el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 23 de enero de 2026

TRICOTA DE VIERNES

Hacía bastante que no se me juntaban tres libros para reseñar, y ya no me acuerdo como era "el formato". Vamos a intentarlo. Empiezo en Francia, con un álbum editado por la propia autora: La Vie Passionée de Therese d´Avila, de Claire Bretecher. Este es un libro de 1980, que obviamente compré usado, y que cuando lo abrís se empiezan a desprender las páginas. Las historietas (a todo color) giran en torno a Teresa de Ávila, la religiosa española conocida como Santa Teresa de Jesús, y Bretecher nos lleva a la España del Siglo XVI para hacer humor con la vida de las monjas, los curas y demás personajes vinculados al culto católico. Bretecher se zarpa con historias en las que hay milagros, posesiones satánicas y una protagonista que no controla del todo su poder de levitar. Santa Teresa, además, habla hasta por los codos y cuando se pone a escribir, produce un volumen de textos inverosímil. La historieta en la que Teresa y su hermano son niños y juegan a los mártires es un meo de la risa. Y la última, la del cartógrafo chanta, es la menos graciosa. Las dos más largas, sobre todo la del cura que viene a exorcizar a las monjas poseídas, parten de premisas brillantes, pero capaz que funcionaban mejor con un par de páginas menos. Como siempre, el dibujo de Bretecher resulta fresco, sumamente expresivo, muy idóneo para el tipo de historias que cuenta, con esa línea clara emparentada con la de Johnny Hart y un manejo molecularmente perfecto del timing para la comedia. La verdad que no hacía falta el color, pero está muy bien logrado, sobre todo en la última historieta, así que tampoco molesta. Tengo más libros sin leer de esta genia indiscutida del comic humorístico inteligente, apuntado a un público adulto. No sé cuándo, pero vamos a tener más Claire Bretecher acá en el blog.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando DC festeja la Navidad con un Holiday Special de 100 páginas, con un montón de historias cortas. Esto es de la época en la que a algún genio se le había ocurrido que John Constantine tenía que interactuar con los superhéroes de la editorial, y así, en la historia que abre y cierra la antología (escrita por Jeff Lemire y con excelentes dibujos de Giuseppe Camuncoli) lo tenemos al ídolo interactuando con Superman y su familia. Y está buena la historia, eh? No me pareció que me estuvieran faltando el respeto ni a mí ni al resto de los fans del Hellblazer de Vertigo. Después hay una historia chotísima de los Atomic Knights (escrita por el ignominioso Dan DiDio), una de Green Arrow y Black Canary con un guion flojito de Mairghread Scott y muy buenos dibujos de Phil Hester, otra bastante intrascendente de los Teen Titans escrita sin ganas por Shea Fontana y dibujada como los dioses por Otto Schmidt y un reprint de una historia corta de Batman, con un guion medio WTF?!? de Denny O´Neil y dibujazos de Neal Adams. O´Neil se reivindica con su historia inédita de Batman, que está bastante buena y aprovecha muy bien el gran dibujo de Steve Epting. El ubicuo murciélago comparte con Wonder Woman el protagonismo de otra de las buenas historias de la antología, cortesía de maestro Greg Rucka y la gloriosa Bilquis Eveley. Dos autores a los que no tenía en el radar, Scott Bryan Wilson y Nic Klein (que para mí era suplente