el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 4 de noviembre de 2019

RESEÑAS DE LUNES

Retomo las reseñas, ahora en la cuenta regresiva rumbo a la San Luis Comic Con, donde voy a estar este viernes, sábado y domingo junto a una cantidad inverosímil de artistas de primer nivel.
Tenía pendiente el Vol.2 de Spinnerette, ese comic que tuvo bastante éxito en la web y en Argentina se publicó en libro a través de OVNI. El principal cambio respecto del Vol.1 (ver reseña del 24/10/19) está en el dibujo, porque apenas empezado este tomo, Rocío Zucchi reemplaza a Walter Gómez al frente de lápices y tintas. La impronta de Zucchi es menos grotesca que la de Gómez, logra un equilibrio más sutil entre rasgos superficiales que nos remiten al shonen y una narrativa típica de comic de superhéroes, y además se va menos al carajo a la hora de dibujar la anatomía de las mujeres, las sexualiza un poco menos. Indagando un poco más, logré confirmar que esto que acá vemos impreso en blanco, negro y grises originalmente se publicó a todo color, y que la tarea de colorear el comic recayó en el siempre eficaz Exequiel Fernández Roel, que en el libro aparece acreditado como “Grises”. En realidad, alguien de OVNI se encargó de “traducir” a grises las páginas coloreadas por Exequiel, con resultados no del todo satisfactorios. Por momentos, todas esas tonalidades de gris crean un “efecto empaste” que desluce un poco el dibujo fresco, dinámico y a la vez muy detallado de Zucchi.
Y el guión… lamentablemente es tan flojito como el del Vol.1. El amigo Krazy Krow (oriundo de Corea del Sur) descuida bastante el tono de comedia que había logrado en el inicio de la serie, que ahora vira rápidamente hacia una machaca violenta, oscura y peligrosa contra un villano muy hijo de puta (oh, casualidad, nacido en Corea del Norte), como si pasaras de leer… Moon Girl & Devil Dinosaur a leer Punisher, así, de un sacudón. La trama romántica tampoco tiene peso, y de hecho el propio personaje protagonista se diluye un poco, ya que Krazy Krow abre mucho el juego a los compañeros y enemigos de Spinnerette. Posta, no hay mucho más por afuera de la batalla contra el maligno Coronel Glass. La vez pasada no lo mencioné, pero la traducción está a cargo de Mauro Mantella, quien se ganó mi respeto y admiración… como guionista. La traducción, en cambio, tiene varias inconsistencias y una cantidad alarmante de frases que suenan muy mal al oído argentino, algo que se resuelve con el simple ejercicio de leer los diálogos en voz alta. Esperaba mucho más de Mantella, sinceramente.
Tengo entendido que hay más episodios de Spinnerette dando vueltas por la web, pero a) OVNI no los publicó y b) la serie no me enganchó como para ponerme a buscarlos. Así que hasta acá llego con este personaje. Ojalá alguien (OVNI, Ivrea, Magoya) publique pronto algún comic dibujado por Rocío Zucchi con un guión sólido y copado. Me resisto a ver a esta talentosa autora desperdiciando su talento en proyectos tan poco trascendentes como este.  
Y cierro con un lanzamiento reciente, Héroes en el Aula, una historieta para chicos escrita por David Rodríguez (Deivid, para los amigos) y dibujada por Aleta Vidal. Es una historia breve (48 páginas) donde Deivid trata de contar una historia entretenida y de delinear con onda y cariño a los… ocho personajes protagónicos. Y no, lamentablemente no le alcanzan las páginas para todo eso. Sobre todo porque, por encima de la trama, Héroes en el Aula se juega entera al mensaje que quiere transmitir: un mensaje relevante, sumamente positivo, en contra del bullying y la discriminación en las escuelas. Deivid cumple con creces la misión de bajar esta línea, pero –para mi gusto- no llega a complementarla con una historia tan potente como el mensaje y los valores que transmite. Seguramente los chicos menores de 11 ó 12 años que compren el libro no van a tener las objeciones que tengo yo a la hora de engancharme con lo que narra Deivid, y lo van a disfrutar muchísimo y hasta se van a sentir identificados con mucho de lo que pasa en estas páginas.
Al margen de esto, Héroes en el Aula tiene su principal atractivo en el dibujo de Aleta Vidal, que acá entrega el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera. Desde la planificación de la página hasta el color, toda la faz gráfica de este comic es espectacular. La línea sintética y amistosa, el diseño de los personajes, la composición de los cuadros, las expresiones faciales, el lenguaje corporal de los chicos, los fondos, la acción. Se nota el compromiso, la pasión, la onda que le puso Aleta a cada viñeta, a cada secuencia. Imposible hojear este librito sin sentir la necesidad imperiosa de atesorarlo por siempre. No tengo dudas de que el año que viene más de una maestra de escuela primaria le va a pedir a todos sus alumnos que lean, estudien y debatan en clase Héroes en el Aula.
Y nada más, por hoy. Tengo por delante unos días medio enkilombados, así que no sé si llegaré a postear en el blog antes del viaje a San Luis. Vamos a intentarlo, obvio, pero puede fallar.

