Mostrando entradas con la etiqueta Gerry Conway. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gerry Conway. Mostrar todas las entradas
lunes, 21 de septiembre de 2020
THE CHRONICLES OF KULL Vol.1
Sí, ya sé, con Nippur tengo cubierta la dosis de muchachones musculosos con escasa vestimenta que se cagan a espadazos. Pero bueno, este es el último libro que me queda sin leer de los muchos que me compré hace casi tres años en EEUU, y no lo quiero postergar más, pobre.
En la época en que tuvo los derechos para publicar el material de Conan, Dark Horse se jugó también por reeditar Kull the Conqueror, otra serie basada en relatos de Robert E. Howard que produjo Marvel a principios de los ´70 (y según me dicen, una de las poquísimas historietas de Marvel que nunca fue publicada en España, donde La Casa de las Ideas es religión hace décadas). Siempre digo que Conan me interesa poco y nada, y que son pocos los autores capaces de hacerme comprar un comic de Conan. A partir de hoy lo mismo se aplica a Kull, pero hace tres años este tomo me llamó la atención porque estaba muy barato, porque no había leído nada de este personaje y porque tiene unos dibujantes del mega-carajo.
El tomo arranca con una historia corta dibujada por Berni Wrightson en un nivel sublime, aunque masacrado por un colorista que merece morir en cana. Después tenemos un episodio más extenso dibujado por Ross Andru en un gran nivel, con unas tintas gloriosas del incomparable Wally Wood. Y todo el resto del tomo, casi 200 páginas más, están a cargo de los hermanos Severin. Marie se ocupa del plantado, del armado de las secuencias, y John le pone al dibujo de personajes y fondos esa elegancia, esa solidez, esa impronta tan pulida. John Severin es un dibujante que está en las antípodas del típico dibujante de Marvel de los ´70, cuando todos seguían (hasta donde les daba el talento) la huella de Jack Kirby. Un tipo de un talento descomunal, un ilustre continuador de la línea más clásica, más académica, más de Harold Foster y Alex Raymond. O sea que visualmente, Kull te ofrecía algo que ningún otro comic de Marvel de esa época te podía ofrecer. Y sí, a los hermanos Severin también los hacen mierda los coloristas, pero un poco menos, y sobre todo en los últimos episodios que incluye este tomo. Por supuesto que esto mismo publicado en blanco y negro se vería muchísimo, pero MUCHISIMO mejor.
En materia de guiones, la verdad que esperaba un poco más. No mucho, porque –como ya dije- en general la ficción tal como la entendía Robert E. Howard no me llega ni me identifica. Pero por ahí Roy Thomas, o Gerry Conway (que toma las riendas de la serie cuando Thomas es ascendido a Jefe de Coordinadores) se jugaban con algo distinto, más loco, más impredecible. No pudo ser. Se queda todo en la machaca con monstruos y villanos con poderes fantásticos, apenas sazonada con un poquito de intriga palaciega. No hay desarrollo de personajes, los secundarios tienen poquísimo relieve, las mujeres son adornos, los villanos son chatos, Kull le gana a amenazas infinitamente poderosas de modos imposibles… Nada para destacar, realmente. El último episodio creo que fue el que más me gustó. Es largo y violento al pedo, pero sobre el final aparece esa humanidad casi oesterheldiana que Robin Wood le puso a las mejores aventuras de Nippur.
El resto, sólo tiene sentido para maravillarse con los dibujos. Ah, y otra cosa loquísima: en todos estos combates tremendos, donde se cagan a espadazos, hachazos, flechazos y cuchillazos… ¡no se ve sangre! El único monstruo que sangra es uno al que Kull destroza bajo el agua, y ahí sí, el colorista tiñe de un color magentoso la escena subacuática. Pero todo el resto de las matanzas (que son muchísimas) son limpitas. Se matan todos contra todos sin salpicar una gota de sangre, que aparece sólo en el filo de la espada de Kull cuando ya terminó de combatir. Otra cosa que me sorprendió es ver a Thulsa Doom como enemigo recurrente Kull. Para mí, que soy un ignorante en materia de la mitología de Howard, Thulsa Doom era un enemigo de Conan; de hecho es el malo de la peli de los ´80, con Arnold Schwarzenegger, que recuerdo haber visto en el cine hace mil años. Ahora me entero que no, que Thulsa Doom siempre fue enemigo de Kull y recién en 1991 Roy Thomas lo hizo aparecer en la Era Hyboriana como antagonista de Conan. ¿Por qué eligieron como villano para la peli de Conan a un enemigo de Kull? No se me ocurre ninguna respuesta coherente.
