el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 31 de mayo de 2010

31/ 05: LA NELLY Vol.6


Antes de que acallen los ecos de la reseña anterior, me puse las pilas para leer otro tomo recopilatorio de La Nelly, el que reúne las tiras publicadas durante la segunda mitad de 2006.
Este tomo viene más tranqui, sin sagas tan largas ni tan fumadas como las del anterior. Acá Sergio Langer y Rubén Mira se concentran en temas un poco más munícipes, más de todos los días. Arrancan con un tema que cada tanto, cuando los noticieros no tienen de qué carajo hablar, se pone de moda: la inseguridad. Y lo abordan desde una óptica ingeniosa y sagaz, sin repetir de memoria el discursito de los medios y de algunas facciones políticas derechosas y amigas del gatillo fácil. Buena parte de la gracia está en el análisis de cómo funcionan, cómo se comercializan y qué pasa cuando se usan para el orto, las tecnologías vinculadas a la seguridad, principalmente las camaritas de vigilancia que tantos edificios lucen en sus frentes.
También en torno a la tecnología hay varios chistes muy buenos, que se suceden cuando los Pibes Chorros le venden a la Nelly el celular de la hija de George W. Bush, heroicamente pungueado a la hija del borracho-genocida-retrasado mental durante su paso por Buenos Aires. La secuencia más breve y menos interesante es la de Sabrina, la ahijada de Selva que con sólo 15 años quiere operarse para implantarse siliconas en las tetas. Los chistes son bastante predecibles y, si bien toca un tema real, preocupante y potencialmente muy gracioso, el resultado no está a la altura. Tampoco brilla demasiado el tramo en el que los autores juegan con la idea de la “actitud Buenos Aires”, un slogan lanzado en aquel entonces por el jefe de gobierno Jorge Telerman.
La aventura que da título al libro es un delirante flashback que va de 1945 a 1970. En su cumpleaños, Nelly les cuenta a sus amigas que conoce a Sandro desde que nació, que compartió momentos de su infancia y adolescencia, que siguió desde el inicio la carrera del ídolo y que en 1970, tras un show del Gitano en New York, logró arrebatarle el calzoncillo que hoy exhibe en su living. Por supuesto, todo esto es una fábula urdida por Nelly, y finalmente aparece el mismísimo Roberto Sánchez para contar cómo llegó ahí ese calzoncillo, y a recuperarlo de una vez y para siempre. Todo este tramo es realmente cómico, con excelentes gags y muy buenos dibujos.
Pero la mejor parte es la que Nelly coprotagoniza con Maxi, el sobrino de Selva. Maxi vuelve de Miami luego de haber emigrado en 2001 y empieza a trabajar de barrabrava mercenario, a sueldo del club que mejor pague o que ofrezca mejores posibilidades para los negocios turbios. Acá la tira se concentra en analizar y denunciar las prácticas nefastas de los barras, su relación de complicidad con los dirigentes, la falta de huevos de la AFA a la hora de ponerles límites y la impunidad de la que gozan, ya sea en el ejercicio de la violencia o en los chanchullos vinculados a la reventa de entradas y demás. Incluso hay palitos sutiles para los árbitros y los jugadores, de los que se habla poco cuando se toca el tema de la violencia en el futbol. Por supuesto, también hay tiras que interrumpen el devenir de estos relatos para mostrarnos postales, figuritas, falsas publicidades y demás artilugios gráficos en los que se destaca el dibujo de Langer (y el color de Catriel Tallarico), y que funcionan a modo de pausa (o algo así) en la narrativa diaria de las aventuras de La Nelly.
Aventuras que, con sus más y sus menos, leídas en estos tomitos se la re-bancan. Yo hoy no me pondría a releer diarios de 2006 ni drogado, pero a través de esta historieta, los temas, los personajes y los sucesos de esa época se pueden revivir de un modo placentero, ameno y jocoso, lo cual es una forma muy copada de hacer memoria. Pero La Nelly me gusta más allá de su rol “testimonial” por un montón de otras cosas. Creo que la más importante es que la protagonista es egoísta, jodida, ventajera y reaccionaria. Eso habilita a Langer y Mira a volcar en la tira una dosis de mala leche que por un lado es un hallazgo (porque antes de La Nelly no era frecuente ver algo así en la contratapa de un medio masivo) y por el otro, está claro que en un punto “pianta votos”, precisamente porque la mayoría del público está acostumbrada a otro tipo de personajes, a otra dinámica narrativa (en la que cada chiste termina en la última viñeta, en lugar de sacarle jugo al formato serial) y a otro tipo de tratamiento de los temas de actualidad. El censo de los comiqueros que se copan con La Nelly se puede hacer en una servilleta de heladería, pero yo la banco igual.

