el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 5 de enero de 2026

A TODO RITMO

Desde que terminé con la Comiqueando Digital nº12 (que pueden descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com/) recuperé el tiempo libre, y como en Enero no tengo tantos compromisos sociales, lo estoy usando para leer bastante historieta y bajar los grotescos pilones de material pendiente de lectura que se acumulan en mi habitación. Hoy empiezo en EEUU, año 2018, cuando se recopila un arco de Captain America muy atípico, titulado Promised Land. Son cuatro numeritos, nomás, escritos por Mark Waid y dibujados por Leonardo Romeo, y califico a la historia de "atípica" porque no aparece el Captain America. De hecho no aparece ningún superhéroe. La historia está ambientada en un futuro en el que no parecen existir los justicieros enmascarados. Aún así es un comic de superhéroes, básicamente porque hay un supervillano muy conocido en un rol muy destacado. El protagonista es un historiador llamado Jack Rogers, que es descendiente del glorioso Steve Rogers. Y si bien está orgulloso del legado de su ¿tatarabuelo?, no se siente para nada afín a la vida de peligros y aventuras. Pero, incluso en este futuro armónico y utópico, su hijo padece una enfermedad que resulta imposible de curar, vinculada al suero del super-soldado, que ahora se le inocula a toda la población como si fuera una vacuna. Jack está dispuesto a todo para salvar a su hijo y así es como mete la nariz donde no debía: esto lo lleva, por un lado, a liberar a un peligrosísimo villano que va a intentar (una vez más) someter a la humanidad, y por el otro a descubrir que detrás de este mundo feliz hay una mano negra (azul, en este caso), que también tiene su plan secreto para convertir a los humanos en armas al servicio de sus intereses imperialistas. Sumémosle a esto un puñado de flashbacks a distintos momentos del pasado en los que Steve era el Captain America (que podrían tranquilamente no estar) y enseguida se nos fueron las 81 páginas que dura Promised Land. Eso es sin dudas lo mejor que tiene el arco: todo avanza rápido, sin colgarse en boludeces. Como en toda saga de ciencia ficción, hay conceptos futuristas impactantes y sutiles guiños a nuestro presente. Como en todo comic de Waid, hay buenos diálogos y un toque de originalidad que le da otro sabor a los personajes clásicos. Y como en todo comic de Marvel, son sagradas la continuidad y la machaca, que no puede faltar nunca. Pero lo más importante es lo nuevo: los personajes, la ambientación y las situaciones que Waid inventa en Promised Land y que no habíamos visto nunca (y no sé si los guionistas posteriores alguna vez revisitaron). También es raro el dibujo de Romero, que se sube a la estética de Chris Samnee (dibujante del arco anterior a este, que no tengo y me interesa conseguir) pero le suma un trazo más geométrico, como si la combinara con la de Daniel Torres. Además de esas páginas muy atractivas de Romero, en los flashbacks al pasado hay invitados de la jerarquía de Howard Chaykin, Alan Davis, J.G. Jones y Adam Hughes, así que estamos hablando de un tomito visualmente maravilloso. Se le puede perdonar que incluya más de 20 páginas de relleno, entre portadas y bocetos, porque todo ese material extra también se ve espectacular, aunque no nos aporte mucho a los que compramos libros para leer.
Un par de años después, se publicó en EEUU la que hasta ahora es la última novela gráfica de Decur, y en 2025 finalmente tuvo edición argentina. Al principio, Cuando Levantas la Mirada me pareció medio ladri, por todas esas páginas dobles con un solo dibujo y un puñadito de palabras, páginas sin dibujos ni textos... ¿Qué carajo es eso?!? Pero una vez que me sumergí en la lectura, el ritmo que propone Decur me llevó de la tapa hasta la contratapa sin ninguna queja, ningún WTF?!?, ningún sobresalto. Este libro es armonía pura, es un mimo al alma que te deja mucho más feliz de lo que eras antes de abrirlo. Y además baja línea contra la dependencia de las pantallitas de los celulares, algo que yo -que soy uno de los pocos freaks sobre la faz de la Tierra que no usa celulares- valoro inmensamente. A través de la historia de Lorenzo, Decur nos cuenta que cuando se apaga el telefonito, se enciende la imaginación. Aparecen la curiosidad, la creatividad, la empatía, incluso compañeros más reales y cercanos que aquellos que cada tanto nos ponen un "me gusta" en las redes sociales. La historia es muy sencilla y obviamente se me ocurren mil formas de contarla en menos de 180 páginas. Pero no está mal: tiene mucho desarrollo del personaje principal, y un giro argumental (20 páginas antes del final) que le da mucho más sentido, más profundidad y más belleza a la obra. Decur dibuja en un estilo mucho más elaborado que en sus obras anteriores, mucho más cercano a las artes plásticas, con la expresividad intacta, un talento indescriptible para crear climas y un buen gusto increíble para las paletas de colores. Por si esto fuera poco, en varios pasajes de la obra incorpora ilustraciones que combinan técnicas de dibujo tradicional con papelitos de colores recortados. Cuando Levantas la Mirada es una novela gráfica realmente preciosa, un gran trabajo del autor rosarino, que puede emocionar a chicos y grandes, y que sin dudas merece un lugar en la biblioteca de cualquier fan de la historieta argentina. Y hasta acá llegamos, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

OTRO MIÉRCOLES CON RESEÑAS

Interrumpo un toque el frenesí de la Comiqueando Digital para comentar un par de libros que leí en estos últimos días. Soy un Cobarde y Otras Historias es un libro que nunca imaginé tener en mi biblioteca. Es un recopilatorio de historias cortas dibujadas en la primera mitad de la década del ´60 por el maestro Leopoldo Durañona, cuando todavía era una joven promesa, un pibe más de esa generación que irrumpió en la industria de la historieta argentina en esos años finales de la Editorial Frontera. Acá vemos a Durañona dibujar tres guiones de Héctor G. Oesterheld (de los años ´62 y ´63), en un estilo muy pegadito al que lucía en esos años Alberto Breccia. Ninguno de los guiones me pareció deslumbrante (sí la calidad de la prosa de Oesterheld, pero romperla en los bloques de texto no equivale a escribir buenos guiones), y sin dudas el atractivo pasa por el trazo de Durañona, que -repito- no es muy original, pero no cualquiera recreaba la magia que tiraba Breccia en la época de Mort Cinder. En el medio hay una historia medio intrascendente que salió en la revista Super Misterix (en la etapa de la editorial Yago), y después, tres historietas imposibles. Una sorpresa abrumadora, algo absolutamente insólito, que me dejó estupefacto. "El librero", "Puerto" y "El Túnel" son historietas loquísimas, en las que Durañona experimenta con el trazo y con las técnicas como si fuera Luis Scafati (pero 15 años antes) y obtiene resultados rarísimos, páginas en las que prima un dibujo casi abstracto, que requiere muchísima decodificación por parte del lector. Hay manchas, texturas extrañas, pedazos de fotos, recortes de diarios, tramas mecánicas, líneas de plumín bien finitas... un despelote visual increíble, que por momentos alcanza cotas de belleza impensables en la historieta industrial, y por momentos se vuelve un obstáculo para entender qué corno está pasando, si bien son historietas con bastante texto. Y subrayo lo de "historieta industrial" porque parte de la sorpresa, parte de lo que hace inverosímil a este material, es que originalmente se publicó en la revista Intervalo. Sí, esa revista de Columba que nos parecía un embole, con historietas "para señoras", en los ´60 le daba cabida a trabajos sumamente experimentales de un pibe que tenía huracanes, tifones y torbellinos en el tintero, como era en ese entonces Durañona. Después, la vida lo va a "domesticar" y Leopoldo va a brillar en mercados como el italiano y el norteamericano con historietas más tradicionales, con un dibujo realista y una narrativa más clásica, más ajustada a lo que requieren relatos de género, sea policial, terror, bélico, o lo que le pidan los guionistas. Yo tuve la suerte de conocerlo y trabajar con él a principios de los ´90, y la verdad que nunca me imaginé que 30 años antes había hecho estas locuras. Por suerte la recopilación (a cargo de Sector Editorial) incorporó un nuevo rotulado, buen papel, algunas ilustraciones publicitarias que realizó Durañona en aquella época y mucha información, como para convertir muy rápido a los neófitos en especialistas en la obra de este monstruo del Noveno Arte. No lo compres esperando grandes guiones, así no te clavás. Compralo para descubrir una faceta de Durañona que seguro desconocías y que te va a dejar totalmente atónito.
Allá por 2019, se empezó a publicar History of the Marvel Universe, una miniserie escrita por Mark Waid y dibujada por Javier Rodríguez. En su momento me re enganché y la leí mes a mes en scans, hasta que conseguí a buen precio el TPB, y la volví a leer, toda de un saque y en papel, como me gusta a mí. La idea es bastante similar a la del History of the DC Universe que hicieron Marv Wolfman y George Pérez justo después de Crisis on Infinite Earths, pero Waid le agrega un elemento muy copado, que -a mi juicio- la hace superior. Esto no es informe que prepara Harbinger para... alguien que no sabemos quién es, sino que es una historia que Galactus le cuenta a Franklin Richards justo antes de que el universo muera, y ellos dos pasen a otro nivel de existencia. O sea que, además de la lograda organización cronológica de todos los sucesos más o menos relevantes en la historia del Universo Marvel (desde el big bang hasta el futuro remoto), tenemos muy buenos diálogos entre el máximo creador de mundos (Franklin) y el máximo consumidor de mundos (Galan). Obviamente lo que más llama la atención es lo rápido que pasamos del inicio de los tiempos a las historias que alguna vez fueron "el presente", es decir, las publicadas por Marvel (en sus distintas iteraciones) de 1939 para acá. La mayoría de los sucesos que subraya Waid y que están ubicados entre el big bang y la Segunda Guerra Mundial nos fueron revelados a través de flashbacks, en historias ambientadas en "el presente". Muy pocas veces, casi nunca, los autores de Marvel nos contaron en revistas publicadas de 1939 para acá historias ambientadas en épocas pretéritas. No me quiero extender mucho acerca de esto (ya lo hice en los primeros capítulos de ¿Quién quiere ser superhéroe?) pero sin dudas es notable lo poco explorados que están todos esos siglos de posibles aventuras, en comparación con la grotesca acumulación de hechos canónicos que se sitúan de 1939 a 2019. Atrás de la historieta, el libro ofrece anotaciones, en este caso breves textos que (en un derroche de erudición nerd que harán las delicias de los fanáticos) nos aclaran en qué historietas se dieron a conocer los hechos que Waid y Rodríguez repasan en cada página del comic. Rodríguez, además de un dibujante sumamente talentoso, es un pibe inteligente, y enseguida deduce lo difícil que es ganar de visitante en una cancha que inventó George Pérez (que en ese momento todavía estaba vivo). Entonces inventa otro juego, nuevas formas de desplegar en las páginas las imágenes que acompañan a los textos de Waid. El guionista le da una mano: explica las sagas de manera muy resumida, como para que a) el lector que se interese por ellas las vaya a buscar en vez de conformarse con esos parrafitos tan sintéticos, y b) el dibujante pueda lucirse con dibujos enormes y puestas en página mil veces más arriesgadas y complejas que las que peló Pérez en el ´86. El resultado es tan atrapante que aunque no te interese en lo más mínimo la historia que cuenta Galactus, vale la pena leer el libro para disfrutar de los dibujazos de un Javier Rodríguez en estado de gracia. Y si sos fan del Universo Marvel (en su iteración comiquera, claro) esto es una pieza imprescindible, una gran pasada en limpio de 80 años de publicaciones a veces medio caóticas o contradictorias. Una tarea titánica que solo el maestro Mark Waid podía acometer, y de la que salió tan bien parado que hasta este año se animó a hacer lo mismo, pero con 90 años de historias mucho más caóticas y contradictorias como son las del Universo DC. Esa también la leí en scans y la quiero comprar cuando salga el TPB. Pero tranqui, falta un montón. Nada más por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