Bueno, todos los días se aprende algo nuevo. Y cada tanto, una lectura como esta me recuerda por qué no soy fan del género de espada y brujería en su vertiente “bárbaros pasados de testosterona que vociferan los nombres de sus dioses mientras reparten espadazos”. Kull the Conqueror tiene el atractivo irresistible de los dibujos de los hermanos Severin, pero si algún día veo baratas las revistitas, me compro dos o tres y hago guita el TPB. No necesito toooodas estas páginas de aventuras poco consistentes para disfrutar de la magia de Marie y John. Y si sale un tomo en blanco y negro con este material, obviamente me vuelven a seducir.
Hasta acá llegamos, por hoy. Pasen una primavera recontra comiquera y vuelvan pronto por acá, que en unos días habrá nuevas reseñas.
Etiquetas:
Gerry Conway,
John Severin,
Kull the Conqueror,
Marie Severin,
Roy Thomas
martes, 12 de marzo de 2019
ESSENTIAL AVENGERS VOL.7
Hacía mucho que no le
entraba a un comic de los Avengers y justo se me ocurrió clavarme un Essential
con unos cuantos números bien de mediados de los ´70, esa época caótica en la
que en cualquier serie podía pasar cualquier cosa.
Esto arranca en 1975 a un
nivel sumamente decoroso, con una especie de dream team integrado por Steve
Englehart en los guiones y George Pérez en los dibujos. Pero después de cuatro
numeritos a todo ritmo con Kang, el Squadron Supreme, los héroes del los westerns
y el debut de Hellcat, viene una puñalada artera: la historia de Englehart y
Perez se interrumpe durante dos números en los que Tony Isabella y Don Heck nos
infligen una historia menos que olvidable, de esas que justifican el apodo de
“Verdul Age” para el mainstream de los ´70. Por suerte en el nº147 vuelven
Englehart y Perez a terminar con su extensa (y en un punto intrincada) epopeya.
Englehart se despide en el nº150, un choreo a mano armada en el que Perez
dibuja un puñadito de páginas y casi todo es un reprint de un episodio de los
´60, escrito por Stan Lee y dibujado por Jack Kirby.
Finalmente en el nº151 se
define la nueva formación de los Avengers (bah, de nueva tiene poquísimo) y
salen a la cancha los dos guionistas que se alternarán en la serie hasta el
nº163, que es el último de este tomo: Gerry Conway y Jim Shooter. Cabe destacar
que tanto Englehart como Conway, ni bien dejan los Avengers se hacen cargo de
la Justice League of America. Por si faltara algo en esta bizarra
sincronicidad, el pase de Englehart a Conway en Justice League también se da en
el nº150. Por supuesto a Conway se le ocurren menos ideas que a Englehart y la
serie de los Avengers empieza a volar bastante más bajo que hasta ahora. El as
de espadas de Conway es el regreso de Wonder Man, al que le da mucha chapa, y
el resto es todo bastante intrascendente. La saguita con el Dr. Doom, Attuma y
el Whizzer es probablemente el punto más bajo de esta colección en muchos años.
Para el nº158, el siempre
eficaz Jim Shooter es el nuevo guionista de Avengers y ahí el nivel de los
guiones empieza a repuntar muy de a poco. Enseguida se nota que el personaje
que más le interesa desarrollar al nuevo guionista es Hank Pym y los
desplazados un poco hacia las márgenes son Captain America y Beast. Pero tanto
en esta etapa como la segunda vez que Shooter tome las riendas de esta serie,
tendremos un Pym muy atractivo, con muchos conflictos interesantes, rodeado de
personajes que tampoco se quedan atrás, como Wasp, Vision, Scarlet Witch,
Wonder Man y en menor medida Black Panther, Iron Man y Thor.
