el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 3 de diciembre de 2010

03/ 12: BATGIRL Vol.4


Y hasta acá llegamos. Con este cuarto tomo completamos todo lo que DC recopiló en libros de la inolvidable etapa de Kelley Puckett al frente de Batgirl. La vez pasada comentaba que el Vol.3 no tenía seis o siete episodios consecutivos, sino que había baches, historias que fueron dejadas al margen de dicho TPB porque no tenían que ver con la trama de Lady Shiva vs. Cassandra Cain, y que aparecerían en el cuarto tomo. Varias de ellas tenían que ver con crossovers que afectaron o bien a todo el mainstream de DC, o bien a los títulos de los justicieros de Gotham y eran, en el mejor de los casos, innecesarias interrupciones, obstáculos molestos en este intento de Puckett y Damion Scott por construir una especie de comic de autor en las entrañas del mainstream.
Bueno, ahora leí el Vol.4 y debo decir que tanto el crossover de Joker´s Last Laugh como los de Bruce Wayne: Fugitive están realmente buenos. El de Joker´s Last Laugh, es cierto, no aporta nada al arco mayor de Lady Shiva. Pero tampoco lo hacen los dos unitarios con los que abre este TPB, el segundo de los cuales es, lejos, una de las mejores historias de Batgirl que leí, si no la mejor. Se le puede reprochar al crossover que fuerza a romper una de las consignas centrales de esta serie: Cassandra no lucha con villanos enmascarados. Y no mucho más, porque ni siquiera se enfrenta a un hiper-meta-humano, sino a un chorro habilidoso en las artes del ninjitsu y con tecnología alienígena (el Shadow Thief). En ese combate están algunos de los mejores diálogos del tomo.
La saga de Bruce Wayne transcurre cuando el plot grosso de Shiva ya está resuelto y retarda un toque la exploración de las consecuencias de lo que vimos en aquel electrizante combate. Pero Puckett lo pilotea con clase: el episodio se lee como un buen unitario, te explica todo lo que necesitás saber para no quedar de garpe y como si fuera poco, hace avanzar la saga hacia un desenlace que no veremos (a menos que leamos tomos que no me interesa en lo más mínimo leer), pero que Puckett nos permite intuir. Y como Batgirl sigue conmocionada por lo sucedido en la saga de Shiva, su amiga Spoiler co-protagoniza estas historias y funciona como buen contrapunto a la introvertida e infalible Cassandra.
Lo único que podemos cuestionar, entonces, es dónde termina el tomo: un episodio que marca la despedida de Spoiler del aguantadero de Barbara Gordon (mentora titular de las bati-borregas) y la primera escaramuza importante entre Cassandra y un grupete de choque que responde a esa misteriosa agencia de espionaje que la vigila casi desde que empezó la serie. No sabemos quiénes son, ni qué quieren, ni cómo se los va a sacar de encima Batgirl. O sea que verlos por primera vez en acción sólo suma preguntas sin respuesta a los que leemos la serie en TPBs, porque nunca veremos la resolución de ese hilo argumental.
Por el lado del dibujo, tenemos cuatro de los seis episodios dibujados por Damion Scott, prendido fuego, en un nivel impresionante, con un ritmo narrativo re de manga, unos combates alucinantes y un manejo increíble de las secuencias mudas. Y para los capítulos restantes, un muy digno trabajo de Phil Noto (nos lo cruzamos hace poco en un TPB de Jonah Hex), de cuando recién empezaba; y un denodado esfuerzo de Vince Giarrano por apestar menos que de costumbre. Lo que dibuja acá sigue sin ser bueno, pero por lo menos no es impublicable como tantas de las páginas con las que flageló a los fans de DC sobre todo en los ´90.
Con los crossovers metidos medio de prepo, sin Lady Shiva, sin Cain, con muy poquito de Batman y Robin, algo de Barbara y bastante de Spoiler, este tomo se la re-bancó. Pucket no mezquinó acción, ni desarrollo de personajes, ni grandes diálogos. Además nos regaló un unitario antológico y nos dejó dispuestos a suplicarle de rodillas a DC que reedite en libros el tramo de la serie que realizaron Puckett y Scott y que nunca fue recopilado. No está mal para un comic segundón de un personaje al que pocos recordamos con onda.

