el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 5 de febrero de 2026

JUEVES NUBLADO

Acá estamos de nuevo, con un par de lecturas más. Me puse las pilas y completé la (breve) colección de adaptaciones de las novelas de Richard Stark realizadas por el glorioso Darwyn Cooke. Me faltaban dos, una la reseño hoy, otra la guardo para dentro de un par de meses, para no reiterar conceptos. Parker: The Score tiene un problema bastante conspicuo, que no sé si lo genera Cooke o si lo hereda de la novela de Stark: casi no logra generar tensión. La sensación, crucial en todo thriller, de que en cualquier momento se va todo a la mierda y el protagonista va a terminar con el culo MUY roto, dura seis páginas y se desactiva 24 páginas antes del final. Durante todo el resto de las 130 páginas que tiene la novela gráfica, la tensión no está, o es mínima. Parker está tranquilo, sabe que le va a ir bien, que va a poder llevar adelante el ambicioso plan de Edgars para saquear en seis horas a un pueblito minero en las montañas de North Dakota. Y esa tranquilidad se transmite al lector, tanto a través del texto como de los dibujos de Cooke. The Score parte de un gran argumento, tiene personajes cautivantes y diálogos magníficos. Sin hablar del dibujo, que es demasiado bueno para ser real (de todos modos, algo hablaremos del dibujo). Lo que le falta es más tensión, poner más nervioso al lector, hacerle sentir a los personajes el rigor de un peligro heavy metal, que los haga sudar fiero, que se caguen bien en las patas, y que ese cagazo le llegue con fuerza dramática al salame que está del otro lado de la página. El plan que trazan Parker y sus compañeros es tan eficaz y se desarrolla con tan pocos sobresaltos, que por momentos parece que están haciendo un trámite, no cometiendo un mega-delito. Por supuesto que, al ser tantos personajes, alguno va a mear fuera del tarro y se va a comer la puteada, el corchazo o algún tipo de muerte más escabroso. Pero está todo dentro de los riesgos lógicos de la osada movida que orquestan los protagonistas. Lo mejor que tiene el guion es que te desorienta con dos personajes (casualmente las dos mujeres): te convence de que alguna de las dos se va a mandar una cagada grossa que va a terminar por arruinar los planes de Parker, y te sorprende cuando eso no sucede. El personaje de Mary, sobre todo, habla poco pero deja entrever una profundidad tremenda, al punto de que te dan ganas de que ella (y Alan Grofield) vuelvan a aparecer en otras historias de Parker. El dibujo está resuelto con blanco y negro, en un claroscuro perfecto, complementado con un naranja no muy estridente. Darwyn Cooke nos acostumbró a un trazo prolijo, exquisito, y a personajes sumamente expresivos. Fondos elaborados, o fondos minimalistas, según lo que requiere la narración. Y efectos de iluminación tan logrados que parece increíble que solo estemos viendo dos colores. Ah, y la tipografía, preciosa. Visualmente, todo es placer y emoción en estas páginas en las que Cooke demuestra una vez más por qué se lo consideraba un maestro de la puesta en escena y la planificación de las secuencias. Me queda sin leer la última novela/ historieta de Parker, pero no me puedo ir sin recomendar The Score, que me hizo pasar un muy buen rato, sumergido en el mundo del hampa de la mano de un autor con un talento a prueba de balas.
