Hoy el clima tampoco estuvo muy playero y aproveché para recorrer la localidad de Torrance, al sur de Los Angeles, una zona industrial, con refinerías, plantas de energía eléctrica y enormes galpones y depósitos. Es una localidad casi sin edificios, donde solo se ven casas bajas y un par de parques espectaculares. En ese contexto (y en un barrio en el que se habla más castellano que en Palermo) encontré una comiquería medio escondida, llamada The Comic Cult. El local era bastante amplio, pero con el espacio mal aprovechado. Mala iluminación, vidriera horrenda, pocas bateas y un amplio sector con mesas para jugar Magic, en las que no había nadie. Acá no sólo escaseaban los coñemus y el merchandising en general. Tambien escaseaban los TPBs, que ocupaban un espacio muy menor en esas bateas ordenadas así nomás, por alguien sin criterio, sin ganas, a quien seguro le da lo mismo si no vende una chota. Las bateas de back issues, sin ser nada del otro mundo, estaban bastante bien, y en el sector de ofertas (que no era muy vasto) se pueden rescatar varios comics dignos y alguna que otra joyita semi-oculta. Obviamente no recomiendo irse hasta Torrance (a la vuelta de la Concha de la Lora) para visitar esta comiquería, a la que -si no pasa nada raro- me parece que le quedan pocos meses de vida.
Lo que sí recomiendo es comprar, leer y atesorar el tomo recopilatorio de Bolita, la última obra de la insumergible dupla integrada por Carlos Trillo y Eduardo Risso, cuya serialización en las páginas de Fierro terminó justo cuando falleció el guionista. Bolita es una especie de remake de Chicanos (también conocida como Ay, Jalisco!), con la misma idea básica, pero transplantada a la Buenos Aires del presente y con una primera aventura que no se parece a ninguna de las que Trillo imaginó para la extensa serie protagonizada en los´90 por Alejandrina Yolanda Jalisco.
Tal vez lo más destacado esté en esa adaptación al argento de la idea original. Trillo se mete a fondo con la vida cotidiana de esta chica boliviana, muy humilde, que vive en una villa y se gana la vida limpiándole la mansión a unos millonarios de Acassusso. En ese marco de marginalidad, Trillo mete ilusiones, afectos, recuerdos, vínculos solidarios y sobre todo inquietudes, porque Rosmery Ajata es un personaje inquieto, repleto de curiosidad y de ganas de hacer más, de saber más, de amar más, de vivir mejor. Los villanos son un poquito estereotipados y Trillo los plantea con pocas pinceladas y brocha bien gruesa. Se centra más en el conflicto, muy atractivo, y en la personalidad de la protagonista.
Lo ínico que no me cerró es que en el libro se nota mucho el formato serial. Cada x páginas, Rosmery repite lo que ya sabemos, a veces de modo muy obvio y a veces de modos más ingeniosos. Claro, la idea de Trillo era no dejar afuera al lector de Fierro que no había leído los episodios anteriores de Bolita. Y es un esfuerzo valioso, aunque cuando te bajás toda la serie al hilo sentís que te estan reiterando información como si fueras un subnormal que no entiende lo que lee.
El dibujo de Risso, excelente. No te digo que son las mejores 64 páginas que dibujo en su vida, pero posta, no tienen desperdicio. Y lo más lindo: el regreso al blanco y negro de un maestro del claroscuro, después de muchos años de laburar con coloristas, o a color directo. Si sos fan del león de Leones, ya sabés con qué clase de bestia te vas a encontrar.
Mañana arranca la WonderCon, así que lo más probable es que no haya post. Veremos qué onda.
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jueves, 17 de abril de 2014
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