el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 23 de febrero de 2020

DOMINGO DE DIEZ

Hoy justo se me juntaron para reseñar dos Vol.10 de dos series que vengo siguiendo hace un montón.
Empiezo con el Vol.10 de Oyasumi Punpun, el gran manga de Inio Asano, del que vimos el Vol.9 hace muy poquito. Esto es increíble, de verdad. No estaba preparado para que pasara lo que pasó en este tomo. La vez pasada yo hablaba de “el fantasma de Aiko” y ahora Asano veletea una vez más y convierte a la hermosa jovencita en la co-protagonista definitiva de la obra. Sachi sigue siendo el mejor personaje, obviamente, la que tiene los mejores diálogos, la que está mejor trabajada, mejor escrita. Pero el regreso de Aiko y lo que pasa entre ella y Punpun la deja muy en segundo plano.
El plot del gurú new age lanzado a la política queda bastante más relegado, varios de los personajes que debutaron en el Vol.9 aparecen muy poquito, en apenas un par de secuencias muy menores, sin peso en la trama. Y también en una sóla página, totalmente desenganchada de lo que Asano nos cuenta en este tomo, aparece… ¡el tío Yuichi! Genio y figura, Yuichi es como Juanfer Quintero en River. Un virtuoso, un distinto, eternamente relegado a tener muy pocos minutos en cancha. Ojalá este personajón (que algunos tomos atrás se morfaba la serie) deje de echar raíces en el banco de suplentes y vuelva a recuperar protagonismo.
El propio Punpun sigue también su errática evolución hacia un adulto maduro, todo el tiempo con cambios, replanteos, momentos de bajón, momentos de euforia, momentos de cabeza fría para maquinar, momentos en los que la calentura (en sentido sexual) no lo deja pensar… Imposible no sentirse identificado con algunas de las muchas facetas que nos muestra este personaje, demasiado tridimensional para estar hecho de papel y tinta.
El dibujo es (como siempre) de una calidad inverosímil, fastuosa, con una expresividad notable en rostros y cuerpos, y con la belleza indescriptible de Aiko como punto más fuerte del tomo. Oyasumi Punpun es un manga sin aventuras, casi sin chistes, con mínimos elementos fantásticos a los que apenas se les da bola, con vínculos afectivos demasiado enroscados como para considerarlos “románticos”, y con demasiada introspección para ser un slice of life. No hay un género que englobe o enmarque lo que quiso hacer Inio Asano en este manga. Es todo demasiado idiosincrático, personal, único, imposible de imitar y de encasillar. Me faltan sólo tres tomos para terminarlo, pero vamos a hacer una pausa, así leo otros mangas, y por ahí en Abril retomo esta maravilla.
Vamos con otra serie que llegó a su décimo tomo recopila-
torio: Escuela de Monstruos, el hitazo de El Bruno que apareció durante años en la revista Billiken. Esta vez la aventura tarda muchísimo en arrancar. El Bruno dedica las primeras 18 páginas a repasar los poderes sobrenaturales de cada uno de los chicos-monstruo que integran la pandilla de Tomás, condimentado con algunos chistes, pero sin nada que podamos percibir como un conflicto. La aventura y el conflicto cobrarán relevancia en las 26 páginas restantes, cuando un villano al que ya vimos ponga en marcha un plan para acabar con nuestros amigos. Por supuesto los chicos van a usar con gran ingenio los poderes que El Bruno nos explicó que tenían, y van a salir airosos una vez más.
Lo más atractivo del tomo es que –sin prisa pero sin pausa- El Bruno empieza a indagar un poco más en los inconmensurables poderes de Berta, sin duda el personaje más enigmático, el que puede disparar para cualquier lado. Si Escuela de Monstruos fuera un comic al estilo X-Men, ya te vaticino la saga en la que Berta se va a ver subyugada, poseída por su propio poder, que la va a corromper al punto de cometer un genocidio cósmico. Por suerte las chances de que eso suceda son ínfimas, como las que tengo yo de vencer en combate a diez rugbiers asesinos.
Al igual que Oyasumi Punpun, Escuela de Monstruos nos malacostumbró a un nivel de dibujo buenísimo, sumado a un color perfecto para este tipo de historias y a una narrativa clara, ágil, con secuencias bien armadas, planos muy variados y un cuidado especial para que la violencia se vea más cómica que agresiva. Otro comic sumamente recomendado para leer en 15 minutos y quedar como reyes regalándoselo a hij@s, sobrin@s, ahijad@s o mascotas bípedas.

