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domingo, 3 de noviembre de 2024
DOS DE DOMINGO
Como broche de oro para un lindo fin de semana, salen con fritas las reseñas de los últimos libritos que leí.
El Vol.3 de Moon Girl and Devil Dinosaur continúa la línea de los anteriores, por eso lo disfruté mucho. El dibujo de Natacha está en un nivel exquisito, ideal para un comic apuntado a un segmento infanto-juvenil, que se supone que puede ser la puerta de entrada al Universo Marvel para chicos y chicas que recién se inician en la lectura de comics de superhéroes. Y lo que más me sorprendió es que en el número que no dibuja Bustos, entra un suplente que la descose. Un tal Ray Anthony Height, a quien no conocía, pero me impactó con su trazo fluído, potente, con un equilibrio logradísimo a la hora de ponerle volumen y peso gráfico a las líneas y las masas negras, enfoques copados, personajes muy expresivos... Muy capo.
En este tercer tomo, los guionistas Amy Reeder y Brandon Montclare cierran dos puntas que venían de los tomos anteriores: por un lado, terminan de consolidar la inserción de Lunella Lafayette en el Universo Marvel y de explicar cuál va a ser su rol de acá en más en una comunidad superheroica que no está muy acostumbrada a integrar a nenas de nueve años a sus filas. Por otro lado (y esto es seguramente más relevante) se terminan de aclarar los poderes de Lunella y su conexión con Devil Dinosaur. Si esto fuera una serie de TV, acá terminaría la primera temporada, porque hay un cierre consistente para los "misterios" que impulsaron las tramas hasta este punto.
Y aprovecho para tirar una idea que se aplica a este comic y a muchos otros. En esto de querer insertar a un personaje nuevo en un panteón superheroico que existe hace décadas, lo que realmente define es la mirada de afuera. ¿Qué quiero decir con esto? Que yo guionista de Moon Girl, en la revista de Moon Girl puedo hacer aparecer como invitados a todos los personajes grossos de Marvel, que todos la quieran, la aplaudan y la reconozcan como la superheroína más inteligente y más grandiosa de todos los tiempos. Si quiero puedo hacer que le gane ella sola al Dr. Doom, a Thanos, al que se me dé la gana. Pero eso no es lo que realmente define el status de Moon Girl en el Universo Marvel. Lo que define es lo que hagan con el personaje los guionistas de las otras series. Que la tengan en cuenta para hacerla aparecer como invitada de otros personajes, que le den roles relevantes en las sagas grandilocuentes en las que se involucra a todo el universo, que algo de lo que pasa en la serie de Moon Girl repercuta en otra revista, escrita por otros autores. Ahí es donde se realmente se concreta la integración de un nuevo personaje al universo, porque lo que vos hacés en tu propio título puede ser fácilmente ninguneado por todos los demás guionistas. Pero las apariciones en otras series, no. Sobre todo si son muchas y en roles importantes.
Nada, eso solo. Hay mucho más Moon Girl and Devil Dinosaur, por suerte la serie duró varios años, pero yo creo que llego hasta acá. No tengo los tomos posteriores, y los compraría solo cuando los vea muy baratos. Con lo que leí hasta ahora, estoy muy, muy conforme. Y me alcanza para recomendarle la serie a cualquier fan de Marvel, o del buen comic infanto-juvenil.
Y tengo otro Vol.3, en este caso de Gorgona, la antología producida en Colombia, que sigue creciendo y esta vez cruza el umbral de las 100 páginas. Una vez más, lo que prima en cuanto a contenidos son breves historias autoconclusivas, casi todas de cuatro páginas, escritas por Rodrigo Lucio. Hay una sola historieta en la que no participa el ubicuo guionista, un aporte muy competente de Mateo Ramírez y Gusanillo. Después hay mucho Rodrigo Lucio, con una amplia gama de dibujantes. de los cuales el único que dibuja más de una historieta es el talentoso entrerriano Carlos Dearmas, quien se destaca muy por encima del resto de los dibujantes que participan de la antología.
Lo cual no significa que no haya otros buenos dibujantes. Me encantó el trabajo de Zauros, un destello de imaginación y una cátedra de aplicación de tramas mecánicas. También vi buenos momentos en los aportes de Andrea Lucio, el impactante Hellokuso, Andy Mahler, Eri Kamaron y dos dibujantes que están para jugar en Primera: Adrián Castilla y Daniela Martín del Campo. Por supuesto que cuatro páginas son muy pocas para colgarle la chapa de crack a un dibujante, pero es lo que nos ofrece Gorgona: mucha variedad y poca cantidad de cada uno de los artistas involucrados.
