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lunes, 7 de julio de 2025
NOCHE DE LUNES
Con la Comiqueando Digital nº11 ya terminada (y por suerte ocupando algunos megas de RAM en las computadoras y tablets de muchos de ustedes, que se copan y la descargan en comiqueandoshop.blogspot.com), logré retomar un ritmo razonable para las lecturas y las reseñas que requiere el blog para estar siempre fresquito, siempre picante.
Empiezo con un tomo de historias cortas de Hirohiko Araki editado por Ivrea, con material realizado en los ´90 por el autor de JoJo´s Bizarre Adventure. Yo venía dulce, con buenos recuerdos de aquel trabajo de Araki que me tocó reseñar el año pasado (28/03/24), pero acá me volví a amargar, con argumentos que me resultaron poco atractivos, desarrollados en guiones que a veces pisan el límite de la falta de respeto. Antes de entrar en las historias una por una, quiero dejar sentado que la calidad del dibujo de Araki es demoledora. Acá todavía tiene alguna que otra página muy sobrecargada, con composiciones que, al meterle tantos elementos, se le desbalancean i directamente se le van al carajo. Pero el dibujo en sí tiene una fuerza tremenda, un encanto hipnótico en los cuerpos, en las caras, en los enfoques. Cuando entran las tramas de grises, la rompen. Cuando abre alguna historia con un par de paginitas a color, el color es precioso. Cuando mete un pin-up a modo de carátula, te detona las retinas. Visualmente, esto es una golosina riquísima. Lástima que en algún momento, los historietistas tienen que usar los dibujos para contar historias...
La primera es Under Execution, Under Jailbreak, la que le da el nombre al tomo. Es una trama poco original, pero tiene dos ventajas: no se estira al pedo y genera una tensión interesante. Son 33 páginas con una idea medio pobretona, pero no del todo mal explotada. Dolce and his Master, en cambio, tendría mil veces más sentido en 10 ó 12 páginas, y dura 50. Un dolor de huevos. Tiene algún que otro diálogo gracioso, pero la situación que moviliza la trama es una sola, muy sencilla, y no daba ni ahí para alargarla tanto. En las siguientes 50 páginas nos reencontramos con el amigo Kishibe Rohan, que esta vez no es el protagonista de la historia, sino quien relata los hechos. Y no, el argumento tampoco daba para 50 páginas. Estaba bueno para una historia corta de misterio de las que aparecían en las antologías de DC de los años ´70, por supuesto resumida en 10 páginas, 12 a lo sumo.
Y el resto del tomo es una historia en tres episodios protagonizada por Yoshikage Kira, quien fuera el villano del cuarto arco de JoJo´s, que murió y volvió en forma de fantasma. La consigna está buena: un fantasma atrapado en un departamento embrujado, en el que pasan cosas rarísimas. Pero claro, ni es una idea que se sostenga más de 60 páginas, ni me parece aceptable que Araki jamás se proponga siquiera explicar por qué pasan todas esas cosas. Tanto Kira como los lectores nos vamos en la última página con el culo lleno de preguntas, tras una larga seguidilla de peleas con criaturas, donde el autor se prodiga en las escenas de acción desenfrenada, con un ritmo alucinante... y nada más. No hay un subtexto, no hay una reflexión, no hay ni siquiera un comentario irónico. Es eso: misterio, pelea, fin. No alcanza ni ahí para llenar todas esas páginas...
Capturé uno más de los TPBs que compilan la extensa etapa de Astro City en Vertigo, y ya me falta leer uno solo de los que salieron en tapa blanda (seguramente será el año que viene). Después hay tres más que solo existen en tapa dura, que no sé si alguna vez compraré, o si buscaré las revistitas, o las nuevas ediciones de Image. Lo importante es que acá hay seis números más, todos unitarios escritos por el maestro Kurt Busiek junto a dibujantes suplentes, mientras Brent Anderson adelantaba trabajo para que la serie pudiera mantener la periodicidad mensual. De los cuatro artistas convocados para reemplazar a Anderson, el único que no me cerró fue el canadiense Joe Infurnari. De hecho contribuyó fuerte a que la historia que dibuja no me haya atrapado en lo más mínimo. Pero por suerte es la única que me resultó floja.