martes, 25 de mayo de 2010

25/ 05: LA NELLY Vol.5


Me llama la atención la escasísima aceptación que tiene La Nelly entre los comiqueros. Creo que conozco a… tres o cuatro fans de la historieta que reivindican a la tira de Sergio Langer y Rubén Mira, mientras que la inmensa mayoría la vitupera o la ningunea mal. Y esto no es nuevo, o sea, no es un efecto de la justificada ola de anti-clarinismo que crece entre los argentinos con algo más que aire y ShowMatch en el cerebro. Desde el principio a la tira le costó ganarse el respeto de los viñetófilos locales.
Y la verdades que es bastante injusto. En principio porque el dibujo de Langer es excelente. Comparala con casi cualquier otra tira diaria local (ni hablar ya de las yankis, que cada día están peor dibujadas) y vas a ver que el laburo que le pone Langer a cada viñeta está muy por encima de la media, más allá de su indiscutible talento para retratar el grotesco y la berretada tanto material como moral. Es un Langer Light, por supuesto, lejos del asesino serial de la Barcelona, pero pone todo lo que hay que poner en cuatro viñetas chiquitas en las que hay parvas de texto.
Igual, a mí lo que más me gusta de La Nelly es cómo se caga en su propia consigna. Supuestamente es una tira de comedia costumbrista, con toques de actualidad socio-política, algo de grotesco y bastante mala leche. Pero Langer y Mira transgreden esos límites y ya nadie se sorprende si Nélida Roccaforte aparece en el espacio exterior, en un mundo subterráneo o en 1810. En parte porque los disparadores de estas sagas bizarras y cuasi-rocambolescas no son meros caprichos, sino que tienen “explicación” (cómica, claro) y “consecuencias”. Lo cierto es que todo, hasta los géneros más relacionados con la aventura, le sirve a los autores para mantener a la tira siempre sorprendente y, sobre todo, siempre afilada.
En este tomo, además de sueños delirantes de Nelly (uno sobre el robo del siglo en el Banco Río de Martínez y otro sobre el conflicto de las papeleras), tenemos una saga en la que un cirujano trucho re-hace a la protagonista a imagen y semejanza de una top model, y otra en la que Nelly viaja a la revolución de Mayo (no sé si la oiste nombrar en estos días) a cumplir una misión de suma importancia para la patria, encomendada por Neo, el chorizo del Ser Nacional. Este último tramo es el más fecundo para los chistes y las reflexiones políticas y los autores le sacan un gran jugo al contrapunto entre esos idealistas de Mayo que se encontraban frente a un país donde todo estaba por hacer, y el cinismo de Nelly, que ya sabe todo lo que va a pasar y lo usa para sacar provecho personal. El contrapunto llega a su pico más desopilante cuando Nelly regresa a 2006 con un tatarabuelo de Néstor Kirchner, que no sabe que su descendiente es presidente y al que le cuesta acomodarse a un presente dominado por el Mundial (no sé si te suena), los celulares y un clima político que (poco antes de que se anunciara la candidatura de Cristina a la presidencia) ya empezaba a enrarecerse. Posta, llama bastante la atención cómo desde la tira le empezaban a pegar duro a la actual presidenta, antes de que se oficializara su candidatura. Por suerte también hay palos para otros sectores, pero los K son –lejos- los que se llevan la peor parte.
Más allá del debate ideológico, lo que menos me gusta de La Nelly es cuando Langer y Mira renuncian a lo que mejor hacen, que es contar historias. Así, cada tanto aparecen figuritas, postales, muñequitos para recortar, calendarios para armar y boludeces así, que gráficamente son atractivas (sobre todo porque se luce un poco más el dibujo de Langer), pero que se alejan mucho de la narrativa al palo que caracteriza a las “sagas” de La Nelly que –como ya dije- es lo que a mí más me gusta de la tira.
No sé cómo será leer La Nelly de a una tira por día, porque nunca leí Clarín. Pero leída en tomos recopilatorios me parece una gran serie, con mucho jugo, con muchos chistes y reflexiones que se nutren de la coyuntura pero la trascienden, con una magnífica dosis de ironía y acidez, con muchos momentos realmente cómicos (a veces los mejores chistes no están en “el remate”, sino en las viñetas del medio), con ideas muy fumadas y con una multiplicidad de recursos muy vasta y muy idónea para hablar de lo que pasa en el país de un modo original y ganchero. Ya volveremos con La Nelly, porque tengo otro tomo sin leer. Mientras tanto, Feliz Bicentenario para todos!