miércoles, 14 de agosto de 2024

MEDIODIA DE MIÉRCOLES

Mañana temprano arranco rumbo a Rosario, a disfrutar un par de días de una nueva edición de Crack Bang Boom, pero antes, un ratito para reseñar las últimas lecturas. En al año 2002, cuando todavía editaba libros en tapa blanda y en formatos copados, Astiberri publicó Caravana, una extraña historieta del guionista entrerriano Jorge Zentner y el dibujante francés Bernard Olivié. Son casi 160 páginas en las que -literalmente- no pasa nada. Hay un protagonista, un hombre con rasgos europeos, que camina por el desierto junto a una caravana integrada por camellos y por otros hombres (no hay mujeres) de rasgos arábigos, todos vestidos con los típicos turbantes y túnicas de los beduinos y demás habitantes de las zonas desérticas del Norte de África y Medio Oriente. Los personajes casi no dialogan entre sí, sino que los textos (que son muy pocos) están narrados en primera persona por el anónimo protagonista, a veces como bloques dentro de las viñetas y muchas veces como único elemento gráfico en páginas completamente en blanco. Sí, hay como 40 páginas completamente en blanco en las que solo vemos un breve texto, que a veces no llega a las 10 palabras. Son textos atractivos, con un extraño vuelo poético, casi haikus, que Zentner utiliza para darle más relieve a esta no aventura. A veces hacen algún aporte narrativo, otras veces son meramente descriptivos, y a veces reflejan sensaciones que los dibujos no pueden mostrar. Pero lo más importante es que Caravana no cuenta una historia. No sabemos por qué este personaje se sumó a la peregrinación, qué buscan, a dónde van... Pasan algunas cosas típicas de estos periplos (tormentas de arena, oasis, camellos que no quieren avanzar), se resuelven en poquísimas viñetas y la caravana continúa su marcha como si nada. Ni siquiera en la última página hay algún indicio de que el viaje está por llegar a su destino. No hay final, no hay destino, no hay rumbo. Es solo eso: gente que camina por el desierto. A la luz del giro que tomó la carrera de Zentner en los últimos años, que lo alejaron de la historieta y lo encumbraron como una especie de gurú new age, tienen más sentido todas esas frases que parecen sacadas de libros de autoayuda, y hasta me permito sospechar que hay un mensaje, o una enseñanza de índole espiritual que el autor quiere transmitir a través de este viaje por la nada hacia la nada. Mala mía: me jodo por comprar una historieta pensando que me va a contar una historia en vez de enseñarme a vivir :P El dibujo de Bernard Olivié me gustó bastante. Es como un continuador de la línea de Miguel Calatayud, al que le quedan muy bien la síntesis, la línea apenitas temblorosa que utiliza a menudo Fer Calvi, y que maneja muy bien la composición de las viñetas. Toda la historieta está publicada en blanco, negro y grises, y eso le da mucho peso a las formas y los contornos, muy bien trabajados por Olivié, al igual que la combinación entre las distintas tonalidades de grises, las masas negras y los espacios blancos. La cosa se empieza a hacer monótona y a derrapar hacia el choreo cuando los dibujos se empiezan a repetir. Claro, los personajes son siempre los mismos, el paisaje que recorren es siempre el mismo, no hay acción más allá de esa lenta caminata... y lógicamente Olivié cae en la tentación de repetir los dibujos que ya vimos. A veces cambia el enfoque, o tuerce un poquito la angulación, pero son los mismos dibujos que aparecieron unas páginas atrás. Entre esto y las páginas en blanco en las que solo hay texto, se desluce bastante una faz gráfica que podría haber salvado las papas. Caravana es claramente un comic experimental que, para mi gusto, no salió bien. Me sirvió para descubrir a un dibujante interesante, con un grafismo muy sólido, pero a partir de cierto punto me aburrió muchísimo, más allá de que algunos textos estén realmente bien escritos. No lo recomiendo a nadie que no sea talibán de Jorge Zentner y quiera tener el 100% de sus obras.
Allá por el 28/09/19 le entré a un TPB de Black Widow a cargo del equipazo integrado por Mark Waid y Chris Samnee, para encontrarme con la primera mitad de una breve serie de 12 episodios que Marvel publicó entre 2016 y 2017. Tarde pero seguro conseguí y leí la segunda mitad, en la que llega a su fin este thriller oscuro, trepidante y por momentos perturbador. Lo que más me gustó es, por lejos, el dibujo de Samnee. Acá sobran las escenas en las que el dibujante (y en esta serie también co-guionista) puede desplegar sin límites su talento inusitado para la acción, la gran plasticidad de los personajes y su manejo apabullante de la iluminación. En esos claroscuros extremos, en los que las figuras no fingen en lo más mínimo ser tridimensionales, sino que hasta se ufanan de su bidimensionalidad (como en las historietas del maestro Alex Toth) es donde más amé a Samnee y su estilo despojado y sutil. Pero además hay un gran trabajo en los fondos (muy valioso, porque es un dibujante que le mete muchísima mano a la referencia fotográfica al punto de otorgarle la misma impronta gráfica que a sus personajes) y una gran expresividad en cuerpos y rostros. Matthew Wilson tiene la dura tarea de sumarle algo más desde el color a unas páginas majestuosas, ricas en climas y efectos de iluminación zarpados, y la verdad que sale bastante bien parado, aunque no dudo de que esto se vería mejor en blanco y negro. Por el lado del guion, en estos seis episodios pasa un poco más que en los seis primeros, y se nota menos la intención de los autores de estirar un plot chiquito a lo largo de muchas páginas. Natasha zafa muchas veces de casualidad de situaciones muy extremas, gracias a los errores o la pésima puntería de sus oponentes, y lamentablemente dos de los tres nuevos villanos no llegan vivos al final del último número. Obviamente en Marvel esto no es impedimento para (eventualmente) hacerlos volver, pero bueno, quedó una villana interesante y una punta argumental, la de las seis nenas rusas, para retomar algún día, si Waid o Samnee vuelven a encontrarse con Black Widow. Entre venganzas, traiciones, manipulaciones, secretos antiguos, crímenes de lesa humanidad y peleas a todo o nada en locaciones exóticas, esta serie está buena para agregarle un poco de profundidad a Black Widow, explorar un poco su mitología, para atrás y para los costados, para leer a un Waid que cambia de registro y se parece (como señalé la vez pasada) más a Greg Rucka que a sí mismo, y para flashear a lo bestia con un Samnee prendido fuego, que deja la vida en cada página. Ah, no me quiero olvidar de esto. Un pedido a los guionistas de Marvel: ya sé que Maria Hill no tiene tanta chapa como Nick Fury, pero por favor dejen de retratarla como una cínica hija de puta con menos códigos que un "periodista" de La Nación + a sueldo de Milei. Ya son varias las historietas en las que esto se me hace muy evidente, y me parece que es hora de aflojar un poquito con esa caracterización tan grotesca, tan falta de matices, para un personaje que merece la oportunidad de ser mínimamente querido por los fans, más allá de la pátina de ambigüedad que debe tener cualquier referente del palo del espionaje. Nada más. Nos vemos mañana y pasado en la Crack, y seguramente a la vuelta habrá nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 12 de julio de 2024