El tomo abre con una aventura fuerte, épica, con un final triste para un superhéroe al que no recordaba de sagas anteriores, pero que acá se despide a lo grande, con un aporte fundamental a la derrota de una especie de Darkseid muy heavy. Muy bien los dibujos de Tom Grummett. "Yesterday´s Heroes" le da relieve a un superhéroe australiano, una especie de Ant-Man llamado Wolfspider, en una aventura con mucho ritmo, diálogos graciosos (repletos de "australianismos") y muy lindos dibujos de Gary Chaloner, dibujante oriundo de "the land down under". Acá se cuela un poco más el lado humano de los justicieros enmascarados, no es todo tan épico ni tan solemne como en el episodio anterior. Y nos quedan tres historias dibujadas por el capo español Jesús Merino, sin dudas el más capacitado para jugar de titular en esta serie cuando no pueda contar con Brent Anderson. Merino capta a la perfección las atmósferas típicas de Anderson, reproduce sin problemas los trucos que suele desplegar Anderson en la puesta en página, se complementa muy bien con las tintas de Alex Sinclair, y -lo más importante- es un dibujante de GRAN calidad, con un manejo de la anatomía, las expresiones faciales y los fondos, con imaginación para pelar locaciones fantásticas, con un manejo innato del ritmo que tiene que tener un relato superheroico... Un crack.
Y Busiek se da cuenta, y le tira unos guiones bárbaros. El de Starfighter es el más humano, el que más juega a la identificación del lector, sobre todo de los más veteranos. El de Hummingbird es una cátedra de cómo presentar a una heroína "legacy", es como la versión bien hecha del mamarracho que hizo DC cuando nos cambió a la Black Canary de la Golden Age por su hija. Un episodio emotivo, divertido, lleno de momentos para el asombro. Y el otro que dibuja Merino es de los menos interesantes, a menos que seas muy fan de Living Nightmare, ese personaje que fue héroe, fue villano, y acá vuelve a afiliarse al bando de los buenos. No está mal, no es un bofe ni un embole, pero resulta todo tan extremo, tan zarpado, que no conecta mucho con ese tono de "esto te puede pasar también a vos" que tienen las grandes historias de Astro City.
El tomo se titula "Honor Guard" y está bien, es lógico, porque todas las historias tienen que ver con pasado y presente de esta especie de Justice League del universo creado por Busiek, Anderson y Alex Ross. Por suerte, en esta etapa hay de todo: historias como estas, con el foco más puesto en los héroes y heroínas, y otras más centradas en la gente común. Veremos con qué me encuentro en el otro tomito que tengo ahí, en el aguante, para leer en 2026.
Nada más, por hoy. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 28 de marzo de 2024
HIPER-FINDE EN BUENOS AIRES
No, no me voy a ningún lado este finde extra-large. Me voy el miércoles, después de los chotocientos feriados, a un evento en Chile, en la ciudad de Concepción. Y estos días estoy acá, con bastante laburo y con algo de tiempo para leer comics (y textos sobre comics).
Allá por el 16/12/19 me tocó leer el Vol.1 de JoJo´s Bizarre Adventure, y ahí mismo, en la primera parada, me bajé del bondi, ahuyentado por la nula calidad de los guiones de Hirohiko Araki. Años más tarde, le di otra posibilidad, un poco cautivado por la excelente idea de que exista una colección de comics ambientados en el Museo del Louvre y otro poco alucinado por la bestial dimensión que alcanzó Araki como dibujante. Así caí en Rohan en el Louvre, una novela gráfica de unas 125 páginas a todo color, protagonizada por Rohan Kishibe, un personaje al que Araki presentó en la cuarta saga de JoJo´s Bizarre Adventure para utilizarlo luego en distintas historias con poca o ninguna vinculación con su magnum opus.
Rohan en el Louvre se lee muy rápido, en parte porque pasan pocas cosas para la cantidad de páginas que tiene. Esto mismo se podía contar tranquilamente en 80 páginas, como mucho. Las primeras 42 páginas parecen ser una historia de desencuentros sentimentales, de enrosque entre jóvenes que se gustan pero no garchan. Hay también un halo de misterio, algo que pasa y que no tiene mucha explicación (al principio) y que le agrega complejidad y suspenso a la trama. Después hay 18 páginas de transición, donde Araki parece olvidarse casi totalmente de lo narrado hasta ese punto, para establecer otro conflicto mucho más urgente, que ahora sí, nos lleva al majestuoso museo de la ciudad de París. El cambio de locación implica también un cambio de elenco y acá el autor introduce a varios personajes nuevos, ninguno tan atractivo como Nanase, la enigmática protagonista del primer tramo. Y en las 60 páginas finales, la obra llega a su climax, un climax estiradísimo, pero climax al fin. Acá hay un despliegue alucinante de acción descontrolada, a partir de que estalla un elemento fantástico zarpado e impredecible, que sirve además para dilucidar el misterio de la primera parte, de aquella extensa secuencia de Rohan y Nanase en Japón. Finalmente todo tiene sentido y uno siente que leyó algo así como un unitario de misterio/ terror que podría estar en una antología de Vertigo... si no fuera porque en esas antologías te remataban las historias en 10-12 páginas y esto es infinitamente más largo.