lunes, 26 de julio de 2010

26/ 07: BATGIRL Vol.3


Y sí. Kelley Puckett y Damion Scott hicieron lo que yo esperaba que hicieran. Tomaron un comic del mainstream, en el que aparece Batman número por medio, y lo convirtieron en un comic de autor. Interrumpido varias veces por crossovers ridículos (Joker´s Last Laugh, Bruce Wayne: Murderer y Bruce Wayne: Fugitive), pero con la libertad y la onda de un Starman de James Robinson o un Orion de Walt Simonson. Este tomo no sigue el orden lineal de los episodios, sino que saltea algunos, ya sea porque formaban parte de los mega-arcos crossoverados ya mencionados, o porque van a aparecer en el cuarto tomo, junto a capítulos posteriores. Lo cierto es que me puse a investigar y la dupla Puckett-Scott llega, con varios arcus interruptus, al n°37 de la serie, con lo cual –entre pitos y flautas- tenemos casi tres años de historias de Cassandra Cain en un gran nivel, lo cual es muchísimo decir. No está todo recopilado en libros: los cuatro TPBs cubren, con algunos baches, hasta el n°28. Pero lo que está, merece ser capturado.
Este tercer tomo es –me parece- el más importante de los tres que leí. Por un lado, Puckett termina de integrar a Batgirl al núcleo de la bati-familia, en un episodio en el que hace team-up con Robin y se dicen (y callan) varias cosas importantes. El incombustible Chuck Dixon juega de visitante en otro episodio, esta vez para que Cassandra entable amistad con Spoiler, quien –según me cuentan- es la actual Batgirl, o sea, la sucesora de Cassandra. Y por supuesto, tenemos mucha participación en los roles secundarios de Batman y Oracle.
Por otro lado, tenemos la potente resolución del plot de Lady Shiva. Pasó un año desde el combate anterior y la inminencia del nuevo y definitivo enfrentamiento con la asesina es uno de los temas fuertes del libro, que se hace sentir y avanza de a poco en casi todos los episodios. Puckett lo usa magistralmente para disparar preguntas sobre Cassandra. ¿Se quiere morir? ¿Quiere que Shiva la mate? ¿Todavía sigue traumada por la culpa de algo que Cain la obligó a hacer nueve años atrás? Batman y Barbara son los encargados de verbalizar todas estas conjeturas (recordemos que Batgirl casi no habla) en unos contrapuntos muy, pero muy logrados.
Otro de los grandes unitarios del tomo se centra en David Cain. ¿Qué onda? ¿Siente algo por la niña a la que crió? ¿Hasta dónde llega su total falta de escrúpulos? La respuesta es shockeante. Tal vez el unitario más interesante sea Little Talk, el de la charla entre Batman y Oracle, porque Puckett se las ingenia para mantener la tensión durante 22 páginas en las que no hay ningún peligro. Batgirl combate contra hologramas en una especie de “Danger Room” y los otros dos dialogan. Punto, se acabó. Pero seguro el capítulo más impactante es el último, el de la machaca Batgirl vs. Shiva. A muerte, posta. Y con los diálogos indispensables para que te replantees todo lo que creías saber acerca de ambos personajes. Realmente brillante lo que hace Puckett en este episodio.
Y hay que hablar también de la labor de Damion Scott, y hablar muy bien, por cierto, ya que es MUY notable cómo va mejorando con el correr de los números. Sigue salvaje, sigue arriesgado, sigue en la búsqueda de nuevos ángulos y nuevas coreografías para mostrar las (abundantes) peleas… pero además está más fino, más elegante, menos grotesco… NADA grotesco! …muy bien complementado por las tintas del veterano Robert Campanella, muy canchero para crear recursos que le den dinamismo y gancho incluso a las escenas más tranqui, muy cuidadoso de no caer en el fan service barato. El dibujo, sin ser perfecto, es muy atractivo y sumamente eficaz para contar el tipo de historias que propone Puckett.
Y bueno, reitero mi recomendación para una serie que hace años que ya no se publica, pero a la que vale la pena descubrir, aunque sea mal y tarde. Y en TPBs, así no te comés el garrón del capítulo 13 de una saga de 20 capítulos que casi seguro no te va a interesar en lo más mínimo y en la que Batgirl participa sólo porque su revista necesitaba sumar lectores de los que seguían las otras series de Batman y sus amigos. Si alguien tiene para largar el Vol.4 (Fists of Fury) avise, que no lo consigo por ningún lado…

