el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 4 de julio de 2023

RECREO DE RESEÑAS

Le escapo un ratito a la esclavitud de estar todo el día dalequetedale, metido hasta el ojete en el diseño de la Comiqueando Digital, para redactar las reseñas de un par de libritos que logré leer en ratos de ocio, o en viajes en bondi. Empiezo con un libro que poca gente sabe que existe, editado en Argentina en 2002, tiempos en los que "la historia oficial" de nuestro medio dice que no se editaba historieta en este país. Este es un libro en el que el guionista Raúl Echegaray y el dibujante Ricardo Garijo (al que quizás alguno recuerde por Lomax, recopilada en libro hace no tantos años) construyen varios relatos basados en las memorias de Antonio Pedraza. Este señor era un librero y un personaje destacado de la cultura de la ciudad de Tandil, esa que nos diera varios tenistas brillantes y un presidente lamentable. El libro se llama Diario de Plaza Moreno, y aparentemente ese título también fue utilizado por Pedraza para nuclear varios cuentos y crónicas de su autoría, que tenían como punto de encuentro esta plaza de Tandil. Perdón por la extensa presentación, pero bueno, es un trabajo raro. ¿Y está bueno? El dibujo de Garijo sí, me gustó bastante. Es un dibujante recontra-clásico, con muchos recursos estilísticos. Por momentos mete esos sombreados con puntitos mínimos como hacía Solano López a principios de los ´80, a veces se juega todo a unas aguadas preciosas, otras veces extrema el claroscuro como si lo poseyera el espíritu de Alberto Breccia, y así. Sobre una base de dibujo académico clásico, el trazo de Garijo ofrece múltiples mutaciones, buena variedad de planos y enfoques y un trabajo notable en las expresiones faciales. La faz gráfica muestra un sólo punto débil, que es el rotulado, realizado con tipografías poco apropiadas, sin onda ni talento. Y por esa grieta se filtra el agua que hundirá al Titanic: los textos de Echegaray. Que no son precisamente malos, pero sí excesivamente literarios. Pareciera que el guionista se hubiera enamorado de la prosa del escritor al que le tocó adaptar a la historieta y no quisiera dejar afuera ni una palabra de las que Pedraza escribió en sus textos. Y ya sabemos que eso no garpa, que en la historieta sí o sí hay que sintetizar. Echegaray no sintetiza y eso hace que las viñetas de Garijo se vean invadidas por unos masacotes de texto que -por suerte- rara vez redundan con las imágenes, pero que le imprimen a la lectura de Diario de Plaza Moreno un ritmo que se hace duro de sobrellevar. Las historias en sí van desde anécdotas con tono costumbrista, otras con tintes sobrenaturales, algunas con algún elemento policial y una -la que más me gustó- con un perfil político, vinculado al horror de la última dictadura cívico-militar. Me imagino que si sos de Tandil, ver a tu ciudad como escenario de esas historias (las primeras ambientadas a fines del siglo XIX, la última en los años ´80), debe ser alucinante. Yo que la veo desde lejos y nunca fui a Tandil, busco otra cosa, y por momentos aparece, pero envuelta en una dinámica demasiado literaria para un comic. De todos modos, el dibujo de Ricardo Garijo (fallecido en 2009) hace que tenga sentido dedicarle un rato al libro.
En mi intento por ponerme al día con series con la que vengo remando muy de atrás, me bajé el Vol.8 de Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. La puta madre, ¡qué buena está esta serie! Cómo se disfruta el tema de que los autores puedan construir a largo plazo, sin tener que cerrar la trama cada seis números, qué bueno poder leer una aventura principal de cuatro números y después dos unitarios en los cuales revisitamos a personajes secundarios que llevaban un tiempo sin aparecer. Eso ya se ve poco en las series regulares del mercado estadounidense, y Vaughan y Staples lo hacen muy, pero muy bien. El arco principal se mete nada menos que con la temática del aborto. ¿Vale abortar, hasta cuándo se puede, dónde empieza la vida, dónde termina? Todo eso que seguramente alguna vez debatiste con amigos, pareja o familiares, en Saga se plantea de modo sumamente explícito, por supuesto en un contexto fantástico, donde existen la magia y un montón de elementos vinculados a la ciencia ficción. Lo mejor que tiene esta serie es que va a fondo, no arruga. La violencia es todo lo brutal que debe ser, los personajes que mueren no resucitan, el humor es sin barreras (hay chistes groseros de pija, concha y pedos), las escenas de sexo se presentan como algo natural, que sucede entre las personas adultas, y cuando los autores nos permiten ver lo que sueñan los personajes no es para rellenar tres o cuatro páginas, sino para ahondar en aspectos de su psiquis de una manera gráfica, que el talento de Staples convierte en un espectáculo memorable. La trama principal, la de la guerra de las galaxias entre un planeta y su luna, en este tomo no avanza un milímetro. Pero avanza lo importante, que es la construcción de estos personajes que explotan de onda, carisma y humanidad. Qué grata sorpresa ver cómo pasan los años, los autores acumulan más fama, más guita y más prestigio, y aún así ni se les ocurre tirarse a chantas y seguir con Saga en piloto automático. Acá no hay mezquindad ni especulación, hay una entrega absoluta que hace que cualquier fan de la historieta pueda entrarle a Saga y vivir emociones y sensaciones que otros comics no provocan. Llevo leídos casi 50 episodios de Saga y todos van de lo muy digno a lo apasionante, con algunos picos de genialidad. Hiper recomendable, posta. Y nada más, por hoy. Gracias por el aguante y ni bien pueda, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 15 de abril de 2023