El nº154 va en el medio de
la saga más floja de Gerry Conway, pero es relevante porque acá por primera vez
le ponen a Perez un entintador como la gente, que en vez de sepultarlo lo
potencia y mejora ostensiblemente el trabajo del dibujante. Me refiero al gran Pablo
Marcos, un prócer peruano que acá le aplica su pincel mágico a varios dibujantes y hace que se
luzcan (además de Perez) Sal Buscema y George Tuska, dos típicos dibujantes del
montón, de esos que sacaban con fritas decenas de páginas todos los meses con
escasa onda e ínfima imaginación. El combo Perez-Marcos es devastador y sin
duda firma las mejores páginas (a nivel visual) de este Essential. Medalla de
plata para John Buscema y Joe Sinnott, una dupla hiper-clásica, a cargo de los
nºs 152 y 153, los del regreso de Wonder Man.
En general, salvando esas
abominaciones de Don Heck y el numerito de Super-Villain Team-Up dibujado por
el propio Jim Shooter, tenemos un tomo dibujado en un nivel más que aceptable,
porque Perez se la banca hasta cuando lo entinta Vince Colletta, John Buscema
re-garpa y a los otros suplentes (Sal Buscema y Tuska) los levanta muchísimo
Pablo Marcos. Incluso el último episodio que le dan a Don Heck (el 157, donde
Conway ensaya un regreso del Black Knight) también es casi presentable gracias
a la titánica tarea del entintador peruano.
Y no tengo más Essentials
de Avengers, pero si algún día veo a buen precio los Vol.8 y 9, me los compro y
hago guita las revistas, para tener en glorioso blanco y negro la saga de
Korvac, la etapa de John Byrne y un montón de historias más que leí hace mil
años, cuando me fui armando la serie numerito a numerito.
Nada más por hoy. Volvemos
a encontrarnos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
Etiquetas:
Avengers,
George Perez,
Gerry Conway,
Jim Shooter,
Marvel,
Steve Englehart
lunes, 28 de agosto de 2017
LECTURAS DEL FINDE
Aproveché los viajes de ida y vuelta a Pergamino para clavarme unos libritos, que procedo a reseñar.
Arranco con el Vol.5 de Deadman, con las historias más importantes del personaje previas a la etapa en Action Comics, o sea, hasta 1987. El tomo abre con la bizarra trilogía en la que Deadman y Swamp Thing aparecen como invitados en la revista de los Challengers of the Unknown, una saga complicada y un toque pretenciosa en la que Gerry Conway (por si le faltaran personajes oscuros) recupera a Rip Hunter, que no aparecía desde los ´60. Esto es mainstream de los ´70, o sea: tiene problemitas. Pero dentro de todo, con un poco de buena voluntad, se hace soportable, no es un espanto insostenible. El dibujo de Keith Giffen, si bien está a años luz de la mejor época del maestro, muestra muchas ganas de innovar, de probar cosas nuevas en la línea y en algunas planificaciones de página.
Después viene la miniserie de Deadman del ´86, escrita por Andrew Helfer y dibujada por José Luis García López, que es una exquisitez. Helfer le da mucho más relieve a Rama Kushna, al sensei, a Clevleand Brand (hermano del protagonista) y a personajes hasta ahora menores como Vashnu y Maxwell Loomis. Es increíble cómo en menos de 100 páginas Helfer le pega un upgrade tan grosso al personaje, la cantidad de cosas que pasan y cómo avanzan tanto la historia como la mitología de Deadman. Sólo en los ´80 se daba este fenómeno de las miniseries de cuatro episodios que replanteaban de cuajo a personajes con una vasta trayectoria a cuestas. Helfer también tiene a su cargo un recuento del origen de Deadman que aparece en la revista Secret Origins, y que es básicamente una expansión repleta de nueva data y nuevos detalles a la historia de Boston Brand en el circo, previa al balazo que lo manda al otro lado del mostrador.