Allá por el 14/01/24 comentamos en este espacio la antología Match, coordinada por Leila Kovacs. Ahora es el turno de una nueva antología con Leila al frente (y muchos autores que aparecieron aquella vez), esta vez titulada Inconsciente Artificial. Son 22 historias MUY cortas (la más larga tiene cinco páginas)que giran en torno a la Inteligencia Artificial, con una mezcla muy ecléctica entre autores incipientes y autores consagrados. Veamos qué fue lo que más me gustó en la recorrida por estos trabajos. La primera historieta tiene un guion de Juan Ramón Carvajal que me resultó interesante. El guion de la tercera, a cargo de Amie, también me llegó. "Bite" también tiene un buen guion, a cargo de la propia Leila Kovacs, dibujado nada menos que por el mítico maestro Lito Fernández. Otras historietas que combinan buen dibujo y buen guion son la última (una joyita del incomparable Carlos Dearmas), la de Jorge Carrión y Enri Santana (una especie de spin-off de Agus, la chica fantasía, muy ingenioso y dibujado a un nivel tremendo), la de Luciano Spanto y Simi (una sátira descarnada a las entregas del Premio Oscar), la picante "El León" (escrita y dibujada por Amie, que se ve que no es muy fan de los freaks y los psicópatas que hoy gobiernan nuestro país) y "Grimorio", una especie de fábula creada por Patricio Oliver. Quiero rescatar también a algunos dibujantes que hicieron un gran trabajo, pero a los que les tocó ilustrar guiones que no me generaron mucho interés: Ignacio Vega, Nahuel González, Martín Ochoa, Mari González Curia y la experimentada Majox, que dibujó un guion propio, de apenas dos páginas, en las que es muy difícil desarrollar hasta la más básica de las ideas. Y la otra autora integral que participa con una historieta escrita y dibujada por ella misma es Dolores Alcatena, para mi gusto mucho más inspirada a la hora de pensar la historia que a la hora de dibujarla. El balance general es positivo, sobre todo en la comparación con Match, que no tenía tantos puntos salientes, por lo menos desde mi paladar comiquero. Me parece bastante evidente que Inconsciente Artificial se propuso subir la vara, y lo logró. Y eso sin dudas es una gran noticia, porque siempre está bueno recorrer las páginas de una antología y sorprenderse con trabajos de chicos y chicas que uno no tiene en el radar, o con trabajos breves de autores y autoras a los que generalmente asociamos con novelas gráficas u obras más extensas. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog. Y como siempre, si quieren leer más, está la Comiqueando Digital disponible para descargar por muy poca guita en https://comiqueandoshop.blogspot.com.