HOY, TRES RESEÑAS

Cuando por fin encontré un rato para sentarme a escribir reseñas, son tres los libros ya leídos que se me acumularon. En el año 2000, el diario barcelonés El Periódico publicó a lo largo de 44 días en pleno verano boreal una tira doble (el formato que hoy utiliza Gaturro en La Nación) llamada Paula, para la cual se volvieron a juntar el guionista Xavier Roca y el genial dibujante Alfonso López, que ya habían trabajado juntos en series como Alex Cunillera (Ático Tercera). Todo el material que realizó la dupla a lo largo de ese verano reapareció en un lujoso libro de tapa dura en 2005 y yo tuve la suerte de conseguirlo el año pasado. Paula es una tira muy breve pero realmente brillante. Los autores hacen gala de un humor ácido, al hueso, que satiriza sin piedad a adolescentes (Paula tiene 18 años) y adultos, que anticipa los niveles zarpados de alienación que nos van a producir los celulares y los videojuegos, y que -sobre todo- juega con la precariedad laboral que aflige a los jóvenes españoles hace ya varias décadas. Trabajos espantosos donde los patrones te explotan sin piedad, te rajan sin indemnización cuando se les da la gana y tenés menos gratificaciones que juntando estiércol con la boca en un chiquero. Pero los pibes y pibas se quieren pagar el escabio, las salidas con chongos o los estudios, entonces van y laburan mil horas por chaucha y palito en pleno verano, en una Barcelona vital, dinámica, llena de opciones para divertirse (si las podés pagar, claro). También hay un gran elenco de personajes secundarios, amigas, padres, un noviecito... pero el tema central es ese: ya no somos nenes, tenemos que generar un ingreso a como dé lugar y las opciones son estas, una más horrenda y frustrante que la otra. Y todas pagan igual de mal. Algunas tiras te invitan más a reflexionar que a cagarte de risa, pero el tono de comedia está muy bien logrado y Roca tiene la pericia suficiente para no jugarse todas las fichas al remate en la viñeta final: a lo largo de cada uno de los breves relatos hay varios chistes en los diálogos, que funcionan muy bien. Y claro, lo que hace a Paula una lectura indispensable es el dibujo de Alfonso López, un autor al que banco a muerte y al que le compro cualquier cosa, porque lo considero uno de los más grandes historietistas que están vivos y trabajando en la actualidad. Ese pulso vital que exhibe la ciudad, ese tono de comedia, y muchos logros más que pueden apreciarse en estas 44 tiras llegan de la mano del trazo fluido, sintético y recontra-expresivo de López. Esas pinceladas sueltas, que cambian de grosor sobre la marcha y te hacen acordar todo el tiempo a Yves Chaland son apenas una de las características del inigualable dibujo de este genio. López tira unas perspectivas increíbles, unos personajes que actúan y se mueven con una gracia irrepetible y un tratamiento del color precioso (o dos, porque en las pocas entregas en las que el chiste consiste en una única viñeta, Alfonso ensaya una técnica mucho más pictórica, que le sale perfecto). No sé si esto será fácil de conseguir hoy en día, pero yo lo encontré acá, en Buenos Aires, juntando polvo en el depósito de una distribuidora. Lo recomiendo muchísimo a los fans de la comedia costumbrista y la sátira social. Y sigo militando para que más gente se haga fan de Alfonso López, capo total.
Che, ¿puede ser que el Vol.7 de Saga sea el mejor de la serie? No sé, pero creo que hasta ahora fue el que más me gustó. Acá me encuentro con Brian K. Vaughan y Fiona Staples afiladísimos, recontra asentados cada uno en su estilo, y además con la sana intención de narrar una historia de seis episodios que, si bien es parte de una serie larguísima, funciona muy bien como arco autoconclusivo, y hasta se lo podés dar a alguien que jamás leyó Saga. Hay algún que otro sub-plot que viene de arrastre de tomos anteriores, pero el núcleo de la trama está perfectamente presentado, desarrollado y resuelto en estas páginas. A lo largo de esta trepidante aventura llena de acción, tiros, espadazos, machaca y muertes tremendas de personajes a los que uno llegó a querer fuerte, Vaughan explora el tema de los refugiados políticos, de esa gente que tiene la mala suerte de vivir en un territorio que lleva décadas en medio de una guerra, y depende de la ayuda externa para sobrevivir. No hace falta irse "a long, long time ago, to a galaxy far away" para encontrar ejemplos, y Vaughan no oculta en ningún momento que está usando a estos bichos alienígenas para hablar de conflictos de los que sufren todos los días africanos, palestinos, haitianos, etc.. La crisis humanitaria generada por las guerras está en primer plano y Marko, Alana y su familia se ven interpelados por el dolor y las carencias de quienes la sufren en carne propia... mientras sigue el acoso por parte de los perseguidores que los quieren liquidar. Con todo esto y con unos diálogos magníficos, se arma un Vol.7 apasionante, tenso como el tiempo suplementario de la final contra Francia, con golpes al corazón del lector, desarrollo para un montón de personajes (principales y secundarios) y un trabajo descollante de Staples en el dibujo y el color. Tengo un tomo más de Saga en la pila de los pendientes, que ojalá esté a este mismo nivel, porque la verdad que con este tomo la pasé bárbaro. Esto es ciencia ficción de la buena, con mucho huevo, mucho corazón, sexo, puteadas, bajada de línea siempre para el lado correcto y unos dibujos de la hiper-concha de Dios. Un lujo.
Y vamos con otra saga, La Saga de los Distintos, cuya tercera entrega se titula "Reptil en el Reino de las Aves" y cuenta básicamente eso. En su trabajo más reciente (editado a fines de 2022), el inmenso Chanti nos cuenta qué pasó con la víbora a la que la gran tormenta que sacudió a Animalia desplazó a una tierra desconocida, habitada por todo tipo de pájaros. La víbora será confundida con un gusano amarillo extra-large y -lo más importante- utilizada con fines políticos por un gobierno que se da cuenta de los beneficios de tener engañada a la población. -Pará, ¿no es un comic para chicos?. Sí, pero Chanti apuesta fuerte y crea una historia acerca del oscurantismo, el engaño y la manipulación de la verdad por parte de los poderosos para expandir su poder. Un relato de una profundidad asombrosa, ágil, conmovedor y potente como pocos. El dibujo sintético, prolijito y amistoso de Chanti te puede descolocar y hacerte creer que vas a leer algo 100% humorístico, o pueril, o incluso pavote. Nada que ver. Reptil en el Reino de las Aves, además de ese dibujo exquisito y ese despliegue fascinante en la puesta en página y el armado de las secuencias, es una historieta para pensar, para abrirle la cabeza a los más chicos desde temprano. ¿Qué es la verdad? ¿La que nos baja quién? ¿Y a ese quién se la revela? ¿Y si en realidad es mentira? ¿Y si en realidad es todo una farsa para someter, excluir o discriminar a muchos en beneficio de unos pocos que quieren todo para ellos? Chanti se mete a fondo con eso: el choque entre especies tan distintas como la víbora y el cóndor es apenas una excusa para contar el choque entre relato y realidad, entre lo que los poderosos quieren que creamos y lo que efectivamente sucede. El resultado es un álbum breve (50 páginas de historieta) pero intenso, emotivo y atrevido en el mejor sentido posible: el de enseñarle a los chicos a cuestionar el discurso hegemónico. Nunca había leído La Saga de los Distintos, pero ahora la quiero completar. Si todos los álbumes son así, habría que ponerlos como lectura obligatoria en todas las escuelas del país. Y esto es todo por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog.

