el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 11 de febrero de 2010

11/ 02: WHAT A WONDERFUL WORLD! Vol.2


Antes de que decrezca el tsunami de cebamiento generado por la reseña del primer tomo, me zambullo en el segundo tomo de esta increíble colección de historias cortas del imparable Inio Asano.
No quiero ser reiterativo y volver a ponderar el dibujo, ni volver a subrayar cómo acá aparecen muchas de las puntas que después Asano retoma en su obra maestra, Solanin. Pero seguro esas son las dos primeras cosas que me vienen a la mente al leer este tomo.
También la forma en que, en una sóla de las historietas, Asano se mete con el realismo mágico (o en realidad con los shinigamis), en un comic con una sutileza y una belleza que haría morir de envidia al mismísimo Neil Gaiman. En todas las demás historias, la realidad le gana a la magia por goleada. Todas giran en torno a problemas tan reales como los que podemos tener cualquiera de nosotros.
Entre todas las secuencias que propone este segundo tomo (algunas hilvanadas por sitios que se repiten, o por un perro vagabundo que interactúa con personajes de distintas historias), las tres que más me pegaron vienen una atrás de otra: Sandcastle habla lo fugaz que puede ser la amistad entre chicas de la primaria cuando pasan a la secundaria y la sociedad les empieza a exigir que careteen cada vez más. Good Night nos cuenta la exasperante historia del coordinador de una revista porno de la B Metropolitana, presionado al límite por las fechas de entrega y su responsabilidad para con su mujer y su hijita. The Moon & Fish Cakes narra el emotivo contrapunto entre dos hermanos cocineros que se reencuentran luego de 30 años distanciados, y no precisamente para hacer las paces, sino para pasarse facturas muy heavies. Ninguna de las tres historias tiene un final feliz, pero son las tres gemas más brillantes del libro.
La de los cocineros es, además, la única secuencia protagonizada por gente mayor. El resto, como es costumbre en la obra de Asano, va para el lado de los Jóvenes a la Deriva, ese subgénero del slice of life que tanto aparece en el cine argentino. Otro rasgo interesante es que Asano empieza a definir sus propios tics narrativos. El más evidente es el uso de viñetas horizontales que van de punta a punta de la página (tipo widescreen). Las usa casi siempre para mostrar detalles (manos, ojos, zapatillas), pero también para planos más generales. Y el otro truco es el de agrupar los pensamientos de los personajes en viñetas con fondo negro y letras blancas, intercaladas con las viñetas dibujadas. La introspección, entonces, no se “ve” en bloques de texto clavados dentro de las viñetas convencionales, sino que aparece en viñetas aparte, en las que sólo hay texto.
Y empiezo a leer otro mensaje en los comics de Asano, además de lo de jugarse por los sueños. Me parece que también nos trata de decir que la vida es más soportable si no te la tomás a la tremenda. ¿Perdiste un año de tu vida sin laburar ni estudiar? Y bueno, es sólo eso: un año. ¿Sabés todos los años que van a venir después de ese?. ¿Tu novia te pateó a la mierda? Y bueno, era una novia, no más. Ya vendrán otras. ¿Tu jefe te tiene las bolas al plato? Mandalo a freir churros, ya vas a conseguir otro laburo mejor. Timbeá, y si perdés, no es tan grave. Los que realmente te quieren van a estar ahí para bancarte.
Una vez más, What a Wonderful World! nos invita a meternos en un mundo de sensaciones. Desde el obvio placer que produce ver más de 200 páginas dibujadas como los fuckin´dioses, hasta la identificación con los personajes (“Wow, esta pendeja se manda las mismas cagadas que mi hermana!”), hasta emociones más profundas que tienen que ver con la nostalgia, el amor, la compasión, el compromiso, los huevos para defender las convicciones, las ganas de que te den una segunda oportunidad… Todo eso late en estos maravillosos mangas de Inio Asano, cuya edición yanki (a cargo de Viz) es realmente excelente. ¿No es fácil de conseguir? No importa, vale cualquier esfuerzo que hagas por obtenerla. Incluso sumergirte en una catacumba de narcoterroristas peruanos que esconden los comics en un rincón herrumbroso junto al Santo Grial, el pibe que tiró la bengala y las manos de Perón.

