el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 4 de enero de 2026

LECTURAS DE DOMINGO

Acá estamos, con un par de libros más para reseñar. En 2025 se recopiló en Argentina una serie menor de Carlos Trillo, llamada Historia de la Vida de Arcabuz, que había aparecido en las antologías italianas en 1995, y en una revista de Columba, en esa misma época y a todo color. Los dibujos están a cargo de un correcto Fabián Slongo, un dibujante versátil, de gran precisión a la hora de dibujar edificios (no me sorprendería que fuera arquitecto), y cuyos personajes se inscriben en la estética de Alberto Dose, o del Eduardo Risso pre-Frank Miller, el de Caín y Fulú. A eso, Slongo le agrega una buena dosis de detalles, logrados con una rotring bien finita, al estilo de los mejores trabajos de Milo Manara. Ojo, no estoy diciendo que esto esté al nivel de un comic de Manara, Risso, o Dose, simplemente quiero trazar la "genealogía" del estilo en el que trabaja Slongo en estas páginas. La narrativa está muy bien, con buenas secuencias mudas y recursos idóneos para que no nos aburramos en las páginas en las que solo hay gente que habla (y a veces habla mucho). Y considero a Arcabuz una "serie menor" no por el desempeño de Slongo, sino por su corta duración (70 páginas) y por la escasa ambición de los guiones de Trillo. Esto está pensado como un mero divertimento, como producción comercial para llenar páginas de las revistas italianas sin mayores pretensiones. No está mal, no es una berretada, pero todos sabemos que Trillo podía escribir cosas mucho mejores. Acá se dedica a replicar la onda de los relatos picarescos tan típicos de la literatura española de los Siglos XVI y XVII, a través de un personaje cuyas motivaciones son vivir de arriba, comer y tomar contacto carnal con una piba que le hace zumbar la entrepierna (y ya que estamos, con un par más). Las historias de Arcabuz tienen un componente sexual (por momentos sexópata) bastante marcado, que no sé si habrá pasado los controles de Columba, o si alguien en la extinta editorial se habrá encargado de censurar las escenas más picantes. En general, las obras que hace 30 años buscaban hacer reir o sonreir al lector apelando a la temática sexual, hoy huelen a naftalina, a rancio. Historia de la Vida de Arcabuz no es para nada la excepción, y por suerte tiene otros atractivos además de ver cómo el protagonista hace lo imposible por voltearse a la joven Gregoria. A grandes rasgos, tenemos una comedia entretenida, que saca buen provecho de su ambientación histórica (todo transcurre en Perú, en la época en que era colonia española) y que no pierde la oportunidad de bajar línea contra los aristócratas garcas, los curas chantas y demás figuras de autoridad de aquel entonces. Pero no te vas a encontrar con nada realmente impactante, que haga imprescindible sumar este libro a tu biblioteca. Si sos fan termo y/o completista de la obra de Trillo, obviamente no lo dejes pasar. Y si no, la verdad que no creo que te aporte más que media horita/ 40 minutos de diversión pasatista.
Me voy a Estados Unidos, año 2021, cuando Image recopila en tapa blanda la serie The Fade Out, magnífica colaboración entre los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Esto es una bomba, de verdad. 400 páginas sin desperdicio, sin relleno, con una trama compleja, que se nutre de su entorno y su época (Hollywood, año 1948) de una manera brillante y que está poblada de personajes tridimensionales (algunos tomados de la vida real) a los que vemos desarrollarse y ganar relieve a medida que avanza la serie. En ese "entretiempo" entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Brubaker encuentra la forma de que ambos sucesos jueguen a su favor: tenemos a un protagonista todavía traumado por lo que vio (e hizo) cuando le tocó ir a pelear a Alemania, y ya está activo el FBI de J. Edgar Hoover, buscando comunistas para ponerlos en la lista negra y que no trabajen nunca más. Y estamos en Hollywood, así que tenemos también actores, actrices, directores, guionistas y otra vertiente de los aristócratas garcas: los dueños de los estudios cinematográficos, con el poder y la impunidad para abusar -en todos los sentidos imaginables- de sus empleados. Entre borracheras, jazz, cigarrillos y orgías, aparece un crimen y cuando esto sucede, la búsqueda de la verdad se convierte en un peligro. De eso se trata The Fade Out: de buscar la verdad en un submundo que vive de vender ilusiones, fantasías... mentiras. Brubaker demuestra un conocimiento profundo de lo que era la industria del cine en aquella época y no deja sin explotar ninguna de las posibilidades dramáticas que esta le ofrece. Así urde una historia amarga, violenta, teñida de sexo, sangre, ambición y persecución ideológica, y a la vez llena de data, como si fuera un documental sobre el Hollywood de fines de los ´40. Por supuesto, esto se ve y se siente real gracias al enorme trabajo de Sean Phillips a la hora de reproducir hasta los más mínimos detalles de aquella época. Secundado por una inspiradísima Elizabeth Breitweiser en el color, Phillips ensaya varios cambios de estilo: por momentos adopta un realismo casi fotográfico (como vemos en la portada del libro), por momentos se va hacia un registro más pictórico, más "Bill Sienkiewicz de los ´80", y casi toda la obra está dibujada en su estilo más reconocible, el que aparece en sus otros trabajos en colaboración con Brubaker. Esa sensación de amargura, de dramatismo, de acumulación de golpes e injusticias, aparece con fuerza en los dibujos del británico, superpuesta al rigor documental y al brillo y el glamour que asociamos a las estrellas de Hollywood de los años ´40. Además, Phillips encuentra rasgos distintivos y únicos para los... 15 o 16 personajes con peso en la trama, un logro no menor, que ayuda a que el lector se enganche con el relato. Ya está, no quiero sanatear más. Quiero que tod@s l@s que leyeron esta reseña corran a leer (o releer) The Fade Out, porque realmente es un comic para adultos de una calidad infrecuente. Y hablando de calidad infrecuente, para aquellos que quieren leer más, saber más y entender mejor el mundo de los comics, tenemos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ un nuevo número de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poquita plata y disfrutar desde cualquier dispositivo con la sola condición de entender castellano. Un laburo monumental, del que estamos sumamente orgullosos. Ahora sí, nada más. Gracias y hasta pronto.

viernes, 10 de mayo de 2024

VIERNES GÉLIDO

Primeros días de frío posta en Buenos Aires y bueno... le metemos calor a las reseñas. En 2020 salió un séptimo tomo de Criminal, la gran serie de Ed Brubaker y Sean Phillips, esta vez en Image, y con dos historias autoconclusivas en las que se repite un mismo truco: el protagonista lee historietas y los autores interrumpen el relato troncal para mostrarnos páginas de esas historietas, que funcionan como homenaje a las revistas setentosas en blanco y negro, básicamente Savage Sword of Conan y Deadly Hands of Kung-Fu. Más allá de disfrutar de los malabares visuales que realiza Phillips para evocar de alguna manera el estilo gráfico de esas historietas, no es un truco que aporte demasiado. En la primera historia, el comic que lee Teeg Lawless tiene una resonancia bastante lograda con lo que le pasa en "la vida real", una metáfora que ya había conseguido Alan Moore en Watchmen, con la historieta del pirata náufrago. En la segunda historia, lo que Tracy lee en la historieta no tiene nada que ver con la trama en la que se ve envuelto, pero por lo menos la trama es bastante mejor que en la primera mitad. Porque es importante señalar que este tomo de Criminal no está ni por asomo al nivel de los seis primeros en lo que se refiere a los guiones. Las dos historias son menores, y la primera ni siquiera tiene demasiado atractivo más allá de la violencia con la que se maneja Teeg cuando se ve atrapado en un territorio hostil como es la cárcel. La segunda levanta un poco la puntería, primero porque las situaciones que nos presenta Brubaker son más atípicas, segundo porque hay un cierto misterio, preguntas que los autores nos obligan a hacernos a los lectores, que vemos todo el tiempo un pedacito de lo que está pasando, no el cuadro completo. Y tercero por la calidad de los diálogos, realmente magníficos. Incluso con dos historias por debajo de su promedio habitual, Brubaker está a años luz del típico guionista mainstream simplemente por ese manejo insuperable de los diálogos y de cómo generar clima con los silencios y con los bloques de texto, donde su prosa brilla hasta cuando intenta no hacerlo. Entonces, si bien este tomo de Criminal es prescindible, y se puede dejar afuera de ese bloque superlativo compuesto por los seis primeros tomos, acá hay algunos puntos altos. Por supuesto arriba de todo está el dibujo de Phillips, acá en tres estilos distintos y con la posibilidad de -en las páginas en las que homenajea a Conan- salir de su zona de confort (que es la ambientación urbana del Siglo XX) para dibujar paisajes, armas y locaciones muy distintas a las habituales. Uno a esta altura compra sin chistar cualquier cosa que diga "Brubaker y Phillips", pero bueno... si te querés poner un poquito más exigente, filtrar algo de lo que producen estas dos bestias, acá tenés un tomo que se puede dejar pasar sin sentir que te falta algo fundamental para tu biblioteca, o tu vida.
Retomo la lectura de historieta argentina con un libro que salió hace muy poquito, para la Feria del Idem. Allá por el 18/10/18 me tocó reseñar un álbum en el que el maestro Tatúm (santafesino radicado hace muchos años en España) adaptaba varios relatos de Ambrose Bierce. Esta vez la consigna es la misma, pero a partir de cuentos de Horacio Quiroga, de esos que transcurren el norte de la Mesopotamia argentina. Bajo una tapa horrorosa, que te pide por favor que NO compres el libro bajo ningún concepto, en Tacuara Mansión tenemos las adaptaciones de cuatro relatos del mítico escritor uruguayo, tres de los cuales no conocía. Como ya me pasó otras veces, me encuentro con que los argumentos de los cuentos de Quiroga me parecen chotísimos. El que adapta Tatúm en la primera historieta (la que da título al libro) es una anécdota muy menor, muy estirada, que se soporta solo porque los dos personajes principales tienen personalidades muy extremas y nunca sabés cómo pueden terminar. La segunda es la más interesante, porque explora a fondo la forma en la que (hace un poco más de un siglo) se extraía la madera de los bosques del Noreste argentino, y se la enviaba a las distintas ciudades a través del río Paraná. Ahí hay un retrato muy certero de esa actividad (repleta de peligros e injusticias para los laburantes), muy bien trasladado a la historieta por Tatúm. La tercera historia es otra anécdota larga, con un conflicto que en un pasaje se pone intenso, pero que se desploma como un castillo de naipes cuando Quiroga la remata de la manera más pelotuda que te puedas imaginar. Y la cuarta historia es una nueva adaptación de "A la Deriva" (vimos otra el 26/05/11), un cuento cuyo argumento es "a un hombre lo pica una víbora venenosa y se muere". En serio, no pasa nada más, ni hay ningún otro elemento dramático más que la agonía del pobre tipo. O sea que, para que Tacuara Mansión tenga sentido, te tiene que gustar el dibujo de Tatúm. Y a mí la verdad que me gusta bastante, incluso en esta etapa de su carrera, en la que está más sereno, menos salvaje que en los ´80, cuando te detonaba las retinas con esas historias cortas, mucho más experimentales, que publicaba de vez en cuando en El Víbora o Cairo. Me parece que le juega un poco en contra tanta preponderancia de los colores ocre y verde, pero es lógico, porque las historias están ambientadas en lugares donde hay bosques, barro y un río color marrón. Pasás rápidamente las 100 páginas del libro, y parece que todo fuera del mismo color, porque realmente son poquísimas las viñetas donde tenemos rojos, azules o amarillos. Fuera de eso, el autor deja el alma en estas páginas, donde dibuja cosas realmente complejas, detalles mínimos en casas, selvas, plantas... y además se las ingenia para presentar de modo ameno largas secuencias en las que solo hay gente hablando. Tacuara Mansión ya tuvo ediciones en varios países de Europa, con lo cual es muy loable que Ediciones de la Flor lo haya sumado a su catálogo para que se pueda disfrutar también en el país donde nació Tatúm y donde transcurren las historias que imaginó Quiroga. Nada más, por hoy. Nos vemos el lunes a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, donde vamos a estar festejando en vivo los 30 años de la aparición de la revista. Gracias y buen finde.

