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viernes, 20 de marzo de 2026
TIEMPO PARA RETOMAR
Otra semana en la que tuve poquísimo tiempo para leer comics y menos todavía para escribir reseñas. Vamos ya con el material que pude leer, antes de que me olvide y lo tenga que leer de nuevo :P
El copado de Jeff Lemire arranca el Vol.3 de Black Hammer con un breve recuento de lo sucedido en los primeros TPBs (los vimos acá el 27/06/19 y el 12/01/23, respectivamente) y -para mi sorpresa- me acordaba de casi todo. Hasta de los nombres de algunos personajes. Acá arranca un arco extenso, llamado Age of Doom, que continúa en el Vol.4 (que está ahí, en el pilón de las futuras lecturas) y que nos trae un montón de revelaciones para los misterios que construyó Lemire en los dos primeros tomos. ¿Cómo cayeron a ese pueblo rural estos superhéroes tan parecidos a los de DC? ¿Por qué no pudieron salir de ahí durante 10 años? ¿Era todo real, todo mentira, un plan maligno de algún villano? Acá están todas las respuestas y son sumamente impactantes.
Toda esa tensión acumulada entre un relato costumbrista, casi pastoral, protagonizado por ex-superhéroes y ese misterio zarpado, donde parecían estar implicados elementos de misticismo y/o ciencia ficción, explota en estas páginas. Quizás no de modo tan orgánico, porque a Lemire parece incomodarlo la decisión más importante que tomó en el TPB anterior, que fue hacer aparecer en la granja a Lucy, la hija del Black Hammer original, ahora convertida en una nueva superheroína que continúa el legado de su padre. Entonces, en un pase de manos digno de René Lavand, se saca de encima a Lucy y la manda... a una especie de universo Vertigo, por donde se pasea junto a una especie de Deadman, visita a una especie de Endless y hasta se cruza en una viñeta con Sweet Tooth. Todo esto es entretenido, pero en el contexto global de la saga, parece más un chiste largo que un elemento importante en la trama. Los avances realmente relevantes llegan unos episodios después, cuando Lucy llega por segunda vez a la granja y confronta con... los responsables de todos estos extraños sucesos.
De nuevo, Black Hammer es un comic logradísimo, que no necesita abusar de la machaca para atraparnos en una historia que solo podía ser protagonizada por superhéroes. Que aparecen retratados como seres humanos creíbles y tridimensionales (sobre todo Abe, Gail y Max) y que sobre el final del tomo se van a reencontrar con algo que en sus vidas es fundamental y que creían haber perdido para siempre: la épica. Pero ese reencuentro se va a explorar más a fondo (supongo) en el Vol.4. Y no, Dean Ormston no es de esos dibujantes que uno asocia con el relato épico, grandilocuente e incluso estridente en el que se mueven con tanta comodidad los superhéroes. Pero acá demuestra que puede dibujar de todo muy bien, no solo las escenas de gente charlando. La trama lo lleva de los paisajes bucólicos a la gran urbe, al Infierno, al espacio exterior, a esa dimensión "conceptual" donde habitan los falsos Endless, y Ormston no flaquea nunca y sale bien parado en todas las secuencias. Y sí, claro, tiene en el mazo un as de espadas que es el color de Dave Stewart, que tampoco falla jamás.
Espero poder entrarle al Vol.4 antes de fin de mes, porque este me dejó muy cebado.
En mi recorrida por la historieta latinoamericana reciente, me devoré Escuta, formosa Márcia, una novela gráfica del maestro brazuca Marcello Quintanilha que apareció por primera vez en 2021, en Francia, y que pude conseguir en la lujosa edición de Fantagraphics, en inglés. Estos ilusos se creyeron que podían vender un montón de ejemplares de una obra totalmente alienígena en el mercado yanki, al precio disparatado de u$ 30... y así es como Listen, Beautiful Marcia terminó en el sector de ofertas de la tienda virtual en la que yo cada tanto compro material.
Pero vamos a lo importante: más allá de los premios que ganó, Escuta, formosa Márcia es hasta ahora la mejor obra en la imponente trayectoria de Marcello Quintanilha. El dibujo es sublime, los personajes parecen estar tomados (al igual que los fondos) de referencias fotográficas, pero tienen una plasticidad, una vida, increíbles. Nada que ver con lo que vimos el 26/06/21 en Talco de Vidrio. El color es espectacular y el contraste entre la línea finita y lo brutal, lo grotesco del argumento, es un hallazgo formidable por parte del autor.
Escuta, formosa Márcia es por momentos un drama familiar profundo, la historia de una mujer de clase baja con un corazón y unos ovarios inmensos, dispuesta a luchar contra todo para tener una familia más o menos feliz, mientras se desloma (en serio) trabajando. Pero lo interesante es que, para contarnos esto, Quintanilha no se abstiene de recurrir en varios pasajes a un tono grotesco, caricaturesco, como si estuviéramos en un sketch de Antonio Gasalla, con gritos y puteadas al límite de la carcajada. Sumémosle que buena parte de la historia transcurre en una favela de Río de Janeiro, donde gangsters y policías están entongados en una red de narcotráfico y corrupción, y de ahí salen elementos de acción, peligro y corchazos sin renunciar nunca al realismo. Quintanilha nos introduce en un submundo en el que la marginalidad está totalmente normalizada y es parte de la vida cotidiana de Márcia y de miles de personas más. Algo que a los argentinos también nos resulta mucho más cercano que a los franceses o los yankis, pero que rara vez nuestros autores toman para darle espesor dramático (o cómico) a sus historietas.
En general, las historias que exaltan el amor y los valores familiares me dejan un poco frío, pero en Escuta, formosa Márcia hay tanto más que eso, y está todo tan bien ensamblado, que me hipnotizó, me fascinó al punto de no querer que se terminara nunca. Marcello Quintanilha me ametralló con más de 100 páginas repletas de emociones, y encima con uan evolución en su estilo que levantó muchísimo una vara que ya venía muy alta, porque a nivel gráfico la rompe desde sus primeros trabajos. Una obra altamente recomendable y que le suma signos de interrogación y de exclamación a la pregunta (ya casi en tono de alarido que te desgarra la garganta) de por qué en Argentina no se conocen las historietas más importantes y más bellas que producen nuestros hermanos de Brasil.
Hasta acá llegamos, y ni bien tenga nuevos libros leídos, retomamos. Perdón por lo espaciado de las reseñas, pero -posta- estoy hasta las pelotas con otras obligaciones. Buen finde extra-large per tutti.
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lunes, 22 de diciembre de 2025
TRES MUNDOS DE FANTASÍA
Casualmente, este elemento se repite en las historietas que tengo para reseñar. Veamos.
Un muy lejano 13/05/20, teníamos en este espacio la reseña del Vol.1 de Descender, de Jeff Lemire y Dustin Nguyen. En ese momento no suponía que iba a tardar tanto en leer el Vol.2, pero puede pasar. Por lo menos me queda la tranquilidad de que en el medio leí un montón de obras más de este prolífico canadiense.
Cuando leí el Vol.1, sentí a Descender emparentado con Sweet Tooth. Ahora también le veo puntos en común con Saga (de Brian Vaughan y Fiona Staples), y no me refiero solo al género de ciencia ficción. Descender replica lo mejor que tiene Saga, que es la capacidad de combinar una aventura de proporciones épicas con una gran humanidad, un gran laburo para convencer al lector de que estos personajes y sus emociones son realmente importantes para que la trama avance. Y además, toda esa vasta exploración de un universo fantástico, con razas, planetas, culturas, tecnologías y demás, que -bien hecho- siempre resulta fascinante.
En la reseña del Vol.1 yo hablaba del "riesgo de irse por las ramas, de que algunas de esas buenas ideas que nacen en este tomo se diluyan en los que vienen después". Bueno, la chota. En este segundo tramo se incorporan nuevos personajes, locaciones y conceptos, pero Lemire no pierde para nada el foco y la narración se mantiene 100% ajustada a las consignas que nos atraparon en el Vol.1. El final del tomo llega en un momento áspero, un cliffhanger jodido como enema de chimichurri, que te ceba como para salir de tu casa a las 3 AM a buscar un dealer que te venda YA el Vol.3, al precio que sea. Y eso no se debe a que Descender sea un torbellino de acción y machaca, sino a que los autores se matan para que los personajes nos importen y los vínculos entre ellos se vuelvan el elemento central de la saga.
El dibujo y el color a cargo de Nguyen siguen muy arriba, aunque ahora son más las excusas para no dibujar fondos, y están más presentes los primeros planos. Cuando dibuja fondos, naves, satélites, asteroides agujeros negros y demás, la rompe toda. Pero -de nuevo- el énfasis está puesto en las emociones de los personajes, y eso se resuelve fácil y rápido con un buen trabajo en los primeros planos. Nguyen ofrece un menú muy amplio de grillas, para que cada puesta en página sea única y sobre todo muy efectiva.
Una vez más, me la baja un poco la extensión de la serie, sobre todo cuando uno arranca tan de atrás. Pero por ahora, Descender justifica plenamente no solo la cantidad de TPBs que hay que comprar, sino todos los elogios que recibió mientras se publicaba. Ni bien pueda, voy por más.