martes, 4 de diciembre de 2018

EL MARTES, SEGUNDAS PARTES

Hoy tengo para reseñar dos libros que se complementan con otros dos ya reseñados acá en el blog.
Empezamos con Parker: The Outfit, la segunda novela de Richard Stark (en realidad, Donald Westlake firmando con pseudónimo) que adaptara al comic el inolvidable Darwyn Cooke. La primera (The Hunter) la reseñamos el 13/07/13.
El libro arranca con una especie de serendipia, una yapa imprevista que está demasiado bien para ser real: las 24 páginas de The Man with the Getaway Face, un breve relato que funciona muy bien en sí mismo, pero además sirve como puente entre The Hunter y The Outfit. Es una historia tan redondita, tan jodida, que si le ponés un garche y cinco chistes se convierte en uno de los mejores episodios de Torpedo 1936.
Y después, la historia larga en la que Parker sale con los tapones de punta, a escupirle el asado a una poderosa organización criminal que lo trató de matar, justo a él, que es un genio del delito low-fi. Stark primero y Cooke después nos cuentan minuciosamente cómo funcionan los grandes curros de este imperio clandestino, y acá es donde el historietista canadiense encuentra el mayor desafío: Buena parte de la novela es una explicación paso a paso, casi un manual de instrucciones, de cómo está armada la logística de cada uno de los negocios ilegales de esta “empresa” criminal. Son unas 30 páginas sin acción ni conflictos, que ahondan en detalles minuciosos acerca de estos operativos, y Cooke encuentra distintas formas de graficar estos procedimientos para hacerlos visualmente interesantes para el lector de historietas. Con distinto éxito, no? Porque no todos los recursos que emplea funcionan igual de bien. Pero el resultado es sumamente satisfactorio, y para cuando Parker y sus aliados empiezan a desbaratar sistemáticamente los negocios de “la empresa”, uno ya entendió perfectamente cómo están estructurados, cómo circula la guita negra, cómo se blanquea, cómo se reparte y demás. Una especie de Ruta del Dinero K, un poquito menos delirante que la que te vendieron los medios neoliberales de Argentina.
El dibujo… ufff, ni tiene sentido intentar explicar la magia que tira Cooke en la faz gráfica. A las influencias habituales de Bruce Timm, Alex Toth, Ty Templeton y David Mazzucchelli hay que sumarle páginas dibujadas en una línea clarísima, secuencias enteras ilustradas como si fueran cartoons humorísticos de los años ´50… un despelote realmente extraordinario, con una sofisticación increíble y una fuerza expresiva descomunal. Recontra-recomendable y sumamente imprescindible para las viudas de Cooke que creen que el ídolo era sólo un gran dibujante de superhéroes.
También en 2013, el 14 de Septiembre, me tocó reseñar el primer librito de Fumetsu, una saga de aventuras, machaca épica y ciencia-ficción creada por los chilenos Felipe Benavides y Fernando Pinto. Era apenas el inicio de dicha saga, y en esas primeras 48 páginas se empezaba a avizorar un universo vasto y atractivo. El Vol.2 en vez de 48 páginas tiene 80 y termina donde tiene que terminar: con el final de la historia de este bravo samurai del futuro remoto y su lucha por liberar a la humanidad del yugo de los Warui.
Una vez más, Benavides no se calienta mucho por desarrollar a los personajes. El elenco está muy bien armado y varias de las mejores secuencias surgen de la ingeniosa interacción entre estas criaturas. Pero no van del punto A al punto B, sino que se concentran en los diálogos y en la acción. También al igual que el Vol.1, esta segunda entrega tiene muchísima acción, extensas secuencias prácticamente sin textos en las que vemos unos combates electrizantes, casi siempre importantes para el devenir de la trama. La vez pasada, la abundancia de machaca hacía que el librito durara muy poco, como esos tomitos de shonen de 190 páginas que te bajás en menos de 15 minutos. Esta vez, al tratarse de un tomo bastante más voluminoso, eso se siente un poco menos.
Lo mejor que tiene Fumetsu es cómo Benavides mueve a los personajes por este mundo, cómo aprovecha ese trasfondo, esa complejidad de conceptos aventureros que supo construir a lo largo de toda la saga para llegar a un final potente. El dibujo de Pinto no desentona para nada con el clima épico de Fumetsu y además potencia muchísimo el aspecto más humano, el de la interacción entre los personajes. Una vez más me atrapó con ese trazo similar al de Enric Rebollo, con la coreografía de las batallas y obviamente con la aplicación de los grises, que es el punto más alto de la faz gráfica de Fumetsu.
No estamos ante el comic que marcará un antes y un después en la historia de la historieta chilena, pero la verdad que para pasar un rato entretenido y vibrar al ritmo de la machaca, está muy bien.

Volvemos pronto con nuevas reseñas y nos vemos este jueves en Sector 2814, donde voy a estar charlando con mi amigo e ídolo Agustín Graham Nakamura. Sayonara.  

