el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 28 de agosto de 2017

LECTURAS DEL FINDE

Aproveché los viajes de ida y vuelta a Pergamino para clavarme unos libritos, que procedo a reseñar.
Arranco con el Vol.5 de Deadman, con las historias más importantes del personaje previas a la etapa en Action Comics, o sea, hasta 1987. El tomo abre con la bizarra trilogía en la que Deadman y Swamp Thing aparecen como invitados en la revista de los Challengers of the Unknown, una saga complicada y un toque pretenciosa en la que Gerry Conway (por si le faltaran personajes oscuros) recupera a Rip Hunter, que no aparecía desde los ´60. Esto es mainstream de los ´70, o sea: tiene problemitas. Pero dentro de todo, con un poco de buena voluntad, se hace soportable, no es un espanto insostenible. El dibujo de Keith Giffen, si bien está a años luz de la mejor época del maestro, muestra muchas ganas de innovar, de probar cosas nuevas en la línea y en algunas planificaciones de página.
Después viene la miniserie de Deadman del ´86, escrita por Andrew Helfer y dibujada por José Luis García López, que es una exquisitez. Helfer le da mucho más relieve a Rama Kushna, al sensei, a Clevleand Brand (hermano del protagonista) y a personajes hasta ahora menores como Vashnu y Maxwell Loomis. Es increíble cómo en menos de 100 páginas Helfer le pega un upgrade tan grosso al personaje, la cantidad de cosas que pasan y cómo avanzan tanto la historia como la mitología de Deadman. Sólo en los ´80 se daba este fenómeno de las miniseries de cuatro episodios que replanteaban de cuajo a personajes con una vasta trayectoria a cuestas. Helfer también tiene a su cargo un recuento del origen de Deadman que aparece en la revista Secret Origins, y que es básicamente una expansión repleta de nueva data y nuevos detalles a la historia de Boston Brand en el circo, previa al balazo que lo manda al otro lado del mostrador.
Esta historia está dibujada por un inspiradísimo Kevin Maguire, pero nada se compara a lo que hace García López en la miniserie. Una vez más, el ídolo deja la vida en cada viñeta (y hay páginas de hasta 16 viñetas) en un trabajo monumental… que no merecía ser ultrajado por un colorista que se limpió el ojete con los dibujos de García López. Horrible, realmente, lo de Tom Ziuko en esta miniserie. Me quedo mil veces con la estridencia de Jerry Serpe en la saguita de los Challengers. Y rezo para que alguna vez DC republique el majestuoso Deadman de García López en blanco y negro.
Y me vengo a Argentina, a reseñar un libro de Diciembre de 2016 (¡vamos que me falta poco!). Rip Van Hellsing ofrece unas cuantas historietas de este aventurero al que conocimos gracias a la revista Términus, de la mano de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana. Acá, a diferencia del material que vimos en Términus, los guionistas construyen una saga a largo plazo, no se quedan en un planteo sencillito que se pueda resolver en 12 páginas casi sin diálogos. La apuesta argumental sube notablemente y eso es muy bienvenido.
Lo cual no quiere decir que sean todos aciertos. La primera historia, la del cyborg militar asesino, es excelente. La segunda es un poquito predecible y la tercera… bastante pobre, apenas una excusa para hacer avanzar la trama hacia donde la quieren llevar Barreiro y Ferrúa. Y lo más importante: falta desarrollar al personaje. ¿Quién es Rip Van Hellsing? ¿Qué piensa, qué siente, por qué hace lo que hace? En casi 150 páginas estas preguntas no llegan siquiera a esbozarse y eso es, sin dudas, el talón de Aquiles de esta serie.
El ancho de espadas de Rip Van Hellsing es, para mi gusto, el dibujo de Santana. Fresco, dinámico, con la cantidad exacta de detalles como para no sobrecargar de información visual a las viñetas, con un gran manejo de la anatomía, de las expresiones faciales y de las posibilidades que brinda el blanco y negro. Un dibujante ideal para este tipo de comic, repleto de acción, tiros, explosiones y machaca entre seres sobrenaturales, tal vez todavía no valorado en toda su dimensión por los lectores argentinos.
La edición es impecable, cuidadísima de punta a punta, con una calidad infrecuente en nuestro país. Así que si descubriste a Rip Van Hellsing en la Términus y te quedaste con ganas de más, en este tomo vas a encontrar mucho más. Y si no conocés al personaje pero te gustan la acción, el vértigo y el bolonki, dale una oportunidad. Te espera un pochoclo bien elaborado, potenciado a full por la magia del rotring de Santana.
Y ahora sí, empecé a vivir la adrenalina pre-Comicópolis. No creo que vuelva a postear antes del lunes 4, así que nos vemos el finde en La Rural. ¡Hasta pronto!

