el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 9 de diciembre de 2023

TRES AL LÍMITE

Mañana cambia el país, supongo yo que para peor. En vez de estar en el horno, vamos a estar en el spiedo: con el mismo calor, pero dando vueltas con un palo que nos entra por el orto y nos sale por la garganta. Habrá que aguantar, como aguantamos tantas veces, por lo menos los más veteranos. Vamos con las reseñas. Primero, una breve glosa para Viento Fantasma, un librito que reúne dos historias cortas de Francisco Felkar, ambas con un tinte sobrenatural y ambientadas en su Bahía Blanca natal. Muy notable la mejora en el dibujo de Felkar respecto de sus trabajos anteriores, y muy interesante el tono (medio lovecraftiano) que encontró para narrar lo extraño, lo inexplicable y además para anclarlo en la mitología propia de su ciudad. Por ahí estas historietas destacarían más en el contexto de una antología con otros autores que en un librito de menos de 30 páginas, pero eso no hace menos placentera su lectura.
Vamos con una gema: el tercer (y aparentemente último) libro de El Último Recurso, la serie escrita por Lubrio y dibujada por Kundo Krunch. 78 páginas de acción, mala leche, groserías, atrocidades y abyección moral, que se disfrutan inmensamente. No me acuerdo si con los dos primeros libros me reí tanto, pero este tiene un nivel superlativo. Lo cruel y perverso del plan de los villanos (no muy difícil de traspolar a regímenes políticos y sociales como el que vamos a estrenar mañana) me pareció de una genialidad macabra, me cuesta creer que a ningún otro guionista se le haya ocurrido antes semejante guachada. A Lubrio no sólo se le ocurrió, sino que tuvo los huevos y la destreza de llevarlo al papel, combinado con diálogos tremendos, un ritmo atrapante y muy buen desarrollo de estos personajes a los que espero ver regresar, aunque sea en el contexto de otra serie. El giro que le encuentra Lubrio al clásico plot de "nos invaden extraterrestres que tienen siniestros planes para con la Humanidad" es original y está narrado con una crudeza y un impacto estremecedores. Incluso la respuesta de "los buenos", las maniobras que planifican e improvisan para impedir el genocidio, demuestran inteligencia y osadía por parte del guionista. Después de dos libros en los que pasa de todo, ya para el tercero no se mantiene tan intacta la sensación de "cualquiera de estos personajes puede ser boleta", sino que uno sospecha que -de alguna manera- los cuatro más importantes tienen asegurado el privilegio de llegar al final de la saga. Eso -créanme- no le hace mella para nada a la sensación de vértigo, de frenesí, de "se va todo a la mierda" que transmite el guion de "El Fin de Nuestros Elaborados Planes". El dibujo de Kundo, buenísimo como siempre. Sintético, expresivo, con una puesta en página clásica, sin complicaciones innecesarias, personajes perfectamente identificables y un tratamiento del color muy personal y muy sugestivo, aunque por momentos mucho más sutil que las animaladas que suceden en la historia. Si no hay más El Último Recurso, estamos frente a una serie irrepetible, que se va por la puerta grande. Y si está la chance de que haya un cuarto libro, o una nueva colaboración entre Lubrio y Krunch (en una de esas ambientada en el mismo universo) vamos a ser muchos los fans que nos vamos a poner muy contentos. Ojo: no recomiendo "El Fin de Nuestros Elaborados Planes" a quienes no leyeron las dos aventuras anteriores. No sean pajeros, empiecen por el principio. Lo van a disfrutar a pleno.
Un poquito de algo distinto, para los que se aburren si reseño sólo historieta argentina de este año: en 1997, cuando Cocco Bill cumplía 40 años de publicación ininterrumpida, la editorial Sergio Bonelli convocó a su creador, el legendario Benito Jacovitti, a aportar una historieta 100% inédita que abriría una colección dedicada a los capos del comic humorístico italiano. Ni lerdo ni perezoso, el maestro Jacovitti se mandó las 94 páginas a todo color de Diquaedilá (podría traducirse como "Deaquídeallá"), una demencia gráfica y narrativa casi imposible de explicar. Desde lo visual, acá Jacovitti modifica un poco su estilo: se despega de la línea clara casi franco-belga y opta por un trazo un poquito más sucio. No te digo que empieza a entintar como si fuera Robert Crumb, pero deja atrás ese estilo hiper-prolijo e inmaculado que lo identificara a lo largo de tantas décadas. De todos modos, lo que más llama la atención es que son páginas hiper-sobrecargadas. Las viñetas de Diquaedilá no tienen aire: sólo entran en el cuadro los personajes y los globos de diálogo. No hay una sola toma panorámica en la que se vea mucho paisaje y los personajes chiquititos, no existe la opción de ver la acción "desde lejos". Son como mucho tres planos, que le permiten al autor enfocarse en las caras o los cuerpos, y nada más. Esto transmite la sensación de un relato muy intenso, sin titubeos, sin pausas, que a lo largo de 94 páginas corre el riesgo de agobiar un poco. Por suerte el dibujo es brillante, y uno se vuelve loco con todos esos detalles limados que mete Jacovitti en cada rincón de cada viñeta. La puesta en página por momentos es rarísima, pero nunca se presentan dificultades a la hora de seguir el orden natural de la secuencia. Y así como es extrema la decisión de llevar todos los dibujos al borde de las viñetas sin dejar espacios libres, también es extrema la onda del guion: Diquaedilá se articula en base a una sucesión de peripecias concatenadas, de modo que cuando parece que Cocco Bill resuelve un conflicto, ya se ve inmediatamente envuelto en otro. Por supuesto las "resoluciones" son en joda, a veces muy absurdas, otras muy violentas, otras con el recurso de hacerse cargo de que esto es una historieta: Cocco Bill le habla al lector, discute con el dibujante, mueve los marcos de los cuadritos... un delirio espectacular. Hay una especie de "conflicto mayor", contra Bat Gregorio "el Sonriente", una mezcla entre el Joker y Mick Jagger que resulta ser el villano principal de la saga. Pero en el medio pasan tantas cosas imposibles, hay tantas peripecias, tantos tiroteos y tantas piñas, que la verdad que para cuando reaparece el Sonriente a desencadenar el final de la historia, medio que uno ya se había olvidado de él. En todo momento Jacovitti subraya que esto es una payasada, que no hay que tomarse en serio nada lo que le sucede a Cocco y su fiel caballo Trottalemme. Si en Lucky Luke la parodia al western clásico es sutil y sofisticada, en Cocco Bill es grotesca, desmedida, totalmente pasada de rosca. Y funciona bárbaro, porque cumple con creces el objetivo, que es que nos caguemos de risa un rato. No sé por qué Benito Jacovitti no es mucho más conocido en Latinoamérica, pero a quienes quieran saber muchísimo más sobre este genio, les recomiendo la nota de Hernán Ostuni que forma parte del nº7 de Comiqueando Digital. Y esto es todo, por hoy. Bastante bien, no? Como siempre, ni bien tenga leídos un par de libros más, vuelvo para reseñarlos acá en el blog.