viernes, 16 de marzo de 2018

PREVIA CON RESEÑAS

Es viernes, la noche está bárbara para salir a atorrantear, y mientras llega la hora mágica en la que abren los boliches, aprovecho para reseñar un par de libritos que leí en estos días.
Empiezo con The Twilight Children, una obra de Beto Hernández tan, pero tan de Beto Hernández, que todo el tiempo sentís presente la impronta gráfica de Beto Hernández, aunque no la dibuje Beto Hernández. Por algún motivo (supongo que comercial), Beto no dibujó The Twilight Children, si no que le entregó el guión y unos bosquejos muy básicos de los personajes a otro genio del Noveno Arte, el malogrado Darwyn Cooke. Cooke dibujó la obra en su inconfundible estilo (de hecho, fue la última historieta que llegó a concluir antes de su prematura muerte), pero de alguna manera es imposible escaparle al influjo de Beto. Esto es como si fueras a ver a The Cure y en vez de Robert Smith apareciera… Eric Clapton, o Peter Frampton. Son guitarristas de la San Puta, cantan bárbaro… pero las canciones de The Cure están pensadas para ser interpretadas por Robert Smith, y se nota mucho. Por momentos sentís que los personajes en realidad están dibujados por Beto, pero usan una máscara, con los rasgos faciales dibujados por Cooke. Es todo muy raro, es como una impostura, no sé… Obvio que Cooke dibuja como los dioses y es genial tener un libro con las últimas 120 páginas que dibujó en su vida… pero esta historieta es tan Beto que la magia de Cooke casi sobra.
La historia en sí (no la quiero spoilear porque es bastante reciente) es totalmente adictiva. Hay un misterio jodido, un montón de personajes fascinantes, historias que se cruzan en un pueblito donde todos se conocen, un clima como de “nada de esto es demasiado serio”, a pesar de que pasan cosas fuertes, y con consecuencias para nada triviales… Beto te tira todas los elementos fantásticos juntos al principio del relato y después juega a naturalizarlos, a incorporarlos a un ámbito real, propicio para el drama o la comedia costumbristas a las que nos acostumbró a los fans de Palomar. Y si hay algo para criticarle, es que el final no aclara minuciosamente todo lo que había para aclarar. Pero es emotivo, impactante y muy bello, o sea que no jode demasiado esa pátina de ambigüedad. Seas fan de Darwyn Dios o de Beto HernanDios, te recomiendo The Twilight Children.
El Sueño de Icaro es la ópera prima de Brebre (Breno Costa), un autor nacido en Brasil y radicado en Buenos Aires. Es una obra extensa, publicada en un libro de 200 páginas… con muchas páginas en blanco, carátulas y boludeces que podrían no estar.
Pero vamos a la historieta en sí. El Sueño de Icaro es un comic autobiográfico que –como su nombre lo sugiere- deja un margen para introducir elementos oníricos, para contar algunos sucesos de la vida real de Brebre tamizados por un cierto vuelo fantástico. Básicamente, se trata de las memorias de este joven soñador y fanático de los comics, desde que nace en Belém (al norte de Brasil, a orillas del río Amazonas), hasta que –una vez instalado en Buenos Aires- descubre el amor de la mano de una chica argentina. El relato es entretenido, hay muchos datos curiosos y copados acerca de la vida en estos pueblos del norte de Brasil, algún coqueteo con el thriller en la escena en la que unos chorros se meten en su casa… y una secuencia muy extraña, en la que el autor/protagonista se convence de que puede volar, se tira de lo más alto de un árbol y termina hecho mierda contra el piso, para luego ser hospitalizado. Es raro porque, si bien Brebre explora a fondo las consecuencias de este hecho, nunca explicita sus causas. ¿Estaba drogado, borracho, loco? Porque lo que se ve en los dibujos (las alas que le salen en la espalda) es una metáfora, no? Difícilmente haya sucedido en la realidad… No terminé de entender por qué carajo pasó todo ese tramo, que casualmente es el que está mejor narrado, el que más me atrapó a la hora de la lectura.
El dibujo está bien, es correcto, con momentos muy lindos, con varios aciertos en el armado de la página y esa sensación de “ternura freak” que le queda bien a un relato de este tipo. Hay cosas para mejorar, obviamente, pero para ser una ópera prima, visualmente El Sueño de Icaro se la re-banca. Espero atentamente el próximo trabajo de Brebre y (puesto a pedir) me gustaría que fuera una obra más corta, más compacta, en la que se dedique a narrar una historia 100% ficticia, más allá de que el tono sea realista o no.
Mientras tanto, sigo avanzando en las lecturas, para volver pronto con nuevas reseñas.

