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miércoles, 7 de mayo de 2025
MIERCOLES DE PEDAGOGÍA
Hoy tengo para reseñar dos libros de autores que -me parece- en Argentina tienen menos fans que la leucemia. Esta entrada se va a comer un inevitable "0 Comments", pero es mi humilde granito de arena para que aunque sea la gente que me lee en este espacio sepa que este material existe y que está buenísimo. No le vamos a cambiar la vida a nadie, no van a salir ocho editores a disputarse los derechos para publicar estos libros en nuestro mercado, pero por ahí alguien se interesa como para conseguir este material y disfrutarlo.
Empiezo en Italia, principios de los ´90, cuando el guionista Ottavio De Angelis y la dibujante Anna Brandoli crean a Paolo Dominici, un aventurero medio cínico, cancherito y con talento para meterse en kilombos. Fieles al molde Corto Maltés, los autores sitúan la aventura en un lugar y un tiempo concretos: el propio título de la obra es Cuba ´42, y toda la historia transcurre en La Habana, en plena Segunda Guerra Mundial. Esta no es la Cuba de Fidel Castro, sino la de Fulgencio Batista, la que funcionaba como un enclave/ prostíbulo de Estados Unidos y atrasaba tanto que en 1942 parecía una remake de una ciudad yanki de 1920.
Dominici se va a ver enredado en una trama de espionaje muy interesante, con los nazis al acecho, y con un movimiento medio underground que busca sacarse de encima a Batista. Para ponerle picante al asunto, aparecen un escritor yanki, alcohólico y carismático que peleó en la Guerra Civil Española, al mejor estilo Ernest Hemingway (de hecho, podría ser el mismísimo Hemingway) y una mulata llamada Teresa que hipnotiza a los varones con sus encantos. En apenas 46 páginas, el guion de De Angelis pega varios giros sorprendentes, desarrolla bastante a un puñado de personajes y le saca un provecho notable a toda esta situación política compleja, fértil para la épica pero también para la traición más artera. Es un gran guion, con un ritmo encomiable, que le hubiese encantado escribir a Hugo Pratt, aunque el Tano lo habría estirado innecesariamente, en una de esas al doble de páginas.
Ya desde la portada, Pratt es la referencia central a la hora de hablar de la corriente estética en la que se inscribe el dibujo de Brandoli. Sobre una estructura básica 100% prattiana, la autora mete también cosas de Baru, José Muñoz, Jacques de Loustal y del Lorenzo Mattotti de la primera época. El resultado es brillante, una cátedra de narrativa fulminante, apoyada en un manejo sublime del claroscuro. Nunca había leído otras obras de Anna Brandoli, pero con esta me alcanza para hacerme fan a muerte. Lo único que no me sedujo (pero esto ya es medio un toc mío) es que Cuba ´42 oscila entre las páginas divididas en tres tiras y las divididas en cuatro. Me hubiese gustado más una grilla que se mantuviera lo largo de las 46 páginas, ya sea de tres o de cuatro tiras. Por supuesto que la impronta de Hugo Pratt está mucho más presente en las páginas de cuatro tiras que en las de tres...
Tengo entendido que hay por lo menos una aventura más de Paolo Dominici, inédita en castellano. Ojalá la pueda conseguir algún día. Si no, cualquier otro trabajo de Anna Brandoli también me viene bárbaro, porque este lo disfruté un montón.
Sigo con mi cruzada quijotesca para que los lectores de habla hispana descubran y enloquezcan con Pearls Before Swine, la gloriosa tira diaria de Stephan Pastis, que aparece en los diarios de EEUU hace ya casi 25 años. Esta vez conseguí un librito llamado Larry in Wonderland, que recopila las tiras originalmente publicadas entre Agosto de 2009 y Mayo de 2010.