Ah, otra cosa: nadie respondió nada acerca de la posibilidad de festejar con un evento los 10 años del blog. ¿Qué onda? ¿Armamos algo, o no hay quorum?

jueves, 24 de octubre de 2019

NOCHE DE JUEVES

Linda noche para salir a atorrantear por ahí pero me toca clavar el culo en la silla y avanzar con las reseñas del material que leí en estos últimos días.
Le sigo metiendo los cuernos a Oyasumi Pun Pun con otros mangas, en este caso con el primer tomo de Ryuko, una obra del fotógrafo, escultor, artista plástico y mangaka Eldo Yoshimizu, publicada en nuestro país por el sello Buen Gusto. Lamentablemente el libro no aclara de qué año es Ryuko. Una pena, porque sería un dato interesante para el análisis del manga.
Manga que, por otra parte, se lee muy, muy rápido. Yoshimizu narra a un ritmo tremendamente descomprimido, con pocas viñetas por página, muchas de ellas (páginas enteras) dedicadas a contar acciones o diálogos mínimos. Este es apenas el primero de cuatro tomos y en este primer tramo realmente pasa muy poco. Tenemos una buena presentación de personajes, para el último tercio se empieza a definir el conflicto más fuerte, el que (creo yo) va a motorizar la trama principal de la obra, y no hay mucho más, a nivel del argumento.
A nivel del relato gráfico, por momentos lo de Yoshimizu se hace un poco confuso, se nota que es un artista del mega-carajo que no está acostumbrado a contar historias con su dibujo. Y el dibujo es una bola de fuego del tamaño de un planetoide, una masa compacta, incandescente, que se lleva puesto todo. ¿Te acordás de esas obras de Osamu Tezuka de los años ´70, donde por momentos se zarpaba y se volvía expresionista? Bueno, eso multiplicalo por 1000 y metele varios kilos de merca y varios litros de LSD. Yoshimizu se va literalmente al carajo, te envuelve en una vorágine visual absolutamente infrecuente, en la que las texturas, las manchas, las líneas cinéticas y los grisados explotan en una orgía salvaje. Por debajo de todo ese estallido visual hay un dibujo muy clásico, con chicas idénticas a las que dibujaba Tezuka en los ´70 y muchachones más cercanos a los de un Tetsuo Hara, ponele. Pero todo arrebatado, todo llevado al extremo por un dibujante que hace del impacto su carta de presentación y su principal recurso discursivo.
Por ahora, Ryuko me detonó las retinas mucho más de lo que me cautivó a nivel guión. Veremos cómo sigue esta violentísima historia de runflas, traiciones y crímenes entre gangsters y femme fatales. Y qué bestia Eldo Yoshimizu, por Diossssss…
También este año, tuvimos la edición argentina de Spinnerette, un comic creado para la web por un tal Krazy Krow, junto a nuestro compatriota Walter Gómez, que no es el mismo Wally Gómez al que yo conocía como dibujante, colorista y editor. Son dos tomos, de los que acabo de leer el primero.
La serie es una comedia protagonizada por una chica que recibe poderes arácnidos y decide convertirse en superheroína, en la ciudad de Columbus, Ohio. La verdad, no em resultó muy interesante. Krazy Krow mete un montón de chistes y situaciones supuestamente cómicas que surgen desde el momento en que Heather Brown adopta la identidad heroica de Spinnerette, apoyadas en la inexperiencia, la ingenuidad y en un punto la irresponsabilidad de esta chica. Varios de esos chistes son efectivamente cómicos y otros no. Y no hay mucho más. Las aventuras en sí son anodinas, pavotas, con menos posibilidades de convencer a un fan curtido en materia de superhéroes que Gómez Centurión de llegar al ballotage. Recién en el último episodio aparece un subplot mínimamente interesante (el de la familia de Tiger) y el resto pendula entre una comedia blandita y tramas más aventureras que dejan sabor a refrito barato de un montón de comics mucho mejores.
El dibujo, en cambio, me gustó bastante más. Es un dibujante argentino que arma la página y mueve la cámara como un dibujante de mainstream yanki, y además reproduce todos los yeites de los dibujantes de mainstream japonés. En la superficie, Spinnerette quiere parecerse a un manga (supongo que por cuestiones de marketing) y le sale muy bien. Al igual que en StarCraft: Ghost Academy, acá lo tenemos a Gonzalo Duarte asistiendo a Walter Gómez en la aplicación de los grisados, que son un punto alto en la faz gráfica de la obra.
Tengo también el Vol.2, y lo voy a leer por una cuestión casi protocolar, y porque tengo entendido que cambia de dibujante. No crean que le voy a entrar con altas expectativas porque -habiendo leído el Vol.1- ya sé que lo que puedo esperar de Spinnerette es más bien poco. Pero bueno, esto es un sacerdocio…
Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.