Me voy de EEUU a Argentina, y de los remotos confines del cosmos a un reino medieval, para internarme en La Gloriosa Historia, primer trabajo conjunto de dos autores que me gustan mucho. El guion es de Alejo Valdearena y los dibujos de Agustín Paillet. Y sí, el combo entre dos capos dio como resultado una historieta sumamente disfrutable.
La Gloriosa Historia tiene comedia, aventura, romance, batallas entre ejércitos, un toquecito de sexo, una sátira despiadada al absolutismo y los caprichos criminales de quien se sabe enormemente poderoso, y por si fuera poco, nos presenta otro mundo fantástico en el que caben muchas más historias, con estos u otros personajes. ¿Qué se le puede criticar? En mi caso, creo que esto se vería mucho mejor publicado a color, más allá de que el trabajo de Paillet en blanco, negro y grises (aplicados con tramas) sea impecable. El principal argumento para sostener esto me lo da la propia portada del libro, que es a todo color y se ve espectacular.
Y después, y en mucha menor medida, capaz que llega un poco tarde, cuando muchos lectores están ya muy cansados de que el personaje de "la minita" sea la Guacha Pistola, la que tiene todo claro, la que resuelve todo, la que le gana a todos, la que hace que -en la comparación- todos los personajes masculinos que la rodean se vean como imbéciles. Ya está, ya pasó, ya entendimos que está bueno subvertir esas reglas de la aventura clásica en las que "la minita" era parte del decorado, o estaba ahí solo para que el héroe (varón) la rescatara de algún peligro. Pero esa vertiente empezó... no sé, en 1984 con la primera Terminator... y hoy está un toque gastada. Estaría bueno agarrar para otro lado, así no se pierde la sorpresa.
El resto es una fiesta, 100 páginas a pura diversión, con buenos personajes, conflictos entretenidos y variados, una narración gráfica muy tradicional, pero a la vez muy dinámica y muy fluida, los clásicos diálogos llenos de ingenio a los que nos tiene acostumbrados Valdearena (pero ahora en castellano antiguo) y -como ya señalé- un trabajo magnífico de Paillet en el diseño de los personajes, el mundo que habitan y la forma en que se mueven. Sin dudas, La Gloriosa Historia merece un lugar entre las mejores historietas argentinas de 2025.
Y cierro con una breve mención a Gauchobots, primera historieta del experimentado animador y diseñador de videojuegos Martín Eschoyez. La idea de un mundo de androides y robots en el que sobreviven las tradiciones de los gauchos argentinos es una genialidad absoluta. Es algo que habría funcionado maravillosamente como un serie humorística, en entregas de dos o tres páginas en cada número de Fierro. Historias cortas, en joda, muy basadas en la exploración de este universo fantástico. El tema es que Eschoyez plantea una aventura "larga", de 26 páginas, y ahí ya no alcanza con el world building: tiene que "pasar algo". Lo que pasa es una típica pelea entre el héroe y un monstruo, en la que Jote (el héroe) repite frases y hasta poses que ya vimos miles de veces en otros comics de machaca con monstruos ("¡esto se termina... ahora!"... ¿en serio? ¿Otra vez sopa?). Menos mal que el dibujo de Eschoyez es alucinante de punta a punta, porque el guion, al abordar la aventura de una manera tan remanida, pierde un poco del atractivo que tiene en las primeras páginas.
Nada más. Estén atentos al sitio web y el canal de YouTube de Comiqueando, así se enteran cuándo está disponible la nueva revista Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/. Calculo que habrá como mínimo una entrada más en el blog antes de fin de año. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 28 de noviembre de 2025
VIERNES DE MATERIAL MODERNO
Mis dos últimas lecturas son libritos publicados después de 2020, es decir, muy recientes para los standards de este blog.
Empiezo con Sweet Tooth: The Return, una saga de cinco episodios en la que Jeff Lemire (una vez más junto a José Villarrubia) retoma la historia de Gus para una especie de secuela, entretenida pero innecesaria. Me imagino que habrá sido un pedido de la editorial, para colgarse de la tetas de la serie que justo para ese momento (2020-21) estrenó Netflix, y la verdad que la idea de Lemire para esta especie de coda a la serie original no es mala. Pero si un lector nuevo trata de entrar al mundo de Sweet Tooth por acá, va a salir más confundido que si coteja las declaraciones de un político en 2020 con las de ahora... y el que ya leyó todo el Sweet Tooth, se va a encontrar con que este Gus que "vuelve" no es exactamente Gus, sino... Bueno, no les voy a cagar el argumento, por si lo quieren leer. Digamos que al contexto de ciencia ficción extraño que tenía la serie original, con enfermedades imposibles, manipulación genética y demás, Lemire le agrega una capa de oscurantismo religioso que funciona muy bien.
Y por supuesto tiene que haber una aventura con buenos y malos, y quizás eso sea lo menos interesante que tiene "The Return". Un argumento que exhibe un cierto espesor dramático, pero que peca un poco de predecible. Uno ya sabe lo que va a pasar, y a lo sumo duda si todos los personajes secundarios van a llegar vivos al final, o si Lemire se va a cargar a alguno. Las apariciones de Jepperd están puestas ahí medio con forceps, como guiños que el lector del Sweet Tooth clásico supuestamente estaba esperando, para que la conexión entre la saga original y esta sea más... creíble. La verdad que a mí no me movieron un pelo, ni me aportaron nada. Los personajes nuevos están bien, se la bancan muy decorosamente, aunque no me los imagino soldadeando a este "Gus" a lo largo de 40 episodios como sucedió con los de la primera iteración.
En fin, me quedo con el dibujo de Lemire, que está inspiradísimo. El canadiense combina grillas tradicionales con otras más jugadas, y dibuja todo con ese trazo suelto, dinámico, que parece hecho a mano alzada, a los santos pedos, directamente con tinta, sin bocetos ni lápices. Como siempre que él mismo dibuja sus guiones, se destacan la expresividad de los personajes y la fluidez del relato gráfico. Lemire nunca va a ser un virtuoso del dibujo, pero tampoco lo necesita. El tipo está más allá de eso, es una usina creativa imparable, y obviamente en cualquier momento vamos a descubrir más trabajos suyos.
Con la historieta argentina estoy como esa canción de Xuxa que decía "un pasito para el frente y un pasito para atrás". Estoy tratando de leer la mayor cantidad posible de libros publicados en 2025, pero cada vez me zambullo en la pila de los pendientes, me encuentro con un libro de 2024 que, por algún motivo, no leí en su momento. Uno de ellos es la antología de historias cortas (algunas MUY cortas) y obra dispersa del santafesino Nacho Yunis, publicada por el sello Grünendör en una edición bastante cheta que incluye páginas a color. Veamos con qué me encontré adentro.
Las dos primeras historias me parecieron flojitas, pero a partir de la tercera, la cosa mejora notablemente. "Segunda Chance" es una joyita de apenas tres páginas, escrita (sin texto) por Leandro Mansilla, y con la novedad de que Yunis estrena acá su estilo más cercano al humor gráfico o a la historieta infantil, en el que demuestra una solvencia impresionante. Después hay un guion muy cortito (dos páginas, un chiste largo) escrito por Rodolfo Santullo, que también es gracioso y está bien resuelto por el santafesino. Y después, dos de superhéroes, ambas de cuatro páginas, ambas con guiones propios y ambas con un nivel de dibujo devastador: una juega con la iconografía de Darkseid y la otra con la de Superman, y las dos son brillantes. Esas ocho páginas justifican el precio que pagues por el libro.
Después hay cosas medio ladris, como tres páginas de una historieta que quedó inconclusa, o el episodio final de Los Hermanos Segelín (con guion de Roberto Barreiro), que ya habíamos visto el 30/05/22. Tenemos también una historia bastante entretenida escrita por Martín Mazzeo, con un gran trabajo de Yunis en el dibujo y la aplicación de grises; una a todo color con guion de Mansilla que juega con el multiverso del Capitán Barato en clave de joda; una de corte más dramático escrita por Diego Arenales, en la que Nacho le pone todo a la narrativa; otra cortita con guion de Barreiro que arranca bárbaro y se pincha un poquito cuando el final intenta "pasarse de listo"; y terminamos a pura comedia, con un guion de Tomás Wortley que no me causó gracia en ningún momento, pero que está dibujada de manera muy notable por el santafesino.
Si todavía no descubriste a este talentoso historietista argentino, sin dudas este libro es un buen punto de entrada, porque lo vas a ver dibujar en varios estilos, incursionar en géneros muy variados y tirar magia en la planificación de páginas y secuencias muy distintas entre sí, siempre de manera eficaz y criteriosa. En los últimos años, Nacho Yunis se volcó a la historieta para primeros lectores, con la exitosa serie Los Anyirú, pero yo lo quiero ver volver al comic para adultos, o para todo público, con una obra extensa, en lo posible junto a un guionista grosso.
Hasta acá llegamos, por hoy. Gracias y nos reencontramos en cualquier momento, con nuevas reseñas acá en el blog.
miércoles, 19 de noviembre de 2025
ENÉSIMA NOCHE DE MIÉRCOLES
Se puso de moda escribir reseñas los miércoles a la noche... ponele.
Gracias a esta impecable edición de Primavera Revólver, em reencontré con una breve serie de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena que -si no me equivoco- había salido en los últimos números de Skorpio, allá por 1995.