Nada más, por hoy. A disfrutar de los feriados de lunes y martes y a prestar atención, que en cualquier momento clavo un nuevo posteo, acá en el blog.

viernes, 25 de agosto de 2017

LA FALSA PREVIA

Viernes 11 de la noche, horario en el que generalmente duermo para juntar las pilas que después detono en la trasnoche. Pero mañana muy temprano viajo a la Pergamino ComiCon, así que hoy no hay joda nocturna. Gran momento para redactar las reseñas del material que leí en estos días.
Arranco con una breve glosa del Vol.7 de Escuela de Monstruos, donde El Bruno recurre una vez más a un argumento ya muy remanido: dos personajes se ven transportados por accidente al mundo de los videojuegos, donde corren graves peligros. Si tenés más de… 15 años, esto ya lo leíste varias veces. Pero claro, Escuela de Monstruos apunta a un público sub-12, que seguramente experimentará estas emociones por primera vez y flasheará grosso con las peripecias que viven Tomás y Kuco. Porque además, El Bruno complementa este argumento remanido con buenos chistes, diálogos ingeniosos y algunos avances importantes en el desarrollo de personajes (de pronto, Berta tiene TODA la chapa!). Y por supuesto, el atractivo del dibujo, que sigue a un nivel altísimo. Así que sigo recomendando Escuela de Monstruos a los fans de la historieta infantil de calidad o a los que quieran convertir en adictos a las viñetas a hijos, ahijados, sobrinos o mascotas bípedas.
Salto espacio-temporal a España, año 1983, cuando se publica Dogon, una de las gemas difíciles de encontrar del siempre sorprendente (y lamentablemente ya fallecido) Micharmut. Micharmut fue el más radical, el más salvaje, de los exponentes de la línea clara posmoderna. El tipo tomó toda la impronta de Yves Chaland, Serge Clerc, Daniel Torres, Sento, Michael Cherkas, etc., y le pegó una vuelta de tuerca más, más extrema, más zarpada y más jugada al blanco y negro.
En general, lo más conocido de Micharmut son las historias cortas, breves coqueteos con el delirio, a veces un toque crípticas, pero siempre fascinantes. En Dogon, en cambio, Micharmut ensaya una historia más larga, más respetuosa de un género muy en boga en ese entonces (aventura con espionaje, Guerra Fría, persecuciones, paisajes exóticos, etc.) y construye la trama de manera clara, lineal, con elementos perfectamente presentados y desarrollados. Pero la falta de experiencia en relatos extensos le juega una mala pasada y en la página 28, cuando la historia tiene que terminar por una cuestión de formato, a Micharmut todavía le faltan resolver un montón de puntas. Por eso Dogon se precipita a un no-final abrupto y bastante decepcionante, que no le hace justicia a lo que venía construyendo el autor, ni mucho menos al dibujo, que es sublime de punta a punta del librito.
Y cierro con el Vol.2 de Winter World, la serie regular que produjo hace unos años IDW, cuando reeditó el material clásico (realizado en los ´80 por Chuck Dixon y Jorge Zaffino) y se encontró con un éxito imprevisto. No tengo ni vi nunca el primer TPB de la serie regular, pero leyendo el segundo me puedo imaginar qué les pasó a Scully y Wynn en esos numeritos que no leí.
Acá tenemos tres episodios que componen un arco llamado “The Stranded” y un episodio autoconclusivo que indaga en el pasado de Wynn. La verdad que hay que ser MUY fan de Chuck Dixon para bancarlo en esta. Los argumentos son trillados, la única forma que tiene de darle dinamismo a la historia es sumar personajes (bien presentados, es cierto), la única forma de impactar al lector es a través de la violencia, no se explora nunca cómo el mundo llegó a la situación en la que está… Es pochoclo grim n´gritty disfrazado de aventura para adultos. La historia de Wynn casi no tiene violencia (cuatro o cinco escopetazos, nomás) pero claro, tampoco tiene un conflicto interesante, ni genera ningún tipo de tensión.
Lo bueno que tiene este tomo de Winter World son los dibujantes. En el unitario de Wynn, descolla la bestia asesina de Tommy Lee Edwards, que tiene entre sus fetiches no sólo a Zaffino, sino a varios dibujantes argentinos más (algunas páginas, vistas de lejos, parecen de Horacio Altuna). Y los tres episodios de “The Stranded” los dibuja el virtuoso Tomás Giorello, un distinto, un dotado, un tipo capaz de darle elegancia a la machaca más básica, más ramplona. Giorello tira sombreados y texturas “zaffinescas”, a modo de fan service para los que extrañamos el trazo del ídolo, pero estilísticamente está más cerca de un García López que de Zaffino. Y tiene mucho más presente que después va a meter mano un colorista, en este caso el dignísimo Diego Rodríguez. Hasta ahora no tuvo demasiada suerte con los guionistas, pero para los fans de la aventura realista hoy Giorello está allá arriba, en un nivel impresionante.
No hay más. Me llevo comics para leer en el viaje a Pergamino, así la semana que viene tengo material para reseñar. Hasta entonces.