No tengo mucho para agregar respecto de lo que ya comenté cuando vi otros libros de Pearls Before Swine (11/03/14 y sobre todo 06/04/23). Acá todavía tiene mucho protagonismo Zebra, que más tarde se va a replegar a un rol mucho más chiquito, acá Pastis ya se incorporó a la tira como personaje, y si hay que detectar alguna temática que aparezca con fuerza en este período, yo creo que son dos. Por un lado, esa novedad del 2009-10 que eran Facebook, YouTube y el "cualquier cosa, googlealo". Pastis tiene mucho para decir acerca de esa tendencia, y es todo MUY gracioso. Y por otro lado, en 2009 todavía estaba fresquito el gobierno del impresentable borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush, y hay muchos chistes que hacen alusión a la supuesta gesta heroica de las tropas estadounidenses en Medio Oriente y sus consecuencias espantosas para la pobre gente que vive ahí.
El resto es un poco lo que ya vimos: oscuridad, mala leche, reflexiones existencialistas que funcionan como una patada a la garganta del lector, violencia y abyección moral, en un contexto de joda donde también hay lugar para chistes pavotes, ingenuos o basados en juegos de palabras tan rebuscados que el propio autor se pasa factura a sí mismo. Porque además de opinar acerca de las otras tiras diarias (Dilbert, Ziggy, The Family Circus, Dennis the Menace, etc.), Pastis opina acerca de su propio trabajo y se verduguea a sí mismo sin piedad.
Pearls Before Swine carga con una cruz jodida, que es el muy limitado talento de Pastis como dibujante, pero aún así es la mejor tira que nos han ofrecido los diarios yankis en lo que va del Siglo XXI. O por lo menos la que más me hace reir, así, con carcajada, no con sonrisita cómplice. Cuesta creer cómo estos animalitos dibujados así nomás, de manera minimalista, pueden decir tanto acerca de nosotros, nuestra sociedad, nuestros vínculos, nuestras contradicciones y esa grieta cada vez más extrema entre lo que queríamos para nuestras vidas y lo que terminamos por vivir una vez que caímos en la trampa de la vida adulta, el capitalismo, el amor de pareja y demás construcciones sociales que -desde la mirada desangelada de Stephan Pastis- son más engañosas que una campaña publicitaria para que votes a los candidatos del PRO. Banco a full a esta serie, y cada vez que vea un libro a buen precio, caerá inevitablemente en mis garras.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Espero volver a postear pronto. Gracias y hasta entonces.
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jueves, 6 de abril de 2023
JUEVES DE CONTRASTES
Hoy tengo para reseñar un libro cuya lectura me demandó varios días y uno que me devoré en menos de 15 minutos.
Empiezo en Estados Unidos, año 2021, cuando se recopilan en libro las tiras de Pearl Before Swine originalmente publicadas entre Octubre de 2018 y Marzo de 2020. En la reseña del 11/03/14 quedó plasmada mi reacción frente a esta tira de Stephan Pastis que se publica desde 2001 en los diarios yankis. Fue un descubrimiento de esos que te sacuden toda la estantería, por eso esta vez fui por un libro de la colección Treasury, en la que la tira se recopila completa, sin baches, con las entregas de lunes a sábado en blanco y negro y las dominicales a color, sin remontarlas ni cambiarles el formato. Esta edición cuenta con el atractivo extra de que, abajo de cada tira, Pastis agrega algún comentario del backstage, breves textos casi siempre en joda donde nos cuenta con qué personajes se identifica, cómo lucha contra el syndicate para que le dejen usar ciertas palabras "groseras", cómo le cuesta dibujar ciertas cosas, cómo reaccionaron los lectores frente a ciertas situaciones que incluyó en la tira y demás.
Pearls Await the Tide ofrece casi 240 páginas de historietas, la mayoría de las cuales reproducen tres tiras diarias. O sea que hay muchísimo para leer. Y no, el dibujo de Pastis no mejoró ostensiblemente desde aquel primer librito reseñado en 2014. Sigue siendo eficaz, pero muy limitado, y lo más interesante: muy consciente de sus limitaciones. Las principales diferencias que noté entre un librito y otro son 1) que aparece mucho menos Zebra, un personaje que al principio era muy protagónico y 2) que el propio Pastis se incorporó como personaje, para interactuar con sus creaciones, contar cosas de su vida personal, y "dar la cara" cuando estos lo cuestionan (o directamente lo cagan a palos) por el nivel choto de algunos chistes. Pastis es constantemente víctima del bullying por parte del trío protagónico (Rat, Pig y Goat), que lo consideran un auténtico subnormal.