martes, 21 de noviembre de 2023

TRES DE UN SAQUE

Bueno, retomamos. Pasó muchísimo tiempo sin nuevas entradas en el blog, pero la idea es volver a postear de manera bastante frecuente de acá a fin de año. No está fácil, porque estoy a full trabajando en el nº8 de la Comiqueando Digital, pero también en Enero se viene la votación de los Premios Cinder y eso me obliga a ponerme al día con las lecturas de material editado en Argentina durante 2023. De hecho, en la entrada de hoy, los tres libros que tengo para reseñar fueron publicados en Argentina durante 2023. Me traje una bestialidad de material de Europa, pero eso va a tener que esperar, porque el grueso de las reseñas hasta fin de año van a ir por este lado. Los Animales Prehistóricos es prácticamente una secuela de La Caja Negra, el libro de historias cortas de Javier Olivares que vimos acá el 15/08/19. Hay unas 10 ó 12 páginas que son las mismas (y se lucen mucho más en La Caja Negra, cuya calidad de edición supera ampliamente a la del libro publicado por Loco Rabia) pero Los Animales... ofrece por lo menos 40 ó 50 páginas de material que no está recopilado en otros libros, ni siquiera en España. Lo que menos me emocionó son las historias cortitas (a veces de una sola página) de Ono y Hop. El dibujo es descomunal, hay textos bellísimos, los climas son fascinantes, pero a veces con todo eso no alcanza para que el resultado final sea contundente. Por ahí por exceso de pretensiones o por escasez de espacio para desarrollar las ideas, pero esas historietas -sin ser chotas- no me terminaron de cerrar. Después hay material realmente magnífico como la historieta que le da título a la antología, Maine 1961, o incluso la última, donde reaparece Hop. Las dos historietas escritas por Santiago García (Amanecer Nuclear y especialmente 3 Páginas Sobre el Guernica) son verdaderas gemas, al igual que la adaptación que hace Olivares de Finlandia, un excelente relato del argentino (e hincha de Racing) Hernán Casciari. También hay una historia corta muy, muy buena escrita por el prestigioso crítico (y a veces guionista) Pepe Gálvez. Lástima la edición, que no está a la altura del material. Hay páginas en las que le falta muchísima fuerza a los negros, que se ven apagados, casi grises, lejos de ese claroscuro visceral que Olivares maneja con tanta solvencia. Tengo a mano La Caja Negra y el catálogo de la Semana Negra de Gijón donde se publicó por primera vez 3 Páginas Sobre el Guernica, y la comparación es demasiado elocuente, no deja margen para el debate. Algo salió mal en el paso entre los archivos que trabajó la editorial y el libro tal como lo entregó la imprenta, es lo único que se me ocurre para explicar por qué se ven tan lavados los negros. De todos modos, el dibujo de Olivares se disfruta muchísimo y hay historietas donde tanto el color como la puesta en página están ahí para que el trazo mágico del madrileño se luzca aún más. Y hay grandes historias cortas, algunas en dupla con quien sin dudas es el socio ideal para Olivares (García, obviamente). Así que Los Animales Prehistóricos es un libro que recomiendo sin tapujos a los fans del comic experimental, de fuerte impronta autoral, o a quienes quieran descubrir a un autor fundamental del comic español de los últimos 35 años que -injustamente- no tiene otras obras publicadas en nuestro país.