en títulos chotos de Marvel) se mandan una linda aventurita de Swamp Thing. La de Deathstroke y su familia es un trabajo más que aceptable de los experimentados Christopher Priest y Tom Grummett. Flash dice presente con una historia cortita y entretenida a cargo de Joshua Williamson y Neil Googe. Y me guardé para el final la más impactante, que no tiene un choto que ver con Navidad y que se nos presenta como "una del Sgt. Rock", pero no es más que una gran historia de guerra bien cruda, bien humana, de esas que escribía Héctor Oesterheld en las revistas de Frontera. El guion es de Tom King (que cuando quiere la rompe) y el dibujo de Francesco Francavilla, que la rompe siempre. Bastante bien este festejo, con muy buenos dibujante y unos cuantos guiones cumplidores.
Y cierro como es costumbre con una historieta de autores argentinos publicada en 2025. Pandemonia se suma a Planeta Extra en la vertiente "alegre" de la bibliografía de Diego Agrimbau, que en general asociamos con historias más densas, más circunspectas. Esta vez la consigna es divertirse con 70 páginas pletóricas de ironías, humor negro y unos diálogos afiladísimos. Con esta obra Agrimbau demuestra que, cuando quiere, puede ser muy gracioso y llevar sus ideas (siempre asombrosas) para el lado de la comedia de manera muy natural, para nada forzada, y sobre todo muy eficaz. Ya se habló bastante de Pandemonia (Jules le dedicó una nota en el sitio web de Comiqueando y entrevistó a Agrimbau para el canal de YouTube), lo cual me habilita a no estirar innecesariamente esta reseña con datos o conceptos ya repetidísimos. Creo que lo que más me sorprendió (no tanto, porque tengo fresco el recuerdo de Planeta Extra, reseñada en este espacio un remoto 30/06/10) es cómo el dibujo realista de Ippóliti se ajusta sin el menor esfuerzo a un tono cero realista como es el de este paseo por el Infierno, en el que nos encontramos con un mundo poblado de criaturas fantásticas, envueltas en una comedia de enredos. Esa tensión constante entre la solemnidad del Infierno, sus procedimientos burocráticos, y el caos que crece con el correr de las páginas, potenciado por el accionar de Uriaki Posta (el carismático protagonista de Pandemonia), genera los mejores momentos de una obra sumamente disfrutable. Leo lo que acabo de escribir y me pregunto: ¿de verdad Uriaki es el protagonista, o es el catalizador de algo que inevitablemente iba a suceder? Tal vez las dos respuestas sean correctas. El personaje es complejo, la situación en la que se involucra es compleja, y la verdad que si Diego y Gabriel deciden que para sacarle todo el jugo a ambos elementos necesitan una secuela, con otras 70 páginas, los banco a full. Sí, Pandemonia es bastante más liviana que otras obras de la dupla, pero eso no la hace una historieta menos atrapante, ni menos memorable. Esto es una gigantesca farsa que funciona a un montón de niveles y que te garantiza un rato de excelente diversión. Lo único que no me copó es la tipografía que eligieron para los diálogos. Entre eso y el tamaño del libro, creo que finalmente voy a conservar la edición francesa y regalar la argentina. Y ahora sí, nada más. Gracias por el aguante y si necesitás lectura para el finde, siempre podés pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargar la Comiqueando Digital, que es una bomba atómica de 364 páginas. Nos vemos por ahí.