martes, 13 de julio de 2010

13/ 07: BATGIRL Vol.2


En las grandes editoriales yankis, cada vez que un autor propone lanzar a un personaje en una serie o miniserie presenta un pitch, que es una especie de chamuyo en el que plantea los lineamientos generales de la serie y el enfoque que pretende darle al personaje. No sé con certeza si Kelley Puckett tuvo que presentar su pitch para la serie de Batgirl, pero seguro que si lo hizo, las dos palabras que terminaron de “venderle” la propuesta a Denny O´Neil (por entonces mega-coordinador de todas las series relacionadas con Batman) fueron “Lady Shiva”. La verdad es que la idea de vincular a Cassandra Cain con Shiva es, además de increíblemente coherente, sencillamente brillante. Son personajes que encastran a la perfección, como las piezas del Rasti.
Este segundo tomo de Batgirl suma a Lady Shiva a la ecuación, sin romper la consigna principal de la serie que es “Cassandra no lucha con villanos disfrazados”. Esto, sumado a la saga con los servicios de inteligencia, en los que Puckett tira la onda de que Batgirl puede ser metahumana, hace que casi todo este tomo esté atravesado por el tema de las habilidades (¿o poderes?) de la joven protagonista. Por supuesto, Barbara Gordon, Batman y David Cain reaparecen como secundarios y Puckett los aprovecha al máximo. El episodio en el que el bati-oreja le pasa factura a Cain por la crianza “poco convencional” que le brindó a Cassandra es realmente heavy y por momentos te pone los pelos de punta.
Pero los momentos más jugosos llegan en el contrapunto entre Shiva y Batgirl, en escenas de poquísimos diálogos (ya sabemos que el idioma verbal no es la especialidad de Cassandra) y un despliegue de artes marciales de altísimo impacto, con unas coreografías fastuosas y un ritmo cinematográfico, más de manga que de comic yanki, en el que cada movimiento, cada golpe, cada caída, se ve milimétricamente refelejado en los dibujos de Damion Scott. Y por ahí en 22 páginas vimos apenas una pelea y una escenita de Barbara vendándole alguna herida a Cassandra, pero todo está muy bien contado y además (como ya subrayamos la vez pasada), Puckett es un capo a la hora de narrar con pocos recursos. Igual esto es una exageración de mi parte, porque no hay 22 páginas en las que no avancen por lo menos una de las sub-tramas: o la venganza de Batman contra Cain, o la investigación de la agencia secreta, o el misterio de las habilidades de Batgirl. Nunca falta ese “algo más” que hace que esto no se pueda encasillar en el género “comic de machaca” que muchas veces deja gusto a poco.
Otro hallazgo que comparten Puckett y Scott es que nunca ceden a la tentación del fan service. En cualquier otra historieta protagonizada por una guerrera de 17 años, esta aparecería constantemente pelando tetas y culo, en poses provocativas, con tajos y roturas en lugares del traje especialmente elegidos para que el pajero pispee la nerca y demás trucos baratos para calentarle la pija al adolescente al que todavía no lo dejan comprar la Penthouse. Acá, nada que ver. Batgirl recibe heridas en todo el cuerpo, el traje se le hace añicos, y salta y pelea en infinitas poses distintas, pero ninguna de esas imágenes están pensadas para revolucionarle las hormonas a la muchachada. El hecho de que sea una chica joven y linda no parece llamar la atención de ninguno de los personajes del comic y coherentemente, los autores tampoco hacen hincapié en eso, ni mucho menos.
Ya sin Scott Peterson como co-guionista, esta serie sigue creciendo. No sé si Puckett y Scott pondrán lo que hace falta para convertirla (medio de keruza) en una historieta de autor ambientada en el mainstream (como fue en su momento el Starman de James Robinson, o en menor medida el Hulk de Peter David), o si en el próximo número se irán a la mierda para ser reemplazados por cualquier verdulero. Pero acá hay cuidado, pasión, buenas ideas y una direccción muy atractiva que hacen que esta serie se despegue bastante del resto. Así que seguiré avanzando, a ver hasta dónde llega la pulenta…