El segundo libro de hoy es secuela directa del que vimos el 14/03/22. De hecho, en Argentina se llama "Me Prometiste Oscuridad II". Nada, un bajón. Pensé que me iba a gustar tanto o más que el primer tomo, pero esta vez no me pude enganchar con lo que me trató de contar Damián Connelly. Me aburrí mucho, me saturó rápido el jueguito de los saltos temporales a antes, durante y después del supuesto apocalipsis, los personajes no me generaron empatía, las pinceladas de humor no me causaron gracia... La única explicación que le encuentro es que hay un cambio de registro: el primer Me Prometiste Oscuridad era un comic de misterio sobrenatural con pibes y pibas que tienen superpoderes. El segundo es básicamente machaca sobrenatural entre pibes y pibas que tienen superpoderes. Y la estética de Connelly y el ritmo que elige para narrar se ajustan (para mi gusto) mucho más al misterio que a la machaca. Para ver peleas entre personajes con poderes locos, prefiero una onda Mike Allred, colores, otra dinámica en la puesta en página, otra claridad en la narrativa... Me Prometiste Oscuridad II no se puede tildar de "secuela innecesaria" porque el primer libro dejaba varias puntas abiertas para explorar y había presentado un universo complejo y atractivo. Pero este regreso de Sebastián, Yuko y el resto de los hijos del cometa no me transmitió las mismas sensaciones, se me hizo tedioso, confuso, enroscado al pedo. Por ahí es todo producto de ese ruido que me hace un estilo ultra-dark y ultra-fotográfico que utiliza Connelly para el dibujo, no lo sé. Lo cierto es que así como la primera saga me resultó interesante y promisoria, la segunda requirió un esfuerzo enorme para llegar al final. La edición argentina a cargo de Deriva, impecable, un verdadero lujo.
Con menos pretensiones y más fidelidad al concepto de "misterio sobrenatural", Favor con Favor se Paga me entretuvo y hasta me emocionó de punta a punta del librito (también, bellamente editado en este caso por Multiversal). La dupla de Lubrio y Nicolás Viñolo funcionaba bárbaro en la versión digital de Fierro y acá se termina de consolidar con una muy buena historia, emotiva, profunda, cercana, a la que no le faltan dosis muy logradas de violencia, mala leche y momentos pesadillescos en los que los autores coquetean con el género del terror. Creo que lo único que no me fascinó es el color, muy jugado al truco de engamar la página entera en tonos azules, rojos, naranjas o verdes (según la secuencia). En la secuencia final, donde se ve un coloreado más tradicional si se quiere, se nota que Viñolo la tiene muy clara en ese rubro, y uno se empieza a imaginar cuánto mejor se vería toda la novela si estuviera toda coloreada como esa última página, que es hermosa. Pero el dibujo es excelente (al nivel de lo que había mostrado el dibujante mendocino en la gloriosa Vorágine), hay un gran trabajo en los personajes, sus expresiones, su vestimenta, su entorno. El relato fluye con naturalidad, conserva la claridad y ese gancho casi adictivo incluso cuando el guion de Lubrio se hace más enroscado, más introspectivo, menos aventurero. En el guion también, se nota un gran trabajo en el desarrollo de los dos personajes centrales (Branda y Zefira), muy buenos diálogos, muy buen manejo del tempo narrativo como para mantener el suspenso y la intriga hasta el final. Favor con Favor se Paga es un comic muy notable, incluso con méritos más que suficientes para enganchar a lectores que habitualmente no consumen historieta, o a los que les cuesta entrarle a la historieta argentina actual. Tiene la duración justa, un equipo creativo en un nivel altísimo, mucha fuerza y mucho corazón. Quiero más trabajos de esta dupla autoral, en lo posible hoy mismo. Y nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, los comentamos por acá. Gracias y hasta pronto.