jueves, 28 de marzo de 2024

HIPER-FINDE EN BUENOS AIRES

No, no me voy a ningún lado este finde extra-large. Me voy el miércoles, después de los chotocientos feriados, a un evento en Chile, en la ciudad de Concepción. Y estos días estoy acá, con bastante laburo y con algo de tiempo para leer comics (y textos sobre comics). Allá por el 16/12/19 me tocó leer el Vol.1 de JoJo´s Bizarre Adventure, y ahí mismo, en la primera parada, me bajé del bondi, ahuyentado por la nula calidad de los guiones de Hirohiko Araki. Años más tarde, le di otra posibilidad, un poco cautivado por la excelente idea de que exista una colección de comics ambientados en el Museo del Louvre y otro poco alucinado por la bestial dimensión que alcanzó Araki como dibujante. Así caí en Rohan en el Louvre, una novela gráfica de unas 125 páginas a todo color, protagonizada por Rohan Kishibe, un personaje al que Araki presentó en la cuarta saga de JoJo´s Bizarre Adventure para utilizarlo luego en distintas historias con poca o ninguna vinculación con su magnum opus. Rohan en el Louvre se lee muy rápido, en parte porque pasan pocas cosas para la cantidad de páginas que tiene. Esto mismo se podía contar tranquilamente en 80 páginas, como mucho. Las primeras 42 páginas parecen ser una historia de desencuentros sentimentales, de enrosque entre jóvenes que se gustan pero no garchan. Hay también un halo de misterio, algo que pasa y que no tiene mucha explicación (al principio) y que le agrega complejidad y suspenso a la trama. Después hay 18 páginas de transición, donde Araki parece olvidarse casi totalmente de lo narrado hasta ese punto, para establecer otro conflicto mucho más urgente, que ahora sí, nos lleva al majestuoso museo de la ciudad de París. El cambio de locación implica también un cambio de elenco y acá el autor introduce a varios personajes nuevos, ninguno tan atractivo como Nanase, la enigmática protagonista del primer tramo. Y en las 60 páginas finales, la obra llega a su climax, un climax estiradísimo, pero climax al fin. Acá hay un despliegue alucinante de acción descontrolada, a partir de que estalla un elemento fantástico zarpado e impredecible, que sirve además para dilucidar el misterio de la primera parte, de aquella extensa secuencia de Rohan y Nanase en Japón. Finalmente todo tiene sentido y uno siente que leyó algo así como un unitario de misterio/ terror que podría estar en una antología de Vertigo... si no fuera porque en esas antologías te remataban las historias en 10-12 páginas y esto es infinitamente más largo. El dibujo de Araki es realmente extraordinario, y la verdad es que no perdería demasiado si le quitáramos el color. Que no está mal, pero no alcanza ni a palos los niveles de virtuosismo que exhibe el dibujo. Salvo por una cierta mezquindad a la hora de dibujar fondos, el trabajo del autor en la faz gráfica es sobresaliente. La puesta en página apuesta fuerte al ritmo, a la agilidad y la potencia del relato, como en los buenos comics de machaca superheroica. Los primeros planos (que son muchos) dan cátedra de expresividad, los decorados y la ropa están diseñados con atención y talento y todo lo que tiene que ver con la figura humana es sencillamente monumental. Ya sea quieto o en acción, Araki dibuja al cuerpo humano como nadie, con una elegancia y una polenta incomparables. Obviamente, si te hiciste fan de JoJo´s Bizarre Adventure, Rohan en el Louvre no puede faltar en tu biblioteca (aunque Ivrea no se ponga las pilas para publicarlo en Argentina). Si venís juntando los álbumes de distintos autores que transcurren en el Louvre, este no te va a defraudar para nada. Y si simplemente querés leer algo de Hirohiko Araki que no implique entrar en el laberinto del terror que significa una mega-serie abierta desde 1987, con varios arcos argumentales, más de una continuidad y varios cientos de personajes, sin dudas esto es lo que estabas buscando.
Me voy a Estados Unidos, mediados del 2020, cuando en plena pandemia los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips lanzan Pulp, una novela gráfica breve (68 páginas) pero de una potencia arrolladora. Pulp parte de la misma consigna que Roco Vargas. En la historieta de Daniel Torres, tenemos a un escritor de novelas de aventuras, Armando Mistral, que en realidad es una mascarada tras la cual se oculta un grossísimo aventurero espacial ya retirado, el mítico e intrépido Roco Vargas, que ahora escribe ficción, basada hasta cierto punto en las peripecias que protagonizó en sus años mozos. Acá pasa LO MISMO, excepto que Max Winter es un escritor octogenario, muy lejos del éxito y del prestigio, y la historia transcurre en 1939, mientras que sus proezas como forajido del Lejano Oeste se ubican casi 50 años antes. Por supuesto, alguien que conoció a Max cuando él y su banda de asaltantes eran el terror de los grandes terratenientes de Wyoming se va a dar cuenta de que esos relatos pulp no son exactamente "inventos" de este tal Winter y lo va a ir a encarar. Y ahí, la vida de Max (que ya estaba complicada por la salud, la tranquilidad económica y la autoestima perdidas) se va a complicar mucho más. No quiero dar detalles sobre el argumento, porque buena parte del impacto de Pulp se basa en sorpresas y volantazos que es mejor no conocer antes de entrarle al comic. Simplemente quiero agregar que Brubaker aprovecha perfectamente el contexto de esta New York de 1939 en la que los pulps vendían fortunas pero pagaban miseria, y en la que las tropelías imperiales de Adolf Hitler en Europa generaban no sólo interés, sino incluso adhesión en un sector para nada minoritario de la sociedad. Esto le permite al guionista trabajar con los clásicos "villanos nazis", pero en este caso son tan yankis como el ex-cowboy de Wyoming. Por el lado del dibujo tenemos otro trabajo de contundente solidez por parte de Sean Phillips, muy bien complementado por la paleta de colores de su hijo Jacob. Phillips está en su salsa, porque le dan una historia crepuscular, urbana, sin estridencias, sin elementos fantásticos, salpicada con unas pocas (y muy significativas) escenas de acción, pero sostenida sobre todo en los diálogos. La recreación de las dos épocas (la de fines del Siglo XIX y la de 1939) es brillante, la forma en la que el dibujo subraya la personalidad y el pathos de Max es impresionante y el formato de narración clásica, con la página dividida en tres tiras y no más de seis o siete viñetas por plancha, le queda perfecto a lo que la dupla quiere contar. Recomiendo muchísimo Pulp a los fans de Brubaker, de Phillips y de la buena historieta para adultos. Esto es material de una calidad realmente infrecuente. Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos ni bien tenga un par de libritos más para reseñar acá en el blog.