jueves, 21 de marzo de 2019

TARDE DE JUEVES

Hora de bajar un cambio y escribir unas reseñitas, en este primer (y hermoso) día de otoño.
Arranco en 2000, cuando se publica en Francia y España este álbum con 45 planchas de Agrippine, de la capa máxima del humor costumbrista, Claire Bretécher. En historietas de una página con una cantidad de cuadros que fluctúa entre los 9 y los 12, Bretécher nos invita a conocer a Agrippine, una chica de escuela secundaria, de unos 15 ó 16 años, ya en edad de tener novios y darle cada vez menos pelota a los padres y a los profesores. Bretécher satiriza sin piedad a estas chicas huecas a las que sólo les interesa la música, la ropa, los chongos y la forma de conseguir guita para comprar ropa, ir a recitales y salir con chongos. Estamos hablando (como supondrás) de chicas de clase media sin sobresaltos, el target favorito de esta autora, que obviamente no desaprovecha la oportunidad de clavarle varios tiros por elevación a los padres de Agrippine, típicos burgueses a los que se les cae muy a menudo la careta. El que mejor parado sale es Tristán, el hermanito menor de Agrippine, que podría ser una especie de pre-Titeuf, un Titeuf con un par de años menos que el célebre personaje de Zep.
Con este elenco y este contexto, uno supone que las 45 planchas funcionan como un bombardeo de chistes y carcajadas que te deja las mandúbulas doloridas. Y la verdad que no, que no son pocas las mini-comedias de Agrippine que no me causaron gracia. En algunos casos esto es intencional: me queda claro que lo que busca Bretécher es invitarnos a reflexionar más que a cagarnos de risa. En otros casos, los chistes se empantanan en la traducción al castellano de España, o en la referencia a elementos y situaciones de una coyuntura que me queda medio lejos. Lo cierto es que me reí y me divertí, pero menos que con Les Frustrées o con Cellulite, que son las otras de esta autora que vimos acá en el blog.
Obviamente lo que no decae nunca es el nivel del dibujo (que acá es exquisito), el poder de observación de Bretécher y su inigualable timing para la comedia. Elementos que, lógicamente, garantizan que uno se quiera quedar con este libro y trate de conseguir otros de la misma colección.
Me vengo a Argentina donde a fines de 2018 se recopiló en libro Dr. Oscuro, una serie que Roberto Barreiro y Lucas Varela realizaron para el fanzine Kapop! entre 1999 y 2000. Esto está hecho en simultáneo con Los Hermanos Segelín (ver reseña del 09/03/17) y sin embargo no tiene NADA que ver con esa historieta, ni en el tono de los guiones, ni en la estructura del relato, ni en el planteo estético del dibujante. Donde los Segelín funcionaban como parodia a los clásicos aventureros que buscaban tesoros en parajes exóticos, el Dr. Oscuro le da a Barreiro la posibilidad de homenajear a los pulps y los seriales de los años ´30 y ´40, con justicieros enmascarados, sectas orientales, asesinatos, experimentos bizarros y hasta un zeppelin gigante.
El misterio está bueno, está bien llevado, y si bien Barreiro mete mucho diálogo, es por un lado para darle onda y gracia a los personajes y por el otro para explicitar algunas de las cosas que suceden a lo largo de la obra, que son unas cuantas y bastante retorcidas. A lo mejor, sin esa información que nos brindan los diálogos, no se entendía todo lo que pasa en este relato. El personaje del título, el Dr. Oscuro, no es exactamente el protagonista, ni el personaje que más le interesa desarrollar a Barreiro. De alguna manera elige dejarlo ahí, bajo un halo de ambigüedad, enroscado en un enigma que el resto de los personajes no tienen chances de resolver. Con buen criterio, el guionista elige darle mucha más carnadura a Jones y Steele, los personajes con los que se supone que se tienen que identificar los lectores. Lo más raro (y que también funciona sorprendentemente bien) es que los personajes se tratan de vos y usan todo el slang argento, aunque queda clarísimo que la historia NO transcurre en Buenos Aires, ni remotamente cerca.
El dibujo de Varela está ajustadísimo, más realista, con más manchas, sombras y tramas mecánicas, más cercano a lo que veríamos años después en Sasha Despierta (ver reseña del 17/06/12). Cuando faltan 13 ó 14 páginas para el final, a los autores les cae la ficha de que la única forma de resolver todas las puntas argumentales abiertas es metiendo más cuadros por página, y Varela reconfigura la planificación para pasar de una puesta más “de comic yanki” a una bien “de comic europeo”, con páginas de 9, 10 o inclusive 11 viñetas. Obviamente en estas últimas no se luce tanto, pero de todos modos el dibujo no pierde fuerza ni belleza ni claridad.
A 20 años de su primera aparición, Dr. Oscuro todavía se puede recomendar sin ningún prurito a los fans de la aventura clásica, con buenos, malos, peligros zarpados y combates a todo o nada.