viernes, 2 de julio de 2010

02/ 07: BATGIRL Vol.1


Hace un tiempo repasamos los inicios de Barbara Gordon en su carrera como Batgirl, y ahora me toca acompañar en sus primeras aventuras a otra Batgirl, Cassandra Cain, un personaje a priori mucho más interesante.
En los ´60, cuando se relanzó el concepto de Batgirl, todavía existía la chance de que un héroe (o heroína) virtualmente clonado de uno de los más conocidos y sin mucho para aportar, aspirara a un cierto status icónico. Lo vimos con Supergirl, Batgirl, Kid Flash, Aqualad (!)… cualquier cacatúa hueca e intrascendente, colgada de las tetas del héroe correcto, rápidamente se ganaba un lugarcito entre los fans. Y si encima aparecías en la serie de TV de Batman interpretada por Ivonne Craig (bomba atómica si las hubo), ya alcanzaba y sobraba. Pasó el tiempo, y DC tuvo que aprender a los cachetazos de Marvel, que jamás cedió a la tentación de los sidekicks y que siempre que creó personajes derivados (War Machine, USAgent, Spider-Woman, Thunderstike), se esforzó por separarlos de los grossos y por darles –con más o menos éxito- algo así como una chapa propia.
Esta Batgirl (la mejor consecuencia de No Man´s Land) es eso: el intento de reforzar la bati-familia sin repetir, sin soplar y con un personaje no pensado como compañerito juvenil del héroe, sino como protagonista de su propia epopeya. Gran parte de los hallazgos de esta serie pasan por subrayar las diferencias entre esta Batgirl y los demás justicieros de Gotham, y tal vez por eso son tan efectivos Batman y Barbara Gordon en los roles secundarios. Cassandra es un personaje construído en base a silencios y dolores, una máquina de matar privada del don del lenguaje y excepcionalmente dotada para todas las formas de combate imaginables. La sombra de su “padre” (el implacable asesino David Cain) oscurece los primeros años de vida de esta chica que, extranjera en tierra extraña, no viene a buscar justicia, sino redención.
Al tratarse de un personaje virtualmente mudo, los guiones tienen poco texto y las historietas se leen rápido. Como las de The Batman Adventures de los ´90, ¿te acordás? Y como aquellas, estas encuentran en Kelley Puckett al guionista ideal, un tipo dinámico, que piensa visualmente como pocos, que casi sin escribir textos te hace sumergirte a full en la aventura. Scott Peterson aporta lo suyo, que pasa más que nada por el conocimiento a nivel molecular de los miembros de la bati-familia y entre los dos se las rebuscan para que Cassandra, sin hablar y sin pelear contra villanos disfrazados, crezca en chapa y complejidad número a número.
Las peleas acá son importantísimas, porque es el lenguaje que Cassandra mejor entiende. Hace falta un dibujante especializado en machaca, y Damion Scott cumple muy bien a la hora de plasmar en imágenes la violencia que destila esta serie. Scott viene del grafitti urbano y el muralismo, donde la exageración y la estridencia están bien vistas. En el comic, no tanto. Por momentos, sobre todo cuando estalla la machaca, Scott se pasa de grotesco y termina por parecerse a los comics más desencajados de Todd McFarlane, aunque con más elegancia y mejor narrativa. Pero en las escenas tranqui, de clima o de introspección, Scott la pilotea con dignidad. Con un grafismo de alto impacto, parte Meglia, parte Image de los ´90 y parte manga, Damion Scott tenía todo para cebar a los pibes de una generación que habitualmente no se acercaba a los comics de Batman ni por accidente. O sea que alguna trapisonda se le puede perdonar.
Creo que hoy en día Cassandra Cain dejó el traje de Batgirl y se dedicó a otra cosa. Por ahí se puso una remisería, o un locutorio en Isidro Casanova, andá a saber… Pero por ahora, DC –si bien hace mucho que no reedita estos tomos- todavía no se mandó el moco pelotudo de matarla, o de sacar de continuidad estas historias que, sin ser gloriosas, muestran un nivel dignísimo y la sana intención de imponer a un personaje para nada trillado ni del montón. Volveremos a visitarla pronto.