sábado, 13 de julio de 2013

13/ 07: PARKER: THE HUNTER

Parker no existe, es un personaje de ficción creado por Richard Stark. Richard Stark no existe, es un pseudónimo del escritor Donald Westlake (1933-2008), cuyas obras más famosas está adaptando al comic Darwyn Cooke. Y no, Darwyn Cooke tampoco existe. O no debería existir, porque el hecho de que haya un tipo capaz de narrar historietas a este nivel es muy injusto para todos los demás. Cooke está fuera de la media y fuera de la realidad. Ya lo tenía claro desde hace años, pero este trabajo de 2009 (que los garcas de IDW se tomaron tres años para reeditar en softcover) me lo termina de explicitar del modo más contundente que te puedas imaginar.
Lo que hace Cooke a la hora de convertir en historieta a Parker: The Hunter no tiene nombre. Es algo que está más allá de las palabras. Desligado de la responsabilidad de construir y desarrollar una trama, el genio canadiense se aboca a la tarea de darle a las palabras de Richard Stark una dimensión gráfica que las potencie, que las haga llegar a donde por sí sólas no llegaban, que les agregue impacto y belleza. No están todas las palabras de la novela, claro. Pero hay muchas, se trata de una obra con más texto que el comic norteamericano promedio. Y a las palabras que sacó, Cooke las reemplazó con imágenes perfectas, de devastadora elocuencia.
El dibujo es majestuoso: una mezcla zarpada entre Alex Toth y Bruce Timm. En la composición de las viñetas y en los truquitos de narrativa despunta también Will Eisner. Y la puesta en página es 100% Cooke, al igual que el recurso, aprovechado al mango, de incorporar esas tonalidades de turquesa para realzar la iluminación (expresionista al mango) lograda con el claroscuro. Ah! Y el rotulado, que no sé si es manual o digital, imita la peculiar caligrafía de Toth, como para sumar un lujo más.
La solidez del argumento es ejemplar. Stark/ Westlake concibió un thriller intenso, violento, que te hipnotiza, te aplasta y te deja pidiendo a gritos más Parker. No quiero meterme mucho con la historia, primero para no spoilear, segundo porque prefiero concentrarme en los aportes de Cooke y tercero porque tengo poquito tiempo. La verdad que los aportes de Cooke son miles. Las secuencias mudas, poco frecuentes en las adaptaciones literarias, son unas cuantas y todas funcionan a la perfección. La reconstrucción de la época (EEUU, 1962) está muy bien lograda, con una integración armónica y convincente de la referencia fotográfica, que se acopla sin estridencias al personalísimo grafismo del canadiense. Las expresiones faciales, tanto del recio Parker como de los secundarios, los villanos y las hermosas mujeres que lo rodean, son otro punto altísimo. Ojalá todas las adaptaciones de obras literarias fueran la mitad de buenas que esta.
No sé si voy a aguantar a que IDW lance en softcover las otras dos novelas de Parker que adaptó Cooke. Esta me dejó demasiado cebado. Es un trabajo demasiado bueno, una historieta perfecta que recupera la impronta de los clásicos y la moderniza, que toma recursos del comic europeo y los norteamericaniza... una bestialidad, una orgía para cualquier fan del Noveno Arte. No creo que necesitara mi perdón, pero lo perdono a Darwyn Cooke por haber hecho Before Watchmen. Con esta calidad, puede hacer Before Youngblood que también se lo voy a comprar.

