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viernes, 20 de marzo de 2026
TIEMPO PARA RETOMAR
Otra semana en la que tuve poquísimo tiempo para leer comics y menos todavía para escribir reseñas. Vamos ya con el material que pude leer, antes de que me olvide y lo tenga que leer de nuevo :P
El copado de Jeff Lemire arranca el Vol.3 de Black Hammer con un breve recuento de lo sucedido en los primeros TPBs (los vimos acá el 27/06/19 y el 12/01/23, respectivamente) y -para mi sorpresa- me acordaba de casi todo. Hasta de los nombres de algunos personajes. Acá arranca un arco extenso, llamado Age of Doom, que continúa en el Vol.4 (que está ahí, en el pilón de las futuras lecturas) y que nos trae un montón de revelaciones para los misterios que construyó Lemire en los dos primeros tomos. ¿Cómo cayeron a ese pueblo rural estos superhéroes tan parecidos a los de DC? ¿Por qué no pudieron salir de ahí durante 10 años? ¿Era todo real, todo mentira, un plan maligno de algún villano? Acá están todas las respuestas y son sumamente impactantes.
Toda esa tensión acumulada entre un relato costumbrista, casi pastoral, protagonizado por ex-superhéroes y ese misterio zarpado, donde parecían estar implicados elementos de misticismo y/o ciencia ficción, explota en estas páginas. Quizás no de modo tan orgánico, porque a Lemire parece incomodarlo la decisión más importante que tomó en el TPB anterior, que fue hacer aparecer en la granja a Lucy, la hija del Black Hammer original, ahora convertida en una nueva superheroína que continúa el legado de su padre. Entonces, en un pase de manos digno de René Lavand, se saca de encima a Lucy y la manda... a una especie de universo Vertigo, por donde se pasea junto a una especie de Deadman, visita a una especie de Endless y hasta se cruza en una viñeta con Sweet Tooth. Todo esto es entretenido, pero en el contexto global de la saga, parece más un chiste largo que un elemento importante en la trama. Los avances realmente relevantes llegan unos episodios después, cuando Lucy llega por segunda vez a la granja y confronta con... los responsables de todos estos extraños sucesos.
De nuevo, Black Hammer es un comic logradísimo, que no necesita abusar de la machaca para atraparnos en una historia que solo podía ser protagonizada por superhéroes. Que aparecen retratados como seres humanos creíbles y tridimensionales (sobre todo Abe, Gail y Max) y que sobre el final del tomo se van a reencontrar con algo que en sus vidas es fundamental y que creían haber perdido para siempre: la épica. Pero ese reencuentro se va a explorar más a fondo (supongo) en el Vol.4. Y no, Dean Ormston no es de esos dibujantes que uno asocia con el relato épico, grandilocuente e incluso estridente en el que se mueven con tanta comodidad los superhéroes. Pero acá demuestra que puede dibujar de todo muy bien, no solo las escenas de gente charlando. La trama lo lleva de los paisajes bucólicos a la gran urbe, al Infierno, al espacio exterior, a esa dimensión "conceptual" donde habitan los falsos Endless, y Ormston no flaquea nunca y sale bien parado en todas las secuencias. Y sí, claro, tiene en el mazo un as de espadas que es el color de Dave Stewart, que tampoco falla jamás.
Espero poder entrarle al Vol.4 antes de fin de mes, porque este me dejó muy cebado.
En mi recorrida por la historieta latinoamericana reciente, me devoré Escuta, formosa Márcia, una novela gráfica del maestro brazuca Marcello Quintanilha que apareció por primera vez en 2021, en Francia, y que pude conseguir en la lujosa edición de Fantagraphics, en inglés. Estos ilusos se creyeron que podían vender un montón de ejemplares de una obra totalmente alienígena en el mercado yanki, al precio disparatado de u$ 30... y así es como Listen, Beautiful Marcia terminó en el sector de ofertas de la tienda virtual en la que yo cada tanto compro material.