sábado, 10 de enero de 2015

10/ 01: DEADMAN Vol.4

Volvieron los superhéroes, que últimamente estaban apareciendo poco por el blog. Prometo un par de semanas muy superheroicas, con muchos clásicos y algunas cositas más actuales.
¿Qué es este libro? Reediciones en orden cronológico de todas las historias de Deadman originalmente publicadas entre 1978 y 1980, tramo final de la Verdul Age. La etapa gloriosa del personaje (a cargo de Neal Adams) ya había quedado atrás hacía mucho, pero Deadman seguía teniendo un aguante, un grupúsculo de fans que querían ver más aventuras del campeón ectoplasmático. Así es como el difunto trapecista aparecía cada tanto en las revistas de team-ups de Batman o de Superman, y cuando Adventure Comics se convierte en una antología de muchas páginas, con cabida para varios personajes, Deadman encuentra (durante un tiempito) algo así como un hogar, como un espacio regular para sus andanzas.
El libro arranca con un especial de Brave & the Bold, escrito por Bob Haney (guionista principal de la serie durante los ´70) y dibujado por Ric Estrada, ese pecho frío sin alma ni talento, al que solemos cruzarnos cada vez que nos aventuramos en el mainstream setentoso de DC. Esto no puede ser peor. Además de Batman y Deadman, participan de la aventura el Sargento Rock y… Sherlock Holmes, todos en la misma época, en la misma tierra, entrelazados por un guión absurdo, que nos toma por idiotas en cada secuencia. La verdad que tomarse el laburo de desempolvar esa historia, retocar las páginas en las que el dibujo estaba cascoteado, reconstruir el color, invertir todo ese tiempo y esa guita para que el lector de hoy pueda leer eso, es tirarle margaritas a chanchos infectados con ébola, afiliados al PRO y fans de Agapornis.
Por suerte, cuando Deadman se gana el lugarcito en Adventure Comics se hace cargo un equipo creativo serio, integrado por los maestros Len Wein, Jim Aparo y José Luis García López. Los dibujantes van rotando, pero Wein logra darle a Deadman ese sentido de saga, de historia que evoluciona episodio a episodio hacia algo más power. Tarda un poco en arrancar, es cierto, y para cuando se revela qué es exactamente lo que está en juego, muchos de los conflictos y peleas de los primeros episodios parecen boludeces. Y bue, era la época.
Terminada “la saga de Kronsky”, Wein vuelve a los relatos autoconclusivos. Arranca con uno extenso (23 páginas) que está bastante bien, con varios momentos atrapantes, pero donde realmente la rompe es en el tercero y último, un comic de apenas 12 páginas realmente notable, con unos huevos inmensos y una emotividad digna de la mejor época del personaje. El team-up con Superman que cierra el tomo arranca como “secuela” de ese maravilloso unitario, pero el guión no está a la altura, a pesar de que Wein se esfuerza por darle MUCHA chapa al muerto de Boston Brand.
Lo más raro que tienen estas historias es que Deadman se la pasa interactuando con gente que no lo ve ni lo oye… y sin embargo no para de hablar! Todo el tiempo mete bocadillos, comentarios muchas veces jocosos acerca de lo que dicen los otros personajes, que conversan entre ellos sin suponer que Deadman los está escuchando. ¿Para qué habla Deadman? ¿Para que lo “escuchemos” nosotros? La verdad que es una canchereada que capaz me cerraba si lo leía a los 11 años, pero hoy no me convenció. Como todo comic de los ´70, este tiene muchísimo más texto que un comic actual, pero no se sufre porque Wein maneja muy bien la prosa y los diálogos no suenan anquilosados.
A la hora de los dibujos, olvidemos rápidamente esas 34 páginas de Ric Estrada (entintadas de modo casi grotesco por Dick Giordano), para concentrarnos en los trabajos de un Jim Aparo muy sólido, muy comprometido, que realmente le ponía todo a cada episodio. Y que, lógicamente, se ve eclipsado por el exquisito García López, un virtuoso, un distinto, uno de los pocos que saben darle elegancia a la machaca entre tipos musculosos. Cuando lo entinta Giordano, se pierde un poquito de la impronta del ídolo. Pero cuando lo dejan entintar sus propios lápices, García López se va al carajo con escorzos a lo Neal Adams, expresiones faciales perfectas, composiciones que combinan la onda clásica de un Alex Raymond con ideas más arriesgadas y más modernas… una verdadera delicia para los ojos. Lástima el color, que respeta mucho al original de los ´70, obra de la nefasta Glynis Wein.
No hace falta que te diga que Deadman no es un superhéroe convencional, y que –fuera de los team-ups con Batman y Superman- acá hay historias bastante raras, bastante alejadas de los conceptos más habituales y más trillados del género. Si te gusta el personaje y no te querés quedar sólo con lo de Neal Adams, entrale a esto, que dentro de todo se la banca con bastante decoro aún hoy.