el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 2 de mayo de 2013

02/ 05: AMERICAN VIRGIN Vol.4

Ultimo tomo para esta serie que vendió poco y por ende duró menos de 25 episodios. El tomo final es gordito, sustancioso, con nueve episodios y dos sagas completas, que deberán alcanzarle a Steven Seagle y Becky Cloonan para darle un final coherente a las andanzas de Adam Chamberlain, el muchacho virgen más famoso del planeta.
El primer arco vuelve a poner en el freezer a casi todo el elenco de la serie: Adam, el chico rico, fachero y sensible, vuelve a dejar su Miami natal, para perseguir por el mundo a Vanessa, la chica de la que se enamora, convencido de que esta vez sí, será el amor verdadero, definitivo, por el cual valdrá la pena abandonar la virginidad. Seagle le reserva apenas unas escenitas a Cyndi y Mel, y el resto es todo Adam y Vanessa, que recorren distintos países y se encuentran con distintas formas de vivir la sexualidad: la gente en bolas en las playas de Rio, el fetichismo de los pajeros japoneses, los tatuajes místico-eróticos de Bangkok, la extraña relación de los hindúes con los travestis y el romanticismo tan típico de París, la ciudad en la que Adam y Vanessa finalmente... se casan!
Y bueno, ahora sí, por más católico que seas, si estás enamorado y casado, no tenés más excusas para no coger. Pero no. Durante todo el arco lo vemos a Adam levantar temperatura cada vez que se le acerca Vanessa, hay mimos, hay pajas, hay petes, pero el garche posta no llega ni siquiera en la luna de miel. Ojo, de eso nos enteramos después, cuando Adam vuelve a Miami y tiene que pasar por la dura prueba de blanquear su casamiento frente a su madre, cada vez más retrógrada y autoritaria. Este es el momento más heavy, donde menos margen le queda a Seagle para la comedia. Y la madre de Adam, que hasta ahora era un personaje más bien pintoresco, o grotesco, asume definitivamente el rol de villana.
Por suerte no tiene tiempo para afianzarse en ese rol, porque enseguida arranca la saga final, que lleva a casi todo el elenco a Cuba, a buscar al verdadero padre de Adam y –en frenética seguidilla, casi sin tiempo para digerir lo que sucede en ese encuentro- a República Dominicana, donde Adam y Mel buscarán venganza contra el capo de Batu Balan, la célula terrorista que asesinara a Cassandra, la novia anterior del protagonista. El ritmo se acelera muchísimo, pero igual no alcanzan las páginas: hay que terminar la serie y Seagle recurre a un final de altísimo impacto (no lo puedo contar), que no es para nada el que uno hubiera esperado. No me convenció demasiado, me pareció más una escapatoria que un final. Y por supuesto no cierra todas las puntas que abrió en las sagas anteriores, entre ellas la del misterioso embarazo de Cyndi, que llevaba varios meses en una relación lésbica, sin pijas de por medio.
¿Qué pasó ahí? No se explica. Faltarían unas... 30 ó 40 páginas más, como para darle un cierre lindo, o al menos digno, a todos estos personajes con los que Seagle logró que nos encariñáramos. No esperaba la resolución definitiva al tema central de la serie (el conflicto entre la fe cristiana y la vida sexual plena y sin culpas), sabía que no iba a terminar con Jesucristo bajando de la cruz para enfiestarse con seis yiros, dos travas, un burro y un enano, pero Seagle, sin irse al mazo ni arrugar, opta por resolver todo de un modo demasiado abrupto, sin margen para la reflexión que es algo que convivió armónicamente con el tono de comedia durante toda la serie.
El dibujo está bien, es Becky Cloonan con pilas y con Ryan Kelly (otro descendiente de Paul Pope) en el banco de suplentes, listo para entrar y dar una mano en los episodios en los que Cloonan descansa. Los dos se las ingenian bastante bien para dibujar pocos fondos y cuando no les queda otra se la bancan y retratan con más onda que rigor todas las locaciones por las que pasean los protagonistas. No esperes virtuosismo porque no hay. O sí, pero en las portadas de Celia Calle, no en las historietas propiamente dichas.
Y bueno, otra buena idea, otra propuesta novedosa y jugada de Vertigo que se termina en cualquier parte porque las ventas no acompañaron. Una pena, porque el planteo era muy atractivo y hasta la saga final, el desarrollo venía también en un nivel muy satisfactorio, con buen balance entre comedia, aventura, romance y –lo más grosso- una indagación lúcida y punzante en el inagotable tema de la sexualidad. Que la sigan chupando.

