
Imaginate que sos guionista de historietas y tu viejo es uno de los mejores dibujantes del mundo. Un día te llama, y medio para estimularte, medio para desafiarte, o para darte la oportunidad de jugar en Primera, te dice “Escribite un guión copado, que yo te lo dibujo”. Eso debe ser un momento 100% mágico, pletórico de alegría y ensoñación (palabra que según la Real Academia Española no existe, pero que los verduleros que doblaban al castellano las pelis de Disney de los ´50 y ´60 te metían en las letras de todas las putas canciones), imposible de olvidar. Un sueño que se le hizo realidad a Gabriel, el hijo de Solano López, cuando unió esfuerzos con su viejo para parir a Ana y las Historias Tristes… y a no muchos más. Bueno, también al guionista de esta novela gráfica, el notable Yves Huppen (Yves H., para los fans), que es hijo nada menos que de Hermann Huppen (Hermann a secas, de acá en más), el glorioso autor belga que desde hace 40 años combina una producción inmensa con un nivel de calidad que no para de crecer.
Yves H. y Hermann formaron equipo por primera vez en 2000, para la exquisita y fundamental Liens de Sang (Lazos de Sangre), y dos años después los encontramos de nuevo juntos para esta nueva historia. Yves es fanático a muerte de la novela negra norteamericana y se le nota. Trabaja muchísimo sobre los climas, le gustan las historias sórdidas y los protagonistas perdedores. La lectura de sus obras te deja invariablemente un regusto tristón, a whisky barato y derrota asegurada. Manhattan Beach 1957, lejos de ser la excepción, es otra historia de sueños rotos y desencuentros amorosos, por supuesto en un marco de investigación policial y crímenes truculentos. El guión intercala con maestría secuencias de la juventud de John Haig, allá por 1957, y otras ambientadas en 1976, cuando John ya es un tipo maduro, incorruptible pero frustrado policía de un pueblito de Missouri. Yves nos narra ambas historias en paralelo y a medida que nos revela detalles de lo sucedido en 1957, uno empieza a sospechar cómo puede terminar la trama ambientada en 1976… pero el final (o en realidad, los dos finales) sorprenden por completo, incluso a los que tenemos mucho comic europeo leido.
Lo único medio al pedo es el énfasis en el fantasma de Elvis (que en 1976 estaba vivo, o casi), una especie de obsesión con forma de cantante que acompaña a John desde su juventud, para cantarle en las buenas y cagársele de risa en las malas. Visualmente es un muy lindo recurso, pero a nivel argumental no agrega nada demasiado sustancioso. El resto, impecable. Nada está estirado, todo tiene explicación, cada giro imprevisto impacta en el momento justo. Redondísimo.
Y papi la tiene clara. El trabajo de Hermann en este álbum es simplemente glorioso. ¿Querés buenos climas? Tenés al dibujante indicado, acá jugado a full por el color directo, con una sutileza y una cancha infinitas, con paletas distintas para los distintos períodos y el viejo truco que inventó Francis Ford Coppola en Rumble Fish y después vimos en infinitos comics y video clips: secuencias enteras en blanco y negro, con UN elemento a color, que se destaca y llama la atención. Hermann además tiene un talento nato para la composición, y sobre todo para el manejo del tempo narrativo. Mete como pocos las pausas, los silencios y los arrebatos de violencia, que son unos cuantos dado lo intempestuoso del guión. A primera vista, Hermann puede parecer demasiado clásico, hasta incluso un poco frío, pero en Manhattan Beach 1957 se nota a la legua que al maestro lo mueve una pasión irrefrenable por contarnos una historia y que nos llegue, que nos pegue, que nos quede impregnada. Lo mejor de todo es que lo consigue.