el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 14 de junio de 2015

14/ 06: HISTORIAS DE SOLDADOS Y MAQUINAS

Segundo recopilatorio de historias cortas realizadas en los ´70 por Mino Milani y el alucinante Sergio Toppi, de nuevo muy centrado en la temática bélica y con un tomo predominantemente didáctico. Este tomito nos ofrece seis historias cortas (ya vimos otras cinco en la reseña del 31/05/15), que vamos a repasar una por una.
La primera dedica sus siete páginas a rescatar la figura de Fernando Pallasciano, un italiano que tuvo un rol muy destacado en el origen de la Cruz Roja, y que pagó caro el haber bregado por la salud de los caídos en combate, sin importar para qué bando pelearan. Es una historia MUY basada en el texto, al estilo de las de los Big Books, pero como por suerte es poco lo que Milani tiene para decir, no queda una cosa claustrofóbica, atiborrada de viñetas microscópicas sobrecargadas de palabras.
La segunda, con apenas seis páginas, nos lleva a la Guerra de Secesión de los EEUU, para conocer un poco más sobre los últimos días del General Thomas Jackson, hábil y valiente militar sureño, cuyo genio táctico se explora bastante a fondo. También, es una historia principalmente documental, informativa, sin ningún amague de curva dramática.
La tercera, en cambio, es una aventura pura y dura, que le sucedió en la vida real a un joven Winston Churchill. A lo largo de nueve páginas vemos a quien luego sería Primer Ministro de Inglaterra superar terribles ordalías en Sudáfrica, durante la guerra entre los británicos y los boers, los colonos holandeses. Acá, además de la intención documental, se nota la mano del guionista para hilvanar una trama, hacer crecer la tensión y resolver de tal modo que el lector se sienta sorprendido y satisfecho. Creo que es la mejor historia del librito.
La siguiente es, de nuevo, una historia documental, didáctica, en la que lo central pasa por explicarnos cómo cambiaron las tácticas bélicas cuando aparecieron primero las ametralladoras y después los tanques. Acá no importan los personajes, ni para qué bando pelean, sólo el impacto que generaron las nuevas tecnologías aplicadas al combate militar.
En la quinta historia, Milani vuelve a apostar por un relato más humano, más centrado en los personajes, en este caso soldados italianos a los que les va muy mal en una batalla contra los austríacos, allá por 1917. Es un relato atrapante, donde funcionan muy bien los recursos que emplean los autores para ponerte nervioso.
Y la última es una anécdota menor de la Segunda Guerra Mundial, en la que –por un momento- el honor y la solidaridad le ganan la batalla a una masacre que se cobra miles de vidas durante la retirada de un batallón italiano del frente ruso. Es una historia que se queda a mitad de camino, entre lo documental y lo aventurero, pero que no está mal sobre todo por la línea que baja.
Felizmente, a lo largo de las seis historias tenmos muchas menos viñetas por página y mucho menos texto por viñeta que en los relatos que vimos en el tomito anterior. Eso significa más espacio para el lucimiento del verdadero motivo por el cual Historias de Soldados… merece un lugarcito en la biblioteca, que es el dibujo de un Sergio Toppi brillante. Toppi pone su blanco y negro fuerte y elegante al servicio de los climas, deja la vida en la documentación, trata de darle plasticidad a todos los rostros (incluso a los que se ve obligado a copiar de fotos para conservar la resemblanza con las figuras históricas que protagonizan las historias), se acomoda lo mejor que puede cuando le toca alguna página muy cargada de viñetas y logra impactar siempre con su descomunal equilibrio entre espacios blancos y masas negras. En el medio entre ambos extremos, el plumín mágico del milanés baila y nos regala unas texturas, unos detalles y unos crosshatchings alucinantes.
Si no te molesta el tono didáctico, o documental de las historias, esto te va a resultar muy entretenido, a tal punto que ni te vas a imaginar que son historietas escritas hace más de 40 años. Y si te importan un carajo los guiones y te conformás con que el dibujo esté bueno, preparate, porque acá da cátedra Sergio Toppi, un maestro difícil de igualar en este género y en cualquier otro.