Ilya, el Rey León tiene apenas cuatro episodios, que alcanzan para contar lo que los autores quieren contar: la búsqueda de la redención por parte de Valkan, y la inspiración que encuentra en su ancestro, el monarca apodado "Rey León", protagonista de gestas legendarias en una Rusia fantástica. Es una historia lineal, sencilla, que avanza a buen ritmo hacia un final no demasiado impredecible, pero igualmente impactante.
Aclaremos de movida que Ilya, el Rey León no es una de las obras fundamentales de Mazzitelli y Alcatena, y que si no la leés, no pasa nada. A lo sumo te perdés unos cuantos dibujos majestuosos de Quique, pero de esos hay en todos los libros de la dupla. Acá hay momentos en los que el dibujo realmente estalla y se hace hipnótico, sobre todo en el episodio final, cuando Alcatena elimina esas guardas recontra-sobrecargadas de detalles, que en los primeros episodios generan cierto agobio visual, y hasta cierta confusión. Más allá de eso, hay un despliegue brutal en materia de paisajes, criaturas, detalles imposibles en la vestimenta de los personajes... Como siempre, bah. Nunca falta ese mix aliucinante entre trabajo con la referencia gráfica y la imaginación desbocada de un dibujante prodigioso y completo como es Alcatena.
Esperaba un poquito más del guion, quería que a Valkan le costara un poco más pasar de ser un sorete a ser un héroe mitológico, pero entiendo que en solo cuatro episodios no se puede hacer magia. Y el personaje de Baba Yaga, que amga con ser relevante, se queda en el amague. Una pena.
Ilya, el Rey León está bien para pasar un buen rato, y deslumbrarse con el virtuosismo de un Alcatena que, con 50 años de trayectoria, nunca deja de sorprender. Un libro sólo para completistas de una de las duplas que más méritos hizo para tener completistas.
Salto a EEUU, año 2020, cuando Image empieza a publicar Family Tree, una saga de 12 episodios escrita por Jeff Lemire y dibujada por Phil Hester... junto a un equipo de asistentes, porque coincide con el momento en que el maestro estaba medio baqueteado por un problema de salud. No me causa mucha gracia que 12 episodios se recopilen tres TPBs (tendrían que ser dos... o uno), pero este inicio me pegó lo suficiente como para querer comprar los dos tomos siguientes... sin apuro, cuando los vea a buen precio.
La consigna es una demencia: una nena se empieza a transformar en árbol. Y al toque nos enteramos que su padre ya se transformó por completo en árbol. ¿Qué es esta bizarreada? ¿Y por qué funciona como disparador de una gran historia, dramática, violenta, en la que van a salir a la luz secretos familiares? Darcy (el tipo que se hizo árbol) dejó a su familia tiempo atrás y fue Loretta, su esposa, quien se tuvo que hacer cargo de criar a Megan, esta nena de ocho años, y a su hermano adolescente, fuente inagotable de bolonkis. La familia se completa con el papá de Darcy, un hombre ya casi anciano, pero absolutamente predispuesto a entrar en acción para salvar la vida de sus nietos.
Ya para el segundo episodio, el ritmo frenético de los tiros, machetazos y persecuciones se lleva puesto el clima de costumbrismo suburbano que Lemire y Hester plantearon en la primera entrega, y uno quiere que la acción para un cachito, que nos expliquen quiénes son los villanos, por qué quieren matar a Megan, y qué saben acerca de su misteriosa enfermedad. Ojalá eso pase en el segundo TPB. Acá evidentemente los autores eligieron el impacto a tope, el relato bien al palo, como para que nos enganchemos rápido y a fondo. Y menos mal que existe el TPB... esto leído de a 22 páginas por mes debe ser un suplicio.
Soy fan de Lemire, soy fan de Hester, me queda claro que en Family Tree ninguno de los dos se está tirando a chanta, estas páginas me transmitieron sensaciones copadas, me engancharon a full con los personajes... y obviamente quiero más. Así que en algún momento volveré a entrarle a esta serie, a ver cómo continúa la historia de Loretta, sus hijos y estas extrañas transformaciones de humanos en árboles.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog, y con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, en el canal de YouTube de Comiqueando. Si van el finde a la San Luis Comic Con, acérquense a saludar, que yo voy a estar ahí viernes, sábado y domingo.
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sábado, 27 de septiembre de 2025
NOCHE DE INVESTIGACIONES
Hoy tengo para reseñar dos comics en los que pasa lo mismo: una chica investiga, averigua y busca data para entender hechos del pasado. No son muchos más los puntos en común entre ambas obras, pero para empezar, no está mal.
Vuelvo al universo de Black Hammer, que lo tenía abandonado desde el 12/01/23, para leer Sherlock Frankenstein and the Legion of Evil, un arco que originalmente se publicó a modo de spin-off, pero que después nos explicaron que es el Vol.3 de la saga y que debe leerse justo después del Vol.2, que es el último que vimos en este espacio. El TPB arranca con el nº12 de Black Hammer que (al igual que el nº 9) parece medio descolgado en el contexto de la serie, y está dibujado por David Rubín. Sin embargo, ese unitario funciona perfectamente como prólogo de la miniserie de Sherlock Frankenstein, con lo cual tiene infinitamente más sentido leído como parte de este TPB que como "unitario" dentro de la serie regular que escribía Jeff Lemire.
En la reseña del Vol.2 mencioné que había un plot "bastante secundario", que involucraba a la hija de Black Hammer, decidida a "llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo". Bueno, de eso se trata este tramo de la saga de Black Hammer. Todo pasa por Lucy Weber y su pesquisa, que la lleva a entrevistar a los principales villanos que componían la galería de adversarios de su padre. Lemire utiliza este argumento para -de manera magistral- tirarnos alta data acerca del pasado de este universo, pasar en limpio mucho de lo que sucedió antes de aquel fatídico combate entre los principales superhéroes y el Anti-God, y además para darle personalidad y profundidad a villanos que hasta ahora apenas se habían mencionado, e incluso a otros creados para este arco. Lucy y Sherlock Frankenstein son los personajes que Lemire más y mejor desarrolla, pero la verdad es que los hallazgos no se circunscriben ni ahí a la hija y el némesis de Black Hammer. Como todo relato que indaga en la memoria y en los sucesos del pasado, predomina un cierto clima nostálgico que le arrebata el protagonismo a la machaca que uno supone que se va a encontrar en un comic repleto de superhéroes y supervillanos. Pero ya lo dijimos en las reseñas anteriores: Black Hammer es otra cosa, va para otro lado. Es una mirada distinta a los universos "piyameros", enriquecida por el amor y la erudición que despliega Lemire en este género, pero con otra ambición.
Y uno diría "qué desperdicio tener a un dibujante salvaje como David Rubín y ponerlo a dibujar una historieta en la que no abunda la machaca"... pero no. Acá se luce un Rubín más tranqui, que no necesita meter acción y violencia para generar páginas y secuencias de enorme intensidad. Con los diálogos y los silencios también se puede construir algo monumental, y Rubín lo logra ampliamente. Por supuesto que cuando aparecen personajes monstruosos, peleas estridentes o transformaciones escabrosas el trazo del gallego (y su paleta de colores, y su rotulado) pega a mucho más fuerte, pero también la rompe en las escenas más tranqui. La verdad que este es un tomo brillante, que abre muchísimas puntas, que cohesiona muchísimo a este universo cautivante y que te deja con ganas de zambullirte en el siguiente tomo, que no es el Vol.3 de Black Hammer sino uno que no tengo, protagonizado por el Doctor Andromeda. Ojalá lo consiga pronto.
Y me vengo a Argentina, año 2025, para disfrutar de una gratísima sorpresa. En general, cuando uno lee mucho Kundo Krunch, Jok, Tátum, Pablo Burman, Ángel Mosquito... siente que ya está preparado para todo, que ya tiene incorporado el hecho de que hay dibujantes muy capos y muy locos, que no se calientan por reproducir la realidad que los rodea, sino que se juegan a reimaginar, reinterpretar y rediseñar todo: el fuego, el agua, los objetos, los paisajes, la gente... Todo pasa por un prisma muy personal, que requiere un grado más de decodificación por parte del lector pero que suele gratificarlo muchísimo. Y ahora a esa línea hay que sumarle un nombre más, un dibujante originalísimo, tremendo, con un trazo hiper personal, una imaginación impresionante y un pulso narrativo totalmente hipnótico: Federico Schujman, joven autor oriundo de Mar del Plata, que parece una especie de Chantal de Spiegeleer ida al carajo, mezclada con algún autor medio salvaje del under español.
Marea Roja es la primera novela gráfica de Federico Schujman y sorprende por todos lados. No solo por lo original del dibujo, el color y las texuras, no solo por lo efectivo de la puesta en página y el manejo impecable de las escenas mudas. También el guion exhibe una solidez increíble, si pensamos que es un autor novel que no tiene ni 30 años. Obviamente que no es perfecto (hay un par de personajes que amagan con tener mucho peso en la trama pero se desdibujan un poco y aún así Schujman fuerza un toque su presencia en las escenas importantes) pero es mucho mejor que guiones firmados por tipos y minas con muchísima más trayectoria.