domingo, 8 de mayo de 2022

UN DOMINGO EN EL FAR WEST

Hermoso domingo para hacer cualquier cosa menos escribir reseñas de comics. Pero bueno, esto es un sacerdocio... Empezamos en Italia, año 2013, cuando se publica Alaska!, una novela gráfica de Tex de más de 320 páginas. Un despropósito, un ejercicio extremo de estirar un argumento para hacerlo infinito, obra de Mauro Boselli, que acá hace temblar las convicciones de quienes lo consideramos uno de los mejores guionistas de Tex (si no el mejor). Esta vez Boselli imagina un relato bastante interesante ambientado en Alaska, en peligrosos bosques habitados por varias tribus aborígenes, siempre al borde de la guerra entre ellas y con los colonos blancos, y con una presencia importante de los elementos místicos y religiosos típicos de la cultura de los nativos de Norteamérica. Hay un par de personajes bien trabajados, incluso buenos personajes femeninos, que es algo que escasea bastante en las historietas de Tex, misterios, tensión, algo de acción... pero no hay forma de que lo que sucede en este libro ocupe 320 páginas. Solo se puede hacer incorporando unas dosis brutales de escenas de relleno, que no aportan absolutamente nada al desarrollo del argumento, y estirando de manera grosera las escenas que sí contribuyen al devenir de la trama. Así es como el atractivo que podía tener el planteo inicial de Boselli se licúa, se diluye, como si tiraras un shot de tequila en un bidón de cinco litros de agua. Lo más interesante de Alaska! es la ínfima participación de Tex y su amigo Kit Carson en el desarrollo de la historia. Los personajes pensados para aparecer en este único tomo hegemonizan por completo la acción y reducen a los protagonistas a roles muy menores. Claramente se trata de una historia que se podría contar sin Tex ni Carson, sin perder ni un ápice de su esencia. Con los indios y un par de los personajes blancos que Boselli crea para este álbum, alcanza y sobra. ¿Cómo caí en esta trampa mortal? Fácil: el dibujo es de Lito Fernández y eso hizo las veces de anzuelo. Quería ver al maestro metido en el mundo del western (género del que Lito jamás fue fan y al que esquivó con éxito durante décadas) y acceder al trabajo más extenso de los muchos que realizó para la editorial de Sergio Bonelli a lo largo de diez años de colaboración con la editorial milanesa. El resultado es muy raro. En todas y cada una de las páginas se aprecia el talento narrativo de Fernández, el dinamismo de sus figuras, su virtuosa aplicación de los negros a través de manchas de pincel que rescatan lo mejor de la tradición de Milton Caniff y Frank Robbins, el gran trabajo en fondos, vestuario, objetos y armas... El problema es que buena parte de las cabezas de los personajes parecen haber sido re-entintadas, o incluso re-dibujadas por manos menos hábiles. La gran mayoría de los primeros planos que se ven en Alaska! no tienen la impronta de Lito, sino que parecen obra de un típico dibujante del montón, de los que habitualmente producen "con fritas" el material que publica Bonelli. La verdad que contratar a Lito para después tener que contratar a otro dibujante que le redibuje las caras es otro despropósito inexplicable. Es como tener al Dibu Martínez en el arco y cambiarlo por un suplente cuando llega la definición por penales. Estéticamente, además, es chocante. Es como si cada vez que les toca aparecer en primer plano los personajes se pusieran una máscara, con otros rasgos, que no son los que vemos cuando Lito los enfoca de lejos. Por ahí la idea era que todo fuera más consistente con los otros comics de Tex, pero en ese caso, la editorial siempre tiene a su disposición a dibujantes que entienden a la perfección cómo quieren ver los lectores a este clásico personaje. Y si no le toquetearon las caras a dibujantes de estilo más extremo, como Enrique Breccia, o José Ortiz, la verdad que toqueteárselas a Fernández es una pelotudez atómica. Así que nada: el magnífico trabajo de Lito se desluce cada vez que un obrero de lápiz que no da la cara le redibuja (encima con rotring, no con pincel) los rostros de los personajes, y el planteo argumental de Boselli, que no estaba nada mal, terminó por tener gusto a muy poco al licuarlo en una cantidad inhumana de páginas que solo le suman espesor al libro, no a la trama.
Me vengo a Argentina, año 2021, cuando la editorial Cápsula publica El Sheriff Científico, con guion de Lubrio y dibujos de Maco Pacheco. Esta es una historieta fresca, dinámica, muy divertida, apuntada al público infanto-juvenil pero con sutiles guiños que la hacen atractiva también al lector adulto. Otro western (como Tex), pero con humor y con elementos fantásticos que van para el lado de la ciencia-ficción clásica, muy bien integrados a la época de los cowboys. Lubrio maneja muy bien la estructura episódica: cada tramo de la obra es una aventura de 12 o 14 páginas con principio, nudo y desenlace, y además se va armando episodio a episodio una masa crítica que desembocará en el tramo final. Los chistes son ingeniosos, el personaje central es sumamente carismático y disfruté mucho viendo cómo se hace el dolobu mientras todas las minitas le tiran onda. Un solo detalle a criticar: los irlandeses se llaman "O´Algo", no "McAlgo". Los "McAlgo" son los escoceses. Pero bueno, es un error mínimo. El dibujo de Maco es en buena medida responsable del dinamismo, la frescura y la gracia de estas historias. E incluso del carisma y la onda de los personajes. Los fondos están cuidadísimos, el color es excelente, el cameo de Lucky Luke es precioso, y acá también, una sola cosa a criticar: a Maco le pidieron que dibuje un irlandés y dibujó a Irish Coffee sin la barbita. O sea, una cosa es ser fan de Carlos Meglia (todos somos fans de Carlos Meglia) y otra es no poder dibujar un irlandés sin clonarle un personaje a Meglia. Me da bronca porque, a lo largo de libro, Pacheco demuestra tener una imaginación zarpada, como para no tener que recurrir a un trabajo de su ídolo a la hora de resolver el aspecto del protagonista. Una lástima. Fuera de estos dos moquitos puntuales, El Sheriff Científico logra mezclar western, ciencia-ficción y comedia con una cancha notable y le garantiza un rato de muy bienvenida diversión a quien le quiera dar una chance. Y nada más, por hoy. Nos vemos el viernes en la Biblioteca Nacional, en la entrega de los Premios Cinder, o muy pronto acá en el blog, con nuevas reseñas.