VIERNES A LA NOCHE

Bueno, encontré un huequito para sentarme a escribir reseñas y acá estamos. Empiezo en Francia, año 2006, cuando L´Association recopila en un libro hermoso (con papel de un gramaje al que no estoy acostumbrado) una serie de historias cortas realizadas por Blutch entre 1997 y 1998, para distintas revistas. Le Petit Christian es uno de los primeros trabajos realmente importantes de Blutch, una serie que en su momento generó bastante impacto. No me acuerdo si hablando en público o en privado, una vez Juan Sáenz Valiente me confesó que Le Petit Christian le había detonado el bocho cuando la descubrió, y que trabajó duro para incorporar a su estilo algunas de las muchas proezas gráficas que pela Blutch en este librito. El librito no lo aclara, pero se trata de historietas casi autobiográficas. No es casualidad que el nene protagonista se llame Christian (como Blutch), que sea rubio (como Blutch), que sea fan de las historietas y demuestre talento para el dibujo (como Blutch), y que tuviera nueve años cuando se estrenó Star Wars (como Blutch... y como yo, agrego como si a alguien le interesara). Lo cierto es que el autor y yo nos llevamos menos de dos meses, o sea que miles de las cosas de la infancia de Christian son un reflejo exacto de cosas que viví, vi o consumí yo a esa misma edad. La identificación fue casi total (aunque mi talento para el dibujo nunca fuera debidamente reconocido :P ). Además de la asombrosa versatilidad del trazo de Blutch (que puede ser sumamente despojado en una viñeta e hiper-intrincado en la siguiente, capaz de jugar con el realismo fotográfico, la síntesis minimalista, e incluso clonar estilos de otros autores), me mató el equilibrio que logra en estas historias. Le Petit Christian pendula todo el tiempo entre un retrato agudo y certero de los pibitos de nueve años y sus fantasías, y una mirada desangelada, con mala leche y cero piedad a la forma en que (en los años ´70) los pendejitos nos vinculábamos con los adultos, con las nenas de nuestra edad, con nuestros pares y con las cosas que nos cebaban infinitamente (un rato). En todos los episodios aparecen elementos de la cultura masiva, en distintos roles y con distinto peso en las tramas. Ya nombré a Star Wars, pero también están King Kong, John Wayne, Lucky Luke, Rahan, Corto Maltés, los Ángeles de Charlie, Tintin, Mickey Mouse... A veces son homenajes, a veces no, pero siempre hay algo de eso, como para que el comiquero que se formó en los mismos años que Blutch sienta a estas historias más cercanas. ¿Se supone que son humorísticas? No, me parece que -si bien maneja los recursos de la historieta cómica- la idea de Blutch no es que te rías con estas historias, sino más bien arrancarte, cada tanto, alguna sonrisa cómplice. A veces la idea parece ser que nos indignemos, o que nos angustiemos, incluso. Conmigo lo logró ampliamente, me llevó por donde quiso, como quiso, cuantas veces quiso. Pero, como ya dije, yo soy presa fácil, porque al haber vivido una infancia tan parecida a la del autor, me ganó al toque por el lado de la identificación. Tengo la sensación de que este material no está traducido al castellano, pero no estoy seguro. Ojalá me equivoque.
Siglos después de haber leído el Vol.6 (ver reseña del 04/01/18) le entré al séptimo tomito de Daredevil de Mark Waid, esta vez acompañado en casi todos los números por el glorioso Chris Samnee. El TPB trae seis números en los que el promedio es muy bueno, con algunos momentos realmente excelentes, que son básicamente dos: el monólogo de Kristen en el nº34 (magnífico y potente antídoto contra los discursos de odio con los que nos bombardean hace años los medios de comunicación) y la movida final de Matt en el nº36, el momento en el que Waid se juega entero, le pega al personaje una vuelta sin retorno y ya que está demuestra que está para sacarse un 10 en la materia "Courtroom Drama", tan importante para recibirse de Buen Guionista de Daredevil. Lo que menos me convenció fue toda esa serie de peripecias en Kentucky, en las que Daredevil logra chorearse varias páginas del Darkhold frente a las narices de Satana, Jack Russell, Simon Garth, Frankenstein y una momia. Un tramo que se me hizo largo y, si bien termina de una manera que yo no imaginaba, no me aportó demasiado. El resto del TPB rankea muy arriba, con momentos emotivos, pasos de comedia, machaca de la buena y un manejo magistral de los dos personajes secundarios relevantes de esta etapa: Foggy Nelson y Kristen McDuffie. Me cerró cómo Waid reinterpreta al Jester, obviamente me gustó cómo escribe al Dr. Strange, y por ahí no me entusiasmó tanto la aparición de Elektra. Probablemente al guionista tampoco, más allá de algún diálogo afilado que intercambia con Matt. Lo cierto es que acá se termina la primera etapa de Waid en Daredevil, que va a continuar pocos meses después en una segunda... de la que todavía no tengo nada (acepto donaciones). Y el atractivo inicial de la segunda serie va a ser un nº1 a cargo de la dupla que venía de ganar el Premio Eisner a Mejor Equipo Guionista/ Dibujante, es decir, la sociedad entre Waid y Samnee, que para este punto ya está totalmente consolidada. Acá hay un episodio dibujado por Javier Rodríguez (muy bien, pero todavía lejos de momentos más gloriosos que compartirá -cómo no- con el propio Waid) y el resto es todo Samnee en estado de gracia. Los guiones exigen muchísimo del dibujante: escenas multitudinarias, escenas puertas adentro de casas y edificios, páginas de 12 viñetas, páginas de combate vistas por el "sentido radar" de Daredevil, escenas mudas donde todo pasa por la emotividad... y de todos esos desafíos Samnee sale victorioso, y se cuelga nuevas medallas de tremendo narrador gráfico. Como siempre digo, entre tanto dibujante pecho frío, entre tanto ilustrador de posters y figuritas metido a hacer historieta, entre tanta sobrecarga de información gráfica que hace ininteligibles las viñetas, entre tanto realismo mal entendido (que deriva en el mero retoque de fotos), que aparezca y descolle un dibujante como Samnee me llena de alegría. Es esto, papá, es por acá. Es esta especie de Ty Templeton más oscuro, es este animal de la puesta en página que estudió a Will Eisner, a Bernie Krigstein, al Frank Miller que valía la pena ser estudiado, a Matt Wagner... Es esto. Guionista que se la juega, dibujante que pone toda la carne al asador, y listo. Después, si cuentan las aventuras de Daredevil o de Piturro, me da lo mismo. Y nada más, por hoy. Sigo adelante con las lecturas para que no falten reseñas acá en el blog. Gracias, buen finde, y si todavía o descargaron la Comiqueando Digital nº9, no sean ratas y pasen por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a llevarse papa finísima, a la que le pusimos el alma.