Esta vez, la chica que indaga en el pasado es Natalia, quien despierta amnésica en un puerto y necesita saber quién es, qué le pasó y por qué le falta uno de sus aros de perlas. Con esa premisa, Schujman nos va a guiar por un laberinto de corrupción que involucra trata de personas, tongo en las peleas de boxeo y una familia mafiosa que goza de total impunidad. El autor no solo nos hace empatizar con Natalia, sino que hasta los villanos tienen momentos en los que los vemos como seres de carne y hueso, sensibles y humanos. El trabajo con los personajes secundarios también es muy notable, el juego de ir para adelante y para atrás en el tiempo está muy bien logrado, y no hay un solo momento en las más de 180 páginas que dura Marea Roja en el que te aburras o te preguntes si falta mucho para el final. Mientras tanto hay superchería, vómitos, sexo, pesca, alucinaciones, piñas, asesinatos, incendios y demás condimentos para una trama de verdad, memoria y justicia que -no tengo dudas- te va a enganchar... a menos que te expulse el dibujo que -como sucede a veces cuando los autores desarrollan una estética tan extrema- no está pensado para gustarle a todo el mundo. Yo compré hook line and sinker, y ya estoy a la espera de una nueva novela gráfica de Federico Schujman. Ah, muy grosso que una editorial como Loco Rabia apueste por una propuesta así, una obra ambiciosa y zarpada de un autor al que no lo junan ni en su casa.
Y nada más, por hoy. Capaz sale una entrada más antes de fin de mes, capaz no... veremos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto.
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viernes, 19 de julio de 2024
VIERNES AL MEDIODIA
Medio bizarro, pero bueno... es el rato que encontré para sentarme a redactar las reseñas de los dos libritos que terminé en estos días.
Me faltaba un TPB para completar la etapa de Hawkeye que empezó con Matt Fraction, terminó con Jeff Lemire y tuvo tres números 1, en ese furor demencial de Marvel por relanzar las colecciones todo el tiempo. Por suerte la colección de los TPBs va del 1 al 6, sin hacerse cargo de los reinicios en la numeración de los comic books.
Si el tomito anterior me entusiasmó, este directamente me conmovió. Lemire retoma el tema de los tres pibitos medio freaks con hiper-poderes psiónicos y los convierte en el núcleo de dos tramas: una que sucede en el presente y otra que sucede en un futuro posible, 30 años después de lo narrado en el tomo anterior. Ah, y por si fuera poco, después se suma una tercera trama ambientada diez años antes, cuando Kate Bishop era una nenita de ocho o nueve años.
Evidentemente hay que prestar atención para no perderse, pero por suerte Ramón Pérez da (una vez más) cátedra de versatilidad, al presentar cada una de estas ambientaciones temporales en un estilo gráfico distinto. Para el presente elige (como ya vimos) ese trazo adusto, sintético, basado en una línea gruesa que por momentos recuerda a David Ajá y por momentos a David Lapham, para ilustrar el pasado de Kate vuelve a esas acuarelas bellísimas que utilizó para mostrarnos el pasado de Clint y Barney, y finalmente para las secuencias del futuro pela un tercer estilo, más crudo, parecido a un boceto sin entintar, donde está todo más jugado al trabajo de color que incorpora Ian Herring. Acá es donde el trazo de Pérez más se parece al del propio Lemire.
Los guiones están llenos de hallazgos, de diálogos tremendos y momentos ultra-emotivos. Lemire subraya todo el tiempo algo que ya nos había marcado Fraction: Clint se parece muy poco al resto de los superhéroes de la cosmogonía de Marvel. Y está muy bien que lo recalquen lo más posible. Por otro lado, el canadiense se ensaña un poco con el arquero: tal vez para darle chapa a Kate (que está pensada como un personaje perfecto, sin fisuras ni dobleces), son varios los momentos en los que a Clint lo hace quedar como un forro. Un forro querible, con esos defectos que lo acercan un poco más a los lectores, que tampoco nos parecemos demasiado a los típicos superhéroes, pero un forro al fin. La verdad que el contraste entre Clint y Kate funciona tan bien, y enriquece tanto la mitología de Hawkeye dentro del Universo Marvel, que no se lo puede putear a Lemire por "torcer" un poquito la caracterización, ni de Clint ni de Maria Hill, que es otra figura bastante relevante en este tomo, pero que por momentos se siente "fuera de personaje".
Me voy muy contento de esta etapa de Hawkeye. Ya cerré esta serie, cerré la primera de Daredevil de Mark Waid, y ahora es hora de avanzar con otras series segundonas y terceronas de Marvel, de esas que me gustan a mí.
Me vengo más cerca: Diciembre de 2023, República Oriental del Uruguay. La banda conocida como La Tabaré (liderada por Tabaré Rivero) lanza su 15º álbum, llamado Urutopías, y el historietista charrúa Nicolás Peruzzo no solo ilustra afiches, portadas y demás piezas gráficas para el disco, sino que además arma una novela gráfica cuyo argumento surge del concepto del álbum, y en la que la mayoría de los textos son -ni más ni menos- las letras que Tabaré escribió para cada una de las canciones.
Así, Urutopías se convierte en un disco por un lado, y en un comic por el otro: dos experiencias muy distintas entre sí, pero que cuentan la misma historia y bajan la misma línea. Es una aventura fantástica, ambientada en una Montevideo post-desastre ecológico, con elementos futuristas, animales antropomórficos y hasta vacas voladoras. Las letras del disco hablan de resistencia, de un resurgir de la libertad y el arte tras un período de opresión, apatía y resignación, y las historietas de Peruzzo le ponen a ese discurso la fuerza y la dinámica de un comic con mucha acción, persecuciones y situaciones extremas para los personajes. El resultado es realmente bueno, porque podés leer la historieta sin tener la menor idea de lo que sucede en el disco y aún así se entiende todo y se disfruta como (ya lo dije) una buena aventura de acción en la que un grupito resiste y confronta con un régimen represor. ¿Hay muchas de esas historietas? Sí, pero esta tiene animales en los roles de los humanos, está ambientada acá nomás y se nutre de la poesía que Tabaré Rivero le puso a sus letras. Y además el dibujo de Peruzzo (resuelto en blanco, negro y grises) es ágil, expresivo y hasta amistoso a pesar de los niveles de violencia que despliega en algunas escenas.
Lo más difícil, que era tomar las canciones de La Tabaré y darles un sentido narrativo, una curva dramática que permita convertir un disco en un relato, está perfectamente logrado. Un poco porque Urutopías es un álbum conceptual (siguen existiendo, mirá vos...) y un poco porque Peruzzo es un narrador nato, al que le tirás cualquier idea y le encuentra la vuelta para convertirla en una historia ganchera. A veces cómica y a veces (como acá) vibrante, tensa, con momentos épicos.
Si sos fan de La Tabaré, supongo que ya conocerás el disco. Pero por ahí no sabías que había un comic basado en el mismo concepto, y en ese caso, te lo recomiendo. Y si no sos fan de La Tabaré, podés leer Urutopías como una historieta atípica dentro de la vasta y muy diversa) producción de Nicolás Peruzzo. En ambos casos me parece que vas a salir más que satisfecho.
Y nada más, por hoy. Puede ser que mañana también haya reseñas, así que atenti. Mientras tanto, no dejes de descargar la Comiqueando Digital nº9 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/, así por muy poca guita te llevás una cantidad brutal de artículos espectaculares y QRs para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. La seguimos pronto.
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domingo, 7 de julio de 2024
TARDE DE FRÍO Y SOL
Bueno, acá vamos de nuevo...
Tenía colgada desde 2018 la serie de Hawkeye de Matt Fraction, o no, porque Fraction la deja después de aquel Vol.4 (reseñado el 15/02/18) y este Vol.5 es prácticamente un nuevo inicio, si bien el nuevo guionista (nada menos que Jeff Lemire) da por sentado que el lector conoce a los dos personajes secundarios más importantes, heredados de la etapa anterior: Barney Barton y Kate Bishop. Lemire no pierde ni media viñeta en explicarte nada y al toque pone en marcha dos historias paralelas: una en el presente, con Clint y Kate, y otra en la infancia del héroe, junto a Barney. Con el virtuosismo que lo caracteriza, Lemire cuenta las dos historias de modo que "dialoguen entre sí" tantas veces como resulta verosímil: las emociones, las sensaciones, los volantazos de una y otra secuencia están conectados, o van más o menos para el mismo lado, y el talento del guionista hace que esa conexión se potencie, incluso cuando el dibujante, Ramón Pérez, hace gala de una gran versatilidad y dibuja cada tramo en un estilo totalmente distinto.
Vamos un toque con esto, y después vuelvo a la/s trama/s: para la parte de la historia ambientada en el presente, Pérez va por un trazo dinámico, compacto, adusto, bastante en la línea de lo que había mostrado David Ajá en los primeros números. Y para la parte ambientada en el pasado, opta por una técnica más pictórica, un dibujo basado en acuarelas, donde no existe la línea negra, ni los bordes de las viñetas, y donde todo está definido por pinceladas de color muy sueltas, con momentos de gran belleza plástica. No lo tenía a este dibujante, pero me pareció buenísimo.
En cuanto al guion, la historia de Clint y Barney en su infancia es espectacular. No solo porque echa luz sobre hechos que nunca antes habían sido narrados en detalle, sino porque se mete con temas jodidos como el abuso (laboral y sexual) de menores, y porque habla de las cosas a las que se exponen dos chicos huérfanos cuando no hay un estado presente que los proteja. No hay un gran componente de acción y aventura, pero sí momentos muy impactantes y emotivos en lo que es la transición hacia la adolescencia de estos dos hermanos tan distintos entre sí.
