el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 1 de enero de 2026

DECIMOSÉPTIMA TEMPORADA

Sí, así como lo oyen/ leen. Acaba de empezar el 17º año en el que existe este blog. Veremos hasta dónde llegamos, pero creo que con el material que tengo comprado y sin leer, me alcanza como para que no falten reseñas a lo largo de todo el 2026... lo cual no significa que vaya a dejar de comprar libros nuevos... Gracias a tod@s por estar ahí un año más, y vamos con las primeras reseñas del año. Romeo Muerto es un libro que yo jamás me hubiera comprado, porque me ahuyenta el tamaño gigante (más grande que un Treasury de DC, por ejemplo), las tapas duras y el papel innecesariamente grueso y cheto. Pero un amigo que conoce mi devoción por Santiago Sequeiros tuvo el acierto de regalármelo. Adentro me encontré con más de 70 páginas de una historieta imposible de explicar. La puesta en página no es demasiado experimental. El dibujo, si leíste bastante José Muñoz, el Sin City de Frank Miller y algo del Ted McKeever más zarpado, te va a resultar extremo, pero no impenetrable. Vas a enloquecer con el tratamiento de la mancha negra, con el uso del pincel seco, con esos sutiles toques de esfumados (en medio de un contexto visual totalmente marcado por el claroscuro) que no sabés si están hechos con stencil... y en algún momento vas a dejar de tratar de entender cómo Sequeiros hace lo que hace, porque vas a estar totalmente absorbido por este mundo crepuscular y esperpéntico, monstruoso e hiper-sexualizado. Y con el guion pasa algo parecido: lo empezás a disfrutar cuando dejás de intentar entenderlo. Romeo Muerto es una ensalada de cosas, un vertedero al que Sequeiros arroja ideas y personajes que había creado en los´90, como la ciudad de Mala Pena, Ambigú, Nostromo Quebranto y otras que seguro no identifiqué porque hace mil que no releo las obras noventosas de este monstruo. De esa mezcla, y de la contaminación propia de las atmósferas oscuras que le gustan al autor, sale una cosa espesa, provocativa, críptica y muy, muy bella. Me hizo acordar (salvando las distancias) a las mejores letras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: hay algo en esa poesía que nos interpela y nos intoxica incluso sin entender totalmente su significado, y hay algo que nos dice "es mejor así, si te lo explico pierde buena parte de la gracia". La poesía tiene esa ventaja: no necesita ser entendida para ser apreciada. Y en Romeo Muerto tenemos, por un lado, maravillosos dibujos, de altísimo impacto visual, y por el otro, textos que alcanzan un vuelo poético magistral. La onda es disfrutar de ambas cosas, y no esperar que se ensamblen, que los textos nos aclaren lo que resulta ambiguo en el dibujo, o al revés. No es lo normal, ya lo sé. Pero este libro te blanquea desde el formato, desde la ilustración de la portada, que lo que vas a leer no es un comic normal. La estética de Sequeiros no es normal, la forma de plantear un relato con tintes policiales no es normal, la forma de introducir los elementos sexuales (que tienen bastante peso en la "trama") tampoco. Si hay un comic que no es para cualquier tipo de lector, es Romeo Muerto. Ni siquiera es un buen punto de entrada para el universo de Sequeiros, porque se disfruta más si conocés las obras más antiguas del autor. Esto es bizarro, retorcido, medio alienígena y -si sintonizás la onda de Sequeiros- totalmente cautivante. Sin dudas lo más raro que leí de este magnífico autor español que, por pura casualidad, nació en Buenos Aires.