Lejos, lo mejor de Pearls Before Swine es su oscuridad. Las reflexiones existencialistas jodidas, ese truco que inventó Charles Schulz en Peanuts y que Pastis lleva al infinito y más allá. La grieta entre nuestros sueños y aspiraciones y nuestros logros en la vida real, la interacción entre seres humanos en una sociedad gobernada por políticos corruptos y empresarios insaciables, el rol de las redes sociales y el periodismo, la censura sobre lo que pensamos o sentimos disfrazada de "corrección política", la relación del individuo con la comida y el escabio, con el trabajo, con los vecinos... Sobre todos estos temas y muchos más, Pastis piensa en voz alta, con una mala leche devastadora y un humor muy, pero muy afilado. También hay chistes tontos, basados en juegos de palabras (algunos MUY elaborados) o en confusiones lingüísticas, pero en general, el humor de la tira es lúgubre, espeso, incómodo como tampón de virulana.
Me parece genial que en los diarios de Estados Unidos, repletos de tiras anodinas y con menos gracia que un desalojo, aparezca una tira como Pearls Before Swine, quizás lo más parecido a South Park que vamos a ver alguna vez en la página de humor de una publicación masiva y que está al alcance de los chicos como es el diario. En ese contexto, Pastis más que bueno es necesario.
Me vengo a Argentina, año 2022, para disfrutar de Apagón, una breve novela gráfica (apenas 54 páginas) escrita por Martín Tejada y dibujada por Carlos Dearmas. La calidad de la edición (a cargo de Hotel de las Ideas) es increíble: desde el prólogo de Estela de Carlotto hasta el gramaje del papel, todo da cuenta de un cuidado muy especial por parte de la editorial, que se agradece muchísimo.
Una vez adentro del librito, nos encontramos con un guion minimalista, en el que Tejeda tira muy buenos diálogos en las primeras páginas como para que entendamos quiénes son los personajes y cuál es el conflicto... y después prácticamente no se habla más. Será la acción la que narre y el dibujo el que nos guíe en esta recorrida fantasmagórica por una casa totalmente a oscuras que oculta un secreto vinculado a los trágicos apagones de 1976, aquellos que sirvieron como escenario a 400 secuestros y otros crímenes de lesa humanidad en un pueblo de Jujuy. Entre la oscuridad, aparecerán imágenes tremendas, perturbadoras, una especie de dimensión desconocida sórdida y aterradora, y a la vez teñida de memoria, verdad y justicia. No se puede ahondar en el argumento sin spoilear, porque está muy jugado a los climas, a la sugestión y al giro del final, que obviamente no vamos a revelar acá.
Y sin dudas el impacto definitivo, la fatality, nos la tira el dibujo de Carlos Dearmas, un artista al que por lo menos yo no tenía en el mapa y me detonó la cabeza, mal. No hay explicación para lo que hace este muchacho con la pluma y la tinta. Se me ocurre proponer que es una especie de Peiró entintado por el alemán Andreas, pero me quedo corto, no llego ni en pedo a describir o a graficar la fuerza y la belleza del trazo de Dearmas. La puesta en página es clásica, el ritmo del relato es descomprimido, abundan las secuencias en las que se sugiere más de lo que se muestra, y de punta a punta del librito se aprecia un nivel de compromiso con el trabajo, una dedicación, unas ganas de cantarse "quiero retruco" a sí mismo, que te pone los pelos de punta. Por este trabajo, el hasta hace poco desconocido Carlos Dearmas ganó el Premio Cinder al Mejor Dibujante de 2022, y la verdad que es absolutamente justo. Apagón es una historieta 100% consagratoria para sus autores, un relato de tremenda potencia expresiva, dramática y visual, con personajes creíbles y una vuelta de tuerca inesperada a un suceso tan real como desgarrador de nuestra historia. Muy recomendado.
