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viernes, 20 de mayo de 2022
LECTURAS DE VIERNES
Medio que se me cae la cara de vergüenza por haber leído solo dos libros en cuatro días, pero bueno, así es la vida. Chota e injusta como la gente que se queja por tener que responderle tres boludeces cada 10 años a un censista.
Arranco en Francia, año 1999, para leer un hermoso álbum de Lapinot en el que Lewis Trondheim arma dupla nada menos que con Frank le Gall, el archi-galardonado creador de Theodore Poussin, quien llevará adelante un guion notable. Vacances de Primtemps es una historia de amor sin besos ni garches, donde todo gira en torno a cómo enamorarse le caga la vida a más de un loser, cuya vida ya está bastante cagada antes de empezar. Le Gall se mofa de esa visión romántica del amor como sufrimiento, y qué lindo es sufrir por amor. Acá queda claro que sufrir por amor es una idiotez, a través de una serie de episodios siempre cómicos pero nunca desopilantes, en los que vemos las pelotudeces que hacen Lapinot y sus amigos (en esta ocasión, rivales) por amor. Las situaciones son tragicómicas, pensadas para parodiar a alguna obra literaria de fines del Siglo XIX que no podría puntualizar, y el humor pasa básicamente por los diálogos y por cómo se va retorciendo la relación entre tres de los personajes varones. Un cuarto personaje varón (Alex, el mayordomo) será el que tire las mejores frases y demuestre tenerla más clara a la hora de entablar relaciones sexafectivas con otra persona. Tan clara la tiene Alex, tanta línea le baja a Lapinot y tan mordaces son sus comentarios, que todo el tiempo me hizo acordar a Alfred Pennyworth... cuando lo escriben bien, lo cual no es tan habitual.
Este es uno de los álbumes más libres de Lapinot, en los que el conejo humanoide no está confinado a la ambientación urbana ni al presente. Acá bajo esa cabeza que nos resulta familiar hay un tipo que vive en la campiña inglesa en el año 1870, que quiso ser científico pero terminó siendo un pintor bastante mediocre. De su amor por la ciencia salen varios de los mejores chistes del tomo. Thierry (o Titi) acá es McTerry, el carnicero del pueblo, y Richard es Richardson, un militar inglés que combatió en la India. Y la que se lleva la peor parte es Nadia, que de ambiciosa y sagaz periodista pasa a ser simplemente la chica linda que le revoluciona las hormonas a los tres muchachos. El guionista nos muestra una Nadia un poquito garca, pero bueno, también sus pretendientes hacen méritos para que ella tome distancia y los someta a ciertos sutiles maltratos y ninguneos, de donde también salen buenas situaciones para el humor.
El dibujo está íntegramente a cargo de Trondheim y el color es obra de su esposa, Brigitte Findakly. Ambos se complementan a la perfección y nos ofrecen 46 páginas de una calidad apabullante. La faz gráfica no desentona para nada con la propuesta y la onda del guion, y Trondheim demuestra una vez más que la rompe incluso cuando lo sacan de su zona de confort. Un álbum realmente maravilloso, para leer y releer varias veces.
Me vengo a Argentina, año 2021, cuando se publica The Beatles: Historia de una Amistad, obra de otra dupla de amigos: el guionista Luciano Saracino y el dibujante Nicolás Brondo. La obra tiene un problema insalvable: alguien decidió que Saracino, que es más porteño que un piquete en la 9 de Julio, escribiera los diálogos, los bloques de texto y hasta el prólogo, en castellano neutro, supongo que para vender esta misma edición en distintos países. Eso desluce un poco toda la faceta literaria de la novela, y es una pena porque el resto está muy bien. Saracino encuentra una muy buena arista por donde explorar la ya archi-conocida historia de los Fab Four, y logra unas cuantas escenas realmente potentes y emotivas. Repito: contándonos lo que ya sabíamos, lo cual lo hace mucho más meritorio.
Hay diálogos muy logrados, retruques ingeniosos y chistes muy efectivos. Yo que no soy muy fan de los Beatles, me re enganché y llegué a querer mucho (en apenas 82 páginas) a John y Paul, a quienes Saracino logra elevar por sobre su status de genios de la música: en esta obra, además de dos talentos descomunales, son dos flacos copadísimos, a los que la vida llevará por distintos caminos pero seguirán siempre unidos por un afecto inquebrantable. Por ahí el fan más hardcore de los Beatles esperaba más énfasis en la carrera musical de la banda, o en las etapas solistas de Lennon y McCartney, o incluso roles más importantes para George y Ringo, que están prácticamente de adorno, pobres. Pero el libro da lo que promete: una historia de los Beatles atravesada por la relación entre Paul y John. Y en ese sentido no defrauda en lo más mínimo, porque se anima a estudiarla de cerca, a un nivel de intimidad que -como ya mencioné- hace que estos dos íconos del rock te resulten casi amigos cercanos, de toda la vida.