domingo, 14 de abril de 2013

14/ 04: AMERICAN VIRGIN Vol.3

Esta es una serie injustamente breve, que pasó sin pena ni gloria, y de la cual leí la primera mitad sobre fines de 2010, cuando promediaba la primera temporada del blog. Ahora encaro la lectura de la segunda mitad (los TPBs 3 y 4) y lo primero que me sorprende es que me acordaba casi todo, en ningún momento me sentí en bolas, ni me pregunté de qué carajo estaban hablando los personajes creados por Steven Seagle y Becky Cloonan. Eso, sin dudas, es mérito de ellos, no mío.
El final del Vol.2 prácticamente resolvía lo que se planteaba como el conflicto principal de la serie, o por lo menos le pegaba un giro tan heavy, que obligaba a replantear bastante el rumbo de las aventuras de Adam Chamberlain para que estas pudieran continuar. No me da para explicar de nuevo el planteo básico de American Virgin (que es, además, el principal atractivo que para mi gusto tiene la serie), con lo cual recomiendo hacer click en la etiqueta y repasar las reseñas de los dos tomos anteriores. ¿Ya está? Bien, sigamos.
El primer episodio de este tomo es decisivo: por un lado, Seagle nos cuenta qué va a buscar Adam ahora que ya no tiene sentido mantenerse virgen para debutar con Cassie, el amor de su vida. Es un giro ingenioso, caprichoso y a la vez muy lógico, un “loophole” por el cual el guionista abre una puerta que hasta ahora parecía cerrada. Por el otro lado, la consigna de este tomo es tener a Adam firmemente basado en Miami, su ciudad natal, y rodeado de ese atractivo elenco familiar que le armó Seagle en el Vol.1 y después prácticamente desactivó. En estas primeras páginas, el guionista se dedica a darles carnadura a estos personajes, repletos de miserias, dobles discursos y secretos escabrosos. El segundo episodio es medio de transición, de poner en marcha el rumbo que se vislumbra en el anterior y después sí, vuelven el sexo, la religión y todos los bolonkis que me cebaron en la primera mitad de la obra.
Sin bajarse nunca del tono de comedia, American Virgin se mete a full con un montón de temas que giran en torno a la sexualidad: el matrimonio igualitario, el aborto, la conservación de la virginidad, la promiscuidad, la transexualidad, la tensión entre la castidad que exigen ciertas religiones y la pulsión erótica del mundo en general... todos estos tópicos atraviesan la historia de Adam y su familia. También hay un parto (olvidate de verlo tan explícita y maravillosamente dibujado como el que nos mostró Rick Veitch en aquel inolvidable episodio de Miracleman), un huracán, un avión que “le pifia” a la pista y termina por aterrizar en cualquier lado... todos golpes impactantes, que mantienen atractiva a la trama. ¿Y está bueno que, aún para meterse con temas jodidos y situaciones límite, Seagle no abandone nunca el tono de “comedia cool”? No sé, me lo pregunto, pero no me lo respondo.
El dibujo de Becky Cloonan está buenísimo, muy por encima de lo visto en el primer tomo. No es super original (todo el tiempo vemos flotar al fantasma de Paul Pope), no es virtuoso y no es espectacular. Sin embargo es dinámico, lindo, con muchos hallazgos en las expresiones faciales, que tienen muchísimo peso en la trama. Y no, no le pidamos a Cloonan que se mate en los fondos, porque los mete así nomás y cuando no le queda otra. Por lo menos los dibuja, que ya es mucho. Los flashbacks al pasado de la familia de Adam que vemos en el primer episodio son obra de otra chica, Christine Norrie, de la que nunca había visto otros trabajos, y va por un lado más cercano al del mainstream yanki, aunque con una onda más funny y más cool. No está mal. Para desdicha de estas dos artistas, cada veintipico de páginas el libro nos ofrece las ilustraciones que creaba para las portadas Joshua Middleton, una bestia salvaje, un dibujante de increíble talento. Ves las tapas, ves las historietas, y en el contraste la labor de Cloonan y Norrie se desluce muchísimo. Lo cual no significa que sea chota, ni mediocre, sino que Middleton es –evidente y desproporcionadamente- mucho mejor dibujante que cualquiera de las dos.
Me falta un último tomo para ver qué final le da Steven Seagle a las aventuras de Adam Chamberlain. Lo bueno es que no sé qué esperar, no se ve una línea obvia, no se sabe bien para dónde se encamina el último tramo. Y eso está bueno, porque es garantía de sorpresas. Ojalá no defraude.