Pero vamos a lo importante: más allá de los premios que ganó, Escuta, formosa Márcia es hasta ahora la mejor obra en la imponente trayectoria de Marcello Quintanilha. El dibujo es sublime, los personajes parecen estar tomados (al igual que los fondos) de referencias fotográficas, pero tienen una plasticidad, una vida, increíbles. Nada que ver con lo que vimos el 26/06/21 en Talco de Vidrio. El color es espectacular y el contraste entre la línea finita y lo brutal, lo grotesco del argumento, es un hallazgo formidable por parte del autor.
Escuta, formosa Márcia es por momentos un drama familiar profundo, la historia de una mujer de clase baja con un corazón y unos ovarios inmensos, dispuesta a luchar contra todo para tener una familia más o menos feliz, mientras se desloma (en serio) trabajando. Pero lo interesante es que, para contarnos esto, Quintanilha no se abstiene de recurrir en varios pasajes a un tono grotesco, caricaturesco, como si estuviéramos en un sketch de Antonio Gasalla, con gritos y puteadas al límite de la carcajada. Sumémosle que buena parte de la historia transcurre en una favela de Río de Janeiro, donde gangsters y policías están entongados en una red de narcotráfico y corrupción, y de ahí salen elementos de acción, peligro y corchazos sin renunciar nunca al realismo. Quintanilha nos introduce en un submundo en el que la marginalidad está totalmente normalizada y es parte de la vida cotidiana de Márcia y de miles de personas más. Algo que a los argentinos también nos resulta mucho más cercano que a los franceses o los yankis, pero que rara vez nuestros autores toman para darle espesor dramático (o cómico) a sus historietas.
En general, las historias que exaltan el amor y los valores familiares me dejan un poco frío, pero en Escuta, formosa Márcia hay tanto más que eso, y está todo tan bien ensamblado, que me hipnotizó, me fascinó al punto de no querer que se terminara nunca. Marcello Quintanilha me ametralló con más de 100 páginas repletas de emociones, y encima con uan evolución en su estilo que levantó muchísimo una vara que ya venía muy alta, porque a nivel gráfico la rompe desde sus primeros trabajos. Una obra altamente recomendable y que le suma signos de interrogación y de exclamación a la pregunta (ya casi en tono de alarido que te desgarra la garganta) de por qué en Argentina no se conocen las historietas más importantes y más bellas que producen nuestros hermanos de Brasil.
Hasta acá llegamos, y ni bien tenga nuevos libros leídos, retomamos. Perdón por lo espaciado de las reseñas, pero -posta- estoy hasta las pelotas con otras obligaciones. Buen finde extra-large per tutti.
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sábado, 27 de septiembre de 2025
NOCHE DE INVESTIGACIONES
Hoy tengo para reseñar dos comics en los que pasa lo mismo: una chica investiga, averigua y busca data para entender hechos del pasado. No son muchos más los puntos en común entre ambas obras, pero para empezar, no está mal.
Vuelvo al universo de Black Hammer, que lo tenía abandonado desde el 12/01/23, para leer Sherlock Frankenstein and the Legion of Evil, un arco que originalmente se publicó a modo de spin-off, pero que después nos explicaron que es el Vol.3 de la saga y que debe leerse justo después del Vol.2, que es el último que vimos en este espacio. El TPB arranca con el nº12 de Black Hammer que (al igual que el nº 9) parece medio descolgado en el contexto de la serie, y está dibujado por David Rubín. Sin embargo, ese unitario funciona perfectamente como prólogo de la miniserie de Sherlock Frankenstein, con lo cual tiene infinitamente más sentido leído como parte de este TPB que como "unitario" dentro de la serie regular que escribía Jeff Lemire.