sábado, 6 de marzo de 2021

1 al 7 de MARZO

Nuevo mes y nuevas lecturas, que procedo a comentar de manera muy sintética. Leí el Vol.4 de Las Águilas de Roma, la gran saga histórica de Enrico Marini. Es un tomo espectacular, donde los conflictos avanzan hasta el punto en el que la resolución queda ahí, a la vuelta de la esquina, y no le queda más remedio que ser explosiva y demoledora. Seguramente lo comprobaré cuando consiga el Vol.5, cosa que todavía no sucedió. El único problema que le veo a este álbum es que, de verdad, si no leíste los anteriores no hay forma de que entiendas NADA. Hay una breve síntesis del argumento antes de la primera página, pero es la nada misma y supongo que el que entra a la historia conociendo sólo esa síntesis, también se sentirá prácticamente en bolas. El resto, todo maravilloso. El desarrollo de los personajes, el aprovechamiento que hace Marini de las circunstancias históricas, el equilibrio entre la acción y las escenas más tranquilas (que incluyen rosca política, romance, sexo, dramas familiares, etc.) y por supuesto el dibujo, están a un nivel inmejorable. Excelente trabajo de este autor suizo hijo de italianos que dejó todo en esta serie. Si el quinto y último tomo no es un bochorno impublicable, Las Águilas de Roma pasará a la historia como una obra maestra de la aventura histórica.
Salto a Argentina, año 2020, y me encuentron una nueva aventura de El Ultimo Recurso, titulada Un Cuento de Navidad. Venía muy bien predispuesto, porque allá por el 28/11/19 había leído la primera entrega de esta serie creada por Lubrio y Kundo Krunch y me había gustado mucho. Esta segunda aventura está al mismo (y muy destacable) nivel que la primera, y hasta creo que un poquito por encima. Me atrapó la aventura, me gustó mucho la forma en que los autores se las ingenian para indagar un poco en el pasado y en la personalidad de los distintos personajes y por supuesto me reí muchísimo con los chistes y los diálogos, repletos de guarangadas y retruques de exquisita mala leche. Me encanta ver a Lubrio desencadenado, con libertad y osadía para joder con temas ásperos e invitarnos a reirnos de cosas horribles, que deberían causarnos estupor. Y me fascina intuir que hay un plan a largo plazo, que cada una de estas excelentes aventuras es un pedacito de un mosaico más complejo, realmente interesantísimo. El dibujo y el color de Kundo están igual de bien que en la primera entrega de El Ultimo Recurso, y en todo caso noto una mejora en la planificación de la secuencia, como si el marplatense fuera encontrando un pulso narrativo propio más jugado, más canchero como para probar cosas nuevas. Recomiendo muchísimo este libro, recomiendo también el primero y espero con ansias más historietas de estos personajes, en lo posible editadas por Libera la Bestia, que lo hace realmente muy bien.
Y ahora sí, algo MUY importante. Estamos iniciando un nuevo proyecto, llamado Comiqueando Digital. Se trata de una nueva iteración de la mítica revista de información sobre historieta y dibujo animado (que no se publica en papel desde la primavera de 2011), ahora en formato digital, con periodicidad trimestral y un nº1 que ofrece más de 200 páginas de material 100% inédito. Me tocó capitanear un equipo impresionante, del que forman parte también Diego Accorsi, Mariela Acevedo, Ignacio Alcuri, Ariel Avilez, Roberto Barreiro, Caba, Martín Casanova, Sebastián De Caro, Daniel Divinsky, Norman Fernández, Lucas Ferrero, Fernando “Dr. Sax” Festino, Luis Gantus, Fernando Ariel García, Javi Hildebrandt, Marcelo Iglesias, Hernán Khatchadourian, Francisco Lobo, Juan Navarrete, Grisel Pires Dos Barros, Gonzalo Ruiz, Laura Vázquez y Fede Velasco. La revista ofrece 10 nuevas secciones y –entre otros- artículos acerca de Jack Kirby, Mort Cinder, Kimetsu no Yaiba, Benjamin Marra, Largometrajes de Animación Argentinos, cowboys europeos y editoriales míticas como Novaro, Columba, Charlton o E.C. Comics. Además, agregamos códigos QR para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. La revista se puede descargar en .pdf o .cbr por sólo $ 290 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ También se puede comprar a sólo $ 1000 la suscripción a los cuatro números previstos para 2021. Nuestra tienda virtual incluye además un sector de descargas gratuitas con números de las etapas anteriores de Comiqueando. Nunca les pedimos nada, hace mil años que brindamos todos los días contenidos gratuitos en este blog, en el sitio web de Comiqueando, en el canal de YouTube… No hace falta subrayar demasiado esto, porque ustedes ya lo saben. Esta vez les pedimos que apoyen la Comiqueando Digital, que es muy barata y trae TONELADAS de material alucinante, a cargo de un equipo repleto de referentes grossísimos. Se puede comprar y descargar desde cualquier lugar del planeta, y cualquiera que sepa leer castellano la puede disfrutar de punta a punta. Mil gracias y los esperamos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ Yo vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 28 de noviembre de 2019