domingo, 17 de marzo de 2013

17/ 03: SUPERMAN: KRYPTONITE

Lo único que sabía sobre esta historieta antes de leerla era que había tenido problemas en su serialización (en la efímera revista Superman Confidential), por las demoras que tuvo el dibujante a la hora de entregar el último episodio. Ni idea si estaba buena, si era un choreo, o si era simplemente intrascendente. ¿Por qué me la compré? Porque el guionista es Darwyn Cooke y el dibujante es Tim Sale, dos tipos por los que apuesto ciegamente prácticamente a cualquier proyecto que encaren.
Esta vez la consigna era contar una historia del pasado de Superman, nada menos que su primer encuentro con la kryptonita y su primer contacto posta con la historia, la cultura y el trágico fin del planeta Krypton.
Cooke aclara desde el prólogo que va a hacer trampa a la hora de ceñirse a la continuidad, y efectivamente, la manosea más que a una borracha que está buena, en los reservados de un boliche, un sábado a las 5 AM. Si hojeás la historieta, así, superficialmente, vas a ver al Lex Luthor y a la Lois Lane de la continuidad de Man of Steel, en versiones muy fieles a las desarrolladas por John Byrne y Marv Wolfman. De hecho, hasta nos explican cómo obtiene Luthor la kryptonita para su famoso anillo. Hasta ahí, todo joya. Esto encajaría perfecto entre mediados y fines del primer mes de Superman como residente de Metropolis. Hasta que ves el Krypton que dibuja Tim Sale y a Jor-El con la vinchita y se va todo a la mierda. Ah, no! Perdón! Ya se había ido todo a la mierda al final del cuarto episodio, cuando aparece un robot de Clark Kent que interactúa con Superman y Jimmy Olsen, que se come el engaña-pichanga sin sospechar para nada que ahí había gato (o androide) encerrado! Ese truco berreta, oprobioso y digno de la época de Mort Weisinger no se podría haber hecho nunca en la etapa de Byrne y Wolfman, y sin duda es el punto más flojo de esta saga.
El resto del guión es entre muy bueno y excelente. Cooke entiende perfectamente a los personajes: nos brinda un Superman humano, creíble, vulnerable; una Lois sensual y astuta, un Luthor inescrupuloso e implacable, unos Ma y Pa Kent tiernos y queribles y un Jimmy Olsen con mucha, mucha chapa. El misterio de Tony Gallo, que anima buena parte de la trama, se resuelve de un modo totalmente inesperado: uno cree durante casi toda la obra que el recurso de Cooke de dejarle narrar parte de la historia en primera persona a un cacho de kryptonita es un giro retórico, una prosopopeya arriesgada pero efectiva. Sobre el final, el guionista ofrece un volantazo, una revelación impactante y una resolución insólita (y a la vez emotiva), de esas que cuando el que las firma es Alan Moore, nos quedamos boquiabiertos, atónitos, estupefactos y hablando maravillas durante años. Esta es la primera historia extensa que Cooke escribió para que la dibujara alguien que no fuera él mismo y la verdad es que demostró que no sólo es un crack como dibujante.
Y sí, uno se imagina Kryptonite dibujada por el propio Cooke y se derrite de la emoción. Sin embargo, el trabajo de Tim Sale es magnífico, con dos cosas que quiero destacar. La primera es obvia, y es lo bien que se complementa el trazo del dibujante con los colores del maestro Dave Stewart, el mago del photoshop al que tantas historietas vimos jerarquizar con su paleta. Acá el combo Sale-Stewart se ve afiladísimo en toda la obra, y estalla con sublime majestad en los flashbacks, en esos fragmentos virados a los colores opacos y combinados con el verde fluo de la kryptonita. En segundo lugar, en esta saga Sale se cura de su vicio más espantoso, ese que figura de modo omnipresente, conspicuo y molesto en las historietas que comparte con Jeph Loeb: la doble página con una sóla viñeta, esa especie de poster en la que aparecen una o dos figuras a tamaño gigante y algo parecido a un fondo para rellenar, a veces con bastante texto y a veces sin siquiera esa excusa. Esta vez hay que fumarse una sóla de esas doble splash, en el primer episodio, la primera vez que vemos a Superman en acción. Y en todo el resto de la saga, Sale aparece más contenido, ajustado a grillas más tranquis en las que no puede renunciar nunca a la narrativa para derrapar en el super poster. Pero la verdad que se lo ve muy cómodo tanto en las escenas intimistas como cuando explotan la machaca y la grandilocuencia. La escena de Superman casi ahogado en un río de lava, tratando de emerger de las profundidades de un volcán, es tan memorable como esos primeros planos de Lois, seductora y cautivante como pocas veces, o esas secuencias del crepúsculo en la granja de los Kent.
Si sos fan de Superman, no tengo dudas de que esta saga te va a emocionar. Si sos fan de Cooke o de Sale, también, vas a flashear. Y si no sos fan de ninguno de los tres, no sé si te recomiendo Kryptonite. Lo más probable es que no. Pero la pregunta es, ¿queda algún fan del comic que no sea fan de Darwyn Cooke?