De nuevo, me encuentro con que los guiones de Lucio son rarísimos. Muchos de ellos me sorprendieron por lo elevado de los conceptos, o por el vuelo poético de la prosa, o por un cierto tono filosófico. Pero lo que más me asombra es que la gran mayoría prescinde por completo del conflicto. Una cosa es plantear un conflicto y no llegar a desarrollarlo o a resolverlo del todo -porque tenés cuatro fuckin´páginas que no alcanzan para nada- pero Lucio va más allá y propone historietas (en algunos casos muy interesantes) sin siquiera presentar un conflicto. Reproduzco a continuación el texto que Lucio escribe y Daniela Martín del Campo reparte entre las dos primeras páginas de la historieta "Nubes Oscilantes":
Ahora lo entiendo. Recuerdo escucharte decir "el cielo es una inmensa fotografía de la gran explosión". Lo sé. Todo se mueve. Todo está estallando. Pero no podemos verlo. Todas las vidas, todas las civilizaciones, nos ofrecen solo una pequeña ventana hacia la eternidad. Somos demasiado efímeros, demasiado mortales. Solo nos llegan pequeñas señales de luz. Un mapa de huellas. De los caminos que tomaron la energía y la materia desde el primer momento. Incendios inimaginables. Nubes hechas de metal. El universo entero en llamas viajando a toda velocidad. Mutando segundo a segundo por milenios. Para luego enfriarse lentamente por siempre. Creando estrellas y galaxias y agujeros negros. Fugaces ilusiones de estabilidad en medio del caos celestial.
Está buenísimo. Es obvio que el tipo escribe muy bien, pero... ¿cómo dibujás esto? ¿Cómo lo plasmás en un relato gráfico? ¿Cómo generás en el lector una intriga, algo que lo atrape, que lo seduzca? Es muy raro. Y así son muchas de las historietas que Lucio escribe para Gorgona. Cuando logra que sus textos inspiren a los dibujantes y saquen lo mejor de ellos mismos, la falta de conflictos y las elevadas pretensiones se hacen más que tolerables. Pero a veces eso no sucede y te queda algo narrativamente etéreo y gráficamente frustrante. Por eso me parece raro que, número a número de la antología, Lucio insista con esta tesitura (sería injusto llamarlo "fórmula", porque acá hay más experimentación que repetición). Aún así, creo que entre los tres números de Gorgona que leí, hay unas nueve o diez historietas de Lucio muy notables, que se bancarían tranquilamente una recopilación en libro que funcione como una especie de "Greatest Hits" del guionista colombiano, que le sirva para darse a conocer (junto con los mejores dibujantes de la antología) en el resto del habla hispana.
Me fui al carajo. Perdón por la extensión de los textos y será hasta la próxima.
domingo, 27 de octubre de 2024
DOMINGO DELIRANTE
Por su imponente tamaño y sus más de 380 páginas, en algún momento me dio la sensación de que el Vol.1 de Don Pascual ameritaba una reseña para él solo, una reseña "de las de antes". Después preferí ponerme el desafío de decir todo lo que tengo ganas de decir sobre este libro en menos palabras, y complementar con la reseña de otro librito que leí hace poco. A ver si sale.
Este primer tomo nos ofrece todas las historietas realizadas por el legendario Roberto Battaglia en los primeros 593 números del semanario Patoruzito, una bestialidad de material publicado a lo largo de 12 años (1945-1957) que, leído así, todo junto, tiene un sabor distinto al de la lectura serializada. El libro nos permite ver cómo la tira cambia constantemente, no solo de nombre, sino también de extensión (al principio son tres tiras, en un momento baja a dos, después sube a cuatro y ya desde 1954 tenemos cada semana una página completa) e incluso de registro gráfico, ya que el estilo de dibujo de Battaglia se transforma bastante a lo largo de este período, sobre todo en los primeros ocho o nueve años.
Y al mismo tiempo, la edición en libro, la posibilidad de leer todo junto (no el mismo día, lógicamente) el material publicado a lo largo de tanto tiempo, le roba a la tira el factor sorpresa. Battaglia entendía perfectamente los códigos de la serialización. El cliffhanger, los volantazos bizarros, el regreso periódico de los personajes recurrentes que pegaban entre el público, la retirada gradual de los que no despertaban ese mismo interés... incluso en el vértigo de la entrega semanal, se oculta la profunda ilógica de las aventuras de Don Pascual, que no resisten el menor análisis en términos de verosímil. Claro, tampoco están presentadas como una narración realista. Por el contrario, el autor enfatiza siempre el humor, el gag, el delirio. Esta es una tira más delirante que las otras que me vienen a la mente cuando pienso en combinaciones entre aventura y humor. Y eso la hace mucho más graciosa en las secuencias 100% cómicas (las que transcurren puertas adentro en el almacén, o en sus inmediaciones) y más absurda en las secuencias más aventureras, esas en las que los personajes luchan contra villanos malignos, fieras salvajes o alienígenas.
