el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 18 de septiembre de 2017

DOS QUE TENIA PENDIENTES

Estos libros los leí entre jueves y viernes, pero durante el finde no tuve tiempo de sentarme a escribir reseñas. Aprovecho ahora, que tengo un rato libre (esto de levantarme temprano me está matando).
Me voy primero a 2008, cuando se edita en Japón el tomo Emanon Recuerdos, un manga que un lector del blog me recomendó allá por el 14/07/12, cuando me tocó reseñar otra obra de Kenji Tsuruta. Yo estaba fascinado con el dibujo de Tsuruta, pero casi indignado por las torpezas que me había encontrado en el guión de aquel manga… y la verdad es que acá el único problema que tiene el guión es que está infinitamente descomprimido. Tsuruta toma un relato del escritor Shinji Kajio y lo convierte en una historieta de más de 160 páginas, cuando tranquilamente podrían haber sido… 44, o como mucho 50.
Por suerte la historia está muy bien (levanta grosso en las últimas 15 páginas, así que si te venís aburriendo, aguantá) y el dibujo de Tsuruta es tan bueno que te estremece el alma. Hay que entrarle munido de una paciencia infinita, porque la trama se desarrolla a un ritmo realmente parsimonioso. Pero la verdad es que no resulta tan traumático, porque la trama en sí se basa en diálogos y silencios. No hay acción, no hay persecusiones ni peleas, y el único entrevero sexual está apenas sugerido. Todo se basa en climas y sensaciones que Tsuruta construye mediante secuencias largas en las que los personajes o hablan, o se miran, o miran al infinito. Hay un misterio vinculado a un elemento fantástico, pero en ningún momento se llega a articular (con perdón de la palabra) un conflicto importante, ni a generar tensión en el lector. Queda todo ahí, en lo que se dice, en lo que se da por sentado, en lo que se intuye… y por supuesto en lo que cada uno quiera interpretar. Si te gustan las historias intimistas, con un toque romántico y un toque fantástico, y no te jode que la trama esté narrada con un grado máximo de decompresión, entrale a Emanon Recuerdos y disfrutá. Ya solo por el dibujo de Tsuruta, se recontra-justifica.
Sigo en mi cruzada por terminar de leer todo el material argentino publicado en 2016 y me encuentro con Ich: Furia de Cemento, de Luciano Saracino y Ariel Olivetti, un trabajo que se puede leer tranquilamente sin tener la menor idea de lo que pasa en el tomo de Ich que vimos el 25/11/15. A diferencia de la primera saga, este nuevo Ich está ambientado en el presente y más pensado para el mercado de EEUU. El argumento es un clásico que leímos millones de veces: un pibe común descubre que es “el elegido”, que le toca hacerse cargo de poderes y responsabilidades que van mucho más allá de los límites de su imaginación, y el pibe dice “nah, no me interesa, métanse el poder en el orto”… hasta que pasa algo que lo hace cambiar de opinión.
Sobre esa base tan remanida, Saracino construye una historia sumamente ganchera, con un ritmo ágil, diálogos ingeniosos, el regreso de los conceptos más atractivos de la primera saga y lo más interesante: un muy lindo elenco de personajes secundarios y villanos, muchos de los cuales tienen un desarrollo interesante y otros te dejan esperando con ansias nuevas aventuras de Ich en las que los veamos desarrollarse más. ¿Qué le falta a estas 100 páginas? Un climax más fuerte, esa escena tremenda en la que vemos que el héroe pone todo pero no le alcanza y tiene que poner más. Acá lo más parecido al climax llega cuando Curt dice “bueno, dale, acepto ser el Elegido”… que es lo que todos sabíamos que tarde o temprano iba a pasar.
Visualmente, hay más sorpresas. Muchas, por suerte. Incluso me atrevo a postular que este es el mejor trabajo de Ariel Olivetti en lo que va del Siglo XXI. Por el riesgo en la narrativa, por la evolución en las expresiones faciales, por el manejo del timing (fundamental sobre todo en las secuencias donde Saracino se florea con algún toque de comedia), por el laburo que tiene cada página, más allá de que los fondos sigan siendo fotos retocadas. Acá se nota demasiado que Olivetti está cómodo, a gusto, involucrado con los personajes, con la historia, sin “mirar el reloj” a ver cuánto falta para la próxima escena de machaca entre monstruos hiper-musculosos. Una verdadera cátedra de este animal mitológico del dibujo al que, cada tanto, la historieta logra volver a enamorar.
Y no tengo más material leído. Le meto pata para tratar de clavar por lo menos dos posteos más antes del 26, que empiezan mis vacaciones. Gracias por el aguante de siempre.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