En la reseña del Vol.2 mencioné que había un plot "bastante secundario", que involucraba a la hija de Black Hammer, decidida a "llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo". Bueno, de eso se trata este tramo de la saga de Black Hammer. Todo pasa por Lucy Weber y su pesquisa, que la lleva a entrevistar a los principales villanos que componían la galería de adversarios de su padre. Lemire utiliza este argumento para -de manera magistral- tirarnos alta data acerca del pasado de este universo, pasar en limpio mucho de lo que sucedió antes de aquel fatídico combate entre los principales superhéroes y el Anti-God, y además para darle personalidad y profundidad a villanos que hasta ahora apenas se habían mencionado, e incluso a otros creados para este arco. Lucy y Sherlock Frankenstein son los personajes que Lemire más y mejor desarrolla, pero la verdad es que los hallazgos no se circunscriben ni ahí a la hija y el némesis de Black Hammer. Como todo relato que indaga en la memoria y en los sucesos del pasado, predomina un cierto clima nostálgico que le arrebata el protagonismo a la machaca que uno supone que se va a encontrar en un comic repleto de superhéroes y supervillanos. Pero ya lo dijimos en las reseñas anteriores: Black Hammer es otra cosa, va para otro lado. Es una mirada distinta a los universos "piyameros", enriquecida por el amor y la erudición que despliega Lemire en este género, pero con otra ambición.
Y uno diría "qué desperdicio tener a un dibujante salvaje como David Rubín y ponerlo a dibujar una historieta en la que no abunda la machaca"... pero no. Acá se luce un Rubín más tranqui, que no necesita meter acción y violencia para generar páginas y secuencias de enorme intensidad. Con los diálogos y los silencios también se puede construir algo monumental, y Rubín lo logra ampliamente. Por supuesto que cuando aparecen personajes monstruosos, peleas estridentes o transformaciones escabrosas el trazo del gallego (y su paleta de colores, y su rotulado) pega a mucho más fuerte, pero también la rompe en las escenas más tranqui. La verdad que este es un tomo brillante, que abre muchísimas puntas, que cohesiona muchísimo a este universo cautivante y que te deja con ganas de zambullirte en el siguiente tomo, que no es el Vol.3 de Black Hammer sino uno que no tengo, protagonizado por el Doctor Andromeda. Ojalá lo consiga pronto.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para disfrutar de una gratísima sorpresa. En general, cuando uno lee mucho Kundo Krunch, Jok, Tátum, Pablo Burman, Ángel Mosquito... siente que ya está preparado para todo, que ya tiene incorporado el hecho de que hay dibujantes muy capos y muy locos, que no se calientan por reproducir la realidad que los rodea, sino que se juegan a reimaginar, reinterpretar y rediseñar todo: el fuego, el agua, los objetos, los paisajes, la gente... Todo pasa por un prisma muy personal, que requiere un grado más de decodificación por parte del lector pero que suele gratificarlo muchísimo. Y ahora a esa línea hay que sumarle un nombre más, un dibujante originalísimo, tremendo, con un trazo hiper personal, una imaginación impresionante y un pulso narrativo totalmente hipnótico: Federico Schujman, joven autor oriundo de Mar del Plata, que parece una especie de Chantal de Spiegeleer ida al carajo, mezclada con algún autor medio salvaje del under español.
Marea Roja es la primera novela gráfica de Federico Schujman y sorprende por todos lados. No solo por lo original del dibujo, el color y las texuras, no solo por lo efectivo de la puesta en página y el manejo impecable de las escenas mudas. También el guion exhibe una solidez increíble, si pensamos que es un autor novel que no tiene ni 30 años. Obviamente que no es perfecto (hay un par de personajes que amagan con tener mucho peso en la trama pero se desdibujan un poco y aún así Schujman fuerza un toque su presencia en las escenas importantes) pero es mucho mejor que guiones firmados por tipos y minas con muchísima más trayectoria.