Esta historia está dibujada por un inspiradísimo Kevin Maguire, pero nada se compara a lo que hace García López en la miniserie. Una vez más, el ídolo deja la vida en cada viñeta (y hay páginas de hasta 16 viñetas) en un trabajo monumental… que no merecía ser ultrajado por un colorista que se limpió el ojete con los dibujos de García López. Horrible, realmente, lo de Tom Ziuko en esta miniserie. Me quedo mil veces con la estridencia de Jerry Serpe en la saguita de los Challengers. Y rezo para que alguna vez DC republique el majestuoso Deadman de García López en blanco y negro.
Y me vengo a Argentina, a reseñar un libro de Diciembre de 2016 (¡vamos que me falta poco!). Rip Van Hellsing ofrece unas cuantas historietas de este aventurero al que conocimos gracias a la revista Términus, de la mano de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana. Acá, a diferencia del material que vimos en Términus, los guionistas construyen una saga a largo plazo, no se quedan en un planteo sencillito que se pueda resolver en 12 páginas casi sin diálogos. La apuesta argumental sube notablemente y eso es muy bienvenido.
Lo cual no quiere decir que sean todos aciertos. La primera historia, la del cyborg militar asesino, es excelente. La segunda es un poquito predecible y la tercera… bastante pobre, apenas una excusa para hacer avanzar la trama hacia donde la quieren llevar Barreiro y Ferrúa. Y lo más importante: falta desarrollar al personaje. ¿Quién es Rip Van Hellsing? ¿Qué piensa, qué siente, por qué hace lo que hace? En casi 150 páginas estas preguntas no llegan siquiera a esbozarse y eso es, sin dudas, el talón de Aquiles de esta serie.
El ancho de espadas de Rip Van Hellsing es, para mi gusto, el dibujo de Santana. Fresco, dinámico, con la cantidad exacta de detalles como para no sobrecargar de información visual a las viñetas, con un gran manejo de la anatomía, de las expresiones faciales y de las posibilidades que brinda el blanco y negro. Un dibujante ideal para este tipo de comic, repleto de acción, tiros, explosiones y machaca entre seres sobrenaturales, tal vez todavía no valorado en toda su dimensión por los lectores argentinos.
La edición es impecable, cuidadísima de punta a punta, con una calidad infrecuente en nuestro país. Así que si descubriste a Rip Van Hellsing en la Términus y te quedaste con ganas de más, en este tomo vas a encontrar mucho más. Y si no conocés al personaje pero te gustan la acción, el vértigo y el bolonki, dale una oportunidad. Te espera un pochoclo bien elaborado, potenciado a full por la magia del rotring de Santana.
Y ahora sí, empecé a vivir la adrenalina pre-Comicópolis. No creo que vuelva a postear antes del lunes 4, así que nos vemos el finde en La Rural. ¡Hasta pronto!
Arranco con el Vol.5 de Deadman, con las historias más importantes del personaje previas a la etapa en Action Comics, o sea, hasta 1987. El tomo abre con la bizarra trilogía en la que Deadman y Swamp Thing aparecen como invitados en la revista de los Challengers of the Unknown, una saga complicada y un toque pretenciosa en la que Gerry Conway (por si le faltaran personajes oscuros) recupera a Rip Hunter, que no aparecía desde los ´60. Esto es mainstream de los ´70, o sea: tiene problemitas. Pero dentro de todo, con un poco de buena voluntad, se hace soportable, no es un espanto insostenible. El dibujo de Keith Giffen, si bien está a años luz de la mejor época del maestro, muestra muchas ganas de innovar, de probar cosas nuevas en la línea y en algunas planificaciones de página.
Después viene la miniserie de Deadman del ´86, escrita por Andrew Helfer y dibujada por José Luis García López, que es una exquisitez. Helfer le da mucho más relieve a Rama Kushna, al sensei, a Clevleand Brand (hermano del protagonista) y a personajes hasta ahora menores como Vashnu y Maxwell Loomis. Es increíble cómo en menos de 100 páginas Helfer le pega un upgrade tan grosso al personaje, la cantidad de cosas que pasan y cómo avanzan tanto la historia como la mitología de Deadman. Sólo en los ´80 se daba este fenómeno de las miniseries de cuatro episodios que replanteaban de cuajo a personajes con una vasta trayectoria a cuestas. Helfer también tiene a su cargo un recuento del origen de Deadman que aparece en la revista Secret Origins, y que es básicamente una expansión repleta de nueva data y nuevos detalles a la historia de Boston Brand en el circo, previa al balazo que lo manda al otro lado del mostrador.