martes, 2 de febrero de 2010

02/ 02: WHAT A WONDERFUL WORLD! Vol.1


Realmente no sé cuánta gente se puede llegar a sorprender si digo que Inio Asano es un genio y además el mangaka más interesante de los surgidos en lo que va del milenio, principalmente porque nadie lo edita en castellano, y andá a saber cuántos somos los que nos tomamos la molestia de leer manga en inglés… Lo que me parece más probable es que un amplio porcentaje de los que sí leen manga en inglés ya lo hayan descubierto gracias a su seminal novela gráfica Solanin, una joya de esas que aparecen muy de vez en cuando y extienden los límites del comic hasta donde uno no se imaginaba que podría llegar.
Inio Asano todavía no cumplió 30 años, y hace menos de 10 que trabaja profesionalmente. Pocos tipos llegan a esa edad con un Solanin bajo el brazo y lo mejor que tiene What a Wonderful World! es que fue realizada justo antes, y se puede entender como el entrenamiento, la pretemporada, la etapa en la que el autor se tunea para después salir a matar con Solanin. Los temas son básicamente los mismos y el dibujo está apenas un pasito por debajo de lo que vimos en el magnum opus de Asano.
Vamos primero con los temas. Seguramente viste alguna vez alguna película argentina de esas en las que hay chicos y chicas que terminaron el secundario y se dedican a vagar por la ciudad, sin decidirse entre la facultad, un laburo careta, la banda de rock con los amigos, o emigrar a España a ver qué onda allá. En general los guiones son anodinos, los personajes unos retrasados mentales incapaces de cualquier esfuerzo mayor que el que se requiere para encararse a la vecinita que está buena, y las películas naufragan entre océanos de cerveza tomada en el banco de la plaza o el cordón de la vereda. Para mí sorpresa, Asano se mete de lleno en este infausto subgénero del slice of life (al que yo llamo “Jóvenes a la Deriva”) y lo eleva a fuerza de un talento incontenible. Los personajes de Asano son casi todos jóvenes de veintipocos, con problemas parecidos a los argentinos (el laburo de mierda que paga dos mangos, el garrón que significa separarse de una pareja con la que compartías los gastos, el enorme riesgo que supone dedicarse a lo que a uno le gusta en vez de ir a decir “si señor” a una oficina o a la ferretería de papá, etc.), sumados a algunos problemas mucho más japoneses, como la enorme presión que sienten los chicos para entrar –exámenes jodidísimos mediante- a las universidades prestigiosas, y la enorme decepción de los padres cuando no lo logran y se condenan de por vida a laburos de mierda o, a veces, a la marginalidad.
Con todo eso, Asano arma un ovillo y se pone a tejer historias chiquitas, urbanas, 100% reales, que se entrelazan sutilmente y que se enriquecen además con los sueños de los personajes, tanto en un sentido onírico como de idealismo utópico. Cuando la mediocridad cotidiana se los está por tragar a modo de pantano insaciable, los chicos y chicas de Asano se aferran a un sueño. A veces maravilloso, a veces alocado o violento, a veces incluso con finales tristísimos. Pero el mensaje es que se puede. Que si no te cagás en tus sueños, ni en los que creen en ellos, te espera una vida mejor. También hay historias con más mala leche (la brillante White Star, Black Star) o en las que se cuela algún género más asociado a la ficción (la cuasi-policial The Bear from the Forest, otra gema).
Como dibujante, lo de Asano ya es escandaloso. Hace quedar a todos los demás como pibes de la cuarta que comen banco de suplentes en un club de la C. No sólo maneja a la perfección anatomía, perspectiva, ambientación (esos subteeeessss!), ritmo, puesta en página, tramas mecánicas, expresiones faciales. También se mata para que TODOS los personajes sean distintos y a la vez creíbles. Hay chicos altos, petisos, gorditos, chicas medio narigonas o boconas, chicos con anteojos, con rastas, con rulos, con calvicie incipiente, chicas casi sin tetas, otras con un poquito más, ninguna con esas sandías que les dibujan en los shonen para pajeros, chicos que se visten tipo grunge, punk, dark, alternativo, cheto, lo que quieras. Acá nada es homogéneo, no hay estereotipos repetidos, cada uno de esos pibes tiene su propia identidad y se nota con sólo mirarlos.
Más adelante, prometo leer y comentar un segundo tomo de historias cortas de Inio Asano, pero por ahora me conformo con que mucha gente que por ahí no lo ubicaba lo descubra y trate de conseguir sus mangas. Este pibe es un auténtico capo, sin nada que envidiarle a ninguno de los grossos de verdad. Y sumergirse en su mundo de jóvenes a la deriva garpa, a morir.