza ajena…

sábado, 5 de septiembre de 2015

05/ 09: SAGA Vol.3

Retomo esta serie que tenía colgada desde el 17/07/14, una eternidad. Acá, el guionista Brian K. Vaughan mantiene la tendencia del tomo anterior: sin olvidarse de que los protagonistas son Marko y Alana, sigue sumando caras nuevas a un elenco en constante expansión. Por supuesto hay personajes que mueren y personajes que se desactivan, porque si no, sería imposible. Lo cierto es que Saga crece tomo a tomo en complejidad y cada vez es más difícil entender qué carajo está pasando si no la leés (con mucha atención) desde el Vol.1.
Lo que también se desactiva es esa sensación de road movie de los dos primeros tomos. En este Vol.3, los fugitivos enamorados se quedan básicamente quietos en un lugar, donde primero están tranquilos y después la aventura los va a venir a buscar. El laburo de recorrer planetras y ciudades buscando… algo, va a recaer en otros personajes, malos y no tanto. De hecho algunos de los villanos están tan bien trabajados, que Vaughan los fue haciendo cada vez más queribles, además de rodearlos de personajes secundarios propios, algunos muy carismáticos. Sumémosle el salvajismo con el que combaten “los buenos” cuando la cosa se pone espesa, y la frontera entre héroes y villanos se hace tan borrosa que sin dudas se convierte en otro enorme punto a favor de Saga.
En las secuencias en las que no hay machaca (que en este tomo son amplia mayoría) Vaughan encuentra el espacio para desarrollar a todos estos personajes, para sacarle jugo a la no-aventura con diálogos brillantes, chistes zarpados, indagación en este universo de ciencia-ficción (con una cantidad asombrosa de elementos que funcionan igual que en el nuestro), y exploración de conceptos fascinantes, algunos vinculados a la guerra entre estas dos civilizaciones y otros más profundos, más trascendentales.
Para criticar, lo mismo que la vez pasada: Saga es una historia compleja, ambiciosa, llena de elementos gancheros… que avanza MUY lento. Todo este TPB sucede en unos pocos días, en los que los cambios importantes en el status quo de algunos personajes es nulo. Claro que hay avances e incluso asacudones totalmente impredecibles, el tema es que los vamos experimentando a un ritmo muy pachorro, como si Vaughan no tuviera ningún apuro por llevar la historia hacia un climax. De nuevo, me imagino a los pobres pibes que leen esto en revistitas, en fetas de 22 páginas (que ni siquiera salen todos los meses) y los compadezco profundamente.
Del trabajo de Fiona Staples ya no hace falta hablar, porque va por los mismos carriles que ya vimos en reseñas anteriores… y la verdad que funciona muy bien, capta muy bien el universo que crea Vaughan y engancha muy bien con el ritmo de la trama. Quizás en blanco y negro se vería todo medio pobretón, medio prendido con alfileres. Pero está claro que la canadiense tiene un dominio muy notable de las técnicas de color digital y de cómo estas te pueden ayudar a resaltar un dibujo que no es minimalista ni está hecho a los pedos, pero que –sobre todo en los fondos- está a años luz de la tendencia actual del mainstream yanki en la que los dibujantes sobrecargan las viñetas con información, texturas y rayitas como si dejar espacios “limpitos” fuera pecado mortal.
Obviamente banco y recomiendo a full esta serie, de la que ya tengo el Vol.4 pidiendo pista en el pilón de los pendientes.