Esta historia está dibujada por un inspiradísimo Kevin Maguire, pero nada se compara a lo que hace García López en la miniserie. Una vez más, el ídolo deja la vida en cada viñeta (y hay páginas de hasta 16 viñetas) en un trabajo monumental… que no merecía ser ultrajado por un colorista que se limpió el ojete con los dibujos de García López. Horrible, realmente, lo de Tom Ziuko en esta miniserie. Me quedo mil veces con la estridencia de Jerry Serpe en la saguita de los Challengers. Y rezo para que alguna vez DC republique el majestuoso Deadman de García López en blanco y negro.
Y me vengo a Argentina, a reseñar un libro de Diciembre de 2016 (¡vamos que me falta poco!). Rip Van Hellsing ofrece unas cuantas historietas de este aventurero al que conocimos gracias a la revista Términus, de la mano de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana. Acá, a diferencia del material que vimos en Términus, los guionistas construyen una saga a largo plazo, no se quedan en un planteo sencillito que se pueda resolver en 12 páginas casi sin diálogos. La apuesta argumental sube notablemente y eso es muy bienvenido.
Lo cual no quiere decir que sean todos aciertos. La primera historia, la del cyborg militar asesino, es excelente. La segunda es un poquito predecible y la tercera… bastante pobre, apenas una excusa para hacer avanzar la trama hacia donde la quieren llevar Barreiro y Ferrúa. Y lo más importante: falta desarrollar al personaje. ¿Quién es Rip Van Hellsing? ¿Qué piensa, qué siente, por qué hace lo que hace? En casi 150 páginas estas preguntas no llegan siquiera a esbozarse y eso es, sin dudas, el talón de Aquiles de esta serie.
El ancho de espadas de Rip Van Hellsing es, para mi gusto, el dibujo de Santana. Fresco, dinámico, con la cantidad exacta de detalles como para no sobrecargar de información visual a las viñetas, con un gran manejo de la anatomía, de las expresiones faciales y de las posibilidades que brinda el blanco y negro. Un dibujante ideal para este tipo de comic, repleto de acción, tiros, explosiones y machaca entre seres sobrenaturales, tal vez todavía no valorado en toda su dimensión por los lectores argentinos.
La edición es impecable, cuidadísima de punta a punta, con una calidad infrecuente en nuestro país. Así que si descubriste a Rip Van Hellsing en la Términus y te quedaste con ganas de más, en este tomo vas a encontrar mucho más. Y si no conocés al personaje pero te gustan la acción, el vértigo y el bolonki, dale una oportunidad. Te espera un pochoclo bien elaborado, potenciado a full por la magia del rotring de Santana.
Y ahora sí, empecé a vivir la adrenalina pre-Comicópolis. No creo que vuelva a postear antes del lunes 4, así que nos vemos el finde en La Rural. ¡Hasta pronto!
Etiquetas:
Andrew Helfer,
Deadman,
Gerry Conway,
José Luis García López,
Keith Giffen,
Rip Van Hellsing
jueves, 5 de enero de 2017
LECTURAS VERANIEGAS
Bueno, acá estoy de nuevo. Vamos con algunas lecturas veraniegas…
Un muy lejano 2 de Mayo de 2010, acé en blog nos reíamos un buen rato con Los Superhéroes Injustamente Desconocidos, un álbum en el que el maestro francés Manu Larcenet nos presentaba a superhéroes absurdos, patéticos, condenados al fracaso antes de empezar. En este álbum de 2003, Larcenet descarga toda su mala leche sobre un único héroe: La Leyenda de Robin de los Bosques nos propone reencontrarnos con el mítico Robin Hood, pero viejito, chicato, con Alzheimer y transplantado al mundo moderno. Son siete historietas breves, de seis páginas cada una, en las que Larcenet plantea, desarrolla y remata una idea, siempre en clave de parodia, de sátira muy aguda.