JUEVES PACHORRO

Mi consigna para hoy fue no salir de mi casa, y por ahora la estoy cumpliendo a rajatabla. Aprovecho, entonces, para sacar con fritas las reseñas de dos libros que leí en estos días.
Conseguí en oferta los tomos que me faltaban para completar Gipsy, o sea que esta reseña del Vol.4 es secuela de la del tomo anterior, publicada el 07/11/11. Si hace ocho años la trilogía original de Gipsy ya tenía rasgos de “comic viejo”, que la anclaban a la época de su realización (primera mitad de los ´90), seguramente eso debería molestar más si agarro esta cuarta entrega 22 años después de su aparición en Francia, no? Sí, en algunas cosas sí.
El guión de Thierry Smolderen no era una maravilla en 1997 y leído hoy, suena bastante a “más de lo mismo”. El personaje de Mirno nunca me cerró, el personaje de Rosalynn está bastante al pedo, las distintas facciones de malvivientes que confrontan con “los buenos” aportan más confusión que otra cosa, la asesina silenciosa de la moto y las gafas oscuras nunca se explica… por momentos es todo un kilombo, una sucesión de excusas (que se tropiezan unas con otras) para que estalle la violencia. Lo más rescatable es el subtexto satírico con el que Smolderen se caga de risa del fanatismo ciego e irracional que el futbol produce en las masas. Esa sensación (tan conocida por los argentinos) de que una final de un campeonato de futbol hace que “se congele el mundo” está muy bien plasmada en el álbum, como explicación para algunas cosas medio inverosímiles y como disparador de situaciones en las que la violencia llega de la mano del humor.
Y por supuesto lo que hace irresistible al álbum (sobre todo cuando está en oferta) es el dibujo de Enrico Marini, muy por encima de lo que vimos en la trilogía original. Quizás el color no sea tan elegante, ni tan expresivo, pero el trazo del suizo está mucho más suelto, más dinámico, más afilado. El equilibrio entre una estética básicamente realista y los rasgos caricaturescos de algunos personajes está muy bien logrado, las escenas de acción (en su mayoría mudas) son tremendas y por supuesto Marini aprovecha a pleno la posibilidad de tener pocas páginas de 9 ó 10 viñetas. Gran trabajo de un dibujante que ya estaba en un punto alucinante de su madurez como profesional. Me queda otro tomo Gipsy (autoconclusivo, como este) en el pilón de los pendientes. No se si se va a Diciembre o si queda para el 2020. Veremos.
Salto a Argentina, año 2019, para leer uno de los cuatro o cinco mejores comics de autores locales aparecidos este año. El Ultimo Recurso, de Lubrio y Kundo Krunch, propone un torbellino de acción, combates, diálogos ingeniosos y personajes estrambóticos que me resultó totalmente adictivo y satisfactorio.
Cualquier comic que en la cuarta página nos ofrezca una splash-page de un tipo empomándose a un cadáver me tiene entre sus fans, pero El Ultimo Recurso va bastante más allá del impacto de la necrofilia, los vómitos, las decapitaciones y las puteadas. Lubrio banca de punta a punta del tomo una aventura trepidante, y la sostiene en un argumento lineal, sólido, pero sobre todo en el desarrollo de un grupo de personajes sumamente atractivos, a los que cualquier lector de este libro querrá volver a ver. La dinámica del equipo, los poderes y las personalidades de estos freaks, hacen que El Ultimo Recurso trascienda los confines de la historieta de aventuras con monstruos y machaca para aspirar a cautivar a un lector más exigente, a cuya inteligencia apela todo el tiempo el guión de Lubrio, incluso cuando nos salpica con tripas, vómitos y bizarreadas varias.
La mejor decisión de Lubrio, sin embargo, es no haber dibujado él mismo este guión. El estilo gráfico del creador de Lucy Niestra y Zoila Zombie va mucho mejor –me parece- con otro tipo de relatos. Y además, a la hora de buscar un dibujante, Lubrio se sacó la lotería, el PRODE y el Quini 6 de la mano del marplatense Kundo Krunch, a quien (desde que cambió radicalmente de estilo) hemos visto progresar a pasos agigantados. Entre este trabajo y el que vimos el 03/10/19, Krunch se dio el lujo de firmar en muy poquito tiempo dos obras absolutamente imprescindibles, que seguro estarán entre lo más notable de este extraño 2019. Y ni me quiero imaginar lo que viene.
Recomiendo mucho El Ultimo Recurso, espero que Lubrio y Kundo produzcan infinitas secuelas y comendo a la editorial Libera la Bestia por apostar a un proyecto como este, que no cualquiera te edita un libro de 80 páginas a todo color con esta calidad.