Y ya que estamos en Buenos Aires, nos vamos a recorrer un poco el conurbano de la mano del maestro Rafael Curci. Misterios Conurbánicos no es exactamente una antología de historietas, sino un libro que aborda precisamente esa temática, y que incluye varias historietas muy cortitas. Curci se propone indagar en aspectos extraños, paranormales e inexplicables del Conurba, una especie de versión muy local del mítico Big Book of the Unexplained. Buena parte del atractivo del libro está en los textos, artículos en los que Curci expone muchísima información, fruto de varios años de investigar estos fenómenos, y además están las historietas. En ellas, Curci trabaja con distintos dibujantes (si alguna vez leíste Mikilo sabés que no le cuesta nada formar equipo con grandes maestros del lápiz) y mezcla distintos planos de realidad. En las historietas (que lo tienen como protagonista), todas las bizarreadas son reales, aparecen celebridades como Pedro Saborido y Jorge Luis Borges, y conviven con personajes de ficción como (los obvios) Mikilo y Adolfo y Yilé, la creación de Matías Muzzillo que vimos por acá el 04/12/22. Todas estas criaturas, leyendas urbanas, bichos y fantasmas, son tan reales como el propio Rafael. Como son muy breves, a veces los argumentos de las historietas no trascienden la mera anécdota, o el chiste largo. Pero por suerte todas cuentan con dibujos más que eficaces. La primera nos trae de vuelta al malogrado Marcelo Basile, que la rompe dibujando a Mikilo y Adolfo. Gracias a la segunda conocí a un dibujante al que no tenía en el radar, Javier Mattano, muy hábil en el estilo realista. Las cuatro páginas de Muzzillo no se ven tan inspiradas como los mejores momentos de Yilé, pero tampoco están mal. Como en cualquier antología en la que lo inviten a participar, Carlos Dearmas hace que todos sus colegas parezcan principiantes, o chantas sin ganas de laburar. Sin dudas, sus cuatro páginas son las mejor dibujadas de todo el libro. Dos habituales colaboradores de Curci como son Sergio Ibáñez y Tomás Coggiola hacen muy bien su trabajo y entregan páginas más que competentes. Incluso la historieta que menos me gustó (dibujada por Elmo Rocko en un estilo tributario del recordado Walther Taborda) se la banca. Y dejo para el final a los dos bichos raros, a los que más se alejan de la estética tradicional del comic de aventuras: Edu Molina, se zarpa con un trabajo brillante con las tramas mecánicas (que combina a la perfección con su habitual y bestial dominio del claroscuro), mientras que Diego Rey también combina tramas con otras técnicas de entintado para darnos las mejores cinco páginas que dibujó en su vida (o por lo menos que yo haya leído). En total, las historietas ocupan menos de la mitad de Misterios Conurbánicos, por eso entiendo que no a todo fan del comic le interese comprar el libro, leerlo y guardarlo. El gran gancho es la temática, la investigación que realizó Curci acerca de toda esa mitología que habita las márgenes de la cultura conurbánica, y si te interesa ese tema, no tengo dudas de que vas a disfrutar un montón el libro, más allá de la calidad de las historietas, que -en promedio- es muy convincente. Nada más, por hoy. Ah, sí. El otro día me olvidé de mencionar que ya está disponible el devastador nº12 de Comiqueando Digital, con 364 páginas de artículos inéditos y los QR para acceder a un video especial y un podcast especial. Ahí hay alto material para leer durante unas cuantas semanas, con notas completísimas y para todos los gustos. Se puede descargar por muy poquita plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a nosotros nos ayuda un montón para seguir creciendo. Gracias a tod@s l@s que ya la descargaron y l@s que no, media pila. Que tengan un excelente 2026, con muchas y muy buenas lecturas.