domingo, 8 de febrero de 2015

08/ 02: EX MACHINA Vol.10

Final para esta atípica serie de Brian Vaughan y Tony Harris que brilló a pleno en la segunda mitad de la década pasada.
En este último tomo, pasa lo que esperabas que pasara desde que empezó la serie: New York se ve amenazada por algo tan heavy, que Mitchell Hundred se tiene que cagar en todas las reglas y volver a vestir el traje y el jetpack de Great Machine para salir a la calle y luchar contra… eso. Ya no alcanza con usar su poder de controlar a las máquinas con comandos orales. Acá hay que repartir machaca y usar esas armas locas con las que experimentó durante años con ayuda de su viejo mentor, Kremlin. Y además, bancarse las consecuencias, porque estaba muy claro que mientras ocupara el cargo de intendente de NYC, Hundred no podía bajo ningún concepto salir enmasacarado a impartir justicia por la Gran Manzana.
Por supuesto, Vaughan se las ingeniará para que eso, que supuestamente es crucial, no sea lo más importante del tomo. Para este gran final, el guionista se guardó un montón de revelaciones impactantes: el origen de los poderes de Hundred, la transparencia de la elección que ganó en 2004, su futuro político, su relación con Bradbury… son un montón de giros zarpados, en los que finalmente todo queda muy claro y se acaban las suspicacias. También hay escenas importantísimas para Dave Wylie, para la mamá de Mitchell, para January y sobre todo para Suzanne Padilla, que resulta ser la villana más peligrosa de toda la serie.
Me parece que este es el tomo en el que están mejor equilibradas la acción con todo lo demás. Nunca antes Vaughan tuvo excusas tan buenas para mostrar peleas, tiros, persecuciones y muertes truculentas como en esta saga final. Y por supuesto, todo lo demás está perfecto: desde flashbacks a la infancia de Mitchell hasta todo ese extenso epílogo en el que se revela qué hace Hundred cuando se termina su mandato como intendente de New York. A lo largo y a lo ancho del tomo, Vaughan se despacha con otra sobredosis de diálogos formidables, afilados, groseros, cómicos, profundos, con cero ingenuidad a la hora de meterse en temas políticamente jodidos como el aborto y con encomiable ternura a la hora de jugar con temas de la cultura geek como Tierra-1 y Tierra-2.
Supuestamente esta serie iba a tener una secuela llamada Vice en la que Hundred competía por la vicepresidencia de los EEUU como compañero de fórmula de… prefiero no revelarlo, porque es una de las sorpresas grossas del final de Ex Machina. Lo cierto es que eso nunca sucedió y la verdad es que no está mal. Dejémosla ahí, no aclaremos, que oscurece. Máxime cuando Vaughan tendría que haber empezado a escribir Vice en 2011, sabiendo perfectamente quién había ganado las elecciones presidenciales de 2008. Me parece que, como primera aproximación al tema de política + superhéroes, Ex Machina funciona muy bien así, es redonda, es completa, casi no deja tema sin tocar. Si más adelante Vaughan quiere volver a explorar el tema, lo ideal sería encarar para otro lado, quizás dejando a los superpoderes afuera de la ecuación, para no forzar esas secuencias de machaca entre escenas mucho más interesantes en las que los personajes juegan al peligroso juego de gobernar.
Por el lado de Tony Harris, casi todo el tomo está dibujado muy por encima de lo que habíamos visto hasta ahora. Quizás porque el tono de la saga ofrece muchas más oportunidades de zarparse hacia el lado oscuro, de limar con imágenes y climas más jodidos, más ominosos, menos ascépticos. O quizás porque el colorista J.D.Mettler quería probar cosas nuevas y lo convenció para que el inglés se fuera un poco más a la mierda. Lo cierto es que en estas páginas hay muchas más viñetas (y hasta secuencias enteras) en las que no se ve la referencia fotográfica, y miles más en las que sí se ve, pero el tratamiento de la iluminación y el color hace que no sea tan obvia, que no se parezca tanto a una fotonovela. Y dicho todo esto, hay una página en el cuarto episodio en el que las fotos se notan mucho más que en todo el resto de la obra. Son cuatro viñetas en las que parece que Harris se hubiera olvidado de retocar las imágenes que capturó con su cámara (o con el Flickr) y están ahí, groseramente puestas en el medio de un comic, apenas reventadas en el Photoshop, con el color y los globos de diálogo, pero sin la más mínima huella del estilo de Harris. Un bochorno que ojalá se corrija en las nuevas recopilaciones (más lujosas) de Ex Machina.
Y no hay más. No sé en qué anda Harris y Vaughan está a full en Image, con Saga y alguna cosita más. Quizás para la segunda mitad del año, cuando se anuncie la renovación total de la línea Vertigo, los muchachos nos den una sorpresa. Por ahora, queda esto: 10 tomos de excelente lectura, con ideas nuevas y con un personaje que rápidamente se convirtió en ídolo, aunque se haya dedicado a la política. No es fácil, pero Hundred lo hizo. Lo seguimos y no nos defraudó.

