el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 27 de abril de 2014

27/ 04: EL HEROE Vol.2

Y sí, una vez leída la segunda mitad, corresponde colgarle a El Héroe la chapa de Historieta Perfecta. Estas páginas me dejaron atónito, anonadado, balbuceando boludeces como un subnormal invertebrado. Sin dudas, David Rubín sube la apuesta entre un tomo y otro y en esta segunda mitad todo es mejor: los conflictos son más espesos, la acción es más trepidante, los riesgos en materia de puesta en página son más, la indagación en la psiquis del protagonista (Heracles, también conocido como Hércules, hijo bastardo de Zeus y héroe fundamental de la mitología griega) va más a fondo... Creo que no hay una sola viñeta en 300 páginas en la que no se luzca el virtuosismo de Rubín, el criterio inmejorable del gallego para armar las secuencias, para componer, para colorear, para meter efectos locos. El Héroe es un tren blindado que viene a 300 kilómetros por hora y te lleva puesto, desde que arranca hasta que termina.
Recién releía mi reseña del Vol.1 (del 24/11/13) y me llamaba la atención la cantidad de artistas a los que hacía referencia. Lo mismo me sucedió cuando leí el prólogo que Craig Thompson escribió para el Vol.2. El autor de Blankets no para un minuto de relacionar el trabajo de Rubín con el de otros autores. Y la verdad es que es algo inevitable. David es un animal gráfico, uno de esos tipos que no dibujan, sino que viven el dibujo, que tienen las venas llenas de tinta y las retinas inundadas de imágenes bidimensionales. En este libro, Rubín refrenda su compromiso con el dibujo y se anima a graficar sin pelos en la lengua las escenas más bestiales de su carrera: la machaca más sangrienta, la violación más tremenda, los destripamientos más escabrosos, esas escenas jodidas en las que vemos a Heracles descender a los infiernos de la merca, el escabio y la lujuria, esa doble página (que seguro le debe algo a una de Frank Miller de Elektra Lives Again) en la que Heracles descubre que los monstruos a los que masacró en realidad eran su familia, la secuencia en la que lucha contra Meleagro al estilo Titanes en el Ring, el efecto que inventa para mostrarnos que los personajes están poseídos por la villana... posta, esto hay que verlo para creerlo.
Una vez más, me encantó ese jueguito ucrónico en el que Rubín le agrega a la Hélade clásica toda esa parafernalia moderna, con máquinas zarpadas, celulares, publicidades, comics, motos y un montón de cosas más que no existían en los tiempos de Heracles. Y lo que más me gustó es la profundidad del personaje principal. Heracles no es sólo “el bueno”, es un tipo muy complejo, que se debate entre la incomodidad de su origen bastardo, su lealtad a una rata miserable como Euristeo, su amor por su familia y por Yolae, su sed de aventuras y la felicidad que le produce hacer el Bien, ayudar al prójimo, derrotar a las fuerzas oscuras. En ese sentido, Rubín le pone a su protagonista mucha más sustancia de la que yo esperaba encontrar.
Y hablar del dibujo en sí ya es medio redundante. De nuevo, acá está todo lo grosso que habíamos visto en el Vol.1, llevado un paso más allá por una bestia prendida fuego. Me mató el color, los efectos limados en los fondos, y sobre todo me mató ver cómo toda las decisiones que toma Rubín y que parecen ser estéticas, a la larga son decisiones narrativas. Todo ese despliegue desaforado de figuras recontra-expresivas, ese festival de viñetas y onomatopeyas de todas las formas y tamaños imaginables no están ahí para cancherear, para que uno diga “coño, qué bien dibuja este hijoputa”, sino para acentuar una intención narrativa, para darle al relato la impronta poderosa, vibrante, adictiva, que Rubín le quería dar.
No me alcanzan las palabras para recomendar El Héroe a los fans de cualquier tipo de historieta. Esto es maravilloso de verdad.