sábado, 31 de diciembre de 2022

TRES Y HASTA 2023

Y bueno, no llegué a bajarme todo el pilón de historieta argentina publicada en 2022 antes de fin de año, pero avancé muchísimo. Hoy cerramos este décimo tercer año del blog con tres reseñas más, y a partir del próximo posteo, volvemos al mix esquizofrénico con historietas de todos los países. Empiezo con la antología Kebondi!: ¡Somos Nosotros!, coordinada por Ricardo De Luca y Darío Brabo. Acá me encontré con unas cuantas historias cortas escritas por Sebastián Rizzo, con distintos dibujantes. El guion que más me impactó es el de una historieta que ya había leído la semana pasada en Historieta Revólver, y la mejor equilibrada entre guion y dibujo me pareció "9 Meses", donde Rizzo forma equipo con un inspiradísimo Maco Pacheco. También me gustó mucho el dibujo de Luciano Bradley en "Más allá de la memoria", el dibujo de Darío Reyes en "El Ratón" y el de Darío Brabo en "Límites". El prolífico Brabo también dibuja una historieta de Martín Sarlo que está entre las mejores del libro: "Nica" se mete con el tema del abuso intrafamiliar y si bien resuelve el conflicto por el lado de la machaca ultra-violenta entre buenos y malos, me resultó atrapante y satisfactoria. Después me encontré con mucho material bastante flojo, historias donde o bien los guiones o bien los dibujos o incluso ambas cosas me resultaron precarios o (en el mejor e los casos) no me llamaron para nada la atención. Lógica consecuencia (digo yo) de armar una antología de tantas páginas "a la gorra", con el material que los autores amigos tienen ya hecho y aportan de onda con tal de verlo publicado en un libro. Una curaduría más estricta del material seguramente dejaría afuera a varios de estos amigos/ colaboradores y bueno, De Luca y Brabo prefieren darle espacio a los amigos que laburan de onda, aunque eso signifique incluir en Kebondi! material que ya apareció en otras antologías, o que queda bastante por debajo de la media de lo que se ve normalmente cuando uno compra un libro de autores argentinos. Como diría Miguel Ángel Russo "son decisiones".
Después de recopilar en libros todo el material clásico de Mikilo, la editorial Comic.ar se lanzó a producir una saga 100% nueva del mítico personaje, escrita por su creador, el maestro Rafael Curci (argentino radicado en Brasil) y con dibujo y color de Marcelo Basile. A lo largo de 64 páginas, los autores traen de vuelta al antropólogo Adolfo Sosa (ahora unos 15-20 años más viejo que la última vez que lo vimos) y a su hermano, la criatura sobrenatural conocida como Mikilo, para una nueva aventura que los lleva al Valle de la Luna, en la provincia de San Juan. Se trata de un relato dinámico, que tarda en decantar para el lado de la machaca, en el que Curci se toma su tiempo para explorar y describir los elementos misteriosos que hacen necesaria la intervención de Mikilo. Sutilmente baja una línea ecologista, y algunos datos acerca de la fauna, la flora y la riquísima historia de esa región de nuestro país, pero sin caer en un tono didáctico. ¿Qué le falta al guion? Un poquito más de desarrollo de personajes: en casi toda la saga Mikilo y Adolfo son testigos de lo que pasa, sus acciones no modifican el curso de la acción, pero además se indaga poco en sus personalidades y sus motivaciones. Para la próxima yo reforzaría ese costado. Y sigo esperando esa aventura en la que el misterio sobrenatural que plantea Curci se resuelva al estilo Scooby-Doo: no era un monstruo, no era un fantasma, no era una criatura de la mitología criolla, era un tipo común, ambicioso e inescrupuloso, con un plan maestro para engañar giles en beneficio propio. En cuanto al apartado gráfico, esta es -lejos- la aventura mejor dibujada de toda la historia de Mikilo. No solo me lo encuentro a Basile afiladísimo en el dibujo y la narrativa, sino que además el agregado del color lo potencia al infinito y más allá. En general no resulta tan fácil colorear a los dibujantes que vienen del palo del claroscuro, pero Basile encontró la forma y nos ofrece un trabajo de coloreado realmente fabuloso. El Último Malón nos ofrece unos climas hermosos, una paleta sutil, variada, muy bien pensada para complementar al dibujo que se ve sólido, expresivo y 100% puesto en función del relato. Aunque no seas fan de Mikilo, o aunque no te cope esta aventura puntual del personaje, te recomiendo pegarle una mirada a este librito, porque el trabajo de Marcelo Basile seguro te va a impactar.
Y cierro con el libro que compila chistes y tiras de La Negra Gedienta, la tremenda creación de Majox. La única contra que tiene el libro es que las casi 90 páginas duran poco. Se leen a los santos pedos, porque son viñetas que ocupan toda una página y por ahí tienen un solo globo de diálogo, o son tiras de cuatro o cinco viñetas repartidas entre dos páginas. Esto hace que el dibujo se reproduzca a gran tamaño y se disfrute un montón, pero por ahí habría estado mejor publicar todo un poco más chico y condensarlo en menos páginas... o bancar el formato de 88 páginas y lanzar el libro cuando Majox tuviera más material. Fuera de este detalle, La Negra Gedienta garantiza risas a rolete con su humor grosero, transgresor, con cero tapujos y cero miedo a meterse con temas espinosos que tienen que ver con la vida social, afectiva y sexual de las mujeres, especialmente las mujeres heterosexuales de treinta y pico. Majox conoce bien el paño y sale a satirizarlo sin piedad, a través de personajes tan carismáticos como patéticos, con los que uno se encariña al toque. Obviamente no todos los chistes son igual de graciosos, pero todos tienen esa misma onda, que a mí particularmente me resulta muy atractiva, y además todo está muy bien dibujado. Con un trazo simple, personajes muy expresivos, un gran poder de observación y una buena dosis de imaginación, Majox resuelve de taquito la faz gráfica de estos chistes y tiras y demuestra un gran criterio a la hora de decidir cuándo matarse en los fondos y cuándo optar por una puesta en escena minimalista. Imaginate una Maitena un toque más guarra y con chistes orientados a un público más joven y vas a andar cerca de lo que hace que La Negra Gedienta sea un título más que destacado en el panorama del humor gráfico argentino actual. Y hasta acá llegamos. Gracias totales a tod@s l@s que me acompañaron este año desde el otro lado de la pantalla, a las editoriales que me hacen llegar sus libros para que yo los reseñe, y por supuesto a l@s autor@s, sin los cuales no habría historietas para reseñar. En cualquier momento arrancamos la decimocuarta temporada del blog. Gracias de nuevo y hasta entonces.