jueves, 25 de junio de 2015

25/ 06: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.5

Hoy, una reseña cortita, porque ya hablé cuatro veces de esta serie acá en el blog y no es tanto lo que cambia de un tomo a otro.
El principal hallazgo de El Bruno en esta quinta entrega pasa por sacar a los chicos de la escuela y no desplazarlos a otro lugar (como ya hizo otras veces) sino a otra época. Recordemos que esta es una historieta apuntada principalmente al público infantil, recordemos lo que sentimos la primera vez que leímos una historieta en la que los protagonistas viajaban en el tiempo, y ahí tendremos verdadera dimensión de lo flashero que puede ser Escuela de Monstruos para los pibes de 6-7-8 años que la siguen semana a semana en Billiken.
La otra novedad es que en esta aventura, Tomás y sus amigos se enfrentan al villano más jodido desde que empezó la serie. Como siempre, El Bruno se las ingenia para que los malos no lleguen a ser 100% irredimibles, como para no generar miedo o rechazo en los más chicos. Aún así, la revelación acerca de la verdadera identidad del Juez es shockeante y lo que hace después va todavía más allá. Me parece bárbaro. De a poco, se puede llevar esta serie a un terreno más peligroso, donde la aventura no sea un mero pasatiempo, sino donde haya que ganarle a amenazas más serias, con consecuencias más “reales”, siempre dentro del contexto de joda y disparate que sostiene a una idea como esta, no?.
El dibujo está excelente como siempre, el color se ajusta muy bien a los cambios en las locaciones espaciales y temporales (buena la decisión del autor de no iluminar con efectos de velas, antorchas y candelabros las secuencias que transcurren en el Siglo XIX), la narrativa es impecable y cada vez está más logrado el equilibrio entre texto e imagen.
Por supuesto recomiendo muchísimo esta nueva entrega de Escuela de Monstruos a lectores de todas las edades y espero que se anuncie cuanto antes la salida del Vol.6. Ah, otro motivo de festejo: este era el último libro que me quedaba sin leer de los que se editaron en Argentina en 2014. Así que muy pronto vamos a tener acá en el blog reseñas de libros editados este año, entre ellos paponga que huele muy, muy fina.

