
Jeff Lemire está muy cerca de entrar a la lista de los genios, de los autores indiscutidos a los que les compramos cualquier cosa, hasta un yaoi editado por Muñones. Lemire viene de arriba, de Canadá, donde creció en una zona rural (más precisamente en una granja de Ontario), pero se hizo bien de abajo: empezó como auto-editor de fanzines, de ahí pasó a Top Shelf (donde la rompió con la Trilogía de Essex Country) y de ahí a Vertigo, donde le publicaron esta novela gráfica y al toque una serie regular (Sweet Tooth).
Tal vez lo más notable sea lo poco que cambió desde el fanzine a Vertigo… Lemire no se deja encandilar por el éxito ni apurar por las exigencias del mercado. Lo suyo es eso que está ahí. Para los que nunca lo leyeron, sin dudas The Nobody es el punto de entrada ideal al universo de este animalito. The Nobody es como una nueva aventura de la trilogía de Essex Country, pero con un fuerte elemento de ciencia-ficción: un hombre invisible, que le debe no poco al de la clásica novela de H.G. Wells. Imaginátelo al tipo todo vendado en un pueblito rural en la loma del orto, tipo Twin Peaks, donde todo el mundo se conoce y sabe todo de la vida de todos. Difícil esconder secretos en ese contexto.
Los secretos y los silencios cumplen un rol fundamental. A Lemire le gustan los cineastas europeos tipo Ingmar Bergman y Wim Wenders, que se toman su tiempo para narrar y escatiman diálogos como si los guionistas cobraran por palabra. The Nobody tiene, en sus más de 130 páginas, los diálogos que cualquier comic de Vertigo tiene en… 30. Pero Lemire sabe que el comic es un medio visual y se juega a contar su historia principalmente con los dibujos, a los que acompasa en un timing de gran precisión, con recursos que van de las grillas de nueve cuadros a las splash pages, siempre usados cuando mejor le sientan al guión.
Con el correr de las páginas, la curiosidad de los lugareños empieza a generar tensión y para el final, directamente paranoia. La relación entre Griffen (el hombre invisible) y Vickie, una adolescente del pueblo, despierta sospechas que sumadas al accionar cuasi-inexplicable del supuesto científico, caldean los ánimos más de la cuenta. En el medio, Lemire nos sorprende con escenas profundas y emotivas, perfectamente realistas a pesar de lo bizarro de la situación, y además con varios flashbacks al pasado de Griffen y unas falsas portadas, claramente en joda, en las que homenajea a viejos comics románticos y de terror.
El dibujo de Jeff Lemire, aclaremos por las dudas, tampoco es para todo el mundo. Se parece un poco al de Angel Mosquito, pero con más mancha negra y cuadros más grandes. En algunos pasajes, Lemire se zarpa y muestra otras cosas, pequeños indicios de otro estilo en el que también la rompe. Pero en todo momento, incluso en los tramos donde pela más virtuosismo, el dibujo de Lemire es muy, muy secundario respecto de la narrativa. El tipo es, sobre todo, un narrador, y sus mayores logros con el lápiz y el pincel tiene que ver con la forma en que los usa para meterse con la psicología de los personajes y para crear esos climas alucinantes que se quedan con vos después de haber cerrado el libro.
The Nobody nos muestra a un autor personal y maduro, a milímetros de la obra maestra que lo consagre para siempre. Guión sin fisuras, dibujo sin estridencias, narrativa perfecta en la que prueba de todo y todo le sale bien, el tema inagotable de la identidad pueblerina puesta en crisis por la llegada del forastero, el juego de tensiones entre lo cotidiano y lo bizarro… Todo suma para que esta novela gráfica quede allá arriba, entre lo mejor que se editó en 2009 y lo que no se puede dejar de recomendar a los que seguimos buscando material grosso que desafíe al “más de lo mismo”.