jueves, 30 de marzo de 2023

OTRA NOCHE CON RESEÑAS

Vamos con las reseñas de otros dos libritos que pude leer entre ayer y hoy, aprovechando largos viajes en bondi. Entre 2010 y 2012 salieron en Francia los tres álbumes de Showman Killer, la saga creada por Alejandro Jodorowsky y Nicolás Fructus, que en 2017 ECC publicó en un único tomo, en formato "jibarizado", como le dicen los españoles a las ediciones que aparecen en un tamaño menor al original. La verdad que el tamaño a veces importa: acá las letras se ven muy chiquitas y el dibujo hiper-impactante de Fructus pierde un poco en la reducción. El despliegue visual del autor justifica por sí solo una edición más grande. Fructus tiene un trazo muy detallado, muy rico en matices, y -como buen francés- se copa narrando "de lejos", en tomas panorámicas en las que la viñeta se llena de paisajes, o de edificios inmensos, repletos de pequeñas líneas, elementos casi microscópicos, y efectos de iluminación alucinantes, que seguramente se verían mejor en páginas más grandes. Pero en este formato también se luce, porque estamos hablando de un artista cuyo talento traspasa las confines de la página. Showman Killer tiene tanto que ver con La Casta de los Metabarones, que es casi imposible no imaginarse esta saga dibujada por Juan Giménez, o por Moebius. Y sin embargo, Fructus la hace 100% suya, le pone su impronta, su técnica personalísima de color, su manejo personal de las expresiones faciales y corporales (el único rubro en el que pierde fácil contra Giménez y Moebius) y un hambre de gloria, unas ganas de trascender, de comerse cruda a la historia, que te deja idiota, pidiendo más. Fructus es como un Vicente Segrelles más moderno, más atrevido, más extremo. Un virtuoso sin más límites que el capricho de los editores franceses de que no haya páginas con menos de cinco viñetas y que unas cuantas tengan más de diez. Acá vez a Fructus "tirar" en un cuadrito lo que cualquier dibujante del mainstream yanki te muestra en una doble splash page. Visualmente, Showman Killer es un despelote cósmico, tremendamente disfrutable para cualquier fan del dibujo. El guion de Jodorowsky no se queda atrás. Después de haber creado al guerrero definitivo, nos trae al mercenario definitivo. Una especie de Lobo pero con los poderes del Martian Manhunter recontra papeados, ponele. Un tipo insensible, frío, implacable, inescrupuloso... hasta un punto. Como en casi todas las historias protagonizadas por mercenarios, algo va a pasar que le va a aflojar el corazón y Showman Killer va a terminar por jugarse el pellejo en una cruzada que considera justa, más allá del rédito económico que puede obtener (o no). Lo acompañan un gran elenco de secundarios, en una aventura extrema que tiene por lo menos dos giros argumentales en el tercer tramo que nunca me vi venir. Los diálogos conservan la chispa que vimos y disfrutamos en La Casta de los Metabarones, con términos como "paleoputas", "onironautas", "omnimonarca" o "suprahierofante", que le dan una pátina muy original a conceptos que, muy bien adornados con un contexto de ciencia-ficción, podrían aparecer en una saga de magia, fantasía e intriga palaciega ambientada en algún imperio ancestral de los que suelen visitar Mazzitelli y Alcatena. Podría estar días enteros tirando similitudes y diferencias entre esta obra de Jodorowsky y los clásicos de Eduardo y Quique, pero para sintetizar, creo que Mazzitelli se copa más con lo poético, y por eso se juega más a los bloques de texto, y al chileno le gusta más lo prosaico, se emociona con la exploración del costado más truculento, más perverso, más macabro de lo que tiene para contarnos, y por eso escribe más pensando en la acción y en cómo la va a retratar el dibujante. Asi es como este Showman Killer, sin ser el comic más violento de Jodorowsky, parece una de Marshal Law con naves espaciales comparado con cualquier saga de Mazzitelli y Alcatena. Banco fuerte a esta breve serie. Y me parece muy bien que no la hayan continuado, porque el final del Vol.3 es un final posta, muy redondo y muy satisfactorio. Y porque Jodo ya está muy viejito y por ahí si la sigue la caga, como a la saga del Metabarón. Aceptá los laburos más abyectos, con tal de que paguen bien, y con esa guita comprate Showman Killer, que la rompe toda.
Me voy a EEUU, donde en 2020 sale una serie de Dr. Strange que dura apenas seis números: Surgeon Supreme, con guiones de Mark Waid y (esto hay que destacarlo) un solo dibujante en las seis entregas: el más que correcto (y por momentos muy grosso) Kev Walker. Salvo por alguna que otra tirada a chanta en alguna secuencia en la que los fondos brillan por su ausencia, el británico ofrece un trabajo muy sólido, con una gran variedad de enfoques y angulaciones, formas originales de mostrar los conjuros del Tordo y personajes muy expresivos, sin caer en la caricatura. Lo ayuda muchísimo la gran labor del colorista, el amigo argento Java Tartaglia. Pero lo que más me sorprendió fue el enfoque de Waid en los guiones. Debo confesar que compré el librito por accidente, mi intención era empezar a coleccionar la etapa de Dr. Strange escrita por Jason Aaron. Y bueno, en el fragor del combate, en una convención de EEUU donde levanté ofertas a lo pavote, cayó este tomo en vez del que yo quería. Posta, no me arrepiento de nada. Acá está la efímera Surgeon Supreme completa, y es una pena que no siguiera porque Waid, además de las aventuras y las luchas con villanos, ofrece una mirada muy interesante al costado olvidado de Stephen Strange: su carrera como eximio cirujano. Por esa rendija, el guionista mete reflexiones acerca de cómo funciona el sistema de salud, de cómo la burocracia se morfó a la medicina, y aprovecha para rodear al Tordo de nuevos y atractivos personajes secundarios. Por si eso fuera poco, se acuerda de que otro Doctor místico de Marvel, el Dr. Druid, alguna vez fue psiquiatra y, al mismo tiempo que Stephen, decide reincorporarse al ámbito médico. Si conocés un toque la historia de Anthony "Druid" Ludgate, vas a estar todo el tiempo al filo del asiento, atento a ver si le clava o no la puñalada trapera al Hechicero Supremo, y si no, vas a disfrutar a lo loco de la interacción entre dos veteranos muy curtidos, muy capos en la magia, que juegan a ser médicos y a ver quién es el más arrogante y el más poronga. Excepto por la elección de los villanos, Waid se ajusta perfectamente al canon de Dr. Strange y lo enriquece con nuevos personajes, nuevos conflictos y un ámbito (el del hospital) que había aparecido apenas en un par de viñetas, allá por 1963, cuando Stan Lee y Steve Ditko narraron el origen del personaje. En estos breves seis números, Waid y Walker ofrecieron una mirada fresca, actual, dinámica, muy divertida y muy piola del Doctor, como para dejar en claro que es un personaje cuyas posibilidades narrativas están muy lejos de agotarse. Ahora sí, ni bien pueda, trato de empezar a coleccionar la etapa de Aaron... Por ahora, nada más. Creo que fui al carajo con la extensión de los textos, no? Bueno, ni bien pueda, vuelvo a postear. Seguramente será el mes que viene. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 27 de julio de 2022

MIERCOLES GRIS

Mediodía gris y lluvioso en Buenos Aires, pero no tan frío, por suerte. No está mal para sentarse a reseñar unos libritos. Empiezo con la esperada edición argentina de Cuentos de Terror, un tomo que recopila las 11 historias cortas de este género creadas por Carlos Trillo y Eduardo Risso para la editorial italiana Eura en la década del ´90. Inexplicablemente, no todas estaban publicadas en castellano hasta que Historieteca y Puro Comic lanzaron este libro. Ahora, por suerte, lo único que queda inédito de la brutal producción de la dupla para la Eura es Chicanos, de la que solo se publicó un pedacito en Argentina. Este tomo arranca con dos historias magníficas, sin elementos fantásticos. Los protagonistas son monstruos reales, posibles, tan reales y tan posibles que duele. Son cátedras de mala leche, escritas por un Trillo despiadado, que busca la revulsión y el asco en el lector, y lo logra con unos textos perfectos (felizmente escritos en argentino) y con un manejo del suspenso que hace que las historias se resuelvan en la última viñeta con giros magistrales e impredecibles. La tercera historia (ya con un fantasma involucrado) me interesó menos, la cuarta es buenísima pero sería mejor si fuera más corta, y la quinta también: su único atractivo está en el remate, lo que torna tedioso el desarrollo. La sexta es brillante y la séptima es una idea que está tan buena que no dudo que Trillo debe haber barajado la posibilidad de convertirla en un álbum de 46 páginas... o incluso en una serie de varios álbumes. La octava es una de mis favoritas (por eso la publicamos en un número de Comiqueando, allá por 2005), una obra maestra de la crueldad. La novena es un chiste gracioso, pero estirado para que dure 14 páginas. Los bloques de texto son hermosos, pero la trama daba para mucho menos. La décima propone revisitar la historia clásica de Frankenstein y traerla al presente, con muy buen resultado. Y la última también, es una clásica historia de personajes abyectos, amorales y con pésima leche de las que tanto le gustaba escribir a Carlos. El dibujo de Risso es glorioso en las 11 historias, no hay una sola tirada a chanta, nada que sugiera que esto fue dibujado a los santos pedos, o derivado a asistentes menos diestros que el león de Leones. Hay riesgo en la puesta en página, hay un claroscuro de alto impacto, fondos laburadísimos, personajes de enorme expresividad... Esto es un lujo, de verdad. Y como siempre, cuando un guionista juega al misterio, a esconder revelaciones para sorprender al final de la historia, necesita que el dibujante "mueva la cámara" con inteligencia y sutileza para no darle al lector información que le cague la sorpresa. Risso hace eso en todas las historias que requieren ocultar datos hasta el final, con verdadera maestría. Un libro realmente muy recomendable, con el que la vas a pasar muy bien, aunque no te interese demasiado el tema de las momias, fantasmas, vampiros y monstruos varios.
Por fin, después de muchos años, logré leer Empire en su totalidad. Esta saga creada por Mark Waid y Barry Kitson a fines de los ´90 había quedado trunca cuando la lanzó Image, y años más tarde fue publicada como corresponde (en TPB) por DC. Es muy loco que un comic de DC, sin el logo de Vertigo ni ningún otro, incluya garches, puteadas y violencia hiper-explícita, pero bueno, se dio así. Por supuesto esto es creator-owned, no está integrado a ningún tipo de continuidad... aunque no estará mal que pasara algo así en alguno de los universos tradicionales poblados de superhéroes y supervillanos... El planteo de Empire es muy atractivo: hace 10 años, un supervillano con alto poderío intelectual y tecnológico (y ningún escrúpulo) llamado Golgoth emprendió la conquista del mundo, y ahora lo tiene bajo su yugo. Sometió a los gobiernos, eliminó al superhéroe que osó confrontarlo, se quedó con todo lo que quería poseer y más. ¿Y ahora? ¿Qué onda? ¿Es feliz? ¿Se puede relajar, o tomarse vacaciones? No. Ahora es un gobernante, y tiene que estar más alerta que nunca a las intrigas palaciegas y los intentos de desestabilización que cada tanto aparecen en algún país medio perdido en el mapamundi. El guion está muy bien llevado. Lo que yo pensé que iba a ser el talón de Aquiles de Golgoth, lo que lo iba a empujar al abismo, no lo fue. El que creí que lo iba a traicionar no lo traicionó. Mezcla de Luthor y Dr. Doom, Golgoth es un personaje complejo, trágico, que sufre pérdidas enormes en su derrotero hacia una gloria que no parece disfrutar, sino más bien padecer. Waid lo rodea de un elenco de secundarios muy atractivo, con personajes atrevidos, astutos, y sobre todo corruptos, como debería ser cualquier villano que aspire a quedarse con el poder absoluto. Acá no hay dudas, nadie busca la redención, todos saben que el imperio de Golgoth se sostiene en su poderío militar, su manipulación de los medios masivos y su accionar implacable y despiadado contra cualquiera que se le subleve. Maquiavelo puro y duro, en un mundo donde alguna vez hubo superhéroes (y esperanza) y hoy hay solo desolación, autoritarismo y sordidez. La trama de Empire se parece poco a las otras obras de Waid que conozco, y amplía mi percepción de lo que el hábil guionista oriundo de Alabama puede hacer y crear en este medio. Con eso solo alcanzaría para recomendarlo, pero además es una muy buena historia, orquestada con clase, y obviamente con mala leche. El dibujo de Barry Kitson acompaña muy bien al guion. Sus diseños de ciudades, vehículos, armas y trajes son excelentes, una especie de modernización de la estética que inventó Jack Kirby cuando tuvo que vestir y equipar a los New Gods. Los dos coloristas lo complementan muy bien y en la narrativa sabemos que Kitson no tambalea nunca, es un relojito. Y nada más. La verdad que me voy contento, porque me tocaron dos librazos. Nos reencontramos pronto (espero) con nuevas reseñas, acá en el blog.