De esos tramos más jugados a la aventura, rescato principalmente el ritmo que le imprime Battaglia a las historias. Y el resto lo disfruté más, porque hay diálogos brillantes, el costumbrismo está muy bien logrado, los personajes secundarios son (en su mayoría) fascinantes y los enredos que urde Battaglia, si bien no son todos hiper-originales, son siempre efectivos en términos de comedia. El último tramo del libro me parece el más interesante, porque cuando suma dos tiras más por semana, la serie sigue contando más o menos la misma cantidad de cosas en cada entrega, pero mejor "desparramadas" en el espacio. La cantidad de viñetas sigue siendo la misma: (aproximadamente) 11 ó 12, ahora más grandes y más cuidadas. Si en las primeras se nota un relto sobrecargado, abigarrado, casi barroco, en las últimas Battaglia se relaja un poco y se permite a sí mismo adoptar un ritmo un poquito más descomprimido, en el que cada momento tiene un poquito más de fuerza, y en el que el dibujo (que mejoró notablemente a lo largo de los años) se luce y se disfruta mucho más.
A lo largo de los milenios en los que esta historieta no se conseguía ni a palos y pertenecía al terreno de la mitología (me acuerdo que mi viejo siempre la recordaba como de las mejores que había leído en su infancia), leímos bastante SOBRE Don Pascual, y muchos flasheamos que era la Gran Gema Perdida de la historieta argentina. Ahora que la pude leer, no me pareció excelente (por lo menos esta primera parte), pero le encuentro un montón de cosas muy geniales y muy alucinantes, sobre todo si pensamos que es una historieta para chicos realizada entre 1945 y 1957. Tengo en el pilón de los pendientes el Vol.2, al que eventualmente reseñaré en este espacio.
Un ya lejano 11/07/19, me tocó leer el Vol.1 de Moon Girl and Devil Dinosaur, y me acuerdo que me gustó lo suficiente como para tratar de conseguir más tomos de la serie. Tarde pero seguro, pude leer el Vol.2, y el entusiasmo no decae. Brandon Montclare y Amy Reeder me regalaron otros seis episodios muy divertidos, que (como Don Pascual) combinan aventuras imposibles con comedia costumbrista, en este caso ambientadas en el Universo Marvel.
Si en el primer arco se hacía mucho hincapié en el el lore de Devil Dinosaur, esta vez el foco está puesto en el hecho de que la niebla terrigen convirtió a Lunella Lafayette en una inhumana, y por ende, nunca faltará un kree que sueñe con exterminarla. Como este es un comic infanto-juvenil, los guionistas explican todo de modo muy sencillo y livianito, y tienen el acierto de no hacer aparecer a la familia real de los Inhumans. Pero sí, vamos a tener a lo largo de los seis números a un "villano" kree, en este caso un pibito que (como Lunella) tiene ocho o nueve años. Montclare y Reeder plantean una dinámica muy atractiva entre Moon Girl y Kid Kree, mientras siguen explorando los dos temas centrales del Vol.1: la naturaleza de la transformación que sufrió Lunella, y su extraño vínculo con Devil Dinosaur.
Y todo esto, sin perder el tono de comedia disparatada, con mucha acción, muchas situaciones absolutamente inverosímiles (ya el hecho de que haya un dinosaurio en la New York de hoy y no vengan otros superhéroes a llevárselo a su tiempo, o a encerrarlo en algún lugar seguro, es una demencia), muchos diálogos frescos, copados, mucha sensación de "estamos jugando, nos estamos divirtiendo, prendete en la joda y no rompas las pelotas". Como fan de Marvel, valoro también el hecho de que los autores inventen nuevos personajes para confrontar con Moon Girl y Devil Dinosaur, en lugar de bajarles el nivel de poder (y la chapa) a villanos ya consolidados, para los cuales el solo hecho de enfrentarse a una nena de ocho años tiene que ser un papelón sin retorno.
Como en el Vol.1, el dibujo de la española Natacha Bustos me pareció buenísimo, y el suplente que la reemplaza en el primer episodio del TPB (Marco Failla) no baja para nada el listón. De nuevo, me voy muy contento con lo que leí, lo recomiendo a cualquiera que quiera introducir en el mundo de los superhéroes a pibes y pibas de hasta 12 años, y prometo reseñar pronto el Vol.3, que está también en la (a esta altura grotesca) pila de lecturas pendientes.
Nada más, por hoy. Nos encontramos el miércoles a las 22:30 en una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, y ni bien pueda, posteo nuevas reseñas acá en el blog. Hasta entonces.
jueves, 11 de julio de 2019
JUEVES CONCHA-PARRONES
Mientras caen soretes de
punta, para, y vuelven a caer nuevos soretes de punta, me siento a escribir
las reseñas de un par de libritos que tengo leídos.
Arranco en España, año
1999, cuando Glénat publica Sesión Doble, un libro muy flaquito, con poquitas
páginas de historieta, que reúne tres historias cortas de Aleix Barba. Se trata
de un autor catalán bastante desconocido incluso en su país natal, pero con la
chapa de haber laburado directamente para la mega-editorial japonesa Kodansha.
Veamos con qué me encontré.