domingo, 7 de junio de 2015

07/ 06: FANFULLA

Otra vez me lo encuentro al guionista Mino Milani al frente de una aventura ambientada en el medioevo, esta vez acompañado nada menos que del maestro Hugo Pratt. Las 46 páginas de Fanfulla se publicaron originalmente en Il Corriere dei Piccoli, en 1967, es decir, en simultáneo con la primera aventura de Corto Maltés. Como su nombre lo indica, Il Corriere dei Piccoli era una revista para chicos y ese detalle jerarquiza de alguna manera a esta historia, porque el guión no condesciende en ningún momento, no se hace didáctico, ni excesivamente simplista ni sobre-explica nada de lo que está pasando. Es un guión que no te falta el respeto si lo leés ya de adulto.
La aventura se inicia durante el famoso saqueo de Roma, donde ya estuvimos de la mano de Dago allá por el 30/06/13. Y nos cuenta ese suceso desde la óptica contraria: Fanfulla es uno de los invasores, quizás el único al que le da asco ver a los hombres reducidos a bestias carroñeras a las que sólo les interesa robar, matar y violar. Pero transcurridas apenas siete páginas, el episodio de Roma será apenas un prólogo, algo menor, que se podría haber contado más adelante a modo de flashback, porque la historia de Fanfulla arranca para otro lado. El núcleo de la trama gira en torno a la resistencia de la ciudad de Florencia frente al embate de estas tropas de mercenarios saqueadores y la idea es resolverlo no desde el conflicto bélico sino desde la intriga palaciega. Las batallas tendrán su peso, pero sucederán básicamente “fuera de cámara”, mientras que el guión se centrará mucho más en las personas: Fanfulla, sus aliados y algún traidor infiltrado entre este grupito que lidera la resistencia.
Hasta ahí todo bien, hasta que se te ocurre abrir el libro. Y enseguida te asaltan dos realidades desoladoras: por un lado, la cantidad de viñetas por página que tiene esta “álbum” y por el otro –pero conformando un team-up casi perverso con lo anterior- la cantidad de texto que mandó Milani en cada viñeta. Esto está pensado para que le dediques mucho tiempo de lectura, porque en todos los cuadritos hay personajes que hablan, y a veces también hay bloques de texto que –por suerte- no repiten lo mismo que nos muestran las imágenes.
Para 1967, Pratt ya estaba acostumbrado a llenar páginas con viñetas microscópicas. Era (para mi gusto) el autor que mejor se movía en los limitadísimos confines de la página dividida en cuatro tiras de viñetas. Y acá lo vemos dibujar CINCO tiras de viñetas en casi todas las páginas, un atractivo que tiene más que ver con la filatelia que con el comic, porque más que cuadros de historieta parecen estampillitas con diálogos. Cuando Pratt “se rebela” y mete un cuadro más grande, se ve obligado a compensar y rodearlo de un montón de cuadritos aún más chiquitos que los normales y el resultado es muy poco atractivo.
Para hacer todo un poquito más triste, justo en este trabajo a Pratt se le ocurre probar un estilo “más libre”. Eso significa que el Tano empieza a definir figuras con poquísimos trazos, a veces con manchas y a veces simplemente con líneas, muy rústicas, muy básicas. Ni siquiera cuando tiene que dibujar paisajes Pratt se pone las pilas para crear imágenes más sofisticadas. Se ve que tenía poca guita para contratar asistentes… Y como además hay millones de cuadros por página, todos muy chiquititos, el veneciano opta por dibujar principalmente cabecitas, con lo cual vemos poca variación de planos. Hay algunos dibujos más jugados, donde Pratt propone figuras más grandes, en poses más atractivas, o primeros planos resueltos con un poco más de detalle y de expresividad. Pero en general es un laburo de esos que Pratt “sacaba con fritas”, en el que su genialidad gráfica aparece sólo de a breves chipazos.
Como para sintetizar, si sos muy fan de Hugo Pratt y lo bancás en todas, supongo que esto ya lo tenés porque se editó en España a principios de los ´80 y circuló bastante por nuestro país. Y si sos un poco más selectivo y querés reunir sólo aquellas obras del prolífico autor donde realmente dé cátedra ya sea en guiones o en dibujos, este es un trabajo que podés dejar pasar sin mayor inconveniente.