jueves, 9 de junio de 2022

GEMAS DE JUEVES

Bueno, ya me devoré el episodio final de la cuarta temporada de Young Justice, así que puedo abocarme a reseñar los últimos comics que leí, un material de una calidad realmente infrecuente. Le entré con todo al Vol.5 de 20th Century Boys, el clásico insumergible de Naoki Urasawa, la obra maestra del suspenso y la conspiranoia. Como siempre, Urasawa vende humo en cantidades industriales, dedica una cantidad bestial de páginas a crear tensión y a generar la sensación de que, ahora sí, se pudre todo, con escenas largas y sumamente impactantes... que tienen poca relevancia en el big picture, en el contexto de la trama entendida de manera más global. 50 páginas para decirnos que tal personajes es grosso, por ejemplo. Pero por suerte todas estas secuencias, incluso las muy estiradas, tienen sus consecuencias y -sobre todo- están narradas con una maestría que te deja estupefacto. En este tomo, casi todo pasa por las chicas, Kanna y Kyoko Koizumi, que -de a poco- se apoderaron del protagonismo a medida que Urasawa "sentó cabeza" en el tramo de la obra ambientado en 2014 y suspendió (al menos por ahora) los saltos constantes entre esta época, 1971 y 2000. Y pasan varias cosas importantes, que obviamente no voy a revelar porque se trata de un manga cuyo principal atractivo son precisamente los misterios. 20th Century Boys es un manga que no para nunca: ni de expandir su elenco de personajes ni de sumarle espesor a una trama que por momentos te asfixia de tan retorcida. Y por si faltara algo, el dibujo es tan perfecto, tan milimétricamente perfecto, que hace que no importe nada si Urasawa estira al pedo las escenas, porque siempre querés más páginas dibujadas a este nivel por este monstruo, cuente lo que cuente y avance las tramas al ritmo que se le cante. Este es un manga que te propone una inmersión total, donde realmente el autor te impone una suspensión del descreimiento que hace que no solo sientas que la historia que cuenta es real, sino que te sientas ADENTRO de esa historia, la vivas y la sufras como si estuvieras ahí. Para lograr eso hay que manejar como los dioses una notable cantidad de recursos narrativos y Urasawa lo hace, todo el tiempo. No te aburrís nunca, ni cuando te llena dos o tres páginas de cabezas que hablan. Y cuando estalla la acción, ma-mita... Ojalá todos los dibujantes de shonen dibujaran la acción como Urasawa. Nada, podría hablar horas de 20th Century Boys, porque la manija no para de crecer tomo a tomo. Espero conseguir pronto el Vol.6.
Me voy a EEUU, año 2019, cuando los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips nos ofrecen esta maravilla llamada My Heroes Have Always Been Junkies, una novela gráfica autoconclusiva, sin relación con ninguno de sus trabajos anteriores, aunque podría ambientarse en el mismo mundo de Criminal. Acá el mundo del hampa tiene su importancia, pero no es decisivo para el disfrute de la historia. Estamos frente a un comic prácticamente sin acción, donde lo importante son los diálogos y los silencios, y que si un día se convierte en película, la puede filmar cualquier ciruja gastando cuatro pesos con cincuenta. No quiero contar mucho acerca de la trama porque es una obra relativamente breve, muy jugada a las sorpresas que Brubaker revelará recién cuando faltan 8 páginas para el final. Hasta llegar a ese punto, My Heroes Have Always Been Junkies adopta distintos registros, entre ellos el de road movie y el de comic romántico, pero le juega las cartas más bravas al desarrollo de un personaje, Ellie, la chica internada a pesar suyo en una clínica para el tratamiento de adicciones. Ellie se revela como una persona (más que un personaje) realmente tridimensional, profundo, que todo el tiempo te descoloca, te invita a replantearte miles de cosas, desde una rebeldía para nada pelotuda, un poco en la línea del Holden Caulfield de The Catcher in the Rye. Hay hermosas referencias a músicos de rock y de blues y una reconstrucción gradual, muy ingeniosa, del pasado de Ellie a través de muy buenos flashbacks. También algunos momentos en los que Brubaker parece querer reconciliarse con sus épocas de autor integral, cuando en las páginas de la revista Lowlife escribía y dibujaba esas anécdotas autobiográficas en las que salía a robar de caño para comprar falopa. Y es todo lo que voy a decir acerca del guion, para no spoilear nada. El dibujo de Phillips conserva el nivel de sus mejores trabajos, con dos diferencias: por un lado, la forma en que se desarrollan tanto la historia como los vínculos entre Ellie, Skip y el resto de los personajes, hace que el británico no tenga que enfatizar las expresiones faciales. Con poquitas, puestas en los momentos justos, alcanza y sobra. Y por el otro lado, tenemos a un colorista, Jacob Phillips, que no es otro que el hijo de Sean, y que le imprime al dibujo de su papá una impronta novedosa, realmente muy distinta a la que le daban los otros coloristas con los que había trabajado el maestro. No recuerdo haber visto otras historietas en las que el color esté aplicado de esta manera, y el resultado combina frescura, sutileza, belleza y hasta un cierto atrevimiento, porque hay que meterle esos rositas y esos naranjitas a un trazo crudo, adusto y hasta por momentos amargo como el de Sean Phillips. Recomiendo enfáticamente My Heroes Have Always Been Junkies, una historieta realmente adulta, y una nueva joya en la corona de una dupla sencillamente genial. Nada más, por hoy. Nos reencontramos en unos días con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 12 de noviembre de 2019

MARTES BRAVO

En medio de los estallidos en Chile, Bolivia y Haití, entre tanto sacudón informativo y polémica barata de redes sociales, me tomo un ratito para reseñar un par de libros que me terminé en estos días.
Empezamos en EEUU, año 2017, cuando se publica el primer TPB de Kill or be Killed, de los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Se trata de un thriller urbano actual, violento, despiadado, con un elemento sobrenatural no tan enfatizado, una bajada de línea socio-política también bastante camuflada, y una construcción de personajes absolutamente brillante, sin dudas el rubro en el que más brilla esta serie, por lo menos en el inicio.
No quiero contar mucho de la trama. Sí subrayar que lo más interesante que tiene es cómo maneja Brubaker un dilema moral que ya conocemos los lectores de Nexus y Death Note. El protagonista, básicamente un flaco común y corriente llamado Dylan, tiene que matar gente y para eso elige sus víctimas entre personas irredimibles, auténticos hijos de puta. De nuevo tenemos a un “héroe” que convierte en fiambres a escorias de la humanidad, y de nuevo nos preguntamos lo mismo que en Nexus o en Death Note: ¿cuál es el criterio, cómo se decide –entre tanta mierda- quién es lo suficientemente mierda como para poder hacerlo boleta a sangre fría, sin sentir el menor remordimiento? Ni el mecanismo de ejecución ni los criterios para elegir a quién asesina Dylan se parecen a los de Nexus o Death Note, pero básicamente Brubaker está hablando de lo mismo. De hecho, la sincronía con el manga de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba es tan notoria, que el personaje secundario más importante de Kill or be Killed se llama… Kira.
Una vez más, el zarpadísimo Sean Phillips se compenetra al 100% con el relato y nos ofrece una leve mutación en su grafismo, ahora con menos manchas negras, lo cual hace que se note un poco más cuándo dibuja posta y cuándo retoca fotos. La referencia fotográfica está muy, muy presente en estas páginas, seguramente para reforzar la sensación de que la historia que narra la dupla es actual, urbana y -en una de esas- hasta verosímil. La narrativa es ajustada, con muchísimo ritmo, con espacio para que cada tanto Phillips meta poquitas viñetas por página y deje el alma en cada una de ellas, y el trabajo de Elizabeth Breitweiser en el color es magnífico.
Kill or be Killed fue una serie corta, con sólo 20 episodios, y están todos reunidos en cuatro TPBs. No tengo los que le siguen a este Vol.1, así que no sé cuándo la voy a retomar, pero me dejó muy manija. Sí, acepto donaciones.
Vengo a Argentina, año 2019, cuando aparece el primer tomo de Los Prodigios, un nuevo intento de traer a nuestro país una historieta inequívocamente superheroica. Recomiendo repasar el texto que apareció en este espacio el 09/06/12, donde yo expongo por qué desconfío muchísimo de cualquier intento de transplantar esa temática 100% yanki a un país como el nuestro. Con eso en claro, debo decir que me sorprendió gratamente la forma en que el guionista Gastón Flores (ya vimos varios trabajos suyos acá en el blog) propone el siempre complicado transplante. Me gustó la decisión de arrancar con un grupo de superhéroes ya consolidado, me atrapó el contrapunto entre un personaje sumamente ingenuo (Laura/Aurea) y uno tremendamente cínico (Avefría) y me resultó atractivo cómo Flores deconstruye a un personaje que parecía muy pulenta (supongo) para reformularlo más adelante en modo villano. Todo esto con mucho ritmo, sin saturarnos con información, con bastante acción y con diálogos muy bien sintonizados al oído argento de hoy.
Lo que menos me cerró fue el villano, un monstruo genérico al que Flores no le interesa en lo más mínimo desarrollar. Había que hacer que los Prodigios lucharan contra algo, y bueno, en esta cantidad de páginas (64 sólo de historieta, más “documentación” y textos complementarios al estilo Watchmen) no hubo espacio para darle más bola a la amenaza. Tampoco para que se luzcan todos los integrantes del equipo, pero eso (de nuevo, supongo) sucederá en las entregas posteriores.
El dibujo de Sebastián Guidobono, muy flojito. Aceptable en los primeros planos (ahí algún distraído creerá que está leyendo un comic de Mariano Navarro) y muy precario cuando tiene que narrar “de lejos” y mostrar tomas panorámicas con los personajes de cuerpo entero. Ahí hay viñetas visualmente muy pobres, a las que por suerte levantan bastante los colores, también aplicados por Guidobono. Ojalá en la próxima entrega el dibujante logre superar aunque sea algunas de estas limitaciones.
Si sos fan del concepto de “superhéroes argentinos”, no tengo dudas de que Los Prodigios te va a cautivar, simplemente porque Gastón Flores hizo bien lo que unos cuantos suelen hacer mal.  

Y nada más. Hasta el 22 no me muevo de Buenos Aires, así que espero agarrar un buen ritmo de reseñas. Ah, sí, algo más: ya hay fecha para el festejo de los 10 años del blog. Sábado 28 de Diciembre a la tarde, en el subsuelo de Sector 2814 (Suipacha 892, ciudad de Buenos Aires). Ampliaremos.