La primera historieta es
de 1985 y está muy adelantada a su época: banca de punta a punta la grilla de
nueve cuadros antes de que Watchmen la pusiera de moda, arranca con una
secuencia descriptiva brillante y está totalmente jugada a un claroscuro en el
que se nota mucho la influencia de El Cubri y José Muñoz, pero donde también
hay trucos que años más tarde van a adoptar Frank Miller, David Mazzucchelli y
David Lapham, entre otros. El
argumento es chiquito, se podría haber contado en mucho menos de 16 páginas,
pero Barba logra –a través de su control molecular del ritmo del relato- que
uno esté inmerso en el mismo del primer cuadrito al último, demasiado
enganchado como para cuestionar que pasa bastante menos que en 144 viñetas de
cualquier otro autor.
Después hay un breve
interludio, narrado de forma experimental, con una grilla de 12 cuadros por
página y un uso desmedido de los planos detalle, que se podría pasar por alto
si no fuera por la estremecedora calidad del dibujo. Y después, otra historia
de 16 páginas, esta más “de género”, sin una grilla fija y con una narrativa
absolutamnte clásica. De nuevo el argumento me interesó poco, pero el dibujo me
fascinó. Acá se lo ve a Barba más suelto, apostando a que los personajes tengan
más fluidez, más movimiento. Me hizo acordar a los mejores trabajos de Pablo
Paéz para la Fierro clásica, aunque con una estètica menos arriesgada.
Y bueno, no conozco otras
obras de Aleix Barba, así que hasta que no caiga en mis manos otro librito con
mejores guiones, me guardo Sesión Doble para disfrutar de los dibujos de un
grosso del claroscuro al que nunca está de más descubrir.
Salto a 2016, cuando en
EEUU se publica el primer recopilatorio de Moon Girl and Devil Dinosaur, una
serie a simple vista humorística, o pensada para tratar de vendérsela a nenas
pre-pubescentes, que seguramente pasó por debajo del radar de muchos
comiqueros. Sí, la protagonista es una nena de nueve años que cursa cuarto
grado de la escuela primaria. Sí, la serie tiene mucho humor y se caga
groseramente en cualquier intención de mantener un verosímil. Pero atenti, que
me pareció un comic sumamente atractivo.
Obviamente el gancho
principal es Devil Dinosaur, un concepto bizarro de los tantos que desparramó
Jack Kirby en su regreso a Marvel a mediados de los ´70. Los guionistas Brandon
Montclare y Amy Reeder no sólo respetan la esencia del Devil Dinosaur del Rey
Kirby, sino que hasta se las ingenian para que sus archienemigos oriundos de la
prehistoria tengan peso en una trama, incluso cuando esta transcurre en la
Manhattan del presente. Además integran muy bien a Moon Girl al Universo Marvel
de ese momento, con la nube Terrigen que está todo el tomo amagando con activar
los genes inhumanos de esta pequeña nerd, un poderoso artefacto de origen kree,
y una gran aparición de Amadeus Cho, el Totally Awesome Hulk.
El equilibrio entre
aventura y comedia está muy bien logrado, me encariñé con el personaje de Moon
Girl en la primera viñeta y lo único cuestionable es el nivel extremo de
disparate, la cantidad de cosas que hacen la nena y el dinosaurio que
desentonan brutalmente con el contexto de “seres humanos reales en la Nueva
York del presente”. Pero bueno, si no nos detenemos en ese detalle (y si los
guionistas no convierten ese contraste en el principal recurso humorístico de
la serie, como lo hicieran Trillo y Maicas en la recordada Ele), a Moon Girl
and Devil Dinosaur le alcanzan y le sobran los méritos para publicarse
ininterrumpidamente hasta el día de hoy, en un mercado en el que los títulos
poco obvios suelen durar lo que un pedo en una canasta o un neoliberal en un
debate con Leandro Santoro o Axel Kicillof.
El dibujo está a cargo de
otra española, Natacha Bustos, con un puñado de obras publicadas también en la
Madre Patria. Bustos hace gala de un dibujo sumamente dinámico, repleto de
carisma, con excelente expresiones faciales y un gran despliegue en los fondos.
Los colores de Tamra Bonvillain potencian muchísimo las virtudes de Bustos y
redondean una faceta gráfica por demás satisfactoria. Así que si te gusta el
Universo Marvel, o querés ver un enfoque moderno y a la vez muy respetuoso de
una de las creaciones más extrañas de Kirby, o compartir la lectura de un comic
con hijas, sobrinas o mascotas bípedas de 8 a 12 años, te recomiendo enfáticamente
esta serie.
Y esto es todo, al menos
por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
viernes, 14 de noviembre de 2014
14/11: BATWOMAN Vol.2
Antes de lo esperado, volví a encontrarme con Kate Kane en esta serie cuyo Vol.1 comentamos hace poco, el 25/09/14.