domingo, 26 de enero de 2020

ROMPI EL MALEFICIO

No, no, no me puse de novio. Simplemente encontré un rato para postear en el blog un día que no es ni lunes ni jueves. Vamos ya con las reseñas.
El Camino de América es una magnífica novela gráfica de hace exactamente 30 años, en la que el siempre alucinante Baru escribe y dibuja, con la colaboración de Jean-Marc Thévenet en el guión. Sospecho que la participación de este muchacho tendrá que ver con los diálogos, porque la novela se lee como si fuera un trabajo 100% de Baru. El libro es de 2002, de aquel tiempo mágico y glorioso en el que Astiberri todavía editaba álbumes en tapa blanda a precios accesibles. Tiene una cantidad de páginas desaprovechadas en pelotudeces que me erizó los pelos de la nuca, pero al final se reivindica con un artículo de dos páginas a cargo del notable especialista Pepe Gálvez, que repasa los primeros 20 años de carrera de Baru de manera impecable.
En cuanto a la historia en sí, Baru entreteje dos tramas muy gancheras: la del meteórico ascenso de un boxeador francés de origen argelino… justo en el momento más tenso del conflicto que va a terminar con Argelia independizada de Francia, en 1962. Hoy parece un delirio, pero no: hace menos de 60 años, Argelia (nación del norte de Africa, donde predomina la religión musulmana) era una colonia de Francia y tuvo que morir mucha gente para que esto dejara de ser así. Baru retrata todo este momento con un espesor dramático alucinante, que le juega muy, pero muy a favor a la historia de Said Boudiaf, el crack del boxeo que esquiva el compromiso político incluso mejor que los golpes de sus rivales. Hay también un intento de trama romántica, bastante data acerca del backstage del mundo del boxeo y varias emociones más, todo en apenas 45 páginas.
Y por supuesto, lo que me ganó por knockout fue el dibujo de Baru, una verdadera bestialidad. La línea, el color, la puesta en página, la expresividad de los personajes, el dinamismo de los cuerpos en movimiento, la reconstrucción de los hechos históricos, el efecto de combinar paisajes y decorados recontra-realistas con personajes mucho más sintéticos y exagerados… es increíble como Baru acierta con tanta categoría en cada decisión que toma. Recomiendo mucho esta novela gráfica, que tuve la suerte de rescatar de una mesa de saldos de una comiquería que (creo) ya no vende comics.
Me quedaba pendiente el segundo y último TPB de S.H.I.E.L.D. de Mark Waid, de nuevo con seis episodios autoconclusivos, cada uno con un dibujante distinto. Rankeados de peor a mejor, el nº12 es el más flojo. Waid se pasa de ambicioso y pretende meter en 20 páginas un argumento que requería entre 48 y 64 para tener algo así como un sentido, como una magnitud acorde a la grandilocuencia del planteo. Dibuja un apenas correcto Joe Bennett. El nº8 no está mal, pero es una aventura bastante menor, con un rol destacado para Mockingbird. El dibujo está a cargo de Paco Medina, muy sólido. El nº9 es casi una no-aventura en la que Waid mete en continuidad muy respetuosamente todos los aportes a la mitología de S.H.I.E.L.D.  realizados por el glorioso Jonathan Hickman en esa serie cuyo primer TPB vimos un lejano 13/04/12. El dibujo es del mediocre Lee Ferguson, más un par de paginitas inéditas de los próceres Jack Kirby y Jim Steranko, rescatadas milagrosamente de un archivo.
Medalla de bronce para el nº10, una aventura desopilante con mucho protagonismo para el gran Howard the Duck y excelentes dibujos de Evan “Doc” Shaner. Medalla de plata para el nº7, gran vuelta de tuerca para una de las agentes que mejor secunda a Phil Coulson en esta serie (y probablemente también en la serie de TV, que nunca vi). 20 páginas con varios giros sorprendentes y un dibujo magnífico del enorme Greg Smallwood. Y medalla de oro para el nº11, donde Waid forma equipo nada menos que con Howard Chaykin para traer de regreso al carismático Dominic Fortune, en una historia realmente exquisita. El dibujo de Chaykin está a un gran nivel, y lo único que no cierra es la edad de Fortune: si su etapa de esplendor fue en 1937, difícilmente haya nacido después de 1912. Y esta aventura es de 2015, o sea que este viejito que acá aparenta 80-85 años, en realidad tiene más de 100. No dan nunca los números. Pero fuera de esa nimiedad, el unitario es apasionante y siempre es un placer volver a ver a Dominic Fortune dibujado por Chaykin.
Y no hay más. Esta serie de S.H.I.E.L.D. se canceló en el nº12, Phil Coulson y sus muchaches volvieron a trabajar de personajes secundarios en otras colecciones y otra vez se comprobó que acercar a los personajes de comics a sus versiones de la tele (o el cine) no garantiza ningún tipo de éxito, ni siquiera de la mano de un guionista prácticamente intachable como es Mark Waid.

Nada más por hoy, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.  

lunes, 20 de enero de 2020

LUNES ASFIXIANTE

Sí, ya sé que posteando sólo los lunes y jueves no llego nunca a las 120 entradas en el año. Matemáticamente, no da ni a palos. Pero bueno, es el tiempo que estoy encontrando para escribir. Ya veremos si más adelante puedo recuperar un poco más de ritmo y tener semanas con más de dos posteos.
Empiezo en Europa, en 2006, cuando dos enormes autores argentinos radicados en el Viejo Continente lanzan la novela gráfica Tres Artistas en París, la colaboración entre Carlos Sampayo y Oscar Zárate que precede a Fly Blues (reseñada un lejano 07/07/10). Este es un gran trabajo de los maestros argentinos, repleto de sutileza, profundidad, situaciones muy verosímiles y un enfoque muy interesante sobre los “white people problems”. Al principio hay un amague de thriller, de cosa turbia o violenta, pero es un engaña-pichanga de Sampayo, quien no necesita del shock o la violencia para atraparnos con la trama. La forma en que el pianista, el artista plástico y el escritor intersectan con la periodista Chantal Fernandes compone el núcleo de la obra, que se enriquece con los flashbacks donde Sampayo expone los secretos más oscuros de estos tres prestigiosos referentes de las artes occidentales. Con esos cuatro personajes, más un puñado de secundarios, se arman 78 páginas muy atractivas, de lectura muy clásica, muy accesible, donde Sampayo logra indagar a fondo en las motivaciones y expresiones un tanto excéntricas de estos tres maestros, cada uno en su disciplina artística.
No quiero ahondar mucho en el argumento, porque la verdad es que lo más atractivo está en los vínculos, en escenas muchas veces resueltas a través de los diálogos, que conviene experimentar de primera mano, no que te las cuente cualquier gil. Le dedico unas líneas al dibujo de Zárate, siempre expresivo, generoso, desbordante de color y personalidad, muy beneficiado por la posibilidad de no dibujar nunca más de seis cuadros por página. El argentino radicado en Londres deja la vida en los climas, en los paisajes, en lo que cada personaje nos dice con su rostro y su lenguaje corporal… y no tanto en el armado de la secuencia. Casi no hay manipulación de la puesta en página para lograr efectos expresivos que potencien el relato. Pero hay unas cuantas páginas realmente muy hermosas, al nivel de lo mejor que nos diera este notable autor, injustamente poco conocido en su país. Ojalá algún día haya edición argentina para Tres Artistas en París. Sampayo y Zárate se lo re-merecen.
Entre 2014 y 2015, Marvel nos dio una cátedra de cómo fracasar teniendo todo a favor. Lanzó una serie de S.H.I.E.L.D. escrita por el maestro Mark Waid, con portadas del increíble Julián Totino Tedesco, con un rol central para el Agente Coulson (amado por millones de fans de las películas y series de TV de Marvel), y te puso en el primer número dibujos de (agarrate fuerte) Carlos Pachecho, en el segundo de Humberto Ramos, en el tercero de Alan Davis, en el cuarto de Chris Sprouse y en el quinto y sexto, dibujantes menos conocidos pero más que aceptables. Además, en una movida de encomiable valentía, le pidieron a Waid que no estire las ideas para que cada una ocupe un TPB entero, sino que arme la serie con episodios autoconclusivos, de modo que el TPB tenga seis historias completas, cada una con un tema propio y con distintos héroes y heroínas invitados de distintos rincones del Universo Marvel. ¿Qué más querés? ¿Que venga Ivana Nadal a tu casa a leértela en baby doll?
Sin embargo, a la serie le fue mal y el nº12 fue el último. ¿Cuál fue el problema? Ni idea. Lo único que tengo para aventurar es que Waid no se juega el pellejo en cada historia. Cumple dignamente, las ideas están bien, los diálogos son magníficos, se nota que conoce a la perfección a cada personaje que trae como invitado, el ritmo es siempre de palo-y-palo (porque tiene que rematar las ideas en 20 páginas) y la única vez que una historia se extiende a dos episodios (nºs 5 y 6) nos ofrece los mejores guiones de este primer TPB. Se nota la intención de que no sólo Coulson sino también los otros agentes de S.H.I.E.L.D. tengan ciertos matices, ciertos rasgos de personalidad llamativos, y por ahí eso cobra más relevancia en el segundo TPB (que está ahí, pidiendo pista). O sea que lo único que me faltó fue creerle a Waid que sus breves epopeyas van a tener alguna relevancia a futuro en la vida de los personajes, que no son apenas excusas para divertirnos durante 20 páginas con machaca a todo o nada con bonitas pinceladas de comedia. Hasta ahí no llegué, porque a las aventuras de S.H.I.E.L.D. no les alcanzó el espesor dramático para llevarme hasta ese punto. Pero sin dudas las disfruté mucho.
En cuanto a los dibujantes, me impactaron sobre todo los trabajos de Ramos, Davis y uno de los que no conocía, Paul Renaud, muy buen émulo de Terry Dodson, potenciado al infinito por una labor subyugante de Rómulo Fajardo en el color digital. Veremos con qué me encuentre cuando le entre al Vol.2.
Ya estoy en plena lectura de un nuevo librito, así que ni bien pueda, vuelvo a postear reseñas acá en el blog. Hasta entonces.