El dibujo de Brondo no está mal, para nada. A mí personalmente me gusta mucho más el otro Brondo, el más salvaje, el más expresivo, el que corre en la escudería de Jaime Hewlett y te tira misiles nucleares de imaginación desbordada en clásicos del kilombo como Chica Alien, Bone Machine o Psychocandy. Lo veo jugando al realismo, rompiéndose el culo para que los personajes le salgan parecidos a las fotos que usa como referencia, y siento que desaprovecha su talento aniquilador para irse al carajo y crear otro tipo de imágenes, otro tipo de relatos. Para cordobeses que narran como los dioses y dominan de taquito el realismo, ya tenemos a Carlos Gómez, que también alguna vez formó dupla con Saracino. A Brondo lo veo mejor en otro estilo, con otras libertades. Pero no puedo decir que no haya hecho un buen trabajo: tanto el dibujo como el color de The Beatles cumplen sobradamente con la consigna y recrean sin fisuras aquellos años ´60 y ´70. Obviamente, si sos fan del cuarteto de Liverpool, te tengo que recomendar esta novela gráfica.
Tengo más Brondo y más Trondheim en el pilón de los pendientes, así que pronto nos reencontraremos con estos y otros capos del Noveno Arte. Gracias por el aguante.
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Nicolás Brondo
martes, 8 de agosto de 2017
TRIPLETE DE MARTES
Ufff… por fin un minuto de paz para sentarme a redactar unas reseñas… Tengo unos días complicados y… sí, ya sé, siempre el mismo verso… Pero posta, hoy escribo estas reseñas y no tengo la más puta idea de cuándo voy a poder clavar el culo en la silla y escribir las próximas.
Arranco con Mildiu, una gema semi-oculta del glorioso Lewis Trondheim que en realidad es la tercera aventura de Lapinot, y la primera que no es editada por L´Association, el sello independiente fundado (entre otros) por el ídolo en cuestión. Mildiu sale en el sello Seuil justo antes de que los álbumes de Lapinot pasen al formato tradicional, a color, y a Dargaud. Es una obra de 1994, cuando Trondheim ya no era su propio editor pero todavía hacía lo que se le cantaba la chota.
Mildiu nos ofrece casi 140 páginas frenéticas, en las que Trondheim se propone satirizar a los relatos de aventuras que se basan en un 95% en peleas entre el Bueno y el Malo, y casi sin querer pela una obra maestra. Obviamente para esa cantidad de páginas, pasan pocas cosas. Pero no es tan importante el cuánto como el cómo. Y el cómo es maravilloso. Lapinot y su enemigo Mildiu (sí, el comic tiene el nombre del villano) combaten a espadazos, piñas y patadas en el medioevo, en un castillo lleno de trampas, recovecos peligrosos y pasadizos secretos, mientras se tiran frases desopilantes y se cruzan con otros personajes bizarros, entre ellos un hechicero cuyos conjuros hacen aún más impredecible el resultado de la cuasi-infinita pelea.
Acá te reís, te entusiasmás, vibrás al ritmo de la machaca, te mordés el labio de abajo onda “no podéssss”, y cuando llega el final aplaudís de pie. Trondheim te garantiza, como siempre, diversión de la buena y un dibujo exquisito. Me encantó volver a verlo en blanco y negro (como en La Mouche, a la cual le tira un homenaje), me cebó mucho verlo dibujar espadas, escudos y hechiceros años antes de La Mazmorra, y obviamente al tener tantas páginas para llenar, la magia que tira el francés en el armado de las secuencias es virtualmente ilimitada. Un flash alucinante.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando se edita Ultradeformer, un librito muy breve con varias historias cortas realizadas por Pedro Mancini. Me da la sensación de que una de las historias (Misterio de Krang) era inédita y el resto ya había aparecido en la revista Ultramundo. Como siempre, son historias al borde del delirio, bastante crípticas, con poco texto, ideas muy locas y cierto coqueteo con el comic clásico de suspenso y enigmas sobrenaturales.
Al final, entre ese cúmulo de incertidumbres, lo que queda claro es que Mancini es un dibujante con un talento increíble, una imaginación única, y que su fuerte son esos climas oscuros, enrarecidos, altamente cautivantes. Tengo más libros de Pedro sin leer, así que pronto vuelvo a explorar los bizarros paisajes de su ultramundo.