El pequeño Juan, el padre Tuck, el sheriff de Nothingham y Lady Marian también tienen sus roles en este Sherwood otoñal, donde te podés cruzar también con turistas, un árbol que habla o un Tarzan también octogenario al que los animales le gustan demasiado. Además de humor y mala leche (los episodios con Tarzan y el padre Tuck son particularmente malignos), Larcenet nos garantiza un dibujo de gran calidad, esta vez a todo color, con reminiscencias de maestros del humor “mugriento” como Reiser o Vuillemin, pero con composiciones y timing mucho más próximos a la corriente en la que militó siempre Larcenet, que es la de Trondheim y Sfar. La traducción al castellano es MUY graciosa, así que evidentemente Norma contrató a gente que sabe hacerlo muy bien.
Otro flashback, esta vez al 14/02/16, cuando me tocaba reseñar el libro de La Duendes dedicado al maestro Alfredo Grondona White, prócer inolvidable para los que alguna vez leímos Hum®, SuperHum® o SexHum®. Si repasás ese texto, vas a ver que el libro tenía más problemas que la AFA. Pero por suerte, en 2016 salió una nueva edición, corregida y aumentada, en tamaño grande, sin errores, con la misma escacez de ideas en el diseño gráfico, pero con más material. Y como además Grondona White falleció en 2015, la nueva edición incluye homenajes que otros autores le hacen al maestro. La versión de 2012 estaba agotada hacía rato, así que olvidate de que existe: ahora el único libro que circula por ahí con chistes, historietas, tiras y dibujos de Grondona White (más textos, entrevistas y bocetos) es este. Y está muy bien. Si sos fan de este exquisito exponente del humor y la historieta argentinos, o si nunca lo habías oído nombrar, buscalo y maravillate con su talento.
Para terminar, un clásico de 1988 que DC tardó nada más que 26 años en recopilar en libro: Cinder and Ashe, una historieta escrita por Gerry Conway y dibujada por el ilustre José Luis García López, claramente apuntada al público adulto. Este es un Conway raro, más oscuro y a la vez más libre, que nos invita a adentrarnos en una trama muy violenta, con una conspiración jodida (por momentos me hizo acordar a XIII, el clásico de Jean Van Hamme) y personajes muy duros, muy sórdidos y sobre todo muy bien elaborados. Lo único que no me cerró del guión es que el recurso de ir mechando flashbacks al pasado de los personajes (principalmente ambientados en la Guerra de Vietnam) se extiende hasta casi la última página. Para que eso te salga bien, la resonancia entre escenas del pasado y el presente tiene que ser perfecta, a nivel Alan Moore. Si no, parece un recurso de guionista desesperado al que se le acaban las páginas y le quedan un montón de cosas por contar.
El dibujo de García López (como siempre) es majestuoso. El ídolo te hace sentir que dibujar así es lo más normal del mundo, porque sus personajes tienen esa fluidez, esa plasticidad… son actores que actúan bien, no modelos que posan para la foto. El cuidado en la ropa, las armas, los escenarios, las expresiones faciales… un trabajo realmente magistral del argentino nacido en España y radicado en EEUU. Y además muy loco, porque dibuja una escena de sexo muy impactante, que es algo que nunca le había visto dibujar. El color de Joe Orlando (sobrio, sin estridencias) podría no estar sin que la historieta se resienta en lo más mínimo. La estrella de Cinder and Ashe es, sin dudas, el dibujo y la narrativa de un García López inspiradísimo, que se banca páginas de 9 ó 10 viñetas, cuadros recontra-cargados de texto, varias escenas narradas en paralelo… un montón de desafíos sorteados con la jerarquía de un grande entre los grandes. Una lástima que Conway y García López no hayan producido más aventuras con estos personajes.
Hasta acá llegamos por hoy. Gracias y hasta pronto.
Un muy lejano 2 de Mayo de 2010, acé en blog nos reíamos un buen rato con Los Superhéroes Injustamente Desconocidos, un álbum en el que el maestro francés Manu Larcenet nos presentaba a superhéroes absurdos, patéticos, condenados al fracaso antes de empezar. En este álbum de 2003, Larcenet descarga toda su mala leche sobre un único héroe: La Leyenda de Robin de los Bosques nos propone reencontrarnos con el mítico Robin Hood, pero viejito, chicato, con Alzheimer y transplantado al mundo moderno. Son siete historietas breves, de seis páginas cada una, en las que Larcenet plantea, desarrolla y remata una idea, siempre en clave de parodia, de sátira muy aguda.