jueves, 3 de noviembre de 2022

TRES DE UN SAQUE

Como no podía ser de otra manera, me abalancé sobre el Vol.2 de Crónicas de la Era Glacial para enterarme cómo termina esta epopeya creada por el maestro Jiro Taniguchi y serializada a ritmo muy lento entre 1987 y 1991. Bueno, la sorpresa es que no termina. Hay una especie de final, pero deja muchísimas puntas abiertas. El propio Taniguchi nos cuenta en un postfacio que su idea original era que este manga fuera muchísimo más largo, y que por cuestiones editoriales lo tuvo que terminar ahí, con este mundo increíble a medio explorar. Es notable lo mucho que cambia el tono de Crónicas de la Era Glacial de un tomo a otro. El primero es mucho más claustrofóbico, opresivo, amargo. El segundo es un tomo todo al aire libre, que transmite una sensación de maravilla y de libertad, de posibilidades infinitas. Por supuesto hay peligros extremos para Takeru y sus amigos, pero las reglas son otras. Por momentos me hizo acordar mucho a esas historietas de Moebius en las que Atan y Stel recorren el mundo de Edena: hay un bosque que está vivo, un montón de bichos que componen una fauna y una flora desaforadas y fantásticas, hay una bajada de línea ecológica muy clara, y en un momento cobra fuerza otro elemento muy presente en la obra del Genio Infinito: la metafísica. De alguna manera muy limada (pero que no desentona con el tono de la obra) Takeru logra conectar su mente y su espíritu con el de un dios gigante que vive desde tiempos ancestrales y dialogar con el corazón del bosque viviente, penetrar en su sistema nervioso, ser testigo de sus memorias. Todas cosas imposibles siquiera de imaginar a lo largo de la lectura del Vol.1, que era mucho más tradicional y más prosaico. Acá de pronto hay una especie de lirismo místico que cambia el registro, la forma de presentar la aventura. Para cuando llegué a la mitad del Vol.2, empecé a sospechar que, por la propia ambición de lo que estaba narrando Taniguchi (nada menos que el nacimiento de una humanidad 2.0 manipulada por una inteligencia artificial de infinito poder, que se pone a sí misma en el rol de Dios), las páginas que faltaban para llegar al final no iban a ser suficientes para darle un cierre consistente a la saga. Y lamentablemente, mi pálpito fue acertado. Crónicas de la Era Glacial termina con el conflicto central sin resolverse, con los personajes casi en medio de una misión a todo o nada, y no hay ni dos viñetas de epílogo, de "bajemos un cambio, que el peligro grosso ya aflojó". Pero bueno, son unas 600 páginas de aventura trepidante, en las que Taniguchi dibuja (como los dioses) muchas cosas que nunca había dibujado antes y que no volvería a dibujar después. Inconclusa y todo, es una saga entretenida, cautivante, impactante y con un montón de ideas desparramadas por ahí, que el ídolo no llegó a cerrar, pero que hacen que el manga valga mucho la pena.
Y un día retomé Saga. Había leído el Vol.5 allá por el 09/04/19 y la verdad que me acordaba muy poco. O en realidad me acordaba bastante del contexto global de la serie, pero no me acordaba en qué punto había quedado el relato cuando se me terminó el Vol.5. Así que estuve algunas páginas a la deriva hasta que le volví a encontrar el pulso a esta extraña serie de Brian K. Vaughan y Fiona Staples. Al toque me acordé cómo funciona Vaughan en las series largas: todo es una gigantesca acumulación de peripecias que después muy probablemente no tengan ningún peso en la resolución de las tramas principales. Esa es -muy evidentemente- la lógica de Saga. Por eso es imposible de leer de a un episodio por mes, o cada vez que los autores tienen listo un numerito de 20-24 páginas. Incluso en tandas de seis numeritos (que son los que recopila cada TPB) es casi imposible no entrar en la trampa y sentir con intensidad dramática todas estas escenas, toda esta entrada, salida, muertes y reapariciones de personajes que seguramente en el contexto global de la historia van a ser menos que una nota al pie. ¿Por qué pasa eso? Porque Vaughan y Staples son buenos narradores, por eso pisamos el palito y sentimos que estamos leyendo algo relevante, cuando en realidad es todo 90% relleno, boludeces para