miércoles, 7 de enero de 2015

07/ 01: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.4

En plenas vacaciones, me mando de nuevo a la escuela creada por El Bruno para la revista Billiken, cuyos recopila-
torios andan muy bien y ya están saliendo de a dos por año, que es lo que reclamaba la hinchada.
Este cuarto tomo rápidamente se convirtió en mi favorito, con un arma infalible: me hizo acordar a varias cosas que me apasionaban en la infancia. Cosas que por ahí, si las veo hoy, me parecen una garcha atómica, o no me mueven un pelo (porque casi no me quedan), pero que en su momento fueron un flash. Esas 10 o 12 páginas en las que los chicos de la escuela de Transilvania compiten en distintas pruebas con los alumnos de la escuela Pantano Negro me hizo acordar mucho a Laff A´Lympics (“Las Olimpiadas de la Risa”, en castellano): las locaciones exóticas, la forma en que se plantean los desafíos, las trampas que hacen los malos para ganar… todo me hizo volver a aquellas tardes de los ´70 en las que uno era pibe, la tele era en blanco y negro y tratábamos de enganchar algún episodio nuevo de Las Olimpiadas… (era difícil, había sólo 24) e hinchar por el equipo de Scooby-Doo.
Después viene la parte del baile, que es brillante. Tiene toda la onda de las películas yankis de escuela secundaria y en pocas páginas derrapa hacia la guerra de pasteles que coronara a tantos episodios inolvidables de Los Tres Chiflados. Lo único que a mí no me cierra, pero que de pibe no me hacía ruido para nada, es el recurso del robot idéntico a Tomás, que a nadie le genera la menor sospecha de que NO es Tomás. Lo vimos en AstroBoy, en el Superman de la Silver Age, en las aventuras de Hijitus… no lo inventó El Bruno. Pero juega bastante con eso y es lo único que no me copa.
Y después viene el partido de futbol, que de inmediato me retrotrajo a aquel memorable match entre animales animados (con árbitro humano) que aparecía en el largometraje Bedknobs and Broomsticks (conocido en los ´70 como “Travesuras de una Bruja”). Nunca vi la película entera, pero el tramo ese del partido lo daban siempre en los cumpleaños, cada vez que en vez de animadoras, payasos o magos había proyecciones de cine. Ahí El Bruno nos regala otras 10 páginas perfectas, con la dosis justa de emoción, de humor, de delirio, y un gran uso de las extrañas habilidades del bizarro elenco de la serie.
En el tramo dedicado al partido aparecen muchas de las poquísimas páginas de siete cuadros que tiene este libro. En casi todo el resto del tomo tenemos páginas de muchas viñetas, pocas veces menos de nueve y muchas veces once o doce. Son muchas las páginas divididas en cuatro tiras, que casi siempre tienen tres cuadros por tira. O sea que hay mucho para leer, no son 44 páginas livianitas de texto. Se habla bastante y, sobre todo, no hay relleno: todo el tiempo pasan cosas y el ritmo no decae nunca.
Del dibujo ya ni hace falta hablar. Estamos frente a un trabajo realmente impresionante por parte de esta bestia nacida en Brasil y fogueada artísticamente en el under porteño. Escuela de Monstruos atrapa con su estética moderna, linda, amistosa, con líneas bien marcadas y colores llamativos, y además con margen para meter (no tan de keruza) algunos elementos y algunos climas bastante oscuros, bastante tétricos para lo que es una historieta para chicos de hasta 9-10 años. Por suerte, El Bruno se sale con la suya y logra filtrar homenajes a películas de terror de distintas épocas sin llegar a un resultado que asuste a los borreguitos que lo leen o –peor aún- a los adultos que eligen qué libros comprarle a los borreguitos.
Si te gustan los comics con una premisa limada, con ambientaciones exóticas, donde la imaginación y la fantasía se llevan puesto lo que le pongas adelante, a fuerza de un humor un toque ingenuo pero para nada pavote, te vas a hacer adicto a Escuela de Monstruos y vas a disfrutar como disfrutan los pibes del monstruoso talento de El Bruno.

