el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 10 de mayo de 2014

10/ 05: HIRAM LOWATT & PLACIDO Vol.2

Segunda y última aventura de esta peculiar dupla, creada por otra dupla que no se queda atrás: David B. es el guionista y Christophe Blain es el dibujante de estas 56 páginas que –una vez más- nos proponen llevarnos a una región medio agreste y bastante salvaje de los EEUU de fines del Siglo XIX.
Esta vez, David B. acierta al bajarle el nivel al delirio. En el tomo anterior, el verosímil se hacía añicos rápidamente, cuando Hiram Lowatt y Placido debían vérselas con una revuelta liderada por... objetos que cobraban vida y raciocinio, algo a priori bastante insostenible. Para esta segunda aventura, el guionista vuelve a optar por un clima espeso, enrarecido, pero esta vez el peligro es mucho más real y más creíble. La aventura gana en tensión, todo el tiempo está la sensación de que los protagonistas la van a pasar muy mal, y de hecho viven peripecias realmente al límite. Les Ogres (que así se titula la historia) supera a su antecesora en intensidad y se anima a darle un rol más activo al atildado Lowatt y su compañero, que ya no parecen meros testigos, sino que se ven profundamente involucrados en una trama vibrante, densa, por momentos muy shockeante por el nivel de las atrocidades que David B. le hace cometer a los malos.
Este guión habría sido sublime, una verdadera joya del terror fino, con vuelo poético, si Blain lo hubiese dibujado en el estilo del Vol.1, es decir, pensado para color directo y trabajado con esas técnicas pictóricas alucinantes que vimos en la primera saga. En este segundo álbum, sin embargo, Blain se inclina por un trabajo más tradicional, en el que entrega los lápices entintados para que los coloree Walter (el siempre eficaz colorista de los primeros álbumes de La Mazmorra, entre otros hitazos). El resultado es excelente, porque Blain es un capo en todos los estilos y todas las estéticas. Acá lo vemos más cerca de sus trabajos más conocidos, como Isaac le Pirate o Gus, o incluso sus tomos de La Mazmorra. Es ese claroscuro fuerte, con amplias masas de negro y una infinidad de trazos finitos de plumín que aportan texturas, detalles y efectos de iluminacióny que queda perfecto con un color plano, sin volúmenes.
Para tratarse de un comic francés, Les Ogres tiene una narrativa muy yanki: cero páginas de 10 u 11 cuadros, muchas páginas de 9 cuadros con la grilla de Watchmen, muchos primeros planos y planos americanos, escenas a contraluz resueltas con siluetas, poco texto en cada viñeta... Todas decisiones que tienen que ver con darle un ritmo trepidante a una aventura repleta de acción, violencia y gore a niveles poco frecuentes en el comic europeo.
El primer libro de Hiram Lowatt y Placido me había gustado mucho, pero este me resultó mucho mejor. Si te copás con una historieta de género fuerte y atípica, esta aventura que proponen David B. y Christophe Blain te va a hacer pasar un excelente momento.