Y cierro con el Vol.18 de Bakuman, el único comic que leo el día que me lo compro, que suele ser el día que se edita. Ya no falta nada para el final y Tsugumi Ohba y Takeshi Obata dan el puntapié inicial de lo que (supongo yo) es el arco final de la serie. De un modo muy elegante, Perfect Crime Party pasa a un segundo plano y ahora la historieta que define, la que sale a patear en la definición por penales, es Reversi, una nueva creación de los incansables Muto Ashirogi ahora sí, pensada no sólo para prenderle fuego a las páginas de la Jump, sino también para convertirse en un animé exitoso…
Claro que no va a ser todo tan fácil. Están las fechas de entrega, están las excentricidades del inefable Eiji Niizuma, las roscas y los protocolos de los editores (esta vez con mucha chapa para Yujiro Hattori) y está el público que, con su preferencia, decide quién da la vuelta olímpica y quién no. Es un tomo en el que vamos a ver a los protagonistas al límite de su aguante, siempre bien complementados por las tramas que Ohba les reserva a los secundarios, cada vez más queribles. Lo único medio choto es esa secuencia con el abuelo de Mashiro, una forma bastante ramplona de recordarnos la motivación del joven dibujante, que se podría haber obviado. El resto, todo intensamente maravilloso, y dibujado como la hiper-concha de Dios. Voy a extrañar mucho a Bakuman cuando termine de salir. Mucho.
La seguimos pronto (creo).
Arranco con Mildiu, una gema semi-oculta del glorioso Lewis Trondheim que en realidad es la tercera aventura de Lapinot, y la primera que no es editada por L´Association, el sello independiente fundado (entre otros) por el ídolo en cuestión. Mildiu sale en el sello Seuil justo antes de que los álbumes de Lapinot pasen al formato tradicional, a color, y a Dargaud. Es una obra de 1994, cuando Trondheim ya no era su propio editor pero todavía hacía lo que se le cantaba la chota.
Mildiu nos ofrece casi 140 páginas frenéticas, en las que Trondheim se propone satirizar a los relatos de aventuras que se basan en un 95% en peleas entre el Bueno y el Malo, y casi sin querer pela una obra maestra. Obviamente para esa cantidad de páginas, pasan pocas cosas. Pero no es tan importante el cuánto como el cómo. Y el cómo es maravilloso. Lapinot y su enemigo Mildiu (sí, el comic tiene el nombre del villano) combaten a espadazos, piñas y patadas en el medioevo, en un castillo lleno de trampas, recovecos peligrosos y pasadizos secretos, mientras se tiran frases desopilantes y se cruzan con otros personajes bizarros, entre ellos un hechicero cuyos conjuros hacen aún más impredecible el resultado de la cuasi-infinita pelea.
Acá te reís, te entusiasmás, vibrás al ritmo de la machaca, te mordés el labio de abajo onda “no podéssss”, y cuando llega el final aplaudís de pie. Trondheim te garantiza, como siempre, diversión de la buena y un dibujo exquisito. Me encantó volver a verlo en blanco y negro (como en La Mouche, a la cual le tira un homenaje), me cebó mucho verlo dibujar espadas, escudos y hechiceros años antes de La Mazmorra, y obviamente al tener tantas páginas para llenar, la magia que tira el francés en el armado de las secuencias es virtualmente ilimitada. Un flash alucinante.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando se edita Ultradeformer, un librito muy breve con varias historias cortas realizadas por Pedro Mancini. Me da la sensación de que una de las historias (Misterio de Krang) era inédita y el resto ya había aparecido en la revista Ultramundo. Como siempre, son historias al borde del delirio, bastante crípticas, con poco texto, ideas muy locas y cierto coqueteo con el comic clásico de suspenso y enigmas sobrenaturales.
Al final, entre ese cúmulo de incertidumbres, lo que queda claro es que Mancini es un dibujante con un talento increíble, una imaginación única, y que su fuerte son esos climas oscuros, enrarecidos, altamente cautivantes. Tengo más libros de Pedro sin leer, así que pronto vuelvo a explorar los bizarros paisajes de su ultramundo.
Y cierro con el Vol.18 de Bakuman, el único comic que leo el día que me lo compro, que suele ser el día que se edita. Ya no falta nada para el final y Tsugumi Ohba y Takeshi Obata dan el puntapié inicial de lo que (supongo yo) es el arco final de la serie. De un modo muy elegante, Perfect Crime Party pasa a un segundo plano y ahora la historieta que define, la que sale a patear en la definición por penales, es Reversi, una nueva creación de los incansables Muto Ashirogi ahora sí, pensada no sólo para prenderle fuego a las páginas de la Jump, sino también para convertirse en un animé exitoso…
Claro que no va a ser todo tan fácil. Están las fechas de entrega, están las excentricidades del inefable Eiji Niizuma, las roscas y los protocolos de los editores (esta vez con mucha chapa para Yujiro Hattori) y está el público que, con su preferencia, decide quién da la vuelta olímpica y quién no. Es un tomo en el que vamos a ver a los protagonistas al límite de su aguante, siempre bien complementados por las tramas que Ohba les reserva a los secundarios, cada vez más queribles. Lo único medio choto es esa secuencia con el abuelo de Mashiro, una forma bastante ramplona de recordarnos la motivación del joven dibujante, que se podría haber obviado. El resto, todo intensamente maravilloso, y dibujado como la hiper-concha de Dios. Voy a extrañar mucho a Bakuman cuando termine de salir. Mucho.
La seguimos pronto (creo).
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