estirar. Claro, cuando las boludeces para estirar incluyen diálogos notables, muy buen desarrollo de personajes y momentos shockeantes que te dejan helado, tiene sentido y hasta está bueno comerse el amague de que pasan cosas importantes. Cuando los personajes que se incorporan al ya muy vasto elenco tienen onda, y son distintos, y miran la trama desde una óptica distinta, también está bueno verlos entrar y cambiarle la "composición química" al menjunje. Y si encima está todo bien dibujado y bien coloreado, y hasta el rotulado es precioso... ¿qué apuro tenés, no? Dejá todo así, estiren todo lo que quieran y si la serie termina en el nº240 y son 40 TPBs, me chupa un huevo y la cáscara del otro. De última, Saga es la historia de Hazel, y mientras viva Hazel, se puede seguir. Hasta ahora, en seis TPBs, creo que no cumplió ni cinco años, así que es cuestión de relajarse y disfrutar de los bizarros sacudones que Vaughan y Staples le pegan a esta serie. El único peligro real es que se aburran, o se mueran, y la dejen inconclusa en cualquier lado. Mientras eso no suceda, tenemos la diversión garantizada, porque en todos los episodios pasan cosas y la sensación (mentirosa) de que los personajes crecen y la trama avanza, está, se vive y se disfruta. Tengo uno o dos tomos más de Saga sin leer, así que no falta tanto para que nos reencontremos con Hazel, Alana, Marko y familia.
Me vengo a Argentina, año 2022, para leer La Madriguera, nuevo trabajo de Femimutancia (o Julia Inés Mamone), autora con la que ya nos habíamos encontrado allá por el 01/02/19. De nuevo me deleité con un excelente trabajo en materia de dibujo, color y rotulado. Y además me encontré con unas secuencias mudas realmente hermosas y unos diálogos cuidadísimos, que me sonaron sumamente reales. La trama me resultó un tanto extraña. Las primeras 35 páginas son fascinantes. Femimutancia plantea una situación realista, la vida conflictuada de una chica normal, y la empieza a retorcer con elementos fantásticos alucinantes: ese ángel perverso que irrumpe desde la primera página, el gato que habla, la caída a una especie de limbo/ vacío metafórico (o no) onda Alice in Wonderland, el "chiste" de los poderes imaginarios con los que la protagonista "mata" gente... No se entiende del todo lo que pasa, pero te engancha a full, porque es todo muy raro y está muy bien amalgamado con el slice of life. Pero a partir de ahí, de cuando Rebecca se despierta en el hospital, la trama retrocede tres casilleros y se vuelve a quedar en el slice of life clásico. Bien escrito, con personajes interesantes, con el condimento extra de la pandemia de COVID-19, pero anclado en conflictos reales, en vínculos familiares, afectivos y sexuales no muy distintos a los que nos conectan a los lectores con nuestro entorno cotidiano. Me da la sensación de que Femimutancia utiliza esta obra para hablar acerca de su relación con su madre, pero por ahí me equivoco y es todo ficción, y nada de lo que le pasa a Rebecca con su mamá está basado en las vivencias reales de la autora. En cualquier caso, la historieta es un vehículo tan válido como cualquier otro para exorcizar ese tipo de fantasmas. El tema es que la relación entre Rebecca y su mamá lastra un poco el desarrollo de la trama, que finalmente llega a un desenlace muy lindo, muy satisfactorio, pero que -para mi gusto- desaprovecha un poco ese tinte bizarro e hipnótico que le daban los elementos fantásticos en el primer tramo. La Madriguera se trata, básicamente, de crecer. De no escaparse de los problemas, afrontarlos, buscarles la vuelta, reflexionar... Rayo, la novia de Rebecca, lo dice con toda claridad, por si alguien no lo entendió. Y por ese lado la historia funciona y hasta conmueve. Si sos fan de Femimutancia ni hace falta que te la recomiende. Y si no, probablemente esta sea la puerta de entrada ideal al universo de esta autora siempre dispuesta a arriesgar un poco más. Nada más, por hoy. Nos encontramos el sábado y el domingo en la San Luis Comic Con y el miércoles 9 a las 16 hs en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza. Y la semana que viene, seguro estaré de vuelta con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 9 de abril de 2019