sábado, 28 de septiembre de 2019

SABADO DE CHICAS

Lindísima noche para salir a atorrantear por ahí, pero antes, las reseñas de los últimos libros que estuve leyendo en la semana.
Arranco con SHIELD´s Most Wanted, el primero de los dos libros que compilan la breve serie de Black Widow lanzada después de Secret Wars por los maestros Mark Waid y Chris Samnee. Sí, ya sé que dejé colgada en algún punto la serie de Daredevil de estos dos grossos. Prometo retomarla, en algún momento. Pero mientras tanto, tenemos este thriller violento, trepidante, casi perturbador. Un arco argumental zarpado, donde vamos a ver a Natasha matar gente a sangre fría, enfrentarse a un nuevo adversario (y a SHIELD) y revisitar episodios turbios de su pasado, de la época en la que el régimen stalinista de la ex-URSS la convirtió en la agente secreta más letal sobre la faz de la Tierra.
Esto está muy bien, el dibujo de Samnee es excelente, me dejó con muchísimas ganas de leer el Vol.2 (se viene pronto), pero también con algunas cosas para cuestionarme. Primero, ¿este Waid es el mismo de siempre? No parece. Acá no hay un sólo paso de comedia, hay oscuridad y sangre a raudales, los otros personajes de Marvel aparecen en roles prácticamente intrascendentes, en 120 páginas nos cuenta lo que se podría haber contado sin ningún problema en una graphic novel de 64… Todas cosas con las que uno no asocia ni ahí al guionista. Repito: no está mal, está bárbaro. Pero parece mucho más… Greg Rucka que Mark Waid.
Y segundo, algo que recién mencioné al pasar, que es la brutal descompresión del ritmo del relato. Me imagino a alguien leyendo esto de a 20 paginitas por mes y le quiero ir a dar un abrazo y ofrecerle mi hombro para que llore. Esta vez el truquito para estirar no son los diálogos, sino las extensas secuencias mudas, en las que sólo vemos acción al recontra-palo, muy bien llevada a la página por un Samnee que deja la vida. O sea que lo que perdemos en sustancia a nivel guión, lo ganamos en intensidad y despliegue visual. Cierra bastante, aunque yo prefería la graphic novel de 64 páginas. Si sos fan de Waid, de Samnee, o de Natasha, dudo que esta serie te defraude. Veremos qué onda el segundo tomo.
Me cuesta explicar lo bien que la pasé leyendo Intensa, la nueva novela gráfica de Sole Otero. Si una comedia de alto voltaje erótico te hace reir y te produce algún zumbido en la entrepierna, como que ya está, ya tiene el aplauso asegurado. Intensa fue mucho más allá: Sí, me cagué de risa y sí, me amotinó la carne (como diría el Más Grande), pero además me hizo pensar sobre las relaciones de pareja desde una óptica muy ingeniosa, y al final me tiró la fatality cuando Sole remata con un giro brillante la trama de ciencia-ficción, que hasta ahí parecía más bien una excusa para que pasaran las cosas disparatadas que pasan a lo largo de estas 174 páginas.
Intensa tiene una premisa hiper-ganchera, diálogos geniales, garches muuuuy explícitos, de esos que no veíamos desde la época en que leíamos (con una sola mano) la Kiss Comix, una mirada irónica sobre la vida de los porteños mitad intelectuales/mitad chetos que pululan por Palermo, sutiles guiños a los que leemos literatura argentina contemporánea, y sobre todo ese enfoque que se disfraza de didáctico pero en realidad es humorístico, con el que Otero analiza a fondo las complejas sutilezas y las grotescas obviedades de los vínculos afectivos, el amor, la pareja, la seducción, el deseo, el tira y afloje entre personas que casi siempre se atraen pero rara vez se entienden. Sin spoilear nada del argumento (porque quiero que todos la lean), Intensa me llevó de las situaciones cotidianas de birras y mensajitos de whatsapp hasta la limadura cósmica de razas alienígenas en guerra, de la mano de un humor muy eficaz, de alto vuelo. ¿Me gustó más que Poncho Fue? Muchísimo más. Poncho recontra-fue.
El dibujo y el color están al mismo y excelente nivel de las otras obras recientes de Sole, con el agregado de que la vemos dibujar cosas que nunca antes había dibujado. El problema que tengo con la faz visual del libro excede por completo a Sole y abarca a un montón de autores y autoras actuales: ¿qué es esa pelotudez de no dibujar las calles entre las viñetas, la reputa madre que los parió? ¿Por qué creen que la página va a quedar mejor si apoyan una viñeta sobre la otra, sin dejar espacio entre ellas? Visualmente no aporta NADA y a nivel narrativo agrega una complicación totalmente innecesaria. Una historieta sin las calles (o zanjas) es como un cuento o una novela sin puntos ni comas. Si te esforzás, por ahí lo entendés igual, pero eso te distrae de lo importante, que es seguir el hilo de la historia. No entiendo, realmente, de dónde viene este capricho absurdo de omitir las zanjas. ¿Cómo los editores no les paran el carro a los autores que vienen con las páginas sin zanjas? ¿No se dan cuenta lo choto que es leer historietas así?
Dentro de todo, en Intensa no se sufre taaaanto este desacierto. No fueron tantas las veces en las que me colgué inspeccionando los dibujos, en busca de esa frontera esquiva entre una viñeta y la siguiente. Tiene que ver con una buena planificación de las secuencias por parte de la autora. Pero me imagino esto con las zanjas y –sin dudas- sería infinitamente más lindo de leer.

Bueno, nada más. Aguante Black Widow, aguante Sole Otero y a la hoguera las historietas sin zanjas entre las viñetas. Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

jueves, 4 de enero de 2018

JUEVES DE RECONTRACALOR

Menos mal que corre un vientito, porque si no, esto sería el Averno mismo. Vamos con unas reseñitas más, a ver hasta dónde llegamos…
Este librito editado en 2017 por Fog of War reúne las (no muchas) páginas de Crazy Jack realizadas por el maestro Rubén Meriggi en los primeros años de este milenio. Básicamente, son dos historietas: una de 32 páginas y una de 14. La primera historieta es de 2001, y debe ser la primera aparición de un personaje de Columba luego del cierre de la legendaria editorial. Acá tenemos unos bloques de texto muy logrados, un aporte del inmenso Eduardo Mazzitelli a la saga de Crazy Jack. Y además Meriggi dibuja en su estilo más lindo, más cercano a lo que hacía a principios de los ´90 en la Skorpio (que, para mi gusto, es lo mejor de su extensa trayectoria). Por supuesto que sus trabajos para Skorpio tenían más cuadros por página y una narrativa mucho más tradicional. Pero bueno, acá lo que me deja un sabor amargo no es un problema en el armado del relato gráfico, sino a nivel argumental. Ese es el punto débil de esta aventura del gigante de cabellos blancos: el conflicto, el villano, cómo está planteado y cómo se resuelve. Por suerte, entre los textos de Mazzitelli y los dibujos de Meriggi te la adornan bastante bien, como para que te enganches con la historia (o al menos lo intentes), aunque a la larga defraude bastante.
La segunda historia, en cambio, está escrita por Manuel Morini (o Gustavo Amézaga, como más te guste), co-creador del personaje junto a Meriggi. Esta vez no tenemos la prosa florida y certera de Mazzitelli, y el trazo de Meriggi se hace grueso, rudimentario, casi granguiñolesco. O sea que no hay con qué disfrazar un argumento realmente fallido… que si duraba unas cuantas páginas más quizás podría haber desarrollado un elemento no muy original pero bastante interesante (el cristal alucinógeno). Si te gusta el Meriggi más brutal, más Jack Kirby, puede ser que te cope. A mí, que me gusta el Meriggi más sutil, ese que coqueteaba con Moebius y Joe Kubert, esta segunda historieta no me convenció para nada. Creo que tengo otra aventura de Crazy Jack en una antología que me regalaron hace poco, así que en algún momento revisitaremos a este violento héroe del futuro.
Sexto recopilatorio del Daredevil de Mark Waid (el Vol.5 lo vimos un lejano 08/09/15) y esta vez me cagaron como de arriba de un puente. El TPB trae apenas TRES episodios de Daredevil, y el resto me lo rellenan con los dos episodios de Hulk en los que DD está como invitado… que los leí hace poquito, el 20/12/17. Hijos de puta, para leer comics de Hulk compro los TPBs de Hulk. Lo que le pasa a Daredevil en esos numeritos no es ni en pedo tan relevante como para incluirlos TAMBIEN en un TPB de Daredevil.
Por suerte los otros tres episodios son excelentes. En los dos primeros, Waid tira un pase mágico y saca de la galera a un personaje que tiene un rol minúsculo en el origen de Daredevil, pero al que ahora el demiurgo le pega una vuelta de tuerca interesantísima y lo convierte en un personaje que –sin ser exactamente un villano- le complica lindo la vida a nuestro abogado ciego favorito. Este arquito, además, cuenta con magníficos dibujos del siempre infra-valorado Javier Rodríguez. Y el otro episodio es apenas simpático, una excusa medio limada para que aparezca el Silver Surfer en New York e interactúe un toque con Daredevil después de las tres o cuatro patadas y piñas de rigor. Esto está dibujado por Chris Samnee, así que ´nuff said. Samnee garpa SIEMPRE.
Y también me bajé el Vol.3 de Aula a la Deriva, el clásico de principios de los ´70 del sensei Kazuo Umezu. Nada, ya sólo me queda cagarme de risa de las bizarreadas cada vez más extremas a las que recurre el autor para mantener siempre arriba la tensión. En este tomo no hay secuencias en las que se filtre un toquecito de comedia, no hay ni un leve subtexto que nos invite a reflexionar acerca de nada, es puro kilombo, de principio a fin. La violencia es cada vez más extrema, al punto de que ya causa gracia. El dibujo es un poquito desparejo pero muy digno, y el punto más alto sigue siendo el mismo de los tomos anteriores: el manejo apabullante de la narrativa, el armado de las secuencias y el control molecular del ritmo del relato. Umezu orquesta todas estas piruetas narrativas en función de poner nervioso al lector, de mantenerlo en estado de alerta permanente, de que no se relaje nunca, porque los chicos que protagonizan este manga no salen de una y ya están metidos hasta el cuello en otra.
El último tramo, el de la mamá de Sho en el “mundo real”, está tan exagerado, tan pasado de rosca, que si quedaba un ápice de verosímil de termina de desvanecer. Encima la edición española termina en cualquier lado, en una página que (me juego las bolas) en la edición ponja no marcaba el final de un capítulo y mucho menos de un tomo recopilatorio. Me queda sin leer el Vol.4, y después habrá que tomar la dura decisión de salir o no en busca de los Vol.5 y 6 para tener la saga completa.
Y no hay más. Volvemos en cualquier momento con nuevas reseñas. ¡Hasta pronto!