La crítica esta vez es muy parecida: los co-guionistas J.H. Williams III y W. Haden Blackman no logran que me emocionen las peleas. Contra quién lucha Batwoman y cómo le gana es lo que menos me importa en el mundo. De hecho, a los guionistas tampoco parece calentarles mucho ese tema: en el Vol.1, Batwoman no le ganaba a la villana, sino que llegaba apenas a sospechar que La Llorona era una amenaza “menor”, a las órdenes de alguien más heavy y más pulenta. En este tomo vemos a quién respondía La Llorona y hay muchas, muchas secuencias de peleas. Pero los guionistas armaron a esta amenaza para que tenga en jaque a Kate al largo plazo, entonces ninguna confrontación es definitiva.
Además, para que no nos aburramos con esas luchas bastante anodinas, Williams y Blackman juegan a no contarnos la historia de forma lineal. No sólo mezclan escenas de Batwoman con escenas protagonizadas por el resto del elenco de la serie, sino que la propia machaca entre la protagonista y los villanos está contada en desorden, con idas y vueltas para adelante y para atrás en el tiempo, “rompiendo la diégesis”, diría un intelectual. En el rubro Villanos, me gustó la vueltita que le dan Williams y Blackman a Killer Croc, y la amenaza grossa, la que va a seguir latente (supongo) varios episodios más, también está muy bien pensada. En el rubro Secundarios, esta vez tenemos a Beth en el banco de suplentes, y a Maggie y a Chase muy activas. Pero lo más interesante es que (aunque sea en un rol chiquito) reaparece Jacob, el papá de Kate, que tenía muchísima chapa en las primeras aventuras de Batwoman, las previas al reboot, cuando las esribía el maestro Greg Rucka.
Básicamente, entonces, el atractivo de la serie reside en los personajes, en la muy buena elaboración de Kate Kane y en la muy buena interacción con los secundarios. Las peleas no aportan demasiado, al punto que ni siquiera se terminan de resolver, y los conflictos más interesantes son los que no involucran elementos sobrenaturales, ni piñas ni patadas, sino otro tipo de relaciones humanas. La presión de Chase para alinear a Batwoman con el D.E.O., el romance con Maggie, la responsabilidad de Kate frente a lo que le pasó a Beth, el sorprendente volantazo que pega Maro… con eso alcanza y sobra para mantenernos enganchados, por lo menos hasta que los conflictos que requieren sí o sí de la machaca cobren un poco más de fuerza, o entren en un tramo realmente definitivo.
Y para los que soñábamos con otros seis episodios dibujados por J.H. Williams, sonó el despertador, volvimos al mundo real y nos encontramos con seis episodios SIN J.H. Williams. En los cuatro primeros la tenemos a la talentosa Amy Reeder (a quien descubrimos en el Vol.1 de Madame Xanadu, un lejano 19/01/10), que deja la vida para tratar de recrear la magia de Williams. No tiene al maestro Dave Stewart haciéndole el aguante desde el color, pero tiene esas planificaciones alucinantes, esas páginas dobles repletas de acción y vértigo en las que juega a full con la ubicación y los contornos de las viñetas. Esto genera un contraste muy marcado con las escenas más tranqui, en las que el dibujo se hace más convencional, sin llegar a verse adocenado, o “del montón”, porque la verdad es que Reeder dibuja bastante por encima de la media de los “obreros del mainstream”. En los dos episodios finales, bajamos un poquito el listón para fumarnos a Trevor McCarthy, un dibujante claramente más convencional, muchísimo más lejos que Reeder del nivel impuesto por J.H. Williams. Por suerte McCarthy se hace cargo (en la medida de sus posibilidades) de que Batwoman es una serie con una identidad gráfica muy particular, y mal que mal se esfuerza por respetarla, por no dejar que esto parezca un comic más de disfrazados que cagan a trompadas.
Por ahora Batwoman conserva el irresistible aroma del “comic de autor dentro del mainstream” porque no tiene crossovers ridículos ni apariciones forzadas de los otros personajes de Gotham. Pero cuando no dibuja J.H. Williams III parte de esa fuerte impronta autoral se diluye, o queda en la mímica. Veremos qué onda el Vol.3 (que leeré el año que viene) y en base a eso decidiré si la banco hasta el final.
La crítica esta vez es muy parecida: los co-guionistas J.H. Williams III y W. Haden Blackman no logran que me emocionen las peleas. Contra quién lucha Batwoman y cómo le gana es lo que menos me importa en el mundo. De hecho, a los guionistas tampoco parece calentarles mucho ese tema: en el Vol.1, Batwoman no le ganaba a la villana, sino que llegaba apenas a sospechar que La Llorona era una amenaza “menor”, a las órdenes de alguien más heavy y más pulenta. En este tomo vemos a quién respondía La Llorona y hay muchas, muchas secuencias de peleas. Pero los guionistas armaron a esta amenaza para que tenga en jaque a Kate al largo plazo, entonces ninguna confrontación es definitiva.
