el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Uzumaki. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Uzumaki. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de marzo de 2014

19/ 03: UZUMAKI

Otra excelente edición yanki de un comic extranjero, en este caso “el integral” en tapa dura de Uzumaki, la obra definitiva, la que terminó de consagrar a Junji Ito como uno de los grandes maestros del manga de terror.
La consigna es bastante similar a la de Tomie (la vimos el 14 y el 25/02/11, con el nombre frutihortícola de “Museum of Terror”). En ambos casos, a Ito se le ocurre una idea muy loca y en vez de plantearla como novela gráfica, la desarrolla en forma de serie, en un montón de episodios autoconclusivos que giran siempre en torno a –más o menos- lo mismo y que a la larga se hacen parecidos entre sí. La gracia de Tomie era ver cómo cada uno de los 42 cachos en los que habían cortado el cadáver de esta jovencita asesinada se regeneraba y se convertía en una nueva Tomie, con justificada sed de venganza. En Uzumaki todo se centra en un pueblito costero llamado Kurouzo-cho, en el que se pone de manifiesto de modo cada vez más heavy la maldición de los espirales. Al autor se le ocurre que los espirales son una inagotable fuente de desgracias para esta pobre gente y así empieza a pergeñar historias truculentas, perturbadoras o sencillamente asquerosas, basadas en la presencia de algo tan sencillo, tan de todos los días, como los espirales.
Un diseño en un plato, el caparazón de un caracol, un remolino, una serpiente enroscada, un resorte, los rulos de una chica, los espirales para ahuyentar mosquitos, el propio vuelo de los mosquitos, por todas partes aparecen espirales y todos desencadenan tragedias sobrenaturales, al borde de la locura. Al principio, el único que se preocupa es Shuichi Sato, pero nadie le da mucha bola. Después, su novia, Kirie Goshima (la verdadera protagonista de la serie) terminará por creerle y juntos tratarán de resolver este ancestral misterio que afectará terriblemente las vidas de los pobladores de Kurouzo-cho.
En los primeros dos tercios de Uzumaki, Junji Ito arma episodios autoconclusivos, que casi pueden leerse en cualquier orden, todos con su final redondito, prolijo y generalmente muy impactante. Ya sobre el tercio final de la obra (las últimas... 215 páginas) la cosa cobra dimensiones tan gigantescas, tan zarpadas, que los episodios terminan más cerca del cliffhanger jodido que del final redondito. Toda esa última parte se lee mucho más como una novela que como una serie de historias autonclusivas. Y a pesar de que el verosímil se va a la mierda 20.000 veces, la trama es realmente atrapante y cuesta soltar el libro hasta el final.
Como en las obras de los principales referentes de Ito (Kazuo Umezu e Hideshi Hino) hay momentos en los que los efectos a los que recurre el autor para darnos miedo o asco son tan grotescos, tan pasados de rosca, que terminan por generar la risa. Y también como en las historias de estos maestros, varios de los episodios de Uzumaki le sirven a Ito para hablar de otras cosas, que tienen que ver con la vida cotidiana de los japoneses. La alienación, la competencia, la discriminación del distinto, el culto a la belleza, la desigualdad entre ricos y pobres... todo eso se ve en las calles de Kurouzo-cho y se cierne sobre los protagonistas con la misma sordidez que la maldición de los espirales.
El dibujo de Ito está muchísimo mejor que en Tomie. Si en aquel trabajo veíamos al ídolo luchar duro para “conquistar” una cierta solvencia dentro del estilo académico-realista, acá lo vemos muchísimo más afianzado en esa estética. Por momentos, Ito dibuja tan bien que parece Ryoichi Ikegami. O mejor, porque el entintado es mucho más personal, más oscuro, más expresivo, como si lo estuviera entintando Guido Crépax, ponele. Además tenemos un laburo minucioso y monumental en fondos, paisajes y criaturas bizarras, todo repleto de texturas y tramas mecánicas, y cuando se pone espeso el tema de los remolinos, entran en escena unas líneas cinéticas dibujadas con una fuerza y una originalidad increíbles.
Con Uzumaki te vas a divertir, te vas a sorprender, vas a gritar varias veces “¡No podéees!” y quizás hasta te asustes un toque. Lo que es seguro es que después de bajarte este masacote de casi 650 páginas, nunca vas a volver a ver con los mismos ojos un espiral. Otro manga distinto, fresco, intenso y audaz que no se entiende bien por qué carajo no se publica en nuestro país...