Y la historia de Clint y Kate en el presente es -básicamente- una remake apresurada de Akira, en la que los héroes se meten en un kilombo de proporciones cuando tratan de liberar de una base secreta de HYDRA a unos chicos con devastadores poderes psíquicos, a los que los villanos convirtieron en auténticas armas vivientes. Lo mejor que tiene (además de permitirnos ver a Pérez dibujando machaca de la buena) es que termina para el orto. Lemire le escapa al final feliz y redondea un tomo en el que la tristeza saca pecho, nos emboca unas cuantas piñas en la cara y nos enseña que la vida de Clint (como pibito huérfano y como superhéroe de la B) no es fácil y no consiste solamente en levantar copas y colgarse medallas. Hay un tomito más de Hawkeye escrito por el ídolo canadiense, al que prometo entrarle pronto porque ya está en la pila de las lecturas pendientes.
En pleno cebamiento infinito de la Copa América, me devoré un comic sobre futbol llamado (coherentemente) Futbolitas. Se trata de una novela gráfica de unas 140 páginas a cargo de dos experimentados autores chilenos: Kote Carvajal está a cargo del guion y el color, mientras que los dibujos corren por cuenta de Claudio Muñoz. Desde la portada queda claro lo que después vamos a constatar adentro del libro: Futbolitas es una historieta apuntada a un público principalmente compuesto por nenas de unos 8-11 años. La narración es sencilla, las páginas rara vez tienen más de cinco viñetas, aparecen todo el tiempo expresiones faciales y líneas cinéticas que nos remiten al manga más pochoclero, y el argumento es muy lineal, con casualidades que rompen el verosímil más de una vez. El foco está puesto en contar una historia de superación en términos alegres, optimistas, como para dejar un mensaje positivo, con valores que tienen que ver con la amistad, la familia, el esfuerzo, el apostar por las pasiones, romper con ciertos prejuicios... una especie de película del Disney Channel contada en forma de historieta.
Si la pensás como una obra para entretener un rato a pibitas de 10 años, la solidez de Futbolitas es incuestionable. Mirada desde afuera, por un señor de 56 al que le hablás de futbol chileno y no sabe si cagarse de risa o ponerse a llorar, la historia está muy bien apoyada en el carisma de los personajes. La protagonista, Elisa, es una pibita absolutamente entrañable, y los vínculos que establece con el resto del elenco están teñidos de esa buena onda avasallante que emana Elisa y que contagia a los demás. Hay momentos más emotivos, momentos más épicos, momentos más de comedia pavota, pero lo que sostiene todo es eso: la onda de los personajes, que (uno lo sabe desde la primera viñeta) van a dejarlo todo para conseguir algo que a priori parece totalmente imposible.
El dibujo de Muñoz me remitió a los dibujantes yankis que a fines de los ´90 trataban de parecerse a J. Scott Campbell y Joe Madureira, en esa línea que incorporaba rasgos de los mangas de comedia. No está mal. Es una estética que para mi gusto atrasa un poco, pero Muñoz la maneja con aplomo y logra un buen resultado. Si bien sobran los primeros planos y toda la historieta está narrada demasiado "de cerca", no escasean para nada los fondos. El diseño de los personajes está muy logrado, las escenas de acción (los partidos) son vibrantes, y el color de Kote se complementa muy bien con el dibujo.
Por supuesto se nota mucho que esta no es LA historia que Kote se moría por contar y Claudio por dibujar, porque son adultos a los que (me consta por conocerlos a ellos y a sus trabajos) les interesan otros temas y otras formas de encararlos. Pero a la hora de generar un producto atractivo y comercialmente viable para otro tipo de público, no se bajaron los lienzos ni escatimaron esfuerzos. No te digo que Futbolitas le pasa el trapo a las novelas de Raina Telgemeier apuntadas a ese mismo segmento, pero tampoco queda eliminada en fase de grupos.
Vamos Argentina, que nos traemos otra vez la copa a casa, no se olviden de descargar la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a estar atent@s que en cualquier momento suben nuevas reseñas al blog.
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jueves, 12 de enero de 2023
NOCHE DE JUEVES
Bueno, acá estamos con nuevas lecturas para comentar.
Después de un larguísimo paréntesis, me devoré el Vol.2 de Black Hammer (la reseña del Vol.1 apareció el 27/06/19), la gran serie de Jeff Lemire que le da una vuelta de tuerca extrañísima y brillante al típico homenaje/ deconstrucción de los clásicos superhéroes de la Silver Age y aledaños. Acá tenemos una historia coral, tan atrapante que te hipnotiza, porque Lemire todo el tiempo incorpora elementos dramáticos pensados para generar tensión y al mismo tiempo para profundizar en la construcción de los personajes. El plot que en el Vol.1 era bastante secundario (la hija de Black Hammer quiere llegar a la verdad y descubrir qué pasó con su padre y sus compañeros de super-grupo) esta vez es mucho más importante, al punto de ser el auténtico hilo conductor de la trama. Pero hay mucho más, porque entre flashbacks y escenas medio descolguettis (el nº9, dibujado como los dioses por David Rubín, es prácticamente una escena descolguetti que dura todo un número) el universo de Black Hammer gana coherencia y profundidad página a página. Para el final del tomo, uno empieza a sospechar que acá está pasando algo muy parecido a lo que pasó en WandaVision, varios años después: alguien de infinito poder mágico alteró la realidad y creó un mundo con sus propias reglas, restringido a una zona específica. Veremos si esto realmente es así.
Ya que nos metimos con la magia, es una buena manera de explicar lo que hace Dean Ormston en la faz gráfica. Lo de Rubín es excelente porque el guion le permite jugar al despliegue, al kilombo, a la estridencia, que son terrenos que el gallego domina de taquito. Pero lo de Ormston te parte el cráneo, porque va justamente para el otro lado, para el lado de des-enfatizar la machaca, de recordarnos todo el tiempo que estos tipos y minas alguna vez fueron superhéroes, sin apelar en lo más mínimo a la estética ni al ritmo narrativo que caracterizan a los relatos de este género. O sea que estamos frente a un comic con un guion profundo, atrapante y original, al que acompañan dibujantes de un nivel exquisito. ¿Hace falta pescar las referencias a las mitologías de Marvel y (especialmente) DC para entender Black Hammer? Yo creo que no, que se puede disfrutar perfectamente sin cazar todos esos guiños nerds a los comics de los ´60 y ´70 que mete Lemire. Por eso me animo a recomendársela a full incluso a quienes no tienen mucha lectura superheroica (piyamera, diría el maestro Álvaro Pons) a cuestas. Espero conseguir pronto el Vol.3, porque esto me dejó infinitamente cebado.
Flashback a otra antigua reseña de este blog, ahora al 25/03/13, cuando veíamos aquella historieta centrada en la batalla de Tucumán y otras proezas militares del general Manuel Belgrano. Hoy tengo para comentar un libro de 2021, titulado Las Hazañas de Belgrano y el Pueblo Jujeño, obra de las historiadora Gabriela Quiroga y el historietista Fernando León González (también conocido como Junior). El libro tiene dos problemas insoslayables, a saber: 1) se imprimeron solo 1000 ejemplares de un libro que debería estar en las bibliotecas de toda Argentina, o incluso de toda Latinoamérica. 2) Por momentos la tipografía de los diálogos es tan chiquita que se torna ilegible. Esto empeora en los bloques de texto, donde un genio del mal tuvo la perversa idea de poner la letra en blanco sobre bloques negros. El relato, contado en primera persona por el propio Belgrano, recurre mucho al bloque de texto, pero hay muchas páginas en las que estos son imposibles de leer
Fuera de estas malas decisiones, el libro ofrece una lectura sumamente placentera. Cuenta los hechos históricos con rigor documental, pero les pone onda, los hace gancheros, se anima a darle profundidad a un par de personajes, te hace sentir el espesor de los conflictos, la épica, y además explica muy bien el contexto en el que se producen estos actos de heroismo, valentía y patriotismo extremos. Todo avanza a muy buen ritmo, porque felizmente la narración no está estirada, ni comprimida para meter todo en una X cantidad de páginas. Por supuesto Belgrano acá es un capo absoluto, incuestionablemente bueno, rayano en la perfección moral. Lo cual no sé si es 100% preciso a nivel histórico, pero funciona muy bien en el contexto de la historieta, que para encajar en el molde de la aventura épica necesita un héroe, y lo encuentra con creces en el creador de la bandera argentina.
La lectura se hace entretenida en buena medida gracias a la labor de González, que dibuja todo de manera muy dinámica, con tanta cancha para la narrativa gráfica que a veces le alcanzan solo las siluetas negras para retratar una escena. El dibujo es rico en detalles de gran rigor documental, y a la vez expresivo y accesible. González sorprende con algunas ilustraciones a todo color muy hermosas, y con esas páginas dobles en las que grafica las batallas de una manera clara y espectacular, algo difícil si tenemos en cuenta la cantidad de elementos que hay en escena. Por momentos el dibujante pone en juego más técnicas de las que convenía utilizar, pero esto no hace demasiado ruido porque en todas demuestra un manejo más que competente.