Además, para que no nos aburramos con esas luchas bastante anodinas, Williams y Blackman juegan a no contarnos la historia de forma lineal. No sólo mezclan escenas de Batwoman con escenas protagonizadas por el resto del elenco de la serie, sino que la propia machaca entre la protagonista y los villanos está contada en desorden, con idas y vueltas para adelante y para atrás en el tiempo, “rompiendo la diégesis”, diría un intelectual. En el rubro Villanos, me gustó la vueltita que le dan Williams y Blackman a Killer Croc, y la amenaza grossa, la que va a seguir latente (supongo) varios episodios más, también está muy bien pensada. En el rubro Secundarios, esta vez tenemos a Beth en el banco de suplentes, y a Maggie y a Chase muy activas. Pero lo más interesante es que (aunque sea en un rol chiquito) reaparece Jacob, el papá de Kate, que tenía muchísima chapa en las primeras aventuras de Batwoman, las previas al reboot, cuando las esribía el maestro Greg Rucka.
Básicamente, entonces, el atractivo de la serie reside en los personajes, en la muy buena elaboración de Kate Kane y en la muy buena interacción con los secundarios. Las peleas no aportan demasiado, al punto que ni siquiera se terminan de resolver, y los conflictos más interesantes son los que no involucran elementos sobrenaturales, ni piñas ni patadas, sino otro tipo de relaciones humanas. La presión de Chase para alinear a Batwoman con el D.E.O., el romance con Maggie, la responsabilidad de Kate frente a lo que le pasó a Beth, el sorprendente volantazo que pega Maro… con eso alcanza y sobra para mantenernos enganchados, por lo menos hasta que los conflictos que requieren sí o sí de la machaca cobren un poco más de fuerza, o entren en un tramo realmente definitivo.
Y para los que soñábamos con otros seis episodios dibujados por J.H. Williams, sonó el despertador, volvimos al mundo real y nos encontramos con seis episodios SIN J.H. Williams. En los cuatro primeros la tenemos a la talentosa Amy Reeder (a quien descubrimos en el Vol.1 de Madame Xanadu, un lejano 19/01/10), que deja la vida para tratar de recrear la magia de Williams. No tiene al maestro Dave Stewart haciéndole el aguante desde el color, pero tiene esas planificaciones alucinantes, esas páginas dobles repletas de acción y vértigo en las que juega a full con la ubicación y los contornos de las viñetas. Esto genera un contraste muy marcado con las escenas más tranqui, en las que el dibujo se hace más convencional, sin llegar a verse adocenado, o “del montón”, porque la verdad es que Reeder dibuja bastante por encima de la media de los “obreros del mainstream”. En los dos episodios finales, bajamos un poquito el listón para fumarnos a Trevor McCarthy, un dibujante claramente más convencional, muchísimo más lejos que Reeder del nivel impuesto por J.H. Williams. Por suerte McCarthy se hace cargo (en la medida de sus posibilidades) de que Batwoman es una serie con una identidad gráfica muy particular, y mal que mal se esfuerza por respetarla, por no dejar que esto parezca un comic más de disfrazados que cagan a trompadas.
Por ahora Batwoman conserva el irresistible aroma del “comic de autor dentro del mainstream” porque no tiene crossovers ridículos ni apariciones forzadas de los otros personajes de Gotham. Pero cuando no dibuja J.H. Williams III parte de esa fuerte impronta autoral se diluye, o queda en la mímica. Veremos qué onda el Vol.3 (que leeré el año que viene) y en base a eso decidiré si la banco hasta el final.
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viernes, 16 de marzo de 2012
16/ 03: MADAME XANADU Vol.3
Mirámelo a Matt Wagner, qué vanguardista... Para este tomo abandona la ambientación que maneja de taquito (la New York de fines de los años ´30) y nos sitúa en 1957, ese fascinante período de la historia yanki, en el que el Sueño Americano estuvo a punto de hacerse realidad, de no haber sido por... un montón de contradicciones que estaban latentes, barridas abajo de la alfombra y que iban a hacer eclosión después de la muerte de JFK. La trama en sí se nutre de este contexto histórico un poquito menos de lo que debería, pero los detalles (que suelen enriquecer bastante a las tramas mayores) están y están muy bien puestos.
Como en el tomo anterior, Wagner elige narrar en paralelo una segunda historia, esta vez intercalada en el medio del tomo a modo de un extenso flashback, ambientado a lo largo de los años de juventud de Nimue (que así se llama Madame Xanadu) y su hermana Morgaine Le Fey, la villana de este arco. La mocedad de las chicas coincide con la llegada del homo magi a Europa, las conquistas del Imperio Romano y la época en la que las criaturas mágicas y los hombres coexistieron armónicamente, una época marcada por el legendario hechicero Merlín y el no menos legendario Rey Arturo. El flashback no sólo hace más sustancioso el pasado de las protagonistas al mostrarnos cómo la hoy irredimible, perversa y corrupta Morgana empezó su tránsito por la senda del mal ante la impotencia y la frustración de Nimue. Además provee muy buenas secuencias con tonalidades muy variadas: guerras, travesuras infantiles, masacres sanguinarias, sexo y debates profundos entre las chicas acerca de cómo usar sus fantásticos dones en un mundo donde el lugar de la magia está puesto en crisis.