domingo, 31 de mayo de 2015

31/ 05: HISTORIAS DE SOLDADOS Y JUGLARES

Allá por principios de los ´70, el maestro italiano Sergio Toppi se juntó con el guionista Mino Milani y de ahí salieron un montón de historias cortas ambientadas en distintas guerras, desde el medioevo hasta la (por entonces reciente) Segunda Guerra Mundial. Este libro reúne cinco de ellas, no en el orden en que las realizaron los autores italianos, sino en el orden cronológico real, empezando por la de ambientación más antigua y llegando hasta la de ambientación más reciente.
Cuando digo que son historias cortas, lo digo en serio: todas tienen ocho o nueve páginas. Y casi todas ostentan grandes ambiciones en cuanto a lo que se proponen contar. Así es como Toppi termina por llenar las páginas de cuadritos chiquitos, a su vez muy poblados de texto. A tal punto que en la primera historia, por ejemplo, tenemos viñetas que sólo muestran texto, como en El Eternauta y tantas otras historietas definitivamente antiguas. Por momentos el texto tiene tanto protagonismo y se hace tanto cargo de llevar adelante el relato, que los dibujos de Toppi se convierten en meros complementos, que ilustran pedacitos de lo que narra Milani con palabras.
La primera aventura, ambientada en Francia en 1040, no es gran cosa. Arranca lento, se apresura al final y obviamente necesitaba por lo menos cuatro páginas más para evitar que los masacotes de texto ahoguen por completo al dibujo, que a veces aparece apretujado en viñetas que parecen estampillas.
La segunda historia nos lleva a Suiza, en el año 1476. Esta vez hay un poco menos de texto, y un problema menor: hay una sóla escena contada a partir del dibujo… y es completamente innecesaria. Si leés sólo los bloques de texto, se entiende todo perfecto. Por suerte hay menos cuadros por página y el dibujo de Toppi se luce muchísimo más, pero me queda la sensación chota de que la historia en sí no era de las más idóneas para ser traspasadas al lenguaje de la historieta.
Para la tercera historia, la ambientación elegida es Italia en 1526. Esta debe ser la historia más floja: un conflicto poco atractivo, un personaje que no se hace querer en lo más mínimo, un final aticlimático, textos que dicen lo mismo que nos muestran los dibujos… Por suerte no es tan heavy el volumen de texto y nos podemos babear con los dibujazos de Toppi, aunque esta es la historieta en la que menos fondos dibuja.
La cuarta nos lleva al Sudán egipcio, en 1878. Es una anécdota menor pero bien narrada, con el dramatismo bien manejado y un lindo moñito en el final. Hay una sóla página de 9 cuadros y el resto está bien equilibrada entre texto e imagen.
Y la última historia, ambientada en la Primera Guerra Mundial, es lejos la mejor, la más original, la menos predecible, la que se apoya más en las relaciones entre personajes muy bien construídos. Por supuesto le vendrían bárbaro cuatro páginas más, para descomprimir un poco, para que no recibamos tanta información tan apretada, para no fumarnos páginas de 10 viñetas, para darle más aire al dibujo y que no sean los bloques de texto y los diálogos los que nos cuentan TODO lo que necesitamos saber… Pero sin dudas es la historia más linda, la más “moderna”, o por lo menos la que mejor se banca los 45 años transcurridos desde su publicación original.
El dibujo de Toppi es invariablemente potente, elegante. Incluso cuando no tiene espacio para lucirse, el maestro deja todo. A veces pierde la pulseada contra el afán de mostrar de un modo casi documental a personajes que existieron en la realidad, y le salen figuritas de la Billiken con mucha resemblanza pero poca onda. Cuando eso pasa a segundo plano, Toppi sorprende con la versatilidad de su línea (a veces bien finita, bien clara, a veces muy cargada), siempre en sintonía con los climas, con la iluminación y con lo más logrado que tienen estas páginas, que es el equilibrio entre espacios blancos y masas negras. En los trabajos en los que Toppi se calienta menos por mostrar su impronta autoral y en vez de hacerse el artista se pone el overol, la calidad no baja para nada. Ahí aparece un dibujante de estética realista sumamente correcto, con un trazo vigoroso, gran manejo de los fondos, de la documentación, de las expresiones faciales. Ese es el Toppi al que se puede imitar sin quedar como un “clon choto de…” y ahí aparecen cosas que veremos luego en Jorge Zaffino, Leopoldo Durañona o Luis García Durán, entre otros.
Repito: los guiones no son gran cosa salvo el último (El largo viaje del Zeppelin). Pero si comprás historietas por los dibujos y querés ver cómo se podía descollar en el género bélico o histórico sin chorear a Hugo Pratt, ni a los maestros norteamericanos que venían desde los años ´30, estos trabajos “menores” de Toppi te pueden enseñar unas cuantas cosas. Tengo por ahí otro librito de la misma colección, con más historias cortas de los mismos autores, así que pronto habrá secuela.