miércoles, 20 de diciembre de 2017

RESEÑAS DE MIERCOLES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros más que tengo leídos.
Entre 2010 y 2011 el maestro Oscar Grillo (argentino radicado hace muchísimos años en Inglaterra) adaptó al comic El Poeta Asesinado, de Guillaume Apollinaire y lo convirtió en una novela gráfica de unas 140 páginas que se editó en Francia, en el Reino Unido y este año en nuestro país.
Esto es un delirio absoluto. Apollinaire era un genio, o estaba loco, o las dos cosas. En esta obra (que data de 1916) se propuso –digo yo, no me consta- ridiculizar al ámbito artístico e intelectual parisino. Por su páginas desfilan dramaturgos, poetas, pintores y críticos de arte y –con la excepción de Pablo Picasso- ninguno sale bien parado. El tono de la obra es claramente farsesco, por momentos desopilante, como si fuera un sketch de Cha-Cha-Cha. Pero el nivel de la sátira y el hecho de que el dibujo de Grillo ofrezca resemblanzas entre los personajes de la historieta y personajes de la realidad, le agrega un filo más cercano al de las parodias de MAD.
Grillo conserva pasajes del texto en los que Apollinaire en vez de narrar baja línea, o ironiza acerca de cómo se escriben las obras de teatro exitosas, o cómo las mujeres de esa época se vinculaban con el fenómeno naciente de la moda. Acá, ya más que MAD parece Tía Vicenta. Esas interrupciones en el relato hacen mucho ruido, al igual que algunos volantazos muy extremos de la trama y algunas viñetas en las que los personajes se mandan extensos soliloquios, contenidos en globos o bloques de texto enormes, que le disputan el protagonismo a los dibujos de Grillo.
Y ahí está la pulenta. Visualmente esto es una exquisitez, un lujo por donde se lo mire. Grillo trabajó muchos años en el campo de la animación y se le nota el trazo suelto, hiper-plástico, hiper-expresivo, una especie de Carlos Nine más contenido, más concentrado en que (como en la animación) los personajes se vean idénticos de una viñeta a otra. ¿Te gusta Juan Sáenz Valiente? Bueno, mirá a Grillo y vas a ver de dónde aprende Juan. Como Grillo también es un genio, está loco, o las dos cosas, prueba variantes en la línea, no dibuja siempre igual. A veces es más sutil, a veces más grotesco. Así como en un momento me recordó a Nine, en otros me recordó a Kyle Baker, en otros a Landrú, en otros a los dibujos animados de Mr. Magoo… Un kilombo alucinante, digno de un elemental del lápiz, de esos dibujantes absolutos como Oscar Grillo.
Hora de entrarle al Vol.2 de Indestructible Hulk y recomiendo repasar la reseña del Vol.1, aparecida un ya lejano 26/06/15. Es un tomo medio ladri, porque te recopila cinco episodios de la serie y 22 páginas de bocetos. Dejame de joder, no necesito 22 páginas de bocetos. Poneme un episodio más, o publicá el libro con menos páginas y cobrámelo más barato.
Okey, los bocetos son de Walt Simonson y Mateo Scalera, a quienes vimos dejar la vida en las historietas del tomo. Scalera más sintético, más pendiente de la magia que le ponen encima los coloristas, sólido pero lejos de las maravillas que le vimos en Black Science. Y Simonson, al revés. Comprometidísimo, decidido a no dejar ni el menor detalle librado al azar, con un montón de viñetas y unas cuantas páginas perfectas, al nivel de sus mejores trabajos. Digo “al revés” no porque Simonson sea bueno y Scalera malo, sino porque en las páginas de Simonson, los coloristas se tienen que esforzar para aportar algo que el dibujo no haya aportado… y se les complica, porque Simonson pone todo. Los climas, la épica, los truquitos narrativos, los estallidos de líneas cinéticas… Una aplanadora.
¿Y qué onda los guiones? Los tres numeritos con Thor en Jotunheim están estiradísimos y son una mera excusa para que Simonson vuelva a dibujar al personaje con el que se consagró. Pero un habilidoso del guión como Mark Waid nunca retacea momentos interesantes, ya sea en algún diálogo ingenioso o en algún giro imprevisto para algún personaje secundario. Y los dos episodios con Daredevil le sirven a Waid para explorar la relación entre los dos personajes que tenía en ese momento a su cargo, unidos en una aventura argumentalmente muy menor, donde el conflicto es –de nuevo- una excusa chiquita y casi boluda para ver a Hulk y Daredevil luchando juntos. Evidentemente, el atractivo no pasa por la pelea con los villanos, sino por la interacción entre los buenos. Creo que tengo un tomo más de Indestructible Hulk, pero no me acuerdo si es el Vol.3 o el Vol.4. La verdad que si me falta el 3, en una de esas sigo adelante y eventualemente la completaré. Tampoco me quita el sueño. De hecho, lo que vendría a ser el Vol.5 ya lo leí (ver reseña del 26/05/16).
Y hasta acá llegamos. Tengo más libros leídos, así que vuelvo pronto con más reseñas. ¡Nos vemos!

martes, 8 de septiembre de 2015

08/ 09: DAREDEVIL Vol.5

Retomo otra serie que tenía muy abandonada (desde el 13/05/14) y me encuentro con un tomo que levanta mucho la puntería respecto del anterior.
Arrancamos con un unitario lindísimo en el que Mark Waid hace interactuar a Daredevil con el Spider-Man que no es Peter Parker, sino el Dr. Octopus usurpando su cuerpo para jugar al héroe. Y lo mejor es que no es unitario 100% descolgado de la trama principal, sino que antes y después de la aventura con Dock Ock el guionista hace avanzar los subplots y filtra un par de esas escenas más tranqui con las que cada vez le da más sustancia al personaje de Matt Murdock.
Y después sí, arranca un arco argumental bien power, con un villano sorpresa que no es muy difícil de deducir, pero que está muy bien presentado. Esta saga es tensa, oscura, espesa, traumática… se parece bastante a lo que Waid dijo que NO quería hacer en esta serie… y sin embargo está muy buena. Sobre todo porque al contarla en tantos episodios, a Waid le queda espacio para seguir laburando mucho el subplot de la enfermedad de Foggy y hasta para mechar exquisitos flashbacks a la época en la que Matt se entrenaba a las órdenes de Stick. O sea que, además de la machaca (vibrante, por momentos casi épica) hay bastante más contenido.
Para el final, como cereza del postre, una historia cortita, apenas 8 páginas, de Foggy en el hospital. Los nenes con cáncer están esperando la visita de Iron Man y mientras tanto, el abogado mira las historietas que inventan los chicos, dibujadas con crayones y marcadores, pero fieles al estilo clásico de Marvel. Esto, que podría ser un golpe bajo de cuarta, termina por ser una historieta centrada en la esperanza y en la imaginación, pero sobre todo en la inteligencia y el coraje de los chicos. Un gran acierto de Waid. Uno de tantos, bah…
Esta vez tenemos un sólo dibujante para todo el tomo y es el cada vez más grosso Chris Samnee, de quien ya hablamos bastante en las reseñas anteriores. Con su extraña mezcla entre David Mazzucchelli y Ty Templeton y su excelente manejo del claroscuro, Samnee entró holgadamente al Olimpo de los dibujantes de Daredevil… y estamos hablando de una serie que tuvo eximios dibujantes. A todos los lujos que ya nos había ofrecido Samnee, esta vez suma uno muy ingenioso: las escenas de flashbacks con Stick están entintadas con otra técnica, más parecida a la que usaba Al Williamson para entintar a John Romita Jr.. La idea es transmitir una sensación que nos remita a Man Without Fear y está muy bien, es un hermoso tributo a la inolvidable saga de Frank Miller y JRJr.
Y no tengo más tomos de Daredevil sin leer… de los de la etapa de Waid. Pero pronto se vienen reseñas de otras aventuras del Cuernitos, con otros autores, acá en el blog. Y obvio que intentaré ponerme al día lo antes posible con los TPBs que me faltan para completar todo lo de Waid y Samnee, que si bancan esta calidad hasta el final, tienen todo para convertirse en una dupla fundamental en la larga historia de este carismático personaje.