Ya te recontra-spoilié quién es la responsable del bolonki que Madame Xanadu debe confrontar en 1957. Lo que no te dije es cómo le gana, y mucho menos gracias a la ayuda de quién. El co-protagonista de la historia que transcurre en los ´50 es el taciturno detective John Jones, un extraño policía que se hace invisible, levita, lanza rayos ópticos y se caga en las patas cuando algo se prende fuego. Wagner no lo nombra nunca con su alias más conocido, ni con su nombre original, así que yo tampoco lo voy a hacer, pero bueno, ya están todas las pistas para que el que entiende de qué estamos hablando saque sus conclusiones. Hoy, apenas dos años después del momento en que se publicaron estos comics, eso que hizo Wagner no se podría hacer en ningún comic de Vertigo, ya que estos no conservan ni el más tenue lazo con la continuidad (vieja, nueva, cualquiera) del Universo DC.
En cuanto al dibujo, en los flashbacks al pasado tenemos a Joëlle Jones, la muy competente dibujante de Token, una gran novelita gráfica que DC editó en su malogrado sello Minx. Y en el resto del tomo tenemos de regreso a Amy Reeder, la principiante que dejó al mundo boquiabierto con su labor en el primer tomo. Acá vemos a Reeder experimentar mucho más con la narrativa, pero sin repetir los truquitos clásicos de Matt Wagner. También la vemos optar por una estética más realista, más cercana a la del típico comic americano y no tan cercana a la de ciertos mangakas cuyas influencias se notaban más en el primer tomo. El guión, si bien no salta por 1000 años de historia como en el Vol.1, es muy, muy exigente para con quien tiene la tarea de ilustrarlo y Reeder sale más que airosa del desafío. En las portadas la vemos hacer gala de un dibujo sofisticado, glamoroso, rico en detalles preciosistas, pero adentro Reeder se pone el overol y se mata en cada escena para lograr imágenes fuertes, impactantes, coherentes con el misterio truculento y la acción furibunda que propone el guión.
En resumen, un muy buen arco argumental, bellamente ilustrado, para una serie que no termino de entender cómo no duró mucho más de lo que duró. Me queda por leer el cuarto y último tomo, que será reseñado a la brevedad.
Como en el tomo anterior, Wagner elige narrar en paralelo una segunda historia, esta vez intercalada en el medio del tomo a modo de un extenso flashback, ambientado a lo largo de los años de juventud de Nimue (que así se llama Madame Xanadu) y su hermana Morgaine Le Fey, la villana de este arco. La mocedad de las chicas coincide con la llegada del homo magi a Europa, las conquistas del Imperio Romano y la época en la que las criaturas mágicas y los hombres coexistieron armónicamente, una época marcada por el legendario hechicero Merlín y el no menos legendario Rey Arturo. El flashback no sólo hace más sustancioso el pasado de las protagonistas al mostrarnos cómo la hoy irredimible, perversa y corrupta Morgana empezó su tránsito por la senda del mal ante la impotencia y la frustración de Nimue. Además provee muy buenas secuencias con tonalidades muy variadas: guerras, travesuras infantiles, masacres sanguinarias, sexo y debates profundos entre las chicas acerca de cómo usar sus fantásticos dones en un mundo donde el lugar de la magia está puesto en crisis.
Ya te recontra-spoilié quién es la responsable del bolonki que Madame Xanadu debe confrontar en 1957. Lo que no te dije es cómo le gana, y mucho menos gracias a la ayuda de quién. El co-protagonista de la historia que transcurre en los ´50 es el taciturno detective John Jones, un extraño policía que se hace invisible, levita, lanza rayos ópticos y se caga en las patas cuando algo se prende fuego. Wagner no lo nombra nunca con su alias más conocido, ni con su nombre original, así que yo tampoco lo voy a hacer, pero bueno, ya están todas las pistas para que el que entiende de qué estamos hablando saque sus conclusiones. Hoy, apenas dos años después del momento en que se publicaron estos comics, eso que hizo Wagner no se podría hacer en ningún comic de Vertigo, ya que estos no conservan ni el más tenue lazo con la continuidad (vieja, nueva, cualquiera) del Universo DC.