Hace unos años hubo una colección de historietas basadas en hechos de la historia argentina que coordinaba Felipe Pigna para la editorial Planeta, que se conseguía en cualquier librería del pais. Eso en un momento se discontinuó y hoy hay esto: un libro impreso en San Salvador de Jujuy del que solo existen 1000 ejemplares, que probablemente desconozcan la mayoría de los fans de la historieta argentina, e incluso muchos potenciales interesados en la vida y las hazañas de Manuel Belgrano. Por lo menos está bueno. Imaginate si además fuera una cagada...
Nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco y será hasta la próxima.
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sábado, 29 de octubre de 2022
SÁBADO DE SUPER CIENCIA FICCIÓN
Para hoy se me juntaron dos obras de un mismo género, la ciencia ficción. Y las dos me gustaron mucho.
Empiezo en la bisagra entre los ´70 y los ´80, con Ricardo Barreiro y Juan Giménez en plena aventura europea. A veces coincidían en el mismo país, a veces no, pero durante unos cuantos años trabajaron juntos en historias cortas de ciencia ficción (o "machine fiction", como le gustaba decir a Juan) que finalmente aparecen todas recopiladas en un único libro, War III, al que realmente no le falta nada.
Creo que lo más impactante de War III es cómo nos invita a redescubrir y revalorizar los trabajos de Giménez en blanco y negro. Tanto acá como en Ciudad (ver reseña del 03/12/15) queda muy claro que el maestro mendocino no solo era un capo a nivel mundial cuando le ponía color a sus historietas, sino que también cuando trabajaba en blanco y negro hacía gala de un trazo exquisito y de una cantidad de recursos expresivos francamente pasmosa. En algunas historietas se vuelca a las rayitas de rotring típicas de Moebius de los ´70, pero en general, en esta época de Giménez vemos a un autor versátil, sólido, que no solo deja la vida en cada máquina y en cada nave espacial, sino que además le sabe poner a los personajes unas expresiones faciales que poco tienen para envidiarles a las del mejor Solano López. Además, el armado de las secuencias siempre funciona, no hay tropiezos sino aciertos en la elección de los ángulos, las escenas mudas son apoteóticas y las páginas en las que Barreiro se excede un toque con la cantidad de texto también se ven bien. Este libro se puede comprar tranquilamente para flashear con los dibujos de Giménez, aunque los guiones no te interesen en lo más mínimo.
¿Y qué onda los guiones? Desparejos, como en cualquier compilado. La última aventura, por ejemplo (la extensa Puesto Avanzado), se toma 30 páginas para llegar a un remate irónico que se parece mucho a un chiste malo. El argumento es una excusa para que Giménez dibuje muchas páginas de batalla entre naves espaciales, y no mucho más. En cambio, en Adiós, Soldado y Nosotros los Héroes, tenemos al Loco Barreiro mucho más inspirado, con relatos muy eficaces, que además de la inevitable dosis de violencia, explosiones, armas y drogas, tienen una bajada de línea dura, desoladora, por momentos conmovedora, acerca del tema de la guerra. Y después hay tres historias que no son ni gemas ni choreo: guiones cortos, correctos, que cumplen sus dos funciones primarias: 1) llenar un puñado de páginas en una antología donde aparecían 10 ó 12 historietas distintas; y 2) permitir el lucimiento del dibujo de Juan Giménez. Me da la sensación de que en ninguno de estos trabajos Barreiro buscó crear una obra maestra, ni establecer un hito en su carrera como guionista. Por el contrario, me lo imagino muy distendido, dispuesto a pasarla bien junto a su amigo "el Pelado" que se cebaba tanto como él con el tema de las guerras ambientadas en el futuro. Siempre el mejor de los recuerdos para ambos.
Salto a Estados Unidos, año 2019, cuando la ignota editorial TKO publica Sentient, una saga de ciencia ficción originalmente serializada en seis comic books, con guion del maestro Jeff Lemire y dibujos de Gabriel Hernández Walta.
Sentient tiene la complejidad suficiente como para que te la puedan vender de dos formas totalmente distintas. Por un lado, te la puedo recomendar como una obra que transmite unos valores lindísimos de solidaridad, de coraje, de responsabilidad, de jugarse todo para proteger a los seres queridos. Desde ese lado, vas a encontrar una obra muy emotiva, en la que Lemire logra que nos encariñemos con una inteligencia artificial tanto como si fuera un ser humano, lo cual no es poco. El hecho de que casi todos los protagonistas sean niños también refuerza esa mirada familiera, tierna, de "caricia al alma". Pero también podemos hacer énfasis en la otra faceta de Sentient, una obra con un nivel de violencia tremendo, en la que los niños terminan más de una vez salpicados de sangre, envueltos en una runfla política de la que no entienden nada, pero que hace aflorar en los adultos una mala leche atroz. La obra hace equilibrio todo el tiempo entre esos dos polos opuestos. Para hacerla apta para todo público o "family-friendly" habría que limpiarle toda esa faceta más extrema y más sangrienta, y para profundizar un poco más en la faceta más oscura y ominosa los protagonistas tendrían que tener 10 o 15 años más.
Lo realmente notable es que, así como está, apoyada en esa ambigüedad que la convierte en un bicho rarísimo dentro del comic yanki reciente, Sentient funciona perfecto. Está apenitas estirada (seguramente con 20-30 páginas menos pegaría más fuerte) pero logra sorprender incluso al lector más curtido, porque nunca te ves venir las guachadas que Lemire tiene bajo la manga para sacudir a la tripulación (humana y no tanto) del U.S.S. Montgomery. La lectura de este comic me retrotrajo a la semana pasada, cuando el maestro Gipi me hizo emocionar con esos adolescentes desamparados, librados a su suerte en un mundo devastado, precario y extremo. Sentient va medio por ese lado, es un poco un El Último Recreo en el espacio, pero con un personaje que modifica de lleno la ecuación como es Valarie. Un guion muy fuerte, muy impactante, donde Jeff Lemire demuestra una vez más que, sin salir de los géneros más transitados, es una usina inagotable de ideas novedosas y arriesgadas.
El dibujo de Gabriel Hernández Walta es excelente, bien expresivo, dinámico, con gran atención por los climas opresivos, de altísima tensión, que se viven a bordo de la nave, y perfectamente realzado por un trabajo sublime en el color. De aca en más, cada vez que vea una historieta de Walta donde no lo dejan colorearse a sí mismo, voy a putear en no menos de 15 idiomas. Tengo sin leer otro libro (sí, ese libro) dibujado por este gran autor nacido en Melilla, así que no falta demasiado para que se venga una reseña por acá. El ensamblaje entre Walta y Lemire en estas páginas es tan potente que ojalá se reúnan pronto para una nueva colaboración. Si sos fan de cualquiera de ellos, o de la ciencia ficción, o del buen comic en general, no tengo dudas de que Sentient te va a encantar.
Y hasta acá llegamos, por hoy. En una de esas hay nuevas reseñas el lunes, y si no, nos reencontramos el mes que viene, acá en el blog.
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viernes, 22 de mayo de 2020
VIERNES EN ALZA
Concha de la lora, otro
fin de semana largo sin poder salir de casa. Esto ya es inhumano. Pero bueno,
la ventaja es que cada vez que me tomo un bondi viajo sentado y le puedo meter
rosca a las lecturas, para que nunca falten reseñas en el blog.
Me clavé el Vol.11 de la
colección de Nippur de Lagash, y me gustó un poco más que los anteriores. La
primera historia sería una más del montón (o una garcha, incluso) si no fuera
porque uno sabe qué va a pasar más adelante entre Nippur y Karien. La fórmula
argumental es la de siempre, los bloques de texto están muy bien y lo grosso es
lo que va a pasar después, lo que Robin Wood y Ricardo Villagrán abren en estas
16 páginas de 1972. La segunda historia sí, es una más, bien del montonardo,
con muy poco para rescatar. Tiene la que probablemente sea la mejor página de
Nippur dibujada por Sergio Mulko (la última), que es de una belleza y una
complejidad dignas de los mejores momentos de Lucho Olivera en esta serie. En
la tercera historia vuelve Villagrán a todo power y toda elegancia, y otra vez Robin nos presenta a un
personaje raro y atractivo, que no muere, sino que (eventualmente) va a
acompañar al protagonista en varias aventuras. Bien, era por ahí. Y no hay más
Villagrán, me quedan sólo tres aventuras dibujadas por Mulko.
Arranco con “La Ciudad”,
casi un comic de Vertigo avant la lettre. Una fumanchereada mística, por
momentos MUY cargada de texto, en la que Nippur se encuentra con los fantasmas
de un montón de personajes que desfilaron por esta serie, obviamente con menos
suerte que la vieja que ahorró toda su vida para conocer Europa y sacó pasajes
para el 1º de Abril. Vínculos, amores, nostalgia… una historia muy loca, muy
emotiva, en la que Nippur no mata a nadie, para variar. Después viene otra muy
rara, “Los Niños que Cabalgan en las Estrellas”, que parece el título de una
canción del Flaco Spinetta. No. Es una historia muy menor que una madre le
cuenta a su hijo, donde no es el sumerio quien narra en primera persona, y
donde Wood nos tira lo mejor de su prosa florida y sofisticada. Y la última no
está mal, pero es la enésima historia del poderoso garca, que abusa de su poder
y termina muy mal. Cobra un poco más de relieve si pensamos que cuando se
publicó, Argentina estaba gobernada por una dictadura militar.