Esto es todo por hoy. Prometo volver pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

sábado, 4 de noviembre de 2017

HOY, DOS CORTITAS


Para hoy tengo leídos dos libritos, pero las reseñas van a ser más cortas de lo habitual.
El primer libro es el Vol.2 de Los Frustrados, de Claire Bretécher, editado en España por Grijalbo. Allá por el 15/04/13, cuando reseñé una edición yanki de esta obra, yo creía boludamente que no había edición española, pero sí hay. De hecho acá la tengo.
Rectificada esa burrada, no tengo mucho para agregar respecto de este material por encima de lo ya comentado en esa reseña del 2013. Este álbum también arranca con una historia “extensa” (siete páginas) para después centrarse en historietas de una o dos páginas. En la segunda mitad del álbum aparecerá otra historia “larga” (12 páginas), con menos viñetas por página y menos texto que las otras, donde el dibujo de Bretécher se luce mucho más. Las temáticas de las historias son las mismas que ya vimos, la forma de abordarlas también, la calidad del dibujo no varía en absoluto (o sea, es sublime)… y la única diferencia pasa por la traducción, en este caso a cargo del maestro Víctor Mora (quien también traducía Astérix y Lucky Luke para el sello Grijalbo). Y por supuesto está muy bien, poblada de los localismos y modismos que usaba la clase media urbana española a principios de los ´80 y que seguro que Bretécher había empleado en los diálogos de la versión original.
Conseguí este tomito medio de pedo en España, pero un amigo me pasa el dato de que los vio en librerías de saldos de la calle Corrientes, acá en Buenos Aires. Gran oportunidad para capturar los tomos que aún me faltan de este inmenso clásico de la historieta satírico-costumbrista mundial.
Y de un comic francés publicado en España, salto a un comic español publicado en Argentina. Daily Life of Séfora es obra del catalán A.C. Puig, y apareció este año en nuestro país, de la mano del sello Módena. Como es normal en las publicaciones de este sello, la estética de Séfora se asemeja bastante a la de un manga y los diálogos están repletos de localismos e informalismos porteños. En este caso, me imagino que estarán ahí en reemplazo de localismos e informalismos españoles.
El dibujo de Puig transita por los ya gastadísimos caminos de los “hijos estilísticos” (por no decir “clones malformados”) de Akira Toriyama. Sin la frescura del maestro, pero con esa onda, esa dinámica y muchos de sus yeites a la hora de plasmar líneas cinéticas, expresiones faciales y escenas de acción. No está mal, pero por un lado es una pena la falta de originalidad y por el otro hay mucha diferencia de calidad, de esmero en el trabajo, entre las carátulas que abren los episodios y las páginas de cada uno de estos.
Los argumentos… en fin… digamos que Séfora es una chica aparentemente nacida en el infierno, con inmensos poderes demoníacos, pero que perdió la memoria en un accidente (narrado en una historieta que no aparece en este librito) y desde entonces vive como una adolescente normal… o casi. Las historias que propone Puig arrancan en típicas situaciones cotidianas y en algún momento, algo (generalmente relacionado con el origen infernal de la protagonista o con la aparición de algún villano bizarro) detona el bolonki fuera de control y la machaca, presentados en forma bastante humorística. Me imagino que si sos una chica de 13-14 años, esto te debe parecer muy cool y muy gracioso. A mí, la verdad que (fuera de algún diálogo ingenioso) mucha gracia no me causó.
Sigo leyendo, a ver con qué volvemos en la próxima tandita de reseñas. Hoy sábado estoy de 13 a 3 de la matina del domingo en Viñetas Sueltas y mañana domingo, de 17 al cierre (ponele) en Dibujados. ¡Nos vemos por ahí!