sábado, 25 de diciembre de 2010

25/ 12: AMERICAN VIRGIN Vol.2


Ultimo tomo de Vertigo de 2010! Posta, prometo no hablar más de series de mi sello favorito hasta el año que viene!
Hoy me toca reencontrarme con Adam Chamberlain, el adalid de la virginidad, el chico joven, fachero y con guita que se hizo famoso por convencer a otros miles de jóvenes de que la virginidad es un don único y maravilloso que hay que preservar hasta que Dios te señale a esa persona especial a la que vale la pena regalárselo. Adam la tenía clarísima: su primera vez tenía que ser con su novia Cassie, pero esta murió en Africa, decapitada y desvirgada por el cartel terrorista Batu Balan.
Este segundo arco narra, básicamente, la venganza de Adam contra el asesino de Cassie. Son cinco episodios y podrían ser tranquilamente cuatro, pero –sin mantener el atractivo hipnótico del primer tomo- se la banca muy bien. Steven Seagle y Becky Cloonan llevan a Adam a Melbourne, Australia, ciudad con una enorme movida gay y lésbica, siempre acompañado por el duro Mel (que es el que habilita las pistas acerca del paradero del asesino) y por su hermanastra Cyndi, atorranta pero gamba a la hora de meterse en kilombos para llegar al fondo del misterio. Al final, nos espera otra revelación shockeante, fundamental para darle sentido a los dos tomos que quedan por delante: Ninguno de los terroristas que tuvo contacto con Cassie se la empomó. O sea, cuando cayó en manos de Batu Balan, ya había perdido la virginidad en otro lado. Y hay un último giro que no quiero revelar.
Para llegar a ese mano a mano con el asesino de su novia, Adam se mete en un ambiente muy sórdido y jodido, mientras Seagle aprovecha para hablar bastante de los gays y su espiritualidad, en cómo cambia tu relación con Dios cuando descubrís que te calentás con gente que tiene los mismos genitales que vos. A la hora del desarrollo de personajes, Seagle le da muchísima bola a Adam y trabaja a fondo el conflicto interno que se desencadena cuando le cae la ficha de que perdió para siempre a la minita con la que se había jurado debutar. Pero se olvida prácticamente del elenco del primer tomo, excepto por Cyndi y Mel, a los que desaprovecha bastante. También mete nuevos personajes, entre los que se destaca la periodista transexual Alex Alexis. Sin ninguna duda, en el próximo tomo va a tener que abrir un poco más el juego y terminar de resolver el mambo de Adam, porque no es lógico que siga sin ponerla mucho tiempo más.
El dibujo de Becky Cloonan sigue en un nivel muy correcto, aunque menos grosso que en Demo. Acá encuentra entintador fijo en Ryan Kelly (a quien vimos dibujar un tomo de Northlanders a principios de año), que es un clon de Paul Pope más definido, más alevoso, y lógicamente el estilo vira más para el lado de Pope que para el de Brian Wood, que era la otra influencia grossa de Cloonan. Se nota que Cloonan va a las chapas, que pisa el acelerador para sacar rápido cada página, pero –más allá de algún fondo que debería estar y no está- no tiene mayores inconvenientes a la hora de plasmar en imágenes las ideas de Seagle.
Ya lo vimos al pulcro y casto Adam descubrir los horrores de la miseria y la violencia en Mozambique y los horrores del sexo con dolor y humillación en Melbourne. Hasta ahora su obsesión con su novia muerta resultó ser más fuerte que todos los otros impactos que recibió. Veremos qué pasa más adelante. Esta vez no prometo volver pronto, porque no tengo el Vol.3.