MARTES TEMPRANISIMO

Por fin encontré un rato para sentarme a escribir las reseñas de los últimos libros que leí.
Arranqué con la puesta al día con material argentino anterior a 2018 y así llegué a Gilgamesh el Inmortal: Hora Cero, una saga que va entre el libro de Gilgamesh que reseñé el 22/11/18 y el que vimos un lejano 27/09/12. O sea que los leí en perfecto desorden: empecé por lo que sería el final, después leí el principio y ahora lo del medio. Pero bueno, es lo que hay…
Como vimos sobre el final del Vol.1, en un punto Lucho Olivera se concentra sólo en dibujar y los guiones pasan a manos de Sergio Mulko, también mucho más conocido por su labor como dibujante. Esto está todo escrito por Mulko, y sigue con bastante fidelidad los lineamientos del Gilgamesh de Lucho, en una transición bastante visible hacia esos guiones mucho más raros que veríamos en Arenas Rojas (el tramo final). Como ya vimos, acá hay varias historias sin conflictos, o con mínimos conflictos, en los que Gilgamesh básicamente habla, contempla y piensa. Pero el cuarto episodio (“Veganos”) introduce a una raza alienígena maligna, que garantiza violencia, destrucción y genocidios hasta el final mismo del tomo. Pasan otras cosas más lo-fi mezcladas con esta batalla casi personal del inmortal contra los korios, hay episodios en los que no pasa nada, otros en los que Gilgamesh busca al responsable de su inmortalidad… Pero si te gusta que los héroes luchen, acá eso está un poquito más enfatizado que en otras sagas del otrora rey de Uruk.
El dibujo de Olivera también está en tránsito, de esos incios un tanto precarios hacia el virtuosismo que le veríamos desplegar en la segunda mitad de los ´70 (estas historietas son de 1973-74). Las naves espaciales que vemos en este libro, por ejemplo, no tienen nada que envidiarle al mejor Lucho. Los primeros planos de los rostros masculinos, sí, bastante. Muy condicionado por el hecho de no poder meter nunca menos de ocho cuadros por página (y a menudo tener que meter 12 ó 14), Lucho va probando distintos rebusques narrativos y en el que más cómodo se lo ve es en la viñeta widescreen finita, que es algo que se hacía poco en la historieta argentina de los ´70. Y después está el tema del brazo de Gilgamesh, que aparece y desaparece. A veces le falta el brazo derecho, a veces el izquierdo y a veces tiene los dos. Muy loco que nadie controlara eso.
Si sos fan de Gilgamesh, seguro compraste esto cuando salió (2008). Y si no, no empieces por acá, sino por el libro titulado “El Origen”.
Sigo visitando planetas y razas alienígenas extraños en un intento por ponerme (un poquito más) al día con Saga, la epopeya de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, que tenía abandonada desde el 01/02/16 (un delirio). Para esta altura de la historia, Vaughan ya sumó a tantos personajes que los tiene que dividir en tres grupos y desarrollar tres narraciones en paralelo, un dolor de cabeza garantizado para los que leían la serie en formato de comic-book de 20 páginas de errática periodicidad. Y para que cada grupito viva una peripecia interesante, también tienen que aparecer muchos villanos, muchos conflictos, algunos de los cuales se resuelven muy rápido, antes de que lleguen a desarrollarse plenamente. Lo bueno es que la gran mayoría se resuelve de modos impredecibles.
En el medio hay buenas ideas (algunas muy locas, como las propiedades curativas del esperma de dragón), excelentes diálogos (con un nivel de guarangada muy bienvenido) y en este tomo en particular, bastante acción. O sea que si bien este Vol.5 es inabordable para el que no haya leído los cuatro anteriores, resulta muy ganchero para el que viene siguiendo desde el principio la saga de Hazel, sus padres y estos mundos en guerra.