sábado, 2 de marzo de 2013

02/ 03: CATWOMAN Vol.1

La verdad que Catwoman como personaje me interesa poco. Sobre todo cuando alguien decidió que no sea una villana clásica, sino una cuasi-heroína, una mina ambigua, intrépida, pero a la que seduce irrestistiblemente la posibilidad de redimirse y demostrar (o en una de esas, demostrarle a Batman) que a pesar de todo lo que hizo y vivió puede ser una buena persona. Cuanto menos mala es Catwoman, menos me atrae. Pero bueno, con el combo devastador Ed Brubaker en guiones + Darwyn Cooke en dibujos + Mike Allred en tintas, entré como un caballo a esta serie de 2001, en la que el guionista busca redefinir el rol de Catwoman y darle sentido a su impronta de “justiciera que juega por afuera del sistema y no tiene drama en cagarse en las reglas que imponen Batman y la cana de Gotham”.
La saga arranca con Catwoman y Selina Kyle supuestamente muertas y será el veterano Slam Bradley (personaje de cuando los detectives compartían antologías con los encapuchados, allá por fines de los ´30) quien descubra la conexión entre ellas y el paradero de la famosa chorra felina. Son 32 páginas (originalmente serializadas en varios números de Detective Comics) en los que Brubaker está a sus anchas, jugando de local en el hard boiled que tanto ama, con unos bloques de texto y unos diálogos afiladíismos. Y el maestro Cooke acompaña con los mejores dibujos del tomo, bien en la línea que más tarde veremos en sus comics del Spirit. El zarpado dibuja a Batman (que felizmente aparece poco) en el estilo de la serie animada de los ´90 y solo por eso, merece una ovación de pie. Pero realmente no hay una viñeta por abajo de la perfección.
Después viene el primer arco de la serie regular y Cooke ya no es 100% Cooke, sino que lo entinta Allred. Y sigue sin bajar de los 10 puntos, aunque ahora es un poquito menos personal. Ya se nota que tanto la narrativa como el dibujo están pensados para traccionar a la mayor cantidad posible de lectores hacia la revista. De todos modos hay momentos que te quitan el aliento, como la secuencia con la que abre el segundo episodio, esa en la que Selina corre por los techos de Gotham y termina por infiltrarse en los archivos de la policía. Cooke resuelve la machaca con elegancia, se luce en los flashbacks y las secuencias oníricas y pela un traje para Catwoman muy original y muy atractivo, a tal punto que post-reboot sigue usando uno muy similar.
Los guiones de Brubaker se encuentran con un escollo: sin Slam Bradley no hay hard boiled. Se puede poner gangsters, se pueden usar bloques de texto narrados en primera persona por la protagonista, todo bien. Pero no es hard boiled. Y además ese sub-género tiende a una cantidad de escenas de acción muy por debajo de la del comic de superhéroes y acá es imperativo que haya peleas y/o tiroteos en todos los episodios. Y se nota demasiado que lo que más le interesa a Brubaker es lo que le pasa por la cabeza a Catwoman, su vuelta al barrio, sus replanteos, su reencuentro con Holly, su relación con Leslie Thompkins, su telenovela con Batman... El misterio del asesino serial que descuartiza prostitutas está porque no puede no estar y se resuelve de modo... apenas aceptable. Tanto la necesidad de contar una aventura como la de tener machaca en todos los episodios parecen incomodar un poco al guionista, que por suerte tiene la cancha suficiente para no empantarse, ni que se le desplome el relato cada vez que Catwoman tiene que entrar a rebolear patadas.
Claramente estamos ante un intento de hacer comic de autor dentro del mainstream. Algo parecido a lo que vimos con la Batgirl de Kelley Puckett, pero con autores que me ceban más y un personaje que me ceba menos, aunque Brubaker y Cooke se esfuercen por hacerla más humana, más creíble y –sobre todo- menos calientapijas. Así que cuando pueda voy a seguir con esta serie, aunque en los próximos tomos no esté Darwyn Cooke. DC está reeditando toda la etapa de Brubaker en mega-TPBs de muchos números a un precio más que razonable, y hasta metieron en los libros el Secret Files & Origins y la majestuosa novela gráfica Selina´s Big Score, íntegramente a cargo de Cooke (y con Slam Bradley de co-protagonista!). Veremos si banco la colección original de TPBs o si me paso a la nueva edición, aunque me quede repetida la graphic novel.