Nada más, por hoy. Estamos a exactamente un mes del festejo de los 10 años del blog, así que muy pronto habrá más información para lso que estén con ganas de venir a acompañarme el 28 de Diciembre en Sector 2814. Au revoir.

martes, 16 de mayo de 2017

OTRO MARTES A LA NOCHE

Bueno, por fin un ratito libre para escribir un par de reseñas.
Empiezo en 2015, cuando el sello Icon de Marvel recopila la miniserie Men of Wrath, una obra autoconclusiva, re-convertible en película y propiedad de sus autores, nada menos que Jason Aaron y Ron Garney, una dupla que ya había colaborado en más de un comic de superhéores.
Pero en Men of Wrath no hay superhéroes… y tampoco héroes. Es un drama familiar atravesado por tiros, cuchillazos y violencia de todo tipo, y además una historia de acción bastante vertiginosa, con un ritmo intenso y sostenido. Hay dilemas morales espesos, mezclados con un nivel de mala leche visceral y varios volantazos imprevistos cerca del final, que no se parece en nada a lo que uno imagina al principio. Si te parecía que Aaron se iba un poquito al carajo con el nivel de sordidez de Scalped, te cuento que Men of Wrath sube la apuesta respecto de la ya mítica serie de Vertigo. La sube tanto, que la violencia y la crueldad se perciben como exageradas casi al punto de la caricatura, como en las mejores sagas de Sin City. De hecho, a lo largo de toda la lectura de Men of Wrath me sobrevoló el fantasma de Sin City: esa impronta fatalista, casi melancólica con la que Frank Miller barnizara aquellas masacres en las que la sangre salpicaba de las viñetas al lector, está presente en esta obra. Y como en Sin City, son masacres “larger than life”, casi superheroicas por la magnitud dramática que las rodea, pasadas de rosca por el nivel de crudeza, por el altísimo impacto, porque se nota mucho la búsqueda del “shock value” por parte de los autores.
La trama está muy bien armada y sin embargo no opaca lo más atractivo que tiene Men of Wrath, que es la construcción de los personajes (perdón que no sea más específico, pero es una obra reciente y no quiero spoilear). En ese rubro y en los diálogos están los puntos más altos de un trabajo muy logrado por parte de un Aaron que (dicen, todavía no la empecé) se volvió a superar a sí mismo en Southern Bastards.
El dibujo de Ron Garney no es perfecto, pero bueno… es Ron Garney tratando de dibujar un mundo sin superhéroes, algo que jamás pensé que iba a ver en mi vida. Por momentos hay una sobrecarga de detallitos al estilo Leinil Francis Yu que me rompe un poquito las pelotas, pero una vez que Garney entiende qué carajo está haciendo Aaron en el guión, empieza a probar con yeites de los que usaba Miller en Sin City, a los que integra muy bien a su estilo, y ahí sí, la cosa se pone realmente potente. Si te da el estómago para bancarte una historia descarnada y atroz, entrale a Men of Wrath, que está muy, muy buena.
Me voy al otro extremo, a una historieta para chicos (y no tan chicos) escrita y dibujada por Lubrio: Lucy Niestra es una chica de 14 años que vive en Rosario y resuelve misterios vinculados a las pesadillas de la gente. Un concepto digno de un comic de Vertigo, propenso a derrapar hacia el horror onírico más desbocado, pero aplicado a una historieta amistosa, linda de ver y fácil de compartir con chicos y chicas de 9 a 13 años (ponele) a los que Vertigo todavía les queda un poco lejos.
El libro se compone de seis aventuras cortas, con un plot mayor que las atraviesa a todas y se resuleve en la última, algo que a los guionistas argentinos actuales les cuesta un huevo planificar, pero que Lubrio concreta con categoría. Dentro de los episodios 100% autoconclusivos, me parece que el segundo no sólo es el mejor del libro, sino que creo que es el mejor guión de Lubrio que leí en mi vida. El tono simpático de las historias está muy bien balanceado con ciertos elementos más espesos, o más oscuros y el hecho de que las historias transcurran en Rosario tiene sentido a nivel argumental.
Una vez más, el dibujo de Lubrio se debate entre aggiornar mucho, poco o nada la estética de los cartoons clásicos de los años ´60, a los que sigue exhibiendo como principal influencia. A veces los personajes le quedan demasiado distintos entre sí, como si no pertenecieran todos a un mismo universo gráfico, pero eso no llega a obstaculizar la lectura. La narrativa está mejor que en obras anteriores (se ve que mejoró mucho el criterio a la hora de ubicar los globos de diálogo en las viñetas) y el color está impecable. Y a diferencia de otros autores de historieta infanto-juvenil, a Lubrio no le tiembla el pulso a la hora meter una cantidad de texto muy similar a la que solemos ver en las obras apuntada al público adulto, algo que yo valoro muchísimo. Ojalá se vengan más álbumes con nuevas aventuras de Lucy Niestra.
Y hasta acá llegamos. Este finde voy a estar en Montevideo Comics junto a un montón de autores grossos de Uruguay, Argentina, España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, así que si andás por la zona, acercate a saludar. Y la incógnita es si llegaré a leer y reseñar un par de libros más antes de viajar, o si habrá que esperar a la noche del lunes para reencontrarnos. Veremos qué pasa…