El dibujo de Fiona Staples conserva el muy alto nivel que vimos en los tomos anteriores y me volvió a sorprender con los diseños que pela para los nuevos personajes que se van sumando al elenco sobre todo ese quinteto de villanos de clara inspiración marveliana. Los paisajes, naves y bichos que aparecen también están buenísimos, todos muy potenciados por el brillante trabajo que realiza la canadiense en el coloreado digital de estas páginas.
Recomendar Saga, a esta altura del partido, ya es medio una obviedad. Pero la idea es simplemente dejar constancia de que, mal y tarde, sigo adelante con la lectura de esta serie.

Nada más, por hoy. Ni bien tenga un par de libros leídos, se vienen nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 5 de septiembre de 2015

05/ 09: SAGA Vol.3

Retomo esta serie que tenía colgada desde el 17/07/14, una eternidad. Acá, el guionista Brian K. Vaughan mantiene la tendencia del tomo anterior: sin olvidarse de que los protagonistas son Marko y Alana, sigue sumando caras nuevas a un elenco en constante expansión. Por supuesto hay personajes que mueren y personajes que se desactivan, porque si no, sería imposible. Lo cierto es que Saga crece tomo a tomo en complejidad y cada vez es más difícil entender qué carajo está pasando si no la leés (con mucha atención) desde el Vol.1.
Lo que también se desactiva es esa sensación de road movie de los dos primeros tomos. En este Vol.3, los fugitivos enamorados se quedan básicamente quietos en un lugar, donde primero están tranquilos y después la aventura los va a venir a buscar. El laburo de recorrer planetras y ciudades buscando… algo, va a recaer en otros personajes, malos y no tanto. De hecho algunos de los villanos están tan bien trabajados, que Vaughan los fue haciendo cada vez más queribles, además de rodearlos de personajes secundarios propios, algunos muy carismáticos. Sumémosle el salvajismo con el que combaten “los buenos” cuando la cosa se pone espesa, y la frontera entre héroes y villanos se hace tan borrosa que sin dudas se convierte en otro enorme punto a favor de Saga.
En las secuencias en las que no hay machaca (que en este tomo son amplia mayoría) Vaughan encuentra el espacio para desarrollar a todos estos personajes, para sacarle jugo a la no-aventura con diálogos brillantes, chistes zarpados, indagación en este universo de ciencia-ficción (con una cantidad asombrosa de elementos que funcionan igual que en el nuestro), y exploración de conceptos fascinantes, algunos vinculados a la guerra entre estas dos civilizaciones y otros más profundos, más trascendentales.
Para criticar, lo mismo que la vez pasada: Saga es una historia compleja, ambiciosa, llena de elementos gancheros… que avanza MUY lento. Todo este TPB sucede en unos pocos días, en los que los cambios importantes en el status quo de algunos personajes es nulo. Claro que hay avances e incluso asacudones totalmente impredecibles, el tema es que los vamos experimentando a un ritmo muy pachorro, como si Vaughan no tuviera ningún apuro por llevar la historia hacia un climax. De nuevo, me imagino a los pobres pibes que leen esto en revistitas, en fetas de 22 páginas (que ni siquiera salen todos los meses) y los compadezco profundamente.
Del trabajo de Fiona Staples ya no hace falta hablar, porque va por los mismos carriles que ya vimos en reseñas anteriores… y la verdad que funciona muy bien, capta muy bien el universo que crea Vaughan y engancha muy bien con el ritmo de la trama. Quizás en blanco y negro se vería todo medio pobretón, medio prendido con alfileres. Pero está claro que la canadiense tiene un dominio muy notable de las técnicas de color digital y de cómo estas te pueden ayudar a resaltar un dibujo que no es minimalista ni está hecho a los pedos, pero que –sobre todo en los fondos- está a años luz de la tendencia actual del mainstream yanki en la que los dibujantes sobrecargan las viñetas con información, texturas y rayitas como si dejar espacios “limpitos” fuera pecado mortal.
Obviamente banco y recomiendo a full esta serie, de la que ya tengo el Vol.4 pidiendo pista en el pilón de los pendientes.