lunes, 15 de abril de 2013

15/ 04: FRUSTRATION

Frustration es una recopilación que se publicó en EEUU de Les Frustrés (Los Frustrados), la serie de Claire Bretécher que debutó en 1973 y que acá se publicaba en la revista Hum® (¿recopilatorios, en Argentina? No, ni en pedo). Al Imperio del Norte este material llegó tardísimo, en 1988, cuando ya no era taaaan zarpado tocar los temas que toca Bretecher en estas planchas. Bueno... en EEUU (que estuvo gobernada por los conservadores más rancios durante toda la década del ´80) por ahí sí, por ahí seguía resultando heavy un humor que ironizara sobre las miserias sociales y sexuales de la clase media.
En esta serie, Bretécher abandona la estructura más “aventurera” que habíamos visto (allá por 2010) en Las Angustias de Celulitis, para volcarse a las historietas de una sóla página, con no menos de 8 viñetas y con remate cómico al final. Hay una historieta más extensa, Suicide, con ocho páginas memorables de principio a fin. Pero la inmensa mayoría del libro está compuesta por estas planchas autoconclusivas, a veces mudas y a veces con textos brillantes, en los que la autora arremete contra las costumbres de sus propios lectores, de una clase media con acceso a la cultura y a un cierto bienestar. Y no se queda en la fácil, en la de pegarle a la mina que dejó su carrera o sus estudios para criar hijos y se convirtió en un ama de casa mediocre, insulsa, con menos glamour que el Tolo Gallego. No. También hay palos para las minas que se las dan de liberadas, de artistas, de intelectuales. Para los tipos que quieren ser metrosexuales (cosa que acá no existía a fines de los ´70, pero parece que en Francia sí), para los cuarentones que persiguen a pendejas de 24 (conozco un par), para los padres permisivos, para los padres autoritarios... Muchísimas situaciones que se viven todos los días en la pareja, en el trabajo y en la vida social son puestas bajo la impiadosa lupa de Bretécher, observadas de modo agudo, filoso, y satirizadas con notable mala leche por esta bestia que llevó a la historieta humorística al límite del tratado de filosofía o sociología.
No me quiero poner a contar los chistes. Simplemente señalar que, tal como sucedía en la traducción argentina que leíamos en la Hum®, esta versión en inglés conserva intacta la gracia que tenían las historietas en su idioma original. Acabo de cotejar un recopilatorio mexicano, editado en 1981 por Nueva Imagen, y me encuentro con que apenas 5 ó 6 planchas se repiten en ambos libros y que no, los textos mexicanos no son ni la mitad de graciosos que los de la edición yanki.
En cuanto al dibujo, este es el estilo definitivo de Claire Bretécher, ya alejada de Johnny Hart y ahora a medio camino entre Jules Feiffer y Charles Schulz, con la expresividad y la salvajada del primero y la atención por los detalles y el timing increíble del segundo. Por supuesto en el timing de Bretecher también asoma la influencia de Copi, pero la francesa va mucho más allá porque se banca con éxito algo que Copi ni siquiera intentaba, que es contar escenas de enorme comicidad sin palabras ni textos. El dibujo de Bretécher está repleto de hallazgos y genialidades que más tarde veremos en otros dibujantes grossos como el egipcio Edika, el alemán Ralph Köenig, el brazuca Adao Iturrusgarai o nuestro Sergio Langer. Realmente glorioso.
Si no tenés a mano los números viejos de la revista Hum®, o esa recopilación mexicana de hace más de 30 años, lo más probable es que te quedes con la leche de leer Les Frustrés en castellano, porque creo que en España no se editó. Ojalá me equivoque, seguramente algún lector la tiene más clara que yo. Y ojalá también haya (en una de esas hay) algún limado que tradujo y subió a la web los cinco tomos de esta serie que se editaron en Francia. La otra sería buscar esta edición yanki (figurita difícil, descatalogada hace añares), o leerla en francés, que sería lo ideal. Lo importante es que sepas que existe esta joya, que hay una historieta que durante los ´70 y principios de los ´80 se mofó de la clase media urbana con talento, inteligencia, mala leche y unos dibujos capaces de cebarte incluso en el improbable caso de que no te causen gracia los chistes.