El pequeño Juan, el padre Tuck, el sheriff de Nothingham y Lady Marian también tienen sus roles en este Sherwood otoñal, donde te podés cruzar también con turistas, un árbol que habla o un Tarzan también octogenario al que los animales le gustan demasiado. Además de humor y mala leche (los episodios con Tarzan y el padre Tuck son particularmente malignos), Larcenet nos garantiza un dibujo de gran calidad, esta vez a todo color, con reminiscencias de maestros del humor “mugriento” como Reiser o Vuillemin, pero con composiciones y timing mucho más próximos a la corriente en la que militó siempre Larcenet, que es la de Trondheim y Sfar. La traducción al castellano es MUY graciosa, así que evidentemente Norma contrató a gente que sabe hacerlo muy bien.
Otro flashback, esta vez al 14/02/16, cuando me tocaba reseñar el libro de La Duendes dedicado al maestro Alfredo Grondona White, prócer inolvidable para los que alguna vez leímos Hum®, SuperHum® o SexHum®. Si repasás ese texto, vas a ver que el libro tenía más problemas que la AFA. Pero por suerte, en 2016 salió una nueva edición, corregida y aumentada, en tamaño grande, sin errores, con la misma escacez de ideas en el diseño gráfico, pero con más material. Y como además Grondona White falleció en 2015, la nueva edición incluye homenajes que otros autores le hacen al maestro. La versión de 2012 estaba agotada hacía rato, así que olvidate de que existe: ahora el único libro que circula por ahí con chistes, historietas, tiras y dibujos de Grondona White (más textos, entrevistas y bocetos) es este. Y está muy bien. Si sos fan de este exquisito exponente del humor y la historieta argentinos, o si nunca lo habías oído nombrar, buscalo y maravillate con su talento.
Para terminar, un clásico de 1988 que DC tardó nada más que 26 años en recopilar en libro: Cinder and Ashe, una historieta escrita por Gerry Conway y dibujada por el ilustre José Luis García López, claramente apuntada al público adulto. Este es un Conway raro, más oscuro y a la vez más libre, que nos invita a adentrarnos en una trama muy violenta, con una conspiración jodida (por momentos me hizo acordar a XIII, el clásico de Jean Van Hamme) y personajes muy duros, muy sórdidos y sobre todo muy bien elaborados. Lo único que no me cerró del guión es que el recurso de ir mechando flashbacks al pasado de los personajes (principalmente ambientados en la Guerra de Vietnam) se extiende hasta casi la última página. Para que eso te salga bien, la resonancia entre escenas del pasado y el presente tiene que ser perfecta, a nivel Alan Moore. Si no, parece un recurso de guionista desesperado al que se le acaban las páginas y le quedan un montón de cosas por contar.
El dibujo de García López (como siempre) es majestuoso. El ídolo te hace sentir que dibujar así es lo más normal del mundo, porque sus personajes tienen esa fluidez, esa plasticidad… son actores que actúan bien, no modelos que posan para la foto. El cuidado en la ropa, las armas, los escenarios, las expresiones faciales… un trabajo realmente magistral del argentino nacido en España y radicado en EEUU. Y además muy loco, porque dibuja una escena de sexo muy impactante, que es algo que nunca le había visto dibujar. El color de Joe Orlando (sobrio, sin estridencias) podría no estar sin que la historieta se resienta en lo más mínimo. La estrella de Cinder and Ashe es, sin dudas, el dibujo y la narrativa de un García López inspiradísimo, que se banca páginas de 9 ó 10 viñetas, cuadros recontra-cargados de texto, varias escenas narradas en paralelo… un montón de desafíos sorteados con la jerarquía de un grande entre los grandes. Una lástima que Conway y García López no hayan producido más aventuras con estos personajes.