jueves, 17 de julio de 2014

17/ 07: SAGA Vol.2

Retomo esta serie hit de Brian K. Vaughan y Fiona Staples luego de una reseña del Vol.1 publicada el 04/11/13 y repleta de conceptos elogiosos. Recomiendo repasar dicha reseña, sobre todo porque ahí está bastante claro lo que me pareció el trabajo de Staples al frente de la faz gráfica y no me quiero repetir.
En cuanto al guión, la movida de Vaughan es arriesgada. Lo que arrancó como una serie con dos protagonistas y tres o cuatro personajes secundarios con cierto peso en la trama, evolucionó rápidamente hacia una serie de protagonismo coral, donde (por lo menos en este tomo) los personajes fundamentales no son menos de ocho o nueve. El guionista, experto en estas lides, cancherísimo siempre en todo lo que tiene que ver con la caracterización y los diálogos, le reserva a cada uno de estos personajes esa secuencia de lucimiento, esa escena en la que la rompe, esos diálogos brillantes. Claro, para que cada uno tenga ese espacio, hace falta ralentizar mucho el relato, y eso es lo único que se le podría criticar a Saga: abarca mucho y aprieta poco.
En esos saltos de una época a otra y de un planeta a otro, Vaughan encuentra las ocasiones para darle onda y sustancia a este vasto elenco. Pero a costa de que la trama central avance poco y nada. Me imagino lo que deben sufrir los pobres pibes que leen Saga en revistitas de 22 páginas (que ni siquiera salen todos los meses). Se deben querer matar, debe ser un sacerdocio peor que ser hincha de Racing. En cada entrega de 22 páginas pasa tan poco, que a veces no llegan siquiera a aparecer Alana y Marko, que supuestamente son los protagonistas. Con habilidad maradoniana, Vaughan abre el juego a otros personajes, explora otras situaciones, incorpora nuevos elementos a la trama y por momentos parece “olvidarse” de la historia troncal. Por supuesto, cuando vuelve lo hace con sacudones grossos, con momentos fuertes, impactantes, que también los hay.
A este ritmo, Saga puede llegar a superar sin esfuerzo la barrera de los 60 episodios (o si preferís, 10 TPBs), que fijó Vaughan para sus obras más famosas, Y: the Last Man y Ex Machina. Lo más loco es que frente a esto uno no dice “y bue… paciencia…”, sino que me ceba mucho la idea de que esto siga mucho más allá de los 60 episodios, porque realmente está buenísimo. Incluso cuando, con 12 episodios ya leídos, sabemos bastante poco acerca de qué rumbo puede tomar la historia de estos fugitivos enamorados y su bebita. Lo que empezó como una especie de “Romeo y Julieta en un mundo tipo Star Wars” ya cobró la suficiente complejidad como para hacerse sumamente impredecible y, por ende, más adictivo de lo que uno podía suponer.
Apoyado en el gran trabajo de desarrollo de personajes, Vaughan está ofreciendo una cátedra de aventura, con ciencia-ficción, magia, rosca política, guerras cósmicas, sexo, chistes zarpados, conceptos elevados y una estructura que por momentos roza la road movie. Todo esto, más el gran desempeño de Fiona Staples en el dibujo y el color, da por resultado un comic realmente excelente, que no se puede empezar a leer en cualquier parte (hay que arrancar sí o sí en el Vol.1), y que refrenda tomo a tomo la promesa de convertirse en un clásico inolvidable, definitivo, fundamental. Habrá más Brian Vaughan en los próximos meses, acá en el blog.