viernes, 16 de abril de 2010

16/ 04: LES ANGOISSES DE CELLULITE


Mañana cumple 70 bellísimos años la increíble Claire Bretécher, lo cual me lleva a agarrar el segundo tomo de Cellulite, cuyo título en castellano sería Las Angustias de Celulitis. Si te perdiste la reseña del primer tomo, podés hacer click en la etiqueta abajo de esta reseña, y al toque te van a aparecer las dos.
Digo esto para ahorrarme la explicación acerca de la serie y su protagonista, la hija de un poderoso señor feudal, el Rey de Cornucopia, que espera ansiosa (por no decir alzada) al hombre que la haga feliz. Varias de las cosas que habíamos apuntado en el primer tomo, en este se hacen más evidentes. En primer lugar, el descalabro hormonal de esta chica, que para el final del libro ya está más caliente que calzoncillo de Johnny Storm. Y en segundo, pero más interesante, el hecho de que Bretecher ambienta la tira en el medioevo sólo para hinchar las bolas, porque su objetivo es –claramente- bajar línea sobre su época (en este caso, los ´70).
De las dos historias que componen el tomo, la más extensa se centra en darle palo y palo y palo al perverso accionar de las empresas de medicina pre-paga. Por supuesto, Cellulite y su avechuchesco padre (al que los caprichos y veleidades de su hija acercan cada vez más a la ruina) se van a poner al frente de la empresa, con estrepitosos resultados. También en la misma historia, vemos cómo los poderosos usan la guerra como distracción, para generar falsa cohesión y obtener pingües dividendos del sufrimiento de su pueblo. El “enemigo” en este caso es el rastrero Vicedómine, clásico rival del padre de Cellulite. Y el tema de la medicina, al extrapolarse a la Edad Media, nos lleva a darle un rol protagónico al Alquimista, de quien Cellulite se enamorará perdidamente. Las peripecias, trapisondas y desventuras de este sólido elenco no distraen a Bretecher del tema central de la serie, que es la búsqueda de un novio para la protagonista. Pero además de eso, hay tantas situaciones cómicas, tanta venalidad satirizada con tanta mala leche, que la cosa cobra dimensiones mucho más atractivas.
La historia más breve (24 páginas) es la que aparece primero en el tomo y la que hace más hincapié en el tema de Un novio para Cellulite. Al promocionarla con una dote de u$ 500.000 (notable guiño de Bretecher: en su Europa medieval, todo se paga en dólares), seis candidatos acuden a pedir la mano de Cellulite, por supuesto más seducidos por la guita que por la joven. Uno de ellos, para eliminar a la competencia, pela una flauta y toca una melodía hipnótica que los hace desaparecer, entrar al mundo de las sombras del que no se vuelve jamás. Pero pronto llegan las madres de estos muchachos, a preguntar dónde están y a exigir su aparición. Y cuando el padre de Cellulite le paga a otro flautista para que haga desaparecer a las madres... vienen las abuelas! Esto que leído en la Argentina post-dictadura militar parece una joda de una crueldad inverosímil, fue escrito (y dibujado) en 1973, pero igual asusta.
En cuanto al dibujo de Bretecher, la evolución respecto del tomo anterior se nota, pero no demasiado. Todavía estamos lejos de ese pico en la calidad de la autora que llegará con Les Frustrées, su serie más importante, ya en la segunda mitad de los ´70.
Al igual que el primer tomo de Cellulite, este también fue editado en España por Grijalbo, aunque no debe ser fácil de conseguir porque salió hace 30 años. Ojalá Claire Bretecher siga cumpliendo años y mimándonos con más historietas de esta calidad.