Y no hay más. Ni bien tenga más material leído, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog. Hasta entonces.
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martes, 11 de marzo de 2014
11/ 03: BEGINNING PEARLS
En 1995, cuando se terminó Calvin & Hobbes, no te digo que me chupó un huevo, pero por lo menos no me quise cortar las venas con un tomito de Gaturro. ¿Por qué? Porque un año antes de que Bill Watterson diera por terminada su obra maestra, Patrick McDonnell había arrancado con Mutts, una tira exquisita, magistral, quizás no al nivel genial de Calvin & Hobbes, pero a años luz de la bóñiga adocenada que puebla las páginas humorísticas de los diarios yankis. McDonnell lleva 20 años al frente de su tira y eventualmente, se va a cansar. ¿Qué nos va a quedar ese día? Está difícil, pero yo le pongo mis fichas a Pearls Before Swine, la tira de Stephan Pastis que se publica desde 2001.
Pearls Before Swine, visualmente no se distingue mucho de la basura chata y mediocre que hegemoniza el panorama de las tiras diarias yankis. Pastis no es un buen dibujante, en absoluto. Al lado de Watterson o McDonnell es un cadáver al que le cortaron las dos manos (como al General) y si hoy puede publicar profesionalmente es porque antes se consagraron otros muertos aún más precarios tipo Scott Adams. Pastis trabaja en un estilo amarrete, pasado de minimalismo, en el que casi no existen los fondos y en el que los personajes se esfuerzan por no mostrar ninguna emoción y conservar siempre la misma cara de nada. Ese dibujo de la portada, con Rat y Pig en pleno estallido de expresión corporal y facial, en la tira no existe jamás. En las historietas de Pastis, los personajes apenas se mueven y a lo sumo levantan una ceja o cierran los ojos. Las planchas dominicales están coloreadas con el photoshop de modo muy básico, con los efectos mínimos e indispensables. Como Pastis no quiere o no puede lucirse con el dibujo, el color se ajusta a esos mismos parámetros de “tratemos de pasar desapercibidos, así no nos putean”.
Entonces, ¿por qué se destaca Pearls Before Swine? Porque en ese contexto de chatura y pacatería en el que todas las tiras parecen escritas por oficinistas de saco y corbata que hace 45 años que tildan planillas y 35 que no la ponen, Pastis se va muy al carajo con los temas que toca y con el enfoque que les da. Perdida en la selva del humor políticamente correcto, Pearls... hace gala de un humor muy adulto, muy ácido, con un lenguaje muy audaz, chistes muy violentos, referencias a las drogas, al escabio y hasta al terrorismo islámico de Medio Oriente. Está claro que Pastis es fan de South Park y de ahí bebe una revulsiva mala leche que después vomita en sus tiras, para beneplácito de la hinchada.
Este libro se llama “Beginning Pearls” no porque tiene las primeras tiras, sino porque tiene tiras para principiantes, tiras especialmente elegidas para los más chicos. Son tiras muy, pero muy cómicas, con un humor casi siempre oscuro, pero sin nada demasiado zarpado. Hay absurdo, hay delirio, hay momentos de un humor meta-comiquero muy logrado (Rat lee las cartas que los lectores mandan a la tira) y hay millones de juegos de palabras algunos muy pavotes y todos sumamente ingeniosos. Y por encima de todo eso, hay una excelente química entre los personajes protagónicos, muy bien caracterizados por Pastis.