miércoles, 13 de agosto de 2014

13/08: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.3

Tercer recopila-
torio de la exitosa historieta que El Bruno publica desde 2009 en las páginas de la revista Billiken. Como sucede con tantas otras obras, este tomo de Escuela de Monstruos no se diferencia mucho de los dos anteriores (ya reseñados en el blog) y no es mucho lo que se puede agregar a lo ya expresado en las reseñas del Vol.1 (18/09/12) y el Vol.2 (15/08/13).
Este tomito también está claramente dividido en una aventura corta (12 páginas) y una más extensa (32 páginas). La primera es una buena idea, ya muy gastada: los padres de Tomás vienen a visitar la escuela y hay
que inventar algo para que no se den cuenta de que los compañeros y maestros de su hijo son monstruos posta. El resultado es una comedia de enredos simpática, efectiva, pero muy predecible.
La segunda aventura es un poco más ambiciosa, incorpora flashbacks al remoto origen del castillo donde funciona la escuela, trae de regreso al villano del Vol.2 y en la segunda mitad, reparte mejor el protagonismo entre Tomás y el resto del elenco.
Como siempre, se destaca por sobre todo el ritmo, la gran fluidez del relato y la magia de El Bruno a la hora de dibujar todos los disparates que se le ocurren. Esto está, ante todo, obscenamente bien dibujado por un tipo que maneja a la perfección el lenguaje del comic, las expresiones de los personajes, la composición de las viñetas y las páginas y todo sin descuidar esa frescura, esa liviandad (en el buen sentido de la palabra) que tiene que tener una historieta apuntada al público infantil. El Bruno quizás no lo sepa, pero con Escuela de Monstruos está haciendo historia, está dejando un hito muy grosso en la historia de la historieta para chicos, no sólo por la repercusión que tiene, sino por la gran calidad de su trabajo, que se sostiene y se incrementa semana a semana hace ya más de cinco años.
Y aprovecho que la reseña quedó corta para contarte que el blog entra en receso hasta el lunes 18, ya que jueves, viernes, sábado y domingo voy a estar 100% absorbido por Crack Bang Boom, el gran evento comiquero que todos los años nos lleva hasta Rosario para pasarla bomba. Si vas, dos cosas: 1) pasá por mi stand a saludar y 2) no te pierdas el domingo a las 17 hs la charla en la que vamos a contar absolutamente todo lo que querés saber sobre la segunda edición de Comicópolis, para la cual ya falta poquísimo.
El lunes feriado, entonces, se viene una reseña desde Rosario y el martes 19 ya retomamos normalmente desde Buenos Aires. Gracias a los amigos rosarinos por el espacio que siempre nos brindan en el evento, sorry a los que vienen muy cebados con el blog por los faltazos que se vienen, y gracias a todos por el aguante de siempre.

jueves, 15 de agosto de 2013

15/ 08: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.2

Me encanta que haya salido el Vol.2 de esta serie, y a la vez es medio choto, porque todo lo que tenía para decir de la misma lo dije en la reseña del Vol.1, publicada el 18/09/12.
De las dos aventuras que propone El Bruno en este tomo, me pareció brillante la segunda, la de la plaga zombie en la escuela, y no tan inspirada la primera, la del campamento de la muerte. Por supuesto en las dos hay muchas escenas cómicas y un ritmo hipnótico, que para los chiquitos que leen esto en Billiken debe ser flashero, a full. Dentro de ese contexto, la segunda aventura aporta, además, una trama lineal pero sumamente atrapante, con giros impredecibles y explicaciones (casi) coherentes para todo lo que sucede. Lo mejor de las dos historias es que el protagonismo no recae para nada en Tomás, sino que está muy bien repartido entre muchos (innumerables) personajes a los que El Bruno trabaja con onda, cariño y talento.
Como en el tomo anterior, el principal atractivo, lo que hace irresistible a Escuela de Monstruos, es el dibujo de El Bruno, que se mata en cada viñeta, en cada fondo, en cada expresión de los personajes. Hay páginas con muchos cuadros y en todos, por chiquitos que sean, se lucen el espectacular diseño de personajes, la composición perfecta y el notable manejo del color que convirtieron a El Bruno en un dibujante fundamental para entender la historieta infantil argentina, no de hoy, sino de todos los tiempos.
Repito la crítica de la vez pasada: le falta una vueltita más a los diálogos. No pido diálogos crípticos ni rebuscados, porque está clarísimo que esto lo leen chicos chiquitos, que recién conectan con la historieta. Pero estaría bueno que los diálogos fueran menos obvios, que explicaran menos lo que sucede y redundaran menos en lo que el dibujo nos muestra con total claridad.
El resto, realmente impecable. Si tenés hijos, sobrinos, ahijados o mascotas bípedas menores de 10 años con las que quieras tener un gesto copado, no lo dudes. Regalales Escuela de Monstruos y te van a amar para siempre. De paso subís enormemente las chances de que los chicos se ceben con la lectura de comics y se pasen al lado oscuro de la pasión viñeteril. Y si además si te sobran 20 minutitos, lo leés vos también y te divertís un buen rato.