Esta vez, la chica que indaga en el pasado es Natalia, quien despierta amnésica en un puerto y necesita saber quién es, qué le pasó y por qué le falta uno de sus aros de perlas. Con esa premisa, Schujman nos va a guiar por un laberinto de corrupción que involucra trata de personas, tongo en las peleas de boxeo y una familia mafiosa que goza de total impunidad. El autor no solo nos hace empatizar con Natalia, sino que hasta los villanos tienen momentos en los que los vemos como seres de carne y hueso, sensibles y humanos. El trabajo con los personajes secundarios también es muy notable, el juego de ir para adelante y para atrás en el tiempo está muy bien logrado, y no hay un solo momento en las más de 180 páginas que dura Marea Roja en el que te aburras o te preguntes si falta mucho para el final. Mientras tanto hay superchería, vómitos, sexo, pesca, alucinaciones, piñas, asesinatos, incendios y demás condimentos para una trama de verdad, memoria y justicia que -no tengo dudas- te va a enganchar... a menos que te expulse el dibujo que -como sucede a veces cuando los autores desarrollan una estética tan extrema- no está pensado para gustarle a todo el mundo. Yo compré hook line and sinker, y ya estoy a la espera de una nueva novela gráfica de Federico Schujman. Ah, muy grosso que una editorial como Loco Rabia apueste por una propuesta así, una obra ambiciosa y zarpada de un autor al que no lo junan ni en su casa.
Y nada más, por hoy. Capaz sale una entrada más antes de fin de mes, capaz no... veremos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto.
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Jeff Lemire
jueves, 12 de enero de 2023
NOCHE DE JUEVES
Bueno, acá estamos con nuevas lecturas para comentar.
Después de un larguísimo paréntesis, me devoré el Vol.2 de Black Hammer (la reseña del Vol.1 apareció el 27/06/19), la gran serie de Jeff Lemire que le da una vuelta de tuerca extrañísima y brillante al típico homenaje/ deconstrucción de los clásicos superhéroes de la Silver Age y aledaños. Acá tenemos una historia coral, tan atrapante que te hipnotiza, porque Lemire todo el tiempo incorpora elementos dramáticos pensados para generar tensión y al mismo tiempo para profundizar en la construcción de los personajes. El plot que en el Vol.1 era bastante secundario (la hija de Black Hammer quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo) esta vez es mucho más importante, al punto de ser el auténtico hilo conductor de la trama. Pero hay mucho más, porque entre flashbacks y escenas medio descolguettis (el nº9, dibujado como los dioses por David Rubín, es prácticamente una escena descolguetti que dura todo un número) el universo de Black Hammer gana coherencia y profundidad página a página. Para el final del tomo, uno empieza a sospechar que acá está pasando algo muy parecido a lo que pasó en WandaVision, varios años después: alguien de infinito poder mágico alteró la realidad y creó un mundo con sus propias reglas, restringido a una zona específica. Veremos si esto realmente es así.
Ya que nos metimos con la magia, es una buena manera de explicar lo que hace Dean Ormston en la faz gráfica. Lo de Rubín es excelente porque el guion le permite jugar al despliegue, al kilombo, a la estridencia, que son terrenos que el gallego domina de taquito. Pero lo de Ormston te parte el cráneo, porque va justamente para el otro lado, para el lado de des-enfatizar la machaca, de recordarnos todo el tiempo que estos tipos y minas alguna vez fueron superhéroes, sin apelar en lo más mínimo a la estética ni al ritmo narrativo que caracterizan a los relatos de este género. O sea que estamos frente a un comic con un guion profundo, atrapante y original, al que acompañan dibujantes de un nivel exquisito. ¿Hace falta pescar las referencias a las mitologías de Marvel y (especialmente) DC para entender Black Hammer? Yo creo que no, que se puede disfrutar perfectamente sin cazar todos esos guiños nerds a los comics de los ´60 y ´70 que mete Lemire. Por eso me animo a recomendársela a full incluso a quienes no tienen mucha lectura superheroica (piyamera, diría el maestro Álvaro Pons) a cuestas. Espero conseguir pronto el Vol.3, porque esto me dejó infinitamente cebado.