Hasta acá llegamos por hoy. Gracias y hasta pronto.
sábado, 3 de abril de 2010
03/ 04: ESSENTIAL DAREDEVIL Vol.4

Este es el típico comic que no sirve ni para envolver las papas. O por lo menos lo sería si no fuera porque la gran mayoría de los números aquí recopilados (75 al 101) están dibujados por el genio, el prócer, el insuperable Gene Colan. A veces con entintadores de lesa humanidad, es cierto. Un Syd Shores o un John Tartaglione, como para que no creas que vas a leer una obra maestra si de casualidad hojeás el comic antes de leerlo. Pero casi todos los números nos muestran a Colan entintado por quien mejor lo entiende y lo complementa: Tom Palmer. La dupla Colan-Palmer es probablemente la mejor dupla dibujante-entintador del comic yanki de los ´70 y verlos reproducidos en blanco y negro magnifica sus innumerables virtudes. Acá no están tan afilados como en Tomb of Dracula, pero se nota con toda claridad que hay dos monstruos de inmenso talento que además de llenar X páginas por mes (o bimestre) se preocupan por brindar un producto de calidad, un comic visualmente atractivo, elegante, potente y por momentos hasta profundo.
O por lo menos todo lo profundo que puede ser un comic con guiones tan malos como lo de esta etapa de Daredevil. Uno se fuma (no sin esfuerzo) 26 números al hilo y cuando cierra el libro no sólo envejeció 45 años, sino que no le termina de quedar claro qué leyó, ni por qué, ni mucho menos en qué pensaba Marvel cuando allá por 1971-73 publicaba esto y encima lo vendía. Excepto los últimos tres números, todo lo demás está escrito por Gerry Conway, quien sucedió a Roy Thomas, quien a su vez sucedió a Stan Lee. En la misma época Conway escribía un título infinitamente más exitoso que este, que era Amazing Spider-Man. Tal vez por eso nadie le metió una patada en el orto cuando leyó lo que hacía en Daredevil. El Daredevil de Conway es un típico producto de la Verdul Age, un superhéroe chato y a la deriva, prisionero de la fórmula ridícula que exigía que en todos los números aparecieran peleas de no menos de diez páginas, sin importar si servían o no para avanzar hacia algún lado.
Las dos o tres cosas que Conway parece querer contar no tienen que ver con DD, sino con Matt Murdock y su frustrada relación con Karen Page. Es una telenovela rara, llena de desencuentros, que termina con Karen en brazos de otro tipo (el manager que la guía en su meteórica carrera como actriz, esa que los que leímos Born Again sabemos cómo termina, o mejor dicho cómo acaba) y Matt termina con Black Widow, simplemente porque Marvel suponía que si sumaban otro personaje protagónico a la revista, por ahí levantaban las ventas. Pero lo peor que tiene la telenovela de Matt y Karen no es que termina mal, sino que todo el tiempo se ve interrumpida por peleas intrascendentes entre DD y algún villano pedorro.
Para darle un corte más claro al tema de Karen, en el n°87 Conway hace que Matt y la Viuda se muden a San Francisco, lo cual es una movida bastante osada para un comic de esta época. Además en Frisco no están los villanos de Spider-Man, que era con los que se peleaba DD cada vez que necesitaba subir las ventas. Pero no te preocupes, que Elektro también hace las valijas y agarra para el Oeste… Este segundo tramo, ya sin los sub-plots de Matt Murdock, es desgarrador. Se suceden unos villanos impresentables, el tira y afloje en la relación entre Matt y Natasha es patético y todo va hacia una nada, mínimamente condimentada con alguna revelación sobre el pasado de la Viuda que importa poco y nada.
Sobre el final se va Conway y llega Steve Gerber, que se va a esforzar para que el próximo Essential tenga un poco más de onda, aunque no va a poder contar más que en un par de numeritos con la chapa infinita de Gene Colan, que es la que hace que este libro vaya a la biblioteca y no a la basura. Este es un material duro de tragar incluso para los fans del Cuernitos. Si alguna vez Matt arma una runfla con Mephisto para borrar de un plumazo varios años de su continuidad, seguro borra estos.
Etiquetas:
Daredevil,
Gene Colan,
Gerry Conway,
Marvel
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)