viernes, 14 de septiembre de 2018

DOS RESEÑAS Y A RETIRO

Otra vez me toca escribir para el blog durante la previa a un viaje, esta vez a un evento con sede en la ciudad uruguaya de Paysandú, donde no estuve nunca.
Arranco con un extraño tomo publicado por DC en 2003, que recopila historietas realizadas entre 1992 y 1994 para la Judge Dredd Megazine. Extraño porque parece estar centrado en Devlin Waugh, pero incluye una historia de 85 en la que este personaje no sólo no es el protagonista, sino que entra en escena recién en la página 51. Pero bueno, quizás el criterio para hacer encajar esta aventura de Judge Dredd conocida como “Fetish” sea que está escrita por John Smith, el guionista de todas las apariciones “solistas” de Devlin Waugh que completan el tomo.
La verdad que las aventuras en sí son tirando a chotas. A veces son demasiado burdas y otras veces, tan retorcidas que cuesta entender qué carajo está pasando. El fuerte de John Smith en esta serie son los diálogos (afiladísimos) y la construcción del personaje de Devlin Waugh, que resulta un hallazgo al borde de la genialidad.
Waugh es un investigador de casos paranormales que trabaja para el Vaticano. Es británico, vampiro y abiertamente homosexual. Tiene el lomo de Schwarzenegger, fuma con boquilla como Guillermo Nimo y es un amante del arte, la belleza, el buen vino y los chongos, un bon vivant no-muerto, que puede atravesarte la yugular con los colmillos y comerte vivo, o invitarte a compartir un té y hablar de moda, poesía o artes plásticas. Por supuesto, Smith lo plantea como un personaje elitista, soberbio, pomposo… y le saca un jugo exquisito a su contrapunto con Judge Dredd, sobre todo en la historia corta titulada “Brief Encounter”.
Esta breve comedia y la primera aventura de Devlin (Swimming in Blood) cuentan con los dibujos del maestro Sean Phillips, cuando todavía trabajaba a color directo. Lo que mejora Phillips entre la primera historia (de 1992) y la segunda (de 1993) no tiene nombre. La anatomía, los rostros, la narrativa, el color… todo se ve mucho mejor en “Brief Encounter”. Para dibujar “Fetish”, Smith recluta a Siku (pseudónimo de Ajibayo Akinsiku), un dibujante africano que capta perfectamente la atmósfera de su continente, pero que es un clon muy evidente de Simon Bisley, al que le copia hasta los errores. El dibujo de Siku tiene un impacto arrollador, y también muchos tropiezos en la narrativa, sobre todo en los primeros episodios. La cuarta historia, ambientada en Arabia, es en blanco y negro, tiene un guión bastante redondito y está dibujada con notable soltura por Michael Gaydos, en un nivel asombroso. Después hay un par de cuentos, en prosa, con hermosas ilustraciones de Phillips, pero no los leí.
En general, el balance de más de 220 páginas me da más raro que bueno, pero entre Sean Phillips y Michael Gaydos juntan los puntos que necesita Devlin Waugh para ganarse un lugar en la biblioteca de cualquiera que busque explorar los rincones menos obvios del universo de Judge Dredd y la 2000 A.D..
Me vengo a Argentina, a 2018, para hablar maravillas de Bosqueblanco, la entrega más reciente de Bosquenegro, la serie que Fernando Calvi escribe y dibuja pensando en los más chicos. Sin dudas es la historia más dramática, más terrible para las criaturas de este bosque, pero Calvi la saca adelante con un sentido del humor cálido y eficaz, y con un mensaje de esperanza, de que todo lo que se rompe se puede arreglar, porque siempre que nevó, paró. Por supuesto hay algún guiño a la nevada de El Eternauta y unos cuantos a los comics de superhéroes, ya que –en su segunda mitad- Bosqueblanco se convierte en una especie de crónica de las asombrosas hazañas de una guerrera gigante que se come la trama con su carisma, su onda y su actitud positiva frente a todo tipo de adversidades.
El dibujo de Calvi es fascinante, plástico, vibrante, con mucho énfasis en el lenguaje corporal de los personajes y un coloreado exquisito, puesto en función de la narrativa. Por momentos, en el tramo protagonizado por la heroína extra-large, el dibujo parece una cruza alucinada entre Miguel Calatayud y John Buscema. La fuerte presencia de una guerrera grandota lo lleva naturalmente a Calvi a probar con algo que no se veía mucho en las entregas anteriores de Bosquenegro: las splash pages. Y en ese rubro Calvi también se luce con composiciones en las que combina espectacularidad y belleza.
Bosqueblanco es una historia acerca de resistir con aguante cuando parece que todo se va a la mierda, narrada con la claridad, la onda y la originalidad de un artista increíble, que atraviesa un momento mágico y al que todo lo que intenta le sale obscenamente bien.
Habrá más reseñas la semana que viene, acá en el blog. Buen finde para todos.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NOCHE DE MIERCOLES

Sigo leyendo a buen ritmo, muy confiado en que llego cómodo a los 100 posteos durante 2017.
Arranco con una miniserie que leí en revistitas porque en EEUU nunca se recopiló. Se tratar de Black Widow: The Things They Say About Her. Es la segunda miniserie de seis episodios escrita por el novelista Richard K. Morgan y funciona como secuela de Black Widow: Homecoming… la cual jamás leí.
En una de esas es por eso que The Things They Say About Her me pareció tan chota… pero no creo. Esto es patético por mérito propio, no da para “repartir culpas” con un arco anterior que no leí. Tres problemas fundamentales: 1) Son seis episodios y TODO lo relevante sucede en los dos últimos. Los cuatro primeros se pueden tirar a la basura sin ninguna consecuencia. 2) El argumento es una sucesión de excusas pedorras para que Natasha cometa una atrocidad atrás de otra. No sé cuál es la gracia de borrar por completo la línea divisoria entre buenos y malos y mostrar una y otra vez que la heroína puede ser tanto o más hija de puta que los villanos más hijos de puta (y mirá que hay narcos, mega-empresarios corruptos, políticos republicanos y un torturador que laburó para Pinochet). 3) De los tres personajes secundarios, uno sólo (Yelena Belova, la otra Black Widow) tiene un rol razonable dentro de la trama. Los otros dos (nada menos que Daredevil y Nick Fury) están más desubicados que chupete en el orto, totalmente a la deriva, sin afectar en lo más mínimo el desarrollo de la historia.
¿Hay algo rescatable? Sí, los diálogos son muy buenos. Incluso los personajes hablan mucho en castellano y no hay errores groseros de ortografía ni de gramática, de esos que abundan cuando los autores angloparlantes hacen hablar a sus personajes en nuestro idioma. El tinte político de la saga no está muy enfantizado, pero cuando Morgan va para ese lado, le salen escenas interesantes.
Y por supuesto, el dibujo. ¿Por qué no tiré esto a la mierda cuando lo terminé de leer? Por el dibujo. Acá lo tenemos al maestro Sean Phillips prendido fuego, con total libertad para irse al carajo en la puesta en página, meter splash pages, tres cuadros grandotes… nada que ver con esa cosa medio claustrofóbica, o de mecanismo de relojería que vimos en sus trabajos junto a Ed Brubaker. Y a modo de fatality, para terminar de detonarte las retinas, lo entinta otra deidad, Bill Sienkiewicz, también en estado salvaje, tirando magia y gozando del hecho de que la responsabilidad de llevar adelante el relato gráfico la tenga otro. Visualmente, esto es espectacular. Lástima el guión, tan generoso en falencias, torpezas traiciones a la esencia de los personajes.
Hacía mucho que no leía nada de Chelo Candia, fuera de alguna colaboración en alguna antología. Pero este año, el sello Maten al Mensajero sacó el libro de El Bar de la Mesa Tres y me dejé seducir por una portada muy loca y una consigna muy intrigante: existe un bar en cuya mesa tres te sentás, pedís lo que sea, y te lo sirven. Lo que sea: el amor, la paz, la felicidad, el nº1 de Action Comics en perfecto estado, macristas honestos… Hay algo extraño, sobrenatural en este bar y Candia te invita a descubrirlo en una historia repleta de sutilezas. No es realismo mágico: acá hay una explicación probablemente metafísica para todo lo que pasa. Hay que prestar atención a los detalles, a la forma muy gradual y bastante velada en la que Candia va mostrando el juego… hasta llegar al epílogo, donde el autor deja de lado las sutilezas y todo se hace más explícito.
Además de esa consigna hipnótica, El Bar de la Mesa Tres tiene otro gancho irresistible, que es la construcción de los personajes. Originalmente pensada como un radioteatro, es una obra muy, muy hablada, con páginas repletas de globos de diálogo. Candia aprovecha muy bien esta sobredosis de palabras para darle mucha profundidad a cada personaje, para definirlos de modo muy redondo, muy tridimensional. Y también los diálogos le sirven como vehículo para el humor, porque –si bien toca temas serios- El Bar de la Mesa Tres tiene un tono de comedia sumamente logrado.
Entre la maraña de globos de diálogo y en esas páginas que a veces llegan a acumular 10 viñetas, aparece el dibujo de Candia, prolijo, cuidado, con un buen manejo de las técnicas para sumarle grises al blanco y negro inicial. No es un dibujo que busca lucirse ni deslumbrar, sino que está todo el tiempo puesto en función del relato, y ese es un rubro en el que Chelo no defrauda nunca. No te quiero chamuyar: el guión no me maravilló tanto como el de El Bondi (aquella cuasi-obra maestra de Candia que vimos el 06/03/13), pero está realmente muy bien. Y el dibujo, muy por encima de lo que vimos aquella vez.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