domingo, 24 de noviembre de 2013

24/ 11: EL HEROE Vol.1

A esta altura de la vida,hablar bien de David Rubín es bastante redundante. Está clarísimo -me parece- que estamos frente a un creador consumado, a una bestia del relato gráfico, un historietista quintaesencial más que calificado para convertir en fans devotos de su obra a los lectores de comics de todos los palos, sin distinción. Vengas del comic europeo más fino, del comic de superhéroes más cabeza o de la militancia otaku más cerrada,es casi imposible que leas un par de páginas de Rubín y no te dejes seducir por el talento avasallador de este inconmensurable gallego de Galicia.
En esta, su obra más extensa hasta la fecha, Rubín se embarca en una reversión del mito griego de Heracles, en dos tomos de más de 300 páginas cada uno. Es la obra con la que el autor decidió "casarse" con la historieta, abandonar sus laburos en el campo de la animación y ponerle toda la pasión a la realización de novelas gráficas. Esta primera parte de El Héroe refleja ese momento, en el que Rubín se libera, se entrega de lleno a la historieta y detona como nunca antes. A cargo del guión, el dibujo, el color y las letras, sin restriciones de espacio y con un argumento básico heredado de uno de los mitos más famosos de Occidente, el gallego deja en el tablero varios años de su vida (y eso que trabaja asombrosamente rápido) para obsequiarnos una obra maestra, un clásico inmediato.
Rubín reimagina la Grecia clásica para incorporarle elementos de nuestro presente: motos,celulares, maquinaria, publicidad y programas de mierda que se jactan de invadir la intimidad de las celebridades. Son meros adornos, porque Heracles termina por resolver cada desafío del modo que ya conocemos por la mitología griega, pero le dan a la historieta un toque de modernidad, de riesgo, de bizarreada bien entendida. Por supuesto, las proezas de Heracles dan pie a un sinfín de situaciones que el héroe resolverá por la vía de la machaca, y si te gustan los comics de chabones musculosos que se cagan a trompadas con monstruos indecibles, esto te va a volar la cabeza, mal. Por suerte también hay secuencias (y hasta episodios enteros) en los que Rubín deconstruye la figura del héroe, lo obliga a pensar por qué hace lo que hace, a qué intereses sirve, que hay detrás de esa figura noble, altruista, amada por las masas y temida por los villanos. Como te imaginarás, son reflexiones que se aplican no sólo a la vida de este hijo bastardo de Zeus, sino también a los superhéroes creados en el Siglo XX, a los que Rubín tiene estudiadisimos, porque vienen de las historietas que él consume, las que le dieron el impulso para hacerse historietista.
No quiero ahondar mucho en el argumento porque -repito- en su esencia es el que todos conocemos, el de las 12 pruebas de Heracles, complementado con algunas indagaciones más profundas en la psiquis del personaje y con momentos un poquito más zarpados. Y no sé cómo empezar a describir la faz gráfica de El Héroe. Esto es... demasiado. El dibujo, la puesta en página, el color... todo es belleza, todo es potencia expresiva fuera de control, en todo se ve la mano de un tipo que mamó hectolitros de historieta, toneladas de artes plásticas, hectáreas de celuloide. Rubín se va al carajo muchas veces, en muchas direcciones distintas. Para el lado de Jack Kirby, para el de Bruce Timm, para el de Jeff Smith, para el de Paul Pope, por momentos pela recursos de la historieta humorística, resoluciones gráficas de los dibujantes de la escuela valenciana (la de Miguel Calatayud y Daniel Torres), por algún lado se cuela Pablo Picasso, por otro David B, o Charles Burns, el color no tiene nada que ver con cómo pintan ninguno de los mencionados... Esto es deleite, impacto, emoción en estado puro. No tiene sentido describirlo. Hay que verlo y enloquecer.
Recién voy a leer el Vol.2 bien entrado el 2014, pero sinceramente no creo que vaya a derrapar. Por eso, desde ya voy desempolvando la chapita de Historieta Perfecta para colgársela a El Héroe, una verdadera joya del Noveno Arte que la está rompiendo en todos los países donde se edita, un poco para darnos la razón a los que llevamos años predicando a David Rubín como un nuevo genio del arte que más nos gusta.