Habrá más Nippur muy
pronto, obviamente, pero ahora salto a 2015, Estados Unidos, para encontrarme
una historieta muy, muy hermosa. Lo único que tengo para criticarle a Plutona
es que el guión de Jeff Lemire requiere 116 páginas para contar una historia
que se podría haber compactado tranquilamente en 80. Todo lo demás, está buenísimo.
La idea que motoriza la trama (unos chicos de escuela secundaria encuentran el
cadáver de una superheroína muerta en un bosque en las afueras de la gran
ciudad), el desarrollo de los personajes, el clima, los diálogos, los
volantazos imprevisibles, todo está al nivel de Black Hammer, Descender, Sweet
Tooth, o cualquier otro de los grandes trabajos de Lemire, que últimamente me
viene dando muchas alegrías.
Plutona es un comic de
misterio, pensado para atraparte y para ponerte nervioso, a medida que la trama
se va enroscando. Y además tiene una complejidad alucinante en el aspecto de
los vínculos entre los personajes, el periplo interior de cada uno y las
emociones que cada uno nos transmite. O sea que además de enredarte en el
misterio, Plutona te llega al corazón, te hace sentir que querés a estos chicos
como si fueran amigos tuyos. En ese sentido, me pegó como cuando vi por primera
vez The Breakfast Club, a los 17 años. Otra ovación de pie para Jeff Lemire.
Al frente de la faz
gráfica está Emi Lenox, a quien yo no conocía, y a quien las citas laudatorias
de la contratapa del TPB me vendieron como si fuera la Segunda Venida de
Jesucristo, pero con pizzas y Levité gratis para todos.
La verdad que lo de Lenox no es malo, se acopla bien por lo menos a la faceta
más emotiva de la historia. Pero para ser una dibujante de primer nivel le
falta (entre otras cosas) variedad en los planos, plasticidad en los cuerpos en
movimiento, y sobre todo equilibrio entre espacios blancos y masas negras. Me
imagino estas páginas sin el color de la siempre gloriosa Jordie Bellaire y me
pongo a llorar, la historieta se me desploma unos cuantos escalones. Al final
de cada capítulo hay un par de paginitas dibujadas por el propio Lemire, que
obviamente marcan la diferencia. Recomiendo a full Plutona y nada, a prestar
atención a futuros trabajos de Emi Lenox, que por ahí despega y se pone al
nivel del hype con el que la manijean críticos y colegas.
Bueno, that´s all folks. Cierro
contento, porque me tocaron un libro más que aceptable y uno casi excelente. Nada
más, por hoy. Gracias y hasta la próxima.
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miércoles, 13 de mayo de 2020
MIERCOLES DE CIENCIA-FICCION
Bueno, seguimos acá, en
casa. Y con algunas lecturas más para comentar en este espacio.
Efectivamente, ni bien
terminé de leer el Vol.9 de Valérian, me fijé en la biblioteca a ver si estaba
el Vol.10, que es la segunda parte de la historia que comentamos el viernes. Lo
tenía. Y mejor aún: lo leí y sentí la sensación mágica de no haberlo leído
nunca. El álbum empieza con un muy breve resumen de lo sucedido en el tomo
anterior, así que sospecho que yo debo haber frenado ahí el hipotético intento
de lectura, hace mil años, cuando lo conseguí (por supuesto no me acuerdo ni
cuándo ni dónde).
Creo que nunca fui tan
feliz leyendo Valérian como con este díptico. Muchas cosas que en Metro
Chatelet no terminaban de cerrar, acá los maestros Pierre Christin y
Jean-Claude Meziéres lo cierran perfecto. ¡Y hasta tiran puntitas de sagas que
vendrán después! Acá se resuelve el misterio, hay acción, comedia, traiciones,
engaños, seducción, violencia, misticismo, teorías conspiranoicas, runflas
entre mega-corporaciones, celos entre amigovios… Ah, y una bajada de línea
maravillosa acerca del saqueo colonialista que invade a culturas menos
avanzadas y les impone una religión trucha mientras le chorea las riquezas. No
se le puede pedir más a 46 páginas de una aventura apuntada al público
adolescente, de verdad.
Lo único que no me pareció
taaaan genial es el debut de Laureline en el rol de yiro manipulador, de femme
fatale, que volverá a interpretar en álbumes posteriores. Se hace demasiado
larga la secuencia en la que se viste, peina y maquilla para verse MUY zorra y
detonarle las hormonas a dos giles que supuestamente son muy malos, pero
Christin los muestra como víctimas del ardid de esta chica otrora casta y
mojigata, ya virada en sex symbol. Atenti fans de Sin City, que en esa
secuencia van a encontrar un par de viñetas que sin ninguna duda Frank Miller
“tomó como referencia” para algún episodio de esa saga de los ´90. Pero bueno,
el dibujo de Meziéres en este tomo es tan zarpado, alcanza picos tan sublimes, que
debe ser difícil que un dibujante lea esto y no se quiera “llevar algo de
recuerdo”.
Brillante, absolutamente
satisfactorio y con muchos toques de genialidad este arco de dos álbumes
(aparecidos en 1980 y 1981, respectivamente) de la saga de Valérian. El día que
se me prenda fuego la colección, ya sé cuáles son los tomos que hay que
rescatar sí o sí de entre las llamas.
Sigo en el terreno de la
ciencia-ficción, pero ahora en EEUU y en 2015, para empezar (tarde, como
siempre) con Descender, la muy elogiada serie escrita por Jeff Lemire y
dibujada por Dustin Nguyen. Hace poco leí (online, claro) Gotham Sirens, una
serie con guiones de Paul Dini, cuyos primeros episodios dibujaba Nguyen. Y me
pareció una garcha, inclusive el dibujo bajaba el nivel número a número hasta
llegar a extremos bochornosos. Acá, todo lo contrario. Arranca muy arriba y va
mejorando. No sé si Nguyen trabaja realmente con acuarelas, o si logra ese
efecto con herramientas digitales, pero la verdad que la idea de ilustrar todo
un comic de recontra-ciencia-ficción con esta estética es alucinante y me hizo
revivir los años de gloria de las revistas tipo 1984 y Zona 84. Por momentos
Nguyen dibuja tan bien, que parece una especie de Scott Hampton, con una
narrativa más sólida. Para el final se relaja un poquito, se le ocurre una
excusa bastante legítima para que las últimas… 40 páginas tengan pocos fondos,
pero se gana ampliamente la ovación.
¿Dije “el final”? No, esto
no tiene final. El libro trae seis episodios y deben ser… más de 30. Y si bien
el argumento me re-enganchó, si bien hay varios personajes realmente
fascinantes, sin bien Lemire pone en marcha una dinámica entre ellos muy
atractiva… me da la sensación (ojalá me equivoque) de que la idea que tuvo el
canadiense funcionaría mejor en una historia infinitamente más acotada. 200
páginas, a lo sumo. Planteada en el formato de serie de más de 30 episodios de
20 páginas, Descender corre el riesgo de irse por las ramas, de que algunas de
esas buenas ideas que nacen en este tomo se diluyan en los que vienen después.
Ojalá me equivoque y esto
esté tan bien escrito como los 40 episodios de Sweet Tooth, que es la obra de
Lemire con la que más puntos de contacto le veo a Descender. Acá también hay
aventuras, héroes, antihéroes y villanos, momentos de ternura, momentos de mala
leche muy al límite, dilemas morales, fenómenos que la ciencia no logra
controlar… y además momentos en los que Lemire, como todos los grandes autores
de ciencia-ficción, usa al futuro como metáfora crítica del presente. Hasta
ahora, la lectura Descender justifica las muy buenas críticas que había leído.
Así da gusto irse al Descenso.
Y nada más por hoy. Se me
tiene que ocurrir algo para hacerme millonario, porque la comiquería de mi
barrio recibió un envío de material de España y hay unos libros gloriosos… a
precios de lesa humanidad. Mientras tanto, sigo leyendo lo que tengo
acovachado, como para que no falten las reseñas acá en el blog.
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jueves, 21 de noviembre de 2019
DOS Y A CATAMARCA
A pocas horas de emprender
otro largo viaje (¿el último del año?), me tomo un rato para redactar las
reseñas de dos libritos que tengo leídos.
Retomo la lectura del Moon
Knight de Jeff Lemire, que empecé el 01/11/19 (y andá a saber cuándo voy a
terminar, porque son tres tomos y el tercero no lo vi jamás). Esto es un
delirio, mal. Un comic que hace… diez años era impensable. 80 páginas sin
villanos, en las que los “conflictos” se desarrollan en la mente del
protagonista, cuando se enfrentan cuatro realidades distintas, que responden a
las distintas personalidades en las que se fragmentó la psiquis de Moon Knight.
Recién al final Lemire blanquea lo obvio, que es que todo lo que vemos pasa
dentro de la mente del héroe y a su vez es todo un prólogo a lo que –supongo-
va a pasar en el tercer tomo.