Flashback a otra antigua reseña de este blog, ahora al 25/03/13, cuando veíamos aquella historieta centrada en la batalla de Tucumán y otras proezas militares del general Manuel Belgrano. Hoy tengo para comentar un libro de 2021, titulado Las Hazañas de Belgrano y el Pueblo Jujeño, obra de las historiadora Gabriela Quiroga y el historietista Fernando León González (también conocido como Junior). El libro tiene dos problemas insoslayables, a saber: 1) se imprimeron solo 1000 ejemplares de un libro que debería estar en las bibliotecas de toda Argentina, o incluso de toda Latinoamérica. 2) Por momentos la tipografía de los diálogos es tan chiquita que se torna ilegible. Esto empeora en los bloques de texto, donde un genio del mal tuvo la perversa idea de poner la letra en blanco sobre bloques negros. El relato, contado en primera persona por el propio Belgrano, recurre mucho al bloque de texto, pero hay muchas páginas en las que estos son imposibles de leer
Fuera de estas malas decisiones, el libro ofrece una lectura sumamente placentera. Cuenta los hechos históricos con rigor documental, pero les pone onda, los hace gancheros, se anima a darle profundidad a un par de personajes, te hace sentir el espesor de los conflictos, la épica, y además explica muy bien el contexto en el que se producen estos actos de heroismo, valentía y patriotismo extremos. Todo avanza a muy buen ritmo, porque felizmente la narración no está estirada, ni comprimida para meter todo en una X cantidad de páginas. Por supuesto Belgrano acá es un capo absoluto, incuestionablemente bueno, rayano en la perfección moral. Lo cual no sé si es 100% preciso a nivel histórico, pero funciona muy bien en el contexto de la historieta, que para encajar en el molde de la aventura épica necesita un héroe, y lo encuentra con creces en el creador de la bandera argentina.
La lectura se hace entretenida en buena medida gracias a la labor de González, que dibuja todo de manera muy dinámica, con tanta cancha para la narrativa gráfica que a veces le alcanzan solo las siluetas negras para retratar una escena. El dibujo es rico en detalles de gran rigor documental, y a la vez expresivo y accesible. González sorprende con algunas ilustraciones a todo color muy hermosas, y con esas páginas dobles en las que grafica las batallas de una manera clara y espectacular, algo difícil si tenemos en cuenta la cantidad de elementos que hay en escena. Por momentos el dibujante pone en juego más técnicas de las que convenía utilizar, pero esto no hace demasiado ruido porque en todas demuestra un manejo más que competente.
Hace unos años hubo una colección de historietas basadas en hechos de la historia argentina que coordinaba Felipe Pigna para la editorial Planeta, que se conseguía en cualquier librería del pais. Eso en un momento se discontinuó y hoy hay esto: un libro impreso en San Salvador de Jujuy del que solo existen 1000 ejemplares, que probablemente desconozcan la mayoría de los fans de la historieta argentina, e incluso muchos potenciales interesados en la vida y las hazañas de Manuel Belgrano. Por lo menos está bueno. Imaginate si además fuera una cagada...
Nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco y será hasta la próxima.
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jueves, 27 de junio de 2019
JUEVES FRESQUITO
Vengo leyendo poca historieta, porque por distintos motivos estoy
saliendo poco de mi casa y no tengo esos viajes en subte, tren o colectivo que
(si consigo asiento) generalmente uso para leer. Pero como siempre, algo hay.
Empiezo con una gema a la que le tenía mucha fe, pero que superó
ampliamente mis expectativas: el Vol.1 de Black Hammer, la serie de Jeff Lemire
y Dean Ormston que publica (con gran éxito y numerosos spin-offs) Dark Horse. Black
Hammer es un comic con disforia de género: Lemire nos presenta a un grupo de
personajes forjados en el molde de los superhéroes clásicos (hasta nos explica
en los textos del final en qué personaje de DC estaba pensando cuando creó a
cada uno) pero puestos a funcionar en otro género, un género que les resulta hostil,
o por lo menos incómodo.