lunes, 8 de junio de 2015

08/ 06: EL FARO DEL PRINCIPIO DEL MUNDO

Esta es una historieta que se serailizó en una revista infantil que se publica (o publicaba, no sé) en Tierra del Fuego. Como parece que por aquellas latitudes no hay dibujantes ni guionistas de comics, la tarea le fue encomendada a David Rodriguez y Lubrio, dos autores con los que ya nos cruzamos varias veces en distintas antologías.
En 48 páginas, Rodriguez presenta a los personajes, plantea un conflicto, lo resuelve y hasta se da el lujo de abrir una puntita para una eventual segunda aventura. Pero claro, como esto se serializó en una publicación infantil y a los pibes hay que sorprenderlos de entrada, el conflicto estalla en la página 2, cuando todavía no sabemos quiénes son los personajes ni de qué juega cada uno. Eso se irá revelando más adelante, con el bolonki ya empezado. Para la cuarta páginas ya pasaron tantas cosas, ya vimos tantas vueltas de tuerca impactantes, que uno no se imagina qué se guarda el guionista para después.
La respuesta es… más de lo mismo. Planteado el conflicto, la consigna pasa a ser sacudir cada vez más al lector con amenazas más grossas, y revelaciones más shockeantes, llevar al extremo la idea central, que es que ese abuelito copado en realidad es un ser de otro planeta infiltrado entre nosotros. Entonces, mientras Rodriguez termina de definir las personalidades de los protagonistas, el gancho pasa por los combates que se suceden casi sin solución de continuidad, o por la aparición de otro personaje bizarro (este con un costado más tierno) como es el pseudo-perro alienígena. Inevitablemente, tanta acción en algún punto tiene que ceder y el conflicto termina por resolverse diez páginas antes del final del álbum. Y si te estás preguntando si 10 páginas de epílogo no son demasiadas en un relato de 48… la respuesta es sí, son demasiadas. Rodriguez las llena con pequeños pasos de comedia y con esa maniobra final para abrirle las puertas a una secuela, pero el cambio de ritmo se siente mucho y el paso de una tensión dramática grossa a una tan livianita hace bastante ruido.
A todo esto, quizás la imagen de la portada te haya sugerido algo que yo todavía no dije y es que El Faro del Principio del Mundo es una aventura de ciencia-ficción con naves espaciales, robots, seres de energía, rayos devastadores y toda la zarlanga… pero también es una comedia apuntada a que los chicos de 6-7-8… hasta 9 ó 10 años se diviertan un rato, la pasen bien y hasta se rían un poco. Hay conflictos zarpados, a todo o nada, pero está todo contado de un modo festivo, con algunos diálogos graciosos incluso en medio de las peleas, como para alivianar esa carga dramática de la que hablaba antes. Ese equilibrio entre las peripecias peligrosas y los momentos más jocosos está muy bien logrado y me parece que es el principal mérito de esta obra.
Por el lado del dibujo, Lubrio apuesta a reproducir ese logro de Rodriguez: que su trazo sea simpático, gracioso, amistoso para los más chicos, pero a la vez funcional a un relato aventurero. Y lo consigue con bastante naturalidad. La puesta en página es dinámica, las excusas para no dibujar los fondos son bastante válidas; y quizás lo más raro, o lo que menos me cerró, es el diseño de los personajes, que me pareció muy extremo. Digo, los personajes tienen muy pocos rasgos en común, están construídos en base a formas muy distintas y por momentos parecen provenir de universos gráficos distintos. Finalmente, lo que le da homogeneidad (y onda) al dibujo es el color, que está muy logrado.
Resumiendo, esta es una linda historieta, con ritmo, con ideas, a la que por ahí le falta un poquito de desarrollo en los personajes pero va muy bien encaminada. Y se puede compartir con los más chicos para incentivarlos a leer comics.