En cuanto al dibujo, en los flashbacks al pasado tenemos a Joëlle Jones, la muy competente dibujante de Token, una gran novelita gráfica que DC editó en su malogrado sello Minx. Y en el resto del tomo tenemos de regreso a Amy Reeder, la principiante que dejó al mundo boquiabierto con su labor en el primer tomo. Acá vemos a Reeder experimentar mucho más con la narrativa, pero sin repetir los truquitos clásicos de Matt Wagner. También la vemos optar por una estética más realista, más cercana a la del típico comic americano y no tan cercana a la de ciertos mangakas cuyas influencias se notaban más en el primer tomo. El guión, si bien no salta por 1000 años de historia como en el Vol.1, es muy, muy exigente para con quien tiene la tarea de ilustrarlo y Reeder sale más que airosa del desafío. En las portadas la vemos hacer gala de un dibujo sofisticado, glamoroso, rico en detalles preciosistas, pero adentro Reeder se pone el overol y se mata en cada escena para lograr imágenes fuertes, impactantes, coherentes con el misterio truculento y la acción furibunda que propone el guión.
En resumen, un muy buen arco argumental, bellamente ilustrado, para una serie que no termino de entender cómo no duró mucho más de lo que duró. Me queda por leer el cuarto y último tomo, que será reseñado a la brevedad.
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martes, 19 de enero de 2010
19/ 01: MADAME XANADU Vol.1

Volvemos a la que ya es la especialidad de la casa: los Tomos 1 de alguna serie de Vertigo. Esta vez, es un comic de Vertigo casi por accidente. Como supongo saben, las (relativamente pocas) apariciones de Madame Xanadu tienen lugar en el Universo DC y están firmemente entroncadas en la “continuidad” de los héroes místicos de la editorial de Superman y Batman. Bueno, acá también. Sin ser tan obvios como en –por ejemplo- la primera Books of Magic (la de Neil Gaiman), los autores de esta serie nos ponen muy en claro que esto TAMBIEN es el Universo DC. El Merlín que se encama con nuestra protagonista es el mismo que condena a Jason Blood a ser el eterno receptáculo de Etrigan, la lámpara verde y mágica que Marco Polo se lleva de Mongolia es la que siglos más tarde tomará la forma de un farol verde que le cambiará la vida a Alan Scott, y así. También nos enteramos, ya que estamos, qué relación tenía Madame Xanadu con Zatara (el papá de Zatanna) y cuál fue su rol en la espectral resurrección de Jim Corrigan. Y como si faltara algo, el co-protagonista, el personaje que acompaña a Nimue (que así se llama Xanadu) a lo largo de los siglos, y con el que ella entabla una relación de amor-odio (y a veces también competencia) no es otro que el Phantom Stranger. O sea que si lo querés leer como un comic “de universo”, que arma, pasa en limpio o repasa los orígenes de los personajes místicos de DC, se puede, porque las referencias geek están ahí y aciertan siempre en el blanco.
Pero si jamás leíste un comic de DC (ni te interesa), Madame Xanadu se entiende perfectamente y se sostiene por sí sola como cualquier otra serie del Vertigo actual. La clave está en el enorme potencial que el personaje evidentemente tenía, pero que recién ahora un autor se decide a explorar. En este primer tomo el potencial explota de la mano de un origen apasionante, y del viejo y querido truco (llevado a la perfección por el ya mencionado Gaiman) de darle al personaje aventuras ambientadas en distintas épocas de la historia universal. Con el correr de los episodios y los siglos, vemos a Nimue convertirse en la grossa que es hoy, y acumular experiencia, poderes, amigos y enemigos, y hasta rosquear con Death de los Endless para no morirse nunca.
Realmente no sé si los arcos posteriores retoman donde termina este (fines de los años ´30), o si saltan al presente. A mí me gustaría que se quedara en los años ´30, porque el guionista (dato que me venía guardando, miren qué piola soy ;) no es otro que Matt Wagner, quien la descosiera con otra serie de Vertigo ambientada en los ´30, la memorable Sandman Mystery Theatre. Es obvio que Wagner conoce esa época a la perfección y que además se ceba con el hecho de que es en esos años cuando empiezan a brotar como hongos los justicieros enmascarados que con tanta onda logró integrar a la saga de Nimue.
Pero el truquito del personaje longevo con miles de historias a lo largo de los siglos naufraga rápido si no tenés un dibujante que sepa recrear los ambientes de cada período. Acá, Wagner volvió a recitar su viejo conjuro, el que le permite hacer aparecer a dibujantes geniales de los que nunca nadie oyó hablar, y sacó de la galera a Amy Reeder Hadley. Hadley es una chica joven (menos de 30) con un talento descomunal para dibujar los más variados decorados y vestuarios, con un gran manejo de la acción y de las expresiones faciales y una cierta influencia del manga que le da un aire fresco, y la diferencia muchísimo de la gran masa de los comics de Vertigo, donde la onda es hacerse los oscuritos, en lo posible choreando a Risso.
Y bueno, así es como con un guionista consagrado, una dibujante surgida de las inferiores con pasta de crack y un concepto bastante raro para una serie de Vertigo, un personaje siempre tercerón ascendió a Primera y empezó a levantar nominaciones a los principales premios y tsunamis de críticas favorables. Madame Xanadu es la especialista en “leer” el futuro, pero yo igual me juego a pronosticarle a esta serie una larga vida y muchas sagas más al nivel de esta extensa y cautivante Disenchanted.
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