lunes, 21 de noviembre de 2016

UN TOQUE MEJOR

De a poquito se me va yendo la congestión y ya respiro más por la nariz que por la boca. El ojo se me deshinchó bastante y ahora me quedan mutaciones menores en los labios y abajo de la nariz. Ni bien mi cara vuelva a parecer una cara semi-humana se van a dar cuenta porque voy a volver a grabar videos para YouTube. Por suerte las reseñas se pueden redactar sin mostrar la caripela, así que vamo´en esa.
La primera es fácil. Una obra de Ed Brubaker y Sean Phillips a esta altura ya equivale a un festival del elogio. La única incertidumbre que me despertó la lectura del Vol.2 de Sleeper fue cómo carajo tardé tantos años en conseguirlo y leerlo, con lo mucho que me había gustado el Vol.1. Y claro, me acordaba poco de aquellos primeros 12 episodios pero rápidamente Brubaker y Phillips me pusieron en clima. Me llamaron la atención varias cosas: lo estirado que está el argumento (y aún así el guión se hace entretenidísimo); la perfecta integración al universo superheroico de WildCATs, Gen13, Team 7 y demás precariedades noventosas creadas por Jim Lee y sus esbirros; el episodio en el que Brubaker saca el foco de Holden Carver para centrarse en Miss Misery, un tratamiento glorioso para un gran personaje secundario; lo poco que importan los superpoderes en general, en el conetxto global de la trama; y obviamente el final, que no es para nada el que uno se imagina mientras transita la obra.
Por supuesto el dibujo de Phillips es excelente y –si bien la labor de los coloristas es más que correcta- no puedo dejar de imaginármelo en blanco y negro. Acá el inglés arriesga fuerte con la puesta en página y logra secuencias realmente innovadoras, de notable belleza y una fuerza imponente. El garche de la página 184, por ejemplo, está narrado de una forma tan original y tan linda que Jim Steranko todavía debe estar aplaudiendo, aunque la historieta sea de hace 10 años. En fin, si te cebaste mal con Fatale, Criminal, The Fade Out o cualquier otra obra de la dupla Brubaker+Phillips, animate a rastrear su trayectoria hacia atrás, y cuando llegues a Sleeper, entregate a una historieta poderosísima.
Me fue bastante peor con Dago: La Fuente de la Juventud, el recopilatorio editado por Comic.ar de estas historietas que Robin Wood y Carlos Gómez publicaban de a 12 páginas por semana en Italia, en las antologías de la Aurea. Esta vez, el héroe infalible acompaña a la expedición de Hernando De Soto, que por supuesto existió en la realidad, y que llevó a un nutrido grupo de españoles a vagar por el sur de los Estados Unidos en busca de algo que supuestamente era la fuenta de la eterna juventud, o de la inmortalidad. Andá a saber de dónde sacaron los españoles que tal cosa existía, pero ahí fueron. Hasta ahí, todo bien. El argumento se prestaba a una gran aventura de Dago, como habíamos visto en El Dorado. Pero esta está plagada de situaciones repetidas de otros tomos: la minita vulgar y con onda que se enamora de Dago, es ninguneada por el veneciano y termina en los brazos de uno de sus adláteres, el tipo recio cercano al capo de la expedición que se lo monta a Dago en un huevo y jura matarlo pero termina muerto, las largas diatribas acerca de cómo la ambición desmedida de los conquistadores lleva a sus hombres a meses y meses de hambre, penurias, enfermedades y muerte… Todas cosas que ya sucedieron en sagas anteriores y que funcionan casi como un déja vu.
Me da la sensación de que la historia más interesante es la que Robin apenas sugiere, la de Diego, el español que se pierde entre los aborígenes y vive con ellos durante años hasta que Dago y los suyos lo encuentran. Y aunque se precipita un poco, me gustó el final, porque al héroe, al grosso, al hiper-pulenta, al que gana de visitante en todas las canchas, lo tienen que ir a rescatar un puñado de personajes secundarios, de esos que llegaron al final del tomo casi de milagro. A Dago le alcanza la chapa para sobrevivir (con lo justo) en EEUU, pero no para volver entero a Cuba y ahí es donde Wood le levanta el perfil a Villagrán y a otros españoles “menos malos” que habían soldadeado al veneciano y a De Soto a lo largo de todo el arco argumental.
La Fuente de la Juventud no entra ni por casualidad al podio de las mejores sagas de Dago, pero bueno, tampoco es un bofe ni mucho menos. Y los dibujos de Carlos Gómez son monumentales, como siempre, con calidad de sobra para que te quieras comprar el tomo sólo para babearte con la faz gráfica que es magnífica. A Gómez lo sacaron de la Europa medieval y lo tiraron en el medio de la América cuasi-virgen. Para sorpresa de nadie, el tipo la rompió de Perú al Mississippi, del Amazonas a Cuba y en todas partes ganó la belleza, la destreza, el virtuosisimo, la dedicación de un dibujante superdotado, que además deja la vida en cada viñeta.
Tengo más libros leídos, pero estas reseñas me quedaron largas, así que guardo para más adelante.

domingo, 1 de noviembre de 2015

01/11: FATALE Vol.5

Y bueno… cuando asumí que hoy no llegaba a terminarme el masacote de chotocientasmil páginas con el que vengo lidiando desde el viernes, corté por lo sano y decidí entrarle a algo más corto, que pudiera ser deglutido en un par de horas.
Así caí en este vórtice de la destrucción mental, la violencia, la lujuria y la sordidez al que Ed Brubaker y Sean Phillips lograron convertir en una maravilla narrativa única, pasada de rosca y no exenta de momentos poéticos. Confieso que cuando llegué al final del Vol.4 me asaltaron serias dudas: en un momento desconfié de que Brubaker pudiera cerrar una trama tan compleja en sólo cinco episodios más. Una vez más, este fetiche indiscutido del blog me cerró bien el orto.
El quinto y último tomo de Fatale te agarra de la garganta y no te suelta hasta el final. Una tras otra, se suceden escenas tremendas, shockeantes, revulsivas. Y no sólo se resuelve la trama central, de de Nicolas Lash y la enigmática Josephine. Incluso queda espacio para indagar un poquito más en el pasado de la femme fatal, en la historia del villano (acá más sacado que nunca) y hasta para explicar algunos puntos oscuros de la historia, bizarreadas místicas que quizás se prestaban a no ser explicadas, a quedar ahí, en la ambigüedad típica de los cuentos de Lovecraft, a los que tanto les debe Fatale. Pero Brubaker va por todo, a matar o morir, sin dejar cabos sueltos.
Hasta la última secuencia tenemos giros impredecibles, revelaciones asombrosas, muertes escabrosas, maldades impiadosas que el autor les hace a los personajes y como siempre –de punta a punta de los cinco tomos- un gran trabajo en los bloques de texto y en los diálogos. En este tramo final aparece un personaje, Otto el bibliotecario, que es el que se roba los mejores diálogos, lejos. Ah, y otra cosa notable que hace Brubaker es que no le importa si no entendés de qué está hablando. El tomo arranca así, en caliente, no pierde ni dos bloques de texto en recapitular lo que pasó en los tomos anteriores. Si no te acordás, jodete. Los que seguro se acuerdan de todo son los personajes, que a menudo tiran sutiles referencias a sucesos de su pasado, que Brubaker y Phillips nos mostraron con distintos niveles de explicitud y claridad a lo largo de la saga.
A medida que la historia se va yendo de mambo, a medida que la apuesta se hace más radical, más a todo o nada, Sean Phillips encuentra más oportunidades para salir de la zona de confort de las seis o siete viñetas por página y explorar otras variantes. En el arranque del segundo episodio, cuando nos muestra ese sueño de Nick, ya queda claro que a nivel visual puede pasar cualquier cosa. En el cuarto episodio, cuando finalmente garchan Josephine y Nicolas, Phillips rompe todos los límites de la imaginación. Y en el episodio final vuelve a saltar al vacío cuando ilustra seis páginas al estilo de los grabados medievales. Phillips es en buena medida responsable de ese gran mérito que tiene Fatale que es poder adornar con un cierto vuelo poético una historia manchada de sangre, sexo y pésima leche.
Cualquier exégesis de Fatale se queda corta. Esta es una serie realmente importante, que recorre distintas épocas, que aborda distintas problemáticas, que se anima a incorporar momentos líricos, momentos reflexivos, que por momentos llega a angustiarte por lo desesperante que es la situación de algunos personajes… y que además se puede leer como “una de tiros, garches y monstruos”. Otra obra maestra para la vitrina de Brubaker y Phillips, y van…

viernes, 3 de julio de 2015

03/ 07: CRIMINAL Vol.6

Ah, bueno… Los que me decían que el Vol.6 era mejor que el 5, que era el mejor de la serie, y qué sé yo… no me exageraron un milímetro. Esto, muchachos, es Historieta Perfecta. Por todo. Por el guión, por el dibujo, por el recurso 100% comiquero de “impostar” el grafismo de Sean Phillips para que se parezca al de los comics de Archie (se termina por parecer mucho más a Jaime Hernández que a Stan Goldberg y Dan DeCarlo, pero bue…), por la sutil conexión con la saga de los Hyde y los Lawless, por el subtexto crítico que se anima a poner en crisis un montón de valores sacrosantos para el sector más tradicional de la sociedad yanki… La verdad que es una historia increíble, un hito en las carreras de Ed Brubaker y Sean Phillips y en la historieta policial, en general, a nivel mundial.
Realmente, ni tiene sentido escribir una reseña acerca de esto. Me quedo con la emoción, con el impacto, con todo lo que me hicieron sentir página a página y viñeta a viñeta estos dos GENIOS, porque ya no hay otra palabra para denominarlos. Se me ocurre que para el que nunca leyó comics de Archie esto quizás no sea tan perfecto ni tan sorprendente. Pero si conocés mínimamente la mitología de Riverdale, The Last of the Innocent te va a conmover profundamente, vas a decir “hijo de mil putas, ¿cómo a nadie se le había ocurrido antes hacer una cosa así?”.
De la mano de Brubaker y Phillips, la mala leche, la corrupción, la sordidez y la oscuridad llegan a donde uno nunca sospechó que podían llegar. Ya no queda nada por pervertir, nada por deconstruir. El último tomo de Criminal dejó a esta serie muy, muy arriba, con un tomo escrito y dibujado como nunca, pero sobre todo apoyado por un concepto que de tan brillante mete miedo. Ya está, ya fue. Cierren todo y vámonos.