Tras un combate contra un villano cósmico infinitamente poderoso (una
especie de Darkseid/ Galactus), estos héroes y heroínas reaparecen en una
granja, en algún lugar del Bible Belt de los EEUU. Algunos conservan sus
cuerpos originales, otros ven sus mentes trasladadas a cuerpos que no son los
suyos, ninguno puede salir de esa zona, a todos les cuesta adaptarse a una vida
normal, rural, apacible, sin más conflictos que los que emergen de sus propias
personalidades y de su interacción con la gente del pueblito vecino a la
granja. Lemire acierta al revelarnos con cuentagotas la información que
necesitamos acerca de estos personajes, los poderes que tienen, el combate que
terminó en este brutal cambio del status quo, el rol que cumplió en esa batalla
el héroe principal de este universo (Black Hammer, cuya ausencia en esta nueva
realidad es más que notoria)… Todos esos puntos dramáticos que tienen que ver
con el costado superheroico de la serie “sacan número” y esperan su turno
mientras el guionista explora lo que más parece interesarle, que son los
vínculos entre los personajes, sus inseguridades y lo mucho que les cuesta
adaptarse a la nueva situación. Y por detrás de todo esto avanza el subplot de
la hija de Black Hammer, que quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con
su padre y sus compañeros de super-grupo.
Sin dudas es un comic raro, que juega con el conocimiento que tienen
el lector de los tropos del género supeheroico, pero además agrega varias capas
de profundidad y un montón de elementos pensados para descolocar al cancherito
que cree que ya ningún comic de tipos y minas con superpoderes lo puede
sorprender. Lo que está haciendo Lemire en Black Hammer es algo que –posta-
nunca hizo nadie y lo está haciendo asombrosamente bien.
Por supuesto, me pongo de pie para ovacionar al maestro Dean Ormston
por su labor al frente de la faz gráfica. Obvio, juega con seis anchos de
espada en el mazo porque lo colorea Dave Stewart, pero el trabajo del inglés es
realmente exquisito. Ormston no falla en los climas, en las referencias
visuales a los comics que Lemire quiere que recordemos cuando tira un
flashback, se mata en los fondos y resuelve todos los efectos de iluminación
con un claroscuro poderosísimo, expresivo y evocativo al mango. No tengo
comprado el Vol.2, pero ni bien lo vea a un precio razonable, le entro como el
agua al Titanic.
Después de este escarceo con la gloria, necesito una lectura más
tranqui, más livianita, y salto a Argentina para ver qué onda el Vol.14 de
Macanudo, con más de 250 tiras de las que publica Liniers en el diario La
Nación. El tomo arranca fuerte, con una seguidilla de tiras acerca de garcas
coimeros, testaferros de otros garcas coimeros, que hablan de cuentas offshore
y de ser felices dilapidando el dinero malhabido. No es una temática que
habitualmente aparezca en las tiras de Liniers, y la verdad que fue una muy
grata sorpresa. Después tenemos el tradicional desfile de personajes al que nos
acostumbró Macanudo, todos vehículos para que Liniers explore distintas facetas
del humor y del dibujo sin aburrirse.
De las ideas que no había visto en tomos anteriores, la que más me
gustó es Charlas Entre Chicos de Cinco Años, pero hay varias muy buenas y otras
(como siempre) muy raras. Un tema que aparece mucho en tiras muy distintas
entre sí es el de la relación entre la gente de hoy y el mundo de las redes
sociales, los celulares, las selfies y demás pelotudeces de la era digital. Liniers
es sumamente crítico de todo esto, y arroja sus dardos con sutileza y
elegancia, en parte porque sabe que su público es parte de la gran masa que
compró y abraza todas estas pelotudeces.
Y como siempre, por encima de la comicidad, o de la ternura, o de la
bizarreada que le pone Liniers a cada tira, emerge el tremendo placer que
genera ver a un tipo dibujando a este nivel, con esta amplitud de registro,
este manejo del color, de la línea, de las formas de las viñetas, del armado de
las secuencias. Debe ser muy frustrante ser historietista, publicar hace mil
años una tira en un diario y tener que ver todos los días lo que hace Liniers
en Macanudo…
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en
el blog.
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