jueves, 1 de mayo de 2014

01/ 05: HIRAM LOWATT & PLACIDO Vol.1

Como en Abril laburé sólo medio mes con la distribución, no me parece que las cifras de venta sea significativas como para publicarlas. Va a tener más sentido hacer los primeros días de Junio un ranking de Abril + Mayo. Y de paso, tenemos una reseña más de comics, que de eso se trata este blog.
Hiram Lowatt & Placido es una serie de los ´90, de la que sólo se realizaron dos álbumes. Una pena, porque tenía un equipo creativo descomunal: guiones de David B. y dibujos de Christophe Blain, dos nombres de recontra-lujo. Y por suerte se trataba de episodios autoconclusivos, o sea que cuando la serie se cortó, no quedaron historias colgadas con cabos sueltos, como pasó con el team-up entre David B. y Joann Sfar que vimos hace poco. Las aventuras de Hiram Lowatt y Placido están ambientadas en el Lejano Oeste en 1880, poco después del triunfo de las fuerzas del Norte por sobre las del Sur, en una región bastante inhóspita, en la que los pueblitos de los cowboys se ven frecuentemente asolados por los ataques de los comanches. Hiram Lowatt es un intelectual, un prestigioso periodista e investigador de Providence, al que acompaña su guardaespaldas/ confidente Placido, un aborigen piel roja que no habla pero actúa cada vez que hay que salvar las papas.
Dentro de ese contexto, los guiones de David B. se juegan a introducir elementos fantásticos muy idos al carajo, de los que rara vez vimos integrarse a los clásicos relatos del Oeste. Esta vez, además de la amenaza de los indios, los habitantes de Goliado, Texas, tendrán que vérselas con la insurrección de... los objetos inanimados! Tenedores, sogas, sillas, durmientes de las vías del tren, postes y herramientas cobrarán vida, habla y raciocinio y se organizarán para combatir a sus propietarios, sin importrarles que sean blancos o pieles rojas. Vos me dirás “Ah, es una historieta cómica...”. No. Esto está contado en serio, presentado por David B. con un tono dramático, grave, con consecuencias jodidas y cero clima de delirio o bizarreada. Hiram Lowatt, caracterizado como un tipo excesivamente racional, enfrentará a la sublevación de los objetos desde la lógica, partiendo de la comprensión de cómo y por qué estos adquirieron la facultad de moverse y pensar por sí mismos. Frente a la extraña amenaza, el resto de los blancos quedarán como tipos muy precarios, muy limitados, tan oscurantistas como los indios, aunque decididamente más violentos.
A lo largo de las 56 páginas del tomo, la historia nos lleva de modo gradual y a la vez muy coherente hacia el combate a tres puntas, un todos contra todos entre blancos, comanches y objetos, donde no hay cabida para las treguas ni para las alianzas. Lowatt y Placido serán los únicos partícipes de estos sucesos con la mente fría como para evaluar lo que está pasando y buscar la forma de ponerle fin a la masacre, que arranca unas 11 ó 12 páginas antes del final y termina un par de páginas antes del mismo.
Todo este clima trágico, misterioso, contaminado por un misticismo oscuro y ominoso, está plasmado a la perfección por el arte de Blain, que acá sorprende con un trabajo realmente consagratorio. No sólo está todo obscenamente bien dibujado, no sólo está cuidadísima la narrativa, no sólo el grafismo de Blain evoca con elegancia y personalidad la sordidez y la mugre en la que vivían estos hombres y mujeres. También está el color y es un color aplicado con técnicas pictóricas, un color que realza la belleza del dibujo, que le da volumen, texturas, fuerza. Blain es un monstruo en blanco y negro y siempre se entendió bien con los coloristas con los que le tocó trabajar. Pero acá ensaya algo totalmente distinto, por ahí más para el lado de Lorenzo Mattotti, y logra darle a esta historia violenta, por momentos casi grotesca, un vuelo poético y una calidad plástica que la ponen entre las obras más perfectas (por lo menos en cuanto al dibujo) de este genio del comic francés.
Si querés descubrir una aventura totalmente atípica, salpicada con algunos de los clásicos clichés del western, con un guión raro pero no críptico y unos dibujos que te van a obligar a cambiarte varias veces la ropa interior, salí a cabalgar por Texas con Hiram Lowatt y Placido. Te aseguro que va a ser una experiencia definitiva. Ah, antes de que alguno pregunte: esto está editado en castellano por Norma, así que –previa entrega de una cuantiosa fortuna, equivalente al presupuesto anual de varias provincias y algún club de futbol- se debe poder adquirir sin mayores inconvenientes. Prometo para este mes la reseña del segundo y último tomo de esta extraña gema en las coronas de los inmensos Christophe Blain y David B.