miércoles, 28 de enero de 2015

28/ 01: EX MACHINA Vol.9

Uh, cuánto hacía que tenía colgada esta serie! Desde el 23/10/12 que no pasaba a visitar a Mitchell Hundred, el ex-superhéroe convertido en intendente de New York. Quizás la prolongada absitinencia haya contribuído a que este tomo me haya parecido espectacular, muy por encima de lo que yo esperaba de esta gran serie de Brian K. Vaughan.
Empezamos con un unitario 100% meta-comiquero, en el que Vaughan y Tony Harris “audicionan” para que Hundred los contrate para contar sus vivencias en forma de novela gráfica. El personaje (de reconocida pasión por los comics) y los autores (que trabajan de hacer comics) se encuentran, comparten un mismo nivel de realidad, y hablan de Morrison, de Bendis, de Paul Levitz, de Bryan Hitch, de Brad Meltzer, de Y the Last Man, de Starman, de Vertigo… Es un episodio muy tranqui pero muy ganchero y el giro del final (con Garth Ennis y Jim Lee como ganadores) es muy gracioso.
Después viene otro unitario, dibujado por John Paul Leon, realmente brillante. El editor de un diario que vive tirándole mierda a Hundred aparece muerto, y el asesino dice haber sido mandado por el intendente. El ex-superhéroe va a tener que estar más afilado que nunca para resolver este despelote, que además le sirve a Vaughan para hablar de energía limpia, reciclaje y demás banderas históricas de los movimientos ecologistas.
Y para el cierre, el arco más extenso, que es el que da título al libro. Es tiempo de definiciones, porque el próximo tomo será el último, y acá Vaughan sale a cerrar plots a ocho manos: Hundred empieza a revelar cómo va a seguir su carrera política, el complot entre January y Kremlin pega el zarpazo y –lo más importante- se producen impactantes revelaciones acerca del origen de los poderes del intendente, revelaciones que involucran además a su antiguo archi-enemigo Pherson y a un par de personajes sumamente poderosos. Sobre el final, Hundred logra controlar un in crescendo de kilombos, pero no sin acumular dudas acerca de sus poderes, sus aliados y hasta de sus convicciones. Todo apunta a que el Vol.10 nos va a ofrecer un final realmente impactante. Por suerte lo tengo ahí, pidiendo pista.
Como siempre, lo más flojo de Ex Machina son los constantes y muchas veces innecesarios flashbacks a los años en los que Hundred combatía el crimen con su traje de Great Machine y su jetpack. Si –como a mí- te interesa que el comic se meta a fondo en temas que tienen que ver con la política, con el gobierno, con el poder, seguramente te va a parecer que todas esas escenas, a la larga, restan más de lo que suman. Entiendo que en los primeros tomos tuvieran que estar, para funcionar de anzuelo, de engaña-pichanga para los giles que no te compran un comic si no hay muchachones disfrazados repartiendo trompadas. Pero a cinco episodios del final, me parece difícil que piquen los que todavía no picaron.
Casi todo el tomo está dibujado por Tony Harris, el titular indiscutido de la serie, en ese estilo tan limpito, tan careta, que a mí no me termina de convencer. Es buenísimo, obviamente, pero a mí me gusta el Harris más dark. Esta vez, además, hay muchas, muchas páginas en las que no me dibuja un puto fondo y eso me subleva bastante. También hay que decir que en las últimas páginas, el guión propone un cambio de clima bastante extremo y Harris responde con enorme jerarquía. Lo de Jim Lee son dos páginas, es un chiste que no resiste mucho análisis. Y las 32 páginas de John Paul Leon son un lujo, por ahí con la referencia fotográfica menos integrada al grafismo del ídolo que en otros trabajos, pero con un excelente manejo del claroscuro, rostros y cuerpos muy expresivos y un increíble repertorio de recursos narrativos para darle onda y emoción tanto a las escenas de acción como a las de “talking heads”.
Esto venía bien y se puso muy, muy bien. Queda poco espacio y muchas cosas para resolver, y seguramente lamentaremos que Vaughan no haya desarrollado más a fondo a algún personaje secundario interesante para mostrarnos peleas intrascendentes de cuando Hundred era superhéroe. Pero queda lo más importante, que es un comic que, sin cagarse en las convenciones del mainstream, se animó a meterse con varios temas muy espesos y a encararlos con una cintura que ya envidiaría más de un político.