viernes, 12 de junio de 2015

12/ 06: CRIMINAL Vol.5

Bueno, se me viene un invierno complicadito. Todavía no sé bien cuándo, pero voy camino al quirófano, a que me operen de una hernia de disco que me viene torturando hace más de un año. Cuando sepa qué días no voy a poder postear por estar hospitalizado, aviso por acá. Lo bueno es que es un post-operatorio largo y eso significa muchos días en mi casa en los que lo mejor que voy a poder hacer va a ser quedarme en la cama leyendo comics. En una de esas, logro bajar el eterno y elefantiásico pilón de los comics que tengo pendiente de lectura. Y si leo cada día sólo UN libro de los que tengo sin leer, hasta me va a sobrar tiempo para releer comics alucinantes que leí hace años (o décadas) y a los que siento que les debo una segunda visita.
Hoy, por suerte, entre consultas médicas y el laburo de todos los días, me bajé un libro hermoso, el quinto recopilatorio de esta magnífica serie de Ed Brubaker y Sean Phillips. Sí, me falta el Vol.4. Lo tengo pedido, pero el envío viene muy demorado. Pero bueno, por suerte este tomo continúa en forma más o menos directa la trama del Vol.3 (reseñado el 08/10/14), y el que me falta narra una historia medio tangencial, con lo cual no es tan importante respetar el orden en que se publicaron los distintos arcos argumentales en su momento.
Pasaron unos… 35 ó 40 años del final del Vol.3 y ahora Sebastian Hyde es un tipo grande, de 60 ó 65 años, que heredó el imperio criminal de su padre y se empieza a interesar por una serie de crímenes en los que las víctimas son mafiosos, proxenetas, capos de la timba clandestina, el narcotráfico y las redes de trata de personas. ¿A quién pone Hyde a investigar la muerte de estas alimañas? Nada menos que a Tracy Lawless, el protagonista del Vol.2 (lo reseñamos allá por el 10/09/10), que como vimos en aquel entonces, es un tipo “con problemitas”, con un pasado como militar y con un código ético bastante especial. Lawless va a ir a meter las narices en un asunto recontra-sórdido (no quiero dar ni la menor pista de quién o quiénes están detrás de los asesinatos, pero el título del TPB tira un indicio) y le van a dar para que tenga y guarde. Además, el propio influjo de Sebastian Hyde, la propia aura de corrupción que emana de este sorete lo va a envolver en un kilombo casi más heavy que el de las muertes, que tiene que ver con polleras.
The Sinners es una historia tremenda, no sé si tan perfecta como The Dead and the Dying, porque no ensaya esas piruetas majestuosas que Brubaker pelaba en materia de estructura narrativa en aquel arco. Pero sí tranquilamente al nivel superlativo de Lawless, la saga del Vol.2. Diálogos afiladísimos, personajes tridimensionales, dilemas morales bien espesos, traiciones, secretos, momentos MUY impactantes y esa sensación tan noir de derrota, de desazón, de que hagas lo que hagas igual te vas a la B, visten de gala a este estupendo “policial” en el que todos tienen chapa menos la policía.
Y si hablamos de vestirse de gala, hay que volver a hablar maravillas del trabajo de Sean Phillips al frente de la faz gráfica. Esta es una saguita con poca acción y mucho diálogo, muchas páginas repletas de viñetas en las que sólo vemos cabezas de gente que habla. Phillips pilotea con jerarquía esas escenas y no desaprovecha la posibilidad de lucirse cuando el guión finalmente decanta (de modo para nada forzado) hacia las piñas, los corchazos y los garches. La colorista Val Staples se acopla bien al trazo adusto, pesado del británico y aporta lo suyo a la construcción de este clima de podredumbre urbana que tanto enfatizan Brubaker desde el guión y Phillips desde el dibujo. Y no quiero chamuyar de más, porque la verdad es que acá no vas a ver prácticamente nada que Phillips no haya mostrado ya en otros trabajos. Quizás lo más llamativo sea la técnica de color que despliega cuando ilustra las portadas. El resto, es lo que ya estamos acostumbrados a esperar (y disfrutar) cada vez que nos cruzamos con este notable referente del claroscuro.
Sigo esperando el Vol.4 (como para completar la colección) y tengo ahí, en el aguante, el Vol.6, que prometo leer durante el invierno. Si todavía no te dejaste corromper por Criminal, no lo dudes más y entrale a la nueva edición, la que recopila todo en sólo tres TPBs más voluminosos. Esto es grosso de verdad.

jueves, 11 de diciembre de 2014

11/12: FATALE Vol.4

Después de aquel Vol.3 “raro”, en el que Ed Brubaker jugaba a convertir a Josephine en una especia de “legacy heroine” y nos revelaba algunas secuencias clave de su enigmático pasado (ver reseña del 21/10/14), Fatale vuelve a la “normalidad” en este cuarto tomo, de nuevo con la fórmula de los dos primeros tomos. Eso quiere decir que, por un lado tenemos la secuencia que transcurre en el presente, con Nicolas Lash como protagonista, y por otro una secuencia en el pasado protagonizada por Josephine. Y al final, una revelación muy grossa que vincula de alguna manera las dos secuencias.
La última vez que lo vimos a Nicolas, estaba en cana por un crimen que no cometió, mientras que el misterioso manuscrito de su tío, Dominic Raines, había caído en manos de una editorial que lo había hecho público. Acá la cosa parece encarrilarse, aparece una luz como para escaparle al descenso y al final Brubaker nos recuerda que no, que este pobre pibe está meado por los perros, tiene menos culo que los Kennedy y está condenado a comerse todos los garrones del universo. Por ahora este plot avanza poco. No lento: poco, porque Brubaker le dedica pocas páginas por tomo. Pero uno ya sospecha que el reencuentro entre Nicolas y Josephine es inminente, que quizás se produzca en el Vol.5. Bah, digo yo… Hubo una historia de Jo en los ´50, una en los ´70, esta es en los ´90 y ahora tocaría llegar al presente. Capaz que me equivoco.
Como mencionaba recién, esta vez vemos a nuestra femme fatale favorita inmersa en el microclima tortuoso y conflictivo de una banda de grunge de los ´90, típico émulo de Nirvana y Pearl Jam, que pegó un par de hitazos pero se le acabó el envión del primer disco y también, empieza a mirar la tabla de los promedios. Acá hay un trabajo magnífico en el armado de los cuatro o cinco personajes que integran la banda y en la dinámica entre ellos, que por supuesto se va a ver drásticamente alterada por la llegada de Josephine. Estos personajes están realmente bien construídos, repletos de problemas, de contradicciones, pero a la vez muy vivos, muy reales, muy creíbles para cualquiera que entienda mínimamente cómo funcionó la escena grunge de Seattle tras la muerte de Kurt Cobain.
A esta dinámica habrá que sumarle el elemento característico de esta serie, que es el thriller sobrenatural. Pronto los músicos se verán enroscados en una trama de sexo, drogas y sangre que –obviamente- tiene que ver con Jo y con Bishop y su culto satánico, sus eternos perseguidores. Del asalto al banco más fácil de la historia al videoclip más erótico de todos los tiempos, Brubaker propone otra historia al límite, con muchos momentos de tremendo impacto, esta vez con una ambientación que nos resulta más próxima, con el protagonismo (y las desgracias) repartido entre más personajes, y con el misterio de Josephine y sus increíbles poderes siempre en el centro de la escena.
Por el lado del dibujo, tenemos como siempre a Sean Phillips en perfecta sintonía con lo que escribe Brubaker, esta vez arriesgando un poco más en la puesta en página, en las secuencias en las que Josephine (que arranca la aventura amnésica) empieza a recuperar sus memorias y Tom (el talentoso compositor de la banda) se ve aterrado por las suyas. Después, lo de siempre: la narrativa cristalina, clásica, a la que Phillips le saca un jugo riquísimo tanto en las escenas de acción, como en las de diálogo, que nunca se hacen densas ni aburridas. Y los climas: la adrenalina al palo del robo al banco, los garches, las lluvias que opacan casi siempre el cielo de Seattle, esa escena memorable en la que Jo se pone a bailar y el mundo entero pierde el control, las peripecias de Nicolas en el presente… todo está plasmado con mucha fuerza y mucha elegancia por el maestro británico, ahora con Elizabeth Breitweiser a cargo de sumarle colores al magistral claroscuro de Phillips.
Este tomo me resultó terriblemente adictivo. De hecho, arranqué a leer un capitulito antes de dormir y no pude apagar la luz hasta que no llegué al final del libro. Fatale es así, peligroso, ominoso. No es un comic que uno lee. Es un riesgo que uno asume. Y la verdad es que la paso tan bien leyendo (y traduciendo) Fatale, que me juego entero, no le tengo miedo a las consecuencias. Quizás haya caído yo también bajo el sugestivo embrujo de Josephine.

martes, 21 de octubre de 2014

21/ 10: FATALE Vol.3

Este es un tomo raro de la fundamental serie de Ed Brubaker y Sean Phillips. En primer lugar, porque en vez de cinco episodios recopila cuatro. En segundo lugar, porque se trata de cuatro historias autoconclusivas, no de un arco argumental dividido en episodios. Y en tercer lugar, porque deja completamente de lado uno de los plots centrales, uno de los ganchos que conectaban al primer tomo con el segundo. El final del Vol.2 (lo vimos el 05/04/14) fue tremendo, un volantazo impredecible y electrizante en la saga de Nicolas Lash y el misterioso manuscrito de Dominic Raines. ¿Y ahora? ¿Cómo sigue esa parte de la trama? Acá no hay ni el más mínimo indicio y habrá que esperar hasta el Vol.4 para enterarse.
Dos de los unitarios se centran en el otro personaje principal, en la que hasta ahora es la protagonista indiscutida de Fatale: la bella e irresistible Josephine. El primero está ambientado en Texas, en 1936, cuando Jo recién empieza a controlar sus poderes y a sospechar que esas pesadillas que la atormentan no existen sólo en sus sueños, sino también en el mundo real, aunque sólo unos pocos puedan verlo. No es un guionazo, no era absolutamente imprescindible contar esa historia, pero -como siempre- Brubaker te enreda en su maraña de diálogos afilados y magníficos bloques de texto y terminás enganchado, incluso cuando la historia que te cuenta es menor.
Y el otro unitario centrado en Josephine es importante, porque funciona como complemento al Vol.1 (lo vimos el 08/12/13). En aquel arco argumental, Brubaker tiraba un breve flashback a Europa durante la Segunda Guerra Mundial, donde situaba el origen de la relación entre Jo y Walter Booker y tiraba pistas de un enfrentamiento grosso con Bishop. Eso que en el Vol.1 era escueto y ambiguo acá es explorado a fondo, en una aventura vibrante, al recontra-palo, con imágenes fuertes y cimientos firmes para la trágica relación de la pareja.
Nos quedan dos unitarios más. El primero gira en torno de Mathilda, una chica que vive en Francia en 1286, a la que perseguirán por bruja. Mathilda tiene poderes parecidos a los de Jo y si leés el comic con mucha atención vas a descubrir un libro y un diálogo que conectan a la historia de Mathilda con la de Jo y con la de Nicolas Lash. Igual, 24 páginas para sugerir que la maldición que hoy porta Josephine viene de hace casi mil años atrás, es un poco mucho. Por suerte abre y cierra con un ritmo bastante aventurero, como para que parezca que “pasa algo”.
Y la historia que nos queda tiene como protagonista a “Black” Bonnie Smith, otra chica de inexplicable longevidad, apabullante belleza y el poder de controlar a los hombres a su voluntad. Pero hete aquí que esta chica es una forajida que cabalga las planicies y desfiladeros de Colorado en 1883, con lo cual Brubaker juega a contarnos una de cowboys. A fuerza de puteadas, tiros, revelaciones shockeantes y un gran laburo en el armado de dos personajes secundarios, este se convierte en un unitario muy, muy sólido, impredecible a pesar de que uno ya conoce “la fórmula”.
Con este tomo, además de darle a Josephine visos de “legacy heroine”, al estilo de esos personajes de DC que viven distintas vidas en distintas épocas y con distintas identidades, Brubaker juega a complicarle la vida a su socio, el notable Sean Phillips. Acá, el británico se tiene que romper el culo para conseguir parvas de documentación histórica, que va a poder usar una sola vez! Cada 24 páginas, tiene que cambiar de país, de siglo, de ambientación, de climas. Lo que antes hacía una vez por TPB, ahora lo hace una vez por episodio. Y obviamente lo hace bárbaro, porque Phillips ya demostró que ningún desafío le queda grande, que sale a buscar los tres puntos en todas las canchas. Phillips te va de la Gran Depresión al medioevo, de ahí al Far West y de ahí a la Europa ocupada por el Tercer Reich sin pifiarla nunca, siempre atento a los detalles, siempre dispuesto a acompañar y subrayar el ritmo que Brubaker le impone a cada uno de los relatos.
Si nunca leíste Fatale, no trates de empezar por este tomo. Y si estás enganchadíismo (como yo) con la serie… paciencia, maestro. Hay que bancar un tomo más para ver cómo carajo siguen avanzando las tramas.