25/11: ICH

Este libro es una versión muy mejorada de la historieta que Luciano Saracino y Ariel Olivetti publicaron durante varios meses en el suplemento de Historietas Argentinas de Télam. Básicamente se trata de una versión de Ben 10 trasladada a al América joven, a la época de mayor conflicto entre los pueblos originarios y los conquistadores españoles. Estos últimos se presentan como villanos malignos y codiciosos, mientras que un joven aborigen (Ich) se decidirá a combatirlos con unas máscaras que le permiten cambiar de forma y le otorgan fabulosos poderes.
La idea está muy bien. No recuerdo otras historietas que hayan combinado esa ambientación con una temática aventurera zarpada en elementos fantásticos. Después, al guión le encontré altas y bajas. Vamos primero a lo que me gustó mucho:
Me encantó el desarrollo del protagonista y el espacio que le dedica Saracino a darle consistencia y sustancia al villano. En un momento uno siente que lo conoce tanto, que queda a un par de atrocidades de hinchar por el irredimible Sebastián de Loup. Me gustó el hecho de que el guión no sea didáctico, que no nos “contamine” la aventura con datos históricos. Me encantó que la chica aborígen cante una canción… que es la misma que canta el Mano en El Eternauta. Y por supuesto, todo está ornamentado con la prosa de Saracino, que engalana hasta las historias de machaca más burda con un vuelo poético increíble. Quizás te haga ruido, o sientas incluso que esos bloques de texto llenos de lirismo contrastan en un punto con lo que vemos en la historia. Pero te aseguro que es muy difícil escribir así. Hay que haber leído mucho a Robin Wood, haberlo entendido (no todos sus lectores lo logran) y además hay que saber aggiornarlo al Siglo XXI.
Vamos con las cosas que no me cerraron: Se supone que esta es una aventura heroica, a la que se van a acercar muchos pibes en busca de acción y machaca. Muy linda la poesía, hermosa la línea que baja la trama, pero la hinchada quiere ver a Ich transformarse en monstruos super-power y destripar villanos. Entre la primera vez que Ich destripa villanos y la segunda, pasan… cuarenta páginas. Por supuesto suceden otras cosas y el personaje crece un montón, pero son 40 páginas sin machaca. Y lo otro que no me convenció es el final, muy abrupto y medio traído de los pelos: llega el enfrentamiento grosso con el villano y este pela, de golpe, un poder alucinante que nunca supimos que tenía. No había pistas ni indicios de que Sebastián de Loup pudiera hacer lo que hace en esa lucha final. Y claro, es una lucha corta en la que el héroe pierde. Cuatro viñetas a modo de epílogo y fin. La verdad que esperaba más del desenlace…
El dibujo de Olivetti es muy atractivo, desde el momento en que no trabaja con coloristas sino que apuesta al color directo. Por supuesto con herramientas digitales, pero no por eso menos efectivas. Como siempre, Ariel sorprende con el manejo de la anatomía, de la iluminación y de las texturas. Esta vez, además, acierta con el detalle de ponerle al principal villano los rasgos del abominable Alfredo Astiz y a su esbirro los de… otro personaje de historieta con el que tuvo algo que ver hace muchos años. Me encantó ese gusano gigante recontra-Richard Corben y en general, hay un buen trabajo en las expresiones faciales y en la narrativa. No me convence que haya dibujos repetidos varias veces, pero bue… Y después está el tema de los fondos, que parecen fotos mínimamente retocadas. Soy consecuente con mi postura crítica frente al uso de fotos retocadas en los fondos, pero no soy ciego: me doy cuenta de que dentro de la estética de Olivetti tiene mucho sentido que los fondos se vean hiper-reales.
En fin, veo hay mucho esfuerzo por parte de dos autores a los que se les nota bastante cuándo sacan los laburos “con fritas” y cuándo le ponen toda la garra y la pasión. Acá, ni Saracino ni Olivetti se guardaron nada. El resultado es una obra atípica para la historieta argentina (por ambientación, por temática y por estética) y a la vez bastante seductora para los mercados internacionales, donde ya se está empezando a traducir y reeditar. Falta bastante para Carnaval, pero igual da para ponerse una máscara y pelear del lado de Ich.