el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 5 de noviembre de 2015

05/11: HEATLANDS

Hoy muy cortito, porque no tengo tiempo.
Este libro tiene dos problemas fundamentales. En primer lugar, la desproporción entre páginas de historieta y páginas de relleno. Son 72 páginas, de las cuales sólo 40 son de historieta. También hay algunas ocupadas con textos acerca del mundo en el que transcurre la historia (que están muy bien) y después, innecesarios pin-ups, innecesarias carátulas para cada uno de los cinco episodios de ocho páginas y las infaltables e irritantes páginas en blanco. Con 40 páginas de historieta, muchachos, no se puede hacer un libro que tenga más de 48 páginas en total. Fin.
El otro problema es un poco más grave y tiene que ver con el dibujo, que es muy precario. Ziul Mitomante se la banca muy dignamente en la planificación de las páginas, pero en todo lo demás lo veo muy flojo. La anatomía, la perspectiva, el equilibrio entre blancos, negros y grises, el manejo de las tramas mecánicas, la elección de los ángulos… Todo se podría haber cuidado más para que se vea bien y sin embargo se ve tan mal, que por momentos estuve a punto de no seguir adelante con la lectura.
Seguí leyendo porque me gustó bastante el planteo argumental de El Negro Viglietti. Sobre todo el mundo que nos presenta, no tanto los guiones en sí, porque no me engancharon algunos personajes (hay poco espacio para desarrollarlos) y porque algunos conflictos no me parecieron bien resueltos. Pero me gustaron las ideas y algunos diálogos, me dejaron con ganas de saber más. Ojalá haya un Vol.2 mejor dibujado.
Como consejo desinteresado de un boludo que leyó muchas historietas, les digo: entendamos cuanto antes la diferencia entre un fanzine y un libro, muchachos. En un fanzine se puede experimentar, se pueden mostrar limitaciones propias de los autores que recién empiezan… pero en un libro no. Nadie los apura. Publiquen en libros cuando estén realmente capacitados. Así, crudos, prendidos con alfileres, no es negocio ni para el lector (que no tiene por qué pagar para leer algo feo, torpe y descuidado) ni para el autor, que se quema para siempre.