jueves, 18 de marzo de 2010

18/ 03: LES ETATS D´AME DE CELLULITE


O para decirlo en cristiano, Los Estados de Animo de Celulitis.
Allá por los albores de 2010 hablábamos de Gerard Lauzier, el genio que le inyectó a la bande dessinée de los ´70 una dosis devastadora de un humor costumbrista basado en la sátira y la mala leche. Bueno, obviamente Lauzier no hizo todo solo. La revolución del comic humorístico francés tuvo varios nombres y apellidos (y apenas dos revistas emblemáticas, L´Echo de Savanes y Fluide Glaciel) y entre ellos hay que destacar a Marcel Gotlib (el pionero, el que empezó a armar kilombo en los ´60), a Frank Margerin, a Mandryka, a Florence Cestac, a Regis Franc, a Masse, pero por sobre todo a Claire Bretécher, que fue la que inventó la variante femenina del humor costumbrista jodido, ese sub-sub-género que llegó a su punto más alto con los laburos de Maitena en Para Ti y La Nación.
Si Lauzier forzó a la clase media a reirse de su propio patetismo, Bretécher focalizó su mirada irónica en las mujeres, sobre todo las que –a tono con los tiempos que corrían- se daban aires de intelectuales, pero sin descuidar el glamour. Con su dibujo cercano al de clásicos norteamericanos como Johnny Hart y una puesta en escena sobria, escueta, con claras influencias de Copi (aunque no tan minimalista), Bretécher pegó un hit atrás de otro hasta llegar a Les Frustrées (Las Frustradas), que fue la serie que la consagró a nivel mundial (acá se publicaba en Humo®).
Cellulite no es su obra más famosa (de hecho tuvo sólo dos tomos) y –me entero a través del blog de mi amigo y referente Fabio Blanco- acá la publicaba SuperHumo®. Al igual que The Wizard of Id (la tira más conocida de Johnny Hart), Cellulite está ambientada en el medioevo, pero usa ese escenario para hablar de su época. La protagonista es una chica, ni muy linda ni muy fea, que no ve la hora de casarse, pero no consigue novio. Vive en un castillo con su padre, un noble que de noble tiene sólo el título, porque es una criatura rastrera y venal como pocas, todo el tiempo pendiente de la guita, el poder y la chapa. Su objetivo es que su hija se case, sobre todo para sacársela de encima y ahorrarse los gastos que le ocasiona con su adicción a las cremas y productos de belleza.
Por supuesto, la serie se puebla con otros personajes igualmente avechuchescos, como el sacerdote que recluta tropas para las cruzadas y les cobra a los nobles para ordenarlos caballeros, o el abyecto Vicedómine, tan preocupado por la guita y el poder como el padre de Cellulite. A medida que pasan las historias (el primer tomo recopila tres: dos extensas y una más breve), a Cellulite le sube la temperatura y cada vez se le cuelga más rápido de los lienzos a los varones que le pasan cerca, sin dejar nunca de poner en duda si a ellos les interesa más que ellas sean hermosas o inteligentes, cariñosas o ariscas, dulces o fáciles. Esa es la pregunta que Bretécher quiere dejar rebotando en la cabeza de los lectores (sobre todo las lectoras) y además es lo que le da un toquecito ácido al vertiginoso despliegue de situaciones cómicas que propone cada guión.
Para el que nunca leyó a Bretécher, Cellulite es un punto de partida ideal, porque tiene un formato más parecido al del comic de aventuras cómicas tipo Franquin, con peripecias, pantomimas y un humor un poco más visual. Sus series más famosas, en cambio, son historietas de una sóla página en las cuales muchas veces los personajes apenas se mueven y oscilan entre silencios incómodos y extensos soliloquios, con un timing de increíble efectividad, pero no tan reader-friendly como el de Cellulite.
Ah! Para los que no quieran ponerse a buscar las paginitas dispersas entre decenas de números de SuperHumo®, esto salió también en libro, en una edición española de Grijalbo… que tampoco debe ser fácil de conseguir… Es lo que hay…