viernes, 26 de junio de 2015

26/ 06: INDESTRUCTIBLE HULK Vol.1

La rosca es así: Hulk no es más una bomba, ahora es un cañón. Cuando Bruce Banner se descontrola, en vez de dejar que rompa cosas al azar en algún desierto de mierda, SHIELD lo “apunta” contra algún criminal, o algún sospechoso, como si fuera un arma de destrucción masiva. Hulk machaca villanos, les rompe las armas y las bases secretas y todos felices. A cambio, SHIELD le da a Banner laboratorios, presupuesto y asistentes para que el científico se concentre en desarrollar inventos tecnológicos que puedan ayudar a la Humanidad. No sé para cuántos episodios da este planteo, pero me queda claro que sirve para lograr dos equilibrios importantes: uno, entre Hulk y Banner, para que los dos tengan mucho peso en las historias; y el otro entre las escenas de pelea y destrucción y las escenas más tranquilas, más introspectivas. Todo esto apoyado en el enorme oficio del maestro Mark Waid, un especialista en esto de imaginar historias en las que se aprecia ese sutil balance entre la epopeya y las situaciones que se resuelven hablando, siempre con diálogos de una precisión y un ingenio asombrosos.
Como suele suceder, los primeros dos o tres episodios, en los que el guionista se dedica a explicar y explorar el nuevo status quo, son esos en los que uno siente que la machaca está al pedo, que no aporta nada. Uno quiere ver más de lo otro: la negociación de Banner con Maria Hill, la presentación de los personajes que lo van a secundar, etc. El segundo episodio, por ejemplo, tiene como gancho central un interesantísimo contrapunto entre Banner y Tony Stark… interrumpido por la infaltable (e intrascedente) pelea entre Hulk y Iron Man. Realmente, no hacía falta.
Lo más interesante llega en los dos últimos episodios, paradójicamente cuando Waid se juega a romper el equilibrio: Banner y su equipo científico aparecen en las ocho primeras páginas y después se viene una verdadera guerra a todo o nada contra Attuma, con poco margen para la sutileza. Ojo, Banner se luce en muchas de estas secuencias subacuáticas, pero la trama agarra para otro lado, se desmarca un poco de las misiones encomendadas por SHIELD en los primeros números. El plan de Attuma es tremendamente maligno, a tal punto que quizás daba para dejarlo avanzar un poco más y generar una crisis a escala global, que se pudiera explorar en varios títulos de Marvel. Igual banco la decisión de no dejarse llevar por la grandilocuencia y resolverlo en dos numeritos de esta serie. Acá hay machaca electrizante, personajes secundarios muy atractivos y la posibilidad de ver al Hulk cabeza frente a frente con amenazas realmente cercanas a su nivel de poder.
El dibujo está a cargo de Leinil Francis Yu, complementado con las tintas de Gerry Alanguilan y los colores de Sunny Gho. Me gustó mucho. Al igual que Waid, el filipino logra equilibrar muy bien las escenas tranqui con los estallidos de piñas, tiros y kilombo. Se luce indistintamente en los dos tipos de escenas, escatima pocos fondos, le pone mucha fuerza (y cierta sofisticación europea) a las expresiones faciales, deja la vida cuando tiene que dibujar androides, armaduras, naves y esas cosas llenas de detallecitos tecnológicos… quizás lo que menos me cierra es que dibuja a todas las minas MUY tetonas. El resto está muy bien, a veces un poco sobrecargado de información, pero no tanto como para entorpecer el fluir del relato. Obviamente estos cinco episodios son todos los que dibujó Yu en esta colección, y si me compro el Vol.2 no lo voy a ver ni en figuritas. Pero bueno, así funciona este vicio de relanzar permanentemente las series cada vez que se juntan (aunque sea 20 minutos) dos artistas taquilleros.
Ah, otro tema polémico: a este TPB el precio se lo puso el enemigo. 20 dólares por cinco episodios es un delirio. Y si me decís que trae 30 páginas de extras (básicamente variant covers y bocetos de Yu) te digo “metételas en el orto, yo quiero leer historietas”. Editen sólo las 100 páginas de historieta y cóbrenme el TPB –mínimo- cinco dólares menos. El Vol.2 trae los episodios con Thor que dibuja Walt Simonson y los que son team-up con Daredevil (dibujados por Mateo Scalera), así que ni bien lo vea a un precio razonable se viene para acá. Lo posterior me huele medio a verdura en mal estado, infectada de tie-ins con sagas chotas…

martes, 10 de febrero de 2015

10/ 02: KA-ZAR Vol.2

Segundo y último recopilatorio de esta breve serie que apareció allá por 1997-98, cuando Marvel tenía que tapar de alguna manera el bache dejado por los títulos clásicos que habían sido rebooteados por la infausta movida de Heroes Reborn. Esta tenía un atractivo innegable, que era ver todos los meses a Mark Waid y Andy Kubert, dos autores de esos que mueven muchos fans cada vez que se pasan de un título a otro, y bueno, Ka-Zar (eterno tercerón) resultó beneficiado por la movida.
El Vol.2 empieza con un Annual que funciona como prólogo al primer episodio de la serie, como una especia de número 0. No tiene mucha sorpresa, porque ya sabés hacia dónde se dirigen todos los personajes, pero tampoco es un embole ilegible. Tiene el atractivo de ser uno de los primeros trabajos profesionales de Brian K. Vaughan, así que si sos muy fan del pelado, te lo recomiendo. El dibujante es Walter McDaniel, un obrero del lápiz apenas correcto, que no suma ni resta.
Sorteado este escollo, volvemos a la saga central, en la que nuestro pseudo-Tarzan favorito se va a enfrentar nada menos que a… Thanos. No, de verdad. Ka-Zar contra Thanos, en serio. Es algo así como los suplentes de Excursionistas contra la selección alemana, a ese (des) nivel de poder. Un verdadero despropósito que se extiende a lo largo de cuatro episodios y que no se sostiene en ningún momento.
Lo bueno es lo que obtiene Waid mediante el recurso de meter a Thanos en esta ecuación, en la que a priori no tiene un carajo que ver. Por un lado, pergeña una excusa casi lógica para convertir a la ciudad de New York en una jungla tipo Savage Land, con animales prehistóricos y todo. Eso es fumanchero, pero también original, divertido y dispara buenas imágenes y buenas situaciones de peligro. Por el otro lado, el combate con Thanos le sirve al guionista para llevar a Ka-Zar y Shanna de vuelta a la Savage Land y cambiarle brutalmente el status quo, porque el poder que maneja el titán loco permite eso y mucho más. Y ahí es donde la serie se pone realmente interesante.
Esos últimos tres episodios, sin Thanos, sin Parnival Plunder, con Shanna recontra-papuseada con los poderes del terraformador y con el High Evolutionary metido en la rosca son lo mejor que recuerdo haber leído de Ka-Zar. Acá prácticamente no hay acción: Waid le juega todas las fichas al dilema moral que quiebra por su punto más vulnerable (tipo Karnak) a la familia de Ka-Zar y Shanna y acierta con la jerarquía de los grandes. Recién sobre el final, la tensión que genera esta encrucijada de humanos jugando a ser dioses desemboca en una especie de “batalla” contra el High Evolutionary que sólo se puede resolver si se resuelven otros conflictos más íntimos, más reales. Muy lindo, de verdad.
A lo largo de todos estos episodios, Waid condimenta las tramas con muy buenos diálogos, repletos de frescura, chispa, referencias ingeniosas a la cultura pop, y cuando le deja a Ka-Zar narrar la historia en primera persona, pela bloques de texto muy auténticos, muy genuinos, como esos que le habilitaba a Wally West, en los que parecía conocerlo casi como si fuera su alter ego.
Además del Annual, hay dos episodios que no dibuja Andy Kubert, que son los dos primeros de la trilogía del High Evolutionary: uno cae en manos del mediocre Louis Small y el otro le toca al correcto Aaron Lopresti, al que suele faltarle onda pero no nociones básicas de dibujo o narrativa. Y después tenemos más de 120 páginas del hijo mayor del Viejo Joe, bastante mejor que en el tomo anterior. Acá hay pochoclo, hay estridencia, pero me hizo acordar más a los primeros trabajos de Andy (Adam Strange, por ejemplo) que a las atrocidades anatómicas de Marc Silvestri. El último episodio de la serie (el único de la trilogía del High Evolutionary que dibuja Andy) tiene momentos brillantes, quizás con menos laburo en los fondos, pero con un combate aéreo electrizante, con magistrales homenajes al inolvidable Enemy Ace de Papá Joe. Además, como en la historia son fundamentales los sentimientos, Andy se pone las pilas con las expresiones faciales y logra resultados muy satisfactorios. Está claro que muchos de los volantazos que pega el argumento fueron ideados por Waid para que aparecieran las cosas, las locaciones y los personajes que Kubert tenía ganas de dibujar. Quizás por eso se pueda disfrutar tanto del laburo de Andy, que transmite una pasión que no transmitía ni a palos en X-Men.
Ni bien termina Ka-Zar, el dibujante se pasará a Captain America (que ya había sido relanzada por Waid y Ron Garney), y la dupla seguirá por el buen camino. Y a mí mucho no me copa que los TPBs tengan avisos, pero gracias a un aviso de este libro, me acabo de enterar de que hay una saga de Ka-Zar realizada por Paul Jenkins y Pascal Alixe. La anoto en mi want list, de una.