El dibujo de Araki es realmente extraordinario, y la verdad es que no perdería demasiado si le quitáramos el color. Que no está mal, pero no alcanza ni a palos los niveles de virtuosismo que exhibe el dibujo. Salvo por una cierta mezquindad a la hora de dibujar fondos, el trabajo del autor en la faz gráfica es sobresaliente. La puesta en página apuesta fuerte al ritmo, a la agilidad y la potencia del relato, como en los buenos comics de machaca superheroica. Los primeros planos (que son muchos) dan cátedra de expresividad, los decorados y la ropa están diseñados con atención y talento y todo lo que tiene que ver con la figura humana es sencillamente monumental. Ya sea quieto o en acción, Araki dibuja al cuerpo humano como nadie, con una elegancia y una polenta incomparables.
Obviamente, si te hiciste fan de JoJo´s Bizarre Adventure, Rohan en el Louvre no puede faltar en tu biblioteca (aunque Ivrea no se ponga las pilas para publicarlo en Argentina). Si venís juntando los álbumes de distintos autores que transcurren en el Louvre, este no te va a defraudar para nada. Y si simplemente querés leer algo de Hirohiko Araki que no implique entrar en el laberinto del terror que significa una mega-serie abierta desde 1987, con varios arcos argumentales, más de una continuidad y varios cientos de personajes, sin dudas esto es lo que estabas buscando.
Me voy a Estados Unidos, mediados del 2020, cuando en plena pandemia los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips lanzan Pulp, una novela gráfica breve (68 páginas) pero de una potencia arrolladora. Pulp parte de la misma consigna que Roco Vargas. En la historieta de Daniel Torres, tenemos a un escritor de novelas de aventuras, Armando Mistral, que en realidad es una mascarada tras la cual se oculta un grossísimo aventurero espacial ya retirado, el mítico e intrépido Roco Vargas, que ahora escribe ficción, basada hasta cierto punto en las peripecias que protagonizó en sus años mozos. Acá pasa LO MISMO, excepto que Max Winter es un escritor octogenario, muy lejos del éxito y del prestigio, y la historia transcurre en 1939, mientras que sus proezas como forajido del Lejano Oeste se ubican casi 50 años antes.
Por supuesto, alguien que conoció a Max cuando él y su banda de asaltantes eran el terror de los grandes terratenientes de Wyoming se va a dar cuenta de que esos relatos pulp no son exactamente "inventos" de este tal Winter y lo va a ir a encarar. Y ahí, la vida de Max (que ya estaba complicada por la salud, la tranquilidad económica y la autoestima perdidas) se va a complicar mucho más. No quiero dar detalles sobre el argumento, porque buena parte del impacto de Pulp se basa en sorpresas y volantazos que es mejor no conocer antes de entrarle al comic. Simplemente quiero agregar que Brubaker aprovecha perfectamente el contexto de esta New York de 1939 en la que los pulps vendían fortunas pero pagaban miseria, y en la que las tropelías imperiales de Adolf Hitler en Europa generaban no sólo interés, sino incluso adhesión en un sector para nada minoritario de la sociedad. Esto le permite al guionista trabajar con los clásicos "villanos nazis", pero en este caso son tan yankis como el ex-cowboy de Wyoming.
Por el lado del dibujo tenemos otro trabajo de contundente solidez por parte de Sean Phillips, muy bien complementado por la paleta de colores de su hijo Jacob. Phillips está en su salsa, porque le dan una historia crepuscular, urbana, sin estridencias, sin elementos fantásticos, salpicada con unas pocas (y muy significativas) escenas de acción, pero sostenida sobre todo en los diálogos. La recreación de las dos épocas (la de fines del Siglo XIX y la de 1939) es brillante, la forma en la que el dibujo subraya la personalidad y el pathos de Max es impresionante y el formato de narración clásica, con la página dividida en tres tiras y no más de seis o siete viñetas por plancha, le queda perfecto a lo que la dupla quiere contar. Recomiendo muchísimo Pulp a los fans de Brubaker, de Phillips y de la buena historieta para adultos. Esto es material de una calidad realmente infrecuente.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos ni bien tenga un par de libritos más para reseñar acá en el blog.
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Sean Phillips
lunes, 16 de diciembre de 2019
UN LUNES MAS
Para la
muchachada que usa Facebook, ya está armado el evento del festejo de los 10
años del blog, en https://www.facebook.com/events/457494788292385/.