sábado, 24 de abril de 2010

24/ 04: BATGIRL: YEAR ONE


De nuevo a pedido de la hinchada, me aboqué a la relectura de esta deliciosa historieta que me había gustado muchísimo la primera vez que la leí. Esta vez me gustó más.
Esto es retro-continuidad pura, algo que fascina irremediablemente a los geeks. Vos ya sabés todo lo que le va a pasar a los personajes en los años siguientes, entonces cada guiño, cada comentario, cada sutill referencia reverbera de modo muy especial en tu mente, y te arranca una sonrisa extra, de pillo, del guacho-pija que se las sabe todas. Los guionistas Scott Beatty y Chuck Dixon (que en materia de héroes de Gotham la tienen muy clarusa) llenan esta historieta (y su antecesora inmediata, la excelente Robin: Year One) de muchísimas de esas referencias veladas a las historias posteriores, que uno que las leyó, capta y agradece, y el que no las leyó (porque supongo que muchos habrán tenido su primer contacto con Barbara Gordon a través de esta saga) ni se da cuenta, sigue leyendo y está todo bien. El “mimo” al que sí sabe todo lo que viene después es una variante del “fan service” mucho más digna que llenar el libro de pin-ups en los que Batgirl muestra el orto y Dixon y Beatty la hacen muy bien.
En esta ampliación a fondo del origen y los primeros meses de Barbara como Batgirl, los guionistas meten muchísimos elementos que se le fueron incorporando al personaje a lo largo de las décadas: la pasión por la informática, la onda con Jason Bard (acá vemos incluso cómo queda rengo), la amistad con Black Canary, su inicio en las artes marciales… y por supuesto, una mirada más compleja de su relación con James Gordon, Batman, Alfred y Robin. La onda entre Barbara y Dick está perfectamente trabajada, casi al nivel de aquella gran historieta de Devin Grayson y Duncan Fegredo que salió en una Batman Chronicles en los ´90. Dixon y Beatty le pegan un giro bastante interesante incluso a Killer Moth, patético villano al que sólo se recuerda por haber sido el malo en la primera aparición de Batgirl en los ´60 (Detective Comics n°359), y en una movida muy piola lo hacen partenaire de Firefly, otro villano impresentable de los ´50 al que recién en los ´90 alguien desempolvó y le dio un mínimo de sentido.
El resultado son más de 200 páginas muy, muy disfrutables, con mucho ritmo, acción, excelentes caracterizaciones y miles de guiños a los fans históricos de DC. El personaje de Barbara está desarrollado minuciosamente, sin nada librado al azar. Uno no sólo siente que la conoce, sino que la quiere y entiende perfectamente por qué abraza el camino de la aventura, el vértigo y el coraje. Y a la vez esto se mezcla con la compasión, porque uno sabe cómo va a terminar su carrera como heroína enmascarada y dice “Puta, qué mala suerte tuvo esta mina. Si en los ´70 y ´80 hubiese tenido guionistas como Dixon y Beatty, no habría hecho falta el sacudón terrible que le pegó Alan Moore en The Killing Joke”. Pero bueno, más vale que las buenas historias lleguen tarde y a modo de retro-injertos de continuidad que no leerlas nunca…
El dibujo de Marcos Martín es, de nuevo, magnífico. El español sorprende con su manejo trepidante de la acción, en escenas de luchas y persecuciones de altísimo impacto, con coreografías llenas de plasticidad y dinamismo. Pero además sabe bajar los cambios necesarios para emocionarnos también en las escenas más tranqui y para captar y transmitir los distintos climas, desde la atmósfera sórdida del hampa, a la gris rutina del trabajo de Barbara, a la sensación de fascinación que vive la pelirroja cuando el Dúo Dinámico le muestra por primera vez la Baticueva. Todo está ahí deliciosamente dibujado, entintado y coloreado, y además presentado en secuencias donde la narrativa fluye con total naturalidad. Acá no hay tantos homenajes a autores del pasado (como veíamos en Dr. Strange) con lo cual se ve mejor el estilo de Marcos Martín, un estilo que sin caer en estridencias pochocleras resulta sumamente idóneo para este tipo de historietas.
Si sos fan de Barbara, o de los justicieros de Gotham, o de DC en general, o simplemente querés leer la versión moderna y jugada de un personaje que en su encarnación original aportaba poco y nada, este libro te va a cebar, mal.