viernes, 14 de junio de 2019

CUASI-TRASNOCHE DE VIERNES

Me colgué horas y horas con pelotudeces y ahora me queda poco tiempo para escribir un par de reseñas antes de salir a hacer otras pelotudeces.
Arranco con el primer integral de Mikilo, que recopila un montón de historietas originalmente publicadas entre 1999 y 2001, años horrorosos para la historieta argentina. Mikilo fue una apuesta muy interesante de autores hasta ese entonces poco conocidos: el guionista Rafael Curci y los dibujantes Tomás Coggiola y Marcelo Basile, a los que más tarde se sumaría Sergio Ibáñez, de notable trayectoria en las antologías de Columba y demás diarios y revistas. Las aventuras de Mikilo nos invitaron a recorrer los mitos y leyendas de la Argentina profunda, en historias de misterio, a veces condimentado con terror, con machaca entre monstruos que se cagan a palos o (en el mejor de los casos) con un cierto vuelo poético.
En general, le encuentro dos problemas a los guiones de Curci: uno menor, que es que los diálogos nunca terminan de sonar 100% argentinos; y uno más preocupante, que es que las tramas son bastante parecidas entre sí. Se repite bastante un mismo esquema, en el que lo que cambia son las criaturas a las que se enfrentan Mikilo y su hermano humano. Patagonia, la saga más extensa que incluye este tomo, es un ejemplo bien gráfico de esto : a lo largo de  50 páginas los personajes avanzan medio a los tumbos, sin un objetivo claro, y la gracia son los obstáculos que les toca sortear en una acumulación de peripecias que se hace sosa y reiterativa. Y cerca del final del libro tenemos El Sabueso de Santa Mónica, un guión excelente, clásico y asombroso a la vez, en el que no se ven los problemas estos que yo marcaba recién. Sin dudas el tramo que más me gustó de esta impactante edición.
Y además El Sabueso de Santa Mónica cuenta con los dibujos de Ibáñez, que le aporta a la serie un upgrade grosso en la faz gráfica. Ibáñez trae la impronta de los maestros del comic de terror de los ´70 (Berni Wrightson, José Ortiz, Horacio Lalia) y aleja un poco a Mikilo de esa estética más tributaria del comic de superhéroes que (todos sabemos) funciona mejor en las historietas a color. El tomo incluye también dos historias cortitas dibujadas por el propio Rafael Curci, que por suerte no insistió y delegó este trabajo en Coggiola y Basile, que lo hacen mucho mejor. Si nunca leíste Mikilo y querés descubrir por qué se ganó el rótulo de « el Hellboy argentino », entrale con confianza al integral.
Salto a 2002, a Francia, para deleitarme una vez más con Seix Cent Soixante-Seize Apparitions de Killoffer, un libro grandote, difícil de guardar, en el que explota definitivamente el gran Patrice Killoffer, uno de los miembros “perfil bajo” de L’Association. Esta es la obra maestra de este autor grandote, al que su amigo Lewis Trondheim suele dibujarlo en sus historietas con cabeza de oso, y además es una obra tan personal que él es el protagonista y su nombre aparece en el título. Pero no salgan corriendo: no es otra aburrida historia autobiográfica de un dibujante mediocre que corre atrás de un laburo, una mina, o una idea.
666 Apparitions… es un delirio grotesco que sólo puede suceder en la mente del autor. Este viaja a Canadá, pero deja sus platos, ollas y cubiertos sucios en su cocina de París. ¿Que hará toda esa mugre durante su ausencia? ¿Cómo evolucionará? La respuesta que imagina Killoffer es increíble. Con texto en apenas ocho de sus 48 páginas, 666 Apparitions… muestra un dibujo que va de Tardi a José Muñoz y de Charles Burns a Hergé, un balance impactante entre blancos y negros y una narrativa totalmente original y desenfrenada.
No quiero ahondar mucho en la trama, porque esto hay que verlo para creerlo. Por suerte está editado en Brasil, así que capaz que se puede conseguir sin necesidad de leer francés. Seix Cent Soixante-Seize Apparitions de Killoffer es un magnífico monumento al descontrol, donde lo que empieza como un delirio inofensivo termina con una pantomima truculenta y escabrosa, que incluye masacres, orgías, violaciones, canibalismo, borracheras y estallidos de violencia extrema, condimentados con pis, vómitos, guasca, mierda y sangre. Y talento. Mucho talento.

Nada más por hoy. Gracias por leer y será hasta la próxima.