lunes, 13 de diciembre de 2010

13/ 12: AMERICAN VIRGIN Vol.1


Tan cerca del final y me animo a volver al principio… Otra vez, como en aquel lejano 1° de Enero, me siento a leer el primer tomo de una serie de Vertigo que ya no se publica más. Como en tantas series potencialmente grossas y prematuramente canceladas, acá aparece el nombre de Steven T. Seagle, un guionista que prácticamente garantiza el fracaso comercial de los proyectos en los que se embarca. Y no porque no sea bueno: es un autor más que competente, con algunas obras muy notables en su currículum. Pero casi siempre le va mal y sus series suelen durar 25 números con toda la furia. American Virgin no es la excepción: la idea está muy buena, el primer episodio es PERFECTO, el desarrollo del primer arco es bastante atractivo, pero ya sé que la serie termina en el cuarto tomo, porque las ventas no acompañaron.
Por ahora (y supongo que hasta el final) todo gira en torno a Adam Chaberlain, un pibe de 21 años, inteligente, fachero, con guita… el típico flaco al que cualquier minita se le regalaría sin histeriquear ni 15 segundos. Pero Adam tuvo una revelación: Dios le habló y le dijo que su corazón le iba a indicar cuál era la mujer de su vida, su verdadero amor. Adam, cristiano ejemplar, no sólo le creyó: también le prometió que conservaría su virginidad hasta poder consumar el matrimonio con esa mujer tan especial, que es su novia de la secundaria, Cassandra. Adam viene de un año entero al frente de una cruzada por la virginidad, en el que escribió un libro exitosísimo y dio cientos de conferencias acerca de la importancia de mantenerse virgen hasta el momento de unirse en un acto místico y maravilloso con ESA persona única y especial a la que Dios te va a ayudar a encontrar, como si fuera un GPS. Gracias a esta cruzada, Adam se hizo famoso y recibe muchas ofertas, no sólo de chicas que lo quieren desvirgar, sino de canales de TV de tele-evangelistas que lo quieren al frente de un programa para que los jóvenes se copen con Dios (y dejen un billete en las arcas de las iglesias, claro).
Hasta ahí todo bien, pero… ¿por qué no cogen Adam y Cassandra? Porque la chica se fue de voluntaria a Africa, a una zona de conflictos sociales y miseria extrema y hace dos años que no se ven. ¿Dos años sin tocar a la chica que amás ni a ninguna otra? ¿No será mucho? No si Dios te convenció de que la espera vale la pena. Así se construye el mundo de Adam, por el que pululan su madre (ferviente religiosa, al borde del fascismo), su padrastro (dueño de un canal de TV religioso), su hermanasta (bastante atorranta) y su hermano, un pibe común y corriente, menos inteligente que Adam, pero más vivo a la hora de entregarse a los designios de otra Santísima Trinidad: sexo, droga y rock´n roll. Y de pronto, la noticia parte de un pueblito de Mozambique y recorre el mundo: Cassandra fue asesinada, decapitada y –nos enteramos después- desvirgada.
Así empieza la historia, cuando el mundo de Adam se desploma sobre su cabeza, cuando le cae la ficha de que lleva años esperando ese polvo sublime y definitivo con una chica que ya nunca será suya ni de nadie. Entre enloquecido y cegado, decide viajar a Mozambique a buscar al cadáver de su amada y así, junto a su hermanastra que le hace el aguante, pasa el resto del tomo yendo y viniendo por los ásperos paisajes africanos hasta poder unir cuerpo y cabeza de Cassie en un ataúd como Dios manda. Pero termina con muchas más dudas de las que tenía cuando viajó. ¿Quién mató a su novia? ¿Por qué? ¿Cómo perdió la virginidad que le tenía reservada a él? Ya nos enteraremos.
A cargo de la faz gráfica tenemos a Becky Cloonan, la grossa de Demo, acá sin variar el estilo de un episodio a otro. Cloonan opta por dibujar toda la serie en un estilo que tiene mucho de Paul Pope, pero también algo de Brian Wood (cuando dibujaba) y algo de Bryan Lee O´Malley. Y le queda bien, se acopla bien con la onda de la serie. Dibuja a todos los personaje con rasgos bien distintivos, le presta atención a detalles de la ropa, del lenguaje gestual y corporal, no se mete en ningún brete narrativo y simplifica mucho los fondos, pero sin hacer la chantada de no dibujarlos o de meter fotos. Muy bien el colorista Brian Miller, que se complementa muy bien con esta imparable artista nacida hace 30 años en Italia.
American Virgin tiene aventura, acción, comedia, bajada de línea y temas siempre fértiles para el debate como la religión y el sexo. Un elenco interesante, muy buenos diálogos, buen ritmo, muy buenos dibujos… No te digo que pintaba para ser el próximo 100 Bullets, pero el planteo inicial sin duda daba para durar más de 22 episodios. A comerlaaa!