Si te quedaba alguna duda
acerca de la salud mental de Moon Knight, este tomo te la termina de despejar:
el paladín de Khonshu está totalmente chapa, y ese es el principal sostén de
todo este arco argumental. Una alucinación, una exploración de la demencia como
pocas veces se vio en este medio, una danza bizarra entre realidades que se
interconectan en una psiquis hecha añicos. No es exactamente una aventura, pero
igual te atrapa a full. Y sí, pegaría mucho más fuerte si en vez de 80 páginas
fueran 48, o 60.
Esta vez Greg Smallwood
tiene una participación mínima en la faz gráfica. Alguien (un genio) decidió
que tres dibujantes invitados se hagan cargo de las secuencias protagonizadas
por las distintas identidades de Moon Knight, en un juego hipnótico que nos
permite incluso ver tres estilos gráficos muy distintos… ¡en la misma página!
De los tres invitados, a Wilfredo Torres le tocan las escenas más tranqui, al
alucinante Francesco Francavilla las más fuertes, las más violentas, y esas
escenas de ciencia-ficción tipo Star Wars (que son las que menos peso tienen a
nivel del guión) fueron a manos del glorioso James Stokoe, así que las disfruté
enormemente. Otra locura brillante para esta serie, que sigue acumulando
méritos para ser la mejor iteración de Moon Knight después de la etapa clásica
(la de Doug Moench y Bill Sienkiewicz). Ojalá en algún momento me encuentre a
buen precio el Vol.3.
Me vengo a Argentina, año
2019, cuando se recopila en libro El Rey de la Historieta, una novela gráfica
de Federico Baert originalmente publicada por entregas (y a todo color) en un
popular blog. La verdad que, al sacarle el color, el dibujo de Baert no pierde
casi nada. Es un dibujo adusto, por momentos medio bestia, medio precario. Como
un Marcos Vergara desangelado, sin el menor esfuerzo por agradar al lector. Muy
eficaz en términos narrativos, pero visualmente un poco limitado. Voy a ser muy
injusto con Baert, pero me imaginé esta historia dibujada por Peter Bagge y casi
me desmayo de la emoción.
Claramente el fuerte de El
Rey de la Historieta es el guión. La construcción del personaje central
(Fabricio Barraza, el exitoso guionista de historietas infantiles que venden
fortunas) y la tremenda sucesión de situaciones límite por las que atraviesa a
lo largo de estas 78 páginas. La trama es un espiral incandescente de
violencia, abyección moral y locura, teñida de un fatalismo devastador y un
humor negrísimo, que destila hectolitros de mala leche. No hay muchas
historietas así, tan jodidas, tan pensadas para incomodar al lector, con un
mensaje tan contrario a cualquier tipo de corrección política, sin esperanza,
ni empatía, ni solidaridad, ni ningún tipo de vínculo afectivo real entre los
personajes.
Baert se jugó una carta fuerte
y –por lo menos para mi gusto- ganó. A fuerza de truculencia, insensibilidad y
sacudones tan brutales como verosímiles, Fabricio Barraza se convierte en un
personaje definitivo, icónico, un arquetipo perfecto dentro de la categoría
“tipos de mierda”.
Si no te molesta que el
dibujo no sea virtuoso, y no te escandalizan los diálogos en los que se agrede
sin ningún tapujo a mujeres, homosexuales, gordos, pobres, o chicos con
Síndrome de Down, ni las escenas de abuso de drogas y alcohol, femicidios,
pedofilia y canibalismo, El Rey de la Historieta te va a impactar. El tema es aguantar
todo ese tsunami de sordidez y miseria y llegar al final. Para aquellos que
lo logren, Baert tiene la más valiosa de las recompensas: no te deja salir del
libro igual que como entraste. Sin dudas eso es lo que lo hace fundamental.
Gracias a todos por el
aguante y nos vemos este sábado y domingo en la ColossusCom de Catamarca.
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Federico Baert,
Jeff Lemire,
Moon Knight
viernes, 1 de noviembre de 2019
OTRA VEZ NOVIEMBRE
Una vez más arranca un mes
que me gusta mucho, no sólo por el clima, sino porque se me suelen acumular
muchos eventos y casi todos me llevan de viaje por distintos lugares del país o
el continente. Esta noche, sin ir más lejos, estoy con todas las ganas de
salir, pero me tengo que ir a dormir temprano para estar mañana al mediodía en la
Pergamino Comicon. Aprovecho, entonces, para postear las reseñas de los últimos
libritos que leí.
Hace no mucho, el
11/06/19, me despedía del Moon Knight de Brian Wood y Greg Smallwood con la
promesa de reencontrarme con el personaje y el dibujante en la etapa donde los
guiones van a manos del siempre sorprendente Jeff Lemire. Y acá estoy, con este
TPB de 2016 en el que el guionista canadiense le pega otra vuelta de tuerca,
extrema, de altísimo impacto, al justiciero creado en los ´70 por Doug Moench.
Si hasta acá guionistas como Brian Michael Bendis, Warren Ellis o el propio
Wood venían coqueteando con la posibilidad de que a Moon Knight le faltaran un
par de jugadores, Lemire lleva esa idea al carajo y más allá. En esta saga
(coherentemente titulada “Lunatic”), Marc Spector no es un héroe, ni un
justiciero urbano, ni nada. Es un demente internado en un manicomio, en el que
además están… ¡los cuatro personajes secundarios más importantes de la etapa de
Moench!
Son 100 páginas llenas de
sacudones impredecibles, todo el tiempo sobre la delgada cornisa que separa la
cordura de la demencia, con Khonshu dejando cáscaras de banana en la cornisa,
como para que no falten oportunidades de ver a Moon Knight derrapar hacia el
abismo. Lemire trabaja durísimo para que vos no le creas a nadie: ni a los
buenos, ni a los malos, ni a los psiquiatras, ni a personajes que cambian de
alineación más de una vez durante la saguita. Esto es rarísimo: un comic de
acción, con piñas y persecuciones, con climas opresivos, agobiantes,
pesadillas, alucinaciones, drogas, electroshocks y varias versiones
contradictorias de los mismos hechos. La deconstrucción más bestial de un
personaje clásico que recuerdo haber leído en mucho, mucho tiempo.
Y el dibujo de Greg
Smallwood es devastador. Casi todo está dibujado en un estilo que combina la
estética dura, potente, oscura de Sean Phillips y Shawn Martinbrough con la
elegancia y la plasticidad de García López. Una gloria absoluta. Pero además,
en los flashbacks y las secuencias oníricas el dibujante cambia el estilo y
prueba con cosas loquísimas, entre ellas homenajes al trazo de Bill
Sienkiewicz, el dibujante que hiciera levantar vuelo a Moon Knight a principios
de los ´80. El color de Jordie Bellaire también es magnífico, y por suerte
tengo un TPB más de estos mismos autores para leer pronto.
Allá por el 26/03/11,
después de leer La Ciudad de los Puentes Obsoletos, me quedé a la espera de una
nueva novela de Federico Pazos en la que –en una de esas- el autor lograra
combinar su descomunal talento para el dibujo, el color y el armado de las
secuencias con un guión fuerte, sólido, 100% convincente. Y esperé, y esperé, y
esperé, y finalmente se publicó La Resaca y ¿con qué me encontré? Con otras 120
páginas dibujadas a un nivel inhumano, con cuatro estilos distintos, mil
variantes brillantes en la puesta en página, un manejo del color demasiado
perfecto para ser real, mucho, muchísimo más texto que en Los Puentes
Obsoletos… y de nuevo, un guión que no me terminó de cerrar.
La Resaca tiene algunos
momentos absolutamente geniales. Toda la secuencia del pirata y toda la del
viejo mal llevado son páginas y páginas fascinantes, muy bien escritas,
repletas de hallazgos en la narrativa. Todo el tiempo (en estas secuencias y en
las otras) te preguntás ¿a dónde va todo esto?, ¿cómo enganchan las cuatro
historias? ¿son realmente historias, o son larguísimas escenas de gente que
habla o piensa? Y sí, todas esas escenas aparentemente inconexas, todos esos
diálogos interminables (algunos muy graciosos, otros muy introspectivos) van
hacia un lugar. Y no, no son exactamente historias. Son… situaciones,
pongamoslé. Ni siquiera situaciones límite, de esas que los autores suelen usar
para definir rápidamente a los personajes. Estos personajes se definen de a
poco, haciendo y diciendo boludeces, cosas de todos los días… Filosofan,
cuentan anécdotas, algunos casi no se mueven. Entonces entra en escena la magia
de Pazos para imaginar metáforas visuales zarpadísimas, como para no dibujar 120
páginas de tipitos conversando. Y ahí es donde La Resaca te lleva puesto y te
estrola contra la pared.
De nuevo, el guión me
generó unos cuantos “peros”. Y de nuevo, todo el aspecto visual de la obra,
desde la portada hasta la tipografía de los textos, me lleva a pensar que Fede
Pazos es un Genio del Noveno Arte, un creador de climas, universos y personajes
que no intersectan fácilmente ni con la aventura ni con los otros géneros clásicos,
pero que te seducen, te incluyen, te emocionan y te dejan pensando. Demasiada
belleza para 120 páginas, en serio.
Y nada más, por ahora. Ah,
el miércoles a las 19hs voy a estar en la Casa de la Cultura de Vicente López,
como moderador de un panel de guionistas. La entrada es gratis y los guionistas
son capos, así que si están al pedo, vengan. Nos reencontramos la semana que viene,
con nuevas reseñas acá en el blog.
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