Ahí se puede poner “asistiré”, “me interesa”, o “no asistiré”, así voy
calculando más o menos cuánta gente puede llegar a aparecer el 28/12 en Sector
2814. Mientras tanto, comparto un par de reseñas más.
Finalmente
leí el primer y único tomo que compré de JoJo´s Bizarre Adventure, este manga
de Hirohiko Araki iniciado hace más de 30 años, que aún se sigue publicando en
Japón. Es un tomo bien gordito, de unas 300 páginas, que reúne la primera parte
de la saga inicial, titulada Phantom Blood, cuyo argumento es… una seguidilla
de excusas bastante patéticas para mostrarnos a muchachones musculosos
cagándose a trompadas. Esto se salva sólo porque hay un intento por indagar un
poco en la mente de los dos protagonistas (JoJo y Dio) y explicar bastante bien
sus motivaciones. Todo el resto, apesta. Abundan los lugares comunes, la
ambientación histórica (Inglaterra, fines del Siglo XIX) no está bien
aprovechada, los personajes secundarios son irrelevantes (zafa uno sólo, el
papá de Dio), en 300 páginas aparece una sola mujer y tiene menos de 10 líneas
de diálogo, el elemento fantástico (una máscara ritual azteca con zarpados
poderes) aporta más confusión que espectacularidad o impacto… La verdad que me
tuve que esforzar para llegar al final de un relato que hizo muchos méritos
para que lo colgara en la página 150.
En cuanto
al dibujo, me consta que más adelante Araki va a mejorar ostensiblemente y a
encontrar una impronta visual mucho más personal y atractiva. Lo que se ve acá
está muy bien para un mangaka que daba sus primeros pasos, pero –de nuevo- me
pareció muy remanido, muy poco original. La anatomía está exagerada, como en
los mangas de Tetsuo Hara, y las caras son una versión un poquito más “cute” (o
más aputazada) de las caras de Hara o de cualquier otro mangaka típico de los
´80. Hay larguísimas secuencias sin un mísero fondo (cuando aparecen están muy
bien) y quizás los puntos más destacados sean las líneas cinéticas y el gore,
que cuando irrumpe en escena lleva al dibujo de Araki por carriles menos
transitados, menos obvios.
Dicen por
ahí que JoJo´s Bizarre Adventure es un gusto que se adquiere con el correr de
los tomos. En mi caso, no creo que eso suceda simplemente por el precio de cada
libro y el espacio que ocupa en el estante. Prefiero guardar ese lugar y esa
guita para algo que me convenza más desde el primer día.
Por otro
lado, me cuesta encontrar palabras que expresen lo feliz que fui leyendo El
Solar, la novela gráfica de Alfonso López publicada por La Cúpula en 2016. Se
trata de una comedia con espías y conjuras internacionales, ambientada en
Barcelona en 1947, cuando la dictadura de Franco regía con mano durísima un
páis devastado por la Guerra Civil, sumido en el oscurantismo, el atraso, la
miseria y el hambre. A diferencia de Araki, López le saca un jugo delicioso a
la época que elige para contar esta historia, a tal punto que no se podría
contar en otra ambientación. El personaje central (Pepe Gazuza) es carismático,
espontáneo y con la combinación justa de ingenuidad y picardía. Los diálogos
están repletos de chistes y juegos de palabras muy graciosos y la forma que
encuentra López para contar en son de joda hechos dramáticos es sencillamente
brillante.
A la hora
de poblar esta Barcelona precarizada con personajes de distintos estratos
sociales, López recurre a imágenes que nos remiten de inmediato a las
historietas españolas de aquella época: Carpanta, las hermanas Gilda, la
Familia Ulises… Pero no se queda en la mímesis: su grafismo es suelto,
vibrante, de una plasticidad increíble. Y el color es alucinante, recontra idóneo
para crear climas, y parece puesto con pinceladas brutales, como buscando
intencionalmente una sensación de desprolijidad. Pero se ensambla tan bien con
el dibujo, lo levanta tanto, que resulta una herramienta narrativa más, en
manos de un autor que de narrativa sabe muchísimo.
De
verdad, si te gusta la historieta española, vas a amar El Solar (o cualquier
otra obra de Alfonso López). Si (como a mí) te causa gracia el humor basado en
las carencias, en la crotada, la berretada y la miseria, te vas a reir un montón.
Y si te interesa el tema de cómo vivía la gente común bajo el régimen
franquista en los tremendos años ´40, acá vas a encontrar un testimonio muy
bien investigado, interpretado en clave de comedia –es cierto- pero con el
rigor necesario para explicar muchísimas cosas, entre ellas por qué tantos
españoles se cansaron de cagarse de hambre en el Viejo Continente y se vinieron
a nuestro país, donde en 1947 la situación socio-económica era muy, muy distinta. Ah, y por fin me enteré a qué hacía referencia Joaquín Sabina en el temazo "Así estoy yo sin ti" cuando decía "Negro como los ángeles de Machin".
Aguante
Alfonso López y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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