lunes, 4 de noviembre de 2013

04/ 11: SAGA Vol.1

Encaré la lectura de este libro con altísimas expectativas, fruto de los comentarios maravillosos que escuché y de los muchísimos premios que ganó. La verdad, todo muy merecido. Estamos ante una historieta muy, muy bien pensada y que –por lo menos en este primer tomo- no muestra fisuras en la ejecución. Brian K. Vaughan volvió al comic después de un par de años abocado a chorear como guionista de Lost y enseguida recuperó la magia de sus clásicos (Y the Last Man y Ex Machina). De nuevo nos plantea un montón de ideas muy originales, un elenco de personajes muy atractivo y un ritmo narrativo que le va a permitir narrar la historia de modo descomprimido, sin descuidar la caracterización, ni la machaca, ni la indagación en los conceptos que tira como marco fundamental de la serie.
Acá tenemos a un planeta llamado Landfall, que está en guerra hace décadas (o siglos) con su luna, Wreath. Pero ya se dieron cuenta de que es mejor llevar la guerra fuera de sus propios territorios y esta se expande sin control por toda la galaxia. La acción arranca en el planeta Cleave, uno de los tantos mundos contaminados por las eternas batallas entre las dos potencias. Ahí nace Hazel, una bebita fruto de la improbable unión entre Alana, una cínica soldado de Landfall, y Marko, un hechicero pacifista de Wreath. De algún modo (de un modo shakespereano) estos enemigos se enamoraron y huyeron juntos para formar una familia... cuya prioridad es escapar con vida de Cleave, donde son cazados por milicias de ambos bandos.
En todo este primer tramo, Vaughan nos invita a recorrer Cleave de la mano de Alana y Marko, y a sufrir con las peripecias de las que deben zafar hasta conseguir una nave que les permita abandonar este mundo crepuscular, no del todo cartografiado, en el que pasan cosas muy raras. En el medio, conoceremos a por lo menos tres personajes secundarios importantes, y nos reiremos mucho con algunos diálogos muy graciosos, muy afilados, con una dosis de guarangadas y mala leche que no aparecía en las obras anteriores del guionista. Además de los conceptos, lo más atractivo es el ritmo, cuándo y dónde interrumpe Vaughan cada secuencia para dar paso a la siguiente. Esto está pensado de modo quirúrgico, con la (mala) intención de que siempre te quedes con la leche de leer un poquito más, de saber cómo sigue el desarrollo de cada escena, de cada personaje relevante en la trama. Este primer TPB es adictivo a full y una vez que lo agarrás, es realmente difícil soltarlo antes de llegar a la última página.
Esta vez, Vaughan encontró lo que buscó sin éxito en Y the Last Man: una dibujante mujer preparada para jugar en Primera. Este es, sin dudas, el trabajo consagratorio de la canadiense Fiona Staples, muy a la altura de las grossitudes que escribe Brian K.. Staples probablemente arranque sacando fotos a modelos, como hacía Tony Harris en Ex Machina. Pero a partir de eso, hay tanto laburo, tanta creatividad por parte de la autora, que de la foto sólo queda la incuestionable (y por suerte, subyacente) correción anatómica, incluso en poses o ángulos muy complicados. En la superficie del dibujo, se ve eso: dibujo. Un gran laburo en vestuarios, maquinarias y armamentos (todos inventados, porque es un comic de fantasía y ciencia-ficción), unas criaturas alucinantes y una técnica muy interesante para des-enfatizar los fondos y darse el lujo de sugerirlos, más que de diseñarlos. De que no falten, pero que no tengan nunca protagonismo. Staples ilustra los fondos con una técnica digital especial (en algún punto tributaria del chino Benjamin), que les da una impronta medio etérea, y sobre eso superpone el dibujo más fuerte, con la línea mucho más marcada, de los personajes. La verdad que la combinación queda buenísima. Y claro, la posibilidad de ser su propia colorista le da a la canadiense los recursos para pelar cosas raras (y muy impactantes) a la hora de generar efectos de iluminación, explosiones, rayos místicos y demás. Sumémosle un excelente manejo de las expresiones faciales (fundamental para subrayar los aciertos de Vaughan en los diálogos) y tenemos una faz gráfica realmente espectacular, muy por encima de lo que se ve en el promedio de las series regulares que se editan hoy en EEUU.
Saga arrancó con todo: acción, comedia, guerra, sexo, rosca política, fantasía y ciencia ficción. Buenas ideas, buen ritmo, buenos diálogos, buenos dibujos, muchos logros en el armado de las secuencias... Por ahora, esto está más cerca de las obras maestras que del digno entretenimiento. Sin dudas, es el regreso glorioso que esperábamos y merecíamos los fans de Brian Vaughan, a quien prometo volver a visitar pronto.