¿Suma algo que los personajes sean animales? Más o menos. Rat y Goat, por ejemplo, son seres humanos dibujados como animales. Apenas si alguna vez los vemos con corbata en vez de desnudos, pero piensan, actúan y viven como humanos normales. Pig, en cambio, consulta con su familia a ver si están todos bien antes de comer jamón o salchichas. O sea, se hace cargo un cachito y cada tanto de ser un chancho. Y en el extremo opuesto, Zebra está todo el tiempo pendiente de que no se lo morfen los cocodrilos (los personajes más desopilantes de la tira) o los leones, a los que no vemos nunca. Claramente, es el personaje más animal del elenco, aunque vive en una casa, lee, escribe, y a veces se viste.
Podría seguir, pero se me acaba el espacio. Banco mucho a Pearls Before Swine y voy por los libros que recopilan las tiras “para grandes”. Aguante el humor sin barreras.
Pearls Before Swine, visualmente no se distingue mucho de la basura chata y mediocre que hegemoniza el panorama de las tiras diarias yankis. Pastis no es un buen dibujante, en absoluto. Al lado de Watterson o McDonnell es un cadáver al que le cortaron las dos manos (como al General) y si hoy puede publicar profesionalmente es porque antes se consagraron otros muertos aún más precarios tipo Scott Adams. Pastis trabaja en un estilo amarrete, pasado de minimalismo, en el que casi no existen los fondos y en el que los personajes se esfuerzan por no mostrar ninguna emoción y conservar siempre la misma cara de nada. Ese dibujo de la portada, con Rat y Pig en pleno estallido de expresión corporal y facial, en la tira no existe jamás. En las historietas de Pastis, los personajes apenas se mueven y a lo sumo levantan una ceja o cierran los ojos. Las planchas dominicales están coloreadas con el photoshop de modo muy básico, con los efectos mínimos e indispensables. Como Pastis no quiere o no puede lucirse con el dibujo, el color se ajusta a esos mismos parámetros de “tratemos de pasar desapercibidos, así no nos putean”.
Entonces, ¿por qué se destaca Pearls Before Swine? Porque en ese contexto de chatura y pacatería en el que todas las tiras parecen escritas por oficinistas de saco y corbata que hace 45 años que tildan planillas y 35 que no la ponen, Pastis se va muy al carajo con los temas que toca y con el enfoque que les da. Perdida en la selva del humor políticamente correcto, Pearls... hace gala de un humor muy adulto, muy ácido, con un lenguaje muy audaz, chistes muy violentos, referencias a las drogas, al escabio y hasta al terrorismo islámico de Medio Oriente. Está claro que Pastis es fan de South Park y de ahí bebe una revulsiva mala leche que después vomita en sus tiras, para beneplácito de la hinchada.
Este libro se llama “Beginning Pearls” no porque tiene las primeras tiras, sino porque tiene tiras para principiantes, tiras especialmente elegidas para los más chicos. Son tiras muy, pero muy cómicas, con un humor casi siempre oscuro, pero sin nada demasiado zarpado. Hay absurdo, hay delirio, hay momentos de un humor meta-comiquero muy logrado (Rat lee las cartas que los lectores mandan a la tira) y hay millones de juegos de palabras algunos muy pavotes y todos sumamente ingeniosos. Y por encima de todo eso, hay una excelente química entre los personajes protagónicos, muy bien caracterizados por Pastis.
¿Suma algo que los personajes sean animales? Más o menos. Rat y Goat, por ejemplo, son seres humanos dibujados como animales. Apenas si alguna vez los vemos con corbata en vez de desnudos, pero piensan, actúan y viven como humanos normales. Pig, en cambio, consulta con su familia a ver si están todos bien antes de comer jamón o salchichas. O sea, se hace cargo un cachito y cada tanto de ser un chancho. Y en el extremo opuesto, Zebra está todo el tiempo pendiente de que no se lo morfen los cocodrilos (los personajes más desopilantes de la tira) o los leones, a los que no vemos nunca. Claramente, es el personaje más animal del elenco, aunque vive en una casa, lee, escribe, y a veces se viste.
Podría seguir, pero se me acaba el espacio. Banco mucho a Pearls Before Swine y voy por los libros que recopilan las tiras “para grandes”. Aguante el humor sin barreras.
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