miércoles, 8 de octubre de 2014

08/ 10: CRIMINAL Vol.3

Ah, bueno. Esto es realmente una joya, una de esas obras que te hacen dar gracias a los dioses de todos los panteones por haber salido fan del comic y no filatelista, numismático o miembro de Los Borrachos del Tablón. Me acuerdo que cuando reseñé el Vol.2 de esta serie (un lejano 10/09/10) comentaba que me había gustado mucho más que el Vol.1. Bueno, este tomo me gustó mucho más que el Vol.2. En este arco compuesto por tres historias de 30 páginas Ed Brubaker pela una magia asombrosa, sin nada que envidiarle a las grandes obras de Alan Moore, o de quien vos quieras. Esto es Primer Nivel, de la primera viñeta hasta la última, mejor que Incognito, mejor que Fatale, mejor que Gotham Noir, mejor que aquel hermoso unitario de Hawkman… No se me ocurren trabajos ni siquiera de Brubaker y Sean Phillips que le hagan el aguante a The Dead and the Dying, que es como se titula este arco argumental.
Brubaker arma tres historias autoconclusivas de 30 páginas, totalmente interconectadas entre sí. Si leés una sola, te vas a emocionar, las vas a pasar bomba. Si leés las tres, vas a coincidir conmigo en que acá estamos frente a una genialidad. La primera historia se centra en Jake Brown, el boxeador del corazón roto y el destino trágico, que lucha no sólo por deporte, sino para escaparle a la sombra de su padre, un gangster sumamente pesutti, mano derecha de Hyde, el capo mafia más heavy de la ciudad. De pronto, alguien le chorea 50 lucas verdes a Hyde y su hijo Sebastian (amigo desde la infancia de Jake) se encargará de que los que le tocaron el culo la paguen caro.
La segunda historia se centra en un personaje apenas esbozado en el Vol.2, Teegar Lawless, un ex-combatiente de Vietnam que se las ve feas a la hora de reinsertarse en la sociedad tras su regreso a EEUU. Además de laburar muchísimo a Teegar, Brubaker nos revelará cómo y gracias a quién Sebastian Hyde recupera el honor y la guita que le afanaron en la historia anterior. Esta es la historia más shockeante, salpicada de drogas, sexo salvaje, masacres sangrientas y flashbacks traumáticos a la guerra de Vietnam.
La tercera historia tiene más sexo, más drogas y más tragedias, urdidas en torno a Danica Briggs, la chica que le rompió el corazón a Jake Brown y que… tuvo algo que ver con la desaparición de las 50 lucas de los Hyde. Si leés las historias en orden, ya sabés qué le espera a Danica, pero estas 30 páginas son fundamentales para terminar de redondear al personaje, para explicar cómo y por qué elige lo que elige y actúa como actúa en las dos historias anteriores. Dramatismo, profundidad, diálogos y bloques de texto brillantes. Acá está todo.
Y fijate que cuando leés las tres historias, te cae la ficha de que el verdadero protagonista de The Dead and the Dying no es ni Jake, ni Teeg, ni Danni. El eje, el personaje que hace que las tres historias avancen hacia donde avanzan, es Sebastian Hyde. Y Brubaker lo trabaja tan bien y le dedica escenas tan definitivas en las tres historias que no necesita dedicarle otras 30 páginas para que se luzca. Se luce así, en esos roles engañosamente secundarios que cumple en las historias de Jake, Teeg y Danni. Otra demostración de talento de un guionista inspiradísmo.
Como en tantas obras de Brubaker, acá la faz gráfica está en manos del maestro Sean Phillips, el socio ideal del guionista, el que lo entiende a la perfección, el que se acopla con él para transmitir la sensación de que la historieta tiene un único autor. Capo absoluto a la hora de los climas sórdidos, amo y señor de esa atmósfera decadente con la que logra que las ciudades de EEUU nos asfixien, Phillips dibuja la historia de Jake de modo absolutamente clásico, tradicional. En la de Teegar introduce un recurso narrativo arriesgado: las viñetas en negro intercaladas en momentos clave. Y en la de Danica incorpora unas acuarelas fastuosas para ilustrar los sueños de la protagonista; y se zarpa en una sóla puesta en página, esa en la que divide la plancha en tres viñetas horizontales y luego las atraviesa con un dibujo enorme de Danica, “pisado” por los bloques de texto. Las carátulas de los episodios están pintadas al estilo de las novelas pulp de los años ´40, con una textura que remite a la del lienzo. Y el color de Val Staples acompaña a la perfección el claroscuro potente e infalible de Phillips.
Y sí, son 90 páginas de historieta, nomás. Quizás te parezca poco. Pero hay que subrayar que el sello Icon (de Marvel) las editó a sólo u$ 11.99 y en un papel de recontra lujo, mucho más grueso que el del típico TPB americano. En la edición que sea y al precio que sea, no te pierdas esta joya del Noveno Arte. Papa finísima, de verdad.

sábado, 5 de abril de 2014

05/ 04: FATALE Vol.2

Hoy de nuevo tengo poquísimo tiempo, porque en un rato arranca Dibujados. Una pena, porque me tocó un libro exquisito, con mucho y muy bueno para diseccionar.
Para ganar tiempo, no voy a hablar del dibujo. Lo que hace Sean Phillips en este arco no se diferencia en nada de lo que ya vimos en el Vol.1 (reseñado el 08/12/13). El guión de Ed Brubaker pega un salto temporal importante: la parte que transcurre en el pasado (que, al igual que en el Vol.1, es la que más páginas ocupa) no está ambientada en los ´50, sino a fines de los ´70, en el mundillo superficial, promiscuo y merquero de Hollywood y sus estrellitas. En ese contexto veremos nuevas atrocidades que giran en torno (aún a pesar suyo) de la enigmática Josephine, la hermosa mujer que no envejece y que está vinculada de modos misteriosos a una secta que parece satánica, pero en realidad adora a los “dioses oscuros”, unas criaturas de clara raigambre lovecraftiana.
Esta vez, el personaje que caerá en las redes de Josephine es Miles, un actor mediocre que no se resigna a que su carrera se fue al descenso y que se refugia en la heroína y la venalidad. Es un personaje muy, muy bien trabajado por Brubaker, al que el autor dotará de enorme tridimensionalidad, al que veremos evolucionar muchísimo y replantearse miles de cosas a lo largo de la trama. Una vez más, esta está contaminada de corrupción, extorsiones, mentiras, violencia, secretos ancestrales y mucha sangre.
¿Y Nicolas Lash? Quedate tranquilo, que el guionista no se olvida del pobre loser que protagoniza las secuencias del presente. Para él también hay sacudones violentos y serias complicaciones, producto de su obsesión con Josephine. Lo mejor es cómo los flashbacks que tira Brubaker en la línea argumental de Nicolas enganchan perfecto con lo que viven Josephine y Miles en los ´70.
Acá me bajé cinco episodios al hilo, de los que llevo traducidos al castellano sólo dos. O sea que una parte del TPB la leí “mes a mes” y la otra, de un tirón. Por supuesto, los episodios que no había leído para traducir se me pasaron volando, en parte porque coinciden con el momento en que Brubaker decide cambiar el ritmo (al principio muy tranqui) del relato y precipitar los macabros acontecimientos.
Con arcos como este, es muy difícil bajar a Fatale de la lista de los comics imprescindibles, de los que hay que seguir a muerte.