domingo, 15 de julio de 2012

15/ 07: X-STATIX Vol.2

Tenía bastante abandonada a esta serie, pero bueno, a mí favor puedo decir que no es tan fácil conseguir estos libros.
Este tomo me gustó más que el anterior. Ofrece cinco episodios de la serie regular, una historia corta que salió en una X-Men Unlimited y la miniserie de dos números de Wolverine y Doop. Lo único que no escribe Peter Milligan son las 12 páginas de la X-Men Unlimited e incluso eso está muy bien. El guión lo escriben Mike Allred y Nick Derrington y lo dibuja este último, que no está ni por asomo al nivel de los otros dibujantes que meten mano en este TPB, pero no es horrendo ni mucho menos.
De los cinco numeritos de la serie central, los tres primeros forman una saga titulada The Moons of Venus, con mucho protagonismo para Venus Dee Milo y también para The Orphan, o Mr. Sensitive, o Guy Smith, quien vuelve al grupo después de su intempestiva salida en el tomo anterior. El argumento, una vez más, es perfectamente lineal y el guión está perfectamente ceñido a la fórmula tradicional de comic de superhéroes con grupito de personajes jóvenes. Milligan lima, como ya vimos, por el lado de los poderes de los héroes y villanos. Ese es el espacio que encuentra fértil para cultivar conceptos vanguardistas y arriesgados. Y por supuesto, mete diálogos brillantes, al límite del “nah, me estás jodiendo...”. “Somos un equipo de supehéroes posmodernos! Acá no hay lugar para la valentía!”, exclama en un momento The Anarchist. El mismo personaje tiene unas reflexiones geniales acerca de qué siente un negro machacando a otros negros durante una misión en Africa, y en la mini de Wolverine y Doop hay tantos chistes groseros que podría llenar una reseña entera sólo con eso.
¿Wolverine? ¿En serio? ¿No era que Milligan estaba creando un comic de autor dentro del mainstream? Bancá, que ya lo explico. Aparece bastante el Profesor Xavier, también, pero no hay traiciones. La independencia de esta serie no se negocia nunca. Además de la saguita inicial, hay dos unitarios excelentes: el primero jode a full con la industria cinematográfica y cómo esta toma a los superhéroes para convertirlos en cualquier otra cosa, a años luz de lo que son en las historietas. Y el segundo explora el pasado de U-Go Girl, la integrante del equipo caída en combate en los tomos anteriores. Acá también hay palos letales a Hollywood y un par de secuencias subiditas de tono, muy logradas. Este unitario cuenta con un invitado de lujo, el gran dibujante británico Philip Bond, que hace un trabajo notable.
En los otros cuatro episodios de la serie central lo tenemos al maestro Mike Allred en un gran nivel, como si no le pesara para nada la carga de las 22 páginas mensuales de lápiz y tinta. Allred es la síntesis perfecta entre lo bizarro y lo cool y por supuesto le sienta perfecto a esta serie, que parte de premisas cool y transita todo el tiempo la cornisa de la bizarreada, aunque con la suficiente ironía como para no caerse.
Y nos quedan los dos episodios de Wolverine y Doop, en los que Milligan forma equipo con uno de los mejores historietistas de todos los tiempos, un monstruo al que el talento no le entra en el cuerpo. Me refiero al ídolo canadiense Darwyn Cooke, quien acá deslumbra con sus homenajes a Will Eisner, combinados con una narrativa tipo Jack Kirby y unas minitas que nos recuerdan a Bruce Timm. El guión es una comedia deliciosa y punzante, de nuevo con la participación de un ser paranormal con unos poderes drogadísimos y el protagonismo muy bien repartido entre el petiso de las garras y la bola informe de color verde. No te digo que esas cuarentaipico de páginas valen lo que pagues por tomo el tomo, pero sí que son un cago de risa, repletas de acción, de situaciones desopilantes y obscenamente bien dibujadas por Cooke. Si se hace una vaquita para implantarle otro brazo a Cooke, así dibuja más historietas, cuenten conmigo.
Con Wolverine o sin Wolverine, a pesar de las X grandotas en la tapa y en los emblemas de los personajes, X-Statix avanza por el camino correcto: el del comic con una fuerte impronta autoral, en el que la temática superheroica (y el propio Universo Marvel) están encarados desde una óptica que no tiene nada que ver con ningún otro comic ni de esa época (2003) ni de ninguna otra. Será por eso que animalitos como Milligan, Allred y Cooke dejaron la vida en cada viñeta, cosa que no hubieran hecho sin Marvel los ponía a cargo del enésimo crossover entre 577 títulos mutantes. Pero claro, esto es de la época de Bill Jemas y Joe Quesada, cuando en Marvel había espacio para todo, incluso para los descuelgues experimentales como X-Statix. Hoy, esto no se publicaría ni en pedo, ni en Marvel ni en DC. En Image, por ahí sí.