jueves, 17 de julio de 2014

17/ 07: SAGA Vol.2

Retomo esta serie hit de Brian K. Vaughan y Fiona Staples luego de una reseña del Vol.1 publicada el 04/11/13 y repleta de conceptos elogiosos. Recomiendo repasar dicha reseña, sobre todo porque ahí está bastante claro lo que me pareció el trabajo de Staples al frente de la faz gráfica y no me quiero repetir.
En cuanto al guión, la movida de Vaughan es arriesgada. Lo que arrancó como una serie con dos protagonistas y tres o cuatro personajes secundarios con cierto peso en la trama, evolucionó rápidamente hacia una serie de protagonismo coral, donde (por lo menos en este tomo) los personajes fundamentales no son menos de ocho o nueve. El guionista, experto en estas lides, cancherísimo siempre en todo lo que tiene que ver con la caracterización y los diálogos, le reserva a cada uno de estos personajes esa secuencia de lucimiento, esa escena en la que la rompe, esos diálogos brillantes. Claro, para que cada uno tenga ese espacio, hace falta ralentizar mucho el relato, y eso es lo único que se le podría criticar a Saga: abarca mucho y aprieta poco.
En esos saltos de una época a otra y de un planeta a otro, Vaughan encuentra las ocasiones para darle onda y sustancia a este vasto elenco. Pero a costa de que la trama central avance poco y nada. Me imagino lo que deben sufrir los pobres pibes que leen Saga en revistitas de 22 páginas (que ni siquiera salen todos los meses). Se deben querer matar, debe ser un sacerdocio peor que ser hincha de Racing. En cada entrega de 22 páginas pasa tan poco, que a veces no llegan siquiera a aparecer Alana y Marko, que supuestamente son los protagonistas. Con habilidad maradoniana, Vaughan abre el juego a otros personajes, explora otras situaciones, incorpora nuevos elementos a la trama y por momentos parece “olvidarse” de la historia troncal. Por supuesto, cuando vuelve lo hace con sacudones grossos, con momentos fuertes, impactantes, que también los hay.
A este ritmo, Saga puede llegar a superar sin esfuerzo la barrera de los 60 episodios (o si preferís, 10 TPBs), que fijó Vaughan para sus obras más famosas, Y: the Last Man y Ex Machina. Lo más loco es que frente a esto uno no dice “y bue… paciencia…”, sino que me ceba mucho la idea de que esto siga mucho más allá de los 60 episodios, porque realmente está buenísimo. Incluso cuando, con 12 episodios ya leídos, sabemos bastante poco acerca de qué rumbo puede tomar la historia de estos fugitivos enamorados y su bebita. Lo que empezó como una especie de “Romeo y Julieta en un mundo tipo Star Wars” ya cobró la suficiente complejidad como para hacerse sumamente impredecible y, por ende, más adictivo de lo que uno podía suponer.
Apoyado en el gran trabajo de desarrollo de personajes, Vaughan está ofreciendo una cátedra de aventura, con ciencia-ficción, magia, rosca política, guerras cósmicas, sexo, chistes zarpados, conceptos elevados y una estructura que por momentos roza la road movie. Todo esto, más el gran desempeño de Fiona Staples en el dibujo y el color, da por resultado un comic realmente excelente, que no se puede empezar a leer en cualquier parte (hay que arrancar sí o sí en el Vol.1), y que refrenda tomo a tomo la promesa de convertirse en un clásico inolvidable, definitivo, fundamental. Habrá más Brian Vaughan en los próximos meses, acá en el blog.