martes, 18 de septiembre de 2012

18/ 09: ESCUELA DE MONSTRUOS Vol.1

El periplo hacia la consagra-
ción de El Bruno fue bastante raro: empezó (como casi todos) en el under, de ahí pasó a trabajar para editoriales de Ingla-
terra, y finalmente en 2009 hizo pie en el mercado argentino, cuando debutó en la revista Billiken, a la que prácticamente le cambió la cara con sus portadas y con la historieta que hoy nos ocupa.
Escuela de Monstruos tiene un “problema”: se le nota demasiado la pasta de hitazo. Es un concepto tan ganchero, tan atractivo, tan comercial, que es increíble que a nadie se le haya ocurrido antes que a Mauro Serafini (que así se llama El Bruno). Es algo que lo ves y automáticamente decís “No puede fallar”. Incluso con un dibujante mediocre, incluso sin lograr un equilibrio razonable entre la aventura y el humor, la idea detrás de Escuela de Monstruos es absolutamente insumergible. Después, se puede plasmar mejor o peor, pero siempre partiendo de la base de que el éxito está garantizado por la fuerza de la idea.
Felizmente, la idea está MUY bien plasmada por El Bruno. Los personajes están bien delineados, bien elegidos. Las situaciones son cómicas y originales, llenas de elementos que nunca habían aparecido en otras historietas infantiles. Cada tanto Tomás y sus compañeros viven aventuras hechas y derechas, con peligros y emociones fuertes, aunque sin descuidar el clima festivo. Por ahí falta ajustar un poquito los diálogos, desacartonarlos, o hacerlos más ingeniosos, no sé. Darles una vueltita más, que los haga más importantes en el combo de la serie.
Lo más atractivo es el contraste entre –por un lado- una estética limpita, redondita, re de Cartoon Network, ideal para contar historias livianitas, centradas en el humor; y por el otro, una ambientación lúgubre, donde priman los castillos desolados, los cementerios, las catacumbas y las cocinas infestadas de cucarachas. El Bruno le saca muy buen jugo a estos dos polos opuestos y logra una historieta repleta de los tópicos del terror, pero que no tiene en ningún momento la intención de asustar a los chicos que la consumen.
No quiero contar mucho más de los argumentos. Me quedo con las maravillas del dibujo, que son muchísimas. Y con las ganas de que el próximo tomo recopilatorio traiga más páginas! Este tiene sólo 44 páginas de historieta, mientras que El Bruno produce más de 100 por año. Si pensamos que la serie arrancó a principios de 2009, ya estamos unos seis tomos atrás de lo que leyeron semana a semana los chicos que compran la Billiken. Es un poco mucho, sobre todo por la cantidad de fans de la historieta que no leemos la Billiken pero queremos tener cualquier cosa escrita y dibujada por El Bruno, un monstruo de (poca) carne y hueso que supo ganarse una cuantiosa legión de fans. La próxima vez que le reces a Cthulhu, pedile que salga pronto el Vol.2 de esta serie. Mentile, decile que la querés para regalársela a tu sobrinito, a tu hijito, o al hijo de algún amigo...