domingo, 8 de diciembre de 2013

08/ 12: FATALE Vol.1

Con este comic estoy haciendo algo que hacía mucho que no hacía: lo leo capítulo a capítulo, con un mes de paréntesis entre uno y otro, a medida que hago las traducciones para el sitio de “tradumaquetadores” con el que estoy colaborando. Estoy en el medio de la traducción del cuarto capítulo, así que –cuando le tocó a este tomo ser reseñado acá en el blog- me faltaba leer sólo el quinto. La consecuencia más notoria de la lectura “paso a paso” (en homenaje eterno a Mostaza Merlo, obviamente) es que me encariñé más con los personajes. Siento que los conozco hace mil años, les escucho las voces, sé cómo habla cada uno (si no estudiás eso a fondo es casi imposible lograr una traducción fiel al material original) y hasta me permito intuir qué van a hacer en los episodios que no leí. Trataré de que ese cariño no vuelva demasiado subjetiva esta reseña.
Seguramente ya escuchaste hablar de la chapa de Ed Brubaker y Sean Phillips y de la magia que explota cada vez que se juntan para trabajar en un proyecto en común. Fatale no es para nada la excepción: de nuevo tenemos un comic donde realmente cuesta creer que no hay un único autor, sino dos, que se entienden a la perfección. La gran diferencia esta vez es que Fatale no es el típico policial negro, el típico hard boiled, que es el género en el que hace años se destaca la dupla. Así como en Incognito los autores le agregaron al hard boiled ciertos tópicos del género de superhéroes y algo de espionaje, acá se juegan con elementos fantásticos que tienen que ver con el terror, con ciertos visos lovecraftianos.
De pronto, la “femme fatale” a la que hace referencia el título esconde un secreto muy heavy que tiene que ver con sectas satánicas y asesinatos rituales en los que se invoca a oscuras deidades de ancestral poder. Todo muy sugerido, muy desenfatizado por Brubaker hasta ya muy avanzado este primer tomo. Pero las pistas están. Si leés con atención, especialmente los flashbacks, empezás a intuir que el pasado de Josephine y Walt Booker está manchado con elementos sobrenaturales muy jodidos, que obviamente los van a perseguir hasta el presente. En realidad, hasta uno de los presentes, porque la narración está planteada en dos épocas muy distintas: 1956 y la actualidad. Ambas ambientaciones serán atravesadas por la enigmática presencia de Josephine, que le recontra-complicó la vida en 1956 al pobre Dominic “Hank” Raines y en el presente se la va a complicar al también incauto ahijado de Raines, Nicolas Lash, que se pasa casi todo el tomo descubriendo azorado la crónica de su padrino acerca de su relación con Jo.
El clima de la serie es MUY hard boiled, en ningún momento amaga con convertirse en una machaca sobrenatural al estilo Hellboy. Y además es MUY truculenta. Hay destripamientos, mutilaciones, gente quemada, tiros, golpes, cuchillazos y un ritual satánico en el que la víctima es un bebé, arrancado del vientre de su mamá. Los propios personajes subrayan todo el tiempo lo espesos que se ponen la violencia y el gore, escena a escena y muerte a muerte. Estamos frente a un comic extremo no por el lado de la grandilocuencia, sino por lo fuerte que impactan las crueldades y las atrocidades que urde Brubaker.
Por suerte, a la hora de plasmarlas gráficamente, el maestro Phillips mantiene su característica sobriedad. Lo cual no significa que no haya secuencias tremendamente shockeantes. Phillips y el glorioso colorista Dave Stewart se ensamblan pefectamente para darle vida y verosimilitud a estos climas, constantemente enrarecidos por los asesinatos y por la presencia insoslayable de estos elementos fantásticos, en los que no conviene ahondar para no spoilear. La narrativa es impecable, la reconstrucción de la San Francisco de 1956 también y cuando Phillips echa mano a la referencia fotográfica la labura tanto y tan bien que no hace ruido para nada.
Fatale terminó o está por terminar de publicarse en revistitas y creo que van a ser cuatro TPBs. No sé si el balance final nos permitirá ponerla en la categoría de Obra Maestra de esta dupla infalible porque –claro- está Criminal, que es perfecta. Lo que sí sé es que esta serie arranca MUY arriba, con un argumento sumamente atrapante, muy bien desarrollado, con buenos diálogos, buenos personajes y un clima que la diferencia bastante de las otras obras de Brubaker y Phillips y que además la lleva en una dirección muy poco explorada por el comic en general. Da para bancarla a muerte.

martes, 5 de marzo de 2013

05/ 03: THE HEART OF THE BEAST

Esta es una de las primeras novelas gráficas de Vertigo, publicada allá por 1994, cuando era un sello joven, pujante y todavía bastante anclado a ciertas raíces que tenían que ver con el terror y lo sobrenatural. En ese contexto, el maestro Dean Motter se manda este ambicioso guión, en el que se propone recrear el mito de Frankenstein en clave noventosa, y para el cual recluta a Judith Dupré, una escritora especializada en el peculiar mundillo de las galerías de arte, que es el marco en el que va a transcurrir casi toda la historia.
La verdad que el hallazgo de repensar a Frankenstein en el mundo de los yuppies merqueros, las cirugías plásticas innecesarias, los vernisages caretas y la frivolización del arte, justifica de por sí solo la lectura del libro. La historia de amor entre Sandra y Victor te puede atrapar más o menos, pero el recurso de un hombre artificial, pergeñado, animado y controlado por un cirujano plástico con varios negocios turbios y vinculado al mundo de las artes, es una genialidad indiscutible. Entre tanta careteada, entre tanto ser humano hueco, entre tanto impostor, entre tantas supuestas genialidades del arte armadas con cachos de obras previas (llamala intertextualidad o choreo, como más te guste) Victor encaja demasiado bien.
También el tema de los negocios turbios del Doctor Wright da pie a una trama más cercana al thriller, con desapariciones misteriosas y muertes siniestras, que Motter aprovecha para mostrar algo más que cabecitas que hablan. Se nota un poco que las secuencias de acción no le interesan demasiado, que están ahí para condimentar, para salpimentar a la trama romántica y para forzar a Victor a hacer las cosas que se supone que Sandra no debe ver. En ese sentido tiene una onda Resistiré: al principio parece una telenovela normal con algún misterio medio extraño y para el final la historia de amor queda necesariamente eclipsada por la magnitud de esa power-bola armada con elementos de thriller y de ciencia-ficción. Sumemos los muy buenos diálogos, la picardía de Dupré para satirizar al mundillo de las galerías, los pintores y los críticos de arte, y nos queda una obra muy completa, con muchas puntas interesantes para atrapar a distintos tipos de lectores.
Lo que menos me cerró de todo son esos fragmentos de la novela original, del Frankenstein de Mary Shelley, que están mechados en los momentos justos, en los que el texto del Siglo XIX refleja (con lógica distorsión) lo que le está sucediendo a Victor en el presente. Eso está muy piola, pero 1) da demasiadas pistas acerca del misterio de Victor, y 2) le complica la narrativa a un Sean Phillips que todavía estaba a años luz del narrador sólido e infalible que es hoy. Phillips labura a color directo, con unas hermosas pinceladas de acuarelas que lo acercan al estilo pictórico (tan de moda en esa época) y que anticipan cosas que veríamos años más tarde en los trabajos de David Mack, entre otros. Lamentablemente opta por un estilo demasiado pendiente del realismo fotográfico y desperdicia su talento copiando fotos (por suerte no las chorea para retocarlas mínimamente como los Juan Carlos Flicker del Siglo XXI). Tan pegado está a la foto, que cuando aparecen imágenes de la tele, para diferenciarlas de las otras, Phillips arma una fotonovela! Con fotos posta, con un mínimo filtro aplicado, para que se note que se trata de una pantalla. Y lo más lindo: como la historia está ambientada en el mundo de las artes plásticas, Phillips mete cada vez que puede homenajes a los grandes maestros, al darle a los personajes de la novela poses y expresiones que toma prestadas de cuadros famosos. Sus paisajes de New York son hermosos (por supuesto, un fan del hard boiled como Phillips se luce cuando el guión lo lleva por los sórdidos senderos del thriller) y en casi todas las páginas en las que no le meten los fragmentos de Frankenstein, la narrativa fluye lo más bien.
The Heart of the Beast retrata a su época con ácida mala leche y se disfruta aún hoy, quizás porque no hemos bajado lo suficiente nuestros niveles de frivolidad y superficialidad. Ni el consumo de frula, ni las muertes a causa del SIDA, ni la alienación que produce la vida en las grandes urbes, ni la generación de monstruos que parecen seres humanos. Ni mucho menos la glorificación (efímera y marketinera) de artistas pedorros con ínfulas de vanguardistas. O sea que leída hoy, esta novela gráfica es, además de osada, cautivante y entretenida, bastante actual. Ojalá se reedite, así los nuevos lectores pueden disfrutarla.

viernes, 25 de noviembre de 2011

25/ 11: INCOGNITO Vol.2


Allá por Marzo de 2010 (para mí, hace como mil años) reseñé el Vol.1 de esta maravillosa serie publicada por el sello Icon, la línea creator-owned de Marvel. Casi todo lo dicho aquella vez coincide con lo que tengo para decir esta, así que recomiendo repasar aquella reseña.
Esta vez, la diferencia más notoria es que hay menos slice of life. Ed Brubaker y Sean Phillips mandan a Zack Overkill, el protagonista de la saga, a tratar de encontrar a otro doble agente, Simon Slaughter, quien se infiltró tiempo atrás en la agrupación terrorista Level 9 y ahora está por asumir el control de la misma. Para que la operación llegue a buen puerto, Zack tiene que aparecer jugando claramente para el lado de los malos, y la trama se centra sobre todo en eso: en la reinserción de Zack en el hampa, su regreso a los tugurios, los prostíbulos, los clubes de pelea clandestinos, las covachas peligrosas donde se juntan los post-humanos que viven por afuera de la ley. Eventualmente llegarán el encuentro con Slaughter y la resolución de otra línea argumental, relacionada con el origen de Zack, muy bien explicado por Brubaker en el tomo anterior. Pero lo que más páginas ocupa, lo que parece interesarle más a los autores es este descenso del protagonista a las profundidades de la ilegalidad, descripto a fondo, sin escatimar momentos sumamente heavies y perturbadores.
Como vimos en el Vol.1, todo funciona tan bien principalmente gracias al gran trabajo que hace Brubaker a la hora de construir al protagonista, un tipo jodido, violento, por momentos malo de verdad, al que el guionista nos muestra en una especie de tránsito involuntario hacia algo así como una persona, si no buena, por lo menos redimible. De la mano de la agencia secreta S.O.S., Zack trata de hacer buena letra, de sublimar sus instintos más corruptos, pero de pronto la orden de arriba es “volvé al lado oscuro y comportate de nuevo como un hijo de mil putas, así nadie sospecha que seguís operando para nosotros”. Y ahí va Zack, no confundido, pero sí con un dilema ético permanente, muy manifiesto y muy interesante.
Estamos ante una historieta de chabones musculosos con superpoderes, pero que no se parece en nada a las típicas epopeyas de héroes contra villanos. Acá la mano viene de keruza, con traiciones impredecibles, runflas malignas, información que se filtra por todos lados y una sensación mucho más de thriller, o de novela de espionaje que del clásico comic de superhéroes.
Buena parte del mérito le corresponde al maestro Sean Phillips que, de nuevo, pela una labor notable, con grandes hallazgos en la narrativa y un trazo fuerte, vigoroso, en el que se cuelan cositas de Kevin Nowlan, Duncan Fegredo y el ídolo de Phillips, el inolvidable Jorge Zaffino. Phillips crea climas densos y ominosos en las escenas tranqui y estalla como una supernova cuando el guión le abre las puertas al kilombo, ya sea por el lado de la machaca (que hay bastante) o en esa especie de orgía, en la que Zack empieza revolcándose con tres yiritos y termina... nah, mejor no te cuento cómo termina. El color está a cargo de Val Staples y es correcto, pero sospecho que esto publicado en blanco y negro tendría prácticamente el mismo atractivo y el mismo impacto que publicado a color.
Difícil engancharse en este segundo tomo de Icognito y entender todo, así que mi recomendación es arrancar cuanto antes con el primer libro. Ed Brubaker y Sean Phillips son una dupla a esta altura insumergible, a la que da gusto seguir en esta rara, oscura y adictiva historia de un ex-supervillano convertido en agente secreto.