martes, 24 de diciembre de 2013

24/ 12: Y: THE LAST MAN (DELUXE EDITION) Vol.5

A pedido de los lectores, hice trampa y me bajé en Diciembre este libro que un amigo (e ídolo, pero no lo voy a nombrar para que no digan que canchereo) me regaló a fines de Septiembre.
Tenían razón los que decían que el final era inolvidable y también los que decían que el final era triste y a la vez conmovedor. Yo agrego que es muy impredecible, que como mucho, en rapto de genialidad preclara, podés llegar a deducir cómo explica Brian K. Vaughan el genericidio. Pero no el final posta, lo que sucede en los tres o cuatro últimos episodios cuando todos los personajes principales confluyen en París. Y ni hablar de ese epílogo ambientado 60 años en el futuro, que te deja helado, porque no lo ves venir ni en pedo.
Lo único que no me cerró es el rol de Alter, la jefa de la milicia israelí, a la que Vaughan hace jugar durante un largo trecho de villana principal de la serie. La mina es una máquina de hacer turradas, se encarga de boletear a dos personajes importantísimos en la trama, tortura a otros tantos... y finalmente, cuando pierde, pierde de un modo medio ridículo y desaparece, sin pedir revancha, sin patalear. Muy loco. En realidad, si vamos a fondo, esta serie tiene un planteo tan extremo, tan zarpado, que no necesitaba un villano grosso. A lo largo de los 60 episodios, nunca faltaron las peripecias ni los peligros para que Yorick, su monito y sus aliadas tuvieran que transpirar a full la camiseta, y por ahí alcanzaba con eso, no hacía falta UNA conchuda sacada y perversa, dispuesta a llegar a las últimas consecuencias... y menos si se iba a ir al mazo con sólo perder el primer mano a mano contra Yorick.
Lo bueno es que a nuestro héroe las victorias le salen caras y así es como al final gana la melancolía, en esas tres páginas finales (antes del epílogo en el futuro, claro) casi sin textos pero pletóricas de emoción. Y este último tramito, el que nos lleva a conocer a un Yorick ya octogenario, está lleno de momentos perfectos, secuencias en las que Vaughan cierra un montón de cosas que quedaron abiertas, plots importantes, puntitas menores, un poco de todo, y todo con mucha precisión, con el inmejorable equilibrio entre drama y comedia que vimos en toda la serie. El final-final, lo que pasa en las últimas cuatro páginas, también está muy jugado a lo emotivo, e incluso a un cierto vuelo poético que se contrapone (en una de esas, incluso se burla) del tono serio, casi científico, que prevalece en todo este tomo.
Esta vez, sobre 12 episodios, tenemos sólo dos dibujados por el maestro croata Goran Sudzuka, el suplente de lujo que tenía Y: The Last Man. Una verdadera pena, porque obviamente en esas páginas están los mejores dibujos del tomo. En todo el resto tenemos a la titular Pia Guerra, que ya no da tanta pena como en los primeros tomos y por momentos me logró conformar. Sus mejores viñetas son primeros planos, en los que logra reproducir algunas cositas de capos como David Lapham, o el recordado Eduardo Barreto, aunque la mayoría de las veces no hay magia que alcance para que nos olvidemos de que Guerra es de la B, y –creo- lo va a ser siempre. Me imagino TODA la serie dibujada por Sudzuka y me derrito (nah, en realidad me derrito porque hace como 35 grados).
Entre 2002 y 2008, Y: The Last Man conquistó muchos premios prestigiosos y una horda de fans (de ambos géneros) que aún hoy la reivindican como una serie fundamental, definitiva, sin nada que envidiarle a Sandman o The Invisibles. Y está muy bien. YTLM le aportó a Vertigo varias cosas que no tenía: ciencia-ficción blanda y distópica, un cierto clima de comedia costumbrista, elementos de la road movie, y además muchas cosas de las que sí eran habituales en los comics de este sello como la acción y la aventura para adultos, con niveles elevados de sexo y violencia, y sobre todo con un cuidado impresionante en los diálogos, un rubro en el que Vaughan saca mucha ventaja. Lo más probable es que Y: The Last Man se siga reeditando en uno y mil formatos hasta el fin de los tiempos, con lo cual sobrarán las oportunidades para engancharse y disfrutarla. Lo importante es que no la dejes pasar, porque de verdad es muy grossa.

domingo, 10 de noviembre de 2013

10/10: RUNAWAYS Vol.1-3

Ayer me comí dos horas de demora en Ezeiza, así que aproveché para bajarme los tres tomitos de Runaways al hilo, en vez de dosificarlos a lo largo de los varios días que me voy a quedar acá en Lima. En total son 18 episodios, un poco mucho para lo que tiene para contarnos Brian K. Vaughan, pero se hacen entretenidos.
Guarda: no esperes ni por casualidad leer algo al nivel de Saga, Ex Machina o Y the Last Man. Esto es un comic mainstream correcto, con mucho más desarrollo de personajes que machaca (de hecho, hay poca machaca), con excelentes diálogos y una trama que… para chicos de 16 años debe ser alucinante y para uno que es grande no está mal. Lo más atractivo es el planteo: seis chicos de entre 11 y 17 años descubren que sus padres son supervillanos, miembros de una secta oculta que tiene una runfla siniestra con unos alienígenas re-heavies y que están metidos en millones de cosas turbias, desde narcotráfico y prostitución hasta magia negra y manipulación de genes. Esa idea garpa a full. Después, el verosímil se estira demasiado, porque resulta que estos chicos tienen poderes, los descubren todos el mismo día y deciden usarlos… para ayudar a la gente, en un intento por compensar el mal que hicieron sus padres, a los que tratarán de destruir, o por lo menos de frenar. Esa segunda instancia del planteo de la serie la impulsa medio de prepo en una dirección mucho menos interesante y más trillada. Por ahí era más jugoso explorar cómo viven los hijos de los supervillanos en otro contexto, más “de entrecasa”, sin dejar de lado los conflictos (que podrían ser muchos y muy atractivos) pero sin lanzar a los borregos en una improbable cruzada por el Bien.
Aún con esa consigna, Runaways es divertida y hay un par de giros copados. Vaughan no se apura por integrar sus creaciones al Universo Marvel y por supuesto se resiste a meter a los chicos en los habituales crossovers. Ni siquiera se tienta en meter al Profesor Xavier, aún teniendo mutantes en su elenco. Apenas en dos episodios, aparecen un toque Cloak & Dagger, para una aventurita menor, casi sin consecuencias.
Por el lado del dibujo, en 16 de los 18 episodios tenemos a Adrian Alphona, un dibujante… no malo, pero poco inspirado, bastante del montón. Se ve que en algún momento alguien se da cuenta de que lo mejor que hace Alphona es resaltar las expresiones faciales de los personajes, y en un momento empieza a mirar (y a copiar de modo no muy alevoso) al máximo referente de las expresiones faciales en el comic de superhéroes: el maestro Kevin Maguire. El Alphona de los últimos episodios, con esas caras “a la Maguire” rema a full su notoria falta de originalidad y sus escasos huevos a la hora de plantear la narrativa gráfica.
Los episodios restantes los dibuja el portadista de la serie, Takeshi Miyazawa, a quien el origen japonés se le ve en la superficie del dibujo, pero no en la narrativa. Miyazawa no es un genio ni mucho menos, pero después de tantas páginas del “más de lo mismo” de Alphona, es un respiro que viene bien. Además este es un comic de 2003 pensado para ser leído por adolescentes, con lo cual cualquier cosa con olor a manga resultaba un hallazgo por parte del coordinador, el amigo C.B. Cebulski.
Runaways es una muy linda serie para introducir a chicos de 13 o 14 años en la lectura de comics de superhéroes, sin ir a la obviedad de basar todo en los íconos de la Golden y Silver Age. Vaughan tira ideas novedosas, las desarrolla lo mejor que puede y logra un comic con buen ritmo, donde entran las conspiraciones, la comedia , el romance y el misterio, como para suplir la dosis bastante moderada de violencia. Si estás a full con Vaughan y querés todas sus obras, dale una chance, que no está mal. Y si te interesa ver cómo se arma un grupo de superhéroes adolescentes 100% nuevo, con conceptos nuevos, sin colgarse de